Hola!
Siento el retraso con este capi; pero tengo inspiracion 0.
No me enrollare demasiado, solo vengo a presentaros a mis dos betas AnnMagus y Gwen Diasmore que espero me ayuden a mejorar este fic ,
Bueno a lo qeu toca, el capitulo...
Harry abrió los ojos, parpadeó e intento fijar su vista en el blanco techo de la habitación. Tras unos instantes en los que intento asimilar la situación en la que estaba, trató de incorporarse con cuidado para ver si podía descubrir donde estaba; pero una mano en su hombre le volvió a tumbar. El moreno giró la cabeza para saber quien estaba a su lado y vio a su padre con una débil sonrisa en la cara; pero mirada de preocupación.
Harry intento tranquilizarle regresándole la sonrisa; pero estaba demasiado cansado y sus ojos se volvieron a cerrar devolviéndole al estado de inconsciencia del que acababa de despertar.
Lejos de allí, en el cuartel de La Orden del fénix, tres de sus miembros, Severus Snape, Sirius Black y Albus Dumbledore, tienen una discusión sobre un tema del que ya están hartos de discutir durante las últimas horas.
- No Albus, escúchame- dijo Sirius-. No pienso participar en esto, ni obligarla a ella.
- Es la única opción- añadió Severus Snape desde la butaca en la que estaba sentado-. Es eso u olvidaros de Lily y de que siga siendo el espía.
- Sirius, se lo que piensas mi muchacho- dijo afable el director de Hogwarts-. Pero Severus ya nos ha explicado la situación y esa niña es nuestra única opción.
- No puedes pedirme esto- dijo agarrándose el pelo con nerviosismo-. No voy a darle información a Lestrange sobre una hija a la que abandono.
- Es su padre, tiene derecho a saber de ella.
- No, no lo tiene. Lo perdió el día que se la llevó para que presenciase como torturaban a la gente.
- Esta mal lo que hizo, nadie le esta justificando; pero es su hija y es lógico que quiera saber cosas de ella- dijo Albus-. Es más, no estoy tan seguro de que él fuera el que decidiera llevarla.
- El punto no es si quiso llevarla o no, lo importante es lo que hizo.
- Lo sé, lo sé. Además ya sabes como son las familias como los Lestrange, tu familia pensaba igual, tú piensas igual. La seguridad de la familia por delante de todo, y los hijos en especial ¿no es cierto? Si mal no recuerdo eso fue lo que hizo que Narcisa te nombrase tutor de Draco.
Sirius no respondió nada, solo asintió con la cabeza levemente y se cubrió la cara con las manos.
- No puedo prometeros nada. Si cuando ella venga, no desea participar en esto, no la obligaré.
Lily miraba por la ventana, igual que había echo ayer y antes de ayer y el día anterior a ese… miraba los jardines de la que había sido su casa y pensaba cuanto tiempo tardaría en salir de allí, en volver a ser libre, en volver a estar con Harry. La desesperanza comenzaba a hacer mella en ella, los pensamientos negativos no la dejaban ni un momento de tranquilidad, el solo imaginar que nunca mas volvería a ver a su pequeño le oprimía el pecho.
El sonido de la puerta al abrirse la devolvió a la realidad. Parado en el umbral estaba la imponente figura de Rodolphus Lestrange mirándola fijamente.
- Vamos.
- ¿A dónde?
- El señor requiere tu presencia en la biblioteca.
Lily iba a protestar, decirle que nadie le daba órdenes y mucho menos un maldito mortífago; pero las palabras no salieron de su boca y él simplemente la agarró del brazo para sacarla de allí.
Recorrieron los largos pasillos de la mansión en silencio, hasta que poco antes de entrar Rodolphus le susurró.
- Si Severus cumple su parte del trato te iras muy pronto.
- ¿Qué?- preguntó confusa, sin embargo no recibió ninguna respuesta.
En la biblioteca estaba él, el Lord Oscuro, tan altivo y seguro como siempre. La miraba desde una butaca con una copa de Whisky de Fuego en la mano y una sonrisa que no auguraba nada bueno para nadie.
Rodolphus se inclinó mostrando respeto a su señor y le dio un ligero empujón a la pelirroja para que continuara andando hasta llegar a una mesa de roble que la separaba de su tío. Sobre la mesa en un lado de la misma había varios pergaminos antiguos enrollados como papiros, al lado contrario un montón de pergaminos nuevos, una pluma de águila real y varios frascos de tinta.
-Siéntate.
Ella reticente; pero, conociéndole lo suficiente para saber que no le gustaba que le desobedecieran y las consecuencias si se le ocurría intentarlo. Así que se sentó en una butaca que acababa de aparecer a su espalda.
Tom le alargó uno de los pergaminos más antiguos, ella lo cogió con una mano y lo desarrolló con cuidado, siendo consciente de la antigüedad del mismo. Pasó sus ojos por él y vio algo que la asombró, el pergamino estaba escrito en pársel, y no solo eso, era una especie de código.
- Descífralo- le ordenó con voz autoritaria-. Dijiste que lo harías.
- He cambiado de idea- dijo altanera, intentado mostrar un valor que no sentía-. No puedo hacerlo y arriesgarme a lo que sea que provoque esto.
- Sabes Lilian. Cuanto antes lo descifres antes te dejare ir.
- Como si me fuese a creer eso.
- Es la verdad. El único motivo porque el que te retengo aquí es para que lo traduzcas.
- Hazlo tú. No me necesitas para descifrar pársel- dijo mirándole fijamente mientras que en su cabeza se encendía una lucecita-. A no ser que no puedas porque el código sobrepase tus capacidades.
- No te hagas la listilla o te retirare los privilegios de los que ahora dispones.
- ¿Privilegios?- preguntó sarcástica-. ¿Te refieres a estar encerrada en mi habitación?
- Da gracias a que he sido magnánimo y no estas en una de las mazmorras siendo torturada para que yo consiga la información- dijo amenazante-. La clave está en tu cabeza.
- No sé de que me hablas.
- Claro que lo sabes. El libro que te hizo memorizar tu madre y que tú le entregaste a Dumbledore para que lo protegiese de mí.
Lily no dijo nada, sabía a que libro se refería y no valía la pena mentir sobre ello, sobre todo cuando había sido ella la que le habló sobre él a Tom en un primer momento. Ese libro era una herencia familiar que se trasmitía de madres a hijas desde que la esposa de Salazar, Bianca, se lo dio a la esposa de su hijo. En él se relataba toda la vida de la señora Slytherin, así como todo lo que significaba pertenecer a tan distinguible estirpe, numerosas leyes sobre como comportarse… pero lo que le interesaba al señor Oscuro, no era nada de eso. Al final del libro, en una parte que Lily había descubierto por casualidad, había unas directrices en pársel, escritas de puño y letra del fundador, en las que se explicaba como desencriptar el código que este utilizaba en ocasiones para proteger sus más peligrosos e importantes descubrimientos.
Lily sabía que no había nada que hacer. Sintiéndose derrotada suspiró y se dejo caer en la cómoda butaca tras ella, arrancándole al otro una mirada de victoria y regocijo.
- Empieza.
Hacía no más de un par de días desde que había vuelto a casa. Todos se habían comportado como si en cualquier momento fuese a caer inconsciente, lo que estaba consiguiendo ponerle de quicio, ya que no le dejaban ni un momento de tranquilidad. Su padre no le quitaba la vista de encima, al igual que Remus y Sirius, Draco no le dejaba ir a ningún sitio sin estar él a su lado… hasta Cassandra, que acababa de llegar se había sumado a la iniciativa y no le dejaba hacer nada que ella considerara peligroso.
Había sido toda una sorpresa, cuando Sirius apareció con ella por el hospital y dijo que ella era la hija de Rodolphus y Bellatrix, la prima de Draco, su sobrina y que se quedaría con ellos una temporada.
Harry estaba tumbado en una tumbona de la piscina durmiendo tranquilamente, como no lo había hecho en semanas.
Abrió los ojos y lo que vio no se parecía en nada a la hamaca sobre la que estaba tumbado momento antes. Sobre él había un cielo estrellado, parecida que estaba conseguido mediante un hechizo similar al del Gran Comedor en Hogwarts. Estaba tumbado en una gran cama, muy cómoda y caliente; pero no estaba solo, a su lado noto un cuerpo, el cuerpo de una mujer, que le abrazaba por la cintura acercándose a él.
La mujer, acostada a su lado, apoyaba su cabeza contra su pecho, con sus rizos morenos alborotados. Los reconocería en cualquier sitio, eran de Bianca, la joven que se suponía que Gryffindor le había presentado a Slytherin y que tanto le atormentaba en sueños, siempre lejana y nunca accesible lo suficiente como para saber quien era.
Un llanto en la lejanía hizo que la joven se moviese en sueños señal de que estaba despertando.
- Sal, ve tú- dijo adormilada.
Harry no respondió, lo que frustro a la joven que aun sin levantar la cabeza volvió a murmurar.
- ¿Sabes? También es tu hijo. No te pasara nada porque te levantes y vayas a ver lo que quiere.
Ella se incorporó cansada y le miró con un cierto reproche y Harry por fin pudo contemplar a la mujer de sus sueños…
Harry abrió los ojos y lo primero que vio le hizo pensar que aun estaba soñando, encima de su cabeza estaba ella, Bianca… no, no era ella, era Cassie… Se parecían mucho, Harry solo podía pensar en que eran la misma persona, como si hubiese podido viajar en el tiempo hasta el presente, algo que sabía era absurdo. Sin embargo, allí estaba ella, con sus mismos ojos, su mismo pelo, su misma nariz, la misma cara…
- ¿Qué miras¿Tengo algo en la cara?- preguntó ella curiosa por el escrutinio que le daba su amigo.
-Eh… no, nada… estaba pensando.
- ¿En qué?- dijo sentándose a su lado.
- Cosas.
- ¿Cómo por ejemplo?
- Pensé que me costaría más haber terminado con Pansy; pero ha sido muy fácil- dijo diciendo lo primero que se le paso por la cabeza.
- ¿Habéis roto¿Por qué no me lo habías dicho?- dijo golpeándole el hombro-. Soy tu mejor amiga.
- No sé, se me olvidaría.
- ¿Qué pasó? Cuéntamelo todo.
- No sé, en realidad no hay mucho que contar. Hablamos y decidimos que era lo mejor.
- No pareces muy afectado.
- Lo sé, es raro, creo que en el fondo sabía que lo nuestro no llegaría muy lejos.
Un elfo domestico apareció al lado de los jóvenes y tras una pronunciada reverencia se giró hacia la joven.
- Señorita Cassandra, el señor Sirius Black la espera en el salón.
- De acuerdo. Nos vemos, Harry.
Cassandra dejó a Harry en la piscina y entró al interior de la mansión Potter. Al principio le había sorprendido cuando al llegar vio aparecer a Sirius para recogerla, sin duda descubrir que el casi padrino de su mejor amigo era su tío había sido un gran shock. Había pasado años intentando descubrir cosas sobre sus padres y todo ese tiempo podría haberse lo ahorrado si hubiese sabido de su relación con la familia Black.
Al entrar al salón no le sorprendió ver a su tío sentado en uno de los cómodos sillones; pero si le sorprendió ver que no estaba solo. Junto a él estaba el anciano director de Hogwarts, Albus Dumbledore, y cerca de la ventana el misterioso hombre que era Severus Snape.
- ¿Me has llamado, tío Sirius?
- Si, pasa.- dijo moviendo la mano indicando que entrase-. Ellos son Albus Dumbledore y Severus Snape, a lo mejor les recuerdas de tu breve estancia en Hogwarts.
- Si, claro.
- Bien. Ellos están aquí, por lo que habíamos hablado. Lo de si quieres que tu padre sepa cosas de ti.
- No creo que importa si quiero o no. Es lo que tengo que hacer.
- Nadie te esta obligando a nada- dijo Sirius cogiéndole las manos y mirándola fijamente-. Tienes derecho a no querer saber nada de él y de mantenerlo alejado de tu vida.
- Es la única manera de ayudar a la madre de Harry. Lily siempre ha sido muy buena conmigo y quiero que este bien.
- De acuerdo.
- ¿Qué cosas quieres que Severus le diga a tu padre?- preguntó amablemente el anciano.
- No es mi padre- respondió ella molesta- Mis padres están en Australia esperando a que termine el verano y vuelva a casa.
- Por supuesto. Entonces¿qué quieres que Severus le diga a Lestrange?
- Yo… yo le he escrito una carta. Esta arriba en mi cuarto.
- ¿Por qué no vas a buscarla Cassie?
Severus mira a su alrededor, recordándose los motivos por los que se encuentra en esa situación, sólo, en la casa de la más fiel seguidora del Señor Oscuro, esperando al esposo de esta para darle una carta que ha escrito una hija dolida por el abandono que sufrió…
Se puso en pie y comenzó a andar por la sala, se había acercado a la gran librería que cubría la pared norte de la sala cuando la puerta se abrió haciendo que se girase y mirase en esa dirección. Allí vio a Rodolphus, tan imponente como siempre. Lestrange le sonrió de lado con una sonrisa perversa y fue hacia él.
- ¿Y bien?
- Cassandra ha accedido y te ha escrito una carta- dijo sacando el sobre de uno de los bolsillos interiores de su negra túnica.
- ¿Cassandra?
- Tu hija.
- Se llama Cassiopea.
- Ahora ya no.
Rodolphus asintió en silencio y se fue a sentar en una gran butaca de cuero negra tras el escritorio de roble que había frente a un gran ventanal. Sacó un abrecartas de plata del cajón superior del escritorio e introdujo la punta por una de las esquinas del sobre. Estaba a punto de rasgarlo cuando noto una mano que le aferraba con fuerza la muñeca impidiéndole el movimiento. Al alzar la cabeza se encontró con los negros ojos de Severus Snape mirándole fijamente.
- Tu parte del trato Lestrange- dijo en un susurro amenazador.
- Cuando compruebe la veracidad de la carta- le respondió con un tono que no daba lugar a replicas.
Tuvieron un intenso duelo de miradas, hasta que Severus movió imperceptiblemente la cabeza y le soltó la mano.
- Aquí me quedare entonces.
- Haz lo que quieras.
Con un movimiento fluido abrió el sobre y sacó la carta de su interior. La desdobló y comenzó a leerla. Severus le observaba analizando todas sus reacciones y no pudo sonreír internamente al ver la avidez con la que los ojos del mortifago recorrían las frases de ese trozo de papel.
Tardó unos minutos en leerla y dejarla sobre la mesa. Se apoyó completamente en el respaldo de la butaca y pasó la varita por uno de los cajones, el cual se abrió y de él sacó un sobre que lanzó al pocionista.
- Es un mapa de la sala en la que tiene encerada la magia de Evans.
- ¿Y el resto?
- ¿Qué resto?
- No juegues conmigo. ¿Dónde están los pergaminos y Lily?- dijo enfadado.
- No tientes tu suerte traidor. Suficiente estoy haciendo dándote esto.
- Pensé que tu hija valía algo más que un simple mapa. Veo que me equivoque.
- Cassiopea es lo más importante para mí. Tú no tienes ni idea de lo que ella vale.
- No mucho por lo que estoy viendo.
- Te conseguiré tus pergaminos- le dijo tras un momento en silencio- A cambio, tú deberás darle una carta de mi parte.
- ¿Tengo pinta de lechuza?- le preguntó con acidez.
- Ese es el trato. ¿Lo tomas o lo dejas?
- ¿Porqué debería de volver a confiar en ti?
- No deberías; pero que yo sepa es la única forma que tienes de conseguirlos.
Severus odiaba que Rodolphus tuviese razón, esa podía ser la única forma de conseguir esos valiosos pergaminos que la Orden necesitaba y que el Lord Oscuro tanta importancia les había dado. Sabía que no tenía otra alternativa más que caer en ese absurdo juego de las cartas y suspiró resignado.
- Dos minutos. Sino la tienes me iré de todas formas.
El moreno odiaba que el otro tuviese razón; pero odiaba aún más esa sonrisa de superioridad que tenía cuando ganaba alguna discusión, por absurda que esta fuese, la misma sonrisa que estaba plantada en su cara mientras escribía la carta para su hija.
