1"Los personajes de esta serie no me pertenecen, salvo los que me he inventado yo, y esto es solo una historia para los fans escrita sin ánimos de lucro."

Capítulo 21

Aún no creía ver lo que sus ojos le mostraban, aquella mujer, su hermana, su amiga, se encontraba ante él y le saludaba con una sonrisa que le traía recuerdos de otra época.

-¿Azalea, eres tú?

Los granates ojos de la hechicera sonrieron divertidos.

-¿Y quién más podría ser?-le respondió mientras se acercaba a él y lo abrazaba.-Me alegro mucho de volver a verte, Kirilanshelo.

Orphen tardó un poco en reaccionar porque aún estaba sorprendido, pero acabó por devolverle el abrazo con ternura.

-Yo también, Azalea.

Su cuerpo se sentía tan liviano entre sus brazos. Además de su innata habilidad en la magia, ella siempre había sido famosa en la Torre por su incomparable belleza y su hermosa figura, algo que todavía conservaba. Recordó con algo de nostalgia que entonces él había empezado a idolatrarla y que a pesar de todo lo sucedido, ella siempre tendría un lugar especial en su corazón.

De pronto recordó algo y rápidamente la apartó de él y le miró insistentemente el estómago.

-¡Oh! ¿y Chaildman? ¿ya nació?

Su amiga sonrió de nuevo mirándolo con ternura.

-Claro, ha pasado un año y medio desde la última vez que nos vimos. Ya tiene nueve meses.-Después añadió burlona-¿Acaso no te explicaron nunca cómo consiste la reproducción humana?

El hechicero enrojeció súbitamente, avergonzado, e intentando disimular contraatacó rápidamente.

-Sí, pero como tú embarazo tampoco se efectuó de forma convencional, no estaba seguro de cómo evolucionaría aquello.

-Es cierto.-Afirmó ella-No fue nada convencional, aunque…-lo miró de reojo divertida-…yo no recuerdo nada de lo que ocurrió, ¿estás seguro de que la espada que utilizaste fue la de Baltanders?

La cara que puso Orphen era un autentico poema, tan colorado que podría competir con la cinta que llevaba en la cabeza.

-¡Jajajajaja!

-¡No te rías!-se quejó el hechicero-¡Siempre te ha gustado tomarme el pelo!

-¡Jajajaja!-Azalea intentó calmarse a duras penas para defenderse- Es que aún sigues siendo muy infantil e inocente.-dijo ganándose con ello una mirada airada de parte de su amigo.-Reconócelo.

Orphen sabía que aquella batalla no podría ganarla y que no saldría nada bueno continuando con aquella discusión, por ello cambió rápidamente a otro tema que, por cierto, lo tenía muy intrigado.

-Bueno, pero dime ¿qué haces tú aquí? Creí que habías dejado la magia definitivamente.

-Y así es, pero recibí una carta de La Torre y he tenido que venir.

-¿Te han pedido ayuda para enfrentar a los hechiceros de la Cámara Sellada?-le preguntó sorprendido.

-No. Eso ha sido la sorpresa que me he llevado cuando llegué. El Consejo de Ancianos me había escrito mucho antes de que todo esto ocurriera para pedirme que permitiera estudiar a Chaildman de nuevo en La Torre.-Orphen la miró asombrado-Venía para convencerlos de que me parecía demasiado pronto, pero en vista de todo lo que ha ocurrido creo que mi caso ahora es irrelevante. No creo que me vayan a insistir en que lo traiga con todo lo que tienen encima.

-Yo tampoco lo creo. ¿Y él? ¿Te lo has traído?

-No, se ha quedado al cuidado de unos vecinos, amigos míos.

-¡Oh!-exclamó desilusionado-Me hubiera gustado ver al chibi Chaildman.

Ambos se echaron a reír tras aquellas palabras. Después siguió un silencio extraño, Orphen súbitamente se puso serio y perdió la mirada durante unos instantes preocupando seriamente a Azalea.

-¿Qué te pasa?-le preguntó la joven-¿Ha pasado algo?

El hechicero la miró y le sonrió afectado.

-Si, han pasado muchas cosas.

De esta manera acabó por contarle toda la historia durante la mayor parte de la noche, sorprendiendo a la hechicera que lamentó la suerte de aquella chica que apenas conocía de verla un par de veces pero que era muy especial para su querido amigo como comprobaba al ver su estado.

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Aquella mañana era un día especial en La Torre. Por primera vez en su historia recibía la visita de dos miembros del consejo de La Corte Real, los mejores hechiceros del reino. Era cierto que hubieron hechiceros en palacio que habían pertenecido a la escuela de magia pero, una vez allí, ninguno había podido volver, tan ocupados como estaban siempre. La ocasión no era de felicidad pero tenía esperanzados a todos los hechiceros, ilusionados con que pudiesen liberarlos de la amenaza de "los asesinos", como ellos los llamaban.

Cientos de hechiceros se movían de un lado a otro, nerviosos, impacientes y sin saber que se esperaba que hicieran mientras tanto.

También habían madrugado los ancianos, que ya llevaban reunidos cerca de dos horas repasando lo que le contarían a los visitantes.

-Con que le contemos lo ocurrido y les mostremos estos documentos creo que es más que suficiente.-Resumía uno de los Ancianos.

-Si, no tienen por qué sospechar nada.-Estuvo de acuerdo otro.

-Ellos no hablarían con los asesinos ¿verdad?

El Mayor se dirigió a su camarada firmemente.

-No lo creo. Pero si lo hicieran sería terrible.-Los Ancianos se miraron unos a otros preocupados- Tranquilos, no hay motivos para que ellos sospechen nada y lo más probable es que confíen sin dudar en nosotros.

En aquel preciso momento alguien llamó a la puerta del Consejo.

-Adelante.

Dimas, el ayudante del Mayor, entró sigilosamente en la sala.

-¿Qué ocurre muchacho?

-Ellos ya han llegado, están aquí fuera esperando.-Anunció.

-¡Pues hazlos pasar enseguida!-lo apresuró el Mayor.

-¡Sí, señor!

Salió rápidamente y al instante dos figuras encapuchadas entraron dentro. La túnica roja que los cubría apenas les permitía ver el rostro a ninguno de los dos y les llegaba hasta los pies, no tenía ninguna ostentación, tan solo llevaban bordado en el pecho el emblema de la familia real.

-Sean bienvenidos a la Torre del Colmillo,-los saludó el Mayor- estamos muy agradecidos de que hayan venido a ayudarnos dos hechiceros de la Corte Real.

-Es un placer.-respondió la figura más alta.-Nosotros lamentamos haber tardado tanto pero el rey había enfermado hace poco y estuvimos muy preocupados.

-¡Oh, que terrible! ¿Y cómo se encuentra ahora Su Majestad?

-Mejor, gracias a Dios. ¡Oh! Qué maleducados aún no nos hemos presentado.-dijo apartando la capucha y mostrando una cabellera entrecana. Era un hombre grande, de mirada inteligente, que rondaba los cincuenta años.- Mi nombre es Ian y ella es Clare.

-Buenos días.-saludó una joven mujer de ojos negros y pelo corto castaño, que a diferencia de su compañero, no aparentaba tener más de treinta y cinco años.

-Mucho gusto.

-Veo que el Consejo es un número muy reducido.-opinó Ian al observar que tan sólo había cuatro ante él.

-Por desgracia el ataque sufrido acabó con la mayoría de nosotros.-respondió tristemente el Mayor.

-Lo lamento mucho. Creo que es interesante tratar ese asunto cuanto antes.

-Estoy de acuerdo.

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-¿Dices que a están aquí?-pregunto Leticia.

-Sí, por lo visto ya llevan un buen rato reunidos con el Consejo.

-¡Vaya! Menuda aparición más silenciosa.

-Supongo que no querían llamar mucho la atención.

La muchacha quedó pensativa durante unos segundos y luego se dirigió de nuevo a su compañero.

-Por cierto, Lai. ¿También es verdad que Orphen llegó anoche?

-No lo he visto, pero lo sentí en la Torre.

-Entonces seguramente estará por aquí.-afirmó ella.

Eris apareció por un pasillo y al verlos se acercó a ellos.

-Buenos días.

-Buenos días Eris.-Contestaron ambos.

-¿Habéis oído la noticia?

-Si te refieres a los hechiceros de la Corte Real, sí nos enteramos hace poco.

-¡Es fantástico!-exclamó ilusionada-Ellos nos ayudarán a vencer a los asesinos. Pero tampoco han sido los únicos que han llegado.

-¡Oh! También lo sabemos.-le aclaró Leticia.

-¿Sí? Me sorprendió mucho cuando lo escuché. Yo no la conozco personalmente, pero me hablaron mucho de ella y me gustaría conocerla. Se dice que era una de las mejores hechiceras de la Torre, lástima aquel trágico accidente.

Lai suspiró al ver la cara de consternación que había puesto su amiga al escuchar a Eris. Había planeado ocultárselo para no darle un disgusto, pero ahora ya era tarde.

-Espera,-Leticia paró la charla de Eris-¿de quién estas hablando?

-¡Oh! Creí que me habíais dicho que lo sabíais. Me refiero a esa hechicera que usó la espada de Baltanders y se convirtió en el famoso Bloody August…¿cómo se llamaba?...

-Azalea…

-¡Sí eso es!-Afirmó felizmente la chica sin percatarse de la voz tan lúgubre que había puesto Leticia al pronunciar aquel nombre.-¿La conoces?

Pero ella no contestó, se alejó lentamente de ellos sumergida en sus propios pensamientos.

Eris miró sorprendida al joven hechicero.

-¿Qué pasa?

-Tan solo que a Leticia no le cae muy bien Azalea.

-¿Por qué?-volvió a preguntar.

-Creo que había cierta rivalidad entre ellas, pero no estoy seguro si sólo es eso. Te daré un consejo: no la elogies nunca delate de ella. ¿De acuerdo?

-Sí.

Eris se quedó un poco preocupada después de lo que le dijo Lai. Antes había confesado que le habría gustado conocerla ante Leticia, ¿se habría enfadado?

-¡Oh! Por cierto.-recordó la aprendiz-¿Entonces quién más ha venido? Porque antes creíais que me refería a esa persona ¿cierto?

-Sí. Orphen llegó anoche.

¡Orphen! ¡Eso significaba que Magic también estaría aquí! ¡Dios! ¿Qué le diría cuando lo viera de nuevo? Eris se ruborizó violentamente. La última vez estuvo tan deprimida tras el ataque que no le hizo mucho caso. ¿Estaría molesto con ella?

Recordó, que además se había marchado sin avisar junto a Orphen y a su maestro. ¿Por qué lo harían? Nadie le supo contestar aquella pregunta. Quizás ahora podría obtener la respuesta.

Se despidió de Lai y decidió dar una vuelta por la Torre a ver si tenía suerte y lo veía.

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En todo el tiempo que llevaba al servicio de la magia, jamás había escuchado algo tan inquietante como aquello. Esa historia que les había contado el Consejo era tan inverosímil y tenía tantas preguntas sobre todo aquello, lástima que sólo algunas tuviesen respuesta. Aquellos documentos que les habían presentado eran muy antiguos, la escritura estaba borrosa, faltaban datos y parecían callar algunos detalles. Sí, demasiado inquietante.

Había que añadir a todo esto que además había dos personas, ajenas a la Torre y sin ningún poder mágico, implicadas con los asesinos. Ese era un problema mayor.

-Entonces…-comenzó Ian-que tienen pensado hacer.

Los ancianos se miraron entre ellos dudosos hasta que el Mayor tomó la palabra.

-Son muy poderosos y sabemos que volverán buscando venganza, no tenemos más remedio que destruirlos.

Ian suspiró.

-Eso temía, pero sería un gran problema que les ocurriese algo a esas dos personas reencarnadas, deben tener familia, conocidos, si los matamos los malos seríamos nosotros.

-Es cierto.-Confirmó el Mayor-Pero ahora vuelven a ser aquellos traidores de antaño, incluso vuelven a tener sus poderes, si nos descuidamos podrían ser ellos los que acaben con nosotros.

Dios, esto era desesperante. Lo peor que podría pasarle era tener una muchedumbre ante el rey protestando por los hechiceros y pidiéndole que tome cartas en el asunto. El único remedio era consultarlo con él y que éste fuera quien diera el consentimiento.

-Un asunto de esta magnitud, donde dos de los asesinos son súbditos del rey, tendré que consultarlo con él.

El Mayor lo miró preocupado, si el rey se negaba, tendrían que vérselas solos con aquellos hechiceros.

-Claro…si no hay más remedio.

La reunión llegó a su fin, se acordó que Ian volvería a la Corte a tratar con el rey mientras que Clare se quedaría allí por si hacía falta.

Antes de marchar los dos hechiceros de la Corte hablaron en privado.

-¿Que piensas de todo esto, Clare?

La mujer miró seriamente a su compañero. En toda la reunión había permanecido en silencio, dejando que él, que era su superior, llevase todo el tema.

-Creo que es un asunto muy turbio.-Ian afirmó con la cabeza declarándole que estaba de acuerdo con ella.- No sé, pero…creo que nos ocultan algo. Había uno de ellos que estaba realmente nervioso. Además…aquella cámara…¿Cómo habían permitido que dos personas vivas estuviesen encerradas por tanto tiempo? ¿Y por qué lo mantenían en secreto?

-Sí, también me estaba preguntando eso.

-No me acaba de gustar este asunto, pero tampoco me agrada tener a esos hechiceros sueltos por el reino.

Ian suspiró.

-Esto podría traernos problemas a todos, por eso debe de ser el rey quien dé la orden. Me iré ahora.

-Yo intentaré averiguar algo más.

-Sí, hazlo. Cualquier cosa más que descubramos será bueno.-Antes de volverse añadió- Y dígale al Mayor que debería contarle lo que está ocurriendo a todos sus alumnos.

-De acuerdo.

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Hacía varias horas que había amanecido, pero hasta aquel momento su cuerpo no había respondido aún al nuevo día. Sentía un agotamiento físico increíble, incluso en sólo abrir los ojos. Y la luz tan brillante tampoco ayudaba mucho.

Estiró poco a poco sus entumecidos músculos, parecía que como si hubiese dormido durante años, aunque no explicaba porqué tanto cansancio entonces.

-Selene, ¿estas despierta?

Si no lo había estado, aquellas palabras la despejaron por completo. Rápidamente se incorporó y se sentó en la que había sido su improvisada cama. Miró sorprendida a aquel hombre frente a sí, clavando sus azulados ojos en los verdosos de él, descubriendo un extraño brillo en ellos.

-¿Siro?-le preguntó confundida-¿Qué ha pasado?...¿Y dónde estamos?-le dijo mirando a su alrededor.

Pero él no le respondió, sin mediar palabra la tomó en vilo y la abrazó.

Continuará…

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Tanto tiempo para este decepcionante capítulo. Está claro que los de enlace, o los de relleno, son los que más me cuesta escribir. De todos modos, perdonadme la demora.

Espero tardar menos en la próxima.

Wiz-chan muchas gracias por tu review, a mi me encanta que te guste tanto, me ilusiona mucho. Esta clase de mensajes anima mucho a continuar, en serio, gracias.

MarieSerena también te agradezco mucho tu review. Es posible que tenga mucha imaginación, pero cuando me llegan capítulos como este que son de relleno antes de llegar a una escena importante me suelo atascar más, ya ves.

Sed buenos y hasta la próxima.

Ades