POV Severus
Miré a mi alrededor tratando de ubicarme, sin duda alguna era El Bosque Prohibido pero nunca había estado en este preciso lugar, por el tipo de vegetación que había debíamos estar en lo más profundo. Volteé a ver a Albus y me sorprendí al darme cuenta que él no estaba tan desubicado como yo.
-Interesante elección Minnie, ¿podríamos saber por qué nos trajiste aquí? No creo que seamos muy bien recibidos.-
La pregunta de Dumbledore me confundió más si se podía, ¿a quién se refería? ¿quién se supone que vive en esta parte tan oculta? Mis preguntas silenciosas se contestaron cuando el sonido de decenas de cascos llenó el espectral silencio. De detrás de los frondosos árboles empezaron a aparecer centauros, imponentes, grandes y brutales. Lo más rápido que pude coloqué a Beatriz en el suelo, recargada sobre un tronco y me puse delante de ella y de Minnie con la varita preparada para defendernos. A nuestro lado, Albus tomó una postura relajada, mucho más diplomática, demasiado para mi gusto. Un centauro de piel café y ojos verdes se adelantó al resto y se dirigió a nosotros.
-Están bastante lejos de los límites, este es nuestro territorio.-
-Lo sabemos, no es nuestra intención romper ningún tratado…-
Minnie pasó efusivamente por en medio de ambos, empujándonos un poco e interrumpiendo a Albus. Nos sorprendió aún más que se dirigiera a aquel centauro como si lo conociera de toda la vida.
-Magorian, es Beatriz, los necesita.-
¿Había enloquecido? ¿Cómo se le ocurría hablarle de nuestros motivos como si en verdad le importaran? Los centauros eran conocidos por muchas cosas pero, sobre todo, era más que sabido su odio por los magos. Claro que esta también tenía que ser una excepción porque al parecer nada de lo que rodeaba a mi ángel era como se suponía debía ser. El tal Magorian hizo una mueca extraña, entre el desconcierto y la preocupación, y nos ignoró completamente para concentrarse de lleno en la elfina.
-¿Qué ha pasado? Ella ¿está bien?-
-No, es magia, una que los magos ignoran, está sufriendo. Deben ayudarla, por favor.-
Minnie comenzó a llorar de nuevo y corrió hasta dónde estaba Beatriz, me hizo un gesto para que me hiciera a un lado. Vacilé pero decidí hacerle caso, parecía que eran ellos a quienes Minnie se había referido cuando dijo que sabrían cómo ayudarla. Cuando mi ángel quedó a la vista de los centauros, se escucharon exclamaciones de sorpresa, furia y congoja. Magorian se apresuró a acercarse y tras él un centauro de piel y cabellos negros también lo hizo.
Magorian acopló su tamaño para quedar frente a frente con Beatriz, llevó su mano a la frente de ella y cerró los ojos. Nadie dijo nada ni hizo amago de intervenir. Después de unos minutos, Magorian se incorporó con Beatriz en brazos, me coloqué delante de él, no iba a dejar que se la llevara, no tenía idea de quién era y no la pondría en peligro.
-¿Qué crees que haces? No se irá contigo a ningún lado.-
-¿No? ¿En serio piensas que puedes impedirlo mago?-
-Aléjate de una vez, no vas a lastimarla me oyes.-
Un rugido furioso resonó por todo el bosque y los ojos verdes brillaron con ira.
-Yo jamás haría nada que lastimara a mi hija, la pregunta es ¿qué fue lo que ustedes hicieron para dejarla en este estado?-
Hija, él había dicho su hija, no podía ser, un centauro ¿padre de una bruja? Era una locura más grande que una elfina como su mejor amiga. Minnie aparentemente desesperada volvió a tomar la palabra.
-Dejen de discutir, no es importante lo que piensen unos de otros. Justo ahora, lo único que debe importarles es ella.-
El ojiverde observó duramente a la pequeña criatura.
-¿Confías en ellos?-
-Sí, lo único que quieren es ayudarla.-
Magorian respiró profundamente y se giró para ver al otro centauro.
-Bane, adelántate, avisa a Firenze sobre lo que está pasando y preparen mi tienda para atender a Beatriz.-
-Enseguida.-
Sin dudar ni un segundo, Bane despareció a todo galope en dirección a lo que suponía era el lugar donde vivían. Devolví mi atención a Magorian quien ahora nos veía a Albus y a mí como considerando si debía hablarnos o simplemente aplastarnos. Afortunadamente optó por lo primero.
-Bien, sígannos.-
Inició a trotar con la velocidad suficiente para que pudiéramos seguirlos y los otros centauros se le unieron. Tras unos 5 minutos, sentía como si hubiera corrido miles de kilómetros, estaba cansado y sediento, para mi buena suerte habíamos llegado. Magorian hizo un extraño movimiento y dijo algunas palabras que no pude comprender, delante de mis ojos apareció un enorme llano con decenas de tiendas levantadas, en medio había un gran cúmulo de leña que supe dentro de unas horas se convertiría en una fogata gigante, varios centauros salían y entraban de las tiendas, algunos se quedaron petrificados al vernos pero no hicieron ningún comentario o movimiento al ver que su líder, o eso creía que era el ojiverde, venía guiándonos.
El grupo se fue desintegrando hasta que solo quedamos Magorian con Beatriz aun en brazos, Albus, Minnie y yo. Entramos a la que se veía era la más enorme de todas las tiendas, dentro habían pocas cosas. Muebles rasos y anticuados, algunos arcos, 2 camas o algo semejante a eso y, sorprendentemente, un espejo. Magorian acostó a Beatriz en una de las camas, la del lado derecho y se acomodó para volver a quedar a su altura.
Albus y yo nos miramos interrogantes, ambos nos sentíamos desubicados y extraños en aquel sitio. Minnie se veía como si estuviera en su propia casa, iba y venía, trajo trapos y agua ya que la fiebre no había cedido ni un poco. Un gran estruendo me puso alerta. Entraron 4 centauros, el tal Bane junto con 2 de ojos plateados y uno rubio de ojos asombrosamente azules. El que parecía el más joven de todos, uno de los de ojos plateados, fue enseguida a colocarse junto a Beatriz lo que me causó cierta molestia, no sabía por qué pero no me agradaba verlo tan cerca de mi ángel. El ojiazul fue quien habló primero.
-Magorian ¿Qué has visto?-
-Lo que temíamos Firenze, ha comenzado.-
¿De qué estaban hablando? ¿Qué es lo que había comenzado? Cómo detestaba a los centauros, con sus acertijos y maneras de confundirlo todo. Iba a empezar a gritar cuando Albus, el buen y diplomático Albus, se me adelantó.
-Disculpen la intromisión pero, quisiéramos saber lo que está ocurriendo con la Señorita Matthews.-
Magorian resopló mordazmente y nos miró con desprecio aunque por el tono de su voz al hablar se podía ver el gran esfuerzo que hacía por ser algo parecido a amable con nosotros.
-Antes de nada, quisiera saber, con exactitud ¿qué pasó antes de que Beatriz se desvaneciera?-
Albus me dirigió una fugaz mirada tranquilizadora y se dispuso a responder.
-Bueno pues la Señorita Matthews estaba la mar de bien, sonreía radiantemente. Yo me acerqué a ella para darle las gracias por un favor personal que me concedió, besé su mano y justo cuando la solté todo se puso de cabeza. Realmente no tengo idea de lo que sucede, es decir, puedo sentir la magia a su alrededor pero no consigo distinguir lo que es.-
-Entiendo. Y usted ¿también puede sentir la magia de la que habla?-
Tardé algunos segundos en percatarme que la pregunta iba dirigida a mí, respondí tan rápido y sinceramente como fui capaz de hacerlo.
-No, la verdad es que no.-
Me sentí estúpido con esa contestación, ¿qué clase de mago era si no podía percibir una magia tan poderosa?
-Entiendo, entonces solo nos queda una opción. –
Los ojos verdes de Magorian se posaron directamente en los azules del tal Firenze, prácticamente podía ver las palabras ir y venir de un lado al otro sin emitir sonido y, evidentemente, sin yo poder entenderlas. El rubio se colocó en el centro de la habitación y con voz clara y firme pidió a todos que abandonaran el lugar, a todos excepto a Magorian, Minnie, Dumbledore y a mí. El joven de los ojos plateados discutió fuertemente con los otros pues no quería separarse de ella pero al final lo convencieron de que debía irse, afortunadamente para él porque si se hubiese tardado un minuto más, lo hubiera echado a punta de varita.
-De acuerdo, profesor Dumbledore necesito que se coloquè junto a Beatriz y que tome su mano.-
Albus dudó un momento pero se recompuso de prisa e hizo lo que le solicitaron. El cambio fue evidente. Apenas la tocó y los temblores cesaron. El viejo director se sorprendió.
-Pero ¿cómo es esto posible?-
Firenze que se había apartado un momento para traer un recipiente con una extraña poción fue quien disipó nuestra duda compartida.
-Su magia está conectada Director.-
-¿Conectada? Es imposible, la magia solo se conecta cuando existen lazos afectivos sumamente fuertes o cuando hay lazos sanguíneos. Y aunque le tenga un profundo cariño a la Señorita Matthews, no creo que sea suficiente como para haber conectado nuestra magia.-
-No solo es posible sino que es un hecho. Están conectados por un poderoso hechizo, uno que no es conocido más que por los más antiguos y sus descendientes.-
-¿Qué clase de hechizo? ¿Qué es lo que hace? ¿La utilizaron para llegar a mí?-
La voz ahogada de Albus denotaba su cada vez mayor preocupación.
-No, en lo absoluto. El hechizo es para contener la magia, era usado en tiempos de crisis cuando había guerras y los grandes magos no querían ser encontrados mediante el rastreo de sus poderes.-
No pude contenerme más, tenía preguntas que con urgencia debían ser respondidas.
-Quieres decir que ¿alguien usó ese hechizo para limitar los poderes de Beatriz?-
-Así es, alguien que quería protegerla, alguien que trataba de evitar que la encontraran pero algo salió mal. No pudo concluir el hechizo.-
Firenze le tendió la poción a Magorian para que se la suministrara a Beatriz, fue sorprendente el amor con el que se la dio a beber, el centauro demostró delicadeza y ternura, cosas que jamás hubiera relacionado con él. Regresé mi atención al ojiazul que seguía con la explicación.
-La magia de Beatriz quedó en un estado de suspensión, todo este tiempo ella ha utilizado poco más de un décimo de su poder. El hechizo fue hecho invocando la magia de su estirpe, sus antecesores, para que solo alguien que compartiera su sangre pudiera acabar con el encantamiento, entonces su poder iría liberándose poco a poco. Al no concluir el hechizo este se rompió automáticamente cuando tuvo contacto directo con alguien de su familia, liberó todo su poder de una sola vez por eso su cuerpo está rechazándolo.-
El silencio se adueñó del lugar, la última persona que había tenido contacto con ella había sido Dumbledore, él había liberado su magia, eso significaba que…
-¿Es mi familia?-
La cara de Albus era un enigma, sorpresa, pesar, alegría, dolor, todas las emociones pasaron por ella en menos de un minuto.
-Debe serlo, de lo contrario jamás habría podido terminar con el hechizo.-
Albus acarició el rostro de Beatriz, se mantuvo un largo rato en silencio y lo vi derramar algunas lágrimas, al parecer había muchos más secretos de los que creía rodeando al Director de Hogwarts. Me dirigí a Firenze con el tono más suave de mi repertorio, no quería romper el momento de Albus, algo me decía que había esperado ese instante por mucho tiempo.
-Y ahora que sabemos lo que sucede ¿qué debemos hacer?-
-Esperar, solo eso queda, la poción le dará la fuerza física que necesita para soportar pero es ella quien debe decidir volver. La magia del Director le enseñará el camino y la protegerá pero, como dije, al final de todo, será su elección.-
Volví a mirar a mi ángel, ya no temblaba ni gritaba. Se veía serena, cálida y hermosa, como si durmiera. Me senté a su lado, frente a Albus y sostuve la mano que tenía libre. Su elección, todo se resumía a eso. Observé a mi alrededor, y me percaté de la realidad, dos centauros, una elfina y, contándome a mí, dos magos estábamos en ese lugar dispuestos a cualquier cosa por asegurarnos que Beatriz estuviera bien y fuera de aquí, habían más centauros y más magos en la misma situación pero ¿y si decidía no volver? ¿si a pesar de todo se convencía de que no tenía motivos para regresar?¿qué haría sin ella? ¿podría soportar perderla justo ahora, después de todo el tiempo y el sufrimiento que me había costado el encontrarla? La respuesta era no. Ella debía volver, debía hacerlo.
De un momento a otro sentí mi rostro mojado, las lágrimas que por tantos años contuve tan férreamente por fin habían encontrado la salida.
-Vuelve, tienes que hacerlo, por favor, no puedes dejarme solo, tú no. Te ayudaré, estaré a tu lado para enfrentar lo que venga. Solo, solo, por favor, regresa a mí.-
Y literalmente me derrumbé sobre ella, apoyé mi cabeza sobre su regazo y terminé de abrir el grifo de las lágrimas, escuché un ruido extraño, lejano, como un susurro. Iba a levantarme cuando sentí cómo algo denso me jalo, no tengo idea de lo que fue pero lo siguiente que vi es que ya no estaba en esa tienda junto a esas personas. Estaba en una calle oscura en lo que apostaría era un barrio muggle, caminé hacia donde se veía un poco de luz y me encontré con 3 magos con máscaras, mortífagos, apuntando con su varita a una joven que jamás había visto, cabello largo y negro, piel blanca y ojos cafés, se parecía tanto a Beatriz.
Me acerqué un poco más, evitando que me vieran aunque una parte de mí sabía que no tenía sentido esconderme pues ellos jamás me verían. Los cuatro discutían algo que no alcancé a escuchar hasta que uno de ellos se quitó la máscara, a esa loca la conocía muy bien, era la desquiciada de Bellatrix Lestrange, la más fiel de todos los esclavos del Señor Tenebroso. Lestrange lanzó un crucio a la joven y los otros dos mortífagos la imitaron. Los gritos desgarradores hicieron eco en la fría noche. Estaba por intervenir cuando otro ruido captó mi atención, era un llanto, seguí la dirección de la que provenía y encontré a la mujer a la que tanto suplicaba que volviera. Beatriz estaba sentada en el suelo con el rostro lleno de lágrimas y consolando a una niña de aproximadamente 4 años que estaba sentada en sus piernas llorando con el mismo dolor. Ambas veían cómo los mortífagos seguían torturando a aquélla joven y entonces lo supe, todo esto no era real, al menos no en este momento. Estaba en la mente de mi ángel, eran sus recuerdos y esa niña pequeña era ella.
