#21 Máscara

Todoroki x Midoriya

El baile era hermoso. Desde la tenue luz que iluminaba el gran salón, los pisos de mármol hasta la orquesta ejecutando complicados y bellos arcordes, todo se unía en una perfección nunca vista para Izuku.

Izuku sabía que estaba mal estar ahí pero estaba disfrutando cada minuto que pasaba en ese lugar mágico. Tanto su máscara como su atuendo habían sido prestado por uno de sus amigos, Mirio. También se sentía un poco culpable por ello.

Le había mentido, diciendo que aquella invitación se la había regalado su maestro cuando obviamente ese hombre no le daría ni un pan duro aunque estuviera muriendo de hambre. A su favor, si es que tenía que necesitaba una excusa, era que ese día su maestro estaba tan borracho que dudaba se levantara durante la noche (ni durante el próximo día, según las botellas vacías esparcidas por la biblioteca) así que sólo estaba usando algo que su maestro estaba desechando.

Y con esa pobre excusa, ahí estaba, disfrutando de lo que podría ser el mejor día de su vida.

No llevaba acompañante, claro está, pero desde la primera canción no había dejado de bailar. Pasaba algo muy raro: la gente, sin saber que era un simple plebeyo, lo instaban a bailar con ellos. Disfrutaban de sus pasos, a veces torpes, por la pista de baile. Reían con él y tomaban deliciosos licores mano a mano.

En algún punto de la noche, exhausto, se sentó en una de las últimas mesas, alejadas de la pista de baile. A pesar de que se encontraba un poco mareado, estaba contento observando a las figuras ataviadas con hermosas ropas, bailar al ritmo de la música.

Después de un par de canciones, sintió que alguien lo miraba, con tal intensidad que comenzó a buscar al dueño de aquella mirada. A lo lejos, en uno de los balcones del salón, se encontraba aquella persona. A pesar de que el hombre llevaba un atuendo negro, con una máscara de igual color, su cabello, rojo y blanco, delataba su el conde. Era el que había organizado el baile.

Pensó que lo había descubierto. Pensó que en cuestión de segundos los guardias lo sacarían de patadas de ahí y su maestro, al saber el robo, lo colgaría de inmediato. Sin embargo, nada pasó. Al contrario, el hombre hizo un pequeño ademán con su mano, instándolo a que fuera a su lado.

Contrario a todo su sentido común, se dirigió hacia el hombre. Pasó por loa pista de baile y parecía que las personas, al saber a dónde se dirigía, facilitaban su paso. Eventualmente, llegó al balcón. La brisa otoñal le pegó por sorpresa en su rostro y se envolvió un poco con la capa que llevaba.

-Disculpa que te haya hecho venir hasta este lugar- comentó el hombre, haciendo una pequeña inclinación de cabeza -Pero me alegro que hubieras venido-

-Milord, mil gracias por la invitación-respondió Midoriya, intentando de imitar la forma de hablar de la nobleza.

-Conozco a todos los que están en este baile. pero a ti… no te había visto antes-

-Oh, Milord, pensé que en un baile de máscaras teníamos que esconder nuestra identidad- respondió Midoriya, esperando que aquellas palabras hicieran desistir al hombre de confesar su nombre.

-Cierto. Aunque el hecho de que tu sepas quien soy pero no al revés es un poco injusto-

-Eso rompería la magia, Milord- Izuku sabía que aquella plática no podría durar mucho. Una idea cruzó por su mente y sin reparos, pregunto -¿Me concedería esta pieza, Milord?- dijo tendiendole la mano.

Aquel hombre, riendo por lo bajo, tomó su mano y se dirigieron a la pista de baile.

Bailaron por horas. O lo que a Izuku le pareció horas. El hombre era un experto bailarín y la gente nunca se extrañó de ver a dos hombres bailar en el centro de la pista así que Izuku pudo disfrutarlo totalmente.

Shoto, aquel que llamaba Milord, no volvió a preguntar por su nombre. Al contrario, le hablaba sobre la música que sonaba y los cuadros y figuras que custodiaban las paredes del gran salón.

Eventualmente, al final del baile, Todoroki tuvo que detener la música y dar por terminado el baile. Delante de todos, agradeció por su asistencia y dio un pequeño pero enérgico discurso sobre las responsabilidades de los nobles.

O eso le comentaron. Izuku, desde que Shoto se dirigió a dar el discurso, se escabulló entre la multitud y prácticamente huyó de la fiesta. Tenía que salir antes de que alguien se diera cuenta que no tenía carruaje ni que él no era de ese lugar.

¿Lo volveré a ver? se preguntó Izuku de camino a la aldea. Era improbable pero ya se le ocurriría algo.

Siempre lo hacía.