*sacude el polvo imaginario*
¿He vuelto? Sip, eso mismo, aquí estoy, escribiendo un poco mas y espero no tener que volver a dejar esto porque ya tengo la historia más o menos pensada como la quería.
Espero no haberlo hecho muy mal, pero bueno que ahora nos leeremos mucho más seguido y podré mejorar.
Apenas había comenzado a lloviznar cuando Edward dobló la esquina para entrar en mi calle, siguiendo las indicaciones de Alice el me acompañaría hasta que la tormenta estuviese lo suficientemente cercana a nosotros para que los Cullen pudiesen jugar.
Entonces vi la patrulla aparcada en el camino a la entrada de mi casa y a Charlie de pie justo delante nuestro al lado de Harry Clearwater y oí a Edward mascullar algo ininteligible con voz sorda y áspera.
Bella estaba escondida entre su mata de pelo saliendo del asiento trasero de la patrulla y clavando su mirada en nosotros, pude sentir como Edward a mi lado se tensaba y le sostenía la mirada ocasionando que la chica la bajase avergonzada.
—Esto... —La voz baja de Edward sonaba furiosa—. Esto es pasarse de la raya.
— Vamos, no exageres es solo una visita de cortesía, al fin y al cabo son amigos de mi padre.
Edward asintió con sequedad, respondiendo con los ojos entrecerrados a la mirada de Harry a través de la lluvia.
— Quédate aquí, ni se te ocurra moverte, esto lo voy a solucionar yo.
Para mi sorpresa, estuvo de acuerdo.
—Haz que entren a la casa para que me pueda ir —ordenó—. Volveré hacia el atardecer.
— ¿Te vas a llevar mi camioneta? — Pregunte preocupado por el futuro de mi automóvil.
Edward puso los ojos en blanco.
—Puedo llegar a casa mucho más rápido de lo que puede llevarme este coche.
—Venga, ya estas tardando en salir de aquí.
Sonrió al ver mi expresión.
—Comprende que no es lo que quiero hacer, pero no me esperaba que tuvieses visita improvisada. Además deberías aprovechar para advertir a tu padre sobre tu nuevo novio.
— No es que tenga mucha prisa por hacer eso ¿sabes? Puedes tomarte todo el tiempo que necesites. — Tragué en seco nervioso por la reacción de Billy.
—Para tu mala suerte planeo volver pronto.
Sus ojos volaron de nuevo al porche y entonces se inclinó para besarme rápidamente y directo a los labios, giré mi mandíbula alejándome todo lo que mis reflejos me permitieron y finalmente sentí sus fríos labios descansar en mi mejilla.
Me gire para observar como Bella nos observaba confusa al igual que su padre, mientras que Harry tenía una expresión de furia y el ceño profundamente fruncido.
—Vete. — Murmuré saliendo del coche sin darle tiempo a decir nada más.
—Hola, Charlie, Harry. — Alargue la mano para estrechársela a los amigos de mi padre que aún me miraban confusos. — Bells. — Grite abrazando a la chica que ahora sonreía levemente.
—Hola Jake. — Respondió ella golpeando a su padre de forma disimulada.
—Espero que no llevéis mucho tiempo esperando por mi culpa.
—No mucho, en realidad ya nos íbamos, solo acompañamos a tu padre de vuelta. — Respondió Charlie más relajado.
—Muchas gracias, pero no teníais porque esperarme.
—Tranquilo, es bueno verte Jake, cada día creces mas, llegara un día en el que no podamos ni reconocerte. — Charlie y Bella me sonrieron aunque pude notar el doble sentido en las palabras del jefe de policía sabia que solo estaba preocupado por mi.
— También es un placer para mi poder verte Charlie, a ti también Bella. — Me estire revolviendo el pelo de la chica que se encogía sonrojada.
— Bueno, nosotros debemos irnos ya, se nos hace tarde y las calles empiezan a ser peligrosas, ¿Harry te acercamos a algún sitio? — El mencionado negó con la cabeza aun con la mirada fija en algún punto.
— Cuídate Jake y vigila que tu padre no se coma todo el pescado frito que hay en la nevera. — Charlie se despidió dándome una palmada cariñosa en la espalda y Bella pronto siguió sus pasos abrazándome.
Observe la patrulla alejarse y el silencio se hizo incomodo.
— De verdad muchas gracias Harry, pero creo que ya debería entrar a casa.
—Jacob.— Empezó y pareció arrepentirse.
Esperé.
—Jacob, ya sabes que tu padre es uno de mis mejores amigos.
—Sí.
—Me he dado cuenta de que estás con uno de los Cullen. — Pareció dudar de cada una de sus palabras y clavo sus oscuros ojos en mi.
—Sí —repetí de manera cortante.
—Quizás no sea asunto mío, pero Jacob...
—Como tu bien has dicho esto no es asunto tuyo Harry. — Le interrumpí levantando la mirada desafiante.
—Entiendo lo que dices, pero tu también tendrías que entender que ellos no son bienvenidos por la gente de la reserva.
—La verdad es que lo entiendo, pero eso no quiere decir que comparta vuestra estúpida opinión sobre los Cullen.
Me percaté de que bufaba como si se rindiese ante sus propósitos.
—Eres demasiado testarudo como para hacerte entrar en razón ¿verdad Jacob?
— Perderías tu tiempo conmigo y ninguno de los dos queremos eso.
—Solo, ten cuidado con lo que le dices a tu padre.
—Creo que como se lo diga o lo que tu pienses que voy a decirle a mi padre sigue sin ser asunto tuyo.
— Tienes razón. — Dudo por unos instantes. — En el fondo tu padre haría cualquier cosa por ti.
Aquello me tomo por sorpresa y solo pude asentir con la cabeza.
—Piensa bien lo que haces, Jacob.
—Lo haré. —respondí con rapidez.
Volvió a fruncir el ceño.
En ese preciso momento, la puerta se abrió de un fuerte golpe y me sobresalté con el ruido.
— Chicos, ¿Qué hacéis todavía ahí? — Mi padre empujo como pudo su silla sin salir del todo fuera del porche.
—Yo ya me iba, ha sido un placer charlar contigo Jacob, nos vemos pronto, espero.— Harry se despidió de mi padre que nos miraba sonriente.
—Adiós Harry, espero que no tengamos que volver a mantener este tipo de conversación. — Baje el tono de voz esperando que mi padre no oyese nada de lo que decía y me gire rumbo a mi casa imitando la sonrisa de Billy.
—Hola, papá —dije empujando suavemente su silla dentro de la casa—. ¿Qué tal te ha ido la pesca?
—Bien, he metido el pescado en el congelador.
—Me ha dicho Charlie que el señor Clearwater nos ha dejado pescado frito ¿es que pensabas comértelo todo sin decirme nada?
Me adentre en la cocina sacando el pescado y poniéndolo en la mesa viendo como mi padre se acercaba a comer a mi lado.
— ¿Qué has hecho hoy? —me preguntó, sacándome bruscamente de mi ensoñación.
—Bueno, esta tarde anduve de aquí para allá por la casa — dibujé una sonrisa forzada esperando que mi padre dejase de preguntar, suspire dándome fuerzas a mí mismo. — Y esta mañana me pasé por casa de los Cullen.
Billy dejó caer el tenedor encima de la comida.
— ¿La casa del doctor Cullen? ¿A qué fuiste allí? Yo, ni si quiera sabía que conocías a los Cullen.
—Ya sabes, voy con ellos al instituto de Forks, donde tú me mandaste ¿recuerdas? — Inquirí intentando que mi padre aceptase aquello como una situación normal.
— Si, bueno, pero no me imaginé que tuvieses tan buena relación con ellos. — Aun no había levantado el tenedor.
— En realidad, me llevo muy bien con Edward, uno de los hermanos Cullen.
— ¿Si? — sus ojos chocaron con los míos pude ver el miedo reflejado en ellos, por un momento me sentí culpable pero debía recordar que es lo que tenia que hacer.
—Papá, yo, me llevo mucho mejor que bien con Edward, ya sabes que es lo que intento decir. — Di un golpe en la mesa demasiado avergonzado como para completar la frase.
Billy me miro en estado de shock y después de unos minutos pareció procesar mis palabras.
—¡Estás saliendo con Edward Cullen! — Gritó apartándose de la mesa.
—Eso es lo que intentaba decirte.
—Es demasiado mayor para ti —empezó a despotricar.
—Solo tiene diecisiete años Billy, ambos vamos a la misma clase.
—Espera... ¿desde cuándo a ti? Los chicos, ya sabes. — Hizo un gesto con las manos, me hundí en la mesa sintiéndome más pequeño de lo que era.
—Pues, papá, creí que Becka o Rachel te lo habían dicho.
Infló las mejillas conteniendo el aire, su mirada reflejaba furia y decepción pero pronto su expresión se relajo.
—¿Cuál de todos es el chico ese? — Me reí por la manera en la que se refirió a Edward y le sonreí suavemente acercándome a el.
—Se llama Edward, papá.
— ¿Cuál es?
—El de pelo cobrizo y alto, el más joven de todos ellos.
—Bueno, eso esta bien, las pintas del más grande no me gustan para ti y supongo que eso me deja un poco más tranquilo. — Suspiró alargando su brazo para posarlo sobre mis hombros. — Debiste habérmelo dicho antes.
Le sonreí, apretando suavemente su brazo, sabia que aun no había aceptado del todo aquella situación.
—De todos modos ¿es tu novio? — Una mueca de molestia zurco su rostro arrugándolo más de lo normal.
— Supongo que si. Por eso te lo decía. — Suspire deteniéndome. — Viejo, sabes que estas cosas no van conmigo. Edward vendrá a recogerme y solo quería que no te soprendieses al verle aquí.
— Entiendo… ¿cuándo vendrá a recogerte?
—Llegará dentro de unos minutos.
— ¿A dónde te va a llevar?
—Alto, no creas que te dejare portarte como si yo fuese una damisela de la que debes proteger su honra.
Arrugó la cara y luego, finalmente, rompió a reír entre dientes.
— ¿Que vais a hacer?
—Creo que vamos a jugar con su familia al beisbol.
—Pues sí que tiene que gustarte ese chico como para atreverte a contarme esto después de tanto tiempo ocultándomelo. —comentó mientras me miraba con gesto de sospecha.
Suspiré y puse los ojos en blanco para que me dejara en paz.
Escuché el rugido de un motor, y luego lo sentí detenerse justo en frente de la casa.
—Supongo que es él, vamos Jacob controla tus acciones que pareces una princesita enamorada.
Sonó el timbre y Billy se alejó de la mesa dejándome allí de piedra.
— Abro yo. — Informó.
No me había dado cuenta de que fuera caían chuzos de punta. Edward estaba de pie, aureolado por la luz del porche, con el mismo aspecto de un modelo en un anuncio de impermeables.
—Entra, Edward.
Respiré viendo a mi padre apartarse de la puerta y empujar a Edward.
—Gracias, señor Black. —Dijo él con voz respetuosa.
—Entra vamos, Jake está en la cocina, pero antes debemos hablar y conocernos más, deja la chaqueta donde quieras.
—Gracias, señor.
Mi padre se movió lentamente hasta el centro del salón y golpeo la superficie del sofá.
—Siéntate aquí, Edward.
Edward se sentó donde mi padre indico y yo aproveche ese momento para salir en escena.
—Tengo entendido que vas a llevar a Jacob a ver un partido de béisbol con tu familia.
—Sí, señor, ésa es la idea —no pareció sorprendido de que le hubiera contado a mi padre la verdad. Aunque también podría haber estado escuchando, claro.
—Bueno, eso es llevarle a tu terreno, supongo ¿no?
Mi padre rió y Edward dudo por unos instantes sobre si debía reír con el o no, finalmente se decidió por unirse a Billy.
—Venga, papá ya esta bien, tenemos que irnos. — Me levante sacudiéndome los pantalones.
—No vuelvas demasiado tarde, Jake.
—No se preocupe Billy, le traeré temprano —prometió Edward.
— Y más te vale que de una sola pieza o créeme que te arrepentirás de haberte metido con los Black y más aun con el cachorro de esta casa. — Amenazo por ultimo mi padre, obligándome a empujar a Edward fuera antes de que el viejo pudiese decir algo más.
Agradecería sus opiniones, represalias, insultos y todo lo que queráis decirme y nos leemos pronto.
A.
