Los padres de Hermione despidieron a los últimos invitados.

-chicos nos vamos a dormir, es tarde no tardéis en acostaros.

Ambos chicos, sentados en el salón, todavía sostenían los regalos que se habían hecho.

Cuando los padres de la chica desaparecieron Draco se dispuso a probar por fin su regalo. Se miró en el espejó que sostenía entre sus manos y dijo: Hermione Granger. La chica apareció en el espejo, justo igual que como la tenía delante.

-Draco, me tienes delante de ti. – se rió la chica.

-es genial Hermione, ahora podré verte en cualquier momento. – esa también era para él una prueba de que Hermione no tenía nada que ocultarle, ella era transparente.

Hermione jugueteaba entre sus dedos con su nueva pluma mientras mantenía una gran sonrisa en su cara. Él lo recordaba, recordaba cuando perdió su pluma y no pudo hacer nada por defenderla. Ahora había querido compensarla.

-iba a regalarte una vuela pluma pero pensé que no te gustaría, a ti te gusta escribir.

-acertaste – dijo la chica dirigiendo su sonrisa ahora a él, había pasado un día muy feliz con él y no quería que acabara, pero un bostezo la delató.

-vamos a dormir pequeña. – Draco la cogió de la mano y la llevo escaleras arriba.

A Hermione le agradó el apelativo cariñoso que había utilizado con ella, nunca lo había hecho hasta ahora y le había encantado.

Ya en la puerta de la habitación de Draco este la puso frente a él.

-Hermione – dijo el chico acariciándole el pelo ahora lacio – hoy me he sentido… no sé, me ha sentido útil, capaz de hacer feliz a alguien.

-de hacerme feliz a mí.

-y quiero hacerlo el resto de mi vida, quiero que olvides todo nuestro pasado, aquel Draco Malfoy ya murió, este estará siempre contigo.

Draco le acarició la mejilla y la chica se sintió desfallecer, cogió al rubio de la cintura y se apoyó en su pecho.

-¿puedo pasar? Solo un rato, quiero estar contigo – le pregunto la castaña desde su pecho.

-claro que puedes.

El rubio la cogió de la mano, la guió al interior, cerró la puerta y se sentaron en la cama.

Hermione se sentó de espaldas a él y se apartó hacia un lado su pelo castaño y lacio.

Draco se quedó de piedra. ¿Quería lo que él pensaba?

La chica giró un poco la cabeza y le sonrió. Él alargó la mano y bajo la cremallera de su vestido lentamente para después dejarlo caer hasta la cintura de la chica. Se preguntó si la piel de su espalda sería tan suave como la de sus labios.

El rubio posó ambas manos sobre los hombros de la chica y esta se estremeció ante su contacto. Cerró los ojos cuando el chico comenzó a besar su cuello. Presionó un poco sus hombros hacia un lado para que la chica le mirara de cara. Antes de besarla de nuevo observó su sujetador del mismo tono morado que el vestido. La beso con mucho cariño, en ningún momento de la noche lo haría como la noche anterior, pero Hermione sentiría la misma pasión e incluso más que cuando lo hizo aquella vez. Esa noche en la que la castaña entregó todo a Draco Malfoy fue la mejor de su vida, al menos de la primera de ellas, ya que ese contacto no volvería a sentirlo en mucho, muchísimo tiempo. Tendría que pasar una vida, literalmente, para que los chicos volvieran a estar juntos en una situación así.

Hermione siempre pensaría que al menos se había entregado a quien amaba y eso no lo cambiaria nunca.

Pero volvamos al presente.

Hermione despertó muy de madrugada con el brazo de un rubio rodeando su cintura. Con cuidado lo movió y salió de la cama recogiendo rápidamente su vestido para lanzarse a su habitación y que sus padres no la pillaran en una situación tan comprometedora.

Una vez allí encontró montones de paquetes y cartas de sus amigos.

Ella ya les había enviado sus regalos. Se sentó en la cama y comenzó a abrir paquetes y cartas, pero una de las cartas en particular le llamó la atención. Era la de Ginny:

"querida Hermione.

Es una pena que este año no hayas podido pasar las navidades con nosotros, espero que sea lo que sea lo que tuvieras, se haya solucionado.

Primero que nada: ¡feliz navidad! De parte de toda la familia Weasley, todos te han echado en falta.

Espero que te guste mi regalo, el tuyo ha sido perfecto, ¡muchas gracias!

Supongo que no te habrás enterado, pero en el mundo mágico no se habla de otra cosa, ¡Draco Malfoy ha desaparecido! Lo están buscando por todas partes y se rumorea que Lucius está furioso. En los periódicos dicen que debe haber sido raptado. Todo esto es un escándalo!!

Bueno nos vemos en unos días en Hogwarts. Muchos besos.

Ginny"

La castaña dejó caer la carta. Draco y ella se habían metido en un buen lio. Cuando Lucius Malfoy se enterara de todo, iban a pasarlo muy mal.

La chica abrió el armario y se puso lo primero que encontró para ir de nuevo a la habitación del rubio a despertarlo.

-Draco! Despierta Draco! – el rubio se hizo el remolón y se dio la vuelta.

-todavía es temprano Hermione.

-¡es urgente! Ha pasado algo, tenemos problemas Draco.

Por fin, ante las palabras urgente y problemas Draco se incorporó en la cama.

-¿que ocurre?

-tu padre ha denunciado tu desaparición ¡todo el mundo mágico esta buscándote! Vamos a tener muchos problemas, sobre todo cuando se enteren de que has estado conmigo. ¡Tu padre va a matarte!

Draco se llevó las manos a la cara, era cierto, su padre iba a matarle y no en el sentido figurado de la palabra, iba a matarle de verdad. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Ahora Hermione también pagaría su estupidez.

-tenemos que irnos al colegio. – dijo el chico levantándose a toda prisa y haciendo su maleta.

-pero no volvemos al colegio hasta dentro de dos días.

-tenemos que irnos ya, mi padre me estará esperando el día de regreso, volveremos antes y le contaremos todo a Dumbledore, tiene que ayudarnos.

Hermione se quedó quieta con la vista perdida. Se habían metido con un mortífago, uno de los peores y Merlín sabia lo que era capaz de hacerles. Al ver que la chica no reaccionaba Draco se acercó a ella y la cogió por los hombros.

-Hermione, si mi padre me encuentra me matará por desobedecerle, o peor, me obligará a convertirme en mortífago – Draco se imaginó a sí mismo con un sobretodo negro y lanzando la maldición imperdonable a Hermione bajo un imperio. – ve a recoger tus cosas. Por favor.

La castaña por fin reaccionó y se marchó a su habitación. Comenzó a recogerlo todo y cuando acabó fue a la habitación de sus padres. Antes de abrir la puerta respiró un par de veces para parecer serena antes de mentirles a sus padres.

-mama! Papa! – los padres de Hermione estaban durmiendo, ella los agitó hasta que le escucharon – Draco y yo tenemos que coger el expreso de vuelta a Howarts, nos han enviado una carta a los prefectos y a los premios anuales que debemos ir urgentemente.

-¿qué ocurre?

-no lo sé, os escribiré cuando lleguemos. Seguid durmiendo. – la castaña dio un beso a cada uno y salió de la habitación.

Draco ya la esperaba en el pasillo con su equipaje.

-¿lista?

-vámonos – ella pasó por su habitación, cogió sus cosas y se pusieron en marcha.

Se pusieron las chaquetas y se ajustaron las bufandas de modo que les taparan la cara. De todas formas era demasiado temprano para que alguien estuviera por la calle, aun así toda precaución era poca.

Consiguieron llegar a la estación King cross sin llamar la atención y a los pocos minutos ya habían atravesado el andén nueve y tres cuartos. Una vez en el expreso y en un compartimento vacio:

-Draco, que vamos a hacer, tarde o temprano tu padre comprobará si has vuelto al colegio y te encontrara.

-pediremos a Dumbledore que me cubra, el no querrá que me convierta en mortífago, tiene que ayudarme. Le pediremos que le diga a mi padre que no he vuelto al colegio y el pensará que sigo desaparecido.

Hermione se abrazó a Draco, sentada a su lado y se apoyó en su pecho.

-cuando salgamos de aquí nos iremos, muy lejos, y Draco Malfoy desaparecerá para siempre, nadie nos encontrará. Tu padre tendrá que darse por vencido.

Draco no contestó. No estaba tan seguro de que su padre fuera a darse por vencido. Había prometido a Voldemort que su hijo sería uno de los suyos y no le gustaba que incumplieran sus promesas, Lucius Malfoy no pararía hasta entregar a su hijo a Voldemort.

El rubio notó el peso dormido de Hermione en su pecho y la abrazó más fuerte. Como hace unos días sentía que su tiempo con ella se acababa, y eso hacía que algo ardiera dentro de su pecho.

Cuando el expreso llegó a su destino el chico despertó con cuidado a Hermione y juntos bajaron a la fría nieve.

-Hermione, ¿puedo besarte? – le preguntó una vez abajo.

Hermione le notó extraño, y en cierto modo ella también se sentía así, su aventura podía acabarse en cualquier momento y ambos tenían miedo. La chica no le contestó. En vez de eso se acercó a su boca y le besó ella.

Fue el beso con mas sentimientos que nunca habían dado o recibido, en él se decían muchas cosas y a la vez se despedían, porque si, ese beso sería el último.

Después de lo que para ellos fue una eternidad en la que habrían vivido para siempre tuvieron que ponerse en marcha.

Solo les quedaba un trecho hasta el castillo y allí estarían a salvo.

A tan solo tres metros de la puerta del castillo escucharon la voz que ambos, aunque inconscientemente, habían estado esperando todo el trayecto.

-Draco!

El rubio apretó la mano de Hermione antes de soltarla y girarse hacia su padre.

-padre. – dijo sin ningún tipo de sentimiento en la voz.

-no puede ser hijo, ¡NO PUEDES DECIRME QUE TE HAS ESCAPADO CON UNA SANGRE SUCIA! – gritó el hombre fuera de sí.

-¡HERMIONE TIENE LA SANGRE MAS LIMPIA Y PURA QUE TU, PADRE! – gritó también Draco, ya no le importaba nada, pero iba a luchar por ella.

Lucius avanzó a zancadas hacia ellos, pero rápidamente Draco sacó su varita y le apuntó, haciendo que parara en seco.

-no iras a hechizar a tu propio padre.

-te mataré si hace falta. – hermione al oír esto se tapó la boca con una mano, mientras con la otra apretaba su varita fuertemente en su bolsillo. – no me iré contigo y mucho menos me uniré a las filas de Voldemort, eso que te quede claro.

-muy bien – dijo tranquilamente Lucius Malfoy sacando su varita – entonces ya no me sirves para nada.

Hermione sabía lo que eso significaba y sacó también su varita apuntando hacia el padre de Draco.

-Hermione vete, entra en el castillo – le dijo Draco.

-no.

-hermione por favor…

-no!!

Lucius rió – vaya, no puedes controlar ni a tu propia putita. Has caído muy bajo hijo. Cuantos años he perdido contigo… Tu madre se va a llevar un disgusto. Es tu última oportunidad.

-jamás!

-adiós "hijo"

Lo que pasó a continuación sucedió demasiado deprisa. Lucius lanzó a Draco un Avada kadavra al tiempo que Hermione mandaba también al rubio un protego. Al chico lo único que le dio tiempo a decir fue expelliarmus después de gritarle a Hermione que corriera.

Cuando el Avada Kadavra y el protego impactaron en el cuerpo del chico a la vez, Draco sintió algo muy extraño como si su cuerpo se desvaneciera y dejara de existir.

Cuando Hermione abrió los ojos después de que la luz de los hechizos juntos dejara de cegarla no encontró a Draco por ningún lado, simplemente había desaparecido. Vio a Lucius que también parecía sorprendido ante la situación, el esperaba ver el cuerpo inerte de su hijo, pero allí no había nada.

El hombre comenzó a buscar su varita que había saltado por los aires por el último hechizo de su hijo y Hermione recordó las últimas palabras de Draco:

-¡corre Hermione, por favor corre!

Como si lo estuviera escuchando en ese mismo instante Hermione dejó caer su equipaje y corrió hacia el castillo todo lo que sus piernas le permitieron. Sentía el frio cortar su piel y sus pulmones ahogarse, pero en ningún momento dejó de correr hasta que llegó al despacho de Dumbledore.

-cor…cor…coraz… - sus lagrimas empezaban a resbalar de sus ojos y ni siquiera era capaz de decir correctamente la contraseña.

Con las últimas fuerzas que le quedaban comenzó a aporrear la gárgola que cubría la puerta del despacho del director hasta que el anciano apareció por ella.

-señorita Granger – la voz del director sonaba preocupada. Hermione estaba teniendo un ataque de ansiedad y se ahogaba con su respiración y sus lágrimas, pero no podía dejar de llorar. Draco había desaparecido, no estaba.

El anciano la cogió entre sus brazos y la subió al despacho, la sentó en su butaca y dijo:

-anapneo – apuntando con su varita a la garganta de la chica.

Hermione notó que volvía a respirar con normalidad. Ya no se ahogaba aunque las lágrimas seguían cayendo por su rostro.

-señor – sollozó la castaña – tiene que ayudarme, es Draco.

-señorita Granger tiene que tranquilizarse y contarme lo que ha ocurrido.

-es Draco – Hemione se secó los ojos e intentó dejar de llorar -ha desaparecido…

La chica le relató todo lo que había ocurrido hacia apenas unos minutos y como ambos hechizos, una maldición imperdonable y un hechizo protector habían impactado en el chico. Después, ya no estaba.

-muy bien, ahora la acompañare a su cuarto y va a tranquilizarse, averiguaré que es lo que le ha pasado al señor Malfoy, vamos.

El director llevó a la chica a su torre de premio anual y le dijo que tendría noticias suyas en cuanto averiguara algo.

Hermione asintió y subió a su habitación, donde pasaría la noche llorando sabiendo que Draco, su Draco, había desaparecido, que no volvería a verlo.