Hola a todos, bueno. Este es el anteúltimo capítulo, disfrútenlo, y espero no defraudar a nadie.
No saben todas las preparaciones que estoy haciendo, alegrense porque estoy haciendo quilombos y ya preparando como cinco fics más para que quede bien un pequeño arreglo que estoy organizando para que queden bien los finales de todas las novelas.
El final da sentido a todo.
Capítulo XXII: Desaparecer.
Mientras corría por los pasillos de Hogwarts pudo disfrutar y apreciar cada segundo de dolor que sentía en su cabeza, su corazón latiente, y la sensación de total felicidad que llegaba a su garganta y sienes. Pudo sentir el golpeteo de su ánimo en cada parte de su cuerpo, sintiéndose cómo una niña de dos años correteando por la casa. La gente podría haberla visto marchar así y podrían haber pensado que estaba escapando de algo... Pero al contrario, ella no estaba escapando de nada, quería acercarse lo más que podía a su dios, a su razón de existencia. Sentía como si tuviera un globo inflado con aire al tope dentro del estómago, pero pronto tuvo que parar. No para tomar aire ni mucho menos, podría haber seguido corriendo sin cansarse, pero un horrible sentimiento le dio a entender que todo había acabado... Probablemente, y aquel globo se pinchó en su interior. Había maltratado, insultado y hecho de todo a Draco, ¿qué pasaría si él no la perdonaba? No...
- No... – susurró para si. Luego negó con la cabeza tratando de pensar claramente, no... El la tenía que perdonar, no había sido su culpa, Ron le había mentido, y ella en realidad estaba enferma... O lo había estado, al menos... De repente sintió una ola de rabia y odio hacia Ron. Y en ese momento comprendió todo lo que había pasado con Harry, el la había querido ayudar. Le había querido decir la verdad durante todo el tiempo en el que ella había olvidado a Draco. Pero... ¿Porqué había hecho todo eso Ron? Lo que le había dicho no era verdad y no tenía por qué meterse en su vida. Aunque conocía a Ron, sabía que él no se hubiera entrometido en su vida amorosa, y mucho menos, luego de ella haberles contado lo que el Slytherin significaba para ella... ¿O es que no se los había contado? Estaba segura que Harry sabía, pero no recordaba si los demás estaban enterados también. De todas maneras, debía arriesgarse, valía la pena intentarlo. Fue hacia la sala de Slytherin, y comenzó a caminar por los alrededores, sin saber muy bien qué hacer. Pensó en aparecerse en el cuarto de Draco, pero pronto recordó que no se le daba muy bien la aparición y podría acabar en el despacho de Snape – de una manera u otra -. Podría quedarse esperando allí todo el día, o tal vez... De repente, se le ocurrió.
Irrumpió en el Gran Salón sin importarle nada el ruido que hizo, a medida que pasaba empujando a personas junto a las mesas. Buscó con la mirada alguna cabeza castaña que la aliviara, pero no podía ver nada. La muchedumbre de personas impedía ver a cualquiera que estuviera allí. '¿Qué demonios pasa? Nunca estuvo tan lleno' De todas maneras, se abrió paso entre la multitud con los brazos. No le pudo poner nombre a lo que sintió cuando distinguió la cabellera de Theodore sentado en una mesa con la mirada perdida en el vacío, a Hermione le pareció ser el único que estaba sentado.
- ¡Theodore! – aulló ya a unos pocos metros de la mesa de roble. El aludido volvió a la realidad y desplegó una sonrisa con los ojos abiertos.
- Hermione, ¿qué te pasa?
- No estoy segura aún, necesito que me digas; dónde está Draco.
- Oh, Hermione... Él... Malfoy me pidió que no le diga nada a nadie.
- Theo, por favor, dímelo, mi vida depende de esto – exigió ya entre lágrimas.
- Hermione, es solo que...
- Exijo que me digas dónde está Draco. Necesito que me lo digas, no sé qué voy a hacer si no lo veo. Te pido... – suplicó articulando cada palabra.
- Creo que está bajo el árbol cerca del Lago Negro, dijo que--
- No lo creo, acabo de volver de allí – replicó. Lágrimas se deslizaron de su rostro. Pronto toda su cara se transformó en una pelota roja y mojada. Se pasó una mano por el pelo.
- El me dijo que era allí a dónde iba... En realidad, escuché que--
- Theodore, te pido que pienses qué otra cosa te ha dicho, y si no, por favor --
- No... Cerca del Lago Negro – susurró para si misma. Ahogó un grito y agarró pronto su mano con la derecha, hundió la cabeza en el pecho. Aulló, pero sus alaridos se perdieron entre el fuerte murmullo del gentío. Pudo escuchar la preocupada voz de su amigo. Esta persistía siendo débil, pero a la vez nunca la había oído tan fuerte y potente. Largó un suspiro y trató de respirar, pero un mazazo de dolor le pegó en el corazón. Todo a su alrededor se movía deprisa, mientras que la voz de Theodore era demasiado lenta.
Observó
el anillo, la serpiente estaba casi sin moverse
