Hola a todas y gracias a todas por leerme. Gracias por todos los mensajes, alertas y favoritos que recibo diariamente. Aalgunos que me preguntan no puedo contestarles si no tienen e-mail o mensajes privados para contestarles.
No voy a dejar las historias. Voy a terminarlas todas, esa es la preocupación de la mayoría. La verdad es que ahora a penas tengo tiempo. He sido mamá por segunda vez y tengo un nuevo miembro en la familia de dos meses que ocupa todo mi tiempo.
Sobre esta historía le falta uno o dos capítulos para que acabe la primera parte. Intentaré actualizar lo antes posíble.
A las que me seguían por mi páguina web " w w w. r . c o m " decirles que me han hackeado la página y me la están arreglando.
Tambien estoy en facebook y en twitter.
Gracias a todas y espero que os guste.
LOS PERSONAJES SON DE STEPHANIE MEYER. LA HISTORIA ES MÍA. Mayores de 18 años.
CAPÍTULO VEINTIUNO
PERSIGUIENDO LA LIBERTAD
¿Qué iba a hacer ahora? Fuí a el armario a coger mi bolso y guardar la tarjeta de Jasper para cuando la necesitara. Al coger mi cartera cayó algo al suelo de mi bolso. Era otra tarjeta y su leyenda decía:
" Alexander Graham, abogado"
Este fue el chico que me recogió con su coche. Se mostró muy amable conmigo e intentó consolarme sin conocerme de nada. Él sabía que no tenía dinero, pero, los abogados cobran. Aunque podría llamarlo y pedir su opinión y de camino preguntarle cuál es su salario.
Como me gustaría que Jake estuviera aquí conmigo. Siempre había sido un amigo de verdad y me había apoyado en todo, incluso en el absurdo matrimonio en el que me había metido. Era como mi hermano y siempre lo estuve ahí. Pero no quería molestarlo con mis problemas con lo ocupado y feliz que debía estar por su inminente boda.
Aún estaba conmocionada. Como alguien al que amas con todo tu corazón y que decía que te amaba con locura te hacía esto. Sólo le pedí un poco de fe en mi. ¿Tan complicado era? Yo confié en él. ¿ Cómo podía hacerme esto? Quizá hubiera sido mejor que le hubiera contado todo lo que me pasó en el centro comercial con Alice en vez de ocultárselo. Pero no quería preocupar le más de lo que estaba y que me prohibiese salir de casa " por mi seguridad" o llevar más seguridad de la que llevaba.
No podía dejar de llorar. Me había hecho trizas el corazón. Sentía un dolor físico que se paseaba por todo mi metido en mi sangre y llegaba hasta el corazón.
Pero ahora no era momento de venirse abajo. Necesitaba tener la cabeza despejada y ser lo más fría posible. Tenía que proteger a mi bebé e intentar que no me aplastara.
Abrí la puerta de casa y me dirigí a casa de mi vecina con la tarjeta de Alexander en mi mano.
Llamé al timbre.
A los pocos segundos la puerta se abrió dejando me ver a mi vecina la señora Weber.
- Hola señora Webber.
- Hola cariño, ¿ cómo estás? hace tanto que no venías a verme.
- Estoy bien, gracias. Perdón por no venir antes.
- ¿ Tu padre sigue en casa ?
- Sí.
- Bien. ¿ Por qué no te sientas y hablamos un rato? No tienes muy buen aspecto.
- Claro.
- ¿Quieres tomar algo? ¿ Café, té, chocolate con leche, un refresco...?
- Agua esta bien. Gracias. Tengo que volver con mi padre.
La señora Webber no contestó.
Tenía que pedirle que la dejara llamar por teléfono, pero estaba avergonzada. No había venido desde que se casó y aunque venía cada día a ver a su padre ya nunca se pasaba a verla deseando volver con Edward. Ella siempre se había portado muy bien y la había ayudado mucho con su padre. Se alegró mucho de que me casara, ya que decía que ya era hora de que alguien me cuidara a a mi para variar.
La señora Webber apareció con una bandeja con una jarra llena de leche con chocolate y dos tazas. El estómago me rigió por lo apetitoso que me parecía. El olor a chocolate llenó mi nariz haciendo agua mi boca.
- Aquí tienes cariño, una taza de chocolate.
- No debería de haberse molestado señora...- me cortó.
- Nada de señora cariño, soy Ángela. Siempre te lo digo. No es ninguna molestia. Además tienes cara de necesitar una taza de esto.
Mis lágrimas comenzaron a caer sin poder sujetar por más tiempo el nudo de mi garganta.
- Oh mi niña ¿qué te ocurre?
- Yo...-hipé-, yo ... quería pedirle un favor
- ¿ Un favor ? ¿ Cuál?
- ¿ Podría utilizar su teléfono y hacer una llamada?
- Oh, claro mi niña. Lo que quieras.
- Gracias.
Me acerqué a el teléfono y marqué despacio para no equivocarme con los números. Estaba muy nerviosa y asustada.
Un tono...
Dos tonos...
Tres tonos...
- ¿Diga?
- Hola-contesté.
- ¿ Quienes?-preguntó.
- Soy...-carraspeé para aclarar mi garganta y mi voz-, soy Isabella. Me recogió ayer con su coche.
Seguía en silencio.
- Me dio su tarjeta-a lo mejor me la dio por compromiso y estaba dudoso de contestarme.
- Si se quien eres...¿ en que puedo ayudarte?
- Verá, en su tarjeta pone que es usted abogado.
- Cierto.
- Bien , pues yo necesitaba consultar un problema con uno y ... no conozco a nadie más. No sé cuanto cobras y ahora no tengo dinero, pero voy a buscar un trabajo y te pagaré lo que cueste. Yo sólo ... necesito ayuda.
- Tranquila Isabella. Primero vamos a hablar y ya hablaremos de dinero. Di me dónde podemos vernos.
- Yo ahora no tengo vehículo, pero puedo ir al pueblo andando.
- Ya veo. Donde te dejé ayer es tu casa?
- Sí.
- ¿ Podemos quedar allí? Puedo ir yo a tu casa a no ser que sea un problema.
- No, sería estupendo-las lágrimas comenzaron a caer nuevamente.
- Bien pues me pasaré sobre las seis. ¿Está bien para ti?
- Sí, sí, a la hora que sea, me viene perfecto- me sorbí la nariz.
- Tranquila Isabella, verás que todo se soluciona- asentí con la cabeza como si pudiera verme.
- Gracias - le dije.
- Adiós, nos vemos a las seis.
- Adiós-colgué.
Me di la vuelta y ahí estaba la señora Webber o Ángela como ella quería que la llamara mirándome. Lo había escuchado todo.
- Bueno Bella, creo que es hora de que me expliques que te pasa.¿ Qué problema tienes que tienes que recurrir a un abogado?
Suspiré
- Ven cariño, sientaté aquí y cuéntamelo todo.
Y así fué como le conté a la señora Webber que era como mi madre, todo lo que me había ocurrido.
Versión Edward
No podía dejar de pensar en ella. Había llamado a la oficina y le había indicado a Jéssica que no iría y cambiase la agenda de hoy para otro día. Ella por supuesto quiso venir y ayudarme a casa. Me negué inmediatamente. No tenía ni fuerzas ni ánimos para ir a trabajar y menos de lidiar con una secretaria que se insinuaba cada cinco minutos y el jodido teléfono me estaba volviendo loco. La cabeza me iba a explotar.
Jodida Alice... ¿es qué no se cansaba de llamar? Y lo peor era como le iba a contar esto a la familia. No se como se explican estas cosas sin parecer un maldito gilipollas. Familia mi esposa, la mujer que he amado desde que tengo consciencia y amo más que a nada en el mundo, me ha sido infiel porque, o bien sólo me quería por mi dinero ( preferiría esta opción ); o no he sido lo suficiente hombre para ella y se ha estado follando a otro a mis espaldas.
El pecho se me encogió. ¡ Dios! ¿ Cuándo se quitará este dolor?
El teléfono de nuevo. Mierda. ¿ Por qué era tan insistente?
Las imágenes de los dos juntos volvieron a mi cabeza. me eché otro vaso de la segunda botella de whisky. Tenía que borrarlos de mi cabeza. ¿ Dónde lo harían? ¿ Un hotel, su casa, el coche, mi casa... mi cama? ¡ Dios ! ¿ Por qué me torturaba?
Mi teléfono comienza a sonar. Miro la pantalla, Jasper.
- Sí- contesto.
- Edward, le he entregado la notificación y le he explicado por encima hasta tener los papeles, lo que le exiges. Mándame lo antes posible las facturas y demás documentos por fax a mi oficina cuando los tengas. Sí quieres hacer esto rápido , cuanto antes tengamos todo mejor.
- Bien.
Quería preguntarle como la había visto y si estaba sola, pero no me atrevía.
- ¿Dónde estaba?- pregunté intentando darle el tono de máxima indiferencia.
- En su casa. Ha sido muy fácil.
- Y ... ella... estaba sola?
- Sí. Bueno supongo que su padre estaría en alguna habitación de esa casa.
Mi cuerpo que estaba tenso esperando una respuesta se tranquilizó. Suspiré aliviado aunque esto no significaba nada. A lo mejor ayer cuando la eché, corrió a refugiarse el los brazos de su amante y el la consoló y... sentí como se me entumecían los dedos de la mano de como apretaba el vaso de whisky inconscientemente.
- Edward... ¿ estás seguro de lo que estás haciendo? Ella no parecía muy...- no siguió con la frase.
- ¿No parecía que Jasper?
- No perdona. Me dijiste que no me metiera.
- Jasper, ¿muy qué?- grité.
- No parecía muy feliz. En todo el tiempo no paraba de llorar y se veía muy pálida.
El corazón se me estrujó.
- Seguro que estaría arrepentida de haberme engañado y haberle quitado todo mi dinero y la ayuda a su padre,
- Pero Edward según ella, nunca a gastado o utilizado nada de tu dinero. ¿Eso es verdad?
Eso era cierto . Nunca quiso tocar ni las tarjetas , ni el dinero que se iba acimulando en su cuenta corriente y que yo traspasaba todas las semanas para sus gastos aunque no lo utilizase.
- ¿Edward?- volvió a preguntar.
- Sí, Jasper, es cierto.
Suspiró.
- No se Edward, desde mi experiencia te digo que aquí hay algo que no cuadra y que no sabemos.
- ¿ Qué , Jasper?
- No lo sé, pero algo hay que no sabes. Intentaré averiguarlo.
- Gracias.
- Adiós.
No contesté y colgué. ¿ Qué mierda estaba pasando?
Otra vez el maldito móvil, pero esta vez un mensaje.
Me lancé rápidamente a mirarlo. ¿Sería James? No. Seguro que a estas alturas ya se habrían visto y se estarían riendo de mi.
Mensaje de Alice.
" Bella, ¿ por que´ no coges el teléfono? Me estas preocupando. ¿ Estás bien? ¿Le has contado a Edward lo de James?
Por favor llamamé para quedarme tranquila. Cuida de mi sobrinito o sobrinita.
Besitos.
¿Qué tenía que contarme, que me estaba engañando? ¿ Alices estaba de consentida? No podía ser mi propia hermana.
Volví a mirar las fotos. No había nada oculto, estaba todo muy claro. Hay estaba los dos juntos, besándose. Esos labios rojos, que eran mi perdición, que me habían llevado a los límites de el placer...mi mujer.¡MÍA! El pecho se me cerró. ¿ Qué iba hacer ahora?
Versión Bella
Ya estaba en casa. Le había contado todo a Ángela y me había prometido dejarme su coche para ir al pueblo en busca de trabajo mientras ella le echaba un ojo a mi padre.
Me había desahogado con ella. Había llorado, llorado y llorado más aún hasta que ya no tenía nada más dentro.
Ahora estaba aquí sentada en el sofá nuevo que compró Edward cuando acepté el contrato, esperando a el abogado que me ayudaría a romperlo. Irónico ¿no?
El timbre sonó.
Ya está aquí. Corrí hasta la puerta y abrí.
- Hola-saludé tímidamente.
- Hola Isabella.
- Pasa-le dije y me eché a un lado.
- Gracias-contestó.
- ¿Quieres un café?
- No gracias.
- Vale- agaché la cabeza avergonzada y me encaminé hasta el sofá mostrándole una parte de el sofá para que se sentara, mientras yo me sentaba en la otra parte.
Él asintió y me imitó.
- Bien Isabella...
- Bella , por favor- le pedí.
- Estupendo- me sonrió-, pues vamos a ver que problema tienes.
- En realidad ha sido todo culpa mía. Si yo ...- la voz se me quebró y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. No quería llorar pero no podía detenerlas.
- Eso lo decidiré yo- contestó-, ¿ de acuerdo?-añadió autoritario.
Me sorprendió y asentí con la cabeza sin poder pronunciar palabras.
- Bien, empieza desde el principio.
Respiré hondo un par de veces para calmarme y comencé desde el principio.
Le conté desde el principio de todo. La enfermedad de mi padre y los gastos que iban suponiendo. Mi trabajo y como no llegaba para todo. Las costosas medicinas. El deterioro que poco a poco iba acabando con mi padre. Las facturas sin pagar, el banco y sus amenazas.
La visita y el contrato. La boda. Nuestros sentimientos. Los problemas que tuvimos por Tania y sus mentiras. Mi dimisión de el trabajo y la agresión de James. El embarazo.
- Hasta aquí aunque tuvimos unos problemas a causa de esa mujer, lo arreglamos y estuvimos bien. Edward me pidió confianza y se la di. El problema es que esto de la confianza no ha sido recíproco y me echó de su casa.
- ¿ Ese fue el día que te recogí?
- Sí, ayer.
- ¿ Qué pasó?
- Me echó de casa de la peor manera.
- ¿ Por qué?
Suspiré y respiré hondo serenándome.
- El día anterior fui con Alice a ...-me cortó.
- ¿ Quién es Alice?
- Ah... perdón, ummm, Alice es mi cuñada o era mi cuñada. Es la hermana menor de Edward.
- Vale, prosigue.
- Bien, fuimos a el centro comercial a comprar cosas para el bebé y para hablar de como iban las cosas con Edward, ya que ella me ayudó a solucionarlo todo cuando tuvimos el problema con Tania.
El caso es que en un momento dado me abordó James, me dijo cosas horribles como que abortara el bebé y que me fuera con él. Me negué y le pedí que me dejara. Alice corrió a buscar a algún vigilante y llamar a la policía porque James tenía un orden de alejamiento y no se podía acercar a mí. De pronto me arrinconó y me besó. Lo empujé como pude y la policía se lo llevó.
- Tienes pruebas de eso.
- Tengo la denuncia y a Alice como testigo.
- Estupendo, sigue.
- Ese día fui a casa y no pasó nada más. A el día siguiente apareció hecho una furia mostrándome unas fotos de James besándome. Me insultó, me dijo que nuestro hijo era un bastardo y me echó de su casa sin nada e incluso mandó a los de seguridad que me registraran para que no me llevara nada- Alexander me miraba con los ojos abiertos-, y después me recogistes.
- ¿ Por qué no le contastes el día anterior lo de James?- me encogí de hombros.
- No quise preocuparlo y darle más problemas. Además no quería a más seguridad siguiéndome. Es muy agobiante. Todo el mundo te mira y cuchichea.
- Ya veo. Y ... ¿ para qu´e me necesitas? ¿ Quieres demandarlo?
- En realidad ya lo ha hecho él. Esta mañana a venido Jasper- me miró ceñudo-, Jasper es su abogado y el novio de Alice. Así se conocieron.
Asintió con la cabeza.
- Edward me ha pedido el divorcio y me demanda por incumplimiento de contrato. Quiere que le devuelva todo el dinero que ha gastado en mi. Todas las facturas y la hipoteca. No sé como le voy a devolver todo. Ya le ha cortado la ayuda a mi padre. Gracias a dios que ha dejado bastante mendicación para un mes. Lo único que me falta es buscarme un trabajo.
- Pero si hablara su hermana Alice con él, todo se arreglaría y no se querría divorciar de ti.
- Primero de nada: no quiero inmiscuir a Alice. Segundo: aunque supiera la verdad y me pidiera perdón o algo así... nunca en el mundo lo perdonaría. Me quiero separar de él. Me ha hecho mucho daño, me ha tratado como la peor basura de el mundo. Si me amaba tanto como decía, debería haberme dado la oportunidad de defenderme. Debería de haber confiado en mí. Sólo tenía que darme el beneficio de la duda simplemente porque era yo.
- Esta bien. ¿ Cuál es el apellido de su abogado? Necesito contactar con él.
- Whitlock. Jasper Whitlock. Tengo una tarjeta que el mismo me ofreció para mi supuesto abogado.
- ¿ Supuesto?
Agaché la cabeza avergonzada y crucé mis dedos en un gesto claro de nerviosismo.
- En ese momento no tenía abogado y ... tampoco se si puedo pagar tu minuta.
- Bella, no estoy aquí para que me pagues. Trabajo en un buen buffet y lo gano bastante bien.
- No me parece bien-negué.
- Mira haremos una cosa... arreglemos este enredo que hay entre vosotros y ya veremos lo del dinero más adelante. ¿ Vale?
- Vale- asentí.
- Bueno, iré al despacho y me pondré en contacto con su abogado. Quiero saber de que cantidad estamos hablando antes de decidir nada.
Se puso de pie y se dirigió a la puerta. Lo seguí.
- ¿ Cómo puedo contactar contigo?
- Ahora no tengo teléfono, lo dejé todo en su casa.
- Esta bien , no pasa nada. Vendré siempre que pueda.
- Gracias Alexander, eres muy amable conmigo.
- Llámame Alex y no es nada. De verdad.
Asentí con la cabeza mientras miraba el suelo beteado de mi salón. Bueno ni siquiera esta casa era mía. Estaba a nombre de mi padre pero la había pagado Edward.
- Tengo que irme. Te mantendré informada.
- Gracias.
- Adiós Bella.
Abrió la puerta y se fue.
Estuve unos segundos ahí parada mirando la puerta abstraída, cuando reaccioné fui a ver a mi padre, le di la medicación para la noche y conversé con él un rato. Esto me hacía bien.
Sobre las diez de la noche y después de beberme un vaso de agua, pues no me entraba nada más, me eché en el sofá. No podía dejar de pensar, llorar y dar vueltas en el sofá y hasta bien entrada la madrugada no caí rendida.
Cuando me desperté aún no había amanecido. Todo estaba oscuro y silencioso. Sólo se escuchaba el ruído de las constantes vitales que marcaban las máquinas enchufadas a mi padre. Me gustaba escucharlas. Su ruído me hacían ver que aún vivía.
Me dirijí al baño. Me asomé a el espejó para encontrar auna zombi. Esa mujer irreconocible era yo. La piel estaba más pálida de lo normal. Ojos rojos y muy hinchados. Ojeras moradas muy marcadas y que me cubrian bastante espacio en mi cara.
Esta era mi nueva yo.
Me di una ducha dejando que el agua caliente calara en mi piel para desentumecerme. Me quedé debajo de el chorro un rato sin poder moverme. Las lágrimas volvieron a caer por mis mejillas. Me agarré el vientre pensando en mi pequeñín.
- Yo te cuidaré- le dije-, no pasará nada. Saldremos adelante.
¡ Dios! ¿ Cómo iba a poder vivir sin él?
Apagué los grifos y salí de la ducha. Tenía que ser fuerte y aguantar por los dos y eso haría. Nadie más nos haría daño.
Me vestí y me puse un poco de maquillaje. Si quería que me contrataran en algún sitio tendría que tener un poco de buena presencia y no parecer una muerta.
Me tomé una taza de café y fuí a buscar a Ángela.
En el camino hacia el pueblo Ángela fue riñiéndome por no haber comido nada.
- Cariño si sigues así no vas a poder trabajar y mantener a el bebé. Si no comes el bebé no come. ¿ Lo entiendes?
- Sí, lo siento. Intentaré comer más.
- Eso está mejor. He llamado a mi amiga Maggi de la cafetería y me ha dicho que te podría meter de camarera.
- Oh gracias , eso está muy bien.
- Vamos a verla.
Maggi resultó ser una señora estupenda y muy comprensiva. Ella y su marido Joe eran los dueños. Joe cocinaba y ella atendía a los clientes. Estos hbían subido considerablemente y por ello necesitaban una camarera joven y con energías. En esto no daba con el perfil. Joven si era pero energías tenía poca. Podía trabajar los dos turnos para ganar más dinero y cuando me viera muy pesada o que no me sintiera bien, podía rebajarlo a la mitad. Toda la ayuda era buena. Empezaría mañana viernes a las ocho de la mañana hasta la una y luego de cinco a ocho. Ángela me ofreció cuidar de mi padre.
Todo iba camino de arreglarse.
