Hola a todos!! Como lo prometido es deuda… ya he terminado la segunda parte del capítulo. Algunos me habéis comentado que el pasado capítulo era muy corto… ya os avisé que tuve que dividirlo porque entero era muy largo. Este ocupa 21 páginas así que espero que no digáis que es cortito :p
Espero que os guste el capítulo… Me ha costado escribir algunas de las escenas así que espero que haya merecido la pena.
Bueno, os dejo ya para que lo leáis, nos vemos abajo!!
Buena lectura!!
Capítulo 18. Vida II
Aquella noche de Halloween, mientras acariciaba ausentemente a Ónix, Harry sabía que Ann le estaba mirando. No le importaba. Ann sabía que él se había vuelto a colocar la máscara de frialdad que había llevado frente a todos desde principios de curso. Ambos sabían que era una precaución para los demás porque entre ellos existía un nexo de unión que hacía que esa máscara fuera ineficaz. Igual que Harry podía notar el estado anímico de la bruja, la mujer era capaz de extender su magia y tocar a Harry para saber cómo se encontraba. Era todo lo que necesitaba. Pero de cara a los demás ambos sabían que Harry debía seguir aparentando ser frío. De otro modo, todas las emociones que podía sentir podrían llegar a embargarlo y consumarlo y con él también le ocurriría a ella.
Danielle entró en la habitación y viendo la lentitud con la que el adolescente acariciaba al ave, se dirigió hacia Annie con una triste sonrisa queriendo darle al chico los momentos de privacidad que parecía necesitar en aquellos momentos.
-¿Todo bien?
Danielle asintió con una media sonrisa.
-Estaba más nervioso de lo normal. Creo que el lobo estaba intranquilo por lo de esta noche y por el echo de no poder estar con su cachorro –dijo medio bromeando-. ¿Estamos listos? Pronto será medianoche.
-Estamos listos –aseguró Ann mirando a Harry-. Sólo necesita unos minutos para tranquilizarse y…
-No necesito que me des una explicación Annie –la tranquilizó Dani con una sonrisa-. Es Harry. Podemos esperar hasta que el eclipse esté sobre nuestras cabezas si hasta entonces no está seguro –añadió-. Se parece tanto a él… -suspiró con cierta melancolía-… A veces es como mirar a James ¿verdad?
-Sí, es cierto, pero no cometas el error de decírselo Dani –advirtió Annie-. Harry no es James y no quiero que esa pesada carga también recargue sobre sus hombros. Harry es…
-Lo sé. Harry sólo es Harry –la miró enarcando una ceja, burlona-. He dicho que se parece a James no que lo sea Ann. Estoy preocupada por él –confesó-. ¿Crees que todo saldrá bien?
-No le va a pasar nada si es a eso a lo que te refieres. No podría dejar que nada le ocurriera ¿entiendes? –sus ojos claros se clavaron en los oscuros de Danielle con una convicción que no dejaban lugar a dudas acerca de lo que estaba pasando por la cabeza de la madrina de Harry-. Si en algún momento te digo que te lo lleves, hazlo. No preguntes, no intercedas y si es necesario desmayarlo, lo haces. Pero no discutas si te pido eso Dani.
-Annie, no sé qué es lo que crees que vas a hacer pero…
-Sólo voy a protegerle. Voy a cumplir mi promesa no sólo de madrina, sino de Guardián. Si Harry está en peligro en algún momento de esta noche mi magia actuará sola para proteger el lazo que me une a Harry y si eso ocurre…. –sacudió la cabeza-… No quiero que Harry se culpe de otra muerte si llega a pasar ¿entiendes?
-Yo debería haber sido su Guardián –refunfuñó Danielle mirando a Harry mientras éste soltaba a Ónix y el ave se colocaba en su hombro. Ann enarcó ambas cejas-. Soy un bote gigante de aspirinas ¿recuerdas?
-Sí, y aún no sabemos cual es la maldición que te hace vulnerable –frunció el ceño con evidente enfado-. Yo soy su Guardián Danielle. Si te digo que te lo lleves lo harás ¿entendido?
-Odio cuando empleas ese tono –refunfuñó Dani como si fuera una niña recibiendo una reprimenda-. Me recuerda a cuando te empeñabas en que estudiara cuando aún faltaban semanas para los exámenes…
-Bueno, y siempre tenía razón ¿cierto? No olvides que…. –se calló y giró para mirar a Harry con el ceño fruncido-. ¿Qué ocurre? Pareces alterado…
-Snape y Malfoy están ahí fuera –dijo el chico señalando la puerta de las habitaciones-. Y no creo que podamos librarnos de ellos.
-¿Draco Malfoy? –frunció el ceño Dani.
-No, Lucius Malfoy –corrigió Ann. Harry enarcó una ceja en su dirección-. Son Slytherins, Harry, ¿esperabas que se perdieran algo tan místico como la demostración de poder oscuro más grande que van a presenciar en sus vidas?
Su voz sonaba irónica pero bajo aquella ironía, Harry podía detectar cierto respeto por Snape y Malfoy. No había hecho falta que nadie le contara qué había ocurrido en el pasado entre Ann y Malfoy, cada vez que se hablaba de Malfoy o que éste entraba en la misma habitación de Ann era como si el aire se tensara. Y a pesar de ello, parecía que admirara a ambos hombres por estar allí y al parecer, dispuestos a ir con ellos donde fueran.
Harry suspiró y se frotó la frente bajo el cabello negro rozando con las yemas de los dedos la cicatriz que parecía arder ligeramente. Ante el contacto de sus manos el ardor desapareció siendo substituido por un leve malestar.
-De acuerdo, es la hora –dijo simplemente-. Tenemos que marcharnos al Valle de Godric –anunció Harry con voz fría y distante.
-Todo va a salir bien –se apresuró a decir Danielle con una sonrisa-. Después de todo, estás conmigo.
Harry se permitió una pequeña sonrisa.
-Vais a tener que explicarme eso del bote gigante de aspirinas, lo sabéis ¿verdad?
Ann le sonrió mientras se ponía su capa y se cubría la cabeza con la capucha enterrando su largo cabello rubio bajo la misma para evitar ser vistos en el bosque prohibido, desde donde se desaparecerían para llegar al valle.
-Asegúrate de llegar bien al final de la noche y te prometo contarte todo lo que quieras –aseguró la bruja.
-Y lo que ella no quiera contarte –señaló con la cabeza a su amiga-, lo haré yo. Apuesto a que hay cientos de historias que podría contarte de cuando estudiábamos en Hogwarts.
Ann no contestó a aquello, simplemente se limitó a sonreír de forma burlona como si quisiera asegurarle así a Dani que ella también conocía historias que estaba segura de que Harry encontraría fascinantes. En lugar de decir nada, se dirigió a la puerta y la abrió saliendo la primera y convocando a su propia magia para que la protegiera de hechizos indeseables. Admiraba que Malfoy y Snape estuvieran allí pero no por ello iba a dejar de ser cuidadosa. Por mucho que Malfoy se preocupara por su hijo, siempre sería Malfoy.
Notó la presencia de Danielle y Harry a sus espaldas pese a que no apartó la vista de los dos adultos que estaban frente a ella mirándola y evaluándola con aires aristocráticos como siempre habían hecho.
-No vas a impedir que vayamos Seever –dijo Malfoy rompiendo el silencio del pasillo.
-No soy yo quien debe decidir si venís o no –replicó Annie enarcando una ceja-. ¿Harry?
-¿Pretendes que Potter decida si…
-Cuidado Malfoy –intervino Danielle al escuchar el desprecio en el tono de voz de Lucius-. Harry ha salvado a Snape de Voldemort, ha logrado quitarle la marca, ha sobrevivido a él durante años y ha sido elegido por el destino para obtener el poder del Primero, así que yo que tú no me tomaría muy a la ligera las decisiones que puede o no puede tomar ¿he sido clara?
-Pueden venir –declaró Harry sin siquiera sonreír-. Pero al mínimo movimiento sospechoso, al mínimo comentario despectivo hacia Ann o Danielle, al mínimo comentario acerca de mis padres, de Sirius o de cualquier persona que forme parte de mi vida afectiva, será mejor que recen si saben hacerlo porque será la última vez que podrán decir nada ¿entendido?
Annie vio como Lucius iba a abrir la boca para replicar algo, pero Snape fue más rápido y clavando su mano en el brazo de Lucius hizo que el rubio se callara, claramente confundido, y asintió por los dos tras lo cual Harry aceptó aquello como un "de acuerdo".
El silencio de los pasillos a aquellas horas de la noche era demoledor. La oscuridad se cernía sobre ellos y las antorchas proyectaban alargadas sombras que podrían atemorizar a cualquiera. No a Harry. Caminaba con pasos seguros, firmes y decididos. La oscuridad había dejado de darle miedo a los cuatro años cuando comprendió que siempre formaría parte de su vida, y el silencio sólo hacía eco de los años que había pasado en Privet Drive, solo, callado, temiendo que si siquiera pregunta la hora algo o alguien pudiera hacerle daño. No, definitivamente la oscuridad y el silencio no era nada que le preocupase a Harry.
Las campanas de la torre norte anunciaron que pronto sería medianoche. En algún momento había empezado a sonar la música dando inicio al baile de Halloween y Harry agradeció aquello. Sin saberlo, Dumbledore le había dado la oportunidad necesaria para escapar del castillo aquella noche; todos estarían demasiado pendientes del baile para darse cuenta de su escapada nocturna. Se detuvo abruptamente al llegar al Gran Vestíbulo. La figura de Hermione, vestida con su sencillo uniforme y envuelta en su capa negra esperaba apoyada en una de las grandes columnas, retorciéndose las manos a la altura del estómago y con los ojos chispeantes de nervios.
-¿Harry? –preguntó Dani-. Se hace tarde y… oh, ya veo… Será mejor que vayamos saliendo –informó a Annie que estaba junto a ella y que asintió en clara señal de conformidad.
-Esperadme –les pidió a ambas mujeres-. No quiero perderos de vista esta noche –anunció.
Ann sonrió. El mismo carácter protector de Lily, la misma expresión de protección de James. Hermione siguió mirándole y Harry se acercó a ella ignorando el bufido de Malfoy y el comentario sarcástico de Snape que seguramente le acompañaba. Sintió como los dos hombres se adelantaban por el pasillo hacia las puertas y las abrían saliendo al frío exterior.
-Hermione, tengo que irme así que si quieres decirme algo será mejor que lo digas ya –apremió Harry cuando se acercó a ella.
-Estarás bien ¿verdad?
-Claro, soy el niño que vivió ¿recuerdas? –bromeó Harry ligeramente sarcástico por el sobrenombre con el que el mundo mágico lo conocía-. Siempre regreso a la enfermería de Hogwarts.
-Sí, pero esta vez ni Ron ni yo vamos contigo…
-No podéis venir –atajó Harry-. Hermione, esto es algo que tengo que hacer yo solo. Lo siento, pero no puedo contar con vosotros para esto.
-No te preocupes, lo sé, sólo…
-¿Sí? –la apremió Harry al ver que ella titubeaba.
-Sólo… sólo ten cuidado Harry –pidió Hermione mordiéndose el labio inferior.
Harry asintió antes de envolverse en su capa negra y salir detrás de los pasos de Ann y Danielle, resonando sus propias pisadas en el suelo de piedra del vestíbulo.
Su mirada dura y decidida, sus pasos firmes, el temblor parecía correr por su sangre pero si alguien le hubiera visto salir de Hogwarts jamás hubiera dicho nada salvo que aquella noche Harry Potter parecía más seguro que nunca.
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Se había quedado sin palabras al verla aparecer por el pasillo del vestíbulo. Ambos habían decidido que habría sido demasiado impactante y peligroso para ambos si les hubiesen visto llegar juntos al baile. No era que él no pudiera defenderse y sabía perfectamente y de primera mano que la pelirroja conocía algunos buenos hechizos, no por nada era hermana de los gemelos que habían conseguido ser aplaudidos incluso por Peeves además de ser amiga de Potter y de Granger, dos personas con, además de talento para meterse en líos, una gran capacidad y dominio de hechizos de defensa. Pero de todas formas prefería no tentar a la suerte.
Ahora que veía como caminaba hacia él con aquella media sonrisa mezcla de timidez y coquetería, Nott se preguntó si era buena idea ir al baile con ella. Iban a causar un gran revuelo y aunque sabía que contaba con Blaise, Pansy, Vince y Greg para ayudarles en caso de ser necesario, contaban también con más de veinte Slytherins deseosos de hacer daño a todo lo que se les ponía por delante, con más énfasis si se trataban de ellos dos; a ella por ser Gryffindor y ser amiga de quien era, a él por pertenecer siempre leal a Draco sin importarle las consecuencias que ello podría acarrearle.
-Vaya… para ser Gryffindor tiene buen gusto a la hora de vestir –Blaise palmeó el hombro de Nott pero éste estaba demasiado concentrado en Ginny como para darse cuenta de la burla que implicaban las palabras del chico moreno.
-Lo tiene ¿verdad?
No podía estar más de acuerdo con su amigo. La túnica de gala que Ginny llevaba, con el corpiño ajustado a su cuerpo como una segunda piel y la falda cayendo hasta sus rodillas en diferentes capas de un tono más claro que el azul del corpiño estaban sujetos por dos finos tirantes que dejaban al descubierto sus brazos y hombros. El cabello había adoptado unos rizos que caían sobre uno de sus hombros y un colgante blanco colgaba del cuello esbelto descansando un centímetro antes de llegar a caer en la profundidad de la hendidura de entre sus pequeños pechos.
Apenas le había prestado atención a lo que había dicho Pansy acerca de que el color le sentaba bien a la Gryffindor; gracias a que estaba concentrado sólo en ella pudo ser testigo de que nada más terminar de bajar las escaleras Avery y Jonson le salieron al paso. Aquello no podía terminar bien de ninguna de las maneras. Dio un paso hacia delante para ir a buscarla.
-Espera, deja que su hermano se ocupe de esto –le detuvo Vince-. Si se dan cuenta de que está contigo…
-Van a darse cuenta igualmente en cuanto empiece a bailar con ella –protestó Goyle con una mueca. Curiosamente Goyle parecía haber adoptado a Ginny como si fuera una mascota o peor aún, su hermana pequeña. Era un concepto raro para todos ya que Goyle nunca parecía mostrar demasiado interés por nadie excepto por los miembros de la cúpula de Slytherin.
-Y por una vez que Weasley podría venir bien, no aparece –apuntó Pansy-. ¿Dónde diablos se ha metido?
Nott no contestó. Vio como Ginny cuadraba sus hombros y clavaba sus ojos en Avery y a juzgar por el modo en que Avery estaba reaccionando, lo que fuera que le estuviera diciendo la pelirroja no le hacía demasiada gracia. Vio a Jonson intentar coger su varita del bolsillo interior de la capa y aparto de un manotazo la mano de Vince.
-Se acabó –anunció caminando firmemente hacia ellos -. ¡Eh, Avery!
-Genial… ¿dónde diablos está Draco cuando necesitamos que detenga a Nott? –preguntó Blaise caminando detrás de Theodore-. Hace pocas estupideces pero las pocas que hace son gigantescas… -refunfuñó. Miró a Pansy que había sacado su varita de algún sitio de aquella ajustada túnica-. ¿Dónde diablos llevabas eso? –le preguntó repasándola con la mirad.
-En el cabello, por supuesto –señaló ella su cabeza donde uno de los dos palillos que le sujetaban el recogido había desaparecido-. Me sorprendes Blaise, ¿una Slytherin sin varita? Por favor… me ofendes…
-¿Si? Veamos si tu varita sirve para algo más que para sujetar tu cabello Pansy, haz un hechizo ilusorio alrededor de todos nosotros ¿quieres? Si pasa algún profesor y nos ve podríamos meternos en un lío.
Ella arrugó la frente.
-No se me dan demasiado bien ese tipo de hechizos.
-Pero Draco sólo te enseñó a realizarlos a ti así que hazlo –apremió Goyle que iba detrás de ellos-. ¡Maldita sea!
Apretó el paso. Blaise también lo hizo al darse cuenta de que Avery había sujetado a Ginny de un brazo y parecía dispuesto a rompérselo si hacía falta. Nott llegaba ya hasta ellos con el brazo levantado. No lo pensó. Blaise hizo una mueca de dolor al tiempo que el puño firmemente cerrado de Theo se estrelló contra la cara de Jonson que dejó caer la varita que intentaba utilizar contra Ginny mientas que Pansy realizaba el hechizo perfectamente.
No tuvieron demasiado para actuar. Alertado por el ahogado grito de Jonson, Avery se despistó y aflojó su agarre; la pelirroja aprovechó aquel momento para darle un pisotón con sus nuevas sandalias blancas de tacón alto y estrecho y cuando Averyy empezó a quejarse, ella se retorció y le dio un codazo en el estómago haciendo que la soltara definitivamente. Ante la mirada incrédula de los Slytherins la pelirroja golpeó con todas sus fuerzas en la mandíbula de Avery con el puño cerrado al tiempo que lo empujaba. Cuando Avery trastabilló se encontró con que Gregory había llegado ya hasta ellos y se encontró tumbado en el suelo antes de saber qué diablos había pasado.
-Déjalo ya Theo –le dijo Blaise sujetándole para que dejara de golpear a Jonson.
Nott se limitó a tomar la varita de Jonson y a partirla por la mitad sin ningún tipo de remordimiento. Una fracción de segundo después estaba junto a Ginny que parecía tan fresca como una rosa y actuaba tranquilamente como si no hubiera ocurrido nada.
-¿Estás bien? –le preguntó preocupado-. ¿En qué estabas pensando para encararte con Avery así? –añadió con tono más práctico.
-En que no voy a dejar que nadie insulte a mi familia –le respondió ella-. Os agradezco mucho la ayuda –añadió mirándolos a todos-. ¿Tenías que golpearle tanto? –preguntó mirando a un inconsciente Jonson que parecía tener la nariz rota y una ceja sangrando.
-Iba a utilizar la varita contra ti Ginevra –le explicó Nott con paciencia murmurando entre dientes las palabras-. ¿Querías que fuera más amable con él? Podría haberte matado, ¿sabes que es uno de los más fieles del Lord Oscuro y que va a tomar pronto la marca tenebrosa? –la sujetó de los hombros-. No habría vacilado en matarte… Y en lugar de alejarte de ellos le plantaste cara a…. ¡Por Merlín! No sé si los leones son valientes o estúpidos…¿Eres consciente de que podría haberte matado aquí mismo?
Había pretendido asustarla pero al pronunciar aquellas palabras se dio cuenta de que él era quien estaba realmente asustado, casi temblando como una hoja.
-Sabía que no ibas a dejar que me pasara nada –contestó ella encogiéndose de hombros.
-¿Sabías… -farfulló él-. ¿cómo diablos ibas a saberlo?
-Porque confío en ti –se limitó a responder Ginny.
-¿Confías en un Slytherin? –preguntó Blaise encontrando hilarante toda la situación.
-No, confío en Theodore Nott, independientemente de qué casa sea –corrigió Ginny con voz severa.
Aquellas simples palabras atravesaron a todos los Slytherins allí reunidos. ¿Cuándo había sido la última vez que alguien de otra casa había admitido confiar en uno de ellos? Que ellos supieran nunca había ocurrido y mucho menos entre los leones y las serpientes. Y allí estaba aquella Gryffindor afirmando que confiaba en Theo. Era increíble. Ginny Weasley acababa de subir varios escalones en el concepto que aquel variado grupo de Slytherins formaban y la pelirroja no lo sabía aún.
Fue Pansy quien rompió el tenso momento.
-Buen golpe, tienes que enseñármelo –pidió Pansy con gran entusiasmo mientras se colgaba del brazo de Ginny y comenzaba a andar arrastrándola hacia el Gran Comedor.
-Claro, cuando quieras…
Nott parpadeó y miró a Blaise un segundo antes de romper a reír con grandes carcajadas.
-Creo que te preocupabas demasiado –observó Blaise también divertido-. Llevadlos a la enfermería y ya sabéis, amenazadles un poco… No sabéis qué ha pasado y todo eso…
Habló casi con aburrimiento, como si estuviera dado unas instrucciones que había dado toda la vida y en cierto modo así era.
Gregory hizo un gesto con la mano para indicarle que sabían qué tenían que hacer. Mientras ambos desaparecían rumbo a la enfermería con ambos magos inconscientes flotando frente a ellos, Blaise miró a Nott sonriente.
-Es una chica sorprendente –alabó a Ginny.
-Lo sé –fue la respuesta de Nott-. Siempre elijo lo mejor –se encogió de hombros. Luego no pudo evitar soltar la broma con tono burlesco-… Lo que me lleva a plantearme por qué estás tú en mi círculo de amig…. ¡Maldita sea!
Blaise miró en la dirección en que Nott lo hacía y sonrió mientras Nott empezaba a avanzar hacia las dos chicas con aspecto furiosamente controlado murmurando algo acerca de conseguir una capa para Ginny. El vestido de la pelirroja tenía un gran escote en la parte trasera y casi toda la espalda estaba desnuda. Bajo el vestido, Ginevra Weasley no llevaba sujetador. Nott estaba celoso y ver de aquel modo al siempre imperturbable Theo era algo divertido. Iba a ser una noche divertida.
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Harry podía notar la energía oscilante de las dos mujeres como si fuera él mismo quien lo sentía. Lágrimas no derramadas, lamentos, tristeza, melancolía, rabia, ira, impotencia… demasiados sentimientos para poder controlarlos. A pesar de su reticencia a hacerlo, elevó sus barreras mentales como Annie le había enseñado a hacerlo. Para él era difícil y duro estar en aquel lugar pero para Ann y Danielle era terriblemente doloroso.
Los restos de la casa que una vez se había alzado orgullosa en el Valle de Godric suponía el símbolo de todo lo que una vez había esperado y habían perdido. No sólo era la muerte de sus padres, era mucho más… aquella casa destruida y todo lo que allí había acontecido significaba la muerte en vida de Sirius, la traición de Peter, los años de soledad de Remus, la exclusión del mundo de Dani, el dolor de Ann… significaba la pérdida de la inocencia, esa inocencia que les había llevado a pensar y creer que podían confiar en Pettigrew.
Harry miró el cielo. Aún tenían tiempo. El eclipse empezaría pronto y la oscuridad reinaría en todo rincón y esquina. Parecía fácil: realizar invocación y aceptar todo lo que el poder del Primero exigía. Luego tendrían que utilizar los trasladores ilegales y aparecerse en el Ministerio de magia para intentar contener toda la magia oscura posible… y quizá… quizá podría hacer que él regresara. Cuánto más fácil le parecía más complicado le resultaba pensar que podría hacerlo.
-No puedo creer que esté aquí… -murmuró Dani-. No había venido desde… -tragó con dificultad-… la noche antes de que Voldemort les atacara… Todo había sido tan distinto… Era perfecto… -miró a Harry-… Venir a casa de tus padres siempre era como llegar a un trozo de cielo Harry –le explicó-. Aquella noche… recuerdo que Annie y Remus estaban enfrascados en una partida de ajedrez, Lily reía en la cocina por los intentos de Emily de querer ayudarla a cocinar y James intentaba enseñarle a Peter el modo en que funcionaba una video cámara muggle mientras que yo escribía una lista de los regalos que os iba a entregar aquellas Navidades… -rió al acordarse de aquello. Pero era una risa triste, forzada, melancólica.
-Sirius estaba feliz… -intervino entonces Annie tocando casi con reverencia uno de los pilares de la casa que aún se mantenía en pie-… Estaba sentado en las escaleras y te tenía cogido en brazos; te estaba enseñando a atrapar una snitch pequeña y ruidosa que traía loca a tu madre y que a ti te encantaba… Recuerdo que cuando la cogiste en tu manita Sirius se alzó en el aire con una risa franca y sincera mientras exclamaba que ibas a ser una estrella del quiddich…
-También te miraba –dijo Danielle notando el dolor en la voz de Ann-… No te dabas cuenta pero Sirius estuvo a punto de dejarte caer –miró a Harry- un par de veces al menos porque estaba embobado mirando a Annie –le sonrió-. Te miraba con aquella mirada, como si no pudiera creer que fueras suya, después de tanto tiempo aún me comentaba que no sabía qué había hecho tan bien para que tú le quisieras…
-Lo cierto es que pasábamos más tiempo en esta casa que en las nuestras –rió Annie-. Verla así… es como ver destruido nuestro pasado…
Por primera vez ni Snape ni Lucius dijeron nada ofensivo contra las dos mujeres pese a que sus miradas hablaban por sí solas. Todo aquello era demasiado sentimentalismo para dos Slytherins como ellos y a pesar de todo, sin saber si el otro estaba de acuerdo o no, Severus Snape se sintió culpable por haber participado de algún modo en toda aquella destrucción. En silencio se hizo a sí mismo el juramento de que haría todo lo posible por enmendar los errores y crímenes que había cometido en el pasado.
Un viento frío hizo que Harry mirara al cielo. Fue como si el frío se colase dentro de su cuerpo y le susurrase al oído que era la hora y que debía empezar a hacer lo que se suponía que debía hacer. Sintió como Ónix emprendía el vuelo sin alejarse demasiado de él en un fiero intento por protegerle de lo que pudiera llegar a pasar. El ulular de Hedwig le hizo girar la cabeza hacia la entrada de la destartalada casa llamándole, queriendo guiarle en el camino correcto. Las plumas de Fawkes revoloteaban de un sitio a otro buscando el punto más mágico de la casa destruida y Harry no pudo evitar sonreír a medias al ver a las tres aves esforzándose por no dejarle solo.
-¿Estás preparado? –preguntó Ann rozando con su mano el brazo del adolescente.
¿Lo estaba? No lo sabía. No estaba seguro. En aquellos momentos lo único que Harry deseaba era estar en un lugar seguro, resguardado, protegido… Pero no podía elegir, nunca había podido hacerlo. Siempre había sido esclavo de los demás y éstos se habían aprovechado de él en todo lo que habían podido, en toda medida, en todo lugar, tiempo y acción. Era consciente de que desde el momento en que su madre le había protegido entregándole su amor antes de caer muerta por la varita de Voldemort, desde el preciso momento en que se había negado a morir bajo la maldición imperdonable del Lord Oscuro aquel 31 de octubre, había perdido toda posibilidad de elegir. Su futuro había sido decidido por los demás, por los astros, por el destino, por lo que fuera que había hecho que él estuviera allí en aquellos momentos.
Ahora podía elegir. Podía quedarse, realizar la invocación y convertirse en el mago más poderoso de todos los tiempos… o podía simplemente dar la vuelta, olvidarlo todo y alejarse del mundo de la magia para siempre. Las palabras del ausente Remus aún resonaban en su cabeza… el licántropo tenía razón; la magia siempre sería una parte de él. Fuera donde fuera, hiciera lo que hiciera la magia siempre estaría dentro de él y si rehusaba a ella, si renegaba de ella, si la dejaba atrás, una parte de él mismo moriría. Era un mago después de todo y la magia era su esencia más primaria.
Tenía la decisión tomada, entonces, ¿por qué dudaba tanto? Miedo. Tenía miedo de que algo saliera mal, de que su cuerpo no fuera capaz de absorber toda la magia negra que se suponía que debía absorber… tenia miedo de que toda esa magia lograra convertirle en un nuevo Lord Oscuro ansioso de poder. Tenía miedo de morir, tenía miedo de vivir también… Sólo era un adolescente confundido como el resto de adolescentes del mundo… sólo estaba confundido pero no tenía más tiempo para pensar en ello. Debía de tomar una decisión y debía hacerlo ya.
-Si dudas de lo que puede hacer, señor Potter, no será capaz de realizarlo –le instruyó Malfoy arrastrando las palabras como si le hubiera leído el pensamiento al chico.
Ignorando al hombre Harry se acercó hasta Ónix que reposaba sobre una de las maderas de la valla que en algún momento del tiempo había tenido que ser de un blanco brillante y lustroso. Se arrodilló frente al animal casi como si estuviera realizando algún tipo de ofrenda y clavó sus ojos verdes en los de él. La conexión con Ónix, su fénix negro, fue inmediata.
Un latigazo sacudió su mente cuando la presencia del ave entró en su mente. Harry se escuchó a sí mismo jadear por la impresión. Era como volver a tercero y volver a sobrevolar el lago de Hogwarts sobre el lomo poderoso de Buckbeack… Estaba ocurriendo lo mismo pero sin moverse del sitio… Un viaje astral… Había oído hablar de ello e incluso había leído algo sobre ello pero nunca había imaginado que se sentiría de aquel modo… como si no estuviera allí, como si su cuerpo se hubiera alejado de su mente o al revés, no estaba seguro…
De pronto ya no era hombre, era ave… volaba alto entre las nubes, esquivando al viento y sirviéndose de él. Comprendió que de algún modo Ónix y él se habían fundido en un solo ser y que el ave le estaba ayudando a comprender, a ver, a sentir lo que él había vivido. Harry podía sentir la rabia y la impotencia del ave ante los desastres que no podía detener. Podía ver con sus ojos la maldad de los hombres que habían exterminado a los fénix negros, el miedo que Ónix había sentido al huir de las garras humanas se había transformado en su propio miedo.
Después del miedo había llegado la paz, la tranquilidad, una mano amiga que le era tendida y le animaba a acercarse. Calidez y suavidad. Dos palabras que hasta entonces nunca había conocido. Harry sintió en cada parte de su cuerpo, en cada célula y en cada resquicio de piel un aura poderosa, una magia espiritual que hacía que se sintiese seguro y protegido; un aura bondadosa y gentil, luminosa si había que darle algún adjetivo.
Sus ojos, transformados en los de Ónix se clavaron en los ojos de un humano. Una sonrisa se extendió en el rostro de aquel hombre y unas palabras perpetraron en la mente del adolescente a través del tiempo, a través de los siglos… "No tengas miedo… he esperado mucho tiempo para entregarte el legado… todo será como debe ser. El poder del Primero regresará al Primero y la luz iluminará tu camino cuando la oscuridad te ciegue… Todo saldrá bien Harry Potter… puedes hacerlo… Sólo confía en que puedes…" Harry o tal vez Ónix, el chico no estaba muy seguro, emprendió el vuelo alejándose de la tierra, alzándose entre los árboles, alejándose del claro, del hombre, del cayado y de los ríos. Volar. Simplemente volar, ser libre… Un nombre sacudió su mente y en su forma de ave miró de nuevo hacia abajo. Conocía aquella aura… de algún modo en que no podía explicarlo conocía el poder que aquel hombre poseía… siglos de cultura mágica, siglos de conocimientos… sólo había un hombre en la historia de la magia capaz de poseer tanta magia.
-¡Harry!
La magia de Ann lo sacó de donde fuera que había llegado. El contacto con Ónix se rompió y Harry se vio empujado fuera del cuerpo del ave, lejos de los cielos, atrapado de nuevo dentro de su propio cuerpo.
Jadeando, el chico se incorporó. ¿Cuándo se había caído y había quedado tendido sobre la hierba? Miró a Ónix que le miraba imperturbable. Merlín… Ónix era el ave de Merlín… el mago más poderoso que jamás había existido… Por todos los magos y brujas… El ave de Merlín lo había escogido a él como sucesor, como amo, como amigo y como protector. ¿Había algo más claro que aquello para que Harry se diese cuenta de que su destino ya estaba fijado desde hacía tiempo?
-Estoy bien… -susurró mientras Danielle y para su sorpresa, el profesor Snape, lo levantaron de la hierba-. Estoy bien… -miró al cielo.
Las nubes empezaban a arremolinarse en él, amenazante, negro, oscuro, como el presagio de lo que aquella noche iba a ocurrir. La luna llena brillaba en todo su esplendor y un alo de vaho dorado y rojizo la rodeaba.
-Es la hora –dijo entonces sacudiéndose la cabeza-. Sé lo que hay que hacer, necesitaré vuestra ayuda para hacerlo –miró a los dos hombres-. También la suya –añadió.
-¿Cómo sabes lo que…
-Ónix me lo ha dicho –interrumpió la pregunta de Danielle. Cuando la bruja lo miró enarcando una ceja, claramente divertida, Harry resopló impaciente-. Luego os lo cuento ¿vale? Confiad en mí. Sé lo que tengo que hacer.
-Potter.
Esa simple palabra hizo que la atención del chico se centrara en Snape. El hombre miraba hacia la luna con el ceño fruncido. Lucius a su lado también parecía concentrado en algo, alerta. Su mano empuñaba la varita con firmeza y suavidad, listo para atacar, listo para protegerse, listo para maldecir.
No le preocupaba. Era extraño y difícil de explicar pero no le preocupaba que Malfoy fuera a utilizar la varita contra él, de algún modo sabía que estaba seguro con aquellos dos Slytherins. Miró a Snape y pasó su mirada del hombre a la luna y de vuelta al profesor de pociones.
Él también notaba la oscuridad cerniéndose sobre ellos. Miró a Annie que parecía tranquila mientras extendía su propia aura a su alrededor. Danielle parecía inquieta. Harry lo comprendía. La familia de Dani había sido una de las más poderosas relacionadas con la magia negra, según lo que le había contado Remus, la magia oscura siempre intentaría tentarla para atraerla y envenenar su corazón. Harry frunció el ceño. Nunca iba a permitir que algo así ocurriera.
Con pasos firmes y seguros Harry se dirigió hacia la casa. Subió los escalones torcidos y casi derrumbados y entró sintiendo como la casa entera crujía bajo el peso de sus pies por la invasión a la que no estaba acostumbrada. Se detuvo cuando vio a Fawkes revolotear en lo que una vez había sido el salón de la casa. Danielle ahogó un grito detrás de la mano que se había llevado a la boca.
-Ahí… ahí fue donde tu padre… -empezó a explicar-… donde James…
-Ahora no, Dani –interrumpió Ann-. ¿Qué quieres que hagamos Harry?
-Necesitaré vuestra ayuda para convocar a los cuatro elementos –señaló el adolescente-. Puedo encargarme del resto con la ayuda de Fawkes, Hedwig y Ónix pero os necesito a vosotros para convocar los elementos primarios.
Suspiró y quitándose la capa la dejó de cualquier manera sobre el suelo, arrojando después la túnica y la camisa dejando el pecho descubierto. Si alguien se había sorprendido al ver que pequeñas vetas negras atravesaban la piel de su pecho, no lo demostraron.
Lucius Malfoy estaba maravillado viendo como las pequeñas vetas se movían de un lado a otro en la piel del muchacho buscando su lugar. Era como lo había leído. El eclipse propiciaría el camino de la oscuridad y el universo intentaría proteger al Primero con un hechizo. No sabía exactamente como funcionaba pero Snape había llegado a la conclusión de que era algo semejante a la marca tenebrosa. ¿Un tatuaje? Era posible. Varis vetas más se movieron hacia el pecho del chico subiendo desde sus brazos desnudos.
Harry suspiró.
-Annie, en el norte, eres mi Guardián y quien me guía –señaló un punto delante de él donde la bruja se colocó inmediatamente-. Ayúdame a invocar el fuego –le pidió-. El elemento capaz de purificar cualquier cosa y cualquier persona…
-Gracias Harry –dijo ella consciente del gran honor que aquello implicaba.
-Danielle a mi derecha, serás el este –indicó-, el lugar por donde sale el sol… ayúdame a invocar a la tierra… la madre que ama a todos por igual, a todas las criaturas sean sus semejantes o no –le sonrió antes de girarse hacia el profesor de pociones mientras Danielle se preparaba-. Snape, el oeste –señaló su izquierda-. El lugar donde la oscuridad nace… invoque al aire, es el elemento más voluble y que va siempre donde él quiere, sin imposiciones de nadie.
El profesor de pociones le sostuvo la mirada brevemente, como si fuera a decir algo, pero simplemente se limitó a asentir con la cabeza mientras ocupaba su lugar. Observó que Malfoy se colocaba detrás de la posición de Harry y no pudo evitar pensar en lo irónico de la situación al darse cuenta de que Potter había dejado a Malfoy a sus espaldas dándole la oportunidad de utilizar su varita contra él si Malfoy quisiera.
-Señor Malfoy, usted es el sur y convocará el agua –entrecerró los ojos-, el elemento más destructible que hay, capaz de erosionar la roca más dura…
-Espero que sepa lo que hace Potter –dijo simplemente el rubio colocándose en su lugar.
-Yo también –le replicó Harry-. Ónix… -el ave aterrizó sobre su hombro-… eres la fusión entre el bien y el mal… la oscuridad de tu pasado, la bondad de tu futuro… -le acarició la cabeza con lentitud-. Tú estarás a mis pies…
Hedwig ululó y Harry extendió la mano para acariciarla mientras Fawkes les contemplaba desde un segundo plano.
-Esta vez no, amiga –le dijo a su lechuza-. Siempre has estado conmigo… quédate con Ann, ella te protegerá. Y tú –miró a Fawkes-… Por favor Fawkes, protege el círculo…
Con un leve asentimiento, el fénix rojo y amarillo elevó el vuelo sobre las cabezas de ellos mientras Ónix volaba a ras de suelo dando vueltas a los pies de Harry, rodeándolo, casi como si quisiera crear un escudo a su alrededor.
Cuando Harry se irguió en toda su estatura, en el cielo el eclipse había empezado y una pequeña parte de la luna ya estaba oculta a ojos de todo aquel que quisiera mirarla. Harry sintió el frío alrededor de la casa, la maldad surgiendo de entre las sombras, el aire se arremolinó en torno a su cuerpo y fue consciente del viento que elevaba ligeramente las túnicas de los cuatro adultos que lo acompañaban. Ónix se tensó a sus pies y Harry fue consciente de ello. Un escudo brillante de color anaranjado los cubrió a todos con una suave cascada de fuego.
Harry se encontró a sí mismo aislándose de todos y de todo lo que le rodeaba. Los ojos de Annie mantuvieron los suyos anclados y le transmitieron la fuerza y la tranquilidad que él necesitaba en aquellos momentos. Una sonrisa confiada hizo que Harry asintiera y cerrara los ojos lentamente dejando que la oscuridad se apoderara de él una vez más en su vida.
Movido por un impulso Harry extendió sus brazos hacia delante con las palmas extendidas hacia arriba y luego cerró éstas en dos puños firmes que bajó hasta las caderas, permaneciendo durante unos minutos en silencio, quieto, firme como un poste de acero.
Se concentró tal y como Annie le había enseñado. Dejó fluir su magia, se liberó de ella, la sintió correr por su cuerpo, por su sangre, por sus venas. Sintió la frialdad alrededor de ellos, fuera del escudo y del círculo que habían trazado y su magia dio la nota de calidez para que su cuerpo no se helara. Podía notar la incertidumbre de los que le rodeaban, la ansiedad, el temor y el miedo. Una voz resonó en su cabeza: "Todo está bien. Todo está donde tiene que estar… tranquilo… Lleva a cabo la invocación, reclama el poder que te pertenece, reclama el poder del Primero"
Y cuando abrió los ojos y Harry alzó su mano derecha hacia el techo descubierto de la casa, Danielle respiró profundamente. Era como estar viendo el dibujo del libro que tantas veces había mirado sin comprender.
-Invoco al poder del fuego –su voz sonó brusca, ronca y fuerte pero nadie se sorprendió ante aquello, ni siquiera él mismo-. Que tu magia haga posible poder volver a empezar de nuevo…
De la varita de Annie, sin que ella supiera exactamente cómo había ocurrido salió una espiral de fuego, ardiente, caliente, de un color rojizo anaranjado que dejó muda a la bruja. La espiral rodeó las caderas de Harry y ascendió hacia arriba, envolviéndose en su cuerpo, en constante movimiento sin llegar a tocarle, enlazándose en el brazo que tenía extendido hacia arriba y perdiéndose en el infinito de la oscura noche sobre sus cabezas traspasando el escudo que Fawkes había conjurado para ellos.
Harry hubiese jurado escuchar un "Por Merlín" proveniente de la boca de Malfoy, pero no podía dejarse distraer por aquello. Su concentración parecía estar puesta a prueba cada segundo; el fuego que le rodeaba le transmitía calor, fuerza, poder ¿era así como se sentían Fawkes y Ónix cada vez que resurgían de sus cenizas? Era como recibir una descarga eléctrica para bien.
-Invoco al poder del agua, que su fuerza sirva al Primero para llevar a cabo lo que se proponga.
De la varita de Malfoy un delgado hilo azulado y acuoso se unió al fuego danzando en espiral junto al fuego, entrelazándose con éste alrededor del cuerpo de Potter ante los ojos de Lucius que aún no daba crédito a que estuviera ayudando a quien se suponía que años atrás había tenido que atraer al lado de su señor oscuro. El agua se unió a la luz roja del fuego alejándose hacia el firmamento.
-Invoco el poder de la tierra –pidió sintiendo como Danielle se tensaba repentinamente-. Porque todo es tierra y la tierra lo es todo –añadió-, porque la madre tierra ayudará al Primero a entender todo lo que le rodea…
Pequeñas hebras brotaron de la varita de Dani creando una cadena de minúsculas hojas de laurel que se entrelazó con el agua y el fuego y, al igual que éstas, alejándose hacia la oscuridad de la noche.
-Invoco el poder del aire que todo lo mueve, que todo lo ordena, que todo lo recorre… Que su poder ayude al Primero a controlar lo incontrolable…
Una ráfaga de viento helado surgió de la varita de Snape, una ráfaga de viento que subió por el cuerpo de Harry hasta su brazo y más allá, impulsando con ella las tres espirales que lo rodeaban y alejándose hacia arriba.
"Ahora, llama al poder ahora. No te dejes caer, no te dejes vencer… demuestra que puedes gobernarlo, demuestra que puedes controlarlo. Todo irá bien, tienes el poder para hacerlo. Tienes la voluntad para llevarlo a cabo. Acepta tu destino Primero. Acepta tu destino"
Una luz cegadora rodeó el círculo que formaban y Harry escuchó a lo lejos el sonido de las tres aves sin prestarle demasiada atención porque no sabía qué podía significar aquello. Sus ojos siguieron fijos en el techo viendo como la luz blanca se concentraba como si proviniera de todas partes.
-Invoco la magia del Primero. Agua, tierra, aire y fuego, cielo e infierno… invoco vuestra energía para reunir en mí toda la magia del Universo.
Ya estaba. Ya lo había dicho. Un segundo. Sólo había tardado un segundo en invocar la magia más poderosa de todos los tiempos. Una magia que había ido trasladándose a través de los siglos y que se había ocultado místicamente en todo lo que en aquellos momentos le rodeaba. Una magia que aún no estaba seguro de si su cuerpo iba a ser capaz de aceptar.
Fue entonces cuando ocurrió. El escudo de luz que lo había cegado se elevó hacia las alturas cogiendo velocidad para caer sobre él instantes después. Ni siquiera tuvo tiempo para pensar qué ocurría, simplemente lo siento. Lo sintió atravesar su cuerpo como una barra de hierro candente. El dolor que había sentido cuando Voldemort le había aplicado los cruccio no tenían nada que ver con el dolor que atravesó su cuerpo en el momento en que la energía de los cuatro elementos se unieron y atravesaron el escudo de Fawkes para ir directamente sobre él. Era un dolor continuo que le hizo gritar. De su garganta salió un grito ensordecedor, grotesco, un auténtico grañido que jamás en la vida Harry hubiera imaginado que sería capaz de llegar a proferir.
La frialdad atravesó los cuerpos de los cuatro adultos que sostenían los cuatro pilares de los elementos básicos. Ónix emitió un sonido mezcla de ánimo y de furia cuando sintió lo que Harry estaba sintiendo. Annie tuvo que hacer uso de todo su auto control para no romper el círculo y sacar de allí a Harry al sentir como la magia del chico parecía a punto de estallar.
No era lo único que parecía a punto de estallar. Harry sentía como la piel se le hinchaba y como las venas parecían crecer dentro de su cuerpo. Sentía el flujo de su magia mezclándose con lo que Merlín sabía qué estaba inundándolo completamente. Sintió el frío, el gélido frío atravesar su cuerpo y casi pudo sentir como pequeñas hormigas se movían por su estómago como si lo estuvieran devorando por dentro acabando con todas y cada una de sus entrañas. Después se enteraría de que Annie lo había catalogado como una sobre carga de magia que podría haber acabado con su vida. Y realmente era eso lo que parecía. Parecía que iba a morir, que iba a explotar.
Se dejó caer sobre el suelo de rodillas sin dejar de gritar mientras la luz lo inundaba completamente. Frío y calor parecían mantener una batalla dentro de su cuerpo y aunque lo intentaba Harry no podía mantener el dolor fuera de su mente. Sabía lo que estaba ocurriendo. Lo había leído. La invocación había atraído a la magia oscura del mismo modo que a la magia blanca… ambas estaban acudiendo a su llamada y ambas deseaban apoderarse de su alma.
Como aquella vez en que Voldemort se apoderó de su cuerpo y Harry sintió tanto dolor que le pidió a Dumbledore que lo matara, que terminara con su vida. Apretó los dientes negándose a volver a gritar. Sintió el poder de Ónix envolviéndole y parte del frío desapareció de su cuerpo. Sonrió para sí mismo; el fénix estaba absorbiendo parte de la magia negra y siendo un ave oscura podía hacerlo sin ningún problema. Con ese gesto se estaba ligando voluntariamente y para la eternidad con el Primero, con Harry.
Se dejó caer completamente sobre el suelo, extendiendo sus brazos y piernas, sintiendo como el dolor empezaba a remitir, como la frialdad desaparecía, como la calidez iba ganando una batalla que ni siquiera él mismo había estado seguro de ganar. Escuchó la exclamación ahogada de los presentes pero estaba demasiado concentrado en no gritar y en intentar aceptar todo aquel poder para prestar atención a lo que los adultos hacían.
Le miraban. Eso era lo que estaban haciendo. Los cuatro magos adultos estaban observando como las vetas negras de su estómago se reunían en torno al pecho de él, sobre el corazón, formando un dibujo. Esas eran las hormigas que Harry sentía devorarle por dentro. Las pequeñas vetas negras reptaban en su piel acudiendo unas a otras, llamándose, dejando tras su paso una estela diminuta roja que pasaba a un claro rosáceo, como si hubiera tenido quemaduras o cicatrices en la piel.
A medida que la marca se iba formando en la piel los jadeos y gritos de Harry iban cediendo, cesando, acallándose. Ónix se elevó en su plenitud y abriendo sus alas echó la cabeza hacia atrás un segundo antes de inclinarse sobre Harry intentando cubrir el pecho del chico mientras clavaba sus ojos en él. A pesar del cansancio físico y mental, a pesar de sentir que le dolía cada músculo de su cuerpo y a pesar de que únicamente deseaba acostarse y dormir, se obligó a mantener la mirada del ave y entonces ocurrió. La voz que ahora sabía que pertenecía a Merlín resonó en su cabeza de nuevo. "Lo has hecho bien Harry Potter. Durante siglos la magia estuvo contenida esperando mi legado… Tú eres merecedor de ello, tú eres merecedor del poder y el único que puede controlarlo. Por fin, después de tantos siglos, puedo descansar con la seguridad de que no dejarás que caiga en malas manos… buena suerte, Primero… buena suerte"
-¿Estás bien?
La preocupación en la voz de Annie era más que palpable. Harry asintió mientras intentaba levantarse. Sacudió la cabeza al encontrarse levemente mareado y se sorprendió cuando una mano masculina apareció en su campo de visión. Mirando hacia otro lado para evitar mirarle el profesor Snape le estaba tendiendo una mano para ayudarle a levantarse estabilizado y aunque jamás se hubiera imaginado algo así, Harry la aceptó de buen grado.
Danielle se acercó para asegurarse de que estaba bien mientras que Annie sujetaba la camisa, túnica y capa de él deseando ponerle la ropa pese a que el frío ya había pasado. Harry dejó que sus pies se estabilizaran antes de palparse el pecho allí donde le dolía. Un extraño símbolo parecía estar tatuado en la piel. La marca del infinito… un ocho alargado. La marca del Infinito quemaba grafiticantemente sobre sus pectorales, en el lado izquierdo, sobre el corazón… No era doloroso, sólo… se sentía bien, como si siempre hubiera estado ahí, como si algo que le había faltado durante años lo hubiese recuperado de repente… Se sentía correcto, nada más.
-¿Estás bien Potter?
Harry asintió mirando a Lucius. Estaba perfectamente. Mejor que bien. Se sentía lleno y a rebosar. Era como si tuviera una batería de magia incansable. Los músculos habían empezado a desentumecerse y ahora que podía respirar sin que doliese cada partícula de su cuerpo, Harry podía sentir la magia dentro de él y era increíble. Absolutamente increíble. Se sentía fuerte, poderoso y capaz; una sensación que no había tenido nunca en la vida… se sentía bien, no como un fracasado, un engendro, una carga o alguien que no mereciera el respeto de los demás… muy al contrario… se sentía bien.
-Estoy bien –aseguró mientras se vestía-. Muy bien, realmente. No siento nada raro y sin embargo sé que está dentro de mí.
Annie le miró y Harry enarcó ambas cejas.
-¿Qué?
-Harry… tus ojos…
El chico parpadeó y Danielle jadeó mientras Malfoy gruñía. Los ojos verdes del chico estaban oscuros, casi negros. Severus no le dio demasiada importancia, Harry tampoco.
-Es normal. Su cuerpo está habituándose a la nueva magia –intervino Severus.
-Estoy bien –aseguró mientras se movía con más agilidad de la que nunca había tenido-. Vamos, la noche no ha terminado todavía –Annie le atajó sujetándole por un brazo.
-Tus ojos se han oscurecido –le comunicó la bruja-. Siguen verdes y brillantes pero es un color más oscuro que el que tenías antes –le dijo.
-Estoy bien Ann –repitió Harry sabiendo que su Guardián estaba realmente preocupada por él-. ¿No lo sientes? –frunció el ceño preocupándose él.
-No lo sé, me da miedo intentarlo y no sentirlo –confesó la bruja.
-¿Podemos dejar toda esta sensiblería para después? Si pretendes impedir que la magia negra entre a este mundo sería mejor empezar a irnos, Potter –ironizó Severus Snape.
Harry iba a contestar cuando Danielle gruñó.
-¿Qué?
-He dicho que por una vez y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Snivellus –gruñó de nuevo.
-De acuerdo, pero esta conversación aún no ha terminado –dijo Harry mientras se empezaba a colocar la capa.
La cicatriz empezó a dolerle a pesar de las barreras mentales que le protegían y a pesar del dolor que aquello le producía Harry sonrió al notar la furia de Voldemort dentro de su propio cuerpo. Y mientras el adolescente sentía la piel húmeda y el cabello empapado por el sudor del esfuerzo, Ann ajustó los trasladores. Tenían dos minutos y medio para frenar el caos.
-El portal se ha abierto –comunicó Malfoy a pesar de que no era necesario-. Tenemos que irnos si aún quieres cerrarlo Potter –añadió cínicamente.
-Es la hora –dijo simplemente mientras abría y cerraba las manos sintiendo una energía que nunca había sentido-. Deja los trasladores Ann –le pidió-. Puedo hacerlo sin ellos.
Annie le miró fijamente sabiendo qué pasaba. Harry necesitaba probar el poder, saber que era suyo, saber que todo estaba bien y que no iba a estallar si utilizaba la magia recién adquirida.
-De acuerdo Harry –fue Dani quien respondió-. Teletranspórtanos –bromeó.
Un segundo después, incluso Snape y Malfoy que no rozaban siquiera una parte de su cuerpo desaparecieron del Valle de Godric dejando el silencio en su lugar. El eclipse estaba en toda su plenitud y a lo lejos un lobo aulló.
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Los habitantes de Hogsmeade despertaron en medio de aullidos y ruidos provenientes de la vieja casa. Hacía mucho tiempo que no escuchaban a los fantasmas del lugar y ahora parecían más nerviosos y alterados que nunca.
Si alguien hubiera tenido el valor necesario para acercarse a la casa hubiera visto como en el sótano un licántropo daba grandes zancadas de un extremo a otro; el pelaje negro, las orejas estiradas y el hocico alargado mientras gruñía y mostraba los afilados dientes mortales.
Lo había notado. El lobo estaba ligado en cierto modo a Harry de una manera en que sólo un lobo podía estarlo con alguien de su camada y no haber podido estar allí había sido una prueba demasiado dolorosa para el licántropo. James, Lily, Sirius, Danielle, Peter, Emily y Annie habían sido su familia, parte de su camada, parte de su jauría… Harry también lo era, también le pertenecía al lobo en cierta medida y no haber podido protegerle estaba volviendo loco al lobo.
Sus ojos amarillos se perfilaron en la oscuridad de la casa mientras el eclipse cubría a la luna, la oscuridad adueñándose de todo aquello que encontraba a su paso. El lobo volvió a aullar y los cimientos de la vieja casa se estremecieron ante el poder del licántropo.
Pese a eso, alguien podría haber dicho que un brillo de aprobación, diversión y alivio brillaba en los ojos del hombre lobo donde la locura del animal, extrañamente, no parecía tan clara como siempre.
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El Ministerio de Magia estaba más oscuro, solitario, frío y lúgubre de lo que recordaba. No era que se sorprendiera demasiado ante aquel descubrimiento. Lo que le había sorprendido era la rapidez con la que se habían aparecido no en el Ministerio, sino en la sala de los asuntos misteriosos. Malfoy le miró.
-¿Cómo se ha saltado las barreras y alarmas del Ministerio, Potter?
Harry se encogió de hombros.
Formas siniestras se alzaban a su alrededor. El techo estaba cubierto de sombras que se alargaban y estrechaban mientras siseaban de forma maliciosa secretos que Harry no llegaba a comprender. Allí donde una sombra se posaba todo se volvía negro, oscuro, gélido y un aura de maldad lo rodeaba todo.
-¿Piensa contestar alguna vez, Potter? -gruñó más que preguntó Lucius Malfoy, poco acostumbrado a que le ignorasen reclamó su atención nuevamente.
-No lo sé. Acabo de obtener magia nueva ¿recuerda? –repuso irónicamente-. Sólo quise llegar aquí en el mínimo tiempo y aparecimos aquí dentro en lugar de fuera ¿hay algún problema con eso?
-Quizá lo tengamos con esto otro… Severus mira esto y dime qué opinas –pidió Annie antes de dejar que las palabras entre ambos fueran a llegar a más.
El profesor de pociones se acercó hasta Annie mientras los demás le seguían. Danielle comprendió inmediatamente qué era lo que había conseguido atraer la atención de la bruja. El velo de la muerte no estaba. Al menos no estaba donde debería estar.
Los pilares que sustentaban el velo estaban en su lugar, erguidos hacia el techo abovedado de la sala donde una claraboya dejaba ver la oscuridad del eclipse salvo por un leve alo de luz lunar. Pero Ann tenía razón. El velo movible, la tela fantasmal que tanto revuelo había causado y tanta impresión había provocado en él durante su quinto año, el velo a través del cual había visto caer a Sirius… no estaba en su lugar.
Malfoy tomó su varita dispuesto a realizar un lumus cuando la mano de Severu se posó sobre la del rubio negando con la cabeza.
-Potter nos ha metido aquí sin hacer saltar las alarmas, no sabemos si éstas seguirán inactivas si utilizamos las varitas.
-Pues si se te ocurre otra forma de iluminar algo esta sala, te ruego que lo digas Snape –contestó Lucius de forma sarcástica.
-Fuego acude a mí…
Un murmuro. Un leve susurro hizo que de la mano extendida de Harry brotasen pequeñas llamas de fuego rojo y anaranjado que iluminaron la estancia en cuestión de segundos. Ónix hizo un ruido de aprobación mientras que el adolescente se encogía de hombros.
-Snape… -llamó la voz de Dani. El hombre se volvió para mirarla y Danielle no contestó, la mirada clavada en algún punto del techo.
Severus siguió su mirada y sus ojos se abrieron con sorpresa al ver qué era lo que Addams había visto para que se quedara sin habla. Él tampoco sabía qué decir. Flotando a cuatro o cinco metros del suelo se hallaba el velo colocado en posición horizontal. Se agitaba en el aire suavemente mientras danzaba alrededor de la habitación atrayendo las miradas de los presentes. Ónix no apartó sus ojos de las esquinas más oscuras del lugar y Harry se sintió seguro y agradecido por ello. Danielle observaba el velo fijamente y llegó a la conclusión de que podía ser comparado con una capa de agua flotando alrededor de una habitación dejando una estela de diferentes burbujas transparentes que se extendían hacia los rincones y sombras.
-Es el portal… -dijo sorprendido Lucius-. Todos estos años sin saber exactamente qué era el velo de la muerte y es un maldito portal entre los vivos y los muertos…
-Hay que cerrarlo –indicó Ann-. Cada sombra que deja escapar es un ser oscuro –informó-. Hay que cerrarlo Harry, ¿crees que puedes hacerlo?
Harry sabía lo que le estaba preguntando. El velo de la muerte era algo tan peligroso y desconocido precisamente porque nadie había sabido nunca lo que era a ciencia cierta. Ahora que lo sabían Harry comprendía la peligrosidad a la que se enfrentaba… Remover el velo y devolverlo a su lugar quizá podía llegar a ser más maligno que beneficioso y aún así… Dos sombras más se ocultaron. Harry suspiró. Tenía que hacerlo, no podía dejar que la oscuridad atrapase al mundo mágico y muggle. No podía permitirlo.
-Ni siquiera sé qué hay que hacer.
-Por Morgana… ¿qué diablos os enseñan en Hogwarts? –gruñó Malfoy-. Lo liberaste al invocar el poder del Primero, sólo invócalo otra vez para cerrarlo.
-¿Estás loco Malfoy? –gruñó Danielle-. Ni siquiera sabe si lo controla, no puede invocarlo otra vez.
Ajeno a lo que estaban discutiendo a su alrededor, Harry continuaba mirando a su alrededor. Las sombras eran cada vez mayores y un sentimiento de alerta se despertó en él. Era un sexto sentido, al menos así lo había catalogado Danielle en una ocasión alegando que mientras que James atraía los problemas, Lily era capaz de saber cuándo iban a haber problemas incluso antes de que ocurrieran. Ónix presionó con sus garras en su hombro izquierdo y Harry le miró sin ser consciente de que sus ojos se habían oscurecido al hacerlo. Frunció el ceño. Las sombras parecían estar agrupándose si es que eso era posible. Miró hacia la claraboya. La luna seguía cubierta y la luz que tenían no era bastante para saber a ciencia cierta qué estaba ocurriendo.
-Silencio –pidió-. ¿No lo sentís?
Danielle y Malfoy se callaron al instante; Danielle porque quería escuchar lo que Harry decía oír, Malfoy porque vio que Snape fruncía el ceño y aquello no podía ser buena señal.
-El frío…está creciendo… -murmuró Dani entonces.
-Es más que eso… -susurró Harry-. Tened a mano vuestras varitas –aconsejó.
-¿Quieres que ataquemos a las sombras? –preguntó burlón Malfoy.
-Las sombras de la oscuridad pueden percibir el poder que las ha liberado y que puede volver a cerrarles el portal –replicó Ann con gesto serio y solemne-. Y te perciben claramente –añadió preocupada mirando al adolescente.
Una sombra se alargó más de la cuenta y Danielle dio un respingo cuando sintió que la tocaban en el omoplato. Se giró sobresaltada y a punto estuvo de soltar su varita al ver la monstruosa masa negra uniforme que parecía crecerse ante ella a cada segundo que pasaba.
-¡Danielle! –el gritó de Annie la hizo reaccionar y la bruja morena agitó su varita en el aire haciendo aparecer un lobo plateado que dio varias vueltas a su alrededor creando un escudo protector ante las palabras que Dani murmuró.
Aquella pareció ser la señal que todos estaban esperando. Las sombras dejaron de vagar y de moverse sin ritmo y se abalanzaron sobre los magos vivos que había en aquella habitación.
-¡Ónix! –gritó Harry.
De alguna manera que aún no lograba explicar parecía haberse establecido una conexión entre el ave y el chico y bastaba un simple pensamiento de él para que el fénix obedeciera a su pedido. Dos segundos tardó el ave en llegar hasta donde estaba Hedwig y Fawkes y las tres aves revolotearon hacia el velo que se detuvo flotando en el aire ante las ráfagas de magia que ambas aves de fuego lanzaban en su dirección.
Su mano se movió rápidamente casi sin pensar y un hechizo desilusionador que únicamente debería haber apartado a la sombra que intentaba atacarle de su camino, hizo estallar la sombra delante de sus ojos oscurecidos. Harry miró la palma abierta de su mano como si no fuera capaz de creer lo que había pasado. Pestañeó un par de veces antes de escuchar el grito ahogado de Malfoy.
Una de las sombras lo tenía atrapado rodeando el cuello con lo que parecía ser una gruesa cadena de humo espeso, como si una mano invisible lo estuviera ahogando. No lo pensó. De nuevo, como siempre hacía, actuó como un Gryffindor.
-Que la luz ilumine mi destino… -casi dijo las palabras sin darse cuenta de que lo hacía.
Su mano, extendida hacia el lugar donde Lucius Malfoy estaba siendo apresado liberó una ráfaga de aire caliente blanco y luminoso, casi vaho, que azotó a las sombras mientras éstas se veían obligadas a soltar su presa huyendo de la calidez de la magia del Primero. Porque Harry sabía que la magia que estaba empleando era la magia del Primero y a juzgar por el modo en que todos le estaban mirando, todos eran conscientes de ello.
Miró a los demás para asegurarse de que estaban bien. Danielle parecía furiosa por el hecho de que las sombras quisieran acercarse a ella. Lo comprendía. Las sombras acudían al poder oscuro y Danielle odiaba tener que recordar que parte de su magia, seguramente la más poderosa, era negra. Snape estaba cerca de ella y apartaba a las sombras como se apartan mosquitos; sus gestos eran mecánicos y seguros y sólo su ceño fruncido indicaban en su rostro que no estaba tan impasible a lo que estaba ocurriendo como quería que los demás creyesen. Malfoy estaba ahora bien. Se defendía con la ayuda de dos varitas y Harry no quiso ni siquiera preguntar de dónde había salido la varita no registrada, convencido de que la respuesta no le gustaría en absoluto. Miró a Annie y no se sorprendió al encontrarla tranquilamente apartando a las sombras.
Un aura blanca la rodeaba. Su propia magia. Un aura pura. Las sombras no se acercaban a ella porque no podían acercarse. Ann Seever era magia blanca en todo su esplendor. Su varita se movía de un lado a otro dispersando las sombras y reduciendo sombras con su patronus canino. Y como si un escudo la protegiese, las sombras no podían alcanzarla porque no había en su corazón ni en su alma el leve resquicio de maldad… Harry podía comprender perfectamente por qué su padrino se había enamorado de ella, no de la bruja, ni de la mujer, sino simplemente de ella.
-¡Ahora Potter! –gritó la voz de Snape.
Harry se concentró. Hacer aquello iba a implicar que la entrada quedaría sellada en ambos sentidos. Quería a Sirius. Deseaba volver a verle. Si había aceptado la magia del Primero había sido en parte para intentar traerlo de donde diablos fuese que estuviese… Pero no podía dejar al mundo sumido en la oscuridad y el caos… ni siquiera por Sirius. Sirius… Seguro que lo comprendería… Después de todo, Sirius había sido siempre un luchador, su padrino lo comprendería…
Antes de saber siquiera que había tomado una decisión, las palabras surgieron de su boca mientras sus manos se elevaban hacia el velo. Dos hilos de oro y plata aparecieron de la nada y unieron al velo con sus propias manos. La furia de las sombras fue esclarecedora.
-Regresa a tu lugar… -una ráfaga de viento helado le cortó la respiración. Harry apeló al fuego y pronto sintió la calidez recorriéndole-… Invoco el poder del Primero, el poder del Universo… -era un susurro pero lo suficientemente alto para que todos lo escucharan-. Invoco el poder que me ha sido cedido, invoco la magia más pura de todos los tiempos. Que las sombras regresen a su lugar y el portal se cierre para siempre…
-¡No! –gritó Danielle siendo consciente de lo que Harry estaba haciendo.
Sellando el portal para siempre, impidiendo que el velo pudiera moverse o separarse alguna vez de aquellos pilares, atado para siempre en aquel lugar, la posibilidad de intentar de alguna forma, alguna vez, rescatar el cuerpo de Sirius, sería imposible de hacer. Danielle miró a Ann que tenía el rostro contraído de dolor. Se giró dispuesta a gritarle a Harry pero no pudo hacerlo.
El dolor que se reflejaba en el rostro de Annie era el mismo que había en los ojos de Harry. A pesar de haber perdido su color verde, éstos seguían brillando con fuerza, rabia, dolor, impotencia y angustia. Se sintió mezquina por unos instantes pensando en sí misma y en el dolor que a ella y a Annie le provocaría aquella decisión de Harry… En ningún momento, por primera vez desde que había conocido a Harry, había pensado en lo que el adolescente podría estar sintiendo al condenar él mismo con su propia magia, con su propio poder el destino de Sirius, la única persona que nunca le había engañado.
Ónix lo sintió. Vio en su cabeza lo que Harry sentía. Sirius sonriendo, Sirius riendo, Sirius hablando de James, Sirius abrazándole, Sirius bajo la luna, en la casa de los gritos, Sirius y Remus juntos de nuevo, unidos contra Pettigrew… Fue capaz de sentir el amor y el cariño que Harry había sentido por Sirius, fue capaz de sentir la ilusión al escuchar como Sirius le pedía que fuera a vivir con él, fue capaz de sentir lo que Harry sintió lo que había sido la primera vez que alguien le quería por ser él mismo, simplemente…Ónix percibió claramente la rabia de Harry contra Bellatrix y la intensa agonía que había desgarrado con aquel grito cuando vio a Sirius caer a través del velo. El dolor de tener que sellar el portal para evitar que el Caos entrase en el mundo mágico y muggle sabiendo que Sirius quedaría atrapado para siempre allí…. Era demasiado poderoso para no sentirlo.
El velo regresó a su lugar. El velo se situó entre los pilares. El velo descansó en su sitio, bajo la claraboya. Tranquilo. Sosegado. Inamovible… Como si no hubiera estado a punto de dejar pasar el caos, como si nadie supiera todavía que era más que un velo, que era el portal entre los vivos y los muertos, entre la crueldad y la bondad.
Ni siquiera Malfoy tuvo el descaro de decir nada cuando vio a Harry caer derrotado sobre sus rodillas en el suelo, callado, melancólico, furioso y triste al mismo tiempo… Sabiendo que había hecho lo correcto y aún así odiándose por ello… Ónix no pudo resistirlo más. No era justo. No podía ser justo para nadie y mucho menos para él. Harry aún no sabía lo que la magia del Primero podía hacer… pero él sí lo sabía. Lo había hecho a lo largo de los años mientras era el Guardián del Primero, de Merlín… Ahora era el momento de que le enseñara a Harry Potter lo que la magia del Primero podía hacer por él, lo que el mundo podía devolverle…
Abriendo sus alas, estiró su cuerpo en todo su esplendor. Las plumas negras brillaban bajo el fuego de las pequeñas llamas de la sala. La claraboya dejó entrar una tímida luz blanquecina que hizo que los humanos miraran para ver como el eclipse empezaba a perecer. Una corriente de electricidad sacudió toda la sala. Harry convocó un escudo protector para todos los presentes quedándose él fuera y situándose detrás de Ónix. Formaban un cuadro atemorizador. El fénix abierto frente a él, Harry de pie, amenazador con los ojos ennegrecidos, pequeñas descargas eléctricas azotándolos a ambos, las plumas de Ónix brillando, el cabello de Harry revoloteando.
Danielle había leído en alguna ocasión algo acerca de los ángeles de la muerte… Bien, estaba claro que Ónix y Harry eran ángeles de la muerte en aquellos momentos, o quizá sólo fueran ángeles de la vida…
Un remolino de humo negro se extendió desde el velo hacia un lugar desalojado de la sala. La oscuridad ser cernió sobre el pequeño tornado mientras éste creaba grandes corrientes de aire y electricidad. Ónix profirió un grito. Harry se mantuvo impasible detrás de él, dándole la magia y energía que el ave necesitaba.
Fue un instante. Un parpadeo de ojos. Una fracción de segundo. El tiempo que se tarde en ver un copo de nieve o una gota de agua desaparecer en un mar lleno de ellas… Pero esa minúscula porción de tiempo fue suficiente para que el humo se espesara y una figura se viera a través de él.
Tan repentinamente como había llegado, la electricidad de la habitación se dispersó. Ónix permaneció impasible ante todo lo que le rodeaba. Una rápida evaluación a su propio cuerpo hizo que Harry se diera cuenta de que no estaba demasiado malherido y que las pocas heridas que tenía empezaban a sanar rápidamente como si la nueva magia hiciera acelerar el proceso de curación. Sus ojos se centraron primero en Ónix y mientras le acariciaba el pico para asegurarle que todo estaba bien incluso si no había conseguido nada, Annie ahogó un grito de sorpresa.
Harry la miró acercarse tambaleante hasta el centro de la sala donde el humo empezaba a posar algo pesado, un cuerpo inerte, un cuerpo sin vida. Su túnica negra ondeó en sus tobillos, y sus pies apenas rozaron el suelo de piedra mientras se dirigía hacia el cuerpo. Por primera vez Annie ignoró el mirar a Harry así como el "¡Por Merlín!" de Danielle. Sus ojos, su mente, todo estaba concentrado en una única cosa. Aquel cuerpo que el velo estaba desvelando poco a poco.
-Sirius… -susurró de forma tan suave que incluso ella tuvo problemas para escucharse.
Una palabra. Una simple palabra hizo que los ojos de los presentes se girasen hacia donde estaba ella. Ónix extendió las alas y las replegó en un solo movimiento. De sus alas se extendió una ráfaga de viento negro que apartó el humo que aún quedaba. A través de la claraboya del techo la leve luz entraba anunciando el principio del fin del eclipse.
La forma del suelo empezó a tener luz. No se movía. Estaba… estaba muerto. Los ojos de Ann brillaron con lágrimas contenidas. Había pasado demasiado tiempo, quizá demasiado tiempo para esperar que todo estuviera bien. Su aura se extendió a su alrededor en un escudo que ella no había convocado y reconoció en él la magia de Harry.
El adolescente permanecía aún quieto, de pie, mirando hacia la claraboya, observando como despacio, poco a poco la luz iba entrando en aquella sala oscura. La mirada de Ann le reclamaba ayuda, le imploraba algo que ni ella estaba segura de lo que era y que él ni siquiera sabía si podría hacerlo. Se tambaleó cuando las piernas no le respondieron la orden de avanzar hasta Annie. Severus Snape pasó un brazo por su espalda y Harry se apoyó en él. Caminaron despacio hasta donde estaba la mujer y Harry apartó a Snape de su lado extendiendo una mano hacia Ann. No dudó. Ninguno de los dos lo hizo. Quizá el cuerpo inerte sólo necesitaba recordar algo… recordar que tenía que seguir viviendo por la gente que le estaba esperando.
La misma magia que había inundado la habitación de la casa de Remus aquel verano cuando sus manos se habían tocado empezó a brillar antes de que sus dedos se rozaran. La calidez que emanaba del cuerpo de Ann chocó con la frialdad de la magia negra que en aquel momento inundaba el cuerpo de Harry. El resultado fue una luz brillante, cegadora que se extendió por toda la sala hasta concentrarse en una columna de luz intensa, blanca y dorada con vetas negras rodeándola en forma de espiral. El cristal de la claraboya saltó en mil pedazos cuando la luz salió disparada hacia arriba. La luz de la luna chocó con la columna de magia blanca, de magia pura, la magia más pura de la bondad y del mal, del amor y del odio. Un rayo concentrado de magia impactó sobre el cuerpo inerte de la sala y Annie tuvo que cerrar los ojos al ver el cuerpo sacudirse como si estuviera siendo electrocutado. Cuando giró hacia Harry, él también había cerrado los ojos.
La voz de Danielle llegó cuando la luz empezaba a disiparse. El susurro del nombre de Sirius en voz de la mujer hizo que Ann volviera a abrir los ojos. Harry se rindió a la fuerza que los separó como una corriente eléctrica y si no hubiera sido por Snape que lo sujetó a tiempo, hubiera caído al suelo.
Annie sólo pudo mirar el cuerpo que milagrosamente, empezaba a moverse tan despacio que parecía imposible que lo estuviera haciendo. Los músculos de las piernas empezaron a moverse, los brazos se estiraron y el cuello crujió ante el leve movimiento. El cuerpo, tumbado sobre su espalda abrió los labios resecos y tomó una gran bocanada de aire que inundó sus pulmones, aire libre de oscuridad, libre de maldad, simplemente aire. Ann se sintió desfallecer y cayó de rodillas sobre la superficie mientras miraba como aquel hombre al que había amado más que a su propia vida, regresaba a ella.
Demacrado. El cuerpo casi esquelético, la cara con cortes de sequedad y los labios cortados por el agua que no había bebido; los ojos hundidos en las cuencas, el cabello más largo de lo normal, alborotado, sucio y despeinado; la ropa hecha jirones y las manos llenas de heridas como si de algún modo hubiera intentado durante años salir de algún lugar; en su mano derecha, la varita, misteriosamente impecable, parecía formar parte de su propio cuerpo. Estaba horrible y sólo podía compararse con ser la sombra de lo que alguna vez fue… ni siquiera después de salir de Azkaban se había encontrado en tan mal estado. Y sin embargo, para Annie, la luz volvió a brillar cuando Sirius sonrió.
Harry respiró con dificultad mientras miraba hacia la claraboya libre de cristales. La luz de la luna brillaba más que nunca. El eclipse había acabado.
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Había ocurrido algo. La magia había cambiado. El bosque prohibido estaba más oscuro que nunca. El frío le helaba los huesos e incluso en las piedras de los pasillos y los muros parecía que Hogwarts temblara.
Dumbledore tomó las antiguas runas que pocas veces consultaba por el gran poder que requería su empleo. Realizó un complicado hechizo y las lanzó sobre la mesa de madera de su despacho. Abrió los ojos ante lo que indicaban.
La magia había sido desatada y atada nuevamente. Eso sólo podía significar que alguien había reclamado el poder del Primero y había sobrevivido a ello.
Fawkes no estaba en su percha.
Intentó rastrear su presencia. Fawkes no estaba en el castillo.
Harry Potter tampoco.
Supo entonces que lo había perdido para siempre y que además se había ganado un temible enemigo.
Tendría que seguir con su plan. Necesitaba ese poder… y el que fuera oscuro no importaba.
Necesitaba esa magia para ser inmortal. El tiempo se acababa y Dumbledore no estaba dispuesto a morir sin haber sido el mago más poderoso de todos los tiempos.
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Una sombra se deslizó a través de la lúgubre mazmorra en la que Voldemort se había encerrado. Una sombra que había escapado de la sala de misterios del Ministerio. Una sombra que había incitado a las demás a atacar y así se había salvado. Una sombra que había sido convocada por Lord Voldemort.
La furia del señor oscuro por haber perdido la magia del Primero se transformó en una carcajada tenebrosa y cruel al percatarse de la sombra que acababa de presentarse ante él.
Nagini siseó curiosa. Sólo había visto a su amo tan contento en una ocasión: una noche de Halloween hacía ya dieciséis años… No pudo evitar preguntarse qué le había puesto de tan buen humor. No se preocupó demasiado. Tarde o temprano se lo diría. Su amo confiaba en ella. Su amo se lo diría.
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Bueno, pues esto es todo!!
Que tal?? Bien? Mal? Demasiado corto? Demasiado largo?
En fin, ya sabéis donde dejar los comentarios ¿verdad?
Un besito a todos!!
Nos leemos pronto!!
