Hola a todos espero que estén muy bien, los dejo con un nuevo capítulo :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 21
Peeta me toma en brazos y me lleva a su habitación, reinan en él cuadros cubiertos con sábanas y el olor a óleo, me deposita en su cama con cuidados, se quita su prótesis y se acuesta a mi lado, nos mimamos, el me acaricia el pelo y yo su pecho, veo sus cicatrices supongo que son de los juegos y me estremezco, paso mi mano sobre ellas como si con eso pudiera borrarlas y poco a poco voy quedándome dormida.
Corro por las calles de La Veta completamente desnuda, la gente me mira y se ríe de mí, tengo frio, mis pies desnudos tocan la nieve y el viento eriza mi piel, sin notarlo llego a la casa de Peeta. La puerta está abierta así que entro y lo busco desesperada por toda la casa, todo está oscuro y vacio, corro hacia el segundo piso y recorro un largo pasillo rojo, es el pasillo del burdel, el aire está viciado y tras las puertas se escuchan gritos y gemidos de las parejas que están teniendo sexo. Busco la única habitación que conozco, pero al abrir la puerta veo a Peeta con una mujer, gimen mientras él la enviste con violencia, se da cuenta de mi presencia y grita.
- ¡Vete puta no te he llamado!
Un grito de horror sale de mi boca, el se da vuelta desbocado y veo que la chica con la que esta soy yo, delgada hasta la inanición, su piel es amarilla y sus ojos perdidos, pero soy yo. Tapo mis ojos porque la visión de mi misma así me pone enferma, una mano toma mi muñeca, pero no es Peeta sino Gale quien me obliga a mirarlo, me toma de los hombros y me azota contra una pared, para poder acariciarme, vuelvo a mirar hacia la cama y veo a Jane, rodeada de un colchón de sangre, los colgajo de carne cuelgan de su espalda y sus ojos sin vida me miran fijamente.
- ¡JANE NOOOO! – me levanto de golpe, tratando de tapar mi desnudez, alejándome de los brazos que me rodean pensando que eran de Gale, pero es solo Peeta, me toma en sus brazos y me susurra palabras cariñosa.
- Es solo un pesadilla Katniss, tranquila – su voz suave, su tacto fuerte me regresan a la realidad. Respiro profundamente hasta que dejo de temblar.
- Lo siento si te asuste – ahora me inunda la vergüenza, mis pesadillas son muy privadas, donde me enfrento cara a cara a mis más grandes miedos.
- ¿Quién es Jane? – pregunta Peeta aun rodeándome con sus brazos.
- Nadie – respondo secamente, no quiero hablar ni de ella, ni de mis pesadillas ni miedos - ¿Qué hora es? – Peeta se estira hacia el otro lado de la cama para ver el reloj de velador.
- 6:40 – responde secamente, miro por la ventana, ya amaina la tormenta y todo está cubierto de blanco.
- Me tengo que ir – me levanto buscando la ropa, pero recuerdo que todo se quedo abajo así que tomo una sabana para taparme y me dirijo al salón, me quedo un rato mirando el sillón, único testigo de lo que paso en la tarde.
- No vallas – me susurra Peeta, besa mi cuello y acaricia suavemente mis brazos desnudos, ese leve contacto me hace temblar.
- Sabes que no puedo – me separa de él dos pasos, lo suficiente para que mi racionalidad funcione y me pueda vestir, pero vuelvo a flaquear cuando lo veo completamente desnudo, aunque no es muy alto es fuerte, su pecho es ancho y duro y su abdomen se marca levemente, su oblicuos terminan en su miembro, que empieza a endurecer.
Empiezo a vestirme en silencio, dándole siempre la espalda tratando de alargar los momentos que me quedan en esta casa a su lado, cuando me doy vuelta el también esta vestido, me abraza fuerte hasta que yo me decido por devolverle el abrazo.
- ¿Qué pasa Katniss? – me susurra en el oído.
- No quiero irme, ni hoy ni nunca – me es mas fácil hablar cuando no lo miro a la cara – perdóname una y mil veces, porque ya te he fallado y lo seguiré haciendo.
- No me pidas perdón – Peeta toma mi rostro entre sus manos, como siempre hace cuando quiere que yo entienda de lo que dice de verdad lo siente – Gracias, ha sido una tarde maravillosa.
- Para mi igual – sonrió avergonzada.
- Te amo- me besa, con ternura y delicadeza, me abraza con fuerza, demostrando que no me quiere dejar ir y yo tampoco quiero irme, en sus brazos soy completamente feliz.
- Yo también – le digo cuando nos separamos y me dirijo rápido a la puerta sin mirar atrás, porque si lo hago no saldré nunca de aquí.
Cuando llego al burdel se ponen a trabajar inmediatamente en mí, ahora me toca ir a la mansión Schwager, la familia más rica del distrito dueños de las minas. Me colocan un vestido azul rey ceñido al cuerpo y de un solo hombro, mis labios rojos, unas pestañas postizas larguísimas y como último toque un moño alto. Me despido de Ailen porque con la muerte del jefe Cray ella se tendrá que quedar más días en el burdel, me dan un abrigo largo color negro y unos tacos aguja gigantes que me hacen doblar mis tobillos. Un auto me espera en la entrada, su chofer un hombre de mediana edad no me deja de mirar por el retrovisor, fijo mi mirada al camino entre el bosque, todo tiene un toque mágico con el atardecer y la nieve, el viaje es mucho más largo que lo que esperaba así que aprovecho ese tiempo para relajarme.
La mansión es enorme, rodeada de bosques de pinos y alerces bellamente adaptados, me hacen entrar por una puerta de servicio y una sirvienta me lleva a un estudio hermoso, paredes y pisos de madera, con un aire retro y tantos libros juntos que jamás había visto. Me siento en un pequeño sillón frente a la chimenea, dejándome llevar por la danza de las llamas. Luego de un rato la puerta se abre.
- Buenas noches señorita – me saluda el señor Schwager, de unos 40 años, alto, rubio y ojos azules, con típicos rasgos de comerciantes, lleva un elegante traje color azul – ¿se le antoja algo? ¿te, algo más fuerte o algo para comer? – niego con la cabeza – estas callada Katniss Everdeen.
- ¿Cómo sabe mi nombre? – le pregunto asombrada, que un hombre tan importante sepa el nombre de una chica de La Veta.
- Conocí a tu madre, tu padre murió en el accidente de la mina y tú eres la única mujer que se atrevía a salir del distrito para cazar – no sé qué decir frente a eso, siento que me ha quitado una máscara, no tengo armas contra él – ¡quítate la ropa!
Con lo del jefe Cray llevaba dos noches sin trabajar y con todo lo que paso hoy con Peeta, esto me cuesta mucho más que antes, siento que lo estoy engaño, me levanto para poder sacarme el abrigo, el hombre se sienta en el sillón donde estaba recién con un vaso de líquido ámbar en su mano, me quedo quieta frente a él para que observe mi vestido, pero él se queda fijo viéndome así que entiendo que debo continuar. Me doy vuelta y el me baja el cierre de mi vestido, este cae por mi cuerpo dejando al descubierto un hermoso corset negro de encaje, unas pantaletas con porta ligas. Él toma mi cadera y me da vuelta, acaricia mi vientre y mis caderas hasta que su recorrido termina en mi trasero, me observa detenidamente un largo tiempo hasta que me empuja para que quede a horcajadas sobre él.
Los recuerdos me golpean con fuerza, como Peeta y yo nos amamos completamente. No puedo evitar recordarlo, desear con todo mi corazón que mis noches sean solo suyas. El señor Schwager juega con mi sostén y hábilmente saca el broche. Peeta vuelve a luchar con el broche de mi sostén, me rio en su cara hasta que por fin lo logra. Le saco la chaqueta y la camisa rápidamente, acaricio su pecho mecánicamente, pero el empieza a respirar agitadamente, no indiferente a mis caricias. Empieza a jugar con mis pechos, acariciándolos y pellizcando mis pezones. Cierro los ojos.
- Son hermosos Katniss – escucho a Peeta.
Abro mis ojos de golpe, pero nada ha cambiado, sigo con un hombre desconocido, empieza a acariciar mi intimidad vigorosamente y ese nervio entre excitación y miedo me embarga, me centro en su miembro que cada vez es más evidente contra su pantalón, abro el cierre y libero su hombría. Noto el bulto en su entrepierna así que empiezo a moverme, rozándolo con mi sexo, los gemidos de Peeta son guturales y cada vez se hacen más intensos.
- Katniss te necesito… ahora.
Me penetra de golpe, fuerte y vigoroso, empiezo a moverme, su miembro entra y sale de mí, el me agarra mis caderas con fuerzas, empujándome para que la unión sea más intensa, en una explosión de sensaciones nos dejamos llevar por el desenfreno, él está invadido por la lujuria y yo lo monto con odio, sentimientos tan fuertes lo llevan rápidamente al orgasmo. Él se para rápidamente para ponerse su ropa, yo tiemblo sobre el sillón, el señor Schwager toma su chaqueta y sale del estudio.
- Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en el para siempre. – Me derrumbo en el sillón y lloro amargamente.
Bueno, Katniss volvió a estar con otro hombre… estamos en la etapa de la tranquilidad antes de la tormenta… estoy muy emocionada por lo que viene!
Ya saben que cualquier cosa a los comentarios
Adelanto:
Todo empezó en la sorpresa,
en un encuentro casual,
pero la noche es traviesa
cuando se teje el azar.
Sin querer se hace una ofrenda
que pacta con el dolor
o pasa un ángel,
se hace leyenda
y se convierte en amor.
Nos leemos
Arroz
