Hetalia le pertenece a Hideakaz H.
Espero y sea de su agrado
Cap. 21 Verano, olvídame
Había esperado lo suficiente como para saber que ella no llegaría como lo había prometido, y no me sorprendía y ni me entristecía; era normal, era lo más sensato.
Invierno había llegado ya, y yo me sentía tan dormido y tan inactivo, ¿qué pasaría cuando verano llegara otra vez? Me gustaba pensar que todo terminaría para mi bien y para el de Isabel, aunque estaba consciente que mentía con lo último, pero necesito creer que lo que hago está bien a pesar de que no lo es. Reí por debajo ante mis pensamientos, lo que uno llega a pensar cuando está solo.
Miré al cielo, observando el agradable amanecer, parecía que después de todo, sería un mal día para mí, y que egoísta me hacía sentir aquello.
Hoy empezaban las vacaciones de navidad y no quiero regresar a casa, no quiero ver a mi padre otra vez. No quería regresar a esa hacienda si Isabel no estaba en ella, pues mi hogar se había convertido en mi personal reclusorio desde que Isabel y su madre se fueron; ya nada era igual. No desde que supe que la falta de Isabel era de vital importancia para mi bien, y sólo por mi bien.
Mi móvil empezó a vibrar, alguien estaba llamándome. Rápidamente saqué el móvil de mi bolsillo y de reojo vi de quien era el quien llamaba por mí. Me sorprendí y tomé la llamada, alarmado.
- ¿Hello? – hablé inseguro, realmente esperaba una muy mala noticia. La persona que me llamaba se disculpó por la hora y que tenía muy malas noticias. Dejé de prestar atención a lo que decía aquella mujer tras la línea, algo dentro de mí ya lo presentía, algo me estaba diciendo que mis planes quedarían todos frustrados, pero eso… dejó de importarme. Subí la mirada al cielo, observando cómo unas oscuras nubes comenzaban a cubrir todo el claro cielo y amenazaba con llover. No lo fue, un relámpago iluminó la recién oscuridad del derruido edificio, un destello en los cristales de mis gafas, para después caer un rayo acompañado de un estruendoso rugido del cielo.
Y las nubes cumplieron su amenaza…, empezó caer la lluvia sobre mí, mojándome en cuestión de segundos. Lo sabía.
Corte la llamada, y arrojé el móvil al suelo, comenzando a correr por los pasillos viejos, acompañado por la lluvia que se mezclaban con mis lágrimas.
- Dammit…! – murmuraba impotente, mientras seguía con la desesperada carrera que nada alcanzaba. Fue fácil llegar a los nuevos edificios y pasar por alto el edificio de recamaras, para poder llegar con gran velocidad a los oficinas del director y subdirector. Llamé a la puerta de sus oficinas pero al no tener respuesta, opté por abrirla sin permiso y entré. Las cabeceras de la institución me observaron con sorpresa al verme entrar, deteniendo toda actividad, pues al parecer el subdirector germano estaba por llamar por teléfono.
- ¿Alfred? – preguntó el subdirector.
- No le digan… - supliqué, acercándome a los directores que me observaban sin comprender qué es lo que estaba pasando.
- Se más claro, jovencito. – contestó Aureliano, el director, preocupado por mi recién pedido.
- No le digan nada a Isabel, ella no debe saberlo… - respondí con mayor determinación pero aun con la voz suplicante, tomando al director del cuello de su camisa, tratando de no llorar.
- ¿Isabel? – preguntó interesado, y sin esperar una respuesta llevó su mirada al subdirector, inquisitoriamente, seguido éste suspiro con notable disgusto.
- Isabel Montero, la estudiante becada que fue admitida por recomendación de un profesor. – respondió el profesor, para después añadir que recientemente habían tenido una llamada por parte de un amigo de su familia. – Hemos sido informados que la madre de la joven Isabel ha sido internada en un hospital por problemas del corazón y que no tiene probabilidades de recuperarse.
- Necesita de un trasplante del corazón inmediato, pero su tiempo se está acabando. – mencioné, informando de más a los directores. – Por favor… no le digan nada a Isabel.
- ¿Pretendes que Isabel no sepa de la condición de su madre hasta que ésta esté muerta? – cuestionó el subdirector, indignado.
- Sí. – no dudé en responder. – Pero que sea hasta que pase navidad, de igual forma ella no podrá ir a su ciudad. – dije ¿inseguro? Sonreí para calmarme pero lo único que obtuve fue una dura mirada de ambos directores.
- Podría morir en cualquier momento.
- Por favor… no le digan. – y volví a suplicar.
Ambos directores se vieron a los ojos mutuamente sin saber cómo responder ante mí suplica que fue más desesperada que las anteriores. Callaron por un breve momento para después decirme con autoritaria voz:
- Alfred, nosotros no podemos decidir eso. Es nuestra obligación hacerle saber a Isabel la condición de su madre.
Los vi a los ojos y salí de las oficinas. Tenía que encontrarme con Isabel antes de que los profesores de informaran acerca de la condición de su madre y retener a que éstos lo hagan, no hasta que pasara navidad, por lo que, ignorando que no había dormido por toda una noche y seguía con el mismo y ridículo traje mojado que ni usé para el propósito que había propuesto, seguí con mi camino en busca de Isabel. Pensé en primera instancia que Isabel estaba en su habitación y sin importar que estaba prohibido entrar al edificio de las chicas, siendo un chico, me adentré a éste, alarmando a las chicas que estaban en los pasillos platicando con sus amigas o que recién salían de sus habitaciones por el desayuno, listas para irse a de vacaciones de navidad. Me seguí de largo, buscando sólo a una de entre todas ellas.
Escuché mi nombre, volví mi vista hacia la propietaria de aquella voz. Era Catalina, mejor amiga de Isabel, que se acercaba con paso apresurado, a mi alcance.
- ¡Detente ahí! – dijo una vez en frente de mí, molesta. – Ni te atrevas a acercarte a Isabel porque me conocerás de verdad.
- ¿Está Isabel en su habitación?
- No, no ha aparecido desde anoche. – respondió tajantemente. – Pensé que estaba contigo, pero le alegra que no haya sido así. – Catalina se dispuso a darse la media vuelta para apartarse del rubio que le provocaba cierta enemistad al sólo verle, pero antes de que pudiera continuar su mano fue tomada por el norteamericano, obligándola a volver su mirada hacia él, que impetuoso la empujó contra la pared. Catalina quedó estática al sentir tal fuerza en el joven que a su parecer sólo era un chico que buscaba ser el centro de atención.
La observé directamente a los ojos, ignorando todo el alboroto que empezaba a ocasionar en las chicas que observaron tal acción sobre Catalina. Elizabetha no tardaba en llegar. La solté y con una pequeña sonrisa me despedí de Catalina, no sin antes decirle:
- My Darling, dile a Isabel que la estuve esperando. – y me escurrí por los pasillos con rapidez, evadiendo a las chicas que trataban de retenerme. Fácilmente salí de aquel edificio y me perdí en los miles de pasillos alrededor de la institución, hasta que cierta chica me detuvo, una chica que me miraba con una faz no muy feliz.
Era Natalya, hermana menor de Iván. Me hizo una seña para que me acercara a ella y eso hice. Al llegar a su lado ésta sonrió de mala manera.
- El consejo estudiantil te está buscando por el alboroto que ocasionaste. – dijo
- Mejor dime algo que no sepa. – respondí con una gran sonrisa. - ¿Dónde está tu maldito hermano?
- Cuidado con tu lengua – amenazó. – Y te responderé por compasión, no a tu pregunta pero tal vez a algo que realmente te interesa.
- Al grano.
- Isabel está en la habitación de mi hermano Iván. – dijo con gran simpleza, observando la incesante lluvia. – Ups… - se tapó la boca inocentemente con su mano izquierda. - Respondí a dos preguntas. – y lustró en su pálido rostro una media sonrisa. Escupí al suelo, enfermo y lleno de coraje.
- You bitch. – Seguí con mi camino, ignorando cómo la pálida mujer me seguía observando desde lo lejos, divertida.
- Eso pasa cuando rompes una promesa, idiota mentiroso. - susurró.
Me dirigí al edificio de los chicos, ignorando a Arthur que alterado me preguntaba qué es lo que había hecho en el edificio de las chicas, que buscaban por mí y que debía de reportarme en la dirección con prontitud o sino los castigos podrían ir peor, no obstante lo hice a un lado y seguí avanzando a la habitación de Iván.
Sentía una furia revolcándose en mi estómago, quemándolo todo dentro de mí. Me sentía frustrado y molesto, pero también me sentía triste y apenado, ¿me había abandonado por estar con él? Pues bien, creo que el protegerla de la realidad de la prominente muerte de su madre ahora era una idea ridícula.
Estando frente a la puerta del ruso, suspiré y de una patada tumbé la puerta. Lo primero que vi fue a Iván que estaba a pie de su escritorio, colocándose su bufanda rosada. Me miró estupefacto, pero antes de que dijera algo le propiné un puñetazo al rostro que lo hizo caer al suelo con sangre brotándole del labio roto.
Me quedó observando desde el suelo, serio; pero no hizo nada, sólo se limitó a limpiarse la sangre con el dorso de su mano. Otros chicos entraron y me tomaron por la espalda, tomando mis brazos para después tirarme al suelo. Aun desde el suelo me dispuse a buscar a Isabel en la habitación pero ella no estaba ahí…
Sólo estaba el lazo de su trenza en la cama…
Miré con gran odio al ruso y éste me devolvió la misma mirada.
- ¡Alfred! – escuché a Arthur gritar. – Idiota, ¿por qué lo has hecho?
- ¡Por ella! – grité a todo pulmón, espantando al mismo Arthur que me observaba incrédulo. - ¡Todo lo he hecho por ella y no por mí…!
¿Mis lágrimas, eran mis lágrimas las que caían al suelo?
Empecé a tirar con fuerza el agarre de los chicos que me tenían contra el suelo, haciéndolos tambalear y perder el control, pero eran lo suficientes como para lograr zafarme del agarre. Tiraba con fuerza, me sacudía tratando de escapar, no lo soportaba.
- ¡Ella es la culpable de todo! ¡Lo he hecho todo por ella y no lo sabe, no quiere saberlo! – me quejaba en gritos. – Quise ser un héroe para que al final me convirtiera en villano sólo por el bien de ella…, decidí ser el malo del cuento, era la única forma de lograrlo. No había escapatoria, sólo tuve que amarrarme el corazón y fingir que era por mí… ¡ustedes no saben cuánto sufría al verla odiarme! ¡No tienen ni la puta idea de lo infeliz que me hacía sentir el verla llorar por mí culpa y tratar que eso me gustaba, siempre fingiendo! – dejé de tirar, una mano me tomó de la nuca y fuertemente empujó mi rostro contra el suelo.
- ¡Silencio! – gritó Ludwig, que había escuchado todo el alboroto desde su habitación y que salió para checar. Su sorpresa fue más que desagradable al verme en la habitación de Iván, y sin dudarlo se acercó para callarme. Estaba sobre mí, ejerciendo toda su fuerza sobre mi cabeza. – No trates de involucrarla en tus estupideces, Alfred. – habló con una autoritaria voz.
Iván lo miró y volvió la mirada al suelo, Ludwig sólo bufó cansado.
Opté por quedar callado.
Otoño era un peligro, pero invierno también lo era para otoño. Reunidos, todos, éramos un peligro para primavera.
Tras ese evento, me llevaron a la dirección donde allí me esperaban Elizabetha y demás chicas, quien por supuesto estaba Catalina y todas sus amigas, observé cómo la Emilia me observó con gran despreció; también estaba ahí Iván y sus dos hermanas menores, una asustada y otra aferrada a los brazos de éste, sonriente. Resoplé cansado, ¿todo este alboroto por encontrar a Isabel?
Reí en mi mente, desilusionado; ella ni siquiera aparecía.
Los directores al verme suspiraron cansados, esta no era ni la segunda vez que terminaba en este lugar. Y, para qué decirlo, pasó lo que tuvo que pasar…
Llamaron a mi padre. No le temía a los castigos ni a las represalias de todos éstos, sino que lo que más me atemorizaba era escuchar la voz de mi padre tras la línea telefónica. Matthew estaba a mi lado cuando eso ocurrió, mi padre estaba furioso, otra vez, y me amenazaba con retirarme del instituto y desheredarme, pero eso no me importaba, lo único que me preocupaba era que él se diera cuenta de que Isabel está en esta misma institución.
La idea me aterraba y me enfermaba. Parecía estúpido, pero el temor de que ese maldito pusiera sus manos sobre el cuerpo desprotegido de Isabel seguía latente en mi subconsciente.
Todos gritaban, Ludwig ya no era tan indulgente, Catalina estaba muy molesta, Arthur trataba de amenizar las cosas, Elizabetha estaba pidiendo mi expulsión, Iván estaba en completo silencio, los directores sólo escuchaban atentos, y yo, patéticamente, sólo esperaba a que Isabel.
No tuve que esperar mucho, pues la vi cómo entró a la dirección, con determinación y con una muy preocupada faz.
¿Preocupada por mí o por Iván?
Todos callaron al verla, Ludwig volvió la vista a otro lado, sonrojado; y la escucharon hablar.
- Por favor, no sean tan duros con Alfred. – y dejó a todos helados. Catalina corrió a su lado para llenarla de preguntas a las cuales se negó a responder. – Él siempre ha sido muy volátil y tonto. Muchas veces se deja llevar por sus emociones y no sabe lo que hace. – sonrió cálidamente, apartándose de Catalina para acercarse a mi lado. – Alfred ha sido un buen amigo desde la infancia y le conozco mejor que nadie, a pesar de que ha cambiado un poco, sigue siendo él. Un terco de primera. Por lo que, directores – se dirigió a ellos, – me gustaría recibir también parte de su castigo, pues yo también soy culpable. – Arthur miró incrédulo a la morena como el resto de nosotros, estábamos absortos de lo recién dicho por Isabel que se mostraba tranquila y sonriente.
- Está bien, Isabel. – respondió el director desde su escritorio. – Pero antes de que recibas tu castigo, me parecería conveniente lo que él tiene que decirte. – lo observé molesto, era lo último que quería hacer en estos momentos, no de eso, sin embargo, no tuve otra opción que hacerlo. Volví mirada hacia ella y con una muy seria voz le dije:
- Isabel, Rossi morirá en unos días.
La segura mirada de Isabel se esfumó; presencié cómo primavera muere ante el cariño de verano. Verano la protegía pero al final terminaba matándola.
- Perdón…, pero ella deseaba que no te enteraras de ello.
- ¿Qué…? – miró a los directivos, buscando respaldo en ellos pero lo único que pudo ver fue el cómo ellos afirmaban con la cabeza.
- Tiene tres semanas de vida o menos…
Quise abrazarla y prestarle mi hombro para que llorara en él, pero no lo hice; sólo observé cómo Catalina y Emilia la cubrían en sus brazos, tapando sus lágrimas y sollozos.
- Maldito… ¿por qué te callaste? - dijo aun entre los brazos de Catalina y Emilia.
- Soy muy egoísta… - respondí. –, quería todo el dolor de su muerte para mí solo… - pensé, contrariado.
- Lo sé… - dijo con una débil sonrisa.
Ese fue el último día que vi a Isabel…
Pasaron dos semanas desde aquello y he estado en más de tres clubs limpiando sus desastres, así como tres semanas de retención en mi habitación después de la limpieza. Se me quitó cuanto privilegio tuviese. Me confiscaron los dos teléfonos móviles, los auriculares, la pc, el pequeño estéreo y mis CDs, y los videojuegos portátiles; se me removió del equipo de béisbol y tuve que ser enviado a extraordinarios en todas las asignaturas, así como el negarme las vacaciones de tres días de navidad –esto fue más un alivio que un castigo-, y estar archivando los fines de semana documentos de los directivos. Fueron dos semanas muy estresantes puesto que tenía a Arthur sobre mí todo el tiempo, vigilando mis pasos.
Fueron las dos semanas más vacías de mi vida, bueno… creo que exageraba…
O tal vez no.
Ella ya no estaba aquí, ya no más… había ido a nuestra ciudad, al hospital a cuidar de su madre por última vez.
Ese mismo día tomó sus cosas y se marchó, no dijo adiós ni volvió la mirada. Sólo se marchó dejando a más de tres tristes jóvenes llenos de dolor.
Iván trató de seguirla pero ella se lo impidió…
Ludwig sólo la abrazó diciéndole reconfortantes palabras, ella sólo dio las gracias…
Todos sus amigos latinos la abrazaron y lloraron lo que ésta no se atrevía a hacer, hasta Martín resintió su partida, e Isabel sólo les sonrió amargadamente.
Matthew se aferró a ella, persuadiendo que no se fuera; él sabía que ella no regresaría…
Y yo, desde el cristal de mi ventana, vi como partía en silencio. Me observó desde lo lejos, y movió sus labios, diciéndome algo que fácil deduje: [Alfred, pórtate bien.]
Y se fue, y me frustra saber cuándo regresará, y me da miedo el que nunca lo hará; me aterra saber esa fue nuestra última despedida. Me mortifica el sincero "no te vayas" que no pude pronunciar aquel día.
Estaba en la cafetería, sentando y en silencio comiendo del platillo que hoy habían preparado para el desayuno. No terminaban por no agradarme los vegetales, pero era lo único que comerías hasta la cena y tenía mucho que limpiar en los clubes. Todo se sentía tan extraño a mí alrededor…
Como cuando Isabel aun no ingresaba a esta institución.
Aunque estuviese rodeado de personas y tuviese la atención de todos, eso ya no me satisfacía. El sabor de la soledad sabe a hiel y miel, sabe a necesidad.
Todo se volvía tan simple, tan simple…, tan simple que se complicaba todo. Tan simple de sentirse mal y sentirse bien, pero no… estaba en un punto en el que sentirse bien y mal no importa, porque ninguno me era suficiente como para saber el cómo estaba…
Suspiré… y por el rabillo del ojo noté cómo un objeto se acercaba a mi rostro. Mis impulsos me hicieron actuar de forma rápida, tomando la bandeja de aluminio, protegiéndome el rostro. Sentí la fuerza del golpe o mejor dicho, la puñalada que intentó entrar sin más.
La bandeja y cuchillo chocaron, y el rechinido del cubierto contra bandeja hizo a todos callar. Todos miraron en sorpresa la recién agresión, agresión perpetuada por el euroasiático que no dejaba de temblar en ira y volvió a atacar.
Gritos se oyeron en todo el comedor.
No resistiría otro golpe y, siendo francos, no es como si quisiese hacerlo.
Caí de espaldas contra el suelo con la bandeja como escudo, y un ruso como enemigo. No se hicieron esperar las exclamaciones de quienes observaban desde lo lejos, indispuestos a ayudar. Y no me sorprendía, Iván era alguien quien no encajaba mucho en los grupos sociales de ningún tipo.
Nunca me dijo algo, sólo miraba mi cuello y el filo del cuchillo que portaba. Sabía que él estaba desesperado, y entristecido.
Miré con tristeza al ruso que era llevado en brazos por varios hombres, lo miré con cierta envidia. Yo también quería decir algo en concreto, decir que odiaba la situación actual, decir que me sentía mejor o que todo mejoraría, pero no…
Sólo me sentía en un hondo sinsentido.
Y esta sensación incrementó cuando Arthur, en una muy triste confesión, me dijo que tras dos semanas de lucha la madre de Isabel había muerto…
Su soporte, su amiga, su madre, y la madre que siempre deseé; se había ido, había partido al comino sin regreso, el camino que nunca alguien quiere visualizar.
Había demasiadas razones por la cual nunca dejaba de pensar en ella, existían miles de razones para nunca olvidarla, había razones del por qué me gustaba molestarla y odiarla mientras sabía que no tenía otro modo de transmitir mis confundidos sentimientos. Había razones por la cual siempre sonreía cuando la escuchaba o la miraba, pero, existían más razones por el cual sólo quería que mirase a mí y sólo a mí.
Siempre fui una persona muy egoísta, pero nunca pensé que ella sacara lo peor de mi personalidad; nunca pensé que yo sería el quién le hubiese ocasionado tanto dolor sólo por mis injustificados celos o tal vez sí lo estaban.
¿Cómo podía celar a alguien que es no es nada para ella?
Sólo quería estar a su lado, pero nunca supe cómo.
Siempre fui malcriado y rebelde por ella. Tenía mis razones.
Siempre quise ser su héroe para que, en la ironía de la absurda vida, al final me convirtiese en el villano de esta historia…
Recuerdo perfectamente ese maldito día en la cual yo le humillaba frente a toda la escuela, se suponía que sólo era una broma, sólo era una broma que termino en una terrible confusión que involucraba más que mi objetivo para protegerla.
Siempre supe que la detestaba, su carácter tan altivo y orgulloso, su fuerte voz, su extraño tono de piel y el cabello crespo y negro. Esos ojos que brillaban siempre me llamaban la atención y esa sonrisa inocente y alegre que portaba me hacían odiarla hasta el punto de llegar a amarla. La primera vez que la vi entrar a mi casa recuerdo la miré por dos horas, y me sentí tan conmocionado…
La amé sin darme cuenta.
Quería estar sólo con ella y que sólo yo fuera su todo; pero pedía demasiado.
Ignoraba estos sentimientos, o traté.
Mi odio se combinaba con mi amor y me resultaba difícil diferenciar a ambos y absurdamente creí que se trataba del primero… y sólo hoy, cuando ella ya no está recuerdo que la amo más de lo que la odio.
La hice sufrir incontable veces, la hice odiarme, le di muchos motivos para hacerlo.
Ese día cuando ella se marchó lo comprendí todo, lo comprendía todo, absolutamente…
Dos veces la perdí.
Su falta me daba miedo, me lastimaba más que su odio hacia mí; su falta me hacía sentir infeliz cuando lo tenía todo; su molesta y alegre mirada, la necesitaba para subsistir.
Sus sonrisas eran mi única cura, o tal vez buscaba más que una sonrisa. ¿Cómo expresarlo? No lo sé.
Me lamenté demasiado tarde, ¿cómo podría ahora pedir perdón? ¿Cómo, ahora, podría decirle Te Amo, sin dudas ni falsamente?
Me termine odiando a mí mismo, yo y todo lo que me implicaba le causaba un dolor tanto como externo como interno, lo mejor que podía hacer era mantenerme lejos de ella… pero no quería hacer tal cosa, no otra vez.
Pensaba sobre mi cama de mi habitación de la institución, mientras observaba el techo sin motivación alguna de hacer algo más. Este aislamiento era estúpido y contraproducente.
Todo era más monótono sin ella presente.
Todo era tonto y soso
Me sentía como pez en una pecera, siempre añorando el inmenso mar, pero tan acostumbrado a la pecera, pues sé que en ese inmenso mar yo me perdería.
Pero como la extrañaba.
Medio día y muchos han intentado sacarme de esta habitación, ninguno lo consiguió. El azul del cielo que se refleja en mi ventana me desosiega, me aturde. Me es molesto pero me recuerda a ella.
Si de pronto ella llegará con su suave mirada…
Bruscamente me siento en mi cama, sin despegar el ojo de la puerta, esperándola entrar en ella…
- Tengo que ir. – Me dije decidido, si la quería ver tendría que hacer todo lo posible para hacerlo sin importar que lo mucho que me odie, yo le tengo que ver, no me rehusaré a perderla sin tenerla tan sólo por un breve instante.
La quiero sólo para mí
No dejaré que el tipo del país helado me la arrebate sin que le dé lucha.
Me levanté decisivo, tomé una chaqueta obscura, mis guantes, mi casco y unos lentes de sol.
Me fui como estaba: desvelado, sucio y sin ánimos de ser sociable. Salí y todos me observaron sorprendidos; sólo ignoré esas incomodas miradas y seguí el camino a la salida con casco en mano.
Rápidamente llegué al jardín delantero y tomé mi motocicleta que ahí resguardaba y me subí sobre ella. Prendí los motores, esperé que calentaran el motor y la eché a andar.
Salí disparado a la carretera, alejándome de la academia, a pesar de que un profesor se acercó y trató de impedir que me fugara.
Tengo que llegar a su lado.
El viaje era pesado y cansado, los caminos eran extensos y el frio de la noche y el calor del día eran insoportables, pero lo que he aprendido en todo este viaje fue algo que valoraré para toda mi vida. Lo que aprendí fue que la amo y no me importaría ir al infierno más de cien veces sólo por ella, porque dios puede esperar.
Comprendí que yo era el equivocado y que hasta un héroe se llega a equivocar y ahora necesito salvarme de este sentimiento de culpa para convertirlo en satisfacción…
Tardé tres días a motocicleta en llegar al puerto barquero, me dirigí a un pequeño barco que transportaba mariscos a mi país de origen; y con motocicleta, y un buen pago de mi parte, se permitió acompañar a la tripulación. En mar fueron más de 4 días, sin embargo al llegar a la costa de mi país no me detuve, tenía un destino al que llegar…
Una florería que en estos días se había convertido en una funeraria.
Llegué a la florería. Estacioné mi motocicleta y con pasos rudos y decididos caminé hacia esa florería; no me importa si tengo que arrastrarla para que me escuche, no me importa interrumpir esta mortuoria escena, no me importa si tengo que gritar para que me note, no me importa hacer un escándalo o tener que obligarla a que vea mi tristeza…
Las puertas estaban cerradas, no había ruido alguno así que supuse que no había nadie.
Dudé, pero ignorando mi juicio, entré por una ventana.
Como lo sospechaba, no había nadie.
La casa estaba a obscuras, estaba llena de flores blancas y cruces, el olor de la acera se percibía, ese característico olor a muerto, esa fragancia de vida perdida junto con el olor de las flores pudriéndose.
Recorrí por toda la pequeña casa, nadie, no encontré a nadie.
Busqué en los cuartos pero en ninguno estaba ella.
Subí las escaleras para la azotea de esa pobre casa, tal vez estaba ahí. Subí presuroso, doble escalón, abrí la puerta y la empujé…
- ¡Isa! – grité, la miré, allí estaba ella, dándome la espalda, sentada en un bordecito cerca de los tendederos, ella volteó despacio y me miró con su afilada mirada.
- Te vi desde que llegaste… Alfred. – Se puso de pie – Llamaré a la policía por allanamiento de morada. Vete, Alfred, no eres bienvenido.
- No me importa ser detenido, mucho menos si no soy bienvenido a tu casa. – Dije altanero, no iba a irme tan fácilmente, no hasta que me escuchara.
- ¡Vete! ¡Lo único que provocas es que te odie más! – grito con dolor
- ¡No me importa ser odiado por ti! Sólo quiero que me escuches ¡sólo quiero que me comprendas! – supliqué, camine hacia ella, ella se distancio más.
- ¿Comprender qué? ¿Qué eres un maldito hijo de puta? ¿Eh? ¿Quieres que acepte tus razones por las cuales me haces la vida un infierno? ¡El por qué me odias sin que yo te haya dado una razón o motivo! – ella cada vez se miraba más triste que enojada
La había lastimado demasiado
- ¡Sí! ¡Sí hay un motivo! ¡Quiero que escuches mis razones de mi comportamiento lascivo contra ti, sólo por la simple razón de que quiero y mucha Isabel…! Pero nunca supe cómo…
- ¿Maldito… a eso vienes? – me interrumpió, sollozando levemente, pero dedicándome una fría mirada.
- Exacto – Dije seguro, acercándome a ella
- Alfred, yo sé cuáles son tus razones… - dijo acercándome a mí, tomando mi mejilla con su mano fría… Ahora soy yo el que no comprende nada.
- ¿Enserio…? – dije ilusionado y desilusionado a la vez, eso implicaba varías cosas.
- Porque me odias y te parezco poco cosa. – dijo sonriéndome, una triste sonrisa. No quería, no debía, no eran esas las razones. Me soltó y dio media vuelta pero fui capaz de tomarla de la muñeca para que volviese a mí, de frente.
- Esas no son las razones… Isa, yo en un principio siempre pensé eso pero hace años, cuando te fuiste de la hacienda de mi padre, me hizo pensar que era por otra razón, una razón que hasta ahora he aceptado. – acerqué mi pecho contra la espalda de ella, exclamando con enojo y gran disgusto el tacto de los dos. – Isa – bajé mi mirada, consciente de lo que iba a decir - Perdóname… – hice que se diera media vuelta para que me viera a los ojos, pero ella sólo me evitó la mirada. Entonces, me acerque a su mejilla y la besé, un dulce y suave beso por el cual siempre había anhelado dárselo, un beso de arrepentimiento. Arrepentido, solté su muñeca y la abracé, rodeándola con mis brazos, entre mi pecho…
Dejé que me golpeará en el pecho y llorará, después de todo soy el culpable de ello.
- Perdón…
- No pidas perdón… - dijo entre sollozos. -, porque ahora dudo que pueda perdonarte.
Ella era primavera y él era verano…
Después de todo eran muy diferentes, pero ello no impedía que sólo por un momento ellos se comprendieran.
Se desprendió de mi abrazo y negó lentamente con la cabeza, con la mirada directa al suelo. Susurró algunas palabras que no logré escuchar por completo, y tomando una mochila que estaba en el suelo, colgándosela en el brazo. Seguido, se escondió entre las sabanas colgadas en el tendedero. Hoy era un día nublado, hoy llovería.
- Ayúdame. – pidió la morena mientras tomaba una sábana y la quitaba del tendedero. No pude negarme, sólo hice lo mismo. Doblaba las sabanas en silencio, observándola de reojo. Ella estaba muy pensativa y yo me preguntaba en lo que ella podría pensar. – Me iré de aquí, regresaré a mi país… - la escuché decir. – No regresaré al instituto…, dile a Catalina y a los demás chicos que me perdonen por no haberme despedido.
- ¿No regresarás? – mi voz se quebraba
- No lo creo. Iré con la hermana de mi mamá… - respondió con la vista en el cielo nublado, esperando por la lluvia.
- I see…
- ¿Me podrías hacer un último favor?
- ¿Qué favor?
- Olvídame. No tiene caso que vivamos en el pasado, ya nada es como antes y debemos seguir adelante. Sé que un día encontrarás a una chica que te haga sentir feliz, y no triste y confundido como lo que te he hecho sentir. Olvídame por favor.
- Y dices que yo soy egoísta. Tú también sólo te culpas a ti, cuando en realidad nadie tiene la culpa. No te preocupes por mí, recordante o no, te seguiré queriendo, Isa.
Ese fue nuestro último encuentro.
- FIN -
Ultimo capitulo para el 30 de este mes. Al final fue el 26 xD pude haberlo subido el 25 pero mi internet está pésimo (como todo servicio de Carlos Slim).
Las dos últimas partes de éste capítulo las escribí hace dos años cuando terminaba el capítulo 3 xDDD me sorprende que haya llegado a ese punto. Lo más importante es que la idea de este fic siguió en pie desde que visualicé el final.
Alfred siempre me resultó muy difícil de escribir, pues generalmente es alguien carismático y alegre, y sin mencionar que es decidido e imperativo; pero creo que quise ir más fondo con su personalidad "oscura", ya que realmente dudo que USA sea un país caracterizado sólo por alegre y difuso, creo que es más que el personaje genki/divertido de Hetalia, su determinación lo hace actuar de una forma muy 'severa' para ciertos casos. Bueno, me gustaría saber su opinión con forme a ello.
Isabel se regresa a México después de estar viviendo en USA. Desde un inicio la mamá de Isabel estaba destinada a morir :v y voy a hacerme un patrocinio (xDD se lo pueden saltar) Voy a subir un doubleshot de un crack!pairing que empezó a invadir mi cabecita: Argentina x México (xD lo sé, lo sé, pero no me lo he quitado de la cabeza u.u) será OC!male Mexico y OC!fem Argentina, comedia y ese tipo de cosas simples que se me ocurren de noche a la mañana xD
Gracias a todos los que han seguido este fic que está a un cap. de terminar. Gracias por mantenerse leyendo hasta el final y por sus lindos comentarios :3
¿Review? ¿Alguna duda? ¿Observación? ¿mano ayuda?
Nos vemos~
