Francia es el primero en salir corriendo con todas sus ganas hacia Roma, arrastrando a España y a Prusia tras él, aun agarrado de sus manos.

Roma suelta a Germania y se agacha para que España y Francia corran a sus brazos, esperándoles con ellos abiertos. Prusia se acerca a su padre con menos efusividad

—Preussen —Germania se agacha al suelo poniéndose en cuclillas frente a él, con una bolita de niños en los brazos.

—Vati... ¿qué ha pasado? —se le acerca igual

—Schweiz se encontró con un bisonte y le tenía acorralado en un árbol.

—Oh! —Prusia levanta las cejas y mira a la bolita.

—Österreich y yo tuvimos que espantarle para rescatarlo. Los dos fueron muy valientes

Prusia vuelve a mirar a Germania a la cara.

—¿Tú estás bien? —pregunta mirándole a los ojos también. El albino asiente.

—¡Pero tengo hambre!

Germania hace los ojos en blanco y le mete un empujoncito en el estómago.

—Vale, vale... Me han dicho que han atrapado unos peces —sonríe acercándose al fuego y sentándose en el suelo.

—JA! —Prusia corre también ahí, donde Roma ya está con Francia y España comiendo, le pasa uno a Germania—. ¡Yo los he pescado casi todos! Nein! ese lo ha pescado Rom, cómete este que lo he pescado yo —Prusia elige uno en concreto, más pequeño y se lo cambia a su padre. Es el único que ha pescado realmente y lo ha hecho con mucho amor, aunque sea pequeño y lo haya medio descuartizado y medio achicharrado.

Germania le sonríe a Prusia y aunque tiene hambre con para comérselos a todos y los otros parecen más sabrosos, le despeina un poco y lo toma con esa misma mano. Se gira a la bolita.

—¿Quieren comer? —pregunta bajando les de sus brazos y poniéndoles a su lado

Hay un poco de movimiento en la bolita, que es básicamente Austria viendo si puede o no soltarse, porque al menor indicio de que no, no lo hará. Suiza se suelta de su padre y abraza a Austria de la cintura con firmeza, que sigue abrazándole con fuerza protectoramente entonces. Es que se ha pegado un buen susto, además no es como que Austria quisiera soltarse realmente, solo probaba.

Germania sonríe un poco hacia ellos empezando a comer las partes comestibles de su pescado, contándoles un poco (en unas tres o cuatro palabras) como es que fue toda la aventura y pidiéndole mejor a Prusia que le explique cómo han pescado.

Prusia cuenta una historia en cómo es que él es el mejor pescador de todos los tiempos y ha pescado TODOS los pescados, excepto uno que ha pescado Roma y uno que ha pescado España que son esos que se ven ahí más feos y luego ha preparado todo el fuego y todo el solo... entre las protestas de España y la risa de Roma.

Germania termina por reírse también y cuando se termina su pescado y otro de los que se ven feos y le da un pescado a Austria para que comparta con Suiza, abraza un poco a Roma atrayéndole hacia sí, haciendo que se le recargue encima mientras escucha también la historia detallada de Francia de como unas hierbas olían mejor que otras y como es que se han escondido... Y empieza a pensar que quizás no sería una idea tan mala formar parte de una gran familia con el romano.

Roma se le echa encima sin problema sonriendo a lo que cuenta Francia... y de repente en un segundo parpadea sintiendo una perturbación en el universo indefinible.

Germania se ríe un poquito, acariciándole el pelo con la nariz al romano mientras le pregunta algo a España con bastante más naturalidad ahora y esta vez es el moreno quien parece cada vez más incómodo de alguna manera, aunque decide ignorar la sensación de desazón que conoce bien, cerrando los ojos para relajarse.

El rubio termina de limpiarse los dientes con una espina larga del pescado, sin notar la incomodidad del romano, claro, si estos pobres con trabajos notan la propia... Dándole un beso suave en el cuello y mirando el sol.

—Creo que debemos volver a casa.

—Noooon! ahora nooooo —protesta porque está cansado, aparta la cabeza para que le bese más. El germano le besa, claro que lo hace, sonrojándose un poquito.

—Más tarde se hará de noche, prefiero caminar de día con los niños —explica.

—Mmmm... —protesta y tuerce el morro.

—Ha sido un día largo.

—Vale... vaaaale —cede incorporándose y se pasa las manos por el pelo. Bosteza, para cinco minutos de tranquilidad... esta gente del norte que no sabe disfrutar de la vida y la paz y el "estar sin dar palo al agua" susurra alguna palabrota.

Germania frunce un poco el ceño sintiendo ligeramente extraño al romano; aun así le sonríe un poco haciéndole un gesto a Prusia para decirle que se van ya. Mira a Suiza, que duerme agotado acostado sobre el austriaco.

España está tirado en el suelo junto a Francia viendo las nubes mientras Prusia trata de hacer un castillo de piedras por que no se puede estar quieto. Los latinos perdiendo el tiempo vilmente.

El germano se levanta al final, estirándose un poco, sintiéndose desnudo otra vez, avergonzándose. Mira a Roma de reojo y se sonroja indicándole a Prusia que vaya a recoger su palo puesto que ya se van

Prusia lo hace y se va a por la cuerda también mientras Roma remolonea en el suelo y acaba tirado junto a sus dos pequeños.

—¡Eso parece un conejo! —declara Francia riendo y señalando una nube.

—¡Todas te parecen conejos! —se ríe España.

—Me gustan los conejos —sonríe pensando en Inglaterra.

—Mirad, ahora parece un caballo, se le está estirando el cuello —el subconsciente te traiciona, Romita.

—¿Parece un caballo? Mmm yo creo que parece una cabra —sentencia el francés.

—A mí me parece un pato —España a su bola, no creo que sepa ni de que nube habláis.

—¡Mira esa de allá! ¡Parece un conejo! —Francia es persistente.

—¡Todas te parecen conejos! —repite el español, es la hora bruja de la siesta, no le hagáis mucho caso... Roma ya tiene los ojos cerrados otra vez.

—¡Pues es que parece un conejo! —insiste Francia cerrando los ojos también y acurrucándose en su padre.

Prusia vuelve corriendo con la cuerda y el palo y pasa por el lado de sus cabezas llenándolos de tierra a los tres.

—Aggghhhhh! —protesta Francia llevándose las manos a la cara. Roma se incorpora y España hace más o menos lo mismo que Francia... es que si no no se mueven nunca salimos.

Germania se ríe un poco internamente de los tres, haciendo como que riñe a Prusia pero en realidad siendo bastante poco firme.

—Venga, chicos... Hay que volver ya o esta gente nos deja aquí —pide Roma a España y Francia, poniéndose de pie.

—No pretendo dejarte aquí, solo de hace tarde —replica Germania.

Roma le mira de reojo pasándose una mano por el pelo/estirando los músculos para quitarse la pereza y de repente recuerda que siguen desnudos... y se lo hace saber al germano con una mirada intensa en un lugar incomodo

Germania se cubre con las manos, sonrojándose de nuevo, desviando la mirada y agachándose a cargar a Suiza y Austria del suelo que le cubrirán un poco. Roma se ríe.

—¿Qué van a decir en tu casa cuando lleguemos así?

—Pues que nos han robado las ropas, ¿qué quieres que digamos?

—Non, nosotros no, ellos —le guiña un ojo y se le acerca, empezando a andar.

—Ahh... Pues... —carraspea porque no había pensado en esa parte desde que desapareció la ropa—, pues dirán que... que van a decir, a quien diga algo le cortare la lengua.

—¿Y si dicen cosas bonitas?

—Puede entonces que no pierdan la lengua —cae, sonriendo un poco idiotamente.

Roma se revuelve un poco él con una sonrisa un poquito rara, que acaba por sonrisa igual.

Germania otra vez ni se entera, acomodando a Suiza en sus brazos y a su siamés también que dormita. Se acerca un poco a Roma.

—Puede... cuanta misericordia entre los bárbaros —comenta. Germania sonríe de lado.

—Le he prometido a Preussen ir a cazar mañana...

—Sí, ya me lo dijiste... creo que nos marcharemos al llegar —asiente bastante más deprisa y sin pelear al respecto. Al germano se le seca la boca, completamente tomado por sorpresa.


Chan chan chaaan! Se masca la tragedia!