Capítulo 21


Pocos días después de que Derek se mudara de vuelta a Beacon Hills, Laura fue a verlo a su habitación mientras él estaba leyendo.

—Hey, hermanito, ¿tienes un minuto? —ella parecía calmada, pero Derek tenía la sensación de que no iba a gustarle cualquier cosa que ella quisiera decirle. Le dijo que entrara y ella se acercó para sentarse a su lado en la cama—. Mamá me pidió que te previniera antes de la reunión de mañana.

Derek levantó la mirada y observó a su hermana con enojo.

— ¿A qué te refieres con «prevenir»?

—Bien… cuando estabas en la universidad, pasaron unas cuantas cosas que… bueno, mamá decidió que sería mejor si… no te enterabas de ellas —respondió ella con calma.

— ¿Por qué carajo no?

Laura se enderezó y observó a su hermano con un aura de autoridad que era algo nuevo en ella.

—Porque ella tenía miedo de que decidieras abandonarlo todo, obviamente, y eso no era necesario.

—Sólo dime ya —murmuró Derek, mirándose las manos.

Ella comenzó contándole algunos hechos que ocurrieron y con los que ya habían lidiado —algunos Omegas formando una manada sin un Alfa y atacando a Talia para tratar de robar su poder, algunos cazadores atacando a Laura y a Damien en el bosque y otras cosas de las que Derek no había oído jamás—, entonces, ella guardó silencio un momento antes de continuar.

—Ennis y su manada se volvieron locos. Comenzaron a atacar a otras manadas hace unas semanas. Hasta el momento no ha habido muchas bajas y se han quedado en el norte; la última vez que supimos algo de ellos, estaban en Seattle. La manada de Deucalion nos está ayudando a manejar esto, pero por el momento sólo estamos observando y esperando.

Su declaración fue seguida por algunos minutos de silencio; Derek intentó procesar la información, pero todo en lo que podía pensar era que esto era su culpa, de nuevo.

— ¿Qué hay de Kali?

—No hemos tenido noticias de ella desde que esto empezó.

Se preguntó por un momento si Kali se había unido a Ennis como hizo cuando él se unió a la Manada de Alfas. Nunca creyó que Ennis iría tan lejos estando solo: aún cuando los Alfa eran algo violentos, él no era una mente maestra por sí mismo.

—Y hay más: los cazadores se marchan de Beacon Hills.

— ¿Qué? ¿Y qué va a pasar con el trato?

—El trato se dio por terminado. Kirston no tuvo otra opción, sus hombres comenzaban a desesperarse. No ha habido mucha actividad por estos rumbos en mucho tiempo; la mayoría de ellos se volvieron cazadores para matar hombres lobo. Supongo que se cansaron de esperar a que cometiéramos una equivocación. No estamos seguros, per Peter cree que oyeron de Ennis y van a ir tras su manada.

—Entonces volvemos a un pueblo libre de cazadores, no suena tan mal —pensó Derek en voz alta.

—De hecho… iba a esperar la reunión de la manada, pero… Chris y Victoria Argent se mudarán al pueblo con su hija la próxima semana. Mi contacto en bienes raíces me dijo que rentarán una casa en ese caro vecindario suburbano.

— ¿Por qué vinieron justo aquí?

—Nadie lo sabe.


Algunos meses después.


El restaurante ya no estaba. El restaurante favorito de Paige y Derek era ahora una cafetería a la moda, llena de hípsters y adolescentes. Eso no evitó que fueran al sitio una vez por semana como solían hacer antes; Paige incluso admitió que le gustaba más como estaba ahora.

Estaban sentado a una mesa en la parte trasera de la cafetería, donde habían estado hablando del clima por algunos minutos seguido de un pequeño momento en el que ambos hicieron una pausa para dar un trago a sus bebidas mientras buscaban un nuevo tema de conversación.

— ¿Entonces, cómo va esa búsqueda de trabajo? —preguntó Paige con sólo un atisbo de sonrisa en los labios.

— ¡Tú también no! ¿Has estado hablando con mi madre de nuevo? Te dije que dejaras de hacer eso —dijo Derek, dejando caer su cabeza sobre la mesa, entre sus brazos doblados.

—Sólo está preocupada; debes dejar de ser tan Drama Queen.

Él la miró antes de contestar.

—No lo soy. Sólo tengo otras cosas en mente, eso es todo.

—Cariño, hemos estado aquí por un mes. Es hora de empezar a moverse.

Con ese tono de voz, no fue difícil para Derek entender que incluso Paige creía que era patético, pero admitir la verdad sería peor. El problema no era que no quisiera conseguir un empleo, sino que no tenía idea de cómo obtener uno… o incluso dónde. Tenía un título en literatura inglesa, pero, aparte de dar clases, no tenía idea de qué hacer con él. E, incluso si trabajar con Paige —que ahora era una maestra de matemáticas en la Preparatoria de Beacon Hills, de todos los lugares que pudo haber elegido— parecía algo divertido, no se consideraba un buen maestro. Eso había quedado establecido en los pocos meses cuando intentó ser un Alfa y falló, miserablemente.

—No tiene que ser el mejor trabajo disponible: sólo necesitas algo que sea de tiempo completo y te dé dinero regularmente. Y, si lo consigues, ¡podemos volver a ser compañeros de casa!

—Me gusta vivir con mi familia, me permite pasar tiempo con Nathan.

Sólo era mitad mentira: en verdad le gustaba pasar tiempo con su hermano menor. Nathan era como un alegre mini-Derek: le gustaban los libros, especialmente cuando Derek se los leía usando voces tontas, como solía hacer en el teléfono cuando estaba en la universidad, y ambos compartían un odio total por el jugo de manzana. Pero Derek no podía negar, al menos a sí mismo, que vivir con sus padres se estaba convirtiendo en un problema… un molesto, incómodo e irritante problema.

Paige se puso de pie para conseguir otro café, dejando a Derek solo. Seguía pensando en la última conversación que tuvo con su madre, justo antes de que ella se marchara al trabajo esa mañana, mientras él estaba desayunando en pijama en frente del televisor. Aún podía escuchar el gruñido en su voz cuando ella perdió la paciencia y le ordenó que se bañara, se vistiera y saliera de la casa a conseguir un trabajo. Aún estaba lloriqueando internamente al respecto cuando Paige volvió con un latte, una hoja de papel y una enorme sonrisa en su cara. Ella puso la hoja frente a él sin decir palabra. Era una aplicación para ser barista en el Rise n' Shine Coffee Shop.


Trabajar como barista era horrible y Derek nunca desperdició una oportunidad de quejarse al respecto. Especialmente en días como ese, en los que una marea de personas iba a la tienda pensando que tenían tiempo de comprarse un café antes de ir al trabajo e inevitablemente se daban cuenta de que la espera en la fila haría que llegaran tarde a éste: en vez de marcharse y llegar temprano al trabajo como adultos responsables, se quedaban, quejándose y, cuando por fin alcanzaban a Derek en el mostrador, ordenaban algo muy complicado y demasiado sofisticado y, cuando al fin obtenían su brebaje, se marchaban sin decir gracias o sonreír y, más importante aún, sin dejar propinas.

Y, obviamente, Derek tenía que soportarlo con una grande y falsa sonrisa en la cara mientras luchaba por ser educado. Cuando todos se iban, el hombre lobo se tomaba un minuto para sentarse tras el mostrador a descansar. No era que lo necesitara, pero después de dos semanas de trabajar a tiempo completo, criatura sobrenatural o no, si se quedaba de pie todo el día, lo lamentaría. La campana sonó, indicando la llegada de un nuevo cliente, así que Derek se puso de pie nuevamente, esperando a otro hombre de negocios de horario apretado, pero se encontró con Stiles acercándose al mostrador.

Derek no lo había visto desde el día que se marchó a Stanford: en aquel entonces, Stiles aún lucía como una versión aniñada de la persona que él conoció. Ahora, en cambio, lucía casi exactamente igual que en la época en que se habían encontrado por primera vez. Algunos meses o quizá un año más joven, pero aún un adolescente torpe con el cabello a rapa, grandes ojos de color ámbar, una playera con estampado y una camiseta aderezada con una sudadera. Fue como ver un fantasma. Afortunadamente, Stiles no se percató del silencio de Derek: de hecho, ni siquiera se había percatado de su presencia, estando demasiado ocupado leyendo la larga lista de cafés disponibles.

—Bienvenido a Rise n' Shine, ¿qué vas a tomar? —dijo Derek, justo como Lucy, la dueña, le había enseñado. Tenía una gran sonrisa en los labios, pero ésta vez no la estaba fingiendo.

Los ojos de Stiles permanecieron pegados a la pizarra tras el mostrador mientras empezaba a responder.

—Hola, voy a tomar un latte con caramelo, por fa… por favor —el adolescente por fin miró en la dirección de Derek antes de terminar la oración. Dijo «por favor» con un susurro y ahora estaba viendo al barista con la boca ligeramente abierta.

— ¡De inmediato! —dijo Derek antes de empezar a hacer la bebida. Siempre se quejaba de que no había nadie para ayudarlo en las horas pico de los lunes, pues Lucy no había anticipado la popularidad de su tienda en Beacon Hills y estaba teniendo problemas para encontrar baristas dispuestos a trabajar las mañanas durante la semana, pero ésta vez, Derek estaba feliz de tener a Stiles sólo para él. También estaba contento de que no hubiera nadie cerca para verlo fantaseando con un chico de quince años—. ¿No deberías estar en la escuela?

—Uh… yo… no tengo clases hasta las diez —respondió Stiles: Derek escuchó el latido de su corazón aumentando en indicación de que eso era una mentira.

—Seguro —dijo Derek con una sonrisa mientras terminaba la bebida—. Servido, va por la casa —le tendió el latte a un sorprendido Stiles.

— Oh, ¿enserio? ¡Genial! Gracias, amigo.

—No me digas así.


Stiles dejó la cafetería con una gran sonrisa en los labios. Derek-Oh-Dios-Mío-Cuándo-Se-Volvió-Tan-Sexy-Hale le dio café gratis. Un café gratis con « ¡Ve a la escuela, Stiles!» escrito en la taza, seguido de una carita feliz guiñando el ojo.


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