Capítulo 20
- Es cierto, yo vi una bestia.-
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Recogió ese calcetín que se había caído entre toda la ropa que Mamá había cogido del cajón, queriendo agarrar la mayor cantidad de prendas que sus brazos pudieran acoger. Se preguntaba si acaso ahora Mamá no se preocupaba que la ropa se arrugara, porque la metía toda a presión dentro de la maleta. Cerró como pudo el cierre, dirigiéndose a su habitación, restregándose los ojos con las mangas de la blusa.
Mamá volvió al rato con su maleta, la tiró arriba de la cama matrimonial desarmada, y se puso a empacar sus camisetas verdes, sus pijamas, sus pantaloncillos, sus gorras, todo lo que había encontrado en el ropero.
Era extraño. ¿Por qué Mamá sólo se preocupaba de la ropa de ella y la suya, cuando siempre que iban de viaje, Mamá hacía el equipaje de los cuatro?
- ¿Dónde vamos, Mamá? – le preguntó subiéndose a la cama para que ella pudiera verlo.
- Vamos a casa del abuelo, TK. -
- ¿Y mi hermano y mi papá no vienen? –
Lo único que recibió por respuesta fue un sollozo ahogado. Mamá se sorbió la nariz ruidosamente, y más lágrimas cayeron de sus ojos. Le acarició el borde del rostro, deslizando los dedos sobre la piel tierna de su mejilla, observándole a los orbes azules, tan azules como los de ella. Trató de sonreírle, pero las lágrimas que habían hecho de su maquillaje un desastre no acompañaban el gesto amable.
- Todo va a estar bien. – y dicho eso, contestando a una interrogante que él no había formulado, Mamá tomó un bolso más pequeño del ropero, y empezó a guardar sus cremas y artículos de aseo personales.
Se bajó de la cama dando un pequeño salto. Tal vez Papá sabría qué estaba pasando. Quizás hasta lo convenciera para que fuera con ellos a casa del abuelo. Y su hermano. No sabría qué haría sin su hermano. ¿Quién iba a creerle las cosas que veía sino era su hermano?
Su hermano estaba de pie afuera de la oficina de Papá. Mirada al suelo. Las manos tras la espalda. No pareció notar su presencia cuando él pasó delante hasta entrar a la oficina. Papá estaba sentado en su escritorio, sujetándose la cabeza con ambas manos, sosteniendo entre los dedos uno de esos palillos finos que echaba humo y que le gustaba meterse a la boca.
- Papá. – llamó. - ¿Por qué tú no vas con nosotros?
Papá dio un respingo, como si hubiera sido interrumpido de alcanzar el sueño más profundo. Meneó la cabeza, restregándose el rostro con las muñecas.
- Matt, saca a tu hermano de aquí que estoy fumando. – dijo sin mirarlo.
Y antes de que pudiera hacer nada, dos manos lo tomaron de las axilas y lo jalaron por atrás afuera del despacho. Cayó de espaldas sobre el piso de madera.
- Hermano, ¿tú no quieres ver al abuelo? – cuestionó al niño rubio que lo había sacado a rastras.
- No, TK, yo no voy. – dijo con un tono de voz apagado. Se incorporó rápidamente, llevándose los puños a la altura del mentón.
- Pero, ¿por qué no quieres venir, hermano? Si la pasamos tan bien con el abuelo. – rebatió, mirándolo a los ojos, los cuales estaban diferentes. Ya no eran tan grandes ni brillantes como él los recordaba, cargados de alegría, siempre sonrientes para él. No. Ahora eran más alargados. Más opacos. Más tristes.
- No es eso, TK. Es que yo no puedo ir. – Matt movió la cabeza para ambos lados, sin saber muy bien cómo explicar lo que Papá acababa de contarle. – Yo me quedo aquí con mi Papá.
No pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas.
- ¿Por qué? ¿Por qué no puedes venir conmigo, hermano? – chilló, sintiendo cómo se le mojaban las mejillas. – ¡Yo quiero que tú vengas conmigo! ¡Y Papá también! – se le encogió el estómago al ver que su hermano negaba con la cabeza.
- No, TK. Eso ya no va a pasar. Ya no vamos a vivir juntos. Nunca más. -
Fue como si le hubieran quitado el aire. ¿Qué ya no iban a vivir juntos nunca más? ¿Por qué? ¿Qué pasaba? No entendía nada. Tenía miedo. Y lo único que atinó a hacer fue a tirarse al suelo a llorar encogido en sí mismo como una pequeña pelota.
Los brazos lo abrigaron tímidamente, rodeándole con calidez para que no se sintiera abandonado.
- No… no llores, TK. – y lo abrazó más fuerte. – Si no es el fin del mundo.
- ¿No? – preguntó, mirando a Matt por entremedio de los dedos con que se había cubierto el rostro. – Pero si ya no vamos a vivir juntos, hermano…
- Eso no quiere decir que no nos volvamos a ver. – pudo distinguir cómo Matt hacía un esfuerzo por lograr plasmar una sonrisa en su rostro melancólico.
- ¿Sí? – cuestionó, aferrándose a esa posibilidad con desesperación, como a una tabla de salvación en un naufragio en medio del frío y profundo océano que representaban los ojos del niño rubio mayor. Matt asintió.
- Papá dice que podrás venir para acá. Y yo podré ir a visitarte a ti y Mamá. Nosotros seguiremos siendo hermanos, TK, no importa donde sea. – abrió mucho los ojos, deteniendo el llanto.
- ¿De verdad? – inquirió, esperanzado. - ¿Lo prometes, hermano? ¿Tú siempre vas a estar conmigo?
- Te lo prometo, TK. Yo siempre te voy a cuidar, y estaré a tu lado cuando lo necesites. – y la sonrisa que le dedicó logró convencerlo completamente.
Lo abrazó muy fuerte, restregando su cabecita rubia en la pijama de Matt.
- ¡Gracias, hermano! Yo te quiero mucho. – a Matt lo enterneció tal muestra de afecto. Se relajó, y acarició torpemente el flequillo de TK.
- Yo también te quiero mucho, TK…
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- Es Matt… -
- Él está… -
- Ay, no. -
Pero todos los murmullos fueron acallados por los sollozos ahogados que hacía TK al llorar sobre el pecho de su hermano.
¿Por qué no había podido ser más fuerte?
- Hermano… hermano… todo es culpa mía… - murmuraba contra la camisa desgarrada y empapada de sangre.
¿Podría alguien, siquiera imaginarse una millonésima parte del dolor que estaba sintiendo? ¿Sabría alguien describir y expresar con palabras el horror que lo invadía de pies a cabeza, sumergiéndolo en la inexorable culpa? ¿Existiría el bálsamo que alivianara el asco putrefacto que le daba arcadas de sí mismo?
¿Por qué la Esperanza lo había abandonado hasta dejarlo en tal condición? ¿Por qué la vida le jugaba una pasada de tan mal gusto? ¿Por qué ÉL? ¿Por qué su hermano? ¿Por qué Matt?
La cúpula que había formado la luz emanada del emblema de Sora no lo había repelido, sino todo lo contrario, lo había acogido y dejado entrar para que pudiera yacer junto al cuerpo de su amado hermano mayor.
Kari se había deslizado silenciosamente hacia donde estaba Tai, quien se aferró a ella. La muchacha tragó saliva al descubrir el pésimo estado en que se encontraba su hermano.
- Hermano, ¿estás bien? – le preguntó en un susurro. Lo único que recibió en respuesta fue un apretón que el joven le dio en la mano.
- Yo te maté… - murmuró el muchacho rubio. Se miraba las palmas de las manos abiertas por encima del pecho del rubio mayor. – Con estas mismas manos yo te maté… Te maté… - decirlo en voz alta sonaba a una ineludible confirmación. No había vuelta atrás.
Había cometido un grave error, y sabía que debía recibir un severo castigo por ello.
- No… no, TK. No fue culpa tuya. – lo detuvo Sora.
- Yo… yo que prometí que iba a cuidarte de ese sujeto… - las manos comenzaron a temblarle. – Yo… yo…
- TK… -
Silencio. Que callaran todos.
Era tan tarde para cualquier posible solución. Estaba consciente que los demás ya lo habían intentado todo. El mundo se le caía a pedazos, en armonía con la realidad andante a su alrededor.
¿Qué más quedaba por hacer? ¿Había algo que se pudiera hacer?
V-mon digivols a… XV-mon.
Wormon digivols a… Stingmon.
XV-Mon…
Stingmon…
DNA digivols a… Paildramon.
Davis reaccionó del cuadro que formaban los hermanos a la digievolución espontánea de V-mon. Frunció el ceño.
- ¿Paildramon? – cuestionó algo aturdido. – Pero yo pensé…
- Es la energía que proviene de la cúpula. – explicó Paildramon con las voces entremezcladas de Stingmon y V-mon. – De pronto la energía se apoderó de nuestros cuerpos y se activó la digievolución.
Y el digimon no terminaba de explicar lo que había sucedido, cuando cinco haces de luces atravesaron las nubes grises abriendo el cielo. Mimi alzó el mentón, mirando hacia arriba.
- ¿Qué es eso? – murmuró con el ceño fruncido. La luz verde cayó sobre ella, encerrándola por completo. Su digivice comenzó a brillar furiosamente. Togemon percibió lo ocurrido por el rabillo del ojo, y desatendiendo la batalla, se giró rápidamente para proteger a su compañera.
- ¡MIMI! – pero el perímetro de la luz creció hasta alcanzarlo a él también.
¡Togemon ultradigivols a… Lillymon!
Las luces plateadas y púrpura atraparon a Joe e Izzy respectivamente.
- ¡JOE! – alcanzó a gritar Gomamon antes de ser sacudido por la luz del digivice de Joe.
Gomamon digivols a… ¡Ikkakumon!
Ikkakumon ultradigivols a… ¡Zudomon!
- ¡Tentomon, ven! – lo llamó Izzy al momento de ser impactado por la luz púrpura. El digimon insecto se dirigió volando hacia él, siendo sacudido de la misma forma que sus compañeros.
Tentomon digivols a… ¡Kabuterimon!
Kabuterimon ultradigivols a… ¡MegaKabuterimon!
Koromon digivols a… ¡Agumon!
¡Agumon wardigivols a… WarGreymon!
Tsunomon digivols a… ¡Gabumon!
¡Gabumon wardigivols a… MetalGarurumon!
Lillymon, Zudomon, MegaKabuterimon, Garudamon, Wargreymon y MetalGarurumon se apiñaron junto a Paildramon, dispuestos a pelear. Algunos digimon se voltearon para admirar el resultado de tanto estruendo, e incluso llegaron a vitorear, sabiendo que la balanza se había inclinado levemente hacia su lado.
- ¿Qué? – exclamó Davis totalmente anonadado por lo que acababa de suceder. - ¡No tenía la menor idea que existía ese tipo de digievoluciones! ¿Qué es lo que pasó? – y miró para todos lados, esperando que alguien le diera alguna explicación.
- No lo entiendo. – dijo Mimi, parpadeando. - ¿Por qué han digievolucionado al nivel ultra? ¿Es que Chinchilomon no había usado el poder de nuestros emblemas para sellar las puertas del DigiMundo y evitar que las tinieblas volvieran a azotarlo? – preguntó, saludando a su amiga Lillymon que no veía hace mucho tiempo.
- Eso es justamente lo que yo tenía entendido. – dijo Izzy. Fue interrumpido por el "bip bip" de su computadora portátil que llevaba en la espalda. Se apresuró por sentarse en el suelo y revisar el correo nuevo. – Es del señor Gennai.
- Niños elegidos. – comenzó a transmitir el mensaje, abriéndose una ventana donde se mostraba el rostro del hombre en que se había convertido el señor Gennai al rejuvenecer. – Les tengo muy buenas noticias. Supongo que ya se han dado cuenta de lo que pasó con los valores de sus emblemas.
- Sí, sí, ya nos dimos cuenta, ahora escúpalo y vaya al grano. – lo apuró Davis, que se había puesto detrás de Izzy junto a los demás para escuchar.
- ¡Davis! – lo regañó Yolei. Se sonrojó al descubrir que todos la estaban mirando. – Oh, por favor, continúen.
- Chinchilomon les envía saludos. Él ha liberado el poder de sus emblemas y se los ha devuelto para que puedan enfrentar a Piedmon. – dijo el hombre a través de la pantalla. – Así mismo, fue él quien llamó en un principio a Tai y Matt para que acudieran con los poderes de Omnimon.
- ¿Él fue? ¿Chinchilomon arrastró a Tai y Matt al DigiMundo? – saltó Davis, muy alterado. – Pues no le resultó muy bien, terminaron en la fortaleza con un anfitrión demente. – Yolei le pegó un codazo en las costillas para que se callara.
- El problema fue que no tenía precisión para saber en qué lugar aparecerían. Puede que los sirvientes de Piedmon los hayan encontrado primero. – continuó el señor Gennai. – Pero confía en que Onminom podrá hacerle frente, no sólo a Piedmon, sino que a Angewomon y Angemon que aún se encuentran a su lado. – Los chicos intercambiaron miradas inquietas unos con otros. – No se desanimen. Sé que ustedes pueden hacerlo. Podrán ayudar a Angewomon y Angemon a despertar, ahora que lo han hecho Kari y TK.
Izzy dejó vagar la mirada un par de segundos en TK, que seguía junto al cuerpo de Matt.
- Señor Gennai… - tragó saliva. – No… no se puede hacer nada respecto… ¿respecto a Matt?
Por primera vez en todo el tiempo que llevaba conociendo a ese hombre, se quedó en silencio, sin saber cómo responder.
- No lo sé, Izzy. No sabría darte una respuesta. – contestó lacónico. – Lo lamento mucho.
El pelirrojo bajó la cabeza, apenado. Permanecieron algunos minutos en silencio, hasta que Ken soltó un respingo y se atragantó.
- ¡Ken! ¿Qué te pasa? – saltó Yolei. Algo tembloroso, el muchacho superdotado levantó la mano y señaló a la distancia, en dirección al castillo.
A lo lejos, con ese andar lento y que causaba escalofríos, iba caminando el Payaso del Infierno. Seguido por un centenar de digimons oscuros, y miles de centinelas cuyos ojos rojos brillaban desde las tinieblas. Y él, el propio Payaso, siendo protegido por un guardián personal que lo seguía de cerca desde el aire. MagnaAngemon.
Al fin, Piedmon se había presentado en el campo. La batalla final había dado comienzo.
Ayyyyyyyy! Gente de mi corazón 3 (Jijiji, perdón, estoy un poco hiperventilada a esta hora n.n)
Muchas gracias por sus reviews! Me siento una desagradecida por no poder respondérselos, pero es que apenas si tengo tiempo de revisar la página. Así de colapsada me tiene la universidad. u.u y aún me falta un mes para salir DDD:
Bueno, a lo que nos importa realmente: al fin esto va tomando la curva final! Esperemos que ese momento nos deje conforme a todos... cuando llegue xD.
Mmm... otra cosa que me ha llamado la atención: algunos reviews me han preguntado si no me dedico a ser escritora (es una alternativa mucho más seductora que ser abogada)... me lo he planteado seriamente durante este último tiempo... si escribiera un libro, lo leerían? xD suena extraño, pero no sé... supongo que este es el único lugar donde puedo hacer este tipo de divagaciones, y ustedes son los que juzgan finalmente el resultado... En fin, los dejo, porque mañana tengo clases D:
Los aprecio mucho por los buenos momentos que me provocan con su reviews n.n
Nos vemos! Saludos! :)
NR.-
