Al día siguiente Hermione tenía que volver a Hogwarts. Ella y su madre se miraban al espejo con impaciencia. Era una locura, una completa locura, pero estaba hecho.

Lucius quería conocer a su hija, Severus quería conocer a Jean, así que los habían citado a los dos a la vez. Vendrían a cenar esa misma noche.

En casa de Lucius, Snape y él, estaban sentados esperando que se acercara la hora. De vez en cuando Lucius se levantaba y empezaba a retocarse el pelo, a estirarse la túnica…, hasta que con un desesperado: "¡Estás bien! ¡Deja ya de mirarte y siéntate que me pones nervioso!" Snape lo devolvía al sillón.

-Qué humor tenemos ¿eh? Cualquiera te aguanta cuando estás nervioso.-

-Si no te movieras tanto no estaría…-

-Amo Lucius, la hora ha llegado.- dijo una vocecita aguda. Los dos hombres se levantaron de un respingo.

Lucius con la cara ligeramente verde y Severus con el ceño fruncido, salieron de la mansión para desaparecerse.

Hermione y Jean se dieron la vuelta divertidas cuando escucharon dos detonaciones en el pasillo y llamaron a la puerta.

-¡Qué formalidad!- susurró Jean, Hermione rió también en voz baja.

Los hombres pasaron, durante un incómodo segundo los cuatro se quedaron mirándose sin saber que hacer.

Al momento, Snape se acercó y le dio un corto beso a Hermione en los labios, bajo la mirada evaluadora de Jean, y un "¡Mierda Severus!" susurrado con impaciencia por Lucius. Pasaron la prueba y los otros les imitaron, Severus no pareció incomodarse, pero Hermione se sintió rara.

Luego, continuando el incómodo momento, Jean le dio un solo beso en la mejilla a Severus, -Hola. ¿Qué tal?- Y Lucius le dio otro a Hermione. -Hola…- ¿Debía llamarla "hija"?

Poco a poco, mientras se sentaban y empezaban a cenar, el ambiente se fue relajando un tanto. Hermione y Jean lo llevaban bien, pues estaba claro que Lucius era el amante de Jean/ Padre desaparecido de Hermione, y que Severus era el ¿Novio? De Hermione demasiado mayor pare ella que buscaba la aceptación de Jean.

En cambio entre ellos las cosas eran más confusas, Hermione como hija de Lucius o como pareja de Severus, Jean como amante de Luius o como suegra de Severus.

La noche fue pasando. Jean intentaba averiguar más cosas de Snape, se estaban llevando muy bien. Lucius se volvía extrovertido cuando preguntaba a Hermione por la relación con su amigo, pero en cuanto la muchacha le decía algo y él recordaba que era su hija, se cortaba.

Severus a ratos trataba de ayudar a Malfoy con como tratar a la chica, y a ratos hablaba con Jean, que era una mujer muy agradable. Hermione trataba de conocer a su padre, el problema es que ella había fusionado tranquilamente el Lucius del que le habían hablado su madre y Severus, pero él no parecía encontrar la forma correcta de tratarla.

-No tienes que comportarte como un padre, yo ya he tenido uno, que me preguntaba por los estudios, me daba consejos, me cuidó y me crió. No busco eso en ti Lucius, solo quiero conocerte como adultos que somos.- terminó por decirle Hermione.

Severus y Jean se quedaron callados, y los tres miraron a Lucius que al final sonrió aliviado ciertamente.

-Está bien Hermione.- le dijo y a partir de ese momento la conversación fue mucho más fluida.

La noche acabó mucho mejor de lo que empezó, cuando las dos parejas se despidieron de nuevo con un beso, ya nadie se incomodó demasiado. Y cuando al fin Severus y Lucius se fueron, de nuevo por la puerta, y los oyeron desaparecer en el pasillo, las dos se abrazaron, prueba uno superada.

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Severus estaba sentado en el sillón de su habitación, el fuego encendido aunque hacía calor. Las llamas cambiaron de color y al momento apareció Hermione cubierta de hollín.

-Bienvenida a Hogwarts.- le sonrió él.

Hermione se apuntó a si misma con la varia y al momento estaba limpia. Se lanzó a sus brazos. -¡Hola!- Snape la besó.

-Sobrevivimos los cuatro. ¿Quién lo hubiera dicho?-

Hermione rió.

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Lucius estaba ya acostado en su cama, Narcissa dormía.

Había conocido a su hija, pero no del modo en que él esperaba, aunque como dijo ella, el papel de padre hijo ya lo tenían cubierto, ella tenía su padre, Paul, él tenía a su hijo, Draco. Aunque no fueran biológicos, los tenían como si lo fueran.

Por otro lado, ver a Severus enamorado se le antojaba de lo más extraño. Se alegraba de que fuera feliz, pero no se lo imaginaba contándole sus líos amorosos como él le contaba los suyos. Aunque lo más seguro es que Snape no se comportara del mismo modo, era un hombre más reservado. La verdad es que los dos eran muy distintos aunque se llevaran tan bien.

Sonrió a la oscuridad, se alegró de que hubiera hecho buenas migas con Jean. Jean. La echaba de menos. Sigilosamente salió de la cama y comenzó a vestirse.

A la media hora, se metía en otra cama completamente distinta y se abrazaba a Jean, que medio dormida lo miró y le sonrió.

-¿Qué haces aquí?- le susurró acariciándole el pelo.

-Me hacías mucha falta.- Jean hizo amago de incorporarse, pero Lucius la abrazó y la acomodó sobre él.

-Shh… duerme.- le susurró. A los pocos segundos, ella estaba dormida de nuevo. Escuchando al fin su respiración acompasada, él fue cayendo dormido también.

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Un mes pasó, acabó el curso y de nuevo Hermione se encontró a Draco en el expreso de Hogwarts que los llevaba de vuelta a casa. La muchacha se le quedó mirando.

-Aparta de mi camino Granger.- dijo el chico empujándola. Hermione lo dejó pasar. Ese muchachito engreído y desagradable era sangre de su sangre, pensó. Se quedó allí varios minutos más meditando. La última vez, Lucius la había defendido de su esposa cuando esta la amenazó por atacar a Draco. Ahí aún no debía saber que ella era su hija.

Al fin, abrió la puerta que tenía en frente y pasó. Severus le sonrió.

-Cuánto has tardado.- le dijo mientras ella se sentaba en frente.

-Me crucé con Draco.- Snape comprendió y la dejó que volviera a perderse en sus pensamientos durante el rato que ella quiso.

Tras varios minutos más de silencio, Hermione levantó la cabeza y le sonrió, él le devolvió el gesto.

-Me alegro que vengas a casa unos días.-

-¿Seguro que no le importa a tu madre?- dejó escapar él, todavía no estaba del todo seguro de que era bienvenido.

-¿Bromeas? Mi madre está encantada. Le caíste muy bien.- Él sonrió.

-Debe ser la primera persona que se lleva buena impresión nada más conocerme.- La chica rió.

Llegaron a la estación, la situación fue extraña. Draco pasó por delante de ella con la cabeza bien alta y se colocó entre Lucius y Narcissa.

Hermione miró de reojo a su padre, igual que Jean, pero no podían saludarle. Los tres Malfoy salieron de la barrera. Entonces Snape salió del tren acercándose a ellas.

Muchos estudiantes se quedaron mirando curiosos la escena. El temido profesor de pociones saludando afectuosamente a una mujer, para a continuación marcharse con ella y con la amiga de Harry Potter, de la que iba cogido.

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