Una disculpa por el retraso del capítulo, hubo problemas que tenía que arreglar, pero ya todo esta bien.
Gracias por su paciencia, y gracias a mi editora Fanfiker_Fanfinal por corregirme puntualmente.
Si les parece que esta parte no concuerda con lo ultimo en que se quedaron, remitase al capítulo 20 no estoy segura que se enteraran muchas personas de esa actualizacion.
Capítulo 21: Madurez.
Harry guardó silencio un momento pensando en cómo iba a explicarle a su primo que lo que estaba pidiendo era imposible.
Dudley esperaba, había bajado la mirada y removía un poco de tierra con su zapato.
Finalmente Potter suspiró y llamando su atención procedió a explicarle.
—Dudley, no puedo hacer eso –Su primo lo miró dolido y molesto al escucharlo.
—Sé que no fuimos muy agradables contigo, pero aun así… –Harry procuró no remarcar que habían sido algo más que poco agradables.
—Si pudiera revivir a alguien, mis padres estarían vivos ¿sabes? –Su primo pareció procesar eso por un momento y sentándose allí mismo puso una de sus manos sobre su rostro, el cual había enrojecido, parecía que reprimía las ganas de llorar.
—Está bien, gracias de todos modos –murmuró de repente bastante compungido. Para el chico que vivió era muy extraño escucharlo dirigirse a él de ese modo, con palabras amables.
—Si necesitas llorar…o gritar, hazlo –Él sabía que lo mejor era sacar las emociones para no ahogarse.
Por primera vez consideró a su primo como una persona compleja con sentimientos. Algo que jamás se le habría pasado por la cabeza.
Dudley se removió y dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas, sus manos las secaron con frustración.
Y allí se encontraba, en el jardín de una casa, junto a personas que pensaba no volver a ver, compadeciéndose ahora de su situación con absoluta sinceridad.
"Cómo cambian las cosas".
Se preguntó cómo estaría yéndole a la profesora McGonagall con su tía.
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—¿Por qué lo trajo? –Tía Petunia sonaba triste, a pesar de renegar de su sobrino, en parte le sorprendió, de forma positiva, que estuviera allí.
—Él se enteró y quiso asistir –No veía otra forma de explicarlo—. Creo que es un buen momento para cambiar de actitud, ¿no cree?
—¿De qué me esta hablando? –Sonaba ofendida.
—El principal motivo de su molestia deriva de celos –Aunque no entendía muy bien todavía el por qué, Dumbledore se lo había dicho, pero no le había explicado la razón por la cual esa mujer siempre había despreciado a los magos, solo la consecuencia de ello.
El rostro de la señora Dursley se puso rojo.
—¿Cómo se atreve…? –Pero la Directora no se inmutó.
—Para bien o mal es su tía, va siendo hora de dejar las cosas en el pasado.
Petunia guardó silencio un rato.
—El funeral es mañana, ¿él se va a quedar aquí hasta entonces? –La profesora pestañeó varias veces.
—¿Mañana? No, la fecha indicaba que se llevaría a cabo hoy –Petunia torció su boca en señal de descontento.
—El funeral de mi marido es mañana.
McGonagall maldijo en su mente, había decidido acompañar a Harry, pero no podía dejar la escuela por dos días enteros sin avisar. Se iría por la noche para dejar todo en orden y regresaría en la mañana para el funeral.
—Bien, Harry se quedará hoy y yo volveré en la mañana –Se levantó del sillón, tenía que explicarle a Hagrid el cambio de planes. Petunia se apresuró a levantarse también, consciente de que su angelito no estaba cerca y tenía que buscarlo.
"Espero que Potter sepa guardar la compostura". Pero lo cierto es que tenía sus reservas al respecto.
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Continuaron con su plan después de que Ginny mintiera al profesor acerca de su salud, mandándola a la enfermería. Blaise y ella se apresuraron a buscar a Daphne, mientras Ron y Hermione corrían a buscar a la Directora. Definitivamente esa situación se salía de los estándares de líos amorosos comunes.
—¿Todas las chicas Slytherin son así? –cuestionó con cierto miedo la menor de los Weasley mientras recorrían los pasillos hacia la clase en que debería estar el grupo; estaba bastante sorprendida de que idearan semejantes planes solo para separar a una pareja.
—Confía en mí, no te metas con ellas –Y es que su falta de escrúpulos era lo que las convertía en enemigos mortales, al menos en el caso de las chicas, que parecían verdaderos reptiles de sangre fría cuando algo se interponía en su camino.
Finalmente dieron con ella, ya que a esa hora no tenían clase. Al parecer estaba vigilando de cuando en cuando a Draco y Astoria, quienes caminaban por los jardines como si estuvieran en algún parque.
El rostro de Draco mostraba correctamente sus emociones, pero sus ojos parecían bastante fríos.
Ginny y Blaise se acercaron con cautela hasta quedar justo detrás de la chica, poniendo una mano en su hombro delataron su presencia, la cual ella no había notado.
—¿De qué se trata, Greengrass? –Blaise le dio una oportunidad para explicarse.
—No sé de que me hablas –Trató de escabullirse pero Ginny la tomó por la túnica.
—¿Dónde esta Harry, qué hiciste con él? –A Daphne le pareció que esa chica no era de las que andaba con rodeos.
—Solo le pedí que diera a Draco y Astoria un espacio a solas…—comentó como si fuera lo más natural y lógico—. Él accedió, es todo.
—Greengrass, tú debes creer que no sabemos nada de tu alianza con Parkinson –Zabini comenzaba a irritarse. Él no era ningún tonto.
—Ahora, intentémoslo de nuevo –mientras decía esto la pelirroja tiraba de ella hacia un lugar sin estudiantes con varita en mano, parecía tener una idea—. ¿Dónde esta Harry? –La varita se alzó hacia la garganta de la acusada.
Cuando Blaise fue testigo de aquello, pensó entonces que las chicas Slytherin no eran las únicas peligrosas, se hizo la firme disposición de no hacer enojar nunca a su novia.
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Llegaron a la entrada custodiada por el águila, la cual permanecía quieta.
—Queremos hablar con la directora –pronunció Hermione claramente, pero el guardián no se movió de su sitio, dando a entender que la Directora no estaba en su despacho—. ¿Dónde estará la profesora McGonagall?
—Tal vez esté en clases –mencionó Ron.
—Cierto, pues debemos encontrarla –puntualizó Hermione. Se encaminaron con la intención de revisar las aulas, aunque uno de los profesores les informó que nadie la había visto en todo el día, ni siquiera para el desayuno.
—Se fue sin avisar, eso es muy extraño –La situación no pintaba nada bien, Harry desaparecido y la profesora también.
—Busquemos a Hagrid, Harry me dijo que iría con él por petición de Slughorn –Recordó Ron, Hermione asintió, tal vez estuviera hablando con él todavía, si no, irían a ver al profesor de pociones.
—Espero que esté bien, Parkinson en verdad está loca, ha ido muy lejos –sentenció Granger.
—Es como Romilda Vane –A Ron le dio un escalofrío al recordar sus chocolates.
Pero cuando llegaron ante la cabaña de su amigo guardabosques se encontraron con que a pesar de tocar fuertemente y gritar, escuchando a Fang dar vueltas por todos lados, era evidente que Hagrid no se encontraba.
—¿Dónde estará? –Ron curioseó por la ventana, pero esta tenía las cortinas corridas.
—Podrían haber entrado al bosque, Harry vino a verlo, de modo que ambos se encontraron, si no, Hagrid aún estaría preguntando por él –Hermione parecía bastante frustrada pero también pensativa.
—No me digas que quieres ir a buscarlo al bosque para cerciorarte…—Ron ya estaba preparado para correr.
—Claro que no, será mejor volver y hablar con el profesor Slughorn –razonó su novia.
Así que rápidamente se pusieron en marcha hacia el castillo, esperando entender en qué momento y cómo se llevaron a Harry.
Pero el profesor no tenía idea de nada, simplemente asumió que Harry iría a verlo después de que sus clases concluyeran.
Por tanto no les quedó mas remedio que regresar con aún más dudas en su haber y preguntar a los demás por si sabían algo.
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—Vamos Daphne, sabes que esto será peor cuando Potter regrese –Blaise trataba de razonar con ella, incluso Ginny le había levantado el cabello al mejor estilo punk y lo había pintado color mostaza. Pero ella se negaba a hablar.
—Les convendría detenerse antes de que algo le pase a Potter… —La varita se alejó en el acto. "Ah…eso sí que es magia", pensó Daphne divertida, los tenía en la palma de su mano.
—¿Qué quieres lograr? –Blaise no tenía muy claro cómo pensaba Greengrass ayudar a Pansy si parecía que hiciera de casamentera con su hermana y Draco.
—Solo la felicidad de mi hermana –Sonrió—. Libérenme o no me hago responsable de Potter –Su rostro estaba serio, ambos gruñeron pero Ginny le quitó las ataduras que sujetaban sus manos.
—Bien –No podían arriesgarse, no podían irse sin información.
—Por cierto, arregla mi cabello de una vez –Con desgana Ginny dio un par de movimientos para deshacer lo que había hecho y el cabello de la Slytherin quedó como siempre aunque despeinado—. Adiós.
Parecía muy satisfecha consigo misma; Ginny odió eso, pero no tenían opción.
Ron y Hermione no tardaron en ubicarlos, Blaise procedió a ponerlos al tanto de lo que habían tratado de hacer, aunque sin éxito, lo mismo hizo Hermione, explicó que no habían obtenido información.
—Lo que se me ocurre es vigilarla, tal vez se comunique de alguna forma con quien la esté ayudando, o incluso vaya a ella misma a ver a Harry –comentó Hermione después de pensar un poco.
—Cierto, entonces podremos averiguar donde está –Pero a pesar de esta buena idea, la tarde pasó y no parecía que Daphne se fuera a comunicar con nadie, menos aun dejar solos a Draco y Astoria que estaba comiendo juntos.
—Me gusta Hogwarts, pero la academia Beauxbatons tiene una decoración más elegante –Draco asintió.
—No la conozco, tal vez otro día pueda visitarla –Haciendo gala de sus mejores modales y encanto, trataba de tener a Astoria contenta, le costaba mucho no mostrar sus emociones. Estaba muy preocupado, nadie le daba noticias de la situación.
Blaise quería acercarse pero temía que al hacerlo la mayor de las Greengrass lo tomara como amenaza, así que prefería dejar las cosas así, de todos modos no podía darle ninguna información útil.
"Maldita sea Potter, ¿dónde estás…?". Pensaba Malfoy con amargura. "Si me entero de que te vencieron sin pelear lo suficiente, yo mismo te lanzaré un crucio". Entre estos pensamiento se debatía el Slytherin mientras esperaba noticias sobre el paradero de su amado Harry.
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Las cosas parecían tranquilas en casa de los Dursley, el funeral se llevaría a cabo al día siguiente, muy temprano, mientras tanto Harry se había paseado por los alrededores. La directora había decidido no volver a la escuela hasta la mañana siguiente, eso sí, la hospitalidad de su tía Petunia no se extendía mas allá de su sobrino, así que la profesora McGonagall y Hagrid se habían ido a una posada cerca de allí, donde algunos magos se hospedaban cuando necesitaban esconderse o bien estaban de vacaciones entre los muggles.
La directora había prometido volver para acompañarlo durante el funeral y posteriormente regresar a Hogwarts.
"Ojalá todos estén bien". Se sentía extraño estando allí, hubiera querido enviarles una carta a los demás, explicarles, pero no tenía forma de comunicarse. Echó de menos a Hedwing por milésima vez.
La habitación de invitados que había preparado su tía era bastante común, una cama, un armario pequeño y un baño.
La única ventana, bastante amplia, dejaba entrar la escasa luz de las farolas.
"Ya no sé si fue buena idea venir". Se sentó en el borde la cama y contempló el suelo sin saber qué más hacer; no estaba cansado, así que no podía irse a dormir, escuchó de repente un par de golpes en su puerta.
—Adelante –pronunció sin estar seguro de qué podría haber olvidado su tía como para entablar contacto de nuevo.
—Hola –Su primo lo miraba con indecisión—. ¿Puedo entrar? –Harry asintió. No se acostumbraba a los buenos modales que Dudley parecía haber aprendido.
—Claro, ¿qué pasa?
—No quiero estar solo, quiero dormir aquí –El chico que vivió se sintió descolocado, solo una vez habían dormido en la misma habitación, el día antes de su cumpleaños número once.
—De acuerdo –Aunque el modo en que su primo se expresó no había sido una petición, sino una demanda. Pero probablemente era porque no estaba acostumbrado a ser educado todo el tiempo.
Regresó con una colchoneta y se tumbó al lado de la cama dejando un metro entre ellos, cerró los ojos y murmuró un "hasta mañana". Harry decidió tumbarse en la cama, sorprendido de que no lo mandara a él al suelo.
Tal vez podría escribirle alguna vez después de que ese trágico evento terminara.
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En el castillo, Astoria se despedía de Draco prometiendo regresar al día siguiente para ir a pasear con él a Hogsmeade.
Malfoy continuó interpretando su papel hasta que se perdió de vista, en ese momento corrió a donde se encontraba Blaise y lo zarandeó como si no hubiera mañana.
—¿Y bien? ¿Qué rayos pasa? ¡¿Dónde esta Potter? –Su mirada delataba mucha ira reprimida, sus gestos mostraban desesperación y frustración.
—¡Cálmate! –Zabini estaba tratando de calmarlo cuando Ginny lo tomó de un brazo.
—Quieres hablar, hablemos, pero en otro lugar –La hermana de Astoria los observaba de lejos.
"No saben que Potter no regresará hasta mañana". Para entonces sería muy tarde, Daphne estaba muy satisfecha.
Ron y Hermione también estaban allí, los cinco se refugiaron en la sala de prefectos de Gryffindor.
—Siendo honestos, no sabemos nada de nada –comenzó a explicar Hermione.
Draco les dedicó una mirada de odio.
—Daphne no ha tratado de comunicarse con alguien, ni de visitar el lugar donde pudiera estar reteniendo a Harry, pensamos que podría tener un cómplice –Ron también parecía bastante molesto.
—Tendremos que esperar a que cometa un error que nos permita atraparla –Con desgana todos aceptaron que debían irse a dormir, mañana verían qué hacer.
La noche que pasó Draco fue de las más duras que había conocido nunca, debatiéndose en ir a buscar a Harry por su cuenta, también de obligar a base de maldiciones una confesión de Daphne. Solo le detenía el pensamiento de su santurrón novio, que seguramente le reprocharía semejante acción.
Lo único que le calmaba, era haberle contado lo sucedido a su padrino, así que Snape investigaba si alguien había visto a Potter, pero por ahora no tenía información nueva.
"Realmente Potter, cuando regreses…voy a enseñarte a no ser tan débil…", pensaba acongojado el pobre mitad veela, considerando que probablemente Harry tuviera miedo, aunque en el interior era él quien se sentía asustado, no quería perderle.
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Harry había pasado la noche bastante agitado, el estrés le quitaba mucho el sueño, y cuando pensaba que podría dormir, tía Petunia había entrado buscando a Dudley, escandalizada porque su pequeño niño estuviera al lado de Potter y además en el suelo.
—Vas a resfriarte, regresa a tu cuarto, querido –sugirió de forma bastante teatral, pero su primo se había resistido.
—Quiero pasar la noche aquí, se ve la luna –Aunque claro, eso parecía una excusa bastante mala, pues a pesar de que se vislumbrara la luna, duraba segundos, antes de ser cubierta de nuevo por las nubes.
Discutieron por un rato más, en el que el chico que vivió procuró ser invisible. No se movió, ni habló, hasta que su tía abandonó la habitación.
—Hey… tal vez es mejor que vayas a tu cuarto, no había pensando que podrías resfriarte –Le costaba decir ese tipo de cosas a alguien que siempre procuró maltratarlo cuando era mas chico.
—Dije que dormiría aquí, así que déjame en paz –Después de eso no volvieron a hablarse, pasaron la noche cada uno en su mundo. Parecía que en verdad, Dudley solo quería una presencia física próxima a él.
La mañana llegó bastante rápido, Harry estaba adormilado cuando tía Petunia abrió la puerta para despertar a su primo, como resultado el también procuró levantarse, pensando como serían las cosas. Necesitaba darse un baño antes de ponerse las ropas que la Directora le había dejado el día anterior, también tenía hambre, no recordaba haber comido ayer, ni cenado.
"Probablemente tendré que salir a comprar algo". Dudaba que su tía le dejara cocinar, y menos, que hiciera algo de comer para él.
—Está libre el baño –Su tía estaba parada en la entrada del cuarto, ya estaba vestida y sus ojos se mostraban rojizos, señal de que había estado llorando—. Cuando te vistas baja a desayunar –Harry asintió, obedeciendo, inseguro de cómo comportarse.
Cruzando el pasillo estaba la puerta cuyo letrero rezaba "Baño", entró cargando sus ropas, el lugar estaba inmaculado, notó que la decoración lo cubría con sus tonalidades blancas y azules.
Tomó una ducha rápidamente y se vistió allí mismo, luego bajó a la cocina, se encontró a su tía tomando una taza de té, y a su primo comiendo huevos con tocino. Había un lugar en la mesa con un plato humeante que contenía lo mismo, además de un vaso con jugo de naranja.
—Gracias –murmuró antes de empezar a comer, cuando terminó llevó sus platos al lavabo para limpiarlos, pero la manaza de Dudley más un gruñido se los quitó sin decir nada y comenzó a limpiar.
Harry se quedó de piedra, esperando a su tía decir que ya podía dejar su angelito las cosas y dejar que él se encargara.
Pero no fue así, su tía había salido de la cocina y preparaba unos papeles en la mesa de la sala, era como estar en un extraño mundo paralelo.
Escuchó la puerta y supuso que sería la profesora McGonagall, así que se apresuró a abrir: en efecto, allí estaba la Directora, vestida y lista para acompañarlos.
Eran las ocho y media de la mañana, el funeral era a las nueve, partieron en el auto que Harry imaginó pertenecía a su tío, Dudley manejaba y su tía iba al frente, ellos dos iban atrás.
Llegaron sin contratiempos al cementerio, el ataúd estaba en posición para ser enterrado en lo que sería la morada definitiva de ahora en adelante, de quien fue tío Vernon, la gente que lo conocía (compañeros del trabajo, algunos amigos), estaban en la entrada, esperando a la viuda.
El padre relató algunos pasajes sobre aceptación, perdón y esa clase de oraciones que se suponen consuelan a los que se han quedado atrás, pero que regularmente no funcionan, ya que el dolor de la pérdida es indescriptible.
Harry deseó que hubiera habido un funeral para sus padres, imaginó a todos sentados como en ese momento se encontraban, entre los amigos de sus padres, con alguien sujetándolo a él en brazos, sin entender lo que sucedía.
Pero no pudo ser, al menos ahora imaginaba cómo podría haber sido, y dejó esa imagen deslizarse a los restos de una memoria ficticia, en la que sepultaba todo lo acontecido desde ese punto, hasta su final.
El padre terminó sus plegarias, y todos dieron el último adiós, tía Petunia dejó una flor en la elegante corbata a juego con el traje en que su tío era enterrado; Dudley dejó a su lado una foto en la que aparecían los tres.
Harry simplemente se quedó atrás al lado de la profesora McGonagall, que puso una mano en su hombro y apretó ligeramente para reconfortarlo.
Cuando los invitados se fueron dispersando, Harry fue a despedirse de su primo, no creía que su tía tuviera fuerza para hablar con nadie en ese momento, la había visto entrar en la casa funeraria con los ojos acuosos.
—Big D –pronunció tratando de imprimir fuerza en sus palabras, su primo volteó con el rostro apesadumbrado—. De veras lo siento, sé que no simpatizábamos mucho, pero era tu padre, y era bueno con su familia –Lo cual era algo verdadero.
—Gracias –Cerró la boca y como dudando si decir o no algo que tenía en la cabeza, agregó—. Ven a vernos de nuevo –Terminada la frase esperó y en cuanto Harry asintió se volteó para buscar a su madre.
—Vamos Harry, es hora de irse –ordenó la directora.
Hagrid los esperaba afuera, tenía una mirada seria y le dio un abrazo al verlo. No dijeron más sobre el tema.
Iban de regreso al castillo, al mundo donde él pertenecía.
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Malfoy se encontraba en apuros, se había despertado con una sensación de vacío en el estómago que nada tenía que ver con hambre.
La noche había sido muy cruel para él, inmerso en pesadillas en las que Pansy y Daphne se deshacían de Potter con un avada, lanzándolo a la negrura del olvido. Se despertó varias veces sin saber qué hacer, pidiendo a Merlín que Harry estuviera bien, y que alguien, entre todos los que estaban buscándolo, lograra rescatarlo.
Pero eso no había sucedido, su padrino no encontraba pista, incluso le aclaró la desaparición de la directora: al parecer después de recibir una carta del Ministerio, se había ido, probablemente a encargarse de algún asunto urgente.
"Espero que regrese pronto". ¿Quién mejor que ella para obtener la información que retenía Greengrass?
Cuando llegó al gran comedor Daphne ya lo esperaba en la entrada.
—Malfoy –Lo llamó, se acercó a ver con qué le salía ahora, ella le sonrió feliz—. Hoy es un día muy importante, futuro cuñado –comentó con alegría, Draco sintió nauseas.
—¿Por qué lo dices? –murmuró ocultando su desdén.
—Porque hoy es el día en que vas a escribir una carta a El Profeta, que si te apresuras, saldrá en la edición de la tarde, sobre tu compromiso con mi hermana –A Draco se le heló la sangre solo de imaginar leer semejante artículo en primera plana del periódico.
—¿Qué…? –Pero antes de que terminar la frase Daphne habló de nuevo.
—Niégate, y Potter pagará por ello –Le recordó con mirada amenazante. Daphne sabía que los Malfoy estaban en una posición precaria ante la sociedad mágica, que el enlace de Potter y Draco podía ayudar, pero si ese articulo salía en El Profeta, sería difícil para ellos provocar un escándalo desmintiendo dichas palabras—. Así que, Malfoy, ¿te presto pluma y pergamino?
"Maldición Potter, ¿dónde estás?", pensó horrorizado.
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Bien, no me asesinen, saben que Daphne es una mala persona jaja.
Una disculpa de nuevo por el retraso, espero que no vuelva a pasarme.
