Capítulo 39: Tempestad interna.

- "¿Por qué me siento de esta manera? Duele mucho. Acá, justo en mi pecho." –

Han pasado tres días desde que Ami abandonó Lebiatis en compañía de la ex capitana de la guardia real, Haruka Tennou.

Fueron tres eternos días de viaje en los cuales no pudieron detenerse en ningún momento para descansar. Tres días donde no pudieron estar tranquilas ni por un solo segundo.

Todo debido a que fueron siempre seguidas de cerca por cuadrillas de soldados del oasis. Carros impulsados por fieros corceles, cada uno con su propio arquero. Eran una amenaza que no podían quitarse de encima.

Hasta ahora.

- Estamos llegando a nuestro destino. – Informó Haruka, quien iba manejando las riendas del caballo. Su piel roja por el castigo del implacable sol. Tenía claros signos de deshidratación y agotamiento. - ¡Ami, deja de dormir! ¡Ya estamos llegando! –

- No estoy durmiendo. – Recostada en la parte trasera de la carreta iba la peliazul. No se movía, menos hablaba. La rubia juraba que parecía un bulto más entre todos lo que llevaba. – Solo estoy pensando. –

- ¿En qué piensas? –

- En tanto. – Su cabeza parecía estar llena con tantas cosas. Era complicado mencionar una sola problemática que su mente trabajaba por resolver o, en menor medida, aliviar. – Me duele muchísimo todo. Creo que hasta mi alma duele en cierta parte. Y es tonto, ya que el alma no se puede aliviar con nada. –

La velocidad con la cual avanzaba la carreta fue disminuyendo progresivamente hasta detenerse por completo.

- Creo que ya te lo había dicho una vez: Con el tiempo aprenderás a sobreponerte a las pérdidas. – Podía parecer una tonta, pero la rubia comprendía bien a qué se refería Ami cuando mencionaba su "dolor".

Seguía afectada por todo lo ocurrido con Makoto.

- La gente viene y va. Uno debe aprender a quedarse con lo mejor que nos ofreció esa persona. - Eso era lo que Haruka trataba de hacer en su caso. - Pero creo que tu prioridad actual es comenzar a pensar en cómo sobrevivirás sola. – La guerrera recordaba muy bien el trato que ambas habían hecho. - ¿Recuerdas? Una vez alcanzáramos el límite de los territorios de Lebiatis, cada una seguiría sola por el camino que quisiera. –

La cosa era que Radatia, actual salar donde se encontraban, era el último poblado bajo el dominio de Lebiatis. Por ende, el final del camino del viaje que recorrían juntas.

Ami se quitó la capucha de su túnica, tomó asiento en la carreta y quedó viendo a la ex capitana con un semblante neutro. En serio, Haruka no podía leer ni una clase de sentimiento en ese rostro.

- Desde luego, también estuve pensando en este asunto. – Lo único malo es que no encontraba solución a este problema. Continuar un viaje sola era algo que la aterraba. – De todas maneras, gracias por traerme hasta acá. –

- ¡Bueno! Pero no hay necesidad de comenzar a despedirte. – Dijo la rubia. – No planeo patearte fuera de la carreta ahora mismo. Mira, tenía pensado vender un poco de la basura que llevo encima y comprar provisiones para mí y el caballo. – El pobre animal también merecía comer. – Puedes quedarte conmigo hasta el fin del día. –

- Suena bien para mí. – Así tendría más tiempo para pensar. Claro, suponiendo que su cabeza podría ponerse de acuerdo en algo hasta que cayera la noche. – Muchas gracias. –

- ¡No agradezcas! - Haruka tomó las riendas e hizo partir al caballo. – Puedes volver a recostarte, yo te avisaré cuando encuentre algún negocio. –

Así hizo Ami una vez se pusieron en marcha.

- "Respira, relájate y mantente tranquila." – Eran los pensamientos de la peliazul cuando volvió a extenderse en la madera de la carreta. Cerró sus ojos e hizo una mueca, una de sus manos fue a parar a su collar. – "¿Por qué sigue doliendo? No quiero sentirme de esta manera." –

Estuvieron por un buen rato dando vueltas por calles polvorientas y desoladas. Gente había, pero muy poca. Viviendas también, pero todas muy viejas y deterioradas. Era un sitio deprimente, poco agradable.

- Necesito que te quedes cuidando la carreta y el caballo. – Haruka finalmente había hallado un lugar donde vender lo que no necesitaba y conseguir provisiones útiles para su viaje. - ¿Deseas algo especial para comer? Puedo comprar algo para ti. -

- Pan. – Era un pedido simple. – Quiero comer pan. –

- Bien, te conseguiré pan. – Terminó siendo más barato de lo que esperaba. – Aguarda acá y volveré dentro de poco. –

La rubia tomó unas cosas de la carreta y partió dentro del negocio, dejando a Ami sentada al lado del caballo, vigilando a que nadie se acercara a la carreta.

Bueno, ese era el trabajo que le encargó Haruka. Que realmente lo estuviera cumpliendo era otro asunto, ya que la peliazul parecía más interesada en acariciar al animal a su lado, hablando con él como si se tratara de una persona.

- ¿Puedes creerlo? Yo pensaba que todo marcharía bien luego de abandonar Lebiatis. – Pero como siempre, se había equivocado rotundamente. – No, yo creía que las cosas marchaban bien desde antes. Me engañé al pensar que estaba a salvo en el oasis solo por el hecho de que la gente ya no me veía como una amenaza. -

El caballo resopló contra su cabello y terminó desordenándolo. Ami no se inmutó debido a esto, ella continuó hablando con el animal.

- Me engañé creyendo que Makoto aceptaría cualquier decisión que yo tomara con relación a la fuga. – Pero no fue así el caso. La castaña terminó teniendo una postura diferente, una que no abandonó, ni siquiera cuando Ami deseó rescatarla a último minuto. – Me engañé creyendo que íbamos a estar siempre juntas. -

Sus ojos bajaron a posarse en una de sus manos.

- Pero ese día, cuando ella rechazó mi mano, sentí que todo se desmoronaba. – Que todo perdía sentido. – Sentí que nuestro lazo, o mejor dicho, el que yo cree entre las dos, se rompió con mucha facilidad. Sentí que ella nunca deseó acompañarme en todo esto. –

Que posiblemente se sintió obligada a seguir a su lado.

- Y duele, muchísimo. – Su mano temblaba. Y no pudo contenerse, derramando amargas lágrimas mientras recordaba todo lo ocurrido. Desahogarse era lo único que deseaba. – Ya que me engañé tanto que comencé a creer posible que ella me quería… -

Un par de pies fueron visibles frete a ella.

- Perdón, nuevamente me puse a pensar. – Se disculpó Ami, creyendo que se trataba de Haruka. – Debes estar harta de mi sentimentalismo. Suerte, ya pronto te podrás deshacer de mí… -

- No lo dudo, bruja. –

Ese nombre, pensó que nunca más lo iba a tener que escuchar.

- Ahora, sin hacer ruido, levántate y sígueme. –

El filo de una espada se posó contra su cuello. Ami sintió que la sangre se le heló en el instante.


Capítulo 40: Fue en Radatia.

Siguió a los dos hombres hasta un callejón sucio. Se estaba poniendo oscuro, el sol comenzaba a caer, así que el lugar poco a poco iba siendo cubierto por las tinieblas. No se veía ni un alma rondar por el sitio, únicamente estaban ellos tres.

Esto no lucía bien, el callejón no tenía salida.

Al ver que ya no podía avanzar, Ami dio la vuelta y encaró a los dos tipos.

- ¿De qué se trata todo esto? – Preguntó la peliazul una vez que encontró el valor para hablar.

- Te llevaremos con nuestra reina. – Respondió uno de los hombres. – Tu escape causó muchos problemas en nuestro oasis. Debes volver para pagar por tus crímenes, bruja. –

Así que se trataba de soldados de Lebiatis.

Pero estos hombres no andaban en armadura como todos los otros servidores del oasis. Era extraño, pero seguramente era parte de algún plan que formularon para atraparla. Ahora que lo pensaba, era un movimiento inteligente.

Infiltrarse como civiles en diversos asentamientos urbanos del desierto con tal de encontrarla. Bastante astutos, tenía que darles un punto por eso.

- No tengo deseos de volver al oasis. – Dijo Ami luego de un rato de pensarlo. – Siendo sincera, no deseo volver nunca. –

Ahora que era libre, deseaba continuar siéndolo.

- No es una opción. – El soldado no tenía intenciones de alargar esto por mucho tiempo, así que iría al grano. – Vendrás con nosotros o verás de qué somos capaces. –

- ¿Qué planean? – Impresionarla iba a ser complicado.

- Nuestras cuadrillas están dispersas por todo este salar. – Comenzó a hablar uno de los hombres, extendiendo sus brazos para hacer énfasis en sus palabras. – Estamos armados, muy bien armados. Tenemos el permiso de nuestra reina para actuar de la manera que más nos plazca. –

¿Sabían que ella estaba específicamente acá? Pues eso daban a entender. Si no, no podrían tener todas las cuadrillas dispuestas en Radatia. Ellos deberían estar esparcidos en diferentes partes del desierto.

- Traemos señales de humo. – Mostró ante la atenta mirada de Ami el pequeño casquillo de la señal. – El que te encuentre, tiene que activarla. Solo si tú no deseas cooperar. –

- ¿Por qué? ¿Qué significa eso? – Preguntó la portadora del collar.

- Significa que podemos comenzar a matar a toda la gente de este salar. – Era la señal para comenzar el exterminio. – Un genocidio masivo causado por tu capricho de libertad. –

Hubo unos segundos de silencio mientras Ami trataba de procesar esta información.

- No pueden estar hablando en serio… -

- Qué inocente eres. – El tipo levantó su brazo, en su mano iba la señal cargada. - ¿Crees que no soy capaz? –

- ¡No, no lo hagas! – Imploró Ami al soldado. - ¡No maten a nadie, por favor! –

El hombre sonrió con malicia.

- Mi dedo, creo que se está deslizando sin mi consentimiento… -

- ¡Ya para! ¡No lo hagas! – La peliazul trató de acercarse, pero el otro guerrero apuntó su espada en contra de ella. – No, no, no… -

- Mujeres, hombres, ancianos, niños. - Todos ellos morirían si apretaba el gatillo de la señal. – Un mar de sangre cubrirá Radatia con tan solo presionar… -

- ¡Está bien! –

Ambos quedaron viendo a la joven, expectantes a sus palabras.

- Yo me… - Cayó en sus rodillas sintiéndose derrotada. – Me… - No podía ni decirlo. Era duro, no deseaba perder lo que tanto le costó obtener. – Por favor, no me hagan esto… -

- ¡Maldita! – Gritó uno de ellos. - ¿Por qué tu collar brilla? –

Lágrima azul estaba destellando ante sus ojos. Pero no era ella, lo juraba.

- ¡Yo no hice nada! - El collar había comenzado a brillar solo. - Por favor, no presionen... -

- ¡Es una trampa! ¡Esta mujer está loca! – Levantó la señal sobre su cabeza. - ¿No te dije? Ella quiere a todos muertos… -

Su mano fue rebanada antes de que pudiera hacer cualquier cosa.

El soldado comenzó a gritar debido a la sangre que brotaba de la carne viva. Sacudía el brazo de un lado a otro, desesperado. Su compañero deseó calmarlo, pero fue alcanzado por dos flechas certeras que se clavaron directo en su hombro y brazo.

- "¿De dónde vinieron?" – No tuvo tiempo para buscar a su atacante, ya que terminó inconsciente debido a que recibió un golpe violento contra su nuca.

- ¡Maldita! ¡Eres una maldita bruja! – Gritaba el soldado amputado a Ami.

- ¡Deja de llamarme así! - No se estaba sintiendo bien. Su respiración era muy irregular, sus ojos se estaban nublando.

Y sin querer, levantó una de sus manos, provocando que el hielo naciera bajos los pies del hombre y que este terminara atrapado en una eterna prisión gélida.

La temperatura en el callejón bajó considerablemente. Todo alrededor de la peliazul estaba escarchado, y posiblemente, muerto. Pero ella seguía sin sentirse mejor, continuaba sin poder controlarse.

Era como si tuviera una tormenta sin control dentro de ella.

- ¡Ayuda! – Se escuchó un grito. Era una voz femenina, algo que llamó la atención de Ami. - ¡Amiga, bájame de acá! ¡Yo soy de las buenas! -

Sus ojos buscaron a la persona que la llamaba.

- ¡Deshace el hielo! - Un par de manos aferraron sus hombros desde atrás. No era un agarre amenazante, era un toque reconfortante. - ¡O por lo menos la estaca que la tiene atrapada! -

Esta nueva voz era muy familiar para ella.

- Ya no tienes que temer, Ami. - Se sentía bien, se sentía segura. - Ahora estoy contigo. -

Esas palabras, no tenía porqué usar esas palabras. Su corazón era débil, ella era una débil.

- Rei... - Volvió a romper en llanto. Y es que últimamente esto era lo único que hacía. - No puedo creerlo... -

Fue solamente una estaca la que terminó por desaparecer. Era la que mantenía a Minako atrapada en lo alto de la estructura, imposibilitada de bajar a terreno firme. Una vez en el suelo, sacudió su ropa, ya que termino cubierta de escarcha y arena. Y eso no era todo, el hielo rompió parte de su poncho, así que ahora era inservible. Le dolía mucho, puesto que era un poncho lindo.

- No pude evitar el hielo en este callejón tan angosto. - Pero por lo menos, pudo ayudar a la amiga de Rei. - ¿Cómo está? Parecía muy inestable. -

- Y todavía lo está. - Rei tenía a Ami abrazada y trataba de calmarla mientras acariciaba su cabeza.

- Tú no me hiciste cariño cuando me vendaste la cabeza ayer. - Minako también necesitaba afecto. Ella era un simple ser humano y vivía crisis igual como todos los demás. - ¿Y sabes? Como que me empezó a doler ahora... -

- No comiences con tonterías, Minako. - La pelinegra no tenía ánimos para este tipo de cosas. - No puedo atender a dos... - Entonces sintió otra energía acompañándolas.

- ¡Quita tus manos de ella! - El filo de un arma apareció sobre la cabeza de Rei.

Minako se movió rápido, sacando su espada y apuntando contra quien deseaba atacarlas.

El sonido del metal chocando, chispas volando, fuerzas opuestas encontrándose. Dos poderes diferentes, destello dorado y rojo, miradas aguerridas que se topaban por primera vez en este callejón.

Pero se sentía como si fueran viejas enemigas.

- Una espada bastante poderosa tienes contigo - El rostro de Haruka era cubierto por las sombras, pero su sonrisa era claramente visible para su contrincante. - Sería una lástima que alguien la termine cortando en dos. -

Rei no podía creer posible que Ami estuviera con esta mujer. ¿Dónde estaba Makoto? Ella era quien debía andar junto a la peliazul.

- Esa pequeñez que cargas como arma no me asusta. - Minako estaba dispuesta a dar batalla. - ¡Yo seré quien corte tu espada en dos! -

La noche caía en Radatia. Fue en aquel salar donde Ami y Rei se volvieron a reencontrar. Pero la paz seguía siendo esquiva, mientras que las desgracias aún querían quedarse a jugar.


Hay que agarrar a Haruka y darle un helado, seguro así se calma. También un helado a Ami, para que se le vaya la depresión. Y uno para Rei y Minako, por el buen trabajo. ¿Saben qué? Mejor no. Son muchos helados.

Agradezco todos los reviews que dejaron en el último capítulo. :)

Gracias por leer. ¡Suerte!