Capítulo Final: Después de todos estos años
Akane se sentía herida, traicionada, triste e indudablemente sola, y a veces cuando las personas se sienten de esa manera hacen cosas de las cuales se arrepienten luego, fue así como dejándose llevar por sus impulsos tomó el último vuelo a Tokyo, una ciudad a miles de Kilómetros de su natal Nerima, dispuesta a empezar de cero.
Su vida en Nerima no había sido mala, bueno no del todo, los primeros años de su vida había sido feliz junto a su padre, su madre y sus hermanas, sin duda la alegría siempre rondaba en su familia y siempre pensó que su historia podría tener un final feliz; sin embargo el destino se encargó de golpearla a temprana edad cuando perdió a su madre siendo todavía una niña, la pérdida fue dura aunque ella casi no podía recordar nada pero aún así su familia siguió unida y poco a poco lograron traer de nuevo un poquito de la felicidad que tenían. También era el lugar donde se encontraba el dojo su familia, un legado que su padre había fundado y le había sido encargado especialmente a ella, no a su dulce hermana Kasumi o a la astuta Nabiki, si no a ella a la más pequeña y algo torpe de las tres, y fue así como durante toda su vida se dedicó a aprender el estilo de combate de su familia, dedicando horas a su entrenamiento y esforzándose al máximo, tanto así que incluso hubo tiempo en el que nadie la superaba en habilidades. En Nerima, también vivía gente muy buena como el Dr. Tofu, de quien se enamoró siendo muy pequeña y aunque después aceptó que nunca sería para ella lo seguía admirando por su bondad y buen corazón, también estaban sus amigas de preparatoria Yuka y Sayuri y por supuesto todos los amigos que hizo en la universidad y en el trabajo; porque ella estudio, fue a la universidad y trabajó en aquella pequeña ciudad. Y a decir verdad no le fue nada mal, era guapa aunque ella no se daba cuenta de eso y más de un chico hubiera dado lo que fuera por salir con ella, y con su gentileza y amabilidad era una de las mejores amigas que una chica podía tener.
De hecho cuando recordaba todas esas cosas buenas mientras empacaba sus cosas sentía pequeñas dudas en su corazón sobre el abandonar su amada ciudad. Pero en ese lugar también lo había conocido a él, cuando ella tenía 16 años y no sabía que su vida cambiaría por completo al conocer a un problemático y egocéntrico chico que había venido desde China con su padre, el mismo que había adquirido una maldición en las mística fosas de Jusenkyo, el chico que no sólo llegó a poner todo su mundo de cabeza si no que también trajo consigo un séquito de locos artistas marciales decididos a luchar con él y un equipo de prometidas que nunca lo dejaban en paz. Ranma Saotome, el hombre que su padre había elegido para ser su prometido, y así unir la escuela de combate estilo libre.
El sólo pensar en él hacía que un montón de sentimientos se encontrarán en su interior, desde la llegada de Ranma la vida de Akane había dado un giro de 720 grados ya que no solo de la noche a la mañana se encontró prometida con un ególatra y confiado artista marcial de 16 años, si no que también con su llegada la ciudad se vio ataviada de artistas marciales mucho mejores que ella con habilidades con las que ella no podía ni soñar y pasó de ser la más diestra a la más débil de todo aquel grupo de lunáticos, en el tiempo que vivió con Ranma había sido secuestrada, raptada y hasta casi muere en algunas ocasiones por causa de los enemigos del muchacho y sus locas aventuras. Pero a pesar de todo, de las peleas y comparaciones incluso de los insultos que recibía o de la maldición que su prometido poseía, no pudo hacer nada al enamorarse de aquel chico tan peculiar, ni siquiera supo en que momento fue que paso, lo único de lo que estaba segura es que no se imaginaba la vida sin él. Por eso cuando él decidió emprender un largo viaje al terminar la preparatoria, su corazón se había ido con él, los primeros meses aún aguardaba la esperanza que él regresara; en algún lugar de su alma todavía estaba la ilusión que tenía cuando niña de tener su final feliz, y ella no se imaginaba mejor final que estar casada con Ranma y llevar juntos el dojo de la familia. Pero los meses se convirtieron en años y él no volvía, su esperanza poco a poco se iba muriendo y la cruel realidad le daba bofetadas en la cara. Ya no podía seguir viviendo una fantasía esa era la vida real y en la vida real no siempre tienes tu final feliz.
Pasó el tiempo poco más de cinco años para ser exactos, un tiempo donde ella camino sola entre las sombras y tuvo muchos obstáculos en el camino como Koga pero su mayor enemiga era ella misma, descuido su salud, se exigió hasta enfermar, intento seguir con su vida pero al final no pudo, él siempre estaría en ella; pero aprendió a vivir sin él y cuando pensó por fin haberlo superado, cuando ya se había resignado a seguir su camino sola, él regresó. Regreso para volver a poner su mundo de cabeza, regreso y le dijo que la amaba, regreso y desenterró viejos sentimientos, dudas e inseguridades que su corazón guardaba; y por supuesto no regreso solo, junto con él también regreso otra parte dolorosa de su pasado, quizá fuera coincidencia o quizá en su vida anterior había hecho algo realmente malo para que el destino le pusiera en su camino a los dos únicos hombres por los que había sentido algo y que la lastimaron, de diferente modo pero al fin y al cabo la hirieron. Pensó que su mundo se derrumbaría de nuevo, pero no fue así, Ranma había madurado ahora expresaba sus sentimientos más abiertamente aunque seguía conservando cierta timidez en algunas cosas, ella también había cambiado en todo ese tiempo aprendió a no refugiarse en su mazo y a encarar las situaciones difíciles, juntos llegaron a entenderse, sanaron viejas heridas, pudieron enfrentar el pasado y ni Koga ni nadie podía separarlos, o al menos eso creía. Pensó que juntos serían extraordinarios, invencibles y por un momento lo fueron; parecía imposible, que después de todo este tiempo ella lo amará aun más que cuando se marchó y que él quisiera estar con un desastre como ella, pero al final así resultaron las cosas… imposibles.
Le dolió enterarse que su novio se volvía a marchar, y aunque había dicho que serían solo unas semanas ella mejor que nadie sabía que el chico podía alargar su ausencia durante años ¿Acaso no fue eso lo que hizo la última vez? No, ella no podía soportarlo más, lo amaba más que a nada pero aprendió que primero tenía que amarse a ella misma, no podía seguir siendo la tonta a la que abandonan una y otra vez, no, ahora ella tenía dignidad había superado muchas cosas, aprendió a vivir sin Ranma una vez estaba segura que volvería a hacerlo aunque su corazón se partiera en mil pedacitos de manera irreparable. Y fue así como sin querer escuchar explicaciones, y rompiendo todo lazo que la unía al muchacho fue a una entrevista en Tokyo donde consiguió fácilmente el trabajo, decidió permanecer en la ciudad una semana no podía volver a verlo sabía que toda su fuerza de voluntad se iría al traste y se arrojaría a sus brazos, empezaría una nueva vida quizá no una feliz pero lo haría desde cero, se mudaría allí, abandonaría toda su vida en Nerima, viviría lejos de su familia y del dojo, sabía que ellos lo entenderían y si no lo hacían ya no importaba, ella necesitaba un nuevo comienzo.
Regresar fue difícil, durante la semana en Tokyo había recibido millones de llamadas y mensajes de Ranma, y aunque le costo toda la voluntad que pudo reunir decidió no constestar ninguno, ya era hora de un cambio en su vida, estaba decidida. Llego a Nerima a altas horas de la madrugada, no podía correr el riesgo de encontrarse con él o toda su determinación no le serviría de nada al ver ese para de intensos ojos azules mirándola fijamente; el plan era simple llegar de madrugada sin avisar a nadie, descansar un poco, alistar el resto de sus cosas, dejar una nota a la familia y partir de la ciudad que la vio nacer decidida a no regresar.
Todo iba bien había dormido un par de horas y alisto todas sus pertenencias en dos grandes maletas, comió un desayuno ligero ahora que empezaría una nueva vida tenía que esforzarse por dejar ciertos hábitos atrás, y a las 9 de la mañana estaba lista para tomar el tren que la llevaría a su nuevo hogar, hasta que saliendo de su habitación con su pesado equipaje una luz en su muñeca la hizo detenerse en seco, era el brazalete que le había regalado Ranma, ella no se lo había quitado desde ese día y en el tiempo que estuvo en Tokyo simplemente se aferro a él como un recuerdo, como un recordatorio de que podía salir lastimada. El brazalete expedía una luz amarilla muy tenúe y pronto ella pudo ver un rastro del mismo color que la guiaba a la habitación de invitados, decidió seguirlo y conforme se acercaba el brazalete se iluminaba cada vez más, llego hasta el cuarto donde en más de una ocasión había dormido el chico causante de su pena, y la luz se perdía bajo una teja en el suelo, ella la levanto con cuidado descubriendo que estaba suelta y allí encontró una vieja caja, brillando completamente junto con su brazalete, la abrió con cuidado y lo que encontró la dejo sin habla.
Eran cartas, cientos y cientos de cartas sin enviar con distintas fechas, distintos lugares, en distintos estados de antigüedad pero con un solo remitente: Ranma, y todas ellas iban dirigidas a ella; la impresión del momento la hizo caer de rodillas al suelo mientras su brazalete absorbía toda la energía que desprendía esos trozos de papel. Akane con una mano temblorosa, abrió la carta más cercana que tuvo y aunque las lágrimas que empezaban a formarse en sus ojos no la dejaban leer con claridad pudo distinguir algunas frases que decía, y es que la caligrafía del muchacho tampoco ayudaba mucho.
"Siempre pienso en ti"
"Lamento haber estado ausente"
"Te amo"
Con más lágrimas cayendo cogió otra y encontró frases similares
"Akane regresare te lo prometo"
"Regresare por ti"
"Soy un cobarde, perdóname por favor"
"Siempre te amaré"
Y así leyó las cartas que tenía más cercanas, algunas eran muy antiguas desde los primeros día viaje otras eran más recientes, ellas las leía en desorden pero distinguía perfectamente la evolución del muchacho, las primeras eran algo esquivas y no se le declaraban directamente mientras que en las ultimas le pedía perdonarlo y esperarlo, incluso en algunas mencionaba el tema de la boda, y en casi todas las recientes le decía que la amaba. Si antes estaba confundida, pues ahora si estaba realmente perdida, no sabía que hacer, su cuerpo no reaccionaba solo se mantenía de rodillas en el suelo leyendo una carta tras otra incapaz de ignorarlas y seguir con su camino, algunas le sacaban una ocasional sonrisa mientras que otras la hacían sollozar por el amor que le profesaba el muchacho. Una en particular le llamo la atención.
"(…) Akane acabo de escuchar tu voz por teléfono, sonabas tan contenta y me preguntaste cuando regresaría, tuve que morderme la lengua para no decirte que te extrañaba, que hecho de menos tus sonrisas y tus bellos ojos café, que me haces falta… quería decirte que te amo, que me esperes, pero no pude, aun no sé si tu sientes lo mismo por mi, ya ha pasado más de un año y aun soy un maldito cobarde… incapaz de mandarte una sola carta, escribiéndote en silencio y acobardándose al momento de enviarla… Hoy intente contactarme contigo, tenía tantas ganas de escuchar tu voz, y cuando lo hice…perdóname pero no puedo, pensé que podría mantener el contacto contigo, pensé que podríamos llamarnos y escribirnos pero me equivoque… me desarmas Akane, cuando oí tu voz, cuando me preguntaste cuando volvería estaba a punto de mandar todo al diablo y volver contigo, por eso no puedo volver a escucharte se que si lo hago no dudare en volver así tenga que regresar nadando… Créeme que lo hago por ti, estoy entrenando duro, viajando, aprendiendo nuevas técnicas, así cuando regrese podré defender el dojo, podré protegerte porque no dejare que vuelvas a estar en peligro por mi culpa, me volveré fuerte para ti… Por eso aún no puedo regresar, entiéndeme por favor, quizá uno de estos días me anime a mandarte alguna de estas cartas (…) No he dejado de pensar en ti, volveré Akane, pero aún no es el momento esperame por favor… Te amo (…)"
Para Akane el tiempo se había detenido, después de leer esa carta estaba decidida a leerlas todas, para ella su pasaje en el tren y sus planes de iniciar de cero habían quedado en el olvido, y secándose con dificultad las lagrimas que seguían brotando sin permiso de sus ojos agarro otra carta tras otra sin darse cuenta que las horas pasaron sin compasión y dejando atrás el mediodía y la hora del almuerzo.
Por otro lado en la estación de trenes de Nerima, Ranma Saotome estaba cada vez más desesperado, Akane no se veía por ningún lado y la sensación de perderla para siempre se instalo en su pecho y no lo dejaba tranquilo. No podía esperar más si ella no volvía él iría a buscarla así le tomara toda la vida encontrarla, ya había estado lejos de ella suficiente tiempo para dejarla ir por un mal entendido, la obligaría a escucharlo y si era necesario suplicaría que permaneciera a su lado.
-Espera Ranma- fue la voz de Ryoga la que lo saco de sus pensamientos.
-Ryoga… ¿Qué haces aquí?- pregunto sorprendido
-Akane no vendrá- afirmo serio
-No me importa, iré a buscarla y la obligare a que regrese- dijo decidido
-¿Y que pasa si ella no quiere volver?¿Alguna vez has pensado en eso? ¿Qué haras si ella no quiere estar contigo si su felicidad esta en otro lugar?
Ranma se quedo atónito por la pregunta pero contesto con decisión
-Entonces la dejaré libre, si le explico todo lo que paso si le abro mi corazón si le suplico estar en mi vida y ella después de eso sigue queriendo ir se, la dejare marchar para que sea feliz… pero no puedo perderla sin decirle todo lo que siento por ella, sin luchar hasta el final- añadia con cierto fuego en la mirada
Ryoga agacho la cabeza y sonrió mostrando su colmillo, esa era la respuesta que estaba esperando escuchar, llevaba toda la mañana intentando llegar a la estación para encontrase con Ranma y aunque varias horas tarde, al final lo había conseguido y había valido la pena.
-Esta en su casa- dijo levantando la mirada y sosteniendo la sonrisa
-¿Qué?
-Lo que escuchaste, esta en su casa, durante la madrugada a Ukyo se le antojo comer pescado, así que intente conseguirlo, pero me perdí y de casualidad vi a Akane caminar sola con dirección al dojo- contaba alegre
-¿En… en serio?- pregunto sorprendido
-Muy en serio, aunque ya no esta embarazada dice que sigue teniendo antojos y que es mi deber…
-Eso no- lo interrumpió el muchacho agarrándolo de la camisa- lo de Akane ¿en verdad esta en el dojo?
-Si, bueno…-respondía intentando liberarse del agarre- al menos eso creo, fue muy temprano no sé si seguirá… yo he intentado encontrarte per bueno, ya sabes, yo…
Ranma no necesito más y salió como un rayo rumbo al dojo, dejando a un despistado Ryoga caminando en dirección a lo que el creía era su casa, gracias al cielo estaba por el camino correcto.
Ranma llego a la antigua casa de los Tendo, donde en mejores tiempos vivió toda la familia y que ahora solo era habitada por una hermosa y algo terca jovencita que él esperaba de todo corazón aún estuviera en su interior. Al momento de poner un pie en la casa sin notarlo su respiración se detuvo y con el corazón hecho un puño reviso la planta baja sin rastro alguno de Akane, al subir al segundo piso fue directo a su habitación y al ver los cajones vacíos sus esperanzas comenzaron a flaquear. Un pequeño ruido en la habitación de invitados fue lo que le hizo recuperar la fe y dirigirse allá, un par de grandes maletas en el pasillo y el ligero llanto de una chica le devolvió el aire que había contenido todo ese tiempo.
Allí estaba ella de rodillas y sollozando levemente, abrió mucho los ojos cuando vio la gastada caja que cargó durante años, vacía a un lado de ella y todas las cartas que había escrito alrededor de la muchacha, muchas abierta y otras aun sin leer.
-A…Akane- se atrevió a decir
Ella volteo la mirada y al verlo allí se puso tan rápido de pie, que perdió un poco el equilibrio, el chico la sujeto antes de que cayera pero una vez recuperada ella se alejo de él como si su tacto quemará, esto entristeció terriblemente al muchacho.
-Akane yo… por favor déjame explicarte todo yo…- en su mente sonaba tan fácil pero al momento de decirlo las palabras no tenían sentido, y el silencio de la muchacha no ayudaba en absoluto- veras yo… cuando estaba en China yo… pensé que era lo correcto… yo…- seguía intentando explicarse
Akane quien aun sujetaba una de las tantas cartas bajo la mirada hacia ella y pudo leer una simple línea.
"Siempre estas en mi corazón"
Eso fue lo que la hizo romper su silencio y le dio el valor de hablar.
-¿Por qué no enviaste ninguna de estas cartas?- pregunto sin mirarlo y con voz apagada
Ranma quien se había quedado atónito, decidió responder como debió haber hecho hace mucho, con el corazón.
-Fui un idiota- dijo honesto- al principio me acobardaba de enviarlas, no sabía lo que tu sentías por mi y mi orgullo no me dejaba decírtelo, intente escribirte de otro modo uno más amical, pero cada vez que pensaba en ti al escribir simplemente las palabras no me salían de otro modo, fui un maldito cobarde- continuaba apretando fuerte sus puños- pensé que quedaría como un idiota si te las enviaba y tu no me correspondías, pensé que te burlarías al leerlas- añadió suavizando su mirada- el tiempo pasaba Akane y me di cuenta muy tarde que podía perderte por mis inseguridades, pero ya habían pasado años y me pregunte si sería egoísta de mi parte retenerte de ese modo, había dejado pasar los años sin saber nada de ti… yo... ya no me importaba decirte lo que sentía pero ¿Qué pensarías tu después de todo ese tiempo sin contacto?... Nunca deje de pensar en ti ni un solo día y escribirte diario se convirtió en algo natural como comer… guarde todas las cartas con la esperanza de que algún día si me perdonabas…yo…
-¿Por qué no regresaste antes?- lo interrumpió Akane en el tono más tranquilo que pudo conseguir pero fallando en ocultar sus cristalinos ojos
-Yo era un crío, un tonto crío de 19 años que creía que tenía todo el tiempo del mundo… Me tomo más de un año encontrar la cura y después tuve que acostumbrarme a mi cuerpo- intentaba explicar lo mejor que podía- el haberme convertido en chica durante tres años había afectado mi desarrollo, cuando me curé empecé a crecer y a desarrollarme lo cual me añadió fuerza pero me quitó agilidad, me tomo mucho tiempo acostumbrarme… pero cuando conseguí dominar mi cuerpo a la perfección quería hacerme más fuerte… no podía regresar no todavía… No me malinterpretes por favor Akane, mi intención siempre fue regresar y casarme contigo pero aún tenía tanto por aprender, tanto por mejorar, no podía regresar no cuando había un mundo lleno de posibilidades frente a mi. Tome una decisión me volvería el mejor de China, así el nombre del dojo quedaría en alto… y tu tendrías un esposo del cual sentirte orgullosa… pensé que tenía tiempo, pero los años se fueron demasiado rápido…- agacho la cabeza avergonzado e hizo una reverencia- se que quizá esto no es lo que querías escuchar y me disculpo por ello, pero es la verdad, fui un verdadero imbécil y lo admito…
-Levántate por favor- le pidió ella- ¿Por qué regresaste entonces? El conocimiento es infinito Ranma, y estoy segura que 5 cinco años no son suficientes para absorberlo todo- dijo segura
Ranma sonrió, eso era lo que más admiraba de Akane, ella era muy lista y perspicaz.
-Tienes razón- acepto- yo ya me había hecho de un nombre en China, gracias a los combates que había ganado, aunque debo admitir que los oponentes no suponían grandes retos y que solo lo hacía por el dinero de recompensa, ese fue mi modo de mantenerme durante algunos años… Cuando tuve el suficiente dinero me retire de aquellos combates y empecé a buscar oponentes de verdad, fue así como me encontré con un anciano muy sabio que me derroto en menos de un minuto; sin embargo, acepto convertirse en mi maestro y entrene junto con él por casi un año. Una vez él me pregunto porque era tan terco en querer mejorar si ya era mucho más fuerte que los artistas promedio, yo le respondí que era porque tenía alguien a quien defender, él solo respondió: ya veo y dime ¿Quién defiende a esa persona mientras tu estas aquí? Fue ahí cuando empecé a dudar de la decisión que había tomado… Poco a poco entendí que por mi estupidez pude haberte perdido por completo y algo que aquel maestro me enseñó era que si no tienes una razón, entonces no servía nada pelear y no solo en los combates si no en la vida… tu eres mi razón Akane y no quiero perderte… sin ti yo… - su voz se quebró un poco pero carraspeo y continúo explicando- … por eso decidí regresar, yo te había extrañado cada día desde mi partida y en ningún momento deje de pensar en ti pero ¿y tu? ¿Qué haría si tu hubieses seguido con tu vida? No podría culparte si ya estuvieras casada o con novio, después de todo fui yo quién desapareció por cinco años, tu no tenías ni idea de cómo contactarte conmigo era yo quien sabía donde siempre estarías y no se atrevió a mandarte ni una maldita carta.
Agacho la cabeza al recordar toda la angustia que sintió cuando se dio cuenta de que la realidad pudo haber sido otra.
-Tuve miedo Akane, tuve miedo de que al regresar tu ya no quisieras verme, todo lo que había hecho estos años era por ti para ti y si tu no me querías yo… yo… Akane, si tu hubieras elegido a otro chico yo lo habría entendido, pero no podía rendirme sin luchar y así se me rompiera el corazón al verte con otro hombre, me arme de todo el valor que tenía y decidí que ya era hora de regresar, era hora de mostrar que era un hombre de verdad, ya era hora de luchar por lo que más quería… yo… yo regrese para luchar por ti- dijo serio y sosteniéndole la mirada.
Akane soltó el aire que sin querer había estado conteniendo en los pulmones y se dejó caer con las manos en el suelo, lo que había escuchado la había dejado sin palabras y no sabía como reaccionar. La historia de Ranma era tan distinta a la suya, él no había vivido su separación como ella lo hizo, mientras ella se sentía abandonada y herida, él había dado por hecho que era como una especie de relación a distancia amándola y echándola de menos pero siempre en silencio y sin mantener contacto. Había que admitir que lo el muchacho hizo era una gran muestra de inmadurez y egocentrismo, creer tener todo el tiempo del mundo y dar las cosas por sentadas, pensar que ella seguiría esperándolo lista para casarse a su regreso a pesar de no saber nada desde su partida. Él había pensado en ella todo ese tiempo pero no había pensado en como se había sentido ella o que es lo que estaría haciendo y cuando se dio cuenta de su error regreso para enmendarlo aunque fuera demasiado tarde.
-Fui un inmaduro Akane, y créeme que la angustia de no saber de ti y de regresar y saber que ya no me quieres fue un horrible castigo, desde que me dí cuenta de mi error no pude dormir por las noches y cuando llegue y vi todas las cosas cambiadas yo… yo por primera vez tuve miedo, al saber que nuestro compromiso se había roto salí como un poseso dispuesto a reclamarle a nuestros padres, pero mi madre me hizo entrar en razón y me di cuenta que no tenía derecho a reclamar nada, después de todo yo fui el que desapareció…- se agacho a la altura de la chica y le levanto el mentón para que lo mirará- … Sé que sigo sin tener derecho a reclamar nada, tú fuiste la que sufrió más con todo esto y eres tú la que tiene la última palabra, si me pides salir de tu vida lo haré… prometo no volver a cruzarme en tu camino, ya no puedo seguir siendo egoísta, tu felicidad es lo más importante para mi aún si no es a mi lado.
Akane estaba sopesando las palabras que el chico decía y dijo lo primero que se le vino a la cabeza.
-Haz madurado…- Ranma se sorprendió al escuchar aquello pero guardo silencio para que ella pudiera continuar- Quizá en este momento eres el más maduro de los dos…
-Akane…
-Casi no puedo imaginarme a un Ranma de 19 años diciendo las cosas que tu has admitido, quizá fue lo que necesitábamos… Sé que nadie puede saber lo que hubiera pasado pero siempre imaginaba que hubiera sido si decidías quedarte, a mi no me importaba la maldición Ranma, yo te amaba por el solo hecho de ser tu, tampoco me importaba el dojo o que fueras el mejor artista marcial del mundo para mi siempre serías el más fuerte, solo quería que permanecieras a mi lado… pero he de admitir que es algo difícil de imaginar a esos dos orgullosos niños de 19 años admitiendo sus sentimientos y hablando con tanta sinceridad como tu lo haz hecho, quizá esa relación hubiera terminado antes de empezar… Yo no puedo juzgarte Ranma, yo misma hace poco actué como una niña… tuvimos nuestra primera pelea y ¿Qué hago yo? En vez de intentar hablarlo y resolverlo como adultos, como tu lo haz hecho, salgo corriendo al primer problema y hago todo un plan para mudarme a otra ciudad… Parece que de los dos, tu eres el que más a crecido…
Ranma se paralizo al oír esas palabras, ella había planeado irse no soportaría perderla de nuevo esos últimos días habían sido una tortura.
-¿Te vas?- le pregunto temeroso
- Quería hacerlo- respondió sincera- pero honestamente ya me canse huir a mis sentimientos…
Él no pudo más y la abrazo con todo el amor que fue capaz de reunir, ella entre sus brazos, no lloro ya no tenía porque hacerlo y solo se dejo arropar sintiéndose querida.
-Lamento haberme ido sin escuchar tus explicaciones, debiste tener un buen motivo para no decir nada- dijo ella sin separarse de su abrazo.
-Lo tengo- respondió el sonriendo- solo que no tuve el momento adecuado de decírtelo, estaba preocupado… sigo preocupado de que me rechaces
Akane lo miro sin entender a lo que se refería, así que Ranma tomo una gran bocanada de aire y decidió que ese era el momento que había estado esperando, si no lo hacía probablemente se arrepentiría toda su vida.
-Akane- comenzó hablar rogando a todos los dioses que la chica aceptara- yo… yo quiero que tu me acompañes en mi viaje…
Akane se sintió sorprendida pero no tanto ¿era eso lo que tanto temía el muchacho que rechazara? De pronto sintió que el asunto era verdaderamente tonto.
-Ranma… la verdad no sé porque te atemorizaba eso- dijo ella algo fastidiada por la simplicidad del tema- bueno es verdad que tendría que acomodar algunos de mis horarios, pero me encantaría acompañarte… no puedo creer que se formará tanto lío por esto yo…
-No Akane- la interrumpió él- no he terminado… yo quiero que me acompañes pero no como mi amiga o mi novia, quiero que me acompañes como mi esposa…- esta vez si que la chica se quedo sin habla…- lo siento no tuve el valor de poder pedírtelo…- agrego agachando la cabeza
Ella levanto la vista para perderse en aquellos inmensos ojos azules que tanto la volvían loca y pudo ver la sinceridad que reflejaban, ahora podía entender el miedo del muchacho a ser rechazado y aunque aún era muy pronto para hablar de matrimonio le enterneció el alcance de los sentimientos del joven. Se acerco lentamente y lo beso para transmitirle confianza, para decirle que todo estaría bien, que ya no huiría y se quedaría para luchar por su felicidad. A Ranma aquel beso lo tomo por sorpresa, especialmente porque sintió toda la dulzura posarse sobre sus labios, le correspondió entusiastamente hasta hacer que chica quede sentada de horcajas sobre él. Cuando se separaron ambos sonreían y se miraban fijamente.
-¿Eso significa que aceptas?- pregunto feliz el muchacho
Akane sonrió aun más, tomo su rostro ambas manos y le dejo un pequeño beso sobre la frente del muchacho.
-Ranma te amo y estoy dispuesta a quedarme y luchar por esto- dijo señalándose a ambos- pero creo que aún es muy pronto para pensar en casarnos, hace poco más de tres meses que has vuelto y aunque hemos avanzado mucho, pienso que es un poco precipitado, recién nos estamos adaptando el uno al otro debemos esperar un poco- le explico ella comprensiva
-Por suerte para ti puedo esperar un poco más- le contesto divertido ya que entendió que ella no lo había rechazado solo que necesitaba un poco más de tiempo para adaptarse y él la entendía, así que decidió guardarse la cajita que reposaba en su bolsillo hasta la ocasión indicada.
Ella le sonrió de vuelta y volvieron a besarse, hasta que el estomago de Ranma empezó a protestar por falta de comida. Akane rió con ganas y los dos bajaron a la cocina a preparar algo de comer. El muchacho se encargo de hacer el guiso y Akane preparo un poco de arroz, y aunque le quedo algo insípido era comestible y nada que algo de sal no pueda arreglar. Ambos comieron en un silencio cómodo, no es que no tuvieran nada que decirse sino que casi todo lo que tenían que decirse ya lo habían hecho así que solo intercambiaban miradas y sonrisas cómplices.
A la hora de acostarse no querían separarse así que después de conversar un rato sobre temas sin importancia sobre la cama de Akane, ambos se quedaron dormidos sin duda el desgaste emocional de ese día los había agotado pero los dos sonreían descansando en los brazos del otro.
El tiempo desde ese día paso implacable, tanto así que habían transcurrido dos años desde el regreso de Ranma. Muchas cosas sucedieron en esos años, Akane y Ranma se volvieron oficialmente una pareja formal aunque ninguno de los dos había vuelto a mencionar nada sobre casarse, ambos eran felices viviendo cada día su relación. Los padres de ambos al enterarse ya estaban preparando en secreto una nueva boda y hasta invitaciones estaban mandando pero para su mala suerte una de ellas cayó en manos de Nodoka Saotome, quien se enojo mucho al enterarse del plan de su esposo y el amigo de este, creo que esta demás mencionar que solo ella con su singular estilo pudo disuadirlos. Nabiki se había convertido en la representante oficial y manager de Ranma y en contra de todo pronóstico había aceptado por fin casarse con Kuno, y aunque ella decía que solo lo hacía porque portar el apellido Kuno le daría poder en los negocios algunos sospechaban que al final su corazón tan frío como el hielo no pudo evitar caer en lo inevitable, enamorarse… así que todos estaban muy felices por ella, aunque la chica seguía negándose a tener hijos. Por el contrario Kasumi sorprendió a todos con la llegada de una nueva integrante a la familia, la pequeña Kogane, que tenía poco casi 6 meses y tenía a su padre embelesado con aquella dulce sonrisa que había heredado de su madre.
Para nuestra pareja favorita las cosas también habían marchado notablemente bien, Akane había conseguido trabajo en una de las empresas más importantes a las afuera de Nerima y gracias a su esfuerzo y perseverancia había logrado escalar desde abajo y obtener un cargo importante, aunque últimamente la chica estaba pensando en retirarse y aplicar sus conocimientos adquiridos en el dojo familiar y así hacer crecer su propio negocio de lo que tanto amaba, después de todo uno no estudia administración de empresas en vano. Ranma, por su parte no solo había deslumbrado a toda Europa con sus habilidades en combate sino que había ganado el título de campeón mundial el año anterior y ese año defendería su posición; sus habilidades habían mejorado mucho y gracias a su fama del mejor artista marcial, el dojo Tendo ahora era el centro de entrenamiento más solicitado de todo Japón en donde él enseñaba a sus aprendices las técnicas de combate estilo libre, como parte anecdótica cabe mencionar que la segunda gran pelea de Ranma y Akane fue cuando el primero le pidió ponerse al frente del dojo, y después de varias discusiones y problemas, ella llego acceder a duras penas aceptando que eso sería lo mejor para el negocio pero con la condición que siguiera conservando el nombre de Dojo Tendo y que ella también dictaría algunas clases a la semana. Es por eso que debido a la gran demanda Akane se pondría al frente de la parte administrativa y con ayuda de la gran Nabiki Kuno abrirían nuevas sucursales, el negocio no podía ir mejor.
Ranma prácticamente pasaba todo el día en el dojo, pero regresaba con sus padres todas las noches, sin embargo se veían casi diario y eso los alegraba enormemente. Su relación no podía ir mejor, juntos habían superado el pasado, se habían perdonado mutuamente sanando heridas y construyendo nuevos caminos, el viaje que hicieron a Europa un par de años atrás los había más de lo que se imaginaban y al regresar parecían una pareja totalmente distinta, después de ese viaje siguieron muchos más gracias a la carrera de Ranma y en todos ellos Akane siempre lo acompañaba, es más él prefería no ir si no era con ella. Y justo en esos momentos estaban por emprender una pequeña gira por América para promocionar el campeonato mundial de artes marciales.
Akane se encontraba en el tejado sobre su habitación mirando las estrellas, Ranma subió sin hacer ruido se sentó junto a ella y paso su brazo sobre los hombros de la joven, ella automáticamente se recostó en su pecho.
-¿Lista para conocer América?- pregunto Ranma
-Si- contesto ella tranquila- ya empaque las cosas
Ranma la miro, se veía hermosa con su nuevo corte de cabello y su tez blanca iluminada por la luna, a todos los lugares que iba con ella su belleza atraía a mas de uno y eso siempre ponía en alerta al muchacho.
-Me gusta tu cabello así- le dijo besándole la coronilla, Akane involuntariamente paso sus finos dedos por su corta cabellera que le llegaba un poco mas debajo de las orejas.
-Así lo tenía de niña- respondió ella tranquila- y así lo tuve casi toda la preparatoria, casi todo el tiempo que estuve contigo.
-Lo sé- contesto sonriente- te ves hermosa
Akane le dio un corto beso en los labios y permanecieron unos instantes en silencio. Ranma se incorporó y ayudo a Akane a levantarse, él la sostuvo con sus manos unos instantes y le dijo:
-¿Sabes que día es hoy?- ella simplemente lo miro entre confundida y divertida, pero negó con la cabeza dándole a entender que no tenía idea de lo que se refería, así que él continuo
-Hace exactamente 10 años mi padre entro en esta casa convertido en panda y cargando a una rebelde pelirroja en sus espaldas, un día como hoy hace 10 años conocí a una linda chica de 16 años con la sonrisa más hermosa que había visto nunca, y aunque debo admitir que era algo terca y orgullosa casi tanto como yo, no pude evitar enamorarme de ella… parece imposible que después de todo este tiempo, las separaciones y todos los problemas que hemos pasado, la tenga conmigo a mi lado y la haya convencido de ser mi novia, hoy vengo con el reto de convencerla a algo mayor.
-Ranma…- los ojos de Akane empezaban a humedecerse por aquellas palabras.
- Una vez me dijiste que yo fui el primero que te beso, que te dijo que te amaba y el primero que tomo tu mano, te dije que me hubiera gustado ser el primero en todo… así que… ¿Alguna vez un hombre te ha pedido que te cases con él?
Akane negó con la cabeza, cubriéndose la boca con la mano.
-Pues me alegro de ser el primero.
Ranma inclino una rodilla al piso, saco una pequeña y algo antigua cajita de uno de sus bolsillos, Akane vio brillar un anillo de diamantes contra un fondo de terciopelo rojo.
-Quiero ser el primero y el último. Te amo, Akane. Te ofrezco mi corazón y mi vida. Cásate conmigo. Sé mi esposa, mi amiga, mi confidente y mi amante. Sé mi guía y mi razón para seguir luchando- La voz le flaqueo ligeramente- Di que serás mi compañera. Para siempre.
-Si- logro decir ella, antes de que las lágrimas le impidieran seguir hablando.
Ranma se levanto y le coloco el anillo en el dedo con suavidad para después inclinarse y darle un beso en la mano.
-Este anillo ha estado en la familia de mi madre hace generaciones, hace un par de años lo mande a restaurar para ti, pero puedo comprarte otro si prefieres uno nuevo, puedes elegirlo personalmente si quieres…
Akane miró el pequeño diamante, de corte cuadrado, montado sobre un sencillo aro de platino. Era un anillo clásico, con una hilera de diamantes más pequeños a los laterales del aro. Y aunque era un poco más elaborado y detallado de lo que ella habría elegido, era perfecto, porque Ranma lo había restaurado especialmente para ella y le había dado una joya de gran valor familiar.
-Este es el que quiero- dijo decidido abalanzándose a sus brazos y besándolo con la felicidad acumulada.
Ranma la cargo y le daba vueltas de campanas sin poder esconder la enorme sonrisa.
-¿Qué te parece si nos casamos el verano que viene?- le pregunto entusiasmado
Akane movió la cabeza en señal de negación, lo cual hizo asustar un poco a Ranma.
-Falta mucho para el verano que viene- dijo ella sonriendo- ¿Por qué no el mes que viene? Honestamente Ranma, empezaba a creer que nunca me lo preguntarías, me casaría contigo mañana mismo, quiero una boda sencilla aquí en el dojo solo con nuestra familia, la verdad estoy cansada de vivir sola… quiero estar contigo- añadió algo sonrojada
Ranma tenía tanta felicidad que no cabía en su pecho. La beso, la abrazo, la cargo e incluso tuvo impulso momentáneo de querer arrojarla al aire para atraparla. Si ella no era la chica indicada para él pues que lo partiera un rayo ahí mismo.
Esa noche se durmieron entre arrumacos y besos, ambos abrazados y sonrientes en los brazos del otro.
Lamentablemente no pudieron casarse ni al día siguiente, ni el mes siguiente, ya que tenían pendiente la gira por América y después de anunciar la noticia a la familia, ellos mismo organizaron la boda familiar con la que ellos tanto anelaban.
Era fines de otoño y se podía ver en el dojo Tendo a un artista marcial vestido con smoking negro elegante, muy nervioso al lado de sus padres quienes iban vestidos con los tradicionales kimonos japoneses para la ocasión. Su corazón empezó a palpitar muy deprisa al ver como aparecía por la puerta las hermanas de su prometida vestidas con elegantes vestidos azules, y se detuvo por completo al ver entrar al Señor Tendo, con un elegante kimono y acercándose con la chica que se había robado su corazón desde que tenía 16 años.
Akane iba lucía un sencillo vestido estilo occidental, nada voluminoso como el que uso hace muchos años atrás, este era de corte simple con un lindo lazo color azul a juego con su cabello que se ataba a su cintura y la hacía lucir mucho más esbelta. Como era otoño el clima empezaba a refrescar pero eso no impidió que los últimos rayos de sol de aquel día se colarán por la entrada principal del dojo e iluminaran a la bella novia desde atrás, dando un aura casi angelical.
La ceremonia fue tradicional y sencilla, no hay que mencionar que más de uno derramo algunas lágrimas al ver finalmente unidos a estos dos obstinados jóvenes, obviamente los que más lloraron fueron los patriarcas de la familia diciendo que su sueño de unir las escuelas por fin se había vuelto realidad.
Al haber invitado solo a la familia y a los amigos cercanos la fiesta que siguió a la ceremonia fue un ambiente familiar y de confianza, sin ningún percance como en una anterior situación, y exceptuando el hecho de que el maestro bebió hasta caer rodando por el suelo, todo salió tal como lo había planeado.
Akane se había levantado justo antes del amanecer para ir al baño, al regresar vio a su joven esposo dormido profundamente sobre la cama que ahora compartían, sin intención de querer levantarlo se dirigió al balcón de su habitación a meditar un poco sobre el último mes que había pasado, se había casado con el chico de sus sueños en una hermosa boda con la que siempre soñó y ahora dirigían el dojo juntos. Definitivamente había valido la pena todas las cosas por las que tuvo que pasar para llegar a donde se encontraba, al principio fue un poco difícil adaptarse a vivir bajo el mismo techo y la primera noche que durmieron juntos ambos habían estado sumamente nerviosos, pero Ranma había sido amable con ella jamás la presiono en nada y con cada beso y caricia le demostraba que la amaba, él había sido muy cuidadoso con ella y juntos, ambos inexpertos, habían descubierto una unión en cuerpo y alma. Ella no podía estar más feliz, la vida se veía como una ventana brillante de posibilidades.
-¿Qué haces? Te resfriaras- fue la voz de su esposo la que la saco de sus cavilaciones.
-Solo pensaba- respondió tranquila ella- no podía dormir.
-¿Y en qué pensabas?- pregunto él abrazándola por la espalda.
-Que quizá la vida si tiene un final feliz- respondió ella volteando para encararlo y tirándole los brazos al cuello.
-Sabes- dijo él aferrándose a su cintura- al levantarme y ver a mi esposa usando solo mi camisa y con una gran sonrisa en el rostro, empiezo a creer eso también.
Se besaron como dos adolescentes y Ranma la cargo haciéndole envolver su cintura con sus piernas.
-¿Qué le parece si vamos adentro, Señora Saotome?- dijo divertido- creo que yo tampoco no podre volver a dormir.
Akane rió y Ranma la condujo en brazos directo a la cama.
Esta es la historia de un par de jóvenes, los cuales fueron comprometidos contra su voluntad cuando solo tenían 16 años, esta es la historia de cómo el destino se empeño en ponerse en su camino, cruzando a locas prometidas, maldiciones mágicas y a rudos adversarios en su vida y cuando eso no fue suficiente la vida los separo con su orgullo e inseguridades. Pero lo que el destino no pudo evitar fue el sentimiento que nació entre ellos y que solo se hizo más fuerte a través del tiempo y la distancia. Porque el hilo rojo que los unía no podía romperse, no importa cuán enredado estaba.
Después de todos estos años los caminos de estos jóvenes se unían de manera definitiva.
Después de todos estos años el amor fue más fuerte.
Después de todos estos años… su historia recién empieza.
Hola chicos, perdón por tenerlos en suspenso espero hayan disfrutando del último capitulo de esta historia, quiero agradecer todo el apoyo y los comentarios que recibí en el trayecto de verdad son lo máximo. Pero aún no se desharán de mi tan fácilmente todavía les tengo preparado un pequeño epílogo, pero básicamente la historia central ya termino, espero les haya gustado y hayan disfrutado leerla así como yo lo hice al escribirla; Si les gusto déjenme un review que me encantan leerlos y no se olviden de recomendarla a sus amigos para que así más personas conozcan el maravilloso mundo de Ranma ½.
Un beso para todos ustedes, nos queda una última actualización
Mil gracias por llegar hasta aquí,
JustNita
Posdata: como prueba de mi gratitud prometo contestar por aquí todos y cada uno de los comentarios que me dejen, ya les había dicho que no lo hacía porque tenía la historia lista y quería actualizar rápido para ustedes pero no por ello dejaba de leerlos y alegrarme, son lo máximo todo el amor y apoyo que recibí y espero recibir con este par de capítulos que quedan me llena el corazón.
A todos ustedes
Arigato!
