Mark POV

"¡Despierta!"

"¡Ah!" grité dando tal bote de la cama que me caí de caras al suelo. "¿De verdad crees que gritarme en la oreja es la mejor manera de despertar a alguien dormido?"

"Es la única forma de despertarte" aclaró Denisse.

Solté un leve gruñido, la cogí por la cintura y la tumbe a mi lado en la cama. Protestaba sin parar pero yo no la soltaba. La quería en mis brazos. Le di un beso en la frente y en la punta de la nariz.

"Estás muy tierno, hoy. ¿Te encuentras mal?" preguntó mi novia.

"No, solo es que no quiero perderte de la misma forma que Casey... Y quiero que sepas cuanto te quiero."

"¡Argh, que asqueroso!" se quejó mi hermanastro mayor, llamado igual que yo. "Así no es cómo se comporta un hijo de Ares, hermanito."

"¡Date el piro y vete a paseo!" gruñí.

Éste sonrió satisfecho por mi respuesta y nos dejó tranquilos de nuevo.

"¿Y qué te trae por aquí tan temprano?" le susurré a Denisse en la oreja.

"¿Temprano? ¡Son las once y media! Has vuelto a faltar al entrenamiento. ¿Qué os pasará a ti, Jake y Casey que siempre dormís? Además, Quirón quiere que nos preparemos... dice que en el Olimpo se ha organizado una fiesta al estilo griego en honor a los caídos en la batalla" pude notar el tono de tristeza en su voz y eso me entristecía a mi también más de lo que ya estaba.

"Cariño, Casey puede no estar aquí materialmente, pero está en nuestras memorias. Ella sabía cuánto nos importaba..."

"Pero Mark, ella dijo que le quería. ¡Casey quería a Jake!" aulló en voz alta. Demasiado alta porque los de mi cabaña lo oyeron todo.

"¡¿Cómo?" preguntó Clarisse atónita.

"¿Casey estaba enamorada de Jake?" dijo Chris, el hijo de Hermes y novio de Clarisse.

"¡Vamos, era obvio!" intervino mi hermanastro Mark. "Los dos eran mejores amigos que se ayudaban como hermanos y hacían lo que fuera por estar el uno cerca del otro..."

"¿Y tú por qué te fijabas tanto en eso?" Clarisse arqueó las cejas. "¿Estás celoso?"

Mark se puso rojo como un tomate e intentó inventar una excusa:

"Yo, es que... me fijo en todo el mundo."

"¿No será que a ti te gustaba Casey?" pregunté.

"¡¿Cómo?" aulló. "¿Esa lombriz? ¡Qué va!"

"He visto actuaciones mejores..." murmuró Denisse.

"Tú no te metas que ésta no es tu cabaña" le espetó. "Además, tengo mejores cosas que hacer en lugar de echarme novia..."

"Bueno, es igual. Preparémonos para ir al Olimpo de fiesta y sobretodo que Jake no se entere de esto" dije.

"¿Por qué?" preguntaron todos a la vez.

"Porque ya se siente bastante mal por haberla perdido y peor se sentirá si se entera que ella le quería."

"Mark tiene razón" afirmó Denisse. "Sé que por algunos de vosotros Jake es solo un campista más, pero es nuestro primo, es nuestra familia, y debemos ayudarle a superar esto."

Durante el resto de la mañana todo el mundo andaba ajetreado. Vestidos por aquí, vestidos por allá. Los hijos e hijas de Afrodita no irían a ninguna fiesta sin modelitos nuevos, por supuesto. Algunos eran odiosos. Se maquillaban incluso para ir a hacer ejercicio. ¡Qué estupidez! Una cosa es maquillarse y arreglarse para ir a gran evento, pero cada día...
Nunca entendí como mi padre puede estar enamorado de Afrodita. ¿Por qué es guapísima? Puede. Pero tiene que ser agotador hacer todo lo que ella quiere solo para mantener su relación... Suerte tengo de que Denisse sea hija de Deméter, aunque ella también me pone a ralla, pero me gusta.
Decidí que era momento de ir a ver si Jake estaba ya preparado para salir hacia Nueva York. Llamé dos veces a su puerta y precisamente no fue él quien me abrió.

"¡Tyson!" exclamé asombrado. "¿Qué haces por aquí?"

"Vine de visita a ver a Jake y Percy, y Annabeth y Casey y a Denisse y a ti también, claro."

Tyson es el hermanastro cíclope de Jake y Percy, fruto de la unión de Poseidón y un espíritu de la naturaleza. El año pasado nos ayudó en nuestra misión. Gracias a él pudimos volver a casa.

"¿Está Jake por aquí?"

"En la ducha. Dice que hay fiesta en el Olimpo. ¿Es verdad?" preguntó emocionado.

"Sí, al menos es lo que me ha dicho Denisse y lo que todo el mundo comenta..." murmuré.

"¡Sí!" aulló de felicidad y me abrazó con fuerza.

"Vamos, grandullón, que me vas a sacar las tripas si no aflojas" intenté decir.

Se dio cuenta de que me apretaba mucho y deshizo el abrazo. Entramos en la cabaña y me senté en el escritorio de Jake. Reparé en que tenía muchas fotos nuestras colgadas en la ventana.

"¿Y Denisse y Casey?" preguntó Tyson sentándose en la cama de Jake.

"Denisse está preparándose para ir al Olimpo y Casey... ¿Ni Jake ni nadie te lo ha contado?" dije confundido.

"¿El qué?"

Su ojo me miraba serenamente esperando una respuesta. ¿Por qué me tocó a mí ayudarle? Se pondría a llorar y me tocaría consolarlo. Por otra parte, si no se lo decía yo, alguna otra persona se lo diría y puede que le afectase más...

"Ella... murió para salvar a Jake."

Y como predije, su ojo se humedeció y sacó un pañuelo del bolsillo para sonarse la nariz. Estuvo llorando como una madalena hasta que Jake salió del baño, que fue cuando el cíclope cambió de humor bruscamente.

"¡¿Por qué dejaste que lo hiciera?" gruñó entre lágrimas.

"¿C-Cómo?" preguntó desconcertado.

"¡Tyson, cálmate!" ordené. "El no tiene la culpa."

"¿Y entonces de quién es, eh?" aulló. "¿De los dioses?"

"Bueno... más o menos... sí. De Adonis, exactamente" contesté.

"¿Le has contado lo de Casey?" me preguntó Jake.

"Tío, lo siento, quería que lo hicieras tú pero me lo preguntó y no pude mentirle" me disculpé.

"No pasa nada. Déjanos solos, quiero hablar con él" demandó entristecido de nuevo.

"Jake..."

"Mark, te aseguro que estoy bien."

Asentí rendido y me dirigí a la puerta, pero antes de salir me acordé a lo que vine:

"Saldremos en poco tiempo, debes estar listo."

Asintió y se llevó a Tyson en la parte trasera del exterior de la cabaña. Yo me fui a buscar a Denisse.

Jake POV

Me costó mucho tranquilizar a Tyson. El nunca se comportó de ese modo conmigo ni con nadie. Siempre era un tipo tranquilo y alegre. Nunca pensé que le importaba tanto Casey. Cuando me contó que era como una hermana para él me hizo sentir aún peor. Le pedí perdón por no haber podido salvarla y él por haber reaccionado de ese modo, aún así, seguía sintiéndome derrumbado. Cuando empezaba a sentirme un poco mejor respecto a lo de Casey, algo tenía que quitarme esa sensación de alegría y felicidad.

"Chicos, conocéis todos las normas: no destrocéis nada, no os peleéis ni discutáis, no molestéis a los dioses y, sobretodo, comportaos bien o vuestros padres no os querrán nunca jamás en el Olimpo de fiesta" anunció Quirón delante de la puerta del ascensor del Empire State Building.

Tuvimos que subir a la planta seiscientos en diferentes grupos porque no cabíamos todos y eso llevaba un buen tiempo. Yo subí en el último grupo junto a Argos, Nico di Angelo, Leo y otros más. El viaje se nos hizo corto y claustrofóbico. Estar tanta gente encerrada en un mismo espacio... nos ponía a todos nerviosos.
Las puertas se abrieron finalmente y mis ojos no comprendían lo que veían. ¿El Olimpo? Nunca lo vi resplandecer de aquel modo. De acuerdo que eran las tres de la tarde y era normal que ocurriese a causa del Sol, pero ésta vez... era diferente. Estaba lleno de antorchas y fanales de colores por todas partes. El camino que unía el ascensor y el Olimpo estaba lleno de pétalos rosas y blancos. Como si alguien fuera a casarse. Dos filas de dioses y criaturas mágicas formaban un pasadizo por todo el camino donde tendríamos que pasar uno por uno entre vítores y aplausos. Si Casey viera esto...
Todos nos sonreían y felicitaban e incluso había pancartas con mensajes de felicitaciones escritos. Era increíble. Nunca creí que podría sentirme tan, pero tan bien desde la pérdida de mi mejor amiga. Nunca. Todo eso cambió en aquel momento.
Dioses vestidos con túnicas e himationes, calzados en sandalias de cuero y alzando espadas hacia el centro del camino donde tendríamos que pasar por debajo. Sátiros tocando las flautas, ninfas bailando, las musas coreando... Parecía todo sacado de un cuento de hadas para bebés. Era tan... increíble.

Vi a los demás campistas esperando en la otra punta del camino a que llegáramos así que nos pusimos en marcha y caminamos bajo aquellas armas. Me sentí como un verdadero héroe, como un verdadero hijo del dios del mar. Solo me preocupaba una cosa. ¿Me odiaría Atenea?

Tras nuestra grande entrada nos dirigimos todos alegremente al ágora, que estaba llena de sillas y mesas con manteles blancos y cenefas de colores: dorado, púrpura, azul, naranja, amarillo, verde... Cada mesa tenía diferentes platos para comer. Tostadas con anchoas, queso, carne asada, pescado, fruta seca, fruta de temporada... Me entró hambre con solo verlo y eso que hacía poco que habíamos comido. Desgraciadamente, estaba reservado para la cena ya que aún no habían terminado de cocinarlo todo.
Todos los campistas, algunos, como yo y Mark, en sus camisetas naranjas del campamento, otros vestidos para la ocasión, nos reunimos en el centro del ágora para escuchar las órdenes de Quirón.

"Tenéis tiempo libre hasta las siete, luego haremos una ceremonia de conmemoración y una hora más tarde cenaremos. ¿Ha quedado claro?"

"¡Sí!" respondimos eufóricos.

"Pues id a vuestro rollo, como decís ahora."

Y todos le hicimos caso. Percy y Annabeth se fueron a dar una vuelta por el pueblo. Grover y Enebro hablaban con los seres mágicos que había por ahí. Denisse, Piper, Leo, Nico y yo fuimos a jugar al fútbol en el parque de la fuente con los demás campistas. Mark no quiso.

Mark POV

Reconozco que me estaba muriendo de ganas por ir a patearles el trasero jugando al futbol pero lo que vi hace un momento me dejó curioso.
Cuando el último grupo llegó al Olimpo todo el mundo les daba la bienvenida menos tres curiosos dioses: Afrodita, Atenea y Hades. Vi como se alejaban hacia el templo de los dioses que había en una zona más elevada que los demás, y se discutían entre ellos. Pero no parecía ser la típica discusión tonta de dioses, era más una discusión bastante seria y quería enterarme de lo que pasaba. ¡Maldita Casey! Me ha pegado esto de la curiosidad. Ahora podría estar ignorando la situación y jugando al futbol, pero en lugar de eso estaba persiguiendo a hurtadillas a tres dioses que no me caían muy bien: Atenea porque siempre se mete con mi padre; Hades porque se llevó a Casey; y Afrodita porque le está lavando el cerebro a Ares.
Me coloqué detrás de la puerta del templo y escuché con atención su discusión mientras los contemplaba por una pequeña ranura.

"¡Vamos, no seas malo, Hades!" imploraba Afrodita.

"¡Me da igual, las normas son las normas!" gruñía éste. "Y las normas fueron creadas para seguirlas, ¿verdad, Atenea?"

Ésta se lo pensó detenidamente y puso cara de indignación solo por llevar la contraria al dios: "Durante los años que he vivido, he podido comprobar que las normas fueron creadas para romperlas, mi querido tío."

"¡Bien dicho, Nea!" exclamó Afrodita.

La diosa de la sabiduría le dirigió una mirada mortífera y Afrodita se encogió de hombros. "¿Cuántas veces tengo que repetirte que no quiero que me llames Nea?"

"Muchas" contestó la diosa del amor.

"Eres insoportable. Yo no te estoy ayudando, Afrodita. Mis razones no son las mismas que las tuyas."

"¿Pero las dos queréis que lo haga, verdad?" dijo Hades.

"¡Sí!" contestaron al unísono.

"Me duele incluso a mí esta situación" se quejó Afrodita. "No lo soporto. Tienes que hacer algo."

"Pero ya os lo dije. Di una oportunidad y no salió bien, ¿y vosotras pedís más?"

"Voy a darte lo que quieras excepto el dominio del mundo y del Olimpo" ofreció Atenea.

El dios escuchó con más atención. "¿Lo que quiera?" preguntó.

"Lo que sea."

"Muy bien. Desde hace tiempo que el número de mis guardas de seguridad del inframundo ha disminuido... No me iría bien tener algunos más."

"¿Entonces quieres más guerreros-esqueleto?" preguntó Afrodita.

"Sí."

"Pero eres tú el único que sabe cómo conseguirlo" dijo Atenea.

"Y por eso necesito que ese muchacho, el hijo de Poseidón, Jake. Él tiene lo que necesito para crear mi ejército de guerreros-esqueleto."

"¿Ése merluzo?" preguntó Atenea.

Hades asintió felizmente. "Los dientes del dragón de Cólquides."

"¿Te consigo éstos y me das lo que quiero?" preguntó la diosa de la sabiduría.

"Dalo por hecho."

"¿Y yo?" preguntó Afrodita.

"¡Tu quieres lo mismo que yo, Afrodita!" la informó Atenea. "Si yo lo consigo, tu también lo tendrás. Pero para lo que tú la quieres... mejor discutiremos de eso más tarde..."

Una vez dicho eso los tres dioses salieron del templo lentamente y fueron a divertirse. Yo me quedé sentado detrás las puertas intentando descubrir qué pasaba. ¿Qué trato habrían hecho? ¿Qué es lo que quieren Afrodita y Atenea que solo pueden conseguir de Hades?

"¿Espiando a tus superiores?" preguntó una voz masculina muy grave.

Me levanté de golpe y salí de detrás la puerta. Delante de mí encontré a mi padre sonriendo.

"Yo... yo solo estaba... comprobando que la puerta no chirriara al cerrarse" comenté. ¡Sí ya! Qué excusa más estúpida.

"No te creo, tú estabas espiando a esos tres."

"¿Y tú? ¿Qué hacías por aquí en lugar de estar felicitando a los campistas?" pregunté arqueando las cejas.

"Estaba espiando a esos tres" reconoció. "¿Lo ves? Al menos yo digo la verdad y no me busco excusas inútiles."

Me encogí de hombros y los dos salimos del templo de los doce tronos. El sol brillaba con fuerza y tenía que descubrir qué demonios significaba todo aquello...