¡El final¡ es exageradamente largo pero lo cambie demasiadas veces, gracias a todos los que han seguido la historia y han comentado, especialmente a Euchan por revisar este capi cuando yo ya estaba al borde de la histeria, soy pesima para escribir finales pero este ya lo tenia planeado desde hace rato, disfruten y por favor comenten¡


Era un día extraño, un inusual buen humor lo acompaño cuando se despertó por la mañana. Por primera vez no se sintió molesto cuando amaneció en palacio, las anchas habitaciones y el espejo frente a su cama no lo disgustaron, ni siquiera encontrar su ropa planchada y lavada en su cómoda lo irrito como lo hacía siempre. Hizo un esfuerzo vago por acomodar su cabello rubio, se vistió con calma, un pantalón y una camisa nueva. Chisto un poco ante el gesto de la princesa de comprarle ropa, no la necesitaba, empezaba a sentir que trabaja por mera rutina, comenzaba a plantearse seriamente dejar de pagar la renta de aquel viejo cuarto que alquilaba para él y su reno, era cuestión de tiempo para que su habitación de huéspedes se convirtiera en su habitación regular. Por mero capricho se colocó un viejo saco sobre la ropa nueva. Era un largo tramo hasta la habitación de la princesa Anna, pero le hacía falta el ejercicio, se sentía como un holgazán cada vez que dormía en el castillo, le molestaba estarse acostumbrando a la comida caliente servida en su plato. Se acercó a los enormes ventanales y observo con amplia serenidad como se alejaban los barcos. Anna dijo sentirse triste de que los pocos amigos que había hecho se fueran tan pronto, con sus habilidades para el chantaje había logrado convencer a la comitiva de corona de esperar hasta el anochecer para zarpar, a pesar de todo él no podía estar más feliz, ¿necesitaba explicar por qué? Su buen humor era tal que empezó a tararear mientras caminaba por el largo pasillo, de pronto algo llamo su atención, había guardias afuera de la habitación de Anna y un hombre queriendo abrirse paso entre ellos.

- ¡Les digo que tengo que hablar con la princesa¡- gritó el príncipe con frustración.

Kristoff no tuvo que acercarse demasiado para reconocerlo, al treceavo príncipe de las islas del sur hablaba con desesperación y arrogancia. Algo en el estómago del montañés dolió con amargura ¿Qué no se suponía que debía estar en un barco en ese preciso instante?

- ¿Qué está pasando aquí?- exclamó con una autoridad nada propia de él.

- Joven Kristoff - lo reconoció uno de los guardias, el muchacho pasaba suficiente tiempo en el castillo como para que los guardias lo reconocieran, en especial aquellos encargados de resguardar a la princesa – El príncipe Hans intenta entrar a la habitación de la princesa, pero tenemos ordenes explicitas de no dejar pasar a nadie-

Ambos se miraron con desprecio, Hans con una clara mueca de superioridad, Kristoff más bien con desconfianza, si bien sabían bastante el uno del otro lo cierto es que jamás se habían dirigido la palabra.

- ¿Quién lo ordeno? – preguntó el rubio, de alguna forma le era gratificante que los guardias respondieran mejor a sus órdenes que a las del príncipe, tener gente a su servicio era un lujo que jamás había podido darse y que a decir verdad no disfrutaba demasiado. Le pareció ridícula la apariencia de aquel hombre, era como si todo en el fuera prefabricado, su cabello estaba demasiado limpio y peinado, su ropa parecía extremadamente tiesa y almidonada, ni hablar de la insoportable la cantidad de colonia que utilizaba. Su semblante se nublo de repente, él recordaba ese aroma.

- La princesa Anna señor – contesto el guardia de inmediato,

- ¿señor? - repitió el príncipe con un claro tono de desprecio - ¿desde cuándo los campesinos tienen tanto respeto de los guardias de palacio? – se sorprendió Hans.

- Desde que son comparados con mentirosos y asesinos… - respondió rápidamente uno de los guardias – majestad… - completo recordando que estaba ante un miembro de la realeza.

- ¡Eres un insolente!- los nervios del príncipe estaban al límite, debería abandonar todo eso y dejar que la reina muriera, el ridículo plan de Eleonor no tenía sentido. Elsa moriría presa de las llamas y Anna no sería capaz de llevar el peso del trono. Hans miró al muchacho frente a él. Si la tragedia golpeaba a Arendelle seguramente Anna tendría un matrimonio rápido, no podía imaginarla asumiendo el trono de Arendelle sola como lo había hecho su hermana, ¿Anna sería una buena reina? La respuesta era simple: no. La joven princesa no tenía ni la astucia, ni el interés, ni la tenacidad para llevar el trono, seguramente su esposo cargaría con la responsabilidad, un odio corrosivo lo invadió, si Elsa moría el hombre frente a él se convertiría en rey. ¡Qué absurdo¡ ¡ilógico¡ ¡injusto¡ no… no podía permitir que eso pasara. Intento calmarse y habló de la forma educada, entonada y calculada en que había sido entrenado para hablar.

- Tengo noticias para la princesa, concernientes a su seguridad y la de su reino- había ansiedad ligera en su voz – si me hicieran el favor de despertarla-

- Como ya le dijimos la princesa Anna nos dio la orden directa de no ser molestada, explícitamente nos permitió hacer uso de la fuerza si se trataba de usted - habló de nueva cuenta el guardia.

Kristoff sonrió complacido y se dispuso a tocar la puerta, pero para su sorpresa también a él le cerraron el paso.

- Discúlpenos pero tenemos ordenes de la princesa de no dejar que nadie la despierte – reitero cansado el guardia.

- Estoy seguro de que Anna no se refería a mi cuando dio esa orden- contestó el rubio con voz amable, más sus nervios se quebraron ante la risa burlona del príncipe.

- Eso no lo sabemos, lo lamento, sólo cumplimos ordenes- los guardias se veían nerviosos e incomodos, ninguno de los dos era cercanamente tan grande como el montañés, ni de tan noble cuna como el príncipe.

Kristoff maldijo en voz baja. Esa era la razón principal porque odiaba alojarse en el castillo, demasiada formalidad, protocolos, demasiado orden y definitivamente demasiada seguridad. Siempre escuchaba murmullos en el palacio, así fuera entre los guardias, entre las sirvientas, ni hablar entre los nobles, no le era ajeno el juicio de muchas personas que pensaban que era poca cosa para la princesa.

- Muy bien – dijo Hans aclarándose la garganta – que le parece si usted acude a despertar a la princesa y de esa forma nosotros seremos capaces de hablar con ella cuando salga –

- Las ordenes de la princesa fueron no ser molestada por nadie, eso nos incluye - se exasperó el hombrecillo que cuidaba la puerta.

- ¡ANNA!- gritó Kristoff con impaciencia - ¡YA LEVÁNTANTE! - y golpeó la pared con fuerza

- ¡señor! - respondió el mismo guardia - ¡ por favor! - pero Kristoff se encogió de hombros con el ceño fruncido.

Inesperadamente la puerta se abrió frente a ellos dejando ver a una somnolienta princesa. Anna traía su cabello ligeramente revuelto, a pesar de que le caía suelto sobre sus hombros todavía había algunos pasadores atorados en él, llevaba un camisón rosa mal puesto que dejaba expuesto uno de sus hombros mientras que los delicados holanes caían hasta sus rodillas. Era obvio que acababa de levantarse de la cama.

- ¿Qué pasa? – dijo frotándose los ojos – les dije que no dejaran que nadie me despertara, quería dormir hasta tarde - continuó con pereza cuando al fin enfoco la mirada y alcanzo a distinguir a los dos chicos detrás de los guardias que custodiaban su puerta.

Su corazón se aceleró y se detuvo al mismo tiempo, sus rodillas se hicieron de gelatina y le falto el aire, ¿estaba soñando todavía? Abrió la boca pero no dijo nada.

- Anna - hablo primero el príncipe para disgusto del rubio – tengo que decirte algo impórtate, advertirte - su voz era susurrante y profunda, una ligera inclinación lo hizo lucir incluso encantador.

La princesa soltó una exclamación que podía confundirse con un suspiro, odiaba cuando le hablaba tan dulcemente, no podía evitar sonrojarse. Recordó sus acciones la noche anterior y su enojo salió a flote.

- No quiero escuchar nada de ti – dijo con un poco de firmeza acomodándose el camisón para que cubriera ambos hombros - ¡largo!-

- pero…-

- ¡largo!- repitió señalando a los guardias que lo alejaran, los hombres obedecieron y lo sujetaron mientras lo arrastraban por el pasillo.

Anna suspiro aliviada y dirigió su vista a Kristoff.

- Dame un segundo para vestirme – le sonrió avergonzada, pero él no respondió -¿Kristoff?-

- ¿Qué no se supone que su barco ya zarpo? – gruñó con disgusto - ¿Por qué le ordenaste a los guardias que no dejaran pasar a nadie? –

La chica lo miro nerviosa,llevaba días sin dormir bien y solo quería acurrucarse en su cama hasta entrada la mañana, pero le aterraba que el príncipe pudiera ir a molestarla, después de lo que había pasado en el baile no quería arriesgarse, lo único que se le ocurrió fue poner guardias en su puerta.

-Estaba cansada y quería dormir hasta tarde- aseguro la princesa con ese ligero tintinear en su voz que podía ponerlo de nervios. No es que su novio fuera extremadamente sensitivo, era simplemente que la princesa era pésima para mentir.

Kristoff la miro todavía con el gesto fruncido pero fueron interrumpidos súbitamente.

Se escuchó el sonido de una explosión y el piso retumbo bajo sus pies, la princesa cayó al suelo mientras escuchaban los gritos de los guardias que hacía apenas unos minutos habían desaparecido por el pasillo, parecían estar bajo ataque, como si de magia se tratase el fuego comenzó a expandirse por las paredes.

Kristoff se inclinó sobre la princesa que había caído al suelo, vio como unos cinco soldados desconocidos los rodeaban, eran cerca de cinco, los gritos de Anna retumbaban en las paredes, el calor era sofocante. Fuego en el castillo de Arendelle, no podía significar nada bueno.

Uno de los soldados los ataco directamente con su espada y el muchacho se preparó para recibir el golpe de frente, cerró los ojos esperando sentir la cuchilla atravesar su carne, pero un sonido metálico lo sorprendió.

- ¡Deja de hacerte el héroe, bruto!- la voz del príncipe resonó en el pasillo, Hans usaba su espada contra los soldados sorprendidos, detuvo el ataque frontal con relativa facilidad y con un golpe certero hizo que la espada de su contrincante cayera al suelo – dime que al menos sabes usarla – dijo pateando el arma en dirección a Kristoff quien lo miraba con una mezcla de sorpresa e ira.

El rubio se aventó contra uno de los soldados y lo golpeo en el estómago, derribándolo con fuerza

- Las espadas son para debiluchos – contesto mientras escupía al piso, ambos se miraron con desconfianza, pero el grito de la princesa los obligo a recapacitar.

- ¡Hay que sacar a Anna de aquí! - gritó Hans al mismo tiempo que el portal en el que la princesa se refugiaba caía a pedazos.

Kristoff levanto al tipo que había derribado y lo aventó contra otro de los soldados al mismo tiempo que el príncipe se batía con los dos hombres restantes. El rubio cargo a Anna con ambos brazos y los tres corrieron por el pasillo.

- ¡hay que encontrar a Elsa!- exclamo la chica mientras recorrían su hogar en llamas – ella debe poder detener esta locura -

- si pudiera ya lo hubiera hecho – la voz de Hans quedo apagada por la tos que le provocaba correr mientras inhalaba el humo del incendio.

- ¿Qué quieres decir con eso?- murmuro Anna mientras se detenían al lado de una enorme ventana que les proporcionaba un respiro, quedo de pie junto a Kristoff pero a una distancia razonable del príncipe.

- El incendio empezó en su cuarto - contestó con rapidez – pero ella ya no estaba allí-

-¿Cómo sabes eso? – indago acercándosele unos pasos

- ¡Porque seguramente él lo inicio! - interrumpió Kristoff con desdén.

-¡Tú me viste aquí desde antes del incendio pedazo de idiota! - se defendió el príncipe – trataba de alertar a Anna del ataque-

Escucharon las pisadas de otro grupo de soldados que se acercaban

- Podemos quedarnos a debatir o podemos llevar a Anna a un lugar seguro – dijo tomando el brazo de la chica, Kristoff lo sujeto de la solapa del traje y lo azoto contra la pared.

- ¡No te atrevas a tocarla! - gritó mientras lo levantaba del suelo

- ¡Demasiado tarde para eso! - sonrió el príncipe a pesar de su mala posición, algo despreciable en lo profundo de él lo obligaba a no perder la compostura, si lo iban a golpear al menos le quedaría la satisfacción de verle la cara de imbécil a ese campesino - ¿no vas a agradecerme? Anoche te hice el favor de desatarle el vestido ¿o qué? ¿Volvió a vestirse antes de volver contigo? - Kristoff alzo el puño con ira.

- ¡Basta!- grito Anna con desesperación.

La mirada de Kristoff la perforo desprevenida, escucho a los soldados correr a su espalda, su castillo ardía al igual que su cabeza. "Elsa" pensó con premura la princesa. Debía enfocarse en encontrar a su hermana, sin pensarlo, sin quererlo siquiera huyó despavorida, no necesito verlos para asegurarse de que ambos chicos la seguían.

Unos cuantos pasillos más lejos otra cansada princesa arrastraba el cuerpo de la reina, su brazo derecho le dolía más que nunca y gruesas gotas de sudor le recorrían el rostro, su instinto le decía que alejara a Elsa de las llamas, estaba segura de que el calor le haría mal, algo angustioso se apodero de ella, era casi como si temiera que se derritiera. ¿Qué debía hacer? ¿Dónde estaría su madre? No, se intentó calmar, si empezaba no podría contener su pánico, como pudo se escondió de los soldados que de pronto corrían en los pasillos. Ellos no usaban los uniformes del castillo de Arendelle, por lo tanto asumió que no sería bueno toparselos mientras cargaba a la reina inconsciente. Maldecía cada tres segundos, era su culpa que Elsa estuviera inconsciente, era su culpa que no hubieran podido evitar el incendio, peor aún era su absoluta culpa no tener ni la menor idea de que estaba pasando, ni dónde demonios estaba su madre. Vio al príncipe Albert liderar a un grupo de soldados, lo escucho quejarse de que no había señas de las hermanas de Arendelle ni de la reina Eleonor… Eleonor, recapacitó ¿Qué haría su madre? Una fugaz llama de brillantes explotó en su cabeza, con la cabeza en alto y toda la seguridad que podía fingir habló.

-¡Hey!- gritó - ¡hasta que al fin encuentro a alguien competente¡-

El príncipe Albert volteó en su dirección y se sorprendió de sobremanera.

-¿pero qué…?- susurró el muchacho.

-¿¡Vas a ayudarme o te vas a quedar allí parado como un inútil!?- exclamó la princesa.

-¿Qué diablos pasó?-

-¿Qué parece que pasó? – Respondió altanera - ¿acaso no era todo esto para deshacernos de la reina pedazo de tonto? Peleamos, ella se desmayó, estaba débil por el fuego, ayúdame a sacarla de aquí - su voz sonaba convincente

-¿¡pelearon!? – preguntó el príncipe perspicaz sin atreverse a acercarse – según nos informó mi hermano ni tu ni tu madre planeaban ayudarnos – dijo mientras la amenazaba con su espada.

"Maldita rata soplona, debí plantarle una flecha en la cabeza cuando tuve oportunidad", pensó Mérida, el príncipe venía acompañado por cerca de ocho soldados, no podría salir de esta, su única opción era seguir improvisando.

- Y tu hermano jamás se equivoca- ironizó sin mucho éxito - ¡mira mi brazo! está congelado imbécil ¿Cómo crees que paso? – siguió intentando de convencer al confundido joven, el muchacho pareció quedarse sin palabras y bajo el arma, con cierto recelo Mérida respondió dejando a la inconsciente reina tumbada en el suelo.

- ¿está muerta?- se preguntó el chico mientras caminaba hacia ella con una sonrisa, las entrañas de la princesa ardieron de furia ante la reacción tan despreciable.

- No- dijo cortante – no tuve tanta suerte – se odió a si misma por unos instantes.

- ¡Señor! - gritó un soldado que corría hacia ellos - ¡hemos localizado a la princesa Anna! intentan salir del palacio por la zona este - el hombrecillo se sorprendió al ver a la reina inconsciente en el piso – el fuego se ha extendido hasta la cocina y a las habitaciones de la primera planta, además capturamos a la reina Eleonor como ordenó el príncipe Michael – con horror Mérida observo como un par de hombres jaloneaban a su madre. Era todo, no tenía opción.

El príncipe Albert estaba de espaldas cuando le atravesó el costado con su espada.

Mérida jamás había atacado a alguien por la espalda, sintió la carne del príncipe a través de su espada y se horrorizo de lo fácil que era atravesarlo, pudo ver la sorpresa en el rostro de su madre. Algunos de los soldados tuvieron tiempo de reaccionar, unos cuantos huyeron en cuanto el príncipe cayó al suelo en una mancha de sangre, otros tantos la atacaron de vuelta, pero logro derribarlos, parecían novatos, aun con su brazo lastimado pudo defenderse. Apenas se encontraron solas, madre e hija se miraron sorprendidas.

- ¡Mérida! - gritó su madre al acercarse a ella y revisar sus heridas - ¿Qué? ¿Dónde estabas? Tenía miedo de que Michael te hubiera derribado en la torre ¡pero hija! ¡tu brazo! - se espantó al tocarlo y sentir lo helado en su piel.

- Elsa lo congelo, no estoy segura pero se está poniendo realmente insoportable – advirtió ante la premura de su madre de tocarlo. Los brazos de la chica temblaban con espanto y las lágrimas caían por sus redondeadas mejillas, la sangre del príncipe aún estaba en su espada- ¿Qué diablos está pasando? – dijo entre sollozos.

- ¡Las islas sabían de nuestra traición! desde hace días varias flotas de soldados se embarcaron en Arendelle, contaban con que desviaría la seguridad hacia el bosque, de esa forma les fue sencillo entrar en el castillo - se apresuró la reina con amargura - ¡ese maldito niño mimado de Alí les advirtió!-

- ¿Ali? – reflexionó la princesa – Albert dijo que Hans nos había traicionado -

- ¡Albert!- gritó la mujer al caer en cuenta del príncipe tirado en el piso, se tapó la boca con las manos y se alejó del cuerpo – tenemos que salir de aquí antes de que esos soldados regresen con refuerzos – dijo levantándose del suelo, pensó que su hija la imitaría pero siguió reclinada sobre si misma - ¡oh es cierto¡ asumí que estas te harían falta - dijo descolgándose de la espalda una considerable cantidad de flechas. La princesa grito con ira, no había forma en que pudiera disparar, apenas si podía sostener la espada, su frustración iba en aumento.

- Creo que tenemos otro problema más grande- dijo la pelirroja volteando hacia atrás donde Elsa yacía inconsciente.

-¡por todos los dioses! - gritó Eleonor - ¿esta? ¿esta…? –

-No – la calmo Mérida – sólo esta inconsciente, la belladona hizo su efecto…- la voz de la princesa no era tan calmada como le hubiera gustado, con cierta ternura se apresuró a mover a Elsa lejos de la mancha de sangre que había dejado el príncipe Albert, no quería que su flamante vestido se manchara de algo como los restos de un príncipe muerto.

La reina se le quedo mirando un buen rato con un extraño semblante.

- ¿¡Qué¡? – se sorprendió la chica - ¿el vestido? – Pregunto creyendo que su madre le pelearía por lo escotado de su traje, se sentía demasiado expuesta con los pequeños tirantes y el escote en forma de corazón – te juro que fue lo único que encontré y… - un inesperado abrazo la tomo desprevenida - ¿mamá? –

La mujer se separó de ella y contuvo el llanto, después su cara cambio, mostrando solo un poco de enojo o quizás preocupación, la princesa no lo supo con claridad.

- Te queda muy bonito cielo – dijo lentamente mientras le quitaba el cabello de la cara y levantaba ligeramente los tirantes que sostenían su vestido - no es lo que yo hubiera elegido para ti, pero lo que sea que te haga feliz está bien – sonrío con la misma mueca extraña y acto seguido comenzó a levantar a Elsa del suelo – ahora vámonos, tenemos que sacarla de aquí –

Mérida paso su brazo no congelado por el otro costado de la reina de Arendelle y ambas comenzaron a arrastrarla por el pasillo. No estaba segura pero algo dentro de ella le dijo que su madre no hablaba de su ropa, de pronto, como si de magia se tratase, el brazo derecho comenzó a dolerle un poco menos.

- Me pareció escuchar que la princesa Anna estaba en el ala este – señaló Mérida.

- Seguramente le agradara darle los buenos días a su hermana – suspiro Eleonor haciendo un esfuerzo por seguir el paso de su hija.

Siguieron arrastrando a la reina Elsa. Eleonor no estaba acostumbrada a tanto esfuerzo, utilizaba todas sus fuerzas para continuar pero el humo la cegaba y le impedía respirar, Mérida simplemente no podía cargarlas a ambas, una sonrisa apareció en los labios de la princesa cuando Elsa comenzó a toser, con cuidado la coloco en el suelo mientras Eleonor se recargaba en la pared intentado contener el aliento.

- Elsa, Elsa despierta – susurro moviendo levemente el hombro de la reina

Lentamente la reina de Arendelle fue abriendo los ojos, tenía la garganta seca y sentía el calor a su alrededor, estaba sofocada y escuchaba una voz llamándola, hizo un esfuerzo por incorporarse pero se mareo sujetándose del hombro que estaba cerca suyo, el cabello de la chica quedo en su rostro y por inercia se dejó caer, no tenía fuerzas, por un momento supuso que se encontraba de nuevo tumbada en su cama, todo lo que quería era ocultar su rostro entre aquellos rizos y volver a caer dormida.

- Ham … majestad… tenemos compañía – murmuro una nerviosa Mérida al sentir el aliento de Elsa sobre su cuello.

Elsa abrió los ojos repentinamente y se descontrolo del caos que la rodeaba.

-¿Qué… qué está pasando? – exclamo asustada, su aliento frío ayudo un poco a que el aire fuera más respirable.

- El incendio se ha propagado - tocio la princesa – te desmayaste y… - pero guardó silencio cuando la reina se puso de pie y con ambas manos bajaba la temperatura del pasillo donde se encontraban.

- Eso está ligeramente mejor – dijo Eleonor respirando con tranquilidad

Elsa se sorprendió de ver a la reina en la misma habitación y sin siquiera pensarlo congelo el piso.

- Muy bien, tranquila, no exageres - río la princesa de Dumbrogh ante la súbita reacción de Elsa –

- ¿Qué paso? ¿Dónde estamos?- se preguntó Elsa sujetándose la cabeza, aún estaba débil y confundida.

- Atacaron el castillo – respondió Eleonor con premura.

-¿Qué? – la sorprendida voz de la reina fue acompañado por la ventisca -¿Cómo?- el hielo surgió de las paredes en erráticos picos.

- Había Belladona en el vino que Alí te regalo – Mérida pudo ver la ira en los ojos de Elsa, por primera vez desde que la conoció empezó a sentir verdadero temor, el viento se arremolinó a su alrededor – Las Islas del Sur llevan un largo rato planeando como matarte y… – no pudo continuar hablando, el viento helado suponía un impedimento, madre e hija se vieron con horror al ser testigos del verdadero poder de la reina de las nieves.

Ana corría por el pasillo asustada, asustada del caos que se propagaba a su alrededor, asustada de las llamas que consumían su castillo, asustada de voltear detrás y enfrentarse a la furiosa mirada de Kristoff que la seguía de cerca, asustada de mirar al otro lado y encontrarse con un hombre que ya le había mentido demasiadas veces… lo único que consiguió tranquilizarla fue el frío que apareció de pronto en las paredes, jamás en su vida había estado tan feliz de notar los copos de nieve flotar por los corredores, Elsa no solo estaba viva, si no que estaba furiosa.

Siguió el rastro de la nieve y la dirección del viento, la tormenta acechaba el castillo y Elsa debía estar en el centro, con dificultad alcanzaron a divisar el remolino.

-¿Belladona?- grito Elsa con furia – ¡los invite a MI castillo! – su indignación hacia retumbar las paredes – ¡Esto es… es… insultante! ¿querían enfrentarme? ¡Ahora van a enfrentarme! congelare sus barcos y enterrare sus…-

-¡Elsa! - gritó Anna ante el recuentro con su hermana, la reina volteo a verla y la princesa retrocedió ante la mirada de su hermana mayor.

-¡No te acerques!- le advirtió Elsa pero no necesito decirlo dos veces, la pequeña princesa sabia reconocer cuando era buena hora para acercarse a su hermana -¿estás bien?- susurro intentando calmarse.

- Si – respondió Anna un poco inquieta – unos soldados me atacaron afuera de mi cuarto pero…-

-¡¿Qué!?- salto Elsa al mismo tiempo que unos picos de hielo salían del piso –¡se atrevieron a atacar a mi hermana!-

-¡cuidado! - se quejó Mérida apenas evitando los cristales.

Anna y Mérida se miraron a través de la gruesa nieve que inundaba el castillo.

- Pero estoy bien- continuó Anna – Hans y Kristoff me sacaron de allí y … -

-¿Hans? – se sorprendió Elsa, Anna hacia un pésimo trabajo tranquilizando a su hermana.

-Si- respondió Anna avergonzada con apenas un hilo de voz.

-imposible – interrumpió Mérida – Las Islas del Sur junto con Agrava son quienes planearon el ataque-

-Voy a fingir por un momento que estoy sorprendido – respondió Kristoff con un claro desdeño, parecía ser el único en darse cuenta que el príncipe había desaparecido apenas encontraron el rastro de nieve que los condujo hasta Elsa.

-Pero… pero entonces ¿por qué nos ayudó?- susurro Anna apenas para sí misma.

- Porque se suponía que nos ayudaría a evitar el ataque, se suponía que traicionaría a sus hermanos – la voz conciliadora de Eleonor denotaba autoridad, aun con la nieve sobre sus hombros y el cuerpo cansado no perdía la rectitud de una reina.

-¡pero esa maldita rata no cumplió con su parte!- exclamo Mérida con ira.

-¿Su parte? – se sorprendió Elsa, la nevada se detuvo congelada en aire - ¿tu sabias que esto pasaría? – sus ojos y los de Mérida se miraban con angustia, la princesa de Dumbrogh no fue capaz de decir nada.

-si – respondió una gruesa voz desde arriba de las escaleras, todos voltearon hacia arriba y vieron al príncipe Michael sosteniendo una bayoneta – nuestro error, nunca mandes a una princesa a hacer el trabajo de un soldado - acto seguido presiono el mecanismo haciendo que la flecha saliera dispara en dirección a la reina, nadie movió un musculo, nadie creyó que Elsa no fuera capaz de desviarla.

Tal vez aún estaba bajo los efectos de la droga, tal vez el calor del incendio realmente había logrado debilitarla, tal vez aún seguía esperando que Mérida respondiera a su pregunta.

Por lo que fuera la flecha atravesó su estómago haciéndola encorvarse sobre sí misma, cayó de rodillas sin poder explicarse a sí misma que estaba pasando, solo sintió el calor de la sangre derramarse sobre sí misma, era cálida… una extraña sensación para una mujer tan fría.

-¡ELSA¡- grito Anna estupefacta mientras corría a sujetar a su hermana -¡Elsa¡ - siguió gritando impotente ante la sangre que manchaba el inmaculado vestido de la reina.

Una especie de gruñido salió de la boca de la princesa de Dumbrogh. Una, dos, tres flechas salieron disparadas contra el príncipe Michael, no se detuvo cuando una perforo su brazo y se planteó seriamente seguirlo cuando desapareció por las escaleras, los gritos de Anna la detuvieron de perseguirlo.

-¡Elsa!¡Elsa!- Las manos de la princesa estaban cubiertas de sangre mientras veía a su hermana tambalearse.

Mérida no podía articular palabra, era fácil sentir ira al atacar, pero no podía enfrentarse a la realidad, si Elsa… si cualquier cosa pasaba sería su culpa… no podía contra la imagen de la reina manchada de sangre, debían hacer algo… no había forma de curar una herida tan grande, debían llamar a un doctor, algo… alguien…

-Anna…- susurro Mérida intentado llamar su atención pero la joven estaba inmersa en un mar de llanto- Anna… – intentó separarlas pero eso solo la puso más histérica - ¿Dónde está la princesa de corona? Anna ¡Anna!- la sostuvo de los hombros y sacudió con fuerza - ¡¿Dónde está Rapunzel?!-

Las princesas se miraron estupefactas

-¿Rapunzel?- repitió Anna

-Ella puede curar a Elsa - exclamó Mérida agitada incapaz de observar a la mujer herida.

-No lo sé…- susurró la pequeña princesa de Arendelle.

-Creo que…- interrumpió la reina Eleonor – creo que ella y Eugene formaron una especie de barricada en su cuarto, pero estaban rodeados de guardias, no sé si sigan allí-

-Démonos prisa- decidió Kristoff mientras se hincaba a un lado de la reina y retiraba con cuidado la flecha de su herida, se quitó el chaleco y con el intento amarrar el vientre de la reina deteniendo ligeramente la hemorragia, la cargo sobre su hombro y se puso de pie.

Mérida desenvaino su espada y se le adelanto en el camino.

- ¿Para dónde? – dijo mirando a su madre, la reina Eleonor apunto escaleras arriba - ¡síganme!- ordenó mientras corría en la dirección en que su madre había señalado.

Todos corrieron escaleras arriba, el hielo comenzaba a derretirse… mala señal.

-¡Que rayos está pasando!- se quejó Eugene cuando los soldados entraron a su cuarto, apenas medio vestido y sin esperarlo el ataque lo tomo por sorpresa, apenas a punta de sartenazos él y Rapunzel pudieron sacar a los invasores de la recamara, pero no había forma de salir, juntaron los muebles en la puerta intentando evitar que los soldados la derribaran… ¿estaban atacando el castillo? ¿iban tras la reina de Arendelle o su princesa? No les importaba, de lo único que estaban seguros era que apenas hacia un par de días habían compartido con algunas pocas personas el secreto de la magia de Rapunzel y ahora había soldados en su puerta ¡Al demonio con la diplomacia! ¡jamás debieron dejar Corona!

Sintieron el calor de las llamas e instantes después se arroparon por el hielo que cubría las paredes, escuchaban a los soldados detrás de la puerta, Rapunzel empezó a respirar nerviosa, estar encerrada la volvía loca, un par de veces Eugene tuvo que detenerla de que no saltara por la ventana con la cuerda que había improvisado con las sábanas.

Después de un rato de silencio escucharon golpes en la puerta

-¡Rapunzel! ¡Fitzherbert! ¡habran! - la desesperada voz de Mérida los tomo por sorpresa, Flyn se tomó un momento para pensarlo, tomo su espada y abrió con cuidado.

La reina de Escocia y su madre fueron las primeras en entrar, con un súbito movimiento tomó a Eleonor de la muñeca y la sostuvo contra su voluntad.

- ¡¿Quién más lo sabe?! - gritó mientras sostenía su espada demasiado cerca de su cuello, una muy alterada Mérida le apunto con su arco - ¿¡quién más lo sabe?¡no me hagas repetirlo niña! ¿Cuántos más lo saben?-

- ¡Suelta a mi madre! ¡lunático!- contestó ella mientras tensaba el arco - ¡será lo último que hagas! -

- ¡No me tientes muchachita! sólo responde ¿Quién más lo sabe? ¿Cuántos más vendrán por ella?-

-¡No tengo la menor idea de lo que hablas!- había lágrimas en los ojos de la princesa.

-¡BASTA!- gritó Anna con angustia - ¡por favor ayúdennos!- entró al cuarto seguida de Kristoff que cargaba a Elsa inconsciente.

Rapunzel ahogo un grito y le advirtió a Eugene que bajara el arma, miró de reojo a Mérida quien para su sorpresa arrojo su arco al suelo y se arrodillo junto a la reina herida.

-Por favor…- suplicó Mérida entre sollozos. Sin dar crédito a sus ojos Eugene soltó a Eleonor con rapidez.

-Esta fría - susurró Rapunzel tocando la piel de la reina.

-Ella siempre esta fría – respondió Mérida ante la mirada sorprendida del resto.

-¿crees que puedas hacer algo?- era difícil saber que decía Anna, sus ojos estaban hinchados y parecía que no era capaz de dejar de llorar.

Escucharon pasos acercándose… Eugene volvió a cerrar la puerta mientras Rapunzel revisaba las heridas de la reina.

-¡Habrán ahora mismo!- la voz del príncipe Michael retumbo en el cuarto - ¡sus fuerzas han sido derrotadas! ¡están rodeados! -

- Puedo curarla, pero necesito agua y quizás un poco más de tiempo- susurro Rapunzel nerviosa cuando los soldados empezaron a golpear la puerta, apenas si había alcanzado a detener la hemorragia, Elsa volvía a respirar pero aún estaba pálida e inconsciente.

Mérida recogió su arco del piso.

-Te daré tiempo- dijo con decisión – que alguien busque agua-

Imitándola Eugene tomó su espada y Kristoff se paró junto a él.

-¡No! - se levantó Eleonor del piso, corrió hasta la ventana y le dio un leve vistazo, sonrío por un instante, su barco todavía estaba anclado en el muelle –debemos abandonar el castillo-

-¡No voy a dejarla morir! - se molestó su hija.

-¡No digo que lo hagas¡ solo no pelees una batalla que no vas a ganar – exclamo Eleonor sujetándola de los hombros.

-No hay forma de que podamos huir sin pelear- contesto Mérida casi susurrante

- Si, si la hay… - explicó con la voz de una reina – todos tranquilos, síganme la corriente – miró a su hija directamente a los ojos – hazlo creíble amor… apunta al brazo… y… - un ligero tartamudeo quebró su voz mientras dirigía su mirada hacia la chica inconsciente en el piso- no dejes que nadie te quite ese vestido… te queda hermoso - Se sacó una pequeña daga del tobillo, sujeto a Rapunzel de la muñeca obligándola a levantarse y camino muy erguida hacia la puerta.

-¡príncipe Michael! - habló con claridad - ¡soy la reina Eleonor! abriré la puerta si puede asegurarme mi seguridad y la de mi hija –

-No voy a asegurarle nada- contesto el príncipe Michael con amargura.

-No me quiere como enemiga se lo aseguro, o a mi esposo y sus cuatro ejércitos- volvió a gritar, el resto la miraba estupefactos ¿Qué estaba diciendo? ¿los estaba traicionando? Eleonor los miro con preocupación - ¿Qué diablos están haciendo? – susurró para que no la escucharan del otro lado de la puerta – aten las sábanas – ordeno como una digna mandataria , Eugene y Kristoff se apresuraron a atar la soga improvisada y la aventaron hacia afuera.

-Muy bien, le aseguro su seguridad y la de su hija- hablo el príncipe -¿Cómo sé que no hay un arco apuntándome ahora mismo? –

- Porque soy una mujer que cumple sus promesas caballero- se aclaró un poco la garganta – le prometí que mataríamos a la reina y es lo que planeo hacer – las miradas se posicionaron en ella , tomo el picaporte sin soltar la mano de Rapunzel – tranquila- le susurro a la princesa de Corona – no voy a hacerte daño, no ataquen al príncipe – los instruyo la reina – tu – dijo señalando a Kristoff – toma a la reina y prepárate para salir, no se la entregues al príncipe – el rubio asintió sin saber exactamente qué estaba pasando – princesa Anna es mejor que vayas bajando – la princesa la obedeció y empezó a bajar por la soga – todos tranquilos a mi señal salen por la ventana- y abrió lentamente la puerta.

El príncipe estaba acompañado por casi una docena de guardias.

-Entre usted solo – ordenó Eleonor.

-¿Cómo sé que no van a atacarme?- se quejó Michael mirando a Eugene y Kristoff.

-Porque no se arriesgaran a que le corte el cuello a la princesa de Corona- dijo acercando la daga a la aterciopelada piel de Rapunzel quien reaccionó gritando levemente, sin embargo noto que Eleonor no usaba ninguna fuerza al sujetarla.

-¡Suéltala! - gritó Eugene pero quedo opacado por el repentino ataque de histeria junto a él.

-¡Mamá!- gritó Mérida con exageración - ¡¿pero qué?! -

-¡silencio!- ordenó su madre con autoridad –hazme el favor de dejar de actuar como una tonta y sal de aquí con el príncipe.

-¡Nunca!- Volvió a gritar la princesa – creí… creí que no íbamos a participar en todo esto…- a pesar de estar sollozando no había lágrimas en el rostro de la chica.

- ¡eso fue antes de que Las Islas tomaran el castillo! ahora que la balanza está a su favor nos vamos al lado ganador cariño, así que baja ese maldito arco y camina con el caballero.

-¡No! - gritó la chica. La verdadera angustia se reflejó en su rostro, con dolor apunto su arco y disparo, la flecha se clavó directamente en el brazo de su madre, de inmediato soltó a Rapunzel.

- Corre- susurró la reina a la princesa de Corona.

El príncipe Michael quedo estupefacto ante la situación y apenas pudo reaccionar cuando Kristoff saltaba por la ventana con la reina a cuestas, Eugene y Rapunzel salieron después de él, Mérida dio un rápido vistazo a su madre, se miraron a los ojos por un breve segundo… la princesa maldijo mentalmente, los planes de su madre siempre funcionaban, sin tener tiempo siquiera salto por la ventana.


Escucho una canción, el frío volvía a recorrer su abdomen, poco a poco el calor se fue apagando, sentía el vaivén del piso como si estuvieran en altamar, estaba débil y herida, escucho la misma canción una y otra vez, aquella flor no podía recuperar lo perdido. Apenas tuvo fuerzas para abrir los ojos, observó unos inmensos ojos verdes que la veían y en el horizonte alejándose vio su castillo…


Pues si... y ya.. algunas aclaraciones que me parecen importantes:

1- Albert es el hermano inmediato de Hans o bueno.. lo era, el contador oficial del reino y doceavo principe de las islas del Sur

2.- Si, Eugene estaba un poquito paranoico pero es normal, no tenia idea de que estaba pasando

3.- Eleonor ganara el premio a la madre mas genial del mundo

y por ultimo

4.- claro que habra una segunda parte, estoy trabajando en ello y en cuanto pueda empezare a subir la continuación¡ :D sera divertido ver a las chicas huyendo e intentando recuperar Arendelle.

Gracias a los que han leido y espero comentarios¡