Capítulo 21: El camino del ronin

(Opening: Awake and alive - Skillet)

Nos encontramos muy lejos, extraviados en el tiempo y el espacio. En un bello y lujoso castillo, cerca de las grandes montañas, allí donde hondea flamante y gallardo el estandarte del clan Fujigawara. Dentro del castillo poca gente hay a estas horas de la noche. Pero nos dirigimos a uno de los amplios y elegantes baños, es allí donde dos personas conversan mientras se duchan. Un hombre y una mujer.

–Mi padre ha insistido muchas veces en ejecutar a todo los rehenes –decía el hombre, quien, sentado en un pequeño banco recibía atenciones por parte de su acompañante–. Le he dicho muchas veces que no es correcto, los Mogami y los Imagawa están siendo obligados a luchar contra nosotros, los verdaderos artificies de esta guerra son los Taira.

Este hombre, quien aquel entonces tenía veinte años, su cabello era corto y carecía de vello facial, es nada más y nada menos que el mismo Hideo Fujigawara.

–Estoy de acuerdo contigo, mi amor. No tienes que convencerme –decía ella con una muy suave y dulce voz, mientras con una esponja limpiaba la espalda de su esposo–. Esta tontería del Sengoku fue creada por ellos, son gente despreciable. Los Mogami y los Imagawa son solo esclavos.

Aquella mujer era la esposa de Hideo, poco podemos ver de ella, salvo su larga cabellera rubia y su agraciada figura.

–Me alegra que me entiendas, nadie más me cree cuando hablo de eso en la sala de guerra –sonrió mirándola de reojo–. No quiero arrastrar a nuestros clanes a la tonta guerra que los Taira desean.

–Y no lo haremos. Por la mañana me hablaste de tu plan para conseguir la paz entre los Fujigawara, los Mogami y los Imagawa –se levantó y se colocó frente a él sentándose en sus piernas. Al instante Hideo la abrazó por la cintura.

–Si entregamos a los rehenes a sus respectivos clanes podríamos firmar un tratado de paz. Pero mi familia no está dispuesta, y dudo que la tuya también –suspiro recargando su cabeza suavemente en el pecho de su esposa–. No lo entiendo a veces, una de las virtudes del samurái es la "compasión" pero, en estos tiempos aquellos que sienten compasiones somos considerados débiles. ¿Crees que eso me hace débil? –levantó la mirada hacia su amada.

–Claro que no, Hideo. La compasión no es debilidad, es una muestra de lo noble que eres y lo puro que es tu corazón –respondió ella con amor mientras acariciaba el rostro de Hideo y luego lo besaba. Un beso que duró varios segundos, era tiene y lleno de amor.

–Gracias, Yumie. Siempre sabes cómo animarme. No sé qué haría sin ti –sonrió mirando con ojos llenos del más sincero y puro amor.

–Y nosotras no sé qué haríamos sin ti, Hideo –correspondió al abrazo acariciando su cabello.

–Espera… ¿nosotras? –cuestionó sin entender eso último.

–Claro, amor. Nosotras –la mujer llevó su mano a su vientre, el cual mostraba el inicio de un embarazo–. El gran maestro del templo me asegura que, según su flujo de Chi, será una niña.

–Increíble –alegó sonriendo con emoción y acariciando el vientre de Yumie–. Espero herede tu belleza.

No había mayor felicidad para el noble y joven Hideo que su amada esposa y las ansias de conocer y criar a esa hija que pronto llegaría al mundo. Pero el destino, en ocasiones, puede ser más cruel de lo que podemos llegar a imaginar.

En un cambio radical, un parpadeo. Hideo está de pie en lo que alguna vez fue su habitación donde amó y proclamó fidelidad eterna a esa mujer. La habitación y el castillo están en ruinas, destruidos por alguna gran batalla. Una tormenta se cierne sobre el lugar, los derruidos techos dejan caer el agua en las habitaciones que aun logran mantenerse en pie. Los relámpagos resuenan como gritos lejanos de dolor y temor.

Hideo está cubierto de sangre, herido y frente a él, una imagen que no se puede borrar de la mente, una imagen que duele más que cualquier herida de batalla. En medio de la habitación, en un charco de sangre yace su amada esposa, asesinada de forma cruel y con claras señales de haber sido torturada de forma vil antes de ser ejecutada.

Los ojos de Hideo han perdido su brillo, se mantiene de pie como un ser sin alma, sin expresión alguna, como si la vida misma se hubiera escapado de él. Fue cuando su mirada se digirió a cierto mueble de la habitación. Lo que vió harían perder la cordura a cualquiera, pocas personas, si no es que nadie, serían capaz de ver eso sin volverse loco. Era una cuna, una cuna teñida de rojo y sin señal de vida.

Fue esa noche y con aquel fatídico y doloroso panorama que el joven bondadoso y noble samurái conocido como Hideo Fujigawara, murió. Dando pasó a una persona sin corazón, sin alma, una persona que enmarcaba perfectamente la descripción de un demonio. El Demonio Sombra había nacido.

Con un grito desgarrador, el Chi que emanó de ese hombre destrozó todo a su paso, y aquella energía que alguna vez fue amarilla, se volvió completamente negra.

Un fuerte estruendo puso fin a ese recuerdo. Hideo despierta abruptamente en el presente, veinte años después, ahora en el mundo de los ninjas.

25 de febrero. País del fuego

Hideo respira agitadamente con lágrimas en los ojos, no importa cuánto tiempo pase, el dolor de aquel día jamás podrá borrarse de su mente. Se sienta la borde de la cama buscando poder tranquilizarse, pero sus manos están temblando y hay un nudo en su garganta.

–O,… O, otra vez… otra vez puedo recordar ese día –musita con temor y tristeza–. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que soñé con eso –se queda unos momentos en silencio. El temor se disipa rápidamente, volviéndose tristeza ante cierto detalle–. Yumie, mi, mi amada, Yumie… ya no puedo recordar tu rostro. Han pasado veinte años desde aquel día. Mi maestro decía que solo el tiempo podría aliviar mi dolor, pero no me dijo que parte de ese alivio seria el olvido.

Ya no quería pensar más en eso. Se levantó mostrando que había dormido sin camisa. Aun con sus cuarenta años de edad Hideo es un hombre de complexión y atractivo envidiable. Su pecho, abdomen y brazos perfectamente tonificados detallando cada musculo. Se vistió y ató su cabello como siempre, finalmente puso su inseparable katana en su cintura.

–Akumu –suspiró acariciando la empuñadura–. Sé que al menos dirías alguna estupidez para hacerme sentir mejor. Prometo que pronto te liberaré amigo.

Sin más que decir, respiró profundamente para liberarse de los malos recuerdos. Y salió de la habitación, para afuera encontrarse con una pequeña niña.

–Hola pequeña –saludó él de forma amble.

–Señor, Hideo –dijo la niña, quien parecía despertarse, pues sus ojos estaban somnolientos–. Mi mami me pidió que le preguntara si podía ayudarla.

–Claro que sí, iré con ella de inmediato –dijo con una sonrisa, y, de forma cariñosa acarició la cabeza de la niña.

Hideo había llegado un par de días antes a ese lugar, el cual era una posada con salón de té. Desde un principio él le dijo a la dueña que no tenía dinero, pero podía trabajar a cambio de comida y hospedaje por unos días. La mujer, quien era madre de dos niños, la pequeña con quien Hideo se topó y un joven mayor, aceptó el trato del ronin.

Al bajar al salón de té se encontró con la señora, dueña del lugar, quien, además, estaba embarazada.

–Buenos días, señora Hakuru –saludó el ronin con una reverencia–. ¿Espero se encuentre bien hoy?

–No tanto como desearía, señor Hideo –dijo con una leve sonrisa–. Disculpe que le pida esto, sé que usted se encargaría de limpiar el lugar, pero mi hijo salió temprano por la mañana a buscar medicamentos y mi marido volverá por la tarde, ¿podría hacerse cargo de la cocina hoy? No será muy difícil, hoy no hay huéspedes.

–Con mucho gusto, ayudaré en todo lo que usted necesite –asintió y se dirigió a la cocina.

Así inició el día del ronin, al parecer por fin alcanzaba esa paz que tanto había añorado los últimos años. Trabajar para vivir era lo que deseaba, así como no tener jamás que volver a usar la violencia contra nada ni nadie.

El día fue muy tranquilo, apenas hubo unos pocos comensales, la mayoría viajeros que pasaban a comer algo o beber y luego se iban. Pero el Fujigawara hacía gala de una habilidad prodigiosa para la cocina. Manejando los cuchillos e ingredientes como un maestro, y gracias a sus reflejos y precisión todo quedaba perfecto. De reojo podía ver a la señora y a su hija convivir, cuanto habría deseado Hideo ver a su hija crecer y jugar con su amada.

Era el medio día. Hideo atendía a un viejo hombre que recién llegaba. Cuando un grupo de jóvenes entraron creando un poco de alboroto.

–¿Desea algo para acompañar su té? –preguntaba Hideo al viejo.

–Entonces me encargue del jefe de los guaridas mientras ustedes buscaban la salida, no fue nada difícil, ese imbécil era un debilucho, ni siquiera necesité mi espada para encargarme de él –decía un joven de cabellos blancos mientras entraba al lugar acompañado de otras tres personas.

–Y por tu culpa casi nos descubren, Suigetsu, causaste un alboroto y derribaste dos torres –alegó una chica de cabello rojo y gafas.

–Karin, tu siempre cuestionado todo lo que hago. Pero durante nuestro escape no hiciste más que mirarle el culo a Sasuke, no aportaste nada, mujer inútil –respondió el de cabellos blancos cruzándose de brazos.

–Quieren callarse, han estado toda la maldita mañana hablando de estupideces –ordenó el pelinegro Sasuke Uchiha.

Los cuatro tomaron una mesa cercana y se sentaron esperando ser atendidos.

–Por cierto ¿tienen dinero para pagar la comida? –preguntó en voz baja el ultimo joven, de cabellos anaranjados.

–Qué más da, yo me encargaré de que no nos cobren –susurró Suigetsu riendo.

–Maldita sea, vas a hacer otro puto desastre –bufó Karin–. Sasuke, dile algo.

–Que haga lo que quiera, no voy a ser su niñera. Solo quiero comer algo y largarme lo antes posible –respondió Sasuke sin preocuparse o interesarse en lo que Suigetsu pudiera hacer.

Mientras ellos hablaban de sus cosas, y esperaban que les atendieran, Hideo no dejaba de mirarlos de reojo, sabía que algo malo había con ese grupo y le preocupaba que intentaran hacer algo.

–Enseguida traeré su té, señor –dijo Hideo al viejo hombre, quien también era intimidado por el grupo del Uchiha.

En eso la pequeña, hija de la dueña, jugaba con una pelota, la cual termino por rebotar y rodar lejos de ella, justo a un lado del Suigetsu. Inocentemente la niña fue por su ella, llamando la atención del peliblanco psicópata.

–Vaya, vaya, que tenemos aquí, una niña molesta –dijo este con una sonrisa perversa. La niña se asustó al verlo–. Tranquila, pequeña, no te haré nada malo, ven, acércate.

La mano de Suigetsu se acercó a la niña lentamente, mientras ella solo lo miraba asustado. De la nada, y sin que ninguno de los allí presentes lo sintiera, Hideo tomó la muñeca del peliblanco deteniéndolo. Las miradas sorpresivas se posaron en el ronin.

–Pequeña, creo que tu mamá te llama, ve con ella, ¿sí? –dijo Hideo a la niña, quien rápidamente salió corriendo a la cocina. El ronin soltó la mano del ninja–. Lamento si hubo algún inconveniente. ¿En qué puedo servirles?

–Eso no lo viste venir, verdad, Suigetsu –rio Karin ante la sorprendida mirada de su compañero.

–¡Cállate tú! –exclamó este molesto.

Al instante se puso de pie encarando a Hideo, que, aun así el ronin es más alto y corpulento. Los ojos de la pelirroja se posaron en ese maduro pero atractivo hombre.

–Pareces una niñita frente a él, Suigetsu –se burló Karin.

–Le pido guarde la compostura mientras este aquí, así como a sus compañeros, este es un establecimiento familiar y puede incomodar a otros comensales, así como a los dueños del lugar –dijo Hideo de forma amble, sin intimidarse o molestarse.

–¿Quién te crees que eres, idiota? Tu no me vas a decir a mi cómo comportarme –alegó de forma molesta frente a Hideo.

–Trabajo en este lugar, y, por lo tanto, tengo la autoridad para juzgar a quien se permite entrar o no. Me temo que tendré que pedirles que se retiren de inmediato para que no haya más problemas, por favor –señaló la puerta.

–Hablas como un anciano, porque no sacas esa espada que tienes allí y lo arreglamos como se debe –sonrió de forma retadora.

–La violencia en innecesaria, joven. No tengo intención alguna de pelear contra ninguno de ustedes. Por favor, retírense de este lugar –no había forma de perturbarlo o de enojarlo, él seguía serio.

–A sí, pues tendrás que sacarme, imbécil. Un idiota cobarde como tú no merece llevar una espada como esa.

Suigetsu llevó su mano a la empuñadura de la katana, pero antes que lo logra Hideo lo detuvo por la muñeca, con fuerza lo jaló bruscamente y lo golpeó en el pecho con el codo derribando al peliblanco.

–Lo vez, la violencia solo conlleva más violencia. Actuar de forma impulsiva solo acarrea problemas –dijo Hideo mirando lo en el suelo.

–así, así que te gusta jugar rudo, imbécil –alegó el peliblanco tosiendo mientras se levantaba y se contenía el pecho.

Pero Suigetsu no se contendría, arrojó varios puñetazos al ronin, quien sin problemas o siquiera moverse los detenía con sus palmas. En el último golpe Hideo inclinó su torso aun lado esquivando a Suigetsu y permitiéndole impactar un contundente puñetazo en el estómago del ninja. Quien cayó al suelo tosiendo y conteniendo su estómago.

–Sasuke –dijo Jugo levantándose de forma amenazante.

Sin embargo el pelinegro miraba con curiosidad las habilidades del ronin, quien, si hacer uso de habilidades o un arma había sometido a Suigetsu.

Sin previo aviso Karin se lanzó sobre Hideo con un kunai en la mano intentando córtalo, sin embargo, por más rápido que ella fuera Hideo evitaba sus cortes, aunque debía retroceder por lo insistente que era ella. En su último ataque Karin arrojó una estocada, el ronin la tomó por la muñeca firmemente, la jalo hacia él y con su pierna la hizo tropezar cayendo al suelo de forma brusca, al tiempo que la desarmaba

–Lamento eso, no me agrada lastimar mujeres– dijo Hideo haciendo una reverencia–. Pero no me dejaste otra opción –se acercó a ella y le dio la mano para ayudarla a levantarse.

Acción que la pelirroja aprovechó para intentar cortarlo con otro kunai que sacó por debajo de su manga. Él pudo prever el corte, pero solo hizo un rápido movimiento hacia atrás para evitar cualquier daño. Aunque el kunai cortó su camisa, exponiendo su torso.

–…ho, por dios –los ojos de Karin se posaron en ese hombre, cautivada por su atractivo.

Pero se distrajo, e Hideo atacó. La tomó por la mano que tenía el kunai, abrió su defensa y con la palma la golpeo en el pecho, la chica retrocede adolorida y tosiendo, conteniendo el dolor en su pecho, por el cual una vez más soltó el kunai.

Suigetsu atacó por la espalda arrojando una fuere patada al costado del ronin. Fue fuerte, Hideo gruñó por eso, pero superándolo atrapo la pierna de su agresor y la jaló hacia él, golpeando con la parte posterior de su cabeza la boca de Suigetsu, logrando aturdirlo. El ronin gira ágilmente, toma la mano de su rival y lo golpe en el rostro con la palma, derribándolo de forma muy ruda.

–Por favor, ya detengan sus intentos –dijo de forma seria, mirando al peliblanco y a Karin sin bajar la guardia.

–Sa, Sasuke –llamó Karin tosiendo–. Debemos enseñarle a este sujeto con quien se ha metido. Vamos a acabar con él los cuatro juntos –agregó Karin levantándose adolorida.

–Oye, tú, ¿eres un samurái? –preguntó Sasuke también levantándose. Mientras analizaba la postura del samurái. Parecía un maestro de artes marciales, teniendo una espada decidió no usarla.

–Alguna vez lo fui, pero ya no. Ahora soy un ronin –explicó él, esta vez con una mirada más seria. Si bien, es un pacifista no dejaría que esos jóvenes hicieran lo que quisiera, y si lo atacaban, los golpes le serian regresados.

–¿Un ronin? Eso suena interesante, ¿qué significa? –preguntó Sasuke acercándose a él.

–Que soy un hombre libre y no sigo la voluntad de nadie más que la mía –explicó cruzándose de brazos–. Y, sean quienes sean, no me agrada su presencia en este lugar, por su forma de ser y de hablar deduzco que son criminales o algo así. Este un establecimiento respetable y para buenas personas. Deben irse ahora, o me veré en la obligación de sacarlos.

–Está bien, nos iremos. Pero quiero ver tus habilidades, quiero saber de qué son capaces los samurái. Que te parece si hacemos esto, vamos allá afuera y te enfrentas en un mano a mano con mi compañero, si le ganas nos vamos sin causar problemas –explicó Sasuke.

El ronin lo miró dudosos, y luego miró a Suigetsu y a los otros dos que le miraban con seriedad. Si los hacia enojar a los cuatro tendría que luchar contra todos, quizás pudiera vencerlos, pero no sería fácil, además sería una lucha innecesaria, según Hideo.

–Solo si es un combate de sumisión –dijo con seriedad–. No voy a matar a nadie.

–Así será, solo un combate de "sumisión" –dijo sonriendo de lado.

Sin más que objetar los cinco salieron del lugar y se alejaron un poco para encontrar una zona en la cual Suigetsu e Hideo pueden luchar libremente.

–Sasuke ¿Qué pretendes? –preguntó Karin extrañada por la propuesta hecha por Sasuke.

–Han corrido muchos rumores acerca de los samuráis desde su llegada, creo que esta es la mejor oportunidad para aprender un poco acerca de ellos y sus habilidades –explicó Sasuke en voz baja.

–Pero ese sujeto dijo que no es un samurái…

–dijo que lo fue y con eso me basta, y si no es tan fuerte igual lo puede despedazar Suigetsu y dejará de joder el resto del camino –respondió de brazos cruzados mientras los otros se preparaban.

Una vez allí fuera, Hideo y Suigetsu se pusieron frente a frente a cierta distancia, esta vez el peliblanco estaba dispuesto a usar su temible espada Kubikiribōchō.

–Estás listo, ronin, esta vez no tendrás tan fácil. Cuando tomo mi espada suelo perder la cabeza un poco –dijo riendo mientras la agitaba un poco–. Muchas personas han sufrido gracias a mí, creo que tu serás el siguiente.

–Actuar provocando dolor a los demás nunca te hará sentir mejor –dijo Hideo con su apacible semblante. A diferencia de su rival él no tenía intención alguna de usar su arma. Solo permanecía de pie y con los brazos cruzados–. Desearía no tener que hacer esto, pero en ocasiones, lo jóvenes necesitan sufrir un poco para entender que su camino está mal.

–Solo dices estupideces, parece que lo samurái no son tan agresivos como pensé. Si todos hablan y dicen estupideces pacifistas como tú, no será tan difícil acabar con ustedes –rio Suigetsu.

–Me temo que soy uno en miles, la mayoría de los samurái son personas bélicas y orgullosas, solo piensan en luchar y luchar. Son muy pocos los que aún siguen el verdadero camino del samurái y respetan las siete virtudes.

–¡Vale, ya callate! ¿Qué esperas para sacar tu espada? –alegó frustrado Suigetsu.

–No voy a usarla, mi deseo es no tener que volver a usarla nunca más –dijo tranquilamente–. Puedes atacar si así lo deseas, pero, si decides retirarte ahora podemos evitar algo incensario.

–¡Ya me tienes harto, no solo dices estupideces, también me subestimas, te voy a partir en dos! –exclamó con furia y saltó intentando dar un fuerte ataque con su espada.

(Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)

Vale, espero que os guste la historia hasta este punto. Yo se que he presentado muchos personajes nuevos y eso puede causar confusion. Por eso, si teneis alguna duda, pueden dejarlo en los comentarios y con gusto la responderé. Nos vemos