Saludos! Disculpen la tardanza; no escribo mas en la N/A porque intento terminar de escribir el nuevo capítulo de AECSD; solo me tomo un minuto para invitarles a leer mi one shot: "AFFAIR". Como siempre un Everlak, pero es novedoso para mí porque es mi primer intento de escribir época, así que por fis léanlo y escríbanme un review para saber si apesto o si les gustó :D Besos!
Aprovecho para agradecer sus comentarios, que aunque no me da mucho timepo de contestarlos, saben que los aprecio mucho y los releo para darme fuerzas y seguir escribiendo.
Capítulo Veinte
La carretera iba vacía, a excepción del autobús que viajaba a altas velocidades, desesperado por finalmente llegar a su destino. Atravesar el desierto era insoportable por causa del calor, y porque el chofer únicamente veía el color anaranjado de las candentes arenas del lugar.
Unas horas más y llegarían a Las Vegas, Nevada.
Finnick les había dejado ya y durante los pasados días, la cantante del grupo que andaba de gira, no había podido dormir más que algunas pocas horas por día; recordando una y otra vez lo que había acontecido en Nueva York.
La tristeza y el dolor en los ojos de Peeta, la perseguían incluso durante sus presentaciones. Le parecía verlo en todas partes: entre el público, en la calle, en los restaurantes.
Y aunque se repetía una y otra vez que estar soltera es lo que siempre había querido, no dejaba de preguntarse porque se sentía tan sola.
-Toma, preciosa. Esto ayudará –le dijo Haymitch sentándose a su lado, aprovechando que Gale se había levantado para ir al lavabo.
Katniss miró con desprecio la botella de vidrio que el productor le tendió, para después girarse de nuevo y seguir mirando por la ventanilla.
-Lo he intentado –Haymitch se levantó para irse a sentar con su asistente.
Effie sacudió la cabeza. –Sus últimas presentaciones carecen de algo; no es para nada profesional, y esto nos afecta a todos.
Su discusión en altavoz, esperando con eso despertar alguna reacción en la cantante, pero a Katniss parecía importarle poco lo que dijeran de ella.
-Está deprimida –comentó de nuevo la asistente justo cuando Gale volvía del baño.
El guitarrista apretó los dientes. Les demostraría a todos que Katniss estaba perfectamente bien y que lo de ricitos de oro era algo pasajero. Además el muy idiota le había roto la nariz.
Y no que se sintiera culpable, ¿verdad?
-¿Qué casino visitaremos en Las Vegas, Catnip?
Katniss lo ignoró completamente; y él tuvo que morderse la lengua para no comenzar otra discusión que desde el "incidente" eran más comunes.
.
El hotel donde se hospedaron era excesivamente lujoso, como cualquier otro de la ciudad del pecado.
-Por eso me encanta este lugar –gruñó Haymitch con satisfacción, tomando una de las flautas de champagne que un mesero sostenía, aguardando a una pareja de recién casados. Ni que decir que el mozo tuvo que volver al bar por otra.
-Compórtate, Haymitch –señaló Effie, quien había cambiado sus usuales trajes brillantes por uno sobrio de color gris, acentuando bellamente su nuevo cabello castaño.
Cuando le preguntaron el motivo de su ropa, ella dijo que no quería parecer una cualquiera de las que Haymitch normalmente se acompañaba en Las Vegas.
Katniss se adelantó al grupo no queriendo enterarse de nada, y se metió a su habitación, apenas escuchando que se reunirían en la recepción para ir a divertirse un poco cerca de las siete.
La recamara estaba ricamente decorada con costosas telas rojas; exquisitos tapizados intrincados en oro y muebles de finas maderas exóticas.
Cansada, se sentó en la enorme cama que por dos días sería únicamente para ella. Se sentía enojada de pronto, y en el siguiente segundo, toda triste y apagada.
¡Estaba en Las Vegas por todos los cielos! ¡Estaba viviendo su sueño! ¡Hacía dinero haciéndose famosa!
Tenía que dejar de sentir autolástima por si misma decidió, porque después de todo fue ella quien terminó con Peeta; y volver a su vida normal.
La vida que la hacía tan feliz.
-Nótese el sarcasmo –murmuró desganada, soltando su cabello. Se deshizo de su ropa y abrió una botella de licor costoso y que seguro la noquearía con poco.
Cuando tocaron a su perta, concluyó que no saldría esta noche. Aprovecharía a emborracharse hasta olvidarse por completo de su existencia.
Y mañana volvería a ser la misma de siempre.
.
Toc, toc…
Abrió los ojos lentamente, sintiendo ya los resultados de sus excesos.
Peeta no estaría nada contento.
Sacudió la cabeza para aclararla mientras seguían tocando insistentemente a su puerta.
-Voy –gruñó sintiendo la boca seca. Cogió la bata cortesía del hotel y se la colocó bien antes de abrir la puerta –Que dem…
Pero Gale ya la estaba besando.
De pronto se encontró envuelta en los brazos de Gale. Su sabor era a alcohol, igual que su olor, como lo notó mientras Gale se abría camino hacia su cuello, y de nuevo a sus labios.
Katniss respondió torpemente, disfrutando de las sensaciones que la hacían recordar que seguía viva; olvidándose momentáneamente de sus conflictos internos. –Peeta…
Gale se detuvo un poco y la joven no entendió porque; pero el guitarrista se compuso velozmente, decidiendo que había escuchado mal. Y entonces sus dedos se escurrieron por debajo de la suave tela, y acarició la piel de terciopelo de la joven. Sin perder más tiempo, deshizo el nudo de la bata y la empujó por los hombros hasta que cayó al piso. Sus pupilas se ensancharon con deseo y la desesperación de haber añorado esto desde hace tanto tiempo –te deseo.
Peeta hubiera dicho Te amo.
Mientras la llevaba a la cama, la cabeza de Katniss era un caótico torbellino de recuerdos. Las caricias de Peeta, tocándola devotamente como si fuera alguien sublime a quién quisiera recordar eternamente. Recordó sus besos, que aunque solo fueran en la mejilla, provocaban un cúmulo inesperado de emociones que disparaban su pulso. Rememoró la risa de su chef, el azul de sus encantadores ojos, y lo rizado de su rubio cabello.
-No te amo –soltó de pronto como una revelación.
Un confundido Gale se detuvo al instante. ¿Había escuchado correctamente? Esta vez, odiaba admitirlo, sí lo había hecho. – ¿Qué? –Más por dentro se preguntaba: ¿En serio? ¿Ahora? ¿Había querido hablar de sentimientos antes y Katniss lo interrumpía justamente ahora?
-No te amo –repitió la joven reparando de inmediato en su estado de desnudez, su dolor de cabeza, su embriaguez. –Rayos. –Empujó a Gale y se giró para jalar la sabana y cubrirse un poco. –Esto… no está bien… lo siento.
-Catnip, babe… –suplicó Gale sin comprender. Él también bajo los efectos del alcohol.
-No, Gale. Vete por favor.
-¿Es lo que quieres? ¿En serio?
Katniss asintió incapaz de verlo a los ojos.
No le importó el azote de la puerta tras su amigo.
¿Qué había estado a punto de hacer?
Tomó su cabeza entre sus manos y se puso a pensar en que era lo que realmente quería, porque hasta este momento la gira y la fama no la habían hecho feliz. Estar con Gale y su banda tampoco.
Ya sabía la respuesta, pero la verdadera pregunta era si estaba lista para actuar.
Tomando una decisión, se vistió en unos sencillos jeans y una playera.
-¡Haymitch, quiero…!
Para su sorpresa, la puerta de la habitación de su productor estaba semiabierta; y ahora sabía porque.
-¡Katniss! –exclamó Effie con sorpresa, completamente desnuda, encima de Haymitch.
Pero qué…
-Mierda –dijo el hombre antes de mascullar más maldiciones, pero sin mostrar pudor alguno como para cubrirse. – ¿Ahora qué quieres, preciosa? ¿Qué no sabes tocar antes de entrar?
-Yo… yo… estaba abierto… –se dispensó tratando de hablar. – ¿Al menos podrían cubrirse? –dijo furiosamente ruborizada mirando hacia el techo.
-Esto es algo muy natural, Katniss –le dijo Effie tranquilamente buscando su ropa interior.
-No, no. quédate así –indicó Haymitch a su ¿asistente? ¿Amante? Si ellos dos hacían esto siempre, seguramente no pensaban casarse, ¿o ya lo estaban? Eso no era relevante ahora. –Preciosa, mañana hablamos, ¿de acuerdo? Justo ahora estoy en medio de una reunión muy importante. –Effie dio risitas tontas.
-De acuerdo… -dijo dándose la vuelta.
Afortunadamente abandonaría este tipo de vida muy pronto.
.
Haymitch le dijo que lamentablemente tendría que completar el contrato, pero que seguramente con Finnick llegarían a un buen acuerdo. Como trabajar para Capitol Records como compositora o ya se les ocurriría algo. –Agradece que seas mi favorita. –Le dijo el productor con un exageradamente sospechoso buen humor.
Katniss había querido comunicarse con Peeta por teléfono, pero este no le contestó y Prim opinó que lo mejor sería hablar con el interesado en persona.
Las siguientes dos semanas que duró la gira, el humor de Katniss incrementó considerablemente; y aunque su relación con Gale era un poco tensa, intentaron olvidar todo culpando al alcohol; sin embargo a penas y se dirigían la palabra, mas como dijo Effie, gracias al cielo ya iban a terminar la gira.
Aun así, el tiempo no transcurrió tan rápido, pero más tarde que temprano, llegó el día en que por fin volvían a casa. Intranquila, Katniss literalmente corrió a ver a su hermana, quien había citado a Johanna en un viejo restaurante cerca del hospital donde trabajaba.
Claro que esta última aún no había llegado.
-¿Y qué harás? –le preguntó su hermana tras haber hablado ligerezas sobre la gira. La mesa estaba llena de recuerdos de su viaje y Prim había opinado que estaba más bronceada que nunca.
-Ir a buscarlo obviamente. Ha sido un error y lo lamento en verdad.
-El más estúpido –gruñó Johanna llegando a sentarse bruscamente al lado de Prim. Dejó en la mesa una pequeña caja negra de terciopelo.
-¿Qué es esto? –preguntó Prim, tratando de descubrir porque Johanna había llegado tan furiosa, como si uno de sus novios la hubiese engañado y les hubiese descubierto.
Pero Katniss sintió un pesó en su estómago, queriendo imaginar que era lo que había frente a ella.
-Ábrelo –animó, si se podía decir animar al tono que empleó la morena. –Fue comprado para ti de todas formas.
Con dedos temblorosos, Katniss tomó la cajita y la abrió.
Un brillante solitario estaba incrustado en una sencilla banda de oro blanco.
-No…
-Si –dijo Johanna molesta. – ¿Podrías decirme que diantre pasó en Nueva York?
Pero Katniss no tenía en mente hablar sobre el asunto, al menos por ahora – ¿es lo que quería decirme?
-¿Acaso piensas contarme que ha pasado?
Pero cada una siguió con su idea de conversación. – ¿Has visto a Peeta? –por supuesto que sí. Para tener este anillo, que solo alguien que la conociera muy bien sabría qué tipo de joya darle, tenía que haberlo visto. – ¿Cuando llegó de NYC?
-Sí. Lo vi, pero…
-Nos vemos luego –dijo ignorando que no había tocado su almuerzo y no esperando una respuesta más concreta. Se levantó y veloz como un rayo se dirigió a la salida.
-¡Katniss! –gritó Johanna, pero ella se echó a correr antes de que pudieran detenerla y quitarle más tiempo. –Mala idea…
En el camino, una angustia apretujó el corazón de la cantante.
Culpa, vergüenza. Pero ninguna lo suficientemente fuerte como para no querer ver a Peeta nunca más.
Porque lo amaba.
¡Sí! ¡Lo amaba!
Quería gritarlo a los cuatro vientos; pero mejor decírselo a su adorado chef.
Y ahora aceptarlo alivianaba su alma y eso explicaba todo: no querer seguir con su carrera musical; no querer hacer más giras. Sentirse inconforme, hasta cierto punto infeliz e incompleta. Sentir deseos de estar con Peeta por siempre y para siempre.
¿Cómo es que no se había dado cuenta antes?
¿Por qué había tardado tanto en llegar a este punto donde comprendía que amaba a Peeta Mellark?
¿La perdonaría?
Esperaba que sí, porque de otra manera no sabría que más hacer.
Finalmente visualizó 'The Cornucopia'; pero el tráfico estaba tan denso que detuvo al taxista y le pagó antes de apresurarse a alcanzar el restaurante.
Frente a este, y en parte causa del tráfico, había una camioneta blanca donde varios chefs descargaban las cajas de abasto; repletas de jitomates, cebollas, frascos y demás insumos necesarios.
Entonces alcanzó a ver a una rubia muy familiar – ¡Delly! ¡Delly! –gritó a medio bloque de distancia.
Antes de entrar a la cocina, la blonda se giró y su usualmente afable rostro, mutó a uno serio y apagado. Se giró de inmediato como si no la hubiera escuchado.
-¡Delly! –insistió Katniss deteniendo su carrera. Algo estaba ocurriendo y no le terminaba de agradar. –Delly…
La rubia volvió a salir. Ya no llevaba la anterior caja que llevaba en su manos por lo que pudo cruzarse de brazos para enfrentar a Katniss – ¿qué haces aquí?
El tono frío y condescendiente paralizó a la cantante.
Viendo que la chica que había destrozado el corazón de su amigo no decía nada, volvió a cuestionar – ¿Qué haces aquí, Katniss? ¿Qué no has tenido suficiente ya? ¿No has hecho ya demasiado daño?
-Quiero ver a Peeta.
-Quieres ver a Peeta –repitió la mesera lentamente. –Hace semanas que ya perdiste ese derecho, ¿no crees?
Katniss se molestó. Se había equivocado, vale, pero por eso estaba allí, para enmendar las cosas. –Por favor, necesito verlo.
Delly suspiró pesadamente, girando los ojos y negando con la cabeza.
-Delly… –dijo un hombre alto que Katniss reconoció como el novio de la amiga de Peeta.
-Bien, pero solo porque tú me lo pides, Ernesto. Porque si fuera por mí, no decía ni pío.
Katniss le agradeció con la mirada al chef, pero este simplemente sonrió tristemente antes de volver a la cocina. ¿Qué estaba sucediendo? – ¿En dónde está Peeta?
-Se fue.
Se fue.
-¿Cómo que se fue? –Cuestionó confundida – ¿Cuándo regresa?
-No está aquí, Katniss. Él, Peeta quiero decir… no va a volver. Se fue.
No.
No.
-Déjate de bromas, Delly. Cometí una estupidez, ya lo he entendido y lo lamento muchísimo. Amo a Peeta –Delly volvió a girar los ojos. – ¡Si lo amo! Solo que… no lo había comprendido. Por favor, dime enserio, en donde está Peeta.
-Aunque crea tus palabras, es verdad lo que he dicho. Peeta. No. Está.
-Iré a su departamento… -dijo Katniss sin creerle ni media frase.
-No está. Se fue hace una semana. Regresó de Nueva York, renunció, empacó sus cosas y se fue.
-No es verdad. No… él no… Yo… dejaré las giras, yo… yo solo quiero estar con él…
Pero Delly agitó la cabeza, y en ese instante fue cuando lo creyó.
Había perdido a quien más amaba en el mundo entero.
Tal vez para siempre.
Una tras otra, decenas de lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin que pudiera hacer nada para detenerlas.
Se sentía cansadísima, acabada. Como si ya no existiera nada por lo cual seguir viviendo.
¿Es así como su madre se sintió cuando perdió a su esposo?
Dolía. Muchísimo.
Y aun así, con esto no lograba a cubrir ni un poco de lo que Peeta había sentido en aquella calle de Manhattan.
-Lo siento –murmuró Delly algo sorprendida por el giro de lo que estaba ocurriendo. Ante ella, y probablemente la única ante la que había ocurrido algo semejante, Katniss Everdeen estaba completamente quebrantada y llorando.
.
Ya sé que faltó Peeta pero... ¿Reviews? ¡Por favor, por favor!
