Tas atravesar el portal completamente sola, Hanako vagaba sin rumbo en la colina de Yomotzu herida, exhausta y cada vez con menos fuerza, sin darse cuenta en un momento se vio rodeada de los innumerables muertos que caminaban en sentido contrario a su ellos guiados al enorme cráter donde se tirarían a su eterno sufrimiento. La lúgubre muchedumbre le impedía avanzar colina abajo y poco a poco fue arrastrada por las largas filas de cadáveres que avanzaban hacia la gran fosa.

La joven espectro se negaba a ser vencida por algo tan simple como una muchedumbre de muertos, su voluntad era mucho mas grande que eso, así que a pesar de sus heridas y cansancio continuó caminando a contracorriente del rio de cadáveres y a pesar de haber tropezado mas de una vez la joven nipona continuaba poniéndose en pie y reanudando su trayecto. De repente, entre ese mar de sujetos inertes la presencia de un hombre llamó poderosamente su atención... era un chico muy joven, casi un niño... su cabello castaño ondeaba fantasmalmente al compás de sus pesados pasos y sus ojos marrones estaban completamente carentes de brillo, no parecía nadie extraordinario vistiendo esa austera camiseta roja desmangada y unos simples jeans azules, sin embargo pudo sentir un nudo en la garganta cuando ese joven pasò a su lado rosando levemente su hombro.

La espectro de Ker quedò parada e inmóvil tras el brevísimo contacto con el joven de la playera roja , y sin saber el motivo giró su rostro hacia atrás siguiendo con la mirada al extraño individuo mientras el resto de muertos poco a poco la iban empujando logrando que diera un par de diminutos pasos hacia atrás.

-¡SEIYA!

Un grito desesperado sacó de su ensoñación a la joven espectro de Ker, haciéndola saltar levemente... esa voz... esa voz le era extrañamente familiar...Enfocó su mirada hacia donde provenía aquel grito, para alcanzar a distinguir a varios metros de distancia de la gran fila de muertos a una persona en la distancia, se trataba de un jovencito que vestía una armadura del ejercito ateniense, que por la simplicidad de sus ornamentos denotaba que se trataba de una jerarquía baja de la orden, un caballero de bronce, seguramente.

-¡No, no lo hagas Seiya! ¡Si caes en ese agujero no podrás volver nunca mas!

La misma sensación de hueco en el estómago mas un terrible escalofrió atravesó la espina de Hanako al escuchar la voz de aquel santo de bronce.

-Hanako (en sus pensamientos)- Ingenuo... no importa que tan fuerte le grite, ese muchacho jamás lo escuchará.

-¡Seiya, detente! ¡no debes seguir, Seiya!

Algo en la voz de ese joven santo de Athena le parecía sumamente magnético a la espectro de Ker, haciendo enfocar su vista al poseedor de la armadura de bronce. Una vez que pudo verlo mejor notò que el chico era también muy joven y poseedor de bellísimas y perfectas facciones que no lograban ser opacadas por los múltiples golpes y heridas que trazaban su pálida piel, además del deplorable estado en el que se encontraba su armadura. A pesar de ello el joven santo de Athena conservaba un porte elegante, hermoso y terriblemente familiar para la guerrera del espíritu de la muerte violenta. Tan ligada se sentía a él que el solo ver su rostro le hizo sentir como si un balde de agua fría cayese sobre ella.

-SEIYA!

Cuando Hanako estuvo a punto de dar el primer paso para acercarse al joven santo de Athena, una voz suave y amable que parecía provenir de todas direcciones la hizo abortar su intento y mantenerse estática en su sitio.

-¡Detente, Shun!

-Shun- Esa voz...¿Señorita Saori?

-Athena- Si sigues a Seiya tu tampoco podrás volver jamás

Esa voz que emanaba de todos lados y a la vez no parecía tener un origen definido no podía ser otra mas que la voz de Athena. Hanako abrió los ojos como platos mientras apenas podía mantenerse en su sitio debido a los empujones de la muchedumbre de muertos que se dirigían colina arriba. Dio un ultimo vistazo al joven de la playera roja que se perdió de su vista entre los innumerables muertos y continuó atenta a la conversación entre el caballero de bronce y la diosa.

-Athena- Aun hay tiempo para salvar a Seiya. Vuelve ahora. Vuelve antes que desaparezca el orificio de la colina del Yomotzu...

-Shun- Se...Señorita Saori...

Hanako se percató de la grieta que había en el espacio, por la que el santo de bronce había caído en ese extraño lugar, y como lo había dicho la diosa, se estaba cerrando lentamente ante sus ojos.

-Athena- ¡Vamos, de prisa!

-Shun- Seiya, te sacaremos a toda costa de ahí, hasta entonces, hasta entonces espéranos por favor, Seiya...

Y tras esas ultimas palabras el joven caballero de bronce elevó su cálido cosmos y desapareció a gran velocidad por aquella grieta por la que previamente había caído. La espectro de Ker dudó un par de segundos antes de tomar la determinación de seguir a aquel muchacho... seguramente esa grieta la llevaría a la casa de Cáncer y pronto podría alcanzar a Suikyo y ayudarle en su empresa de evitar que la guerra santa alcance a las personas inocentes de la tierra. Sin embargo ese breve instante de duda además de las graves heridas de su cuerpo le impidieron siquiera poder salir de en medio del gran rio de muertos en el que estaba sumida.

-Hanako-(En sus pensamientos)- Vermeer Sensei... tiene razón, no tengo carácter, no tengo esencia de espectro y todo lo hago mal... Suikyo Dono... ¿En verdad solo soy un estorbo?... No... aun debo luchar, con todo y dudas. De lo único que estoy segura que puedo ser útil para poder evitar que la catástrofe toque a mas gente inocente. Suikyo Dono...no me importa morir si puedo serle aunque sea un poco de utilidad.

Así que la portadora de las flamas azules continuo avanzando colina abajo luchando a contracorriente el mar de muertos andantes, a lo largo de su travesía fue perdiendo la noción del tiempo y el espacio dándole la impresión de estar caminando en círculos y de haber pasado ya varias horas desde que atravesó el portal al filo de la séptima prisión. De pronto,cuando todo parecía perdido una grave y varonil voz se calvò en su mente, una voz que le hablaba directamente a su cosmos.

-Mujer... Mujer... ¿que haces tú vagando en los limites de la vida y la muerte?

-Hanako- ¿Quién eres? ¿quién esta hablando a mi cosmos?

-Puedo ver que vistes un ropaje del ejercito de Hades ¿Acaso tu también te diriges a la entrada para atacar el mundo de los humanos y derrocar a Athena?...

Hanako detuvo sus pasos ante la abrumadora presencia, y al mirar a su alrededor las escenas que presenciaba le helaron la sangre. Se trataba de batallas y no batallas cualquiera... hacia su derecha se encontraba el santo de Cancer luchando contra un hombre joven que no portaba ningún tipo de armadura, llevaba el torso descubierto y los puños desnudos, su larga cabellera azabache ondeaba al compàs de su agresivo cosmos dejando ver un impresionante tatuaje de dragon en su espalda, hacia la izquierda se encontraba Suikyo de Garuda luchando contra el un par de caballeros de Athena, y para su gran sorpresa uno de ellos era el joven que había intercambiado palabras con Athena y el otro era extraordinariamente parecido al cadáver que vio caminando hacia el Yomotzu,además de encontrarse nuevamente el santo de cáncer contemplando burlón la batalla entre el juez y los caballeros de menor rango y finalmente frente a ella se encontraba su mentor, Vermeer de Grifo peleando contra el caballero de cáncer y otro santo de Athena al parecer también perteneciente a la jerarquía de bronce. Todas las escenas despedían un aura de agresividad, y peligro, además de desarrollarse simultáneamente y aparentemente no eran consientes de la presencia de Hanako ni de los protagonistas de las otras batallas.

-Hanako- ¿Qué es lo que pasa aquí? ¿acaso hay tres santos de cáncer?... Suikyo Dono... Vermeer Sensei... Parece... parece que no son consientes de la presencia el uno del otro... ni de la mia...¿Qué rayos esta pasando aquí?

-Ninguno de ellos es consiente de tu presencia... esas batallas se están desarrollando en tiempos diferentes...

-Hanako- Esto... esto debe ser una pesadilla...¿Quién eres tu? ¿Por que me atormentas de esta forma?

-JAJAJAJAJA No te creas tan importante, mujer... simplemente has caído presa de la distorsión del tiempo y el espacio, una simple coincidencia que te perdieras en este sitio y presenciaras tres batallas en el mismo lugar pero diferente tiempo.

-Hanako- Debo salir de aquí... ¡Suikyo Dono!

-Ya veo, has traicionado a Hades... ¿sabes lo que eso significa?

-Hanako- Mi alma será condenada... sere eternamente castigada en Cositos, un lugar que conozco como la palma de mi mano.

-¡Insolente!... para ser una simple mortal eres muy valiente aunque caes en la insolencia...

-Hanako- Nada de lo que haga podría ganarme el favor y piedad de los dioses. No tiene caso alguno suplicar por mi alma. Acepto mi destino con resignación, es el último dejo de dignidad que me queda.

- Me agrada tu valor... mujer...

-Hanako- Hanako de Ker, estrella celeste de la destrucción... si es que aun puedo ostentar el título.

-Hanako de Ker, no luchas por Hades, no luchas por Athena... ¿entonces cual es tu causa?

-Hanako- Lucho por la justicia, la justicia que me dicta mi corazón, simplemente lucho por lo correcto.

-JAJAJAJAJA eres muy insolente para ser tan insignificante. Pero, eso me agrada, necesito alguien como tu, un perro sin dueño sin lealtad y sin ningún miedo, sin nada que perder pero mucho por ganar...

-Hanako- ¿Quien eres?

-Alguien que comparte tu odio por Zeus, Hades y Athena... alguien que desea vengarse de todos y cada uno de ellos.

-Hanako- ¿Y que podría querer de alguien como yo tan insignificante ?

-En la tierra, cada 300 años aparece un tesoro que los dioses olímpicos entregaron a una deidad menor encarnada en el cuerpo de una niña, un tesoro de tal poder que podría curar cualquier mal de los hombres y también capaz de darle muerte a un dios...tesoro que solo puede ser tocado por los humanos. Y tu... Hanako de Ker eres casualmente lo que necesito para apoderarme de tal tesoro...

-Hanako- ¿Quién eres? por que habría yo de ayudarte a asesinar a un dios?

-Por que si consigo deshacerme del sello de Hades, podre vengarme de Zeus y el resto de los dioses del olimpo. Asi mi reinado, la era dorada regresarà... las guerras no serán necesarias nunca mas, y tu... tu también te salvarás por haber sido instrumento de mi gran voluntad...

-Hanako- ¿Quien eres?

-Cronos- Cronos... padre de los dioses. Lo dijiste antes que tu lealtad estaba mucho mas alla de Hades o de Athena, ¡ese soy yo!.

La joven espectro sintió recorrer el moustruoso poder del dios del tiempo recorrer cada cèlula de su organismo, cayendo arrodillada ante ese dios inmaterializado e omnipresente.

-Cronos- ¡Hanako de Ker !Te trasportare a la época donde la flor de los elíseos dara el néctar capaz de dar muerte a los dioses, y una vez que sea activado lo llevaras a la cima de starhill donde tomarè posesión de el y por fin dare muerte a infame Hades, sin su sello sere capaz de ser libre nuevamente.

El moustruoso cosmos del dios del tiempo distorsionó todo el lugar haciendo sentir a Hanako terriblemente débil y mareada, impotente y sumisa ante tan descomunal voluntad.

-Chronos-7 de marzo de 1981, este es el año en el que esta destinado que la estrella de los elíseos florezca. Debes buscar a la Kumari Kali de Patan, en Nepal y una vez que ella active el néctar deberás obtenerlo para mi. Lo llevarás a la cima de StarHill . Hécate, la bruja de la luna te guiará hacia mi. Si cumples tu misión no solo tu alma se salvará de la eternidad de tormento en Cositos, te concederé vida y gloria eterna como mi mas fiel vasalla. Pero... si fallas tu alma será eternamente atormentada en el Tártaro junto a mi, tal como los Titanes y los Hecatònquiros. Así que ve... no falles estrella celeste de la destrucción...

Poco a poco Hanako fue recuperando el sentido. Ya no se encontraba en la colina del Yomotzu...aunque el ambiente aun tenia un penetrante aroma a muerte, estaba rodeada por enormes y sepulcrales muros de los cuales emergían terroríficos rostros humanos con expresiones de sufrimiento, de entre los cuales había inclusive mujeres y niños.

La portadora de las llamas azules rápidamente se puso en pie, atenta y sigilosa por la posibilidad de encontrarse de frente con el macabro santo de cáncer, así que una vez segura de no toparse con él emprendió la huida hacia el tercer templo del zodiaco y finalmente atravesar las primeras dos casas que no emanaban tanto terror y peligro, y así poder emprender su viaje hacia Nepal.

Pasaron tal vez un par de días para que la joven espectro llegara hacia la exótica tierra llamada Patan. Tras haber escondido entre la maleza su agrietada Sapuri, Hanako decidió explorar las polvosas calles del paupérrimo pueblo de la Kumari. Su imagen estaba muy distante a la belleza y majestuosidad que emanaba los días en que era la comandante de una de las legiones de estrellas celestes, Hanako era ahora una ruina humana que a duras penas se podía mantener en pie, su rostro estaba completamente desfigurado por la inflamación y los hematomas permitiéndole usar solamente su ojo derecho, su bello kimono escarlata se encontraba hecho girones además de estar completamente manchado de tierra y sangre. Su aspecto era sumamente llamativo para los lugareños quienes le miraban tanto con lastima y un tanto con temor y repudio.

Tras tocar varias puertas y ser ignorada en sus preguntas, la joven japonesa cayo rendida al filo de una pequeña fuente de la que bebió agua con gran desesperación. Mucha fue su sorpresa al escuchar una fina y serena voz que le hablaba detrás suyo.

-La profesia se ha cumplido.

La joven nipona dio media vuelta para encarar a la poseedora de aquella dulce voz. Se trataba de una niña completamente vestida de rojo y oro, entronizada en una rica litera cargada por monjes budistas y acompañada de un sequito de doncellas, todos ellos enfundados en elegantes túnicas multicolores.

-Tal como las voces me lo anunciaron. La estrella obscura del mundo sin sol ha sido la primera en aparecerse cual estandarte sangriento que anuncia la proximidad de la guerra santa.

Los monjes bajaron cuidadosamente la litera y extendieron una bella alfombra multicolor en el piso para que la niña bajase al nivel de la japonesa sin tocar el piso.

-Te saludo, guerrera celeste de Merope...

Dijo la pequeña mientras extendía su brazo derecho señalando a un segundo grupo de monjes que se acercaron a ella cargando una gran caja de pandora, una caja de continuaba en silencio y sorprendida de tal recibimiento. Estaba confundida, no tenia idea de lo que la pequeña le hablaba y mas aun al estarle ofreciendo literalmente en bandeja de plata una armadura sagrada.

-Yo soy Kali, Kumari de Patan... y necesitare de ti y el resto de las guerreras Pléyades para proteger a mi pueblo...

Hanako se acercó lentamente a la caja y tras un ademan de aprobación de parte de la Kumari se dispuso a abrir el contendor de la armadura. Se trataba de un ropaje sagrado en forma de paloma, con ambas alas extendidas al viento, toda de color plata brillante. Hanako se acercò a la armadura y tras tocarla con la yema de su dedo inmediatamente tanto la armadura como su contenedor se tornaron de un color negro purpureo arrancando un gemido de admiración de todos los presentes seguidos de una gran oleada de murmullos.

-Kali- Tal como las voces me lo anunciaron...

Sonrió la pequeña satisfecha ante lo anteriormente ocurrido. hizo un además con ambas manos con el que todos los presentes guardaron silencio.

-Kali- Sígueme, guerrera de las sombras... nuestra misión apenas comienza...