¡Lo siento mucho por la tardanza! Esta escena sigue justo en lo que quedó el capítulo anterior, así que si no recuerdan, he dejado la última línea como la primera de este. Un beso, y no se olviden de revisar en blog en tumblr hwnemesis.


-Sí me quieres…-sonrió él hablando con la voz apacible pero temblando, acercándose a mi cuello despacio sin dejar de arañarme la espalda- Chris todavía me quiere…

-Thomas… espera, espera un segundo, cariño. Necesito que te calmes… podemos hablar, te juro que podemos-dije yo intentando hacer que se tranquilizara.

-¿Calmarme?-preguntó Tom, con su voz frágil y dolida mientras me sujetaba con fuerza por la camisa para que no pudiese moverme-¿Calmarme?-repitió-Yo no estoy alterado… Nadie en esta habitación está alterado. ¿Tú sí?

-Tom, bebé… es que…

-Bebé-repitió él tras mis palabras esbozando una leve sonrisa-nadie me ha llamado así en estos últimos días, sólo soy… El Sr. Kelleher… ¿sabes lo aburrido que es eso?

No dije nada, pues no sabía lo que Thomas estaba pensando realmente. Su forma de actuar me tenía realmente preocupado, pues los ataques de pánico que a veces le venían nunca eran como este. Esto era algo distinto, que no parecía ser miedo ni enojo respecto a nuestro quiebre. Quise pedirle que habláramos, pero Thomas sólo me sostenía contra el sillón sin dejar que me moviese y balbuceaba palabras despacio, sin poder entenderle todo lo que decía.

Después de largos minutos de silencio, se decidió a hablar.

-Te he extrañado, sabes, pero no me sienta bien el hecho de pensar en volver contigo… porque… ¿recuerdas que me has mentido y me has sido infiel? Bueno, creo que eso me jode un poco-dijo sin soltarme la ropa mientras miraba hacia afuera y hablaba en ademán explicativo- Y ya ves, me he pillado muchas veces pensando en ti y preguntándome lo que estás haciendo al otro lado de mi muralla, y lo encuentro, sinceramente, ridículo… El andar pensando en otra persona cuando estás completamente solo y no tienes en quien confiar en tu puta vida… Es… tan gracioso… -sollozó ahora Thomas, aún desviando la mirada de mi cuerpo y mirando hacia la nada.- Y me he imaginado tantas veces, junto a ti, haciendo todas esas cosas que tenía en mis planes a largo plazo, me siento un idiota por haber planeado un futuro contigo, pero eso es lo que pasa cuando abres tu corazón a una persona, ¿sabes? No hacen más que herirte, que pisotearte y reírse de ti después en tu cara. No hacen más que jugar con tus sentimientos. Te los jodes, pero a cambio, te enamoran, gastan tu dinero y tu tiempo... Y luego no puedes olvidarlos hasta que algo se apiada de ti… Igual que lo hizo Antonia…-susurró él, dirigiéndose a mí- jodidamente igual que Antonia…

-Cariño-le interrumpí, pero en vez de dejarme hablar, me detuvo con una de sus manos y empujó mi cabeza contra uno de los cojines del sofá.

-Estoy hablando, ¿Que no ves?-sonrió él, con los ojos llenos de lágrimas- Y entonces, estoy feliz de que hayas venido a visitarme después de casi dos semanas…- Tom suspiró y se secó las lágrimas que le brotaban por sus negros ojos, luego dejó a sus párpados descansar unos segundos y retomó su discurso- Así puedo aprovechar la oportunidad para decirte que te he extrañado. Sí, te he extrañado. Y sobre todo, he extrañado hacerlo contigo. Sí… Porque… ¿quién se fija en los sentimientos hoy en día? ¿A quién le importa si te quiero o no? Joder… Eso a nadie le interesa, porque nadie piensa en cómo se siente la otra persona. Basta demostrar un poco de frialdad para que la gente piense "Oh, venga, que este tío no siente nada, vamos a partirle el corazón en mil pedazos a ver si se inmuta". Así que, cariño, te tengo noticias, hoy vamos a hacerlo… Como en esas noches que llegábamos de comer y antes de poner un pie tras la puerta ya nos estábamos sacando la ropa y devorándonos vivos… ¿Las recuerdas?-suspiró otra vez-Yo las recuerdo muy bien… Las recuerdo tan bien que… Oh, venga… Mira, mira cómo me he puesto-dijo en un tono exagerado mientras se desabrochaba el cinturón detrás de mí.

Nuevamente no dije nada, y sin querer, de mis ojos brotaron tibias lágrimas que se deslizaban rápidamente por mis mejillas y caían sobre el sofá, dejando pequeñas marcas.

-Dime… dime otra vez que me quieres-ordenó Thomas a su vez con un tono de súplica, acercándose a mí en plan de penetrarme.

-Espera, Thomas…-rogué yo antes de que él pudiera hacer algo, pero a su vez, sin defenderme en lo absoluto más que con simples y cobardes súplicas.

-Dímelo-reiteró, ahora entrando en mí con seguridad y sin detenerse hasta haber llegado al final. Un dolor desgarrador se apoderó desde donde él se adueñó hasta subir por mi espalda. Las lágrimas se intensificaron y solté un gemido reprimido de dolor. El rió al ver mi reacción, pero por más que fuera él, no podía sentirme bien.

Me dolía demasiado, pero a él no le importaba. Se movía sin parar con la mayor naturalidad del mundo, pero con la diferencia de que esta vez, en su cara se apreciaba una expresión de ira en busca de venganza. Sus ojos estaban muy abiertos pero casi perdidos en lo que miraban, su mirada estaba completamente ida de donde estábamos. Me arañaba la espalda con fuerza mientras aceleraba su ritmo al verme llorar. Me golpeó la espalda con el puño cerrado.

-¡Dime que me amas!-dijo Tom en un grito, con la voz desesperada.

-¡Te amo!-sollocé yo, tras hundir mi cara entre los cojines del sofá y respirar con fuerza para aguantar lo que me hacía. Dolía, pero más que aquel dolor físico, algo en mi interior no me dejaba tranquilo, sentía que debía permitirle vengarse de mí después de lo que yo le había hecho. Me sentía aprisionado, no podía decirle nada… Lo que yo le había hecho era mucho peor.

-¡Dímelo bien! Como antes…-volvió a gritar Thomas, ahora quitando la poca piedad que había en sus movimientos.

-Te amo, Tom, lo juro-sollocé yo, apenas pudiendo pronunciar aquellas palabras- Lo siento mucho…

-¿Lo sientes?-preguntó Tom, intensificando la potencia con la que lo hacía y comenzando a temblar. Sentí sus manos dejar de apretarme y tiritar sobre mi espalda- Lo sientes… ¿Estás feliz?

-¿Feliz?-pregunté yo, seguido de dar un fuerte gemido por el desgarrador dolor que se apoderaba de mi cuerpo tras esa aceleración.

-Feliz de estar otra vez conmigo… ¿Lo estás?-preguntó Tom, insistente.

-Tom, yo…-no pude responder, el dolor era demasiado pero Thomas me presionaba mucho. Estaba tan asustado, no podía siquiera moverme.

-¿No lo estás?-preguntó deteniéndose unos segundos, y posando ligeramente sus dedos en los arañazos que comenzaban a sangrar en hileras entrecortadas.

-Sí… lo estoy-suspiré derrotado, intentando sostenerme de los brazos del sofá sin éxito y desplomándome casi al instante.

-Me alegro mucho-dijo Tom cambiando su expresión de afligido a sonriente, seguido de continuar la penetración con aún más fuerza- Me gusta que estés feliz…

Thomas continuó con su tarea hasta que comenzó a dificultársele debido a lo rápido que lo hacía, en un momento, eyaculó de manera forzada dentro de mí, apenas un poco. Thomas rió displicentemente y salió de mi interior, me tomó por un hombro y me volteó con violencia, quedando nuestras caras frente a frente. En su mirada vi miedo, ira y desprecio. Pero su sonrisa me decía que todo estaba tan tranquilo como hace un mes…

-Thomas, escúchame un segundo-balbuceé en cuanto pude.

Thomas miró mi cara sumergida en llanto y miedo, echó una carcajada burlona y me golpeó con fuerza entre la nariz y la mejilla.

-Eres asqueroso-dijo acercándoseme a la cara tras golpearme-La peor persona que he conocido- agregó después, seguido de besarme con ternura- Pero te quiero tanto…-dijo una vez después de haberse detenido- que a veces no lo concibo.

La nariz comenzó a sangrarme lentamente, me percaté en cuanto la sangre llegó mi boca. Él sonrió y de paso subió sus pantalones. Me miró directamente a los ojos sin decirme nada, sentí como su mirada me consumía despacio y me hacía un agujero en la mitad de mi alma. Su mirada me provocó ganas de llorar, y entonces las lágrimas que escurrían por mis mejillas se hicieron más y más…

-Escúchame…-gimoteé apenas, tragando saliva que de pronto se comenzó a mezclar con sangre y lágrimas. Volví a sentir aquel desgarrador dolor en la espalda y un poco más abajo.

-Escucharte-dijo él, tirándome de la camiseta ya rasgada mientras yo subía mi ropa interior como recordando de pronto lo que había pasado- ¡Es lo que he intentado no hacer en dos semanas! Y tú… tú insistes-dijo empujándome contra la pared- Insistes en que te perdone… Pero, te cuento un secreto-dijo acercando sus labios a mi oreja riendo despacio- Ni aunque hiciera esto un millón de veces… sería capaz de perdonarte- susurró tras abrir la puerta de la entrada y empujarme hasta afuera, quedando yo en el suelo instantáneamente- Ni aunque lo hiciera… un millón de veces. – Y cerró la puerta de golpe.

Me quedé sentado afuera con la ropa a medio poner, la camisa rasgada y con manchas de sangre debido a sus rasguños... Mi cara seguía empapada de lágrimas y la nariz me seguía sangrando. Apoyé mi cara en mis rodillas y eché a llorar. No podía siquiera pensar en lo que acababa de suceder… Lo que para mí iba a ser un intento de conversación que terminara con un portazo en la cara, terminó en esto… No podía creerlo. Sollocé despacio, me di asco… Me sentí poca cosa, me sentí una mala persona por haberlo permitido… Pero es que yo no podía hacer nada contra él, yo le quería. Y le quería demasiado. Sentía que, era capaz de aguantarlo todo con tal de que él me perdonara. Jalé mi cabello furioso y me limpié la sangre de la nariz con el antebrazo.

Chris abrió la puerta de golpe, y asustado se me quedó mirando unos segundos.

-He escuchado un ruid…-Chris no pudo terminar de hablar, apenas me vio así, empalideció y se agachó a verme. Puso sus manos en mis hombros y me acarició. Supe al instante que no sabía qué decirme.

-Emma se ha ido…-dijo de pronto, suponiendo que yo no quería hablar de ello-Ven, entra-dijo después, ayudándome a ponerme de pie.

Pasé mi brazo por su cuello y me puse de pie, me dolía, no quería pararme… Me apoyé en Chris y apenas logré entrar a mi apartamento me desplomé en el sofá. Con eso, no era necesario decirle nada. Las palabras sobraban, yo nunca debí haberle hablado y Chris lo sabía. Tenía razón, pero ya no había motivo para decirlo.

-Quizás quieras tomar una ducha-sugirió Chris, pasando su mano suavemente por mis cabellos con una voz angustiosa.

-No-negué yo, con la mirada ida a cualquier lado y un tono de voz casi muerto. Chris me acarició otra vez.

-Sé que no quieres hablar…-dijo Chris despacio, con su voz comprensiva.

-Sí quiero… pero no… no puedo-tartamudeé yo seguido de acurrucarme en el sillón. Chris acarició mi espalda y se percató de que estaba ensangrentada apenas gemí por el tacto. Chris se puso de pie y se metió en el baño, escuché como largaba el agua de la bañera y dejaba la puerta entreabierta. La puerta sonaba, sí, Thomas siempre me reprochaba por no engrasar las bisagras.

Chris volvió y se sentó a mi lado, acariciando nuevamente mis cabellos.

-No quiero alterarme-dijo de pronto- pero me cuesta… No quiero obligarte a nada, Chris, pero no puedes quedarte así, tienes que denunciar eso.

-No…-respondí yo de manera automática, sonando cansado y rendido.

-¿No?-preguntó Chris extrañado.

-No-afirmé yo, suspirando.

Pasado un rato calculando en cuántos minutos se llenaría la bañera, Chris me ayudó a levantarme y me llevó hasta el baño, una vez ahí, me senté rápidamente sobre la tapa del inodoro y Chris me ayudó a desvestirme despacio. Cortó el chorro de agua y volvió hasta mí. Quitó mi camiseta manchada de rojo vivo y la tiró al suelo con desagrado.

-Esa la tiraremos-dijo algo molesto.

Con una expresión de dolor al ver mis heridas, tomó del botiquín una bolita de algodón y la untó en alcohol. Me limpió la sangre de la cara con sumo cuidado-¿Te duele?-me preguntó tocándome la nariz con minuciosidad para buscar algún lugar afectado.

-No…-dije yo. La verdad no me dolía más que el recuerdo del golpe mismo. Siendo jugador de rugby, ¿qué era un golpe en la nariz? No era la gravedad de mis heridas, ni lo profundos que fuesen los arañazos… Era quién los había hecho y por qué razón. Eso hacía que me dolieran como si pasaran sal y arena por mi propia espalda. Tomé una gran bocanada de aire y cerré los ojos, dejé que Chris se hiciera cargo de mí… pero por más que quise contarle qué fue lo que pasó, no podía. No me sentía capaz de pronunciar una sola palabra, ni de hacer un solo movimiento. Era como si toda mi energía se la hubiese llevado él. Era como si todas mis ganas de insistir y todo mi orgullo se hubiesen quedado atrapados en su sofá.

-Chris-me llamó después él, interrumpiéndome de mis borrosos pensamientos.

-¿Qué?-respondí yo, apenas escuchándoseme la voz.

-No hay más que hacer, hay que rendirnos-dijo finalmente con una expresión afligida.

-Quizás…-respondí yo, sin poder mirarlo a la cara.

-Yo hablaré con él, cariño, le daré su merecido… Lo que te ha hecho no tiene perdón de dios… No puede decir que te quiere si te hace algo como eso, Chris, es inhumano, Thomas está enfermo.

-De seguro lo está de nuevo-reflexioné yo en voz alta.

Chris hizo una mueca de tristeza y asintió, pero mi argumento no pareció bastarle- Enfermo o no, en la vida y en la moral hay ciertas reglas, ¿sabes? Reglas que la gente decente debe cumplir.

-¿Gente decente?-pregunté extrañado. Chris me ayudó a ponerme de pie y a quitarme la ropa para entrar en la bañera. Con sumo cuidado removió mis pantalones y mi ropa interior. Luego quitó mis calcetines, al tomar mis piernas para sostenerse me percaté de que yo estaba muy frío, tenía las extremidades congeladas. Chris hizo que me apoyara de sí y entré en la bañera. Me senté con cuidado, pero aún así el hecho de sentarme me dolió tremendamente.

-Gente que respeta a los demás, Chris…

Asentí, pero sólo me limité a oír lo que estaba diciendo. No me sentía capaz de entender ninguna palabra en ese momento.

-Nosotros decidimos a quien respetar, cariño, eso tú lo sabes. Y si bien Thomas dice que te quiere, no lo hace a conciencia. Él está confundido, y no sabe que para querer a alguien tienes que renunciar a tus impulsos para que este alguien sea feliz. Tú te has estado controlando de molestarle porque le quieres, ¿no? El apenas te ha visto ni se ha pasado por la cabeza el controlarse de hacerte daño. Y no ha sido un daño pequeño, Chris, te ha golpeado y ha abusado de ti. Te ha insultado, y te ha humillado cuando tú tratabas de hacer lo correcto. ¿Cuán justo es eso, Chris?

-Chris… yo no quiero…-No quería hablar, no quería escuchar, no quería hacer nada. Estaba tan deprimido que el simple hecho de estar despierto me pesaba, y quería quedarme en mi cama por siempre. Chris comenzó a limpiar suavemente las heridas de mi espalda. Un ardor se apoderó de mi carne y fruncí la cara junto con suspirar en ademán molesto.

-Sé que no quieres hablar, Chris, lo sé, entiendo lo que te acaba de pasar, ¿sí? Pero no puedo permitir que después de esto tú te sigas culpando. ¿Me entiendes?

Asentí nuevamente en silencio, Chris pasaba suavemente jabón por mi espalda procurando no pasar su mano por encima de mis rasguños.

-Se supone que cuando una persona va madurando a lo largo de los años tras haber entrado en el cuarto estadio de la moral según Piaget, uno entiende que debe respetar a todos y así todo estará bien, siempre teniendo en cuenta cuales son las excepciones personales… ¿Por qué te digo esto? Porque las excepciones de tú y él se van hacia la misma experiencia, pero desde ambas caras de la moneda. Sé que Thomas no es una persona fácil de tratar, pero tú le conoces también y sabes que en el fondo es muy vulnerable y esta reacción no ha sido más que una auto-defensa- dijo Chris mientras hacía que un ligero chorro de agua se deslizara por mi espalda y luego comenzaba a enjabonar mis brazos con suavidad- En cambio, tú te estás dejando pasar a llevar, y aunque el de la depresión sea Thomas, a quien le va a doler es a ti. Y no quiero verte mal, cariño, quiero que estés tranquilo, y si bien ya no puedes estar feliz, al menos quiero que estés en paz y no sientas nada malo. Necesito quedarme contigo para asegurarme de que estés bien, Christopher…

-Él no me quiere-dije yo finalmente tras forzarme a recuperar las fuerzas perdidas en mi misma debilidad del momento- es sólo una obsesión, ya lo he entendido. No hay nada más que hacer-agregué sonriendo frágilmente apenas con los labios. Yo sabía que mis ojos no podían convencer a nadie, menos a Chris.

-Vas a salir adelante, ¿sí? Vamos a buscar nuevas cosas que hacer y saldremos con más personas. No digo que ahora, por hoy necesito que descanses, ¿sí?-me pidió mientras me ayudaba a ponerme de pie de la bañera y me envolvía en una gran toalla. Me senté nuevamente y él comenzó a secarme despacio.

-Gracias-susurré débilmente mientras él me secaba. Sonrió con mi misma expresión, en el fondo él también se sentía muy mal por lo sucedido. No dejaba de ser, después de todo.

-¿Estás seguro de que no quieres que denunciemos esto?-insistió después de unos minutos de silencio en cuanto me ayudó a ponerme una muda de ropa interior y me llevaba hasta mi cama.

-Estoy seguro, no querría tener que enfrentarlo de nuevo-lamenté yo, recostándome desanimado.

Me recosté dándole la espalda a Chris mientras él me acariciaba el cabello. Me sentía tan vacío, sentía como que todo se había derrumbado de pronto. En cuanto Thomas me había dicho que no quería volver a verme, todo se había agrietado con furia a punto de caer, pero yo lo sostuve… Lo sostuve y viví dos semanas con la carga de aquellas paredes que sujetaba tras mi espalda. El peso de haberle sido infiel, el peso de haber ensuciado su nombre. Y apenas pude hacer que se sostuvieran por sí solas y logré armarme de coraje para enfrentarlo, todo se derrumbó, no fue una idea por la cual puedas volver a dar el paso atrás. Todo se había desplomado, y no podía reconstruirse de nuevo, porque lo que me había quitado en ese entonces era algo que nunca se podía recuperar, y era aquel espacio en blanco que guarda recuerdos inexistentes. Ahora en ese gran espacio que él tomó, yacía guardada la peor escena que me había tocado vivir en mi vida. Y no fue tanto por el dolor físico, pues ese lo podré superar de una forma u otra como puedo superar un partido o una golpiza, era el hecho de su acción. De lo que me había hecho y de lo que me había hecho tener que recordar por siempre. Recordaba sus ojos enfermizos y su sonrisa perdida. Él no estaba bien. Pero tampoco quería denunciar lo que me había hecho, eso no habría sido más que una cobardía por mi parte. Yo me acerqué, y él lo hizo. Pero lo hizo porque me acerqué, yo sé que jamás debí haber vuelto a insistir. Y no se lo diré a Chris porque sé que me dirá lo contrario, sé que me dirá que la culpa no ha sido mía, y que es Thomas el que debería haberse controlado, o debería volver a tomar sus pastillas. Sé que no puedo decir nada, y sé que no puedo denunciar nada, porque de una o de la otra forma, no me ganaría más que su odio, más de lo que ya me pertenece.

Chris me encontró otra vez absorto en mis pensamientos y con la mirada perdida, entonces se recostó a mi lado y me acarició con suavidad para volverme a la realidad en la que me encontraba. Él sabía que mis pensamientos no serían nada mejor que lo que estaba pasando.

-Piensa cosas lindas-me dijo de pronto- Piensa en que hoy iré a la tienda y te traeré ravioles de camarón-rió él, intentando animarme- Piensa en flores azules… piensa en un libro de economía siendo utilizado para estimular a la leña en invierno, o mejor aún, para hacer una barbacoa con mucha salsa- dijo como ocurriéndosele pronto- Ah, y en un alce con los cuernos enredados entre luces de navidad.

-Esos son los renos-dije yo apenas sonriendo por lo que intentaba hacer.

-Pero es que a un alce le caben más luces-justificó él, con una sonrisa tierna en sus ojos.

Tomé la mano de Chris que me rodeaba hasta el estómago y la acaricié agradecido. Chris había sido tan bueno conmigo que no podía creer que aún siguiera ahí. De no ser por él, yo estaría sentado en el portal del apartamento de Thomas aún sangrando. Deposité un pequeño beso en el torso de su mano y me acurruqué en la cama.

-Necesito que te pongas bien-susurró él, depositando un pequeño beso en mi hombro y hundiendo su cara en mi espalda-No importa cuánto tardes, yo me quedaré contigo…

-Chris-lo llamé yo, aún dándole por completo la espalda.

-¿Sí?-preguntó él.

-¿Por qué haces esto?-pregunté yo después.

-Porque soy tu amigo-dijo él para silenciarme, con un tono apacible y seguro de sí-Tu mejor amigo.

-Pero me refiero a que… te preocupas demasiado, es como si tuvieras miedo de pasar por algo así, o como si quisieras protegerme a toda costa de Thomas sabiendo que naturalmente debería hacerlo solo, aprendiendo lentamente con las caídas. ¿Por qué, Chris?

Chris guardó silencio unos segundos y suspiró, sentí como aprisionó mis dedos entre los suyos en ademán nervioso.

-Yo también he pasado por eso, Chris-sollozó Chris de pronto, intentando mantener rígida su voz-Pero no es algo de lo que quiera hablar, ¿sí? No haría más que preocuparte.

-¿Cómo es eso?-pregunté yo sin voltearme.

-Thomas me…-Chris se detuvo en una pausa suspensiva, pero no retomó lo que iba a decir. Su oración acabó antes de la mitad.

-¿Y por qué sigues junto a él?-pregunté.

-¿Y por qué lo dejas pasar tú?-me preguntó de vuelta en respuesta. Entonces con eso entendí y asentí como correspondía. No podía entender cómo era que Chris había pasado por lo mismo que yo, pero aún así su amor por Thomas parecía no verse afectado. Lo dejó pasar, tal como lo hice yo, pero al verme me di cuenta de que su expresión cambió en algo. Lo vi tan asustado y tan impactado que rogué para que nunca más él se sintiera así. Ahí entendí su reacción, por que se comportó tan sobreprotector y tan 'relajado'. Él sabía qué hacer, sabía lo que yo no debía pensar y lo que me tenía que decir. Aún así, no me sentía del todo bien, y el hecho de que Chris me hubiese contado eso no hacía más que ponerme peor.

-Lo siento-me disculpé después. Él dijo que no importaba.

-Lo hizo cuando Antonia lo dejó-retomó después lo que me contaba- ella se fue con otro pues no aguantaba que estuviese tan resignado a vivir con su depresión para siempre. Nunca quiso tratarse, y a ella le molestaba que fuese tan cerrado y negativo. Cansada de vivir con una persona que ni la miraba, encontró a otro y se fue con él. Y a Thomas, como nunca más la vio, no se le ocurrió mejor cosa que desquitarse con otras personas.

-¿Y por qué contigo?-pregunté intrigado, pero a la vez, temiendo parecer impertinente. Me retracté- No, no, Chris… No importa. No hablemos de esto.

-La apoyé a ella en vez de a él-confesó Chris, con la voz nostálgica- y entonces él se enojó conmigo… por haber hecho que se quedara solo después de tanto tiempo. Insistía diciendo que era mi culpa y me preguntó si acaso yo aún estaba enamorado de él-rió casi a punto de llorar- No importaba si yo decía sí o no, iba a pasar de todos modos… Y le dije que no, a pesar de que yo le quería.

Sentí como Chris se aferró de mi espalda y volvió a respirar con fuerza para que no le ganase la nostalgia. No pronunció una sola palabra más.

-Chris, no tienes que contarme, descuida-dije yo, ahora invirtiendo los papeles y calmándolo.

-Yo sólo lo tenía a él, Lucas no estaba… Debí afrontarlo solo, y entonces lo dejé pasar porque no tuve a nadie que me dijese que estaba mal. ¿Lo entiendes? Yo terminé pensando que era mi culpa. Que por mi culpa, él no tenía Antonia y que su venganza estaba justificada.

Chris comenzó a abrazarme y a calmar su exaltación tras los turbios recuerdos que habían vuelto a su cabeza por mi culpa.

-Ahora que te he visto a ti pasar por lo mismo, siento que es mi responsabilidad el no permitir que tú pienses semejante barbaridad. No estás solo, Chris, ya no lo estás. Me tienes a mí, ¿me escuchas?

-Chris…-traté de interrumpirlo yo. Fue inútil, él continuó hablando, y pensé que al estar insistiendo, sería mejor escucharlo.

-Me tienes a mí… No vas a pasarlo solo como debí pasarla yo-finalizó tras un suspiro. Me volteé con el fin de mirarlo a la cara. Él, sobre una expresión triste y muy angustiada, sonreía. Le sonreí de vuelta, pero mucho no pude hacer; el desánimo era más grande que yo.

Intenté descansar sobre mi cama, y aunque supiera que los intentos serían inútiles, cerré los ojos y me quedé intentando despejar mi mente de lo recién sucedido. Sentí a Chris ponerse de pie intentando no hacer demasiado ruido ni moverse para no despertarme de mi supuesto sueño. Se acercó a mí y depositó un pequeño y tierno beso en mi mejilla.

-Me tienes a mí, pequeño, esta vez no voy a dejárselo pasar-susurró él para sí, seguido de desaparecer en su caminata hacia el pasillo con determinación y cerrar la puerta principal de mi apartamento.