Me disculpo por no haber subido capítulo ayer, tuve un cumpleaños~ ¡Pero acá traigo el capítulo! :3 faltan 10 para que termine la historia, podría decirse que este es el inicio del final~ ¡Espero que les guste! :)


Las tropas de Jeanne se preparaban para salir de Compiégne, listos para enfrentarse con los borgoñones. Según Francia le había dicho, bastante enojado, los borgoñones planeaban asediar la ciudad, cuyos ciudadanos se mostraban a favor del Rey Carlos de Francia; Borgoña deseaba hacerse con la ciudad, ahora neutral gracias a las treguas firmadas por ambos reyes. Treguas que los borgoñones aprovecharon para afirmar los pactos anglo-borgoñones.

Francia estaba a punto de matar a su Rey.

Jeanne, por su parte, estaba muy nerviosa. Intentaba ocultarlo, pero no lo lograba de la forma en que a ella le hubiese gustado. Agradecía que el resto del ejército y el mismísimo Francia estuviesen demasiado preocupados en la batalla como para notarlo. Tenía miedo. Ella, en esos momentos, no estaba actuando por lo que sus voces le ordenaban, sino por los deseos del Rey, quien había prometido refuerzos que jamás llegaron.

A pesar de esto, avanzaron por el puente, encontrándose del otro lado del río a las tropas borgoñonas. La batalla comenzó, y las tropas de Borgoña eran indiscutiblemente demasiado fuertes. Lograron hacerlos retroceder más de una vez, pero los hombres comenzaban a cansarse.

El problema llegó cuando los ingleses hicieron acto de presencia...

–Ay, no... -murmuró Francia cuando vio las tropas inglesas avanzar-. Una emboscada...

Los franceses comenzaron a retroceder, ambas tropas unidas eran demasiado fuertes para ellos. Cuando los ingleses se posicionaron frente al puente, y los borgoñones al otro lado de las tropas francesas, las cosas se veían perdidas. Estaban rodeados

–...¡Debemos volver a la ciudad, o estaremos perdidos! -dijo uno de los soldados. Jeanne miró el ejército inglés con ojos llorosos.

–¡Su derrota depende de nosotros! -gritó entre lágrimas, sus manos temblaban, Francia la veía con miedo-. ¡Atanquenlos! ¡Intenten volver a la ciudad pero piensen en atacarlos!

Fue entonces que las tropas francesas comenzaron la retirada, teniendo problemas a causa de los ingleses que bloqueaban los puentes. Algunos soldados fueron capaces de regresar a la ciudad, entre ellos la representación francesa, pero entonces el capitán de la ciudad ordenó cerrar las puertas...

–..¡¿Qué haces?! -le gritó Francia- ¡Aún hay soldados ahí afuera! ¡Jeanne está ahí! ¡Abrelas!

–Mi Francia, temo que no podré hacerlo -se disculpó, temeroso de la reacción de su nación-. ¡Vamos a perder! No puedo dejar que las tropas enemigas entren a la ciudad.. Debo pensar en la seguridad de los ciudadanos.

–...Entonces dejame salir -pidió, viendo cómo las tropas borgoñonas atacaban a Jeanne, que intentaba defenderse sin éxito-. ¡Dejeme salir! ¡Ellos me necesitan allí!

–¡No voy a abrir las puertas! -volvió a negarse, intentando que Francia comprendiese la situación.

Pero el rubio no quitaba sus ojos de la jovencita. Sus hombres morían, todos ellos, pero él sólo miraba a Jeanne...

Entonces, vio cómo un soldado borgoñón la tomaba de la cintura, sacándola de su caballo blanco...

–No... -murmuró, y sintió su propia voz quebrada-. No, no, no, ¡Jeanne! -se asomó por las puertas, como si pudiese atravesarlas y llegar hacia ella- ¡Jeanne!

Pero ya era muy tarde. Jeanne d'Arc había sido capturada.