Disclaimer: Los personajes no me perteneces, son obra de Stephenie Meyer, y la historia esta más o menos basada en el libro Halo
.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.
Summary:
La llegada inesperada de los hermanos Hale: Jasper, Rosalie e Isabella, supone un revuelo en la pequeña población de Forks. Son extremadamente bellos, inteligentes y misteriosos. ¿De dónde vienen? ¿Dónde están sus padres y por qué sobresalen sea la que sea la actividad que emprenden?
Los tres son en realidad ángeles del Señor con la misión de ser los ángeles guardianes de la familia Cullen. Tienen instrucciones claras: no deben establecer vínculos demasiado fuertes con ningún humano y deben esforzarse por ocultar sus cualidades sobrehumanas. Pero Bella, la más inexperta, rompe una de las reglas sagradas: se enamora del menor de la familia a los que debe proteger, Edward Cullen.
Desafiar al Cielo no resulta buena idea cuando te enamoras de tu protegido.
.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.
21
Sustituto
Cuando iba a Port Angeles a hacer servicios comunitarios, Edward venía a menudo conmigo. En su familia habían colaborado con la iglesia desde hacía muchos años, así que no era una novedad para él.
— Tampoco hace falta que vengas cada vez— le dije una noche, mientras esperábamos el tren para ir a trabajar al comedor popular de Port Angeles.
— Ya. Pero yo quiero hacerlo. Me han inculcado desde pequeño que es importante creer en la comunidad.
— Pero tú estás mucho más liado que yo. No quiero sobrecargarte con más cosas.
— Deja de preocuparte. Yo ya sé cómo administrar mi tiempo.
— ¿No tienes una oral de Francés mañana?
—Tenemos una oral mañana. Podemos estudiar por el camino.
Empezaba a acostumbrarme a los trenes, y viajar con Edward ayudaba lo suyo. Nos sentamos en un vagón prácticamente vacío, dejando aparte a un viejo arrugadito que daba cabezadas y babeaba sobre su camisa. Entre los pies tenía una botella envuelta en una bolsa de papel.
Abrimos el libro, y apenas llevábamos unos minutos leyendo cuando Edward levantó la vista.
—El Cielo ha de ser bastante grande— dijo. Hablaba en voz baja, así que no lo reprendí por sacar el tema en público—. ¿Cuánto espacio haría falta para dar cabida a todas esas almas? No sé... Debe de ser sencillamente que no me cabe en la cabeza la idea del infinito.
—En realidad hay siete reinos en el Cielo— dije de repente, deseando compartir con él lo que yo sabía, a pesar de que era consciente de que iba contra nuestras leyes.
Edward suspiró y se arrellanó en el asiento.
— ¿Y ahora me lo dices, cuando ya empezaba a hacerme a la idea? ¿Cómo va a haber siete?
— Sólo hay un trono en el Primer Cielo — le dije—. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se encuentran en el Séptimo Cielo, el reino supremo.
— Pero ¿para qué hay tantos?
—Cada reino tiene una función distinta. Es como ir escalando por el organigrama de una empresa para llegar a reunirse con el director general.
Edward se masajeó las sienes.
— Me falta aprender un montón, ¿no?
— Bueno, hay muchos datos que recordar— dije—. El segundo Cielo está a la misma distancia de la Tierra que el Primero; los ángeles de la derecha son siempre más gloriosos que los de la izquierda; la entrada al Sexto Cielo es bastante complicada y has de salir al espacio exterior por la puerta del Cielo. Ya sé que parece confuso ,pero puedes distinguir cuál es cual porque los cielos inferiores son oscuros comparado con el resplandor del Séptimo...
— ¡Basta!— clamó Edward—. ¡Para antes de que me estalle el cerebro!
—Perdona— dije, avergonzada—. Supongo que son demasiadas cosas para asimilarlas de golpe.
Edward me sonrió con aire de guasa.
—Procura recordar que solo soy humano.
Edward me invitó a asistir al último partido de la temporada de su equipo de rugby. Sabía que era importante para él y quedé con Alice y sus amigas, viendo algo asqueadas como el séquito de Jessica y compañía actuaban como animadoras en los partidos de Forks. En realidad, aunque lo presentaran como una forma de compañerismo escolar me daba la impresión de que era un pretexto para mirar a los chicos corriendo y sudando en pantalones cortos. Ellas procuraban estar listas para ofrecerles bebidas frescas durante los descansos, con la esperanza de ganarse un cumplido o incluso una cita.
El partido se jugaba en casa, así que fuimos todas andando al campo de deportes. Cuando llegamos, nuestro equipo estaba calentando con su uniforme a rayas verdes y amarillas. Los contrarios, del colegio de la reserva de La Push, estaban en la otra punta del campo y lucían una camiseta a rayas rojas y negras. Escuchaban muy atentos a su entrenador, un tipo tan rubicundo que parecía al borde de un aneurisma.
Edward me saludó desde lejos al verme y siguió calentando. Antes de empezar, todo el equipo de Forks se apiñó para corear unos lemas estimulantes sobre el «poderoso ejército de los Espartanos» Luego abrazados unos con otros y haciendo carreras sin moverse, aguardaron a que el árbitro tocara el silbato.
—Típico — murmuró Alice—. Nada como los deportes para conseguir arrancarles un poco de emoción.
En cuanto empezó el partido comprendí que nunca sería una fan del rugby: era demasiado agresivo. El juego consistía básicamente en machacarse unos a otros para arrebatarle la pelota al contrario. Miré cómo corría por el campo uno de los compañeros de Edward, con la pelota bien protegida bajo el brazo. Esquivó a un par de jugadores de La Push, que lo persiguieron implacablemente. Cuando ya estaba a uno metros de la línea de gol, se lanzó por los aires y aterrizó con los brazos extendidos; la pelota, que aferraba con ambas manos, quedó justo sobre la línea. Uno de los oponentes, que había intentado sin éxito un placaje para detenerlo, se le vino encima. Todo el equipo de Forks estalló en gritos y vítores. Ayudaron al jugador a levantarse y le fueron dando una palmadas tremendas mientras regresaba tambaleante al centro del campo.
Me estaba tapando los ojos para no ver cómo chocaban dos jugadores cuando Alice me dio un codazo.
— ¿Quién es ese tipo?— preguntó, señalando una figura que estaba al otro lado del campo. Era un joven con una chaqueta de cuero larga. Su identidad quedaba oculta por un sombrero y una larga bufanda con la que se envolvía parcialmente la cara.
— No sé— respondí —. ¿Algún padre quizá?
—Un padre con una pinta bastante rara— dijo Alice—. ¿Por qué estará allí plantado él solo?
Enseguida nos olvidamos de él y seguimos mirando el partido. A medida que avanzaba me iba poniendo más nerviosa. Los chicos de La Push eran implacables y la mayoría parecían verdaderos tanques. Yo contenía el aliento y sentía que el corazón se me aceleraba cada vez que alguno se acercaba a Edward, lo cual sucedía a menudo, porque él no era de los que esperaban mirando en la banda: quería estar en el meollo del juego y era tan competitivo como los demás. Por mucho que me disgustara el rugby tenía que reconocer que era un jugador muy bueno: rápido, fuerte y por encima de todo, limpio. Lo vi correr una y otra vez hacía la línea de gol y lanzarse al suelo en el último momento con la pelota. Cada vez que uno de los oponentes lo agarraba o lo derribaba brutalmente, Edward volvía a levantarse en cuestión de segundos. Tenía una determinación envidiable.
Al final, dejé de estremecerme temiendo los golpes y las magulladuras; deje de preocuparme por su integridad y empecé a sentirme orgullosa de él. Y siempre que tenía la pelota gritaba como loca.
En la media parte Forks llevaba una ventaja de tres puntos. Edward se acercó a la línea de banda y yo corrí al encuentro.
— Gracias por venir — dijo, jadeando—. Ya me figuro que esto no será muy de tu gusto— añadió con su encantadora sonrisa torcida, mientras se echaba un poco de agua por la cabeza.
— Has estado impresionante— le felicité, apartándole el pelo que tenía pegado en la frente— . Pero debes andarte con ojo. Los chicos de La Push son tremendos
—La habilidad cuenta más que el tamaño— respondió.
Miré angustiada una rascada que tenía en el antebrazo.
— ¿Cómo te la has hecho?
— Es sólo un rasguño.— Se echó a reír ante mi alarma.
— A ti te parecerá un rasguño, pero es un rasguño en mi brazo y resulta que no quiero que le toquen ni un pelo.
— ¿O sea que ahora todo figura como propiedad de Bella Hale?, ¿o es sólo el brazo?
— Cada centímetro de tu piel. Así que vete con cuidado.
— Sí, entrenador.
— Hablo en serio. Espero que te des cuenta de que ya no podrás volver a meterte conmigo por no tener cuidado— dije.
— Cariño, las heridas son inevitables. Forman parte del juego. Luego puedes hacer de enfermera, si quieres.— Sonó la sirena para reanudar el partido y él me hizo un guiño por encima del hombro—. No te preocupes, soy invencible.
Lo contemplé mientras se alejaba al trote para reunirse con sus compañeros y advertí que el tipo de la chaqueta de cuero aún estaba de pie al otro lado del campo, con las manos hundidas en los bolsillos. Seguía sin verle la cara.
Cuando faltaban diez minutos para el final, los chicos de Forks parecían tener el partido en el bolsillo. El entrenador del equipo contrario no paraba de menear la cabeza y secarse el sudor de la frente, y sus jugadores parecían enfurecidos y desesperados.
Enseguida empezaron a recurrir al juego sucio.
Edward tenía la pelota controlada y subía a toda velocidad hacia la línea de meta cuando dos jugadores de La Push se lanzaron sobre él desde cada lado como trenes de carga. Viró bruscamente para eludir el choque, pero los otros se desviaron también y le dieron alcance. Pegué un grito cuando uno de ellos metió la pierna y le dio a Edward a la altura del tobillo. El impacto lo mandó hacia delante dando tumbos y la pelota se le escapó de las manos. Vi que se golpeaba la cabeza contra el suelo y que cerraba los ojos con una mueca de dolor.
Los jugadores de Forks protestaron enfurecidos y el árbitro pito la falta. Pero ya era demasiado tarde. Dos chicos se apresuraron a socorrer a Edward, que seguía tirado en el suelo. Intentó incorporarse, pero el tobillo izquierdo le sobresalía con un ángulo extraño y, en cuanto trató de depositar en él una parte de su peso, contrajo la cara de dolor y resbaló otra vez. Lo sujetaron entre dos y lo ayudaron a llegar a un banco. El médico se apresuró a examinar el alcance de la lesión. Edward parecía mareado, como si estuviera a punto de desmayarse.
Desde donde yo estaba, no oía nada de lo que decían. Vi que el médico le enfocaba a los ojos con una linternita y que miraba al entrenador meneando la cabeza. Edward apretó los dientes y bajó la cabeza con desaliento.
Traté de abrirme paso entre las chicas, pero Angela me detuvo.
—No, Bella. Ellos saben lo que se hacen. Solo conseguirás estorbar.
Antes de que pudiera discutírselo, vi que ponían a Edward en una camilla y que se lo llevaban hacia la ambulancia que había siempre a la entrada del campo por si se producía algún accidente. Me quedé paralizaba mientras el partido se reanudaba. La ambulancia cruzó el sendero y salió a la carretera.
A pesar del pánico que sentía, reparé en que el tipo apostado en la otra banda había desaparecido.
— ¿A dónde se lo llevan?— pregunté.
— Al hospital— contestó Alice, asustada. Su expresión se volvió a la preocupación al ver que tenía los ojos llenos de lágrimas—. Eh, calma. Tampoco parecía tan seria la cosa; seguramente sólo es una torcedura. Lo vendarán y lo mandarán a casa. Mira—explicó, señalando el marcador—. Vamos a ganarles igualmente por seis puntos
Pero yo no veía motivo para alegrarme y me excusé para volver a casa donde podría pedirle a Jaspero o Rosalie que me llevaran en coche al hospital. Mientras corría, los convoqué mentalmente por si habían salido. Estaba tan abstraída y tan angustiada pensando en Edward que me di de bruces con Tyler Crowley en el aparcamiento y me caí al suelo.
— Uf, vaya prisas— dijo, ayudándome a levantarme y sacudiéndome el polvo del abrigo—. ¿Qué sucede?
— Edward ha sufrido un accidente durante el partido de rugby— le explique, frotándome los ojos con los puños como una cría. En ese momento me daba completamente igual mi aspecto. Lo único que quería era asegurarme de que Edward se encontraba bien.
— ¡Vaya, qué mala suerte!— comentó—. ¿Es serio?
— No sé— dije con voz estrangulada—. Se lo han llevado al hospital para examinarlo.
— Ya veo— repuso—. Seguro que no es nada. Cosas de juego. —dijo intentando quitar hierro al asunto
— Debería haberlo previsto— dije enfadada, casi habla conmigo misma.
—¿Previsto, el qué?— pregunto Tyler, mirándome más de cerca—. No ha sido culpa tuya. No llores...
Dio un paso y me rodeó con sus brazos. Nada que ver con un abrazo de Edward, desde luego: era demasiado flaco y huesudo para que resultara confortable, pero aun así sollocé sobre su camisa. Cuando intenté apartarme, noté que seguía estrechándome con mucha fuerza y tuve que retorcerme un poco para zafarme de él.
— Perdona— murmuró Tyler con una extraña mirada—. Sólo quería asegurarme de que estás bien.
—Gracias Tyler. Ahora tengo que irme— farfullé, aun con lágrimas en los ojos.
Subí por las escalinatas del colegio, crucé el pasillo central, completamente desierto, y distinguí al fondo con inmenso alivio las figuras de Rosalie y jasoer, que ya venían a mi encuentro.
— Hemos captado tu llamada — me dijo Rosalie, cuando iba abrir la boca para contárselo todo—. Ya sabemos lo que ha pasado.
—Debo ir al hospital ahora mismo, ¡yo puedo ayudarle!— grité.
Jasper se me plantó delante y me tomó de los hombros.
— ¡Cálmate, Isabella! Ahora no puedes, al menos mientras se están ocupando de él.
— ¿Por qué no?
— Piensa un momento— dijo Rosalie, exasperada—. Ya lo han levado al hospital y han avisado a sus padres. Si la herida se cura milagrosamente, ¿cómo crees que reaccionara todo el mundo?
— Pero él me necesita.
— Lo que necesita es que te comportes con sensatez— replicó Jasper—. Edward es joven y está sano; su herida se curará de modo natural y sin despertar sospechas. Si luego quieres acelerar el proceso, de acuerdo; pero ahora has de mantener la calma. No corre ningún peligro serio.
—¿Puedo ir a verlo al menos?— pregunté.
Me reventaba que los dos tuvieran razón ,porque eso implicaba que Edward se recuperaría más despacio.
—Faltaría menos — respondió Jasper—. Vamos todos.
No me gustó nada el hospital del pueblo. Todo parecía gris y esterilizado, y los zapatos de las enfermeras rechinaban en el linóleo del suelo. En cuanto crucé las puertas automáticas percibí en el ambiente la sensación de dolor y de pérdida. No ignoraba que allí había gente— víctimas de accidentes de tráfico o de enfermedades incurables— que no se recuperaría. En cualquier momento alguien podía estar perdiendo a una madre, a un padre, a un marido, a una hermana o a un hijo. Sentí el dolor que contenían aquellas paredes como una repentina bofetada. Aquél era el lugar desde el cual emprendían muchos su viaje al Cielo y me hacía pensar en la infinidad de almas cuyo tránsito yo había logrado aliviar: era extraordinaria la cantidad de gente que recobraba la fe durante sus últimos días en la Tierra. Allí había un montón de almas con una necesidad desesperada de que la orientaran y tranquilizaran, y mi obligación era atenderlas. Pero, como de costumbre, en cuantos pensé en Edward se desvaneció cualquier sentimiento de responsabilidad de culpa, y mi único pensamiento fue correr a su encuentro.
Seguí a Rosalie y Jasper por un corredor iluminado con fluorescentes y lleno de muebles hospitalarios. Edward estaba en una habitación de la quinta planta. Su familia salía ya al pasillo cuando llegamos.
—¡Ay, Bella!— exclamó Esme nada más verme, y de inmediato me rodearon todos y empezaron a contarme cómo estaba. —. Gracias por venir, cielo — continúo
— Dejadla respirar, chicos. Se encuentra bien, Bella, no pongas esa cara. Aunque no le vendría mal un poco de ánimo. — intentó animarme Carlisle, aún enfundado en su bata de médico
Esme les lanzó una mirada inquisitiva a Rosalie y Jasper, a la vez que de reojo miraba a sus dos hijos.
—Éstos deben de ser tus hermanos— Les tendió la mano sonriente y ellos se la estrecharon— .Nosotros ya nos íbamos. Entra, cielo. Se alegrará de verte.
Una de las camas estaba vacía; la otra tenía las cortinas corridas.
— Toc, toc— dije en voz baja.
—¿Bella? — dijo Edward desde dentro—. ¡Pasa!
Estaba recostado en la cama y tenía en la muñeca pulsera azul. Sus ojos se iluminaron al verme. Corrí junto a él, tomé su rostro entre mis manos y lo examiné. Rosalie y Jasperse habían quedado fuera; no querían entrometerse.
—¿Te encuentras bien? —me preguntó
Una pequeña sonrisa salió de mis labios
— Solo a ti se te puede ocurrir preguntarme a mí si me encuentro bien. Debería ser yo la que te lo preguntara— pasé mi mano por sus revoltosos cabellos, acariciándoselos
— Siempre me preocupo por ti, además, no estoy tan mal— intentó excusarse
—Bueno, hasta aquí ha llegado tu fama de invencible — le dije—. ¿Cómo tienes la pierna?
Alzó una bolsa llena de hielo y me mostró un tobillo tan hinchado que parecí dos veces más grueso de lo normal.
— Me han hecho una radiografía y lo tengo fracturado. Me van a poner un yeso en cuanto baje un poco la inflamación. Tendré que andar una temporada con muletas, por lo visto.
— Ya, una lata. Pero tampoco es el fin del mundo. Ahora seré yo la que cuide de ti, para variar.
— Todo irá bien — dijo Edward—. Me van a tener esta noche en observación, pero mañana por la mañana ya estaré en casa. Eso sí, no podré apoyar el pie durante unas semanas...
—Estupendo, estaré encantada de cuidar de tí— respondí, sonriendo.
— Hay una cosa más.— Edward parecía incómodo, casi avergonzado al tener que reconocer cualquier debilidad.
— ¿Qué pasa?— le pregunté.
— Al parecer tengo una conmoción— dijo, subrayando «al parecer» como si no se lo tomara muy en serio—. Les he dicho que me encuentro bien, pero no me han hecho caso. He de guardar cama unos días. Órdenes del médico.
— Eso suena serio—dije
—¿Te sientes bien?
— Perfecto— repuso—. Sólo tengo un terrible dolor de cabeza.
— Bueno, como ya te he dicho, yo cuidaré de ti. No me importa.
— Se te olvida una cosa, Bella.
— Ya, ya lo sé— le dije—: que no te gusta sentirte como un inválido. Pero eso te pasa por practicar un deporte tan bruto como…
— No, no lo entiendes.— Meneó la cabeza con frustración—. El baile es el sábado. Sentí que se me caía el alma a los pies.
— Me tiene sin cuidado— dije con fingida jovialidad—. No iré.
— Debes ir, lo llevas preparando desde hace semanas. Rosalie te ha hecho el vestido, las limusinas están reservadas y todo el mundo espera que vayas.
— Pero yo quiero ir contigo— repliqué—. Si no, no significa nada.
— Siento que haya ocurrido esto — dijo, apretando un puño—. Soy un idiota.
— No ha sido culpa tuya, Edward.
— Tendría que haber ido con más cuidado.
Cuando se le pasó la rabia, su expresión se suavizó.
— Dime que irás, por favor— insistió—. Así no me sentiré tan culpable. No quiero que vayas a perdértelo por mi causa. No estaremos juntos, pero puedes pasarlo bien de todos modos. Es el acontecimiento del año y quiero que me lo cuentes con detalle.
— No sé.
— Por favor. Hazlo por mí.
Puse los ojos en blanco.
— Bueno, si vas a recurrir al chantaje emocional, difícilmente podre negarme.—Comprendí que Edward tendría mordimientos los próximos cinco años si me perdía el baile por su culpa.
— ¿De acuerdo, entonces?
— Vale, pero que sepas que estaré toda la noche pensando en ti.
Él sonrió.
— Y prométeme que buscaras una pareja, no quiero que vallas sola
Le miré horrorizada
—¿Cómo puedes pensar siquiera que voy a ir con otra persona? Vamos, ni en broma
—Pero Bella, no quiero que estés sola
—Y no lo estaré— le corté— Alice y Angela me harán compañía
—Eso lo doy por hecho, pero no quiero que no disfrutes del baile porque tengas miedo de lo que yo piense. Por favor, prométeme que tendrás una pareja para el sábado
Lo miré detenidamente a los ojos, buscando algún atisbo de que este asalto pudiera ganarlo. Pero en sus ojos podía ver la determinación y me di por vencida
— De acuerdo, has ganado otra vez— me dio su famosa sonrisa torcida
— Asegúrate de que alguien saque fotos.
—¿Vendrás antes de que salga de casa?— le pregunté—. Para verme con el vestido, ¿entiendes?
— Allí estaré. No me lo perdería por nada del mundo.
— Me revienta dejarte aquí — me acurruqué a su lado en la cama, acercando su cuerpo al mío—, sin nadie que te haga compañía.
— No te preocupes — me tranquilizó
— Si conozco bien a mamá, yo diría que pondrá un catre y se pasará la noche aquí.
—Sí, pero te hará falta algo para distraerte.
Edward me señaló con un gesto la mesita, donde reposa entreabierto un grueso volumen negro con letras doradas.
— Siempre puedo leer la biblia y aprender un poco más sobre la condenación eterna.
— ¿Eso te parece una distracción?— pregunté, sarcástica.
— Es una historia bastante dramática: el viejo Lucifer, echándole un poco de pimienta a las cosas.
— ¿Conoces la historia completa?— le pregunté.
— Sé que Lucifer era un arcángel.—Yo alcé una ceja sorprendida—. Pero se descarrió de mala manera.
— Así que prestaste atención en las clases de catecismo — comenté en broma—. Su nombre significa en realidad «dador de luz». En el Reino era el preferido de Nuestro Padre; había sido creado para encarnar el súmmum de la inteligencia y la belleza. Se le consultaba en las situaciones de dificultad y todos los demás ángeles lo tenían en alta estima.
— Pero él no estaba satisfecho— observó Edward.
— No — respondí —. Se volvió arrogante. Tenía celos de los seres humanos; no comprendía que Nuestro Padre los considerase su mayor creación. Creía que sólo los ángeles debían ser ensalzados y empezó a pensar que él podía derrocar a Dios.
— Y ahí fue cuando lo pusieron de patitas en la calle.
— Sí. Nuestro Padre escuchó sus pensamientos y lo expulsó, a él y a sus seguidores. Lucifer logró su deseo: se convirtió en el antagonista de Nuestro Padre en el soberano del inframundo, y todos los ángeles caídos se convirtieron en demonios.
—¿Tienes idea de cómo son las cosas allá abajo?— preguntó Edward.
Negué con la cabeza.
— No, pero Jasper sí. Él conoció a Lucifer. Eran hermanos: Todos los arcángeles lo son. Pero nunca habla de ello.
La conversación quedó interrumpida justo entonces, porque Jasper y Rosalie asomaron la cabeza por la cortina para ver cómo estaba el paciente.
—¿Hablas en serio? — Angela me miraba horrorizada—. Yo creía que se lo habían llevado sólo como medida de precaución. ¿De veras tiene una conmoción? ¡Menudo desastre! Tendrás que ir sola al baile.
Empezaba a lamentar habérselo contado. Su reacción no me estaba sirviendo para levantarme el ánimo. Aquel baile iba a ser una noche mágica con Edward que yo recordaría siempre; y ahora se había ido todo al garete.
—No tengo ningunas ganas de ir — le expliqué—. Lo voy a hacer sólo porque Edward quiere que vaya
Ella dio un suspiro.
— Es un detalle precioso de su parte.
— Lo sé, y por eso me da igual no tener pareja.
—No te preocupes, ya se nos ocurrirá algo — dijo Angela—. Seguro que aparece alguien en el último minuto.
Sabía lo que estaba pensando. Se imaginaba el principio de la fiesta, cuando las parejas hacían juntos su entrada y posaban ante los fotógrafos. A su modo de ver presentarse allí sola equivalía prácticamente a un suicidio social.
Al final, sin embargo, no hizo falta que ni Angela ni Alice se devanaran los sesos porque la solución se presentó espontáneamente aquella misma tarde.
Estaba sentada con Tyler Crowley en el sitio que ocupábamos al fondo de la clase de literatura. Él escribía en su diario en silencio mientras yo trataba de concentrarme en los últimos versos de nuestro poema.
— Es bastante difícil, ¿sabes?, teniendo en cuenta que lo has escrito desde el punto de vista masculino—protesté.
— Acepta mis más sinceras disculpas— respondió con sus ampulosos modales—. Pero puedes tomarte las licencias poéticas que quieras. En la primera estrofa se dirige a una mujer, pero en la siguiente podría ser al revés. Tampoco te pases toda la vida, Bella. Yo ya me he cansado de este trabajo. Acabémoslo ya, y así podremos hablar de cosas más interesantes.
— No me metas prisa— dije con brusquedad—. No sé tú pero yo quiero hacerlo bien.
— ¿Para qué? No será porque necesites la nota.
— ¿Cómo?¿Por qué no?
—A mí me va a ir bien de todos modos; eso seguro. Le gusto a la señorita Castle.
Sonrió con aire sacaron, sin hacer caso de mi pregunta, y continuó tomando notas en su cuaderno. No le pregunté qué escribía, ni él parecía dispuesto a explicarlo. La sugerencia de Tyler había desatado mi imaginación y los versos siguientes me salieron con mucha más facilidad, ahora que podía escribirlos pensando en Edward. Sólo tuve que imaginarme su rostro para que las palabras empezaran a fluir como si el bolígrafo hubiera adquirido vida propia. De hecho, la estrofa de cuatro versos que me había correspondido apenas me pareció suficiente. Me sentía capaz de llenar todas las libretas del mundo con las cosas que pensaba sobre él. Habría podido dedicar páginas enteras a describir su voz, su piel, su olor y todos los demás detalles de su persona. Y así, antes de que yo misma me diera cuenta, mi letra fluida y suelta apareció bajo la penosa letra de Tyler. Ahora el poema decía:
Ella tenía la cara de ángel
En cuyos ojos me viera reflejado,
Como si fuéramos uno y el mismo
A una mentira esclavizado.
Yo veía en él mi entero porvenir
También la dulzura de un amigo
En él vislumbraba mi destino
Al mismo tiempo principio y fin.
— Funcionan— dijo—. Quizás haya una poetisa en ti, al fin y al cabo.
— Gracias — contesté —. ¿Y tú?, ¿en qué andas tan ocupado?
—Apunte… observaciones — respondió.
— ¿Y qué has observado hasta hora?
—Que la gente es tan crédula y previsible…
— ¿Los desprecias por ello?
— Lo encuentro patético.— Sonaba tan implacable que me aparté un poco—. Son tan sencillos de descifrar que ni siquiera resultan estimulantes.
— Pero la gente no existe para entretenerte a ti— protesté—. No son un hobby.
— Para mí, sí. Y la mayoría son como un libro abierto… Excepto tú. Tú me desconciertas.
— Yo— Fingí una risita— . No hay nada desconcertante en mí. Soy como todo el mundo.
—No exactamente.— Ahora se mostraba críptico otra vez.
Empezaba a resultar inquietante.
— No sé a qué te refieres— dije, pero tuve que volver la cara para que no viera el rubor que me había subido a las mejillas.
—Si tú lo dices— murmuró, zanjado la cuestión.— ¿Y qué? ¿con ganas de que llegue el sábado? — preguntó, cambiando de tema—. Me he enterado de que un pequeño contratiempo deportivo te ha dejado sin pareja. Es una verdadera lástima que ese joven apuesto no pueda asistir.
Sus ojos oscuros relucían con intensidad y sus labios se curvaban en una mueca aviesa, como si la idea le agradase.
— Ya veo que las noticias vuelan— dije con tono apagado, decidiendo hacer caso omiso de su burla. Ahora miraba el baile de promoción con más temor que ansiedad y no me gustaba que me lo recordara—. ¿Con quién vas tú? —añadí, más que nada por educación.
— Yo también vuelo por mi cuenta.
— ¿Por qué? ¿Qué hay de ese club de fans?
—Las fans sólo son soportables en pequeñas dosis.
Solté involuntariamente un profundo suspiro.
— La vida no es justa, ¿verdad? Estaba haciendo un gran esfuerzo por ver las cosa modo positivo pero no acababa de funcionar.
—No tiene por qué ser así — dijo Tyler—. Ya sé que a uno le gustaría asistir a una recepción semejante del brazo de la persona amada. Pero a veces hay que ser práctico, sobre todo cuando dicha persona amada tiene otras obligaciones.
Su pomposo discurso consiguió que me diera un escalofrío, temiéndome lo peor
— La melancolía no te sienta bien.— Se enderezó en su silla—. Isabella, ya sé que no soy el hombre de tu elección, pero ¿me harías el honor de permitir que te acompañe al baile para ayudar a sacarte de este apuro inesperado?
Tal vez se trataba de un gesto sincero, pero no me acababa de convencer. Había algo en su modo de actuar y de ser que me daba mala espina
—No sé— le dije dudosa—. Gracias por el ofrecimiento, pero tendré que hablarlo primero con Edward.
Tyler asintió.
— Desde luego. Ahora que la propuesta ha sido formulada, espero que me hagas el favor de aceptarla.
Hola!
¿Qué tal vuestras navidades? Yo bastante bien, exceptuando que he estado 7 horas en el coche de ir a un lugar a otro. Uff, estoy que me quedo dormida del agotamiento. Este capítulo es mi regalo de fin de año, y el de año nuevo será dentro de un tiempecito. Sé que ese regalo tendría que ser antes, pero yo lo que hago normalmente es actualizar cuando veo que la gente que normalmente me deja un comentario ya lo ha hecho; me gustaría que hubieran más personas que me comentaran pero no se puede obligar a nadie a que me dejen reviews xxd.
También quería deciros que, para recompensar el tiempo que tardaré en daros mi regalo de año nuevo, el siguiente capítulo será muy especial. ¿Qué podrá ser? Será maravilloso y quiero saber si alguien logra adivinar por qué.
Por último, quería comunicar que a partir de ahora, debido al enorme trabajo que supone y las altas probabilidades que se pierda por el camino, los reviews que me dejéis los responderé mediante mensajes. Pero en su defecto, si no se tiene una cuenta aquí en Fanfiction, si escribiré la constentación jaja; pero responderé a partir ya de vuestros próximos reviews. Lo siento, y si vuestra pregunta o comentario es muy urgente como para esperar me lo repetis en un review y yo lo respondere al minuto
Nohemi
Hola Nohemi!
Bueno, eres una de las afortunadas que te seguiré hablando por aquí jaja... Es que no sabes el pedazo trabajo y lo que cuesta el tener que escribir y releer todos los reviews... tardo en total unas dos horas... La causa de que Jessica y Lauren se comporten así es porque tienen una enfermiza envidia a Bella por haberle robado el corazón a Edward, y sumado a que son unas zorras y están locas lo hace aún peor.
Feliz Nochevieja! (Sé que es una despedida algo rara xD)
Flor
Hola Flor!
Me encanta el nombre con el que te has puesto xD! Bienvenida al fic y eres otra de las afortunadas de que siga escribiéndote por aquí xD! A mi me encanta que me pongas tantos me encanta jajaja
Feliz Nochevieja!
Vanessa
Hola Vanessa!
La verdad, es que me preocupa que yo pueda transmitir por mis escritos esos sentimientos... ¿De verdad querías golpear a alguien? Bueno, por lo menos espero que nadie estuviera a tu alcance xD! Oye, ¿me estas diciendo que te has leido Halo? Si es así, veras que hay cosas que cambio aunque muchas cosas sean muy parecidas al libro. Lo único es que al final, los finales seran distintos ya que se tomaran decisiones diferentes jaja. No pasa nada con que me dejaras un review tardio, hombre, prefiero que sean más tempranos porque siempre cabe la posibilidad de que yo ya haya actualizado cuando tu quieres dejar un review pero no pasa nada, hay que dejarlo pasar ajjaja. El abrazo que me enviaste estilo Emmett me llegó muy bien, aunque, sinceramente, preferiría que fuera el mismísimo Edward el que me abrazara :3!
Feliz Nochevieja!
