Los libros de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K Rowling y de quienes sean sus derechos. Escribo esto por puro gusto personal, y para alegrar a otros fans, y no quiero ni busco nada a cambio. Gracias.
Advertencia: Esta historia contiene yaoi, es decir, amor entre hombres. Así como tortura, non-con, m-preg, canibalismo, criaturas sobrenaturales, drama, y escenas de índole sexual. Temática muy dura, queda advertido.
Sumario: De la muerte de Harry Potter, se alzó el esqueleto de un imperio. La caída de los gobiernos muggles, trajo su carne. La sangre, el hambre, y el sufrimiento de millones, crearon un alma negra y cenagosa para la malformada carcasa. Ahora, tras una década de existencia, Draco Malfoy, espía de la orden del fénix, sacrificará su cuerpo, su corazón, y su alma, para demolerlo. (Harry y Draco acromántulas)
Y ahora…
Bienvenidos a:
TELA DE ARAÑA
Capítulo 21- Te necesito.
Potter levantó la mirada, para buscar sus ojos. Tan intensa… para apartarla un instante después, en un gesto casi avergonzado, casi… ¿culpable?
-Come algo. Y luego puedes tomar una ducha. Después… Después creo que deberíamos hablar.-
-Potter…-
El hombre moreno no le concedió tiempo para responder.
-Te esperaré abajo.
Draco comió sin saborear los bocados, se duchó en el minúsculo baño, estrecho y herrumbroso, y se vistió, dedicando solo una mirada al reflejo del espejo; El Draco Malfoy del espejo estaba pálido, como si no hubiera salido a la calle en semanas, había ojeras malvas de sueño y cansancio maquillando sus párpados, y parecía un poco más gastado en los bordes, pero no era la criatura irreconocible y alienada, que casi había esperado encontrar.
La imagen hizo que se sintiera un poco más él mismo, y que cogiera el peine que Potter debió dejar en el lavabo, (sin duda lo había usado, porque había unos pocos pelos negros como hilachas de hollín, atrapados en las cerdas del cepillo), e intentó poner un poco de orden en su propio pelo húmedo.
El resultado fue que el agua pegó los mechones a su cráneo, calcando el peinado que solía llevar de niño, haciéndole parecer mucho más joven, y sus globos oculares más grandes. No se le hizo desagradable, pero Draco dudaba que Potter necesitase más recordatorios de aquella época, que seguramente era dolorosa para él, y la conversación que les esperaba ya era bastante complicada sin aderezarlas con detalles como este.
El peine volvió a su sitio en el lavabo, y Draco se pasó las manos por el pelo, enterrando violentamente los dedos entre las hebras, en un gesto que habló, durante un segundo, de todo lo que flotaba debajo de la costra de hielo con la que intentaba rodearse. La agitación del gesto, provocando que los mechones rubios se esparcieran alrededor de su cara en puntas y alas que se acumularon detrás de sus orejas, y se adhirieron a su cuello desordenadamente, dándole un aspecto desarreglado, y triste.
Extrañamente, ese reflejo se le hizo más familiar de lo que esperaba.
Suspiró y dio la espalda al espejo, cuadrando los hombros.
oOo
Harry esperó a Malfoy en el salón.
Para ocupar el tiempo encendió la chimenea, y preparó algo de té con las hojas secas que encontró en una lata, dentro de la despensa. La despensa al fondo de la pequeña cocina, conservada con un hechizo de éxtasis, que estaba llena a reventar de viandas. Después, hizo un repaso de lo los víveres, pensó en lo que cocinaría para la cena, y acabó regresando a la sala con una bandeja que contenía dos tazas de porcelana, una tetera llena de te hirviente, leche, azúcar, cucharas, y un plato de galletas.
Después de colocarlo todo en la mesita baja delante del sofá, se quedó sin cosas que hacer. Draco aún no ha bajado. Y Harry ya no podía evitar empezar a pensar.
Para intentar callar su mente, miró a las paredes cubiertas de papel de pared descolorido, de un color entre marrón sucio y gris verdoso. Miró a las estanterías llenas de libros sobre pociones, hechizos, y alguna que otra novela. A la alfombra gastada de piel de algún tipo de animal, ya irreconocible. A la chimenea de piedra gris y ennegrecida. A las pocas fotos de gente desconocida que había sobre su repisa. A la puerta aún cerrada. A cualquier parte de la pequeña salita que no fuese dentro de su propia calavera.
Pero pronto se quedó sin nada más que observar, y los pensamientos volvieron a retreparse a su cerebro. Esta vez Harry los dejó, porque en el fondo sabía que tarde o temprano tendría que contemplarlos, y porque Raksa amenazaba con obligarle, si no dejaba de intentar suprimir la necesidad. A menudo el guardián era tan inflexible y dirigente como un padre.
Lo que llegó a su mente, era lo que ya había augurado; Potente, asfixiante, culpabilidad. Imágenes de las cosas que le ha hecho a Malfoy, teñidas de la niebla sucia, pútrida, de la culpa. Los retazos eran como esquirlas cogidas del film de una película; acá sus labios entreabiertos en un gemido de dolor, allá su piel cubierta de la floración de algún moratón, un poco más cerca la sangre mezclada de semen adherida a sus muslos pálidos… Y en medio de todo, esa conversación espiada a través de los ojos de Raksa, esa mano delgada apretando la suya, esos ojos claros llenos de preocupación, esas palabras unidas en frases que intentaban comprender, en lugar de juzgar.
Y al fondo, muy al fondo de todo lo demás, las vagas impresiones que conservaba de los momentos en los que creyó que se moría: Draco pidiéndole que no le dejara solo, su lengua sobre su piel, su miedo a perderle tan fácil de leer en el temblor de su voz, como la lluvia en un cristal.
En aquel momento, a pesar de todo a lo que ya entonces le había sometido, Malfoy todavía le había querido a su lado. Quizás más influenciado por su propia araña, que por ningún deseo humano, pero… ¿si no se hubiera enterado de quien era Harry en realidad, podrían haber avanzado desde allí? ¿Ser… algo… juntos? La duda, yuxtapuesta a la culpabilidad, era como ácido en sus entrañas. Porque ahora que había atisbado lo que había bajo la fachada del antiguo slytherin, quería ver más. Quería conocer a ese hombre del que nada sabía, quería… quería…
"¿Tener una pareja?"- La voz de Raksa penetró en la burbuja de sus pensamientos, y la araña siseo con una posesividad y un cariño casi violentos.
Harry cerró los ojos, y dejo que su cabeza callera, apoyándose en el respaldo del sofá en que estaba sentado. Cuando dos de tus tres partes, estaban de acuerdo en algo, era casi imposible pretender otra cosa.
Sí, quería a ese Malfoy que había vislumbrado, como pareja, pero después de todo lo sucedido, ¿Cómo iba a poder compensarle? ¿Cómo podía siquiera esperar, que el otro quisiera tener nada que ver con él? ¿Pagar por todo cuanto le había hecho? ¿Retirar el dolor? Eran imposibles. Le sorprendería que se quedara en la misma habitación que él, un minuto más de lo necesario.
"Intentándolo, Harry. Intentándolo con todas tus fuerzas." Musitó Raksa.
Harry supuso que tendría que bastar.
Draco bajó las escaleras una a una, sintiendo la madera seca y cubierta de una fina costra de suciedad y polvo, bajo sus pies desnudos, para no prestar demasiada atención, al latido agitado de su propio corazón.
Estaba nervioso, y sin duda no sabía que esperar de la conversación que se avecinaba, pero confiaba poder poner en limpio su relación con Potter, conocer algo de la verdad, sino toda. Comprender como todo había llegado a este punto.
Potter le esperaba en el salón.
Se acercó a la puerta, atrajo cuanto pudo el abrigo de calma sobe sus hombros, y agarró el picaporte.
O
Harry se puso recto el instante en que escuchó los pasos en la escalera, y cuando Malfoy abrió la puerta, ya estaba listo para recibirle con una taza caliente en las manos.
-Malfoy, por favor siéntate.- Ofreció con un gesto, el sillón junto al sofá.
Draco asintió graciosamente aceptando el ofrecimiento. Se había cambiado de ropa, y ahora tenía un aspecto casi elegante en la suave camisa gris, y los pantalones negros. Su rostro impasible, y la postura recta, parecían decir que nada le afectaba, y su gesto era el de un aristócrata. Pero Harry pudo ver el leve temblor casi oculto de sus manos, cuando cogió la taza que había puesto frente a él. Era una máscara. Una condenadamente buena, y Harry no quería tratar con máscaras. No ahora, no con Malfoy. No cuando sabía lo que había debajo.
Levantó un poco la cabeza, y se permitió, por primera vez en mucho tiempo, hacer caso de su parte griffindor.
-Draco.
El uso de su nombre hizo que el slytherin le mirara en el acto. Las pupilas enormes.
-Querías hablar conmigo, y aquí estoy. Haznos el favor a los dos de estarlo tú también.- No podría haber sonado más como su yo adolescente. Directo, sin dudas, abierto. Pero dejando la hostilidad de su infancia a un lado. Esos odios estaban enterrados, y quería que Malfoy, no, Draco, lo viera, y que reconociera al Harry que recordaba hablando con sus amigos, y ni con él. Era lo que Malfoy había parecido pedir, era lo que él, por tanto, debía dar.
Draco no había estado preparado para encontrar a Harry Potter tan pronto, creía que primero tendría que bailar alrededor del hombre cruel que lo había sustituido, puede que pedir ayuda a Raksa, antes de poder comunicarse con el Harry que recordaba. Pero esas palabras, ese gesto levemente orgulloso, y profundamente amable que creyó que nunca volvería a ver, solamente podían ser de él.
Dejó caer la máscara de calma.
Harry observó como la carátula de sosiego, se desprendía igual que un film de gasa de la piel pálida del espía. Los hombros se hundieron de cansancio, el cuerpo se dejó vencer en el sillón, permitiendo que todo su peso descansara en el mueble, las manos se curvaron alrededor del calor de la taza, su rostro perdió la dureza, y el agotamiento hizo acto de presencia en la curva de sus labios.
Malfoy estaba, claramente, extenuado. Pero ya no había ninguna barrera entre ellos que impidiera a Harry verle.
La confianza necesaria para un gesto como ese, de alguien acostumbrado a ocultarse, como Malfoy, hizo que Harry acunara una pequeña esperanza, de que esto pudiera no resultar en un completo desastre.
Tomó el plato de las galletas y se lo acercó.
-Ten, tienen mucha azúcar, te sentará bien.
Malfoy enarcó una ceja, pero cogió unas pocas.
-Gracias.-Su voz sonaba un poco enronquecida, el llanto de aquella mañana debía haber dejado su marca. Antes de darse cuenta sus yemas estaban posadas en la curva de la delicada garganta. Malfoy se quedó completamente quieto. Las defensas se levantaron en sus ojos, grises como acero. – Potter…- Hielo.
Harry apartó la mano en el acto.
-Los siento, la araña es… posesiva. – Tragó saliva. Era difícil saber cómo actuar. Rodeó su propia taza con las manos, y cerró firmemente los dedos entorno a ella, para evitar que otro desliz similar pudiera repetirse.
La postura de Draco se relajó de nuevo poco a poco, y el filo de cuchilla de sus ojos dejó de ser tan cortante. Pero estaba claro que ahora, el humano estaba en pleno control. No podía confiar en que la araña del slytherin, le ayudara a ganar su gracia. Eso ponía las cosas más difíciles.
Draco dejó que la adrenalina abandonara su sistema poco a poco. No había estado preparado para el gesto de Potter, y la reacción había puesto sus nervios de punta, pero el otro se había retirado, lo que reforzaba la teoría de que, realmente, estaba frente a quien quería.
-Potter.- Musitó. El griffindor levantó la mirada, aún algo mortificada por lo que acababa de pasar, y Draco cogió fuerzas de la vulnerabilidad que podía observar en ella. "Potter, realmente es Potter." – Quería hablar contigo. Necesito explicaciones. –Cogió aire muy suavemente, intentando permanecer calmo- ¿Qué exactamente pasó para que te convirtieras en… esto?
Harry apretó la taza con más fuerza, podía sentir las garras queriendo perforar la carne y salir a la superficie, pero las mantuvo ocultas con pura fuerza de voluntad. Ya había sabido que Draco preguntaría esto.
-Raksa ya te ha contado lo más básico. – No levantó la mirada.
-Sí, dijo que tus seres queridos… te abandonaron. Pero no me ha contada nada más. –Sabía que estaba tratando con algo horriblemente doloroso, podía verlo en la curva tensa del cuerpo de Potter, como una tira de acero.
-¿Que más hay que contar? Se enteraron de lo que era, me dieron la espalda, me mandaron a la muerte. Fin del asunto.- Dios, no quería hablar de esto. "Pero se lo debes." Suplió la Raksa, y Harry sabía que tenía razón, pero era doloroso. Y…
Y una mano caliente se posó sobre su brazo.
Abruptamente la tensión se descomprimió de sus músculos y miró a Draco. Su mano tranquilamente posada en su brazo.
-Draco…
El rubio parpadeó y retiró los dedos, como si no hubiera captado su propio gesto. Pero Harry vio que había sido completamente consciente, cuando su cuerpo se inclinó un poquito más hacia él, ya no tan lejos en el sillón.
-Así que es cierto.- dijo el rubio. Su voz cargada de un timbre extraño, que nada tenía que ver con las lágrimas de la mañana.
-Sí.- Musitó. Y esta vez se obligó a hacer un esfuerzo real para hablar.- Sé que es difícil de creer Malfoy, Draco. Pero es la verdad. Cuando… cuando cumplí los diecisiete, estuve una semana en la enfermería de Hogwarts, aún era verano, y los alumnos no habían regresado. No regresarían, porque pocos meses después empezaría la guerra, creo que lo recuerdas.
Draco asintió, escuchando con cada fibra de su ser, como este hombre que había sido bueno, tan condenadamente bueno, exponía las cicatrices supurantes que lo habían convertido en un monstruo.
-Una semana es lo que tardó mi primer cambio. Fue…- agitó la cabeza. No quería recordarlo.- Horrible. –no iba a decir más. No podía describir la agonía por la que había pasado. Malfoy no sabía la suerte que había tenido contando con la ayuda del gran espíritu del bosque.- Estuve cerca de morir, según me dijeron.- Se encogió de hombros.- Luego vino Dumbledore a explicarme lo que era, lo que me había pasado. No creo que necesites las palabras exactas, digamos que monstruo no estaba muy lejos de la idea general. –La mano de Draco había regresado a su brazo, y Harry tomó fuerzas de ello.- Mis amigos, mi familia… no lo tomaron mucho mejor. Los viudas somos una raza maldita, ¿Lo sabías? –Apretó los dientes, negándose a recordar nada de eso, a tocar la tumba del auténtico Harry Potter. Las palabras eran solo eso, sonidos, nada más.- Dicen que traemos la mala suerte, quizás sea verdad. –Agitó la cabeza. Recuperando el hilo de la historia con la ira muy cerca de la superficie, pero controlada. –No hay mucho más que contar. Monstruo, ya sabes, tienes que matar al señor oscuro, pero no te molestes en salir vivo del asunto. Tiene lógica ¿no? Un monstruo para matar a otro.
Draco prácticamente podía palpar el dolor y la ira, debajo de la tela de la manga, y la piel del brazo. Emanaba de Potter en hondas de sufrimiento y resentimiento, tan potentes que era imposible ignorarlas. Era fácil, era muy fácil, ver lo que el rechazo de sus amigos y seres amados, le había hecho. Este era Potter, podía verlo en cada detalle del hombre que sufría delante de él. En el gesto de su barbilla, en la manera en que hablaba, en el verde hierba de sus ojos. Nadie más podía tener ojos como esos, de un verde tan vivo y luminoso, y recordar cómo podían llegar a convertirse en joyas facetadas de esmeralda tóxica, solo hizo que entendiera aún mejor lo que le habían hecho el rechazo, el abandono, el odio.
-Potter… yo no creo que seas un monstruo.
Harry levantó la mirada bruscamente, de repente inmensamente clara. Tal como Draco la recordaba, viva, limpia.
-¿Malfoy? –sonaba tan roto… pero…
-No me malinterpretes, no disculpo lo que me has hecho.- miró significativamente la muñeca de la mano con la que aún sostenida su taza, ya no vendada, había tirado la tela manchada de sangre, pero la piel aún permanecía violentamente amoratada. Levantó de nuevo los ojos, y clavó sus pupilas de un gris lluvia, intenso y fiero, en el verde hierba. – No te perdono, es algo que tendrás que ganar, si lo quieres. Pero no creo que seas un monstruo.
Harry tragó saliva. No podía creer lo que estaba oyendo, no podía ser… cierto. Malfoy… ¿No creía que fuera un monstruo? ¿Él, quien más debería?
-Después de todo lo que te he… hecho. –Musito. La garganta le dolía. Los ojos le ardían.- ¿No crees… que sea un monstruo?- La pregunta fue tan incrédula, tan frágil, y rota, que Draco no pudo sino sentir una punzada de… lástima.
-No, no creo que lo seas. Has estado protegiendo el bosque, has matado, pero eso es lo que tu naturaleza te impele a hacer. No creo que seas un monstruo por ser lo que eres, lo mismo que no creo que ningún depredador lo sea. – Era la verdad. Se dio cuenta, de que ya no podía pensar en Potter como si fuera un monstruo. Pero eso no perdonaba lo que le había hecho. No lo perdonaba.
-¿Qué hiciste entonces? ¿Por qué fuiste al bosque?- Aún necesitaba saber algo más, y Potter, también parecía necesitar pensar en otra cosa. En algo menos doloroso.
Harry bajó de nuevo la mirada a la taza, contemplando sucesos muy lejanos en el tiempo.
-Combatí contra Voldemort.- Draco contuvo un estremecimiento ante el nombre.- Pero no tenía el alma en el combate, perdí. Caí inconsciente, pero no me mató. No sé si creía que me había matado, o supuso que de todos modos las heridas acabarían conmigo. –Se encogió de hombros.- Pero sobreviví, las capacidades de recuperación de la araña, aún si entonces todavía no estaban desarrolladas del todo, fueron suficientes. Desperté ya en el bosque, las acromántulas me reconocieron como una de ellos cuando salieron al campo de batalla a rapiñar los cadáveres, y me llevaron con ellas. Al principio solo pensaba en porque había sobrevivido, mi vida no tenía sentido sin mis amigos, y habiendo fallado en la única tarea que parecía que le quedaba a mi vida…-
No dijo como había deseado estar muerto, pero Malfoy parecía haberlo comprendido de todos modos. Se había levantado del sillón, y sentado a su lado en sofá, su cuerpo cálidamente cerca del suyo. Un ofrecimiento de consuelo sin palabras, que Harry no podía creer que mereciera de él. No de él. Y recibirlo, solo hizo que clavar un poco más hondo, la espina del aprecio, que ya empezaba a sentir por el hombre rubio. Por Malfoy. Por Draco.
"Dios, Draco, perdóname."
-El gran espíritu me acogió. –Siguió adelante- Y me dio esta vida de guardián. Desde entonces he protegido a las criaturas como nosotros. He matado y me he alimentado de humanos. Y no me arrepiento de ello Draco, no me arrepiento.- Apretó los dientes, y se negó a dar ningún sigo de culpabilidad sobre esto. Era lo que era, y si Draco quería conocerle, también tenía que saber esto.
-Ya te lo he dicho, has matado, pero no creo que lo hicieras sin motivo. – Recordaba demasiado bien las incursiones enviadas por el señor tenebroso al bosque oscuro, su codicia de ingredientes, de criaturas mágicas que torturar. Y recordaba también como Potter había masacrado a los mortífagos que habían osado pisar su bosque. No le culpaba por ello. Él también habría matado, había matado, por sus seres queridos… por mentirosos y traidores que fueran algunos de ellos.
Se preguntó cómo habrían reaccionado Hermione, Ron, Remus y los demás, de haber sabido lo que era él también. Si habían vuelto la espalda a Harry, su mejor y tan querido amigo, el icono de la luz, ¿qué esperanza podía haber tenido él, de conseguir su comprensión? Quizás era mejor así, quizás era lo mejor. Que todo hubiera acabado así, en Hogwarsts. Podía recordarlos con cariño, porque ya nunca podrían decir nada al respecto.
Estaban muertos.
Apretó los dientes, evitando el dolor. Había una última cosa que necesitaba aclaración.
-¿El espíritu del bosque?
Harry asintió.
-Sí, el alma que es el primer árbol del bosque. Él es quien con su magia mantiene las barreras.
A, así que era él quien impedía los ataques mágicos que Lord Voldemort había intentado tantas veces.
-Entiendo. –Musitó. –Solo me queda una pregunta.- Potter le miraba como si contuviera el mundo en sus manos, Draco ignoró la idea. Era impensable que Potter lo considerara… así. - ¿Por qué? ¿Por qué me has hecho todo esto?- A, la gran herida. Aún la sentía supurar bajo su epidermis, necesitaba tanto, tanto, limpiarla. Pero lo que nunca habría esperado, era que Potter dejara la taza que había estado sosteniendo en la mesilla, para actualmente, robar la taza de sus propias manos, dejándola junto a la otra, y así, finalmente, poder sostener su mano entre las suyas. Suave, cálidamente.
La culpabilidad se hizo con su rostro, y hundió sus amplios hombros sobre sí mismo, como bajo un peso enorme.
-Malfoy.- musitó muy débilmente, pero no apartó en ningún momento la mirada de la suya. Sin esconderse.- Lo que te he hecho, ha sido... –no tenía palabras, y decidió no intentar dárselas.- Y no puedo pedirte perdón, por ello. No lo merezco.- Tragó saliva, sentía la garganta seca, helada, como si hubiera tragado arena congelada. Gránulos de escarcha. Sin embargo la obligó a funcionar, porque Malfoy tenía que escuchar esto. – Estaba solo, lo estuve mucho tiempo. En el bosque aprendí a ser el animal, que los magos de Hogwarts decían que era. Y cuando te vi… me deje devorar por el instinto. Eras el único submisivo de nuestra especie que jamás había visto, creía que solo quedábamos nosotros.- No dijo que quizás, ahora sí, eran los últimos. Si Snape no había sobrevivido al ataque.- Y conocerte… saber quién eras… No voy a mentir, Malfoy, odio a los magos. Torturan a criaturas no menos inteligentes que ellos, no menos sensitivas, por mero placer, para hacer pociones, por su piel, sin detenerse a pensar en lo que hacen. Sus vidas no tienen ningún valor más allá del precio que deban pagar en el mercado por obtenerlos. Y tú… que te has criado como un sangre pura… recordaba como eras de niños. Tu crueldad gratuita, todo lo que me habías hecho, y te culpaba de todo lo que había pasado. Te odiaba– Acarició la mano inerte entre las suyas.- Ahora me doy cuenta de que me había equivocado. Me había equivocado tanto.- La angustia, el dolor de lo que había tenido que recordar, se acumularon y crecieron hasta que ya no pudo contenerlas, y un sollozo ahogado escapó de su garganta. –Lo siento. Lo siento tanto.- Las palabras se quebraron y rompieron.- Te necesito.- Era la única razón que podía dar para retenerlo a su lado, era lo único que tenía. Y sonaba tan patético y débil, tan insuficiente… pero era todo lo que tenía. Todo lo que podía ofrecer sin revelar un secreto que no era suyo. Y no debía jamás salir del bosque, ni siquiera para ganar el perdón de Malfoy. - Lo siento.
Draco escuchó en silencio, vio el arrepentimiento y la culpa, y los motivos, tan claros y fáciles de seguir como fuegos fatuos en la oscuridad. Y aunque no era suficiente para perdonar, no lo era. Ni siquiera sabía si con el tiempo podría, su araña empezaba a prestar atención a este exceso de emociones, y murmuraba la necesidad que tenía de Potter. De su cariño, de su protección, de su compañía y… amor. Sobre todo ahora que estaba solo, que estaba…
En cinta.
Y recordaba, recordaba demasiado bien, merced a la araña, como se había sentido cuando creyó que el otro se moría. ¿No eran los viudas, acaso, de esa clase de criaturas que se emparejan de por vida? Y ahora, con todos sus seres queridos posiblemente muertos…
La araña empezó a revolverse, no le gustaba ver sufrir a su dominante, no le gustaba esto. Y Draco estaba ya tan cansado…
Cuidadosamente utilizó la mano que aún tenía en el brazo de Potter, para apoyarla en su nuca, y atraerlo hacia sí hasta que sus frentes se tocaron. Hasta que pudo mirar a sus írides cargados de lágrimas sin verter, tan imposiblemente cerca, como para contar, si lo deseaba, las pestañas individuales de sus párpados, como para ahogarse en sus pupilas. En el verde luminoso de sus ojos.
-Potter.- musitó muy suavemente.- No llores. No voy a perdonarte.- El aliento se quebró dentro de los labios del hombre moreno.- Pero…-musitó casi en silencio.- Yo también te necesito.
Continuará.
