Encrucijada

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"¿Qué tanto te miras? ¿Ahora resulta que tenemos vanidad?"

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Las cosas no son como ese Sasuke las pinta.

Si pudiera apreciar su deplorable semblante y su cuerpo tembloroso, donde las arrugas de su rostro son sinónimo de insomnio, se daría cuenta que el Sasuke de ahora no se encuentra bien. Apenas viendo su reflejo a través del espejo de su baño mientras sobre el lavabo apoya las manos.

Las gotas en las puntas de su cabello, que son residuos de una ducha angustiante, caen hasta perderse en el suelo.

Alza el rostro, topándose con su imagen.

Él mismo.

Sigue siendo él mismo.

Aunque esa expresión seria y tensa que pinta en este momento es algo que no es usual en él. Una expresión así de seria nunca ha durado mucho tiempo en su rostro. Donde sus ojos son como dos cuchillas afiladas que atacan y perforan el alma. Es como si fuera otra persona ahora mismo. Una que no conoce.

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"Oye, te hablo, ¿Qué tanto te miras?"

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—Déjame tranquilo —masculla, abriendo la llave del grifo para refrescarse un poco la cara.

Las gotas escurren.

Escurren sobre ese rostro que no parece reconocer totalmente como suyo.

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"Muy inteligente"

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Vuelve a decir la voz en su mente a medida que Sasuke comienza a impacientarse y molestarse más. Con furia toma la toalla que tiene a la mano, secándose con la misma brusquedad pues parece ser que la voz en su cabeza está lejos de parar de fastidiarlo. Lo medita un poco. No es un extraño, realmente se hace una idea absurda al suponer de quién se trata.

No hay luz en su habitación además de la pequeña lamparilla que tiene junto a su cama.

Parece un santuario azul por los destellos de la luna que se cuelan a través de su ventana.

Toma asiento en el colchón y apoya sus codos encima de sus rodillas como si estuviese reflexionando sobre algo.

—¿Quién eres?

"Creí que ya lo sabrías"

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Es probable que sí.

Y aun así desea negar su existencia sintiendo frustración.

Lo sabe. Por supuesto que sabe de quién en la voz en su cabeza.

—Entonces… —voltea el rostro, mirando sobre sobre su propio hombro. Está ahí. ¿Está alucinando? No lo sabe. Pero él está ahí, sentado del otro lado de la orilla de la cama: Sasuke Uchiha—. Tú… —niega con la cabeza antes de volver a ver la ilusión, o el espejismo, que sus ojos le han hecho ver ahora frente a él—. Yo soy…

Sasuke Uchiha permanece callado.

Analizandolo con esos ojos que parecen cuchillas, ausentes de brillo natural que una persona debe poseer.

Presente pero a la vez ausente de algo que parece haber perdido.

Matsuoka, sin embargo, solo se limita a observarlo con cruda curiosidad. Sospechado su vínculo y presuntuosamente también el de Sakura.

Sakura, piensa.

Sakura es igual a él.

La pureza de sus ojos. Los tonos verdosos con los que sus ojos juegan y lo enamoran. Sakura es única. Sakura no puede repetirse. Pero, siguiendo la demente lógica que supuestamente lo une a él con Sasuke Uchiha, entonces ella...

—Pero ella…

¿Qué probabilidades habría de que Sakura Haruno y Sasuke Uchiha tuvieran que ver con ellos dos? Empezando por el nombre, por el aspecto físico. Cabello, ojos, rostro. Eran iguales y hasta parecían compartir el mismo grupo de relaciones. ¿Antepasados? ¿Reencarnaciones? ¿Un juego mental muy bien elaborado?

Pensar que esa vida que viven día con día solo se les ha sido otorgada por algún poder extra normal, que esa vida no les pertenecía, que solo eran copias, le angustia.

Cierra los ojos de nuevo, queriendo dejar de pensar y sugestionarse. Al igual que Sakura, Sasuke tiene miedo de saber más allá de la verdad que esos libros guardan. Y ahora le tiene a él ahí de frente.

—Hey, dime… —esa otra versión suya, atento a él, continúa observándole—. ¿Quién eres? —Que absurdo, piensa Matsuoka. La respuesta es tan obvia que siente un poco de coraje—. ¿Quién soy yo…? ¿Soy...tú?

Suplantar a alguien, ser solo una versión más.

Sasuke Uchiha cierra los ojos solo un momento para luego abrirlos y transportase junto con él a un espacio y tiempo diferentes. Antes de que pueda animarse a preguntar en dónde se encuentran, dos toques a la puerta.

Uchiha detiene esa magia observando a quien también hubo sido parte de él en otra vida. Itachi está de pie, mirando hacia el Sasuke de esa época, con una expresión que dice mucho pero a la vez nada.

Cuando Sasuke vuelve su vista a su versión adulta, él ya no está.

—Desapareció… —dice en un suspiro que llega, un poco, a oídos de Itachi. El fingir no saber es como una penitencia para él. El sentirse angustiado por imaginar que aquél otro Sasuke pueda revelarle más a cerca de su pasado, también lo considera un castigo.

—Sasuke —le llama con voz grave, desvaneciendo sus inquietudes. No es hasta que el susodicho voltea a verlo que se percata del teléfono que sostiene entre sus dedos—. Es Sakura.

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II

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—¿Estás segura?

—Eso creo… —contestó ella del otro lado de la línea.

El miedo es cosa de instinto. Es partidario de la incertidumbre. Amigo de la duda. Primo de la inseguridad.

Sakura ha reflexionado mucho luego de haberlo visto partir de la mansión. Ella, por un lado, sentía que había sido un poco injusta con él. Pero incluso una persona normal no se atrevería a creer en la posibilidad de algo como la magia. Algo como un indicio a creer que sus vidas estaban ligadas a un extraño proceder.

El miedo no se va. Está estacionado en cada uno de ellos y en esa oportunidad de descubrir quiénes, finalmente, son.

Durante mucho tiempo Sakura ha estado sumergida en un espacio en blanco en el que solo permite que comentarios negativos le hagan compañía. Comentarios pesimistas que hacen que se debilite. Pero entonces: ella. Sakura Haruno es ese haz de luz que innumerable veces sobrevuela por ahí.

¿Quién demonios es en realidad esa persona? ¿Quiere apoderarse de sus recuerdos? ¿Es una persona mala?

No. Por supuesto que no lo es.

Recordar, además, lo que existe en su realidad: su lucha contra el tiempo y su enfermedad, son otros factores que las desmotivan a diario aunque no lo demuestre.

Morirá...algún día, pero no quiere arrepentirse de no haber sido valiente y enfrentar algo como eso.

—Busquémosla.

Sakura no es una persona de decisiones porque le encanta vivir la vida como venga pero en estos momentos no hay brillo más encendido en otra parte que en los irises de sus ojos. Sasuke, por su parte, siente como su cuerpo se sacude. Y no, no es el frío que siente luego de la ducha que acaba de darse. Es algo más que solo eso.

—Sakura, tú…

—Voy a morir algún día ¿sabes? —Si su vida se acabara mañana ¿de cuantas cosas sería capaz de arrepentirse?—. Lo tengo presente cada mañana al levantarme. Sigo creyendo que es un milagro el que siga viva —Sasuke aprieta con fuerza su teléfono a medida que un ardor en los ojos y garganta se instala—, pero…no quiero morir siendo cobarde. No quiero morir sin haber intentado descubrir la verdad sobre todo esto que nos envuelve. Sobre por qué nos conocimos, sobre por qué estoy aquí, ahora, sentada llamándote a esta hora diciéndote esto.

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"Tan tonta…, pero también tan valiente"

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Sakura nunca ha sido una persona cobarde.

Indecisa, sí, pero cobarde nunca.

Sasuke no quiere atribuir a que parte de sus pensamientos han sido manipulados por Sasuke Uchiha y que ese sea el motivo por el que piense sobre Sakura de esa manera. Matsuoka no busca ameritar a Haruno, sino a Sakura Aoyama. Su Sakura.

—¿Tienes miedo? —porque él sí. Y mucho; pero no es capaz de articular otra cosa cuando siente como la garganta se le cierra mientras el resplandor azul, producto de la luz que se cuela a través de sus cortinas, es lo único que ilumina.

—Tengo curiosidad —la escucha reír, débil—. Es como...una necesidad, pero sí, sí tengo miedo —su voz tiembla—. Medo de que la verdad que vayamos a descubrir no me guste y termine entristeciéndome por eso.

—Yo también.

Te amo.

Te quiero.

Quiero cuidarte.

Quiero apoyarte.

Sasuke es incapaz de poner sus pensamientos en palabras, además que siente que no es el momento adecuado para ninguno de esos sentimientos siendo que Sakura en verdad está esforzándose por vencer cada uno de sus miedos.

—¿Eh?

—Yo también…, —toma aire antes de seguir—. Aunque no sé si es miedo lo que siento pero también quiero conocer la verdad —articula en tono suave, acercando lo más posible el teléfono a su oído con tal de poder oír, inclusive, la suave respiración de Sakura—. Está bien tener miedo siempre y cuando esté alguien a tu lado para calmarlo.

La oye reír.

Ah, esa risa.

—Estás…diciendo muchas cosas raras —él la imita, calmando el ambiente.

—Sí, últimamente no sé que me pasa —confiesa, emocionado. Tal cual enamorado. Pero entonces piensa. Piensa en él. En la manera en que Sasuke Uchiha hace y deshace sus pensamientos cada que se le antoja —. "¿Acaso que me estoy volviendo como él?"

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"¿Cómo yo? Tsk, no digas disparates"

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Ahí está de nuevo, metiéndose donde no lo llaman.

—Oye, Sasuke —el susodicho sacude la cabeza, despejando sus pensamientos a cerca de él. Volviendo a concentrarse en la voz de Sakura—. Pienso que mi vida era un completo desastre hasta hace poco pero...desde que estás conmigo las cosas se han vuelto más fáciles. Como si todo...

—Pareciera tener una respuesta—completa, cerrando los ojos, suspirando—. Yo me siento igual.

Sakura sonríe a pesar de que él no puede darse cuenta de ello.

—Entonces… —carraspea Sasuke, retomando el tema—. ¿Estás segura?

—Tan segura de que si no lo hago, al final, cuando llegue el día, moriré con la duda —silencio—. Así que hagámoslo.

—De acuerdo, te veré mañana.

—Está bien.

Llamadas terminan, otras empiezan, pero el corazón de ambos, tras irse a la cama, no encuentra calma tan pronto como ellos esperan. Sakura es incapaz de conciliar el sueño y Sasuke mucho menos.

—Esta vez yo también seré recordada —cita la pelirrosa, abrazando con fuerza el libro que se ha negado a soltar.

Ese libro que no es el diario de Sakura Haruno, sino el que es suyo.

El de tapa verde azulado oscuro.

Y en letras pequeñas, pero significativas, reluce su nombre en la parte inferior derecha de la primera hoja junto a la fecha de ese día.

Su propio diario.

El diario de Sakura Aoyama.

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III

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Decir que se había despertado de manera plácida es una gran mentira.

La secuencia de sus fuertes bostezos es prueba de que no ha dormido lo suficiente.

Ni siquiera para el molesto examen de Historia se hubo desvelado una noche entera pero la razón por la que ahora no soporta el ardor de sus ojos, no es algo que sea tomado a la ligera.

Tropezándose un poco, ya arreglado y con la mochila colgándole a un lado del hombro, camina por el pasillo del departamento sin apartar la vista del libro y mucho menos sin soltarlo.

El libro de tapa azul marino, el que aloja todo lo relacionado con esa ciudad antigua llamada Konoha, con datos específicos de una mágica historia junto a sus personajes más influyentes, lo tiene idiotizado. Lo leyó casi en su totalidad durante toda la noche. De ahí que ahora tenga unas bolsas negras horribles debajo de los ojos.

Las horas no han sido suficientes para terminar las pocas hojas que restan; y ahora, más que nunca, parece un tambaleante zombi.

Camina hacia la cocina hasta alcanzar la nevera. Su estómago gruñe y por una imprecisa razón desea solo coger algo e irlo comiendo en el camino. No quiere desayunar en casa, o es que quizá no quiere ver a…

—¿Sasuke? —el azabache cierra los ojos, estremeciéndose. Agradeciendo enormemente tener la cabeza ya metida en la nevera pues la puerta le facilita esconderse parcialmente de la mirada de Itachi.

No quiere verlo.

No está completamente seguro de poder lidiar con eso luego de haber leído el nombre de su hermano en ese libro.

Que apareciera ahí no es lo raro. Lo que sí lo hace, y la razón por la que está un poco temeroso y renuente a verlo a los ojos, es la referencia con la que el libro trama su vida.

Un supuesto enemigo de Konoha, aquella ciudad de ninjas.

Uchiha Itachi. Ninja renegado. Doble espía de la nación del fuego. Miembro de una organización llamada Akatsuki y…

Autor de la masacre de su clan. Los Uchiha.

Sin olvidar mencionar, porque la vida parece que se ha empeñado a ponerle pruebas de todo tipo, que en ese libro estaba emparentado consanguíneamente con él. Con Uchiha Sasuke.

—Sasuke, te estoy hablando, ¿Quieres sacar la cabeza de la nevera? Vas a congelarte —su voz suena normal. No puede, tampoco, sugestionarse a que se trate de la misma persona ¿verdad? Aún con toda esa serie de cosas obvias, Sasuke traga grueso, obedeciendo lentamente, mirándolo con cautela.

Itachi lo mira lentamente, y no necesitaba emplear su papel de buen analista para darse cuenta que Sasuke lo mira de una manera bastante rara.

Uchiha Itachi... Las cosas no podían ser más extrañas para Sasuke en ese momento pues no contaba con que el nombre de su hermano también se relacionara con el misterio que ahora él y Sakura se encargarían de encontrar.

Y ahora ni siquiera puede sostenerle una simple mirada. La ilustración de aquel libro, aunque es bastante mala a decir verdad, parece tener algo de veracidad. Hay un parecido entre el hombre de la infografía con su hermano. O quizá es Sasuke quien se está volviendo un demente.

"Se trata de una imagen, Sasuke, no seas idiota" —se recrimina mentalmente.

Un asesino.

Un criminal.

Mira a Itachi de reojo. Definitivamente un chimpancé tiene más oportunidad de ser un asesino en serie que su hermano. Es que, ¡solo mírenlo! ¡Con el cabello sujetado por un par de pasadores! Y aun sabiendo todo eso no se atreve a mirarlo propiamente a los ojos.

—Oye, ¿estás bien? —lo oye preguntar segundos antes de oír como sorbe un poco de su café. ¿En qué momento ha pasado a un lado de él y lo ha preparado? ¿En que momento también ha tomado un trozo de pan de la canasta de la barra de desayuno y se lo ha metido a la boca? ¿En qué momento ha cogido un cuchillo para…?—. ¡Hey! ¿Qué te pasa?

Señales confusas.

Todo eso es una locura.

Sasuke emite sonidos disparejos dándose cuenta de que le ha arrebatado, en un impulso, el cubierto al mayor.

Ha sido instintivo.

¿Qué creía? ¿Qué su hermano le haría algo? Mira el cuchillo, ahora en su mano, y aprieta ésta alrededor de él. Está temblando. Con la misma rapidez con la que lo suelta sobre la barra, toma su mochila, al igual que el libro, y sale del lugar tomando sus llaves al final.

—¡Oye! —antes de que pueda poner propiamente un pie fuera del departamento, Itachi le detiene por el hombro con una destreza bastante sobrehumana—. Sasuke ¿Qué diablos te pasa? ¿Por qué no me miras?

—No…No es nada —miente, y los balbuceos no hacen menos sospechoso eso—. Solo no dormí lo suficiente.

—¿Y eso por qué?

Está claro que Itachi no dejará las cosas así. Basta con solo mirar lo miserable que Sasuke expresa en su semblante para sospechar que algo no anda bien.

—Estaba… —Sasuke carraspea. Demonios ¿¡Por qué justo ahora!?—. Estaba leyendo unas cosas. Nada importante —dice, intentando librarse de esa conversación. Itachi pasa de prestarle atención a él a dársela a lo que sostiene con fuerza. Ese libro de tapa azul.

De manera casi impulsiva los recuerdos se azotan en su mente.

El incidente en la casa de los Aoyama y de cómo las cosas hubiesen cambiado en un segundo tras lo acontecido con el diario que Sakura.

"Ese debe ser el otro libro" —deduce rápidamente, y al mismo tiempo sintiendo mucha ansiedad y angustia.

La última vez que Sasuke había llegado emocionado al departamento había sido justamente tras la recién adquisición de ese libro sobre Ninjas. Para Itachi siempre fue claro, desde el momento en que lo vio, que un día traería problemas. No creyó, en ese entonces, pertinente negarle el acceso a tal información. Pero actualmente las cosas están lo suficientemente inestables como para permitir que, ahora, sea Sasuke quien también pierda los pies sobre la tierra.

Ha entrado en su habitación sin permiso un par de veces y lo ha visto siempre sobre su mesa, más nunca ha tenido el valor de hurgar sus páginas para saber su contenido. Ahora es lógico pensar que no se trata de un simple libro considerando lo que ha sucedido ya con el libro que Sakura tiene.

¿Y si es como el que Sakura posee?

Uno capaz de almacenar los recuerdos de un Sasuke cargado de odio y pesar. Uno que solo podría mostrar su contenido a su reencarnación.

Si seguía tal lógica entonces Sasuke podría saber con facilidad, a estas alturas, quien había sido Itachi en su vida pasada. Aquél pensamiento, indudablemente, le cierne el pecho.

—El libro de ninjas, ¿verdad? —Sasuke se estremece ante la pregunta.

"¿Lo sabe? ¿Cómo lo sabe?" —¿Cómo? ¿Cómo? ¡¿Cómo?! Sin darse cuenta, aprieta más el libro sobre su pecho—. "Idiota, tú mismo se lo dijiste" —Quizá no. Quizá no se lo dijo pero Itachi es un idiota impulsivo y perceptivo que puede ver a través de él. Quiere decir ¿qué otra cosa leería a parte del único libro que ha devorado por semanas? Era una deducción bastante obvia—. A-ah, sí, estaba leyendo el libro de ninjas —dice, tembloroso.

—¿ Y es interesante? —¡¿Y qué hay con ese repentino interés?! Sasuke quiere salir corriendo de una maldita vez de ahí—. ¿Y por qué no me miras, Sasuke?

—¿D-de,…de que hablas? —balbucea. Demonios. Esto está mal. Debe, al menos, hacer un esfuerzo para regresarle la mirada—. Deja de hacer preguntas extrañas, tengo prisa.

"Tú eres el que está extraño" —y es que es demasiado obvio. No lo mira. No le causa placer, desde luego, sentirse un dictador realizando un interrogatorio pero algo dentro de él le empuja a seguir preguntando. Su tranquilidad se basa en lo que Sasuke haya descubierto leyendo ese libro—. ¿No desayunarás? —pregunta, intentando, intencionalmente, menguar el ambiente, evadiendo un poco el tema para darle un poco de tranquilidad.

—No. Compraré algo en alguna tienda.

—Ya veo. Entonces… —¿Qué más puede preguntarle? Si bien Sasuke actúa de un modo extraño, Itachi no puede prestarse a lo mismo. Sería como clavar su propia tumba, afirmándole algo de lo que ni siquiera sabe si Sasuke tiene conocimiento. Ansioso, no le queda más que callar por el momento, aguardando a que llegue un momento mejor para seguir preguntando— que te vaya bien.

—Sí...

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IV

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Chocolates blancos.

Chocolates negros.

Chocolates con menos azúcar.

Chocolates con caramelo.

A Sasuke ni siquiera le gustan los dulces como para ir decidiendo por la vida, y por ese pasillo del conbini, cuál comprar.

"Por dios, parezco un paranoico" —se recrimina tomando una cajita de gomitas agridulces. Lo primero que estaba a su alcance en los estantes de los costados.

Ha salido huyendo de casa, como es de esperarse.

Su hermano...¿un asesino?

Dios, no.

Antes de comenzar a sugestionarse sobre eso debe, al menos, calmarse. No puede dar acusaciones a la ligera cuando la única prueba que tiene son letras impresas en hojas de papel. Por Dios, ¡Que suena absurdo! Además, de estar acusando a Itachi de tal cosa, estaría afirmando que él mismo es algo así como la reencarnación de Sasuke Uchiha.

No tiene el derecho de juzgarlo. Después de todo Sasuke Uchiha tampoco tiene un buen historial que digamos.

Eso también lo sabe ahora luego de pasar toda la noche leyendo casi todo el libro. Frunce el ceño recordando una pequeña parte de la reseña de aquel personaje histórico, Naruto Uzumaki, al que todos llamaron: Héroe.

¿Y entonces qué papel hubo jugado Sasuke Uchiha en todo eso?. Un criminal que había sido sentenciado a morir pero que, por la intervención de algunos a su favor, había logrado librar la muerte consintiéndole el perdón.

Aprieta los puños con fuerza.

Naruto. Él sabía algo.

Aquello no era una mera casualidad, pero de eso se trata, ahora, el haber aceptado caminar junto a Sakura, metafóricamente hablando, para juntos encontrar respuestas a todas esas preguntas; y de no encontrarlas, él mismo se encargaría de interrogar a Naruto.

—¡Hey, Shikamaru, deja de ser tan pesado!

Sasuke vira el rostro, casi de manera mecánica, al reconocer la voz de Kiba. Está frente al mostrador acompañado de un chico con un gabán bastante grande y con unos lentes de sol muy oscuros.

—¿Kiba? —¿Qué hace el ahí?, piensa soltando su nombre a pesar de que a la distancia que se encuentra uno con el otro no podría escucharlo.

—Tú deja de darme problemas, Kiba. ¿Quién es tu amigo misterioso?

—Soy Shino, se lo he dicho como unas ocho veces, Nara-san —expresa el de lentes sin tono especial.

Desde esa distancia Sasuke puede escuchar los nombres al mismo tiempo que algo palpita en su interior. Sus nombres...

"¿Nara?" —coloca el sobre de gomitas en su boca mientras saca el libro y lo hojeaba ahí, en medio de una tienda de autoservicio—. "¡Shikamaru Nara!" —mira la fotografía, atónito, y luego al muchacho que atiende en el mostrador. Son iguales. ¡Son idénticos! La misma expresión vaga. ¡Todo! Traga grueso, pasando las hojas, topándose con otro nombre— "Shino...Aburame" —desvía la mirada hacia donde se encuentran, deteniendo su mirada en Kiba.

Es un estúpido, el peor de todos.

Kiba Inuzuka. Claro. ¡Claro! Ese nombre lo ha leído varias veces al pasar la sección que habla sobre los distintos tipos de clanes. Su excéntrico amigo era tal cual describían a aquel personaje apasionado por los perros.

"No puede ser, ¿ellos también?" —mira el libro, y luego a ellos, casi cayendo en la paranoica—. ¿Qué demonios es todo esto? ¿Por qué todos…?

—¡Oye, Sasuke! —el muchacho se sobresalta, cerrando el libro de golpe—. ¡Hombre, hasta que te apareces! No te he visto en la universidad —exclama el pelicafé tan energético como siempre.

—Solo debía una materia, Kiba, a diferencia de ti —dice, torpe. Intentando aparentar la actitud de siempre.

—Auch, que cruel.

—Y tiene toda la razón…emm…—dice la persona detrás del castaño.

—Matsuoka, Matsuoka Sasuke —responde sin mayor problema, facilitando la presentación mientras deposita con prisa su empaque de gomitas sobre el mostrador para irse de una maldita vez de ahí—. ¿Cuánto es?

—Ah, tu eres el chico de la otra vez. Todavía me debes ¿sabías? —Sasuke se azor, mirando al de coleta desgreñada y ojos aburridos.

—Esto… creí que Naruto lo había pagado.

—¿Naruto? Ese tarado con trabajo y tiene para comprar papel de baño, es un mantenido —Matsuoka solo rueda los ojos.

Comparte esa opinión. Al menos en la que ambos piensan que Naruto es algo así como desobligado, infantil, hiperactivo, bromista y un sin fin de cosas. Algo así como...

—Un idiota…

—¿Qué dijiste? —Sasuke sacude la cabeza, dándose cuenta que ha pensado en voz alta.

—Nada, solo dime cuánto es lo que te debo para pagártelo —Shikamaru, sin mayor problema, le hace un recibo, recibiendo el dinero de inmediato por las gomitas y el restante—. Genial, hasta luego —dice Sasuke, apresurado.

—¡Hey, Sasuke! ¿Vas a casa de tu novia? —el de cabello negro se detiene el seco completamente escandalizado por el comentario de Kiba.

—¡Sa-Sakura no es mi novia!

Sin proponerselo, aquella escena hacen que hasta Shikamaru y Shino rían levemente.

—Eso. Sakura. Había olvidado su nombre, que lindo es. Entonces ¿si vas a verla, verdad?

—Sí, ¿te importa? —responde, entre la resignación y el fastidio, refiriéndose al abrazo que éste le ha dado en son de molestarlo.

—En ese caso voy contigo —dando por hecho que la respuesta es afirmativa por parte de Sasuke, Kiba se despide de manera fugaz de Shikamaru y Shino.

—Espera, ¿qué?

—Mi novia está ahí, ¿recuerdas? ¿Amaru?, ¿morena, de ojos preciosos color turquesa?

—¿Y eso debe de importarme?

—Me queda claro que tu ya eres, algo así, como parte de esa familia. Quizá ya hasta eres cuñado de su hermano y ni siquiera me lo has dicho —acusa el castaño a lo que Sasuke solo puede sonrojarse violentamente—. Si voy por mi cuenta no me dejarán entrar, en cambio si voy contigo todo es más fácil.

Kiba no va a dar su brazo a torcer, y ciertamente Sasuke no está con el humor adecuado para lidiar con un problema más. Así que, resignado, decide solo suspirar y acceder esta vez, no sin antes advertirle una cosa.

—Solo compórtate, ¿sí?

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V

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Hay una mezcla de impaciencia y temeridad instalada en su cuerpo desde temprano.

Esa mañana no ha sido la mejor que ha tenido, ciertamente. Mirar a cada segundo las hojas en blanco del diario de Sakura Haruno se ha vuelto una actividad bastante agotadora, quizá porque tiene la esperanza de que nuevas palabras aparezca y le revelen más cosas.

Lo desea y al mismo tiempo imagina que lo hace.

Suspira, cansada. De nada servirá preocuparse antes de tiempo. En su lugar espera ansiosa la llegada de Sasuke.

Siente que cada vez son más cercanos, y en verdad anhela que con su ayuda puedan resolver todo de una buena vez. Aparta la vista del diario, centrándose en el suyo que descansa en sus rodillas.

No ha escrito gran cosa, en realidad.

La verdad es que es una inexperta a la hora de querer plasmar sus ideas en papel. Se siente hasta torpe algunas veces pero a medida que lo intenta puede entender, y sentirse conectada de algún modo, a lo que Sakura Haruno planeó con todo eso al escribir el suyo. A pesar de eso, y si de por sí es difícil conseguir un poco de concentración, ahora no puede prestar atención a otra cosa que no sea su jardín infestado de gente extraña.

Los ayudantes que Sakon ha contratado para decorar cada rincón del jardín, en pos a su fiesta de graduación, han llegado tan temprano como para hacerla desesperarse. Algunos amigos suyos, incluso, han también arribado solo para alardear de lo increíble que será la velada porque, claro, Sakon es algo así como un arrogante que vocifera por todo.

Un par de ellos se les quedan mirando y Sakura, a pesar de haber prometido solemnemente a Sasori no entrometerse durante las horas en las que montaran mesas y decoraciones, no escatima en expresar su descontento devolviéndoles la misma cara seria que siempre tiene para dar a personas que no le agradan.

Irritada, vuelve la vista a su diario, comenzando a escribir...

—"Mi jardín se está cundiendo de bichos extraños y aberrantes. Si fuera tan grande, como el pie grande de los cuentos, que feliz sería al poder aplastarlos y…"

—Así que te gusta tomar el Sol, Sakura. Creí que te hacía mal estar al aire libre, ya sabes, eres como una frágil hoja de papel —Dios. Este día no podría mejorar, piensa con ironía al reconocer la voz. La sombra de Sakon le molesta, tanto o hasta más que su molesta cara.

—Me estorbas —es lo único que agrega, sin ganas, realmente, de perder su tiempo en contestarle como se debe.

—¿Y qué es lo que haces? —pero él insiste tanto que a Sakura le molesta bastante.

Conoce a Sakon desde hace años, y sabe de su afición por los libros. Entonces ¿por qué pregunta lo que es obvio? Además no es muy difícil adivinar qué es lo que hace considerando que tiene el libro abierto entre sus piernas con un bolígrafo en mano.

—Escribo, así que apártate, me bloqueas la luz —contesta, tan rígida como siempre que al muchacho no se le hace novedad. Al contrario, desde siempre le ha encantado irritarla con sus comentarios. Después de todo, el sentimiento de desagrado es, claramente, mutuo.

—¿Escribes? Que tierno, ¿un diario? ¿No estás muy grande para eso? —Sakura frunce el ceño—. ¿O qué? ¿A parte de enferma ahora tienes mal el cerebro? —con el coraje hirviéndole en la sangre, cierra el diario con fuerza, sorprendiendo al de cabello blanco.

—Quizás sí, pero ¿sabes algo? Al menos yo tengo cerebro, ¿tú qué tienes? ¿aire o un estúpido mono de juguete parlante? —ofendido, el muchacho frunce los labios—. No perderé mi tiempo contigo —sentencia, poniéndose de pie para largarse de una buena vez de ahí, y lo hubiese hecho de no ser porque él la detiene con fuerza del brazo—. Suéltame.

—Escucha atentamente: No dejaré que me arruines la fiesta ¿entendiste?

—No me amenaces—suelta ella, zafándose del agarre con brusquedad—. Te recuerdo que es mi casa y si me da la gana puedo arruinarte la noche.

—Entonces conocerás mi furia.

Uy, qué miedo.

—Sakura.

Aventajándose de ver a Sasori a unos pocos metros de ellos, camina hasta él a paso firme. Basta intercambiar miradas con su hermana para que Sasori se percate que han estado riñendo segundos antes de que él hubiese llegado. Sakon retrocede un poco ante la mirada seria del pelirrojo, solo sacudiéndose su saco, regresando a los asuntos de la decoración del jardín.

Habiéndolo intimidado con su presencia, finalmente mira a Sakura.

—Me prometiste que no harías nada —la pelirrosa lo mira con astucia. Sasori suspira—. No importa. Ven, acompáñame al estudio un rato.

Caminando tras él con regocijo por esa batalla ganada, Sakon a lo lejos solo puede soltar maldiciones con la voz baja.

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VI

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Siente cosquillas en las plantas de los pies.

La textura de esa alfombra siempre ha sido su favorita.

Recuerda, con anhelo, todas las noches en las que Sasori y ella montaron carpas ingeniosas con un sin fin de sábanas de colores. Extraña un poco esos días. Esos días que fueron intercambiados por un distanciamiento que Sakura no se puede explicar.

Sasori creció.

Ella creció.

Y esas tardes desaparecieron aunque Sakura, cada vez que ve la espalda ancha de su hermano, puede recordar, además, las veces en que se hubo subido a ella al jugar. Esa espalda no se ha ido solo se ha hecho un poco más grande. Sonríe un poco ante los recuerdos.

Y mientras ella decide darles fin a ellos, sumergiéndose en la atención a los libros que hay dentro del librero, Sasori es esta vez quien la mira discreto.

Esa bonita silueta. Esos bonitos ojos. Esa mirada soñadora.

Sakura es una criatura viva y feliz cada que roza las yemas de sus dedos por encima del lomo de los libros.

—¿Alguna vez… ?—Sasori pestañea, saliendo de su ensoñación, escuchando su pregunta—. ¿Alguna vez has sentido que tu vida en realidad no es tuya precisamente?

El mayor encarna una ceja, confundido, cruzándose de brazos.

—¿Cómo?

—¿Qué tal si…?—respiración profunda—. ¿Qué tal si tu vida no te pertenece a ti solamente, sino que la estás compartiendo con alguien más?

—Pensaría que es absurdo —Sakura engrandece los ojos, apartando la mirada de los libros para mirarlo a él. Está ahí. Esa mirada, la que pocas veces ha visto en él, está ahí. Reflexiva, penetrante, emotiva, sensible, amorosa—. La vida no son solo recuerdos; la vida es cada respirar que se va a tus pulmones —acercándose a una distancia en la que puede sujetarla por los hombros con suavidad—. La vida es el reflejo de las personas que miras cada día. Es la manera en la que lloras y el porqué lo haces. Tú haces tu vida así que es absurdo pensar que la compartes y… —Sasori se detiene de pronto.

Aparentemente, las cosas no son como él solamente las ve.

¿Qué decirle?

¿Qué es lo que Sakura espera oír de él?

Durante mucho tiempo, de manera inconsciente, Sasori ha sido una especie de guía para ella a través de la vida. Qué camino tomar. Cuál seguir. Uno que él ha decidido para ella.

"¡¿Qué piensas que es la vida de una persona?!"

Contrae los ojos, dándose cuenta de su error.

—Escucha, Sakura, si te sientes diferente a los demás, si esas supuestas rarezas son las que te preocupan, date cuenta que ser "diferente" es lo que te hace única.

La herida abierta está ahí, supurando un líquido que no es rojo porque hace tiempo ha dejado de ser humano.

Y Sakura, al igual que él, están ahí. Siendo desconocidos. Siendo enemigos porque los acontecimientos así han dicho que debían ser. Pero ese Sasori no teme a la muerte. Aún con el pecho con el pecho expuesto y esa extraña figura en su pecho, simulando un corazón.

Hay una arena de batalla y restos que no se pueden arreglar. Y la última imagen que ese Sasori contempla, por escasos segundos antes de caer y ella alzarse como vencedora, es la de su puño enfundado por un guante negro.

—Tu vida es tuya y de nadie más, porque solo a ti te ha tocado vivirla, así que hazla única. Hazla tuya.

Toda esa inseguridad que Sakura siente, se esfuma de pronto.

Ese corto viaje de ida y de regreso, termina con la misma rapidez con la que una lágrima resbala por su mejilla. Mira a su hermano...¿Qué ha sido ese recuerdo? ¿Por qué lo ha visto en una situación distinta? Quiere llorar. Quiere llorar a horrores porque se siente culpable ante algo desconocido. Lo único que puede hacer es llevar su mano derecha a la mejilla de él, acunándola.

Sasori solo cierra los ojos, permitiéndose sentir.

La razón del por qué existe él y por qué existe ella, no quiere saberla. Ama a Sakura con todo su corazón, y sin saberlo él también ha reencarnado bajo la culpa y el remordimiento tras morir a manos de Sakura Haruno hace mucho tiempo.

Tras entender sus palabras sobre lo que significaba una vida en medio de la batalla.

Su último aliento le hubo servido para darse cuenta de que él no era solo una marioneta. Que había desperdiciado el motivo de su existencia en seguir órdenes para luego flagelarse con solo recuerdos que lo atormentaban, ignorando la oportunidad que tenía en hacer de esa vida, que se le había otorgado, algo maravilloso.

Una enseñanza que aprendió peleando con ella y viendo sus ojos.

Vivos, llenos de vigor y de energía.

Tan valientes.

Y aunque desconoce las razones del por qué está ahí, para Sasori, Sakura lo es todo.

Para el Sasori de la aldea de la arena, estuvo claro desde el primer momento en que hubo perdido ante ella. Que de existir una oportunidad, en un mundo distinto, tendría que estar cerca de ella, agradeciéndole por haber tocado y sanado su corazón.

—Esto… —carraspea él, apartándose un poco, sintiéndose confundido por aquél raro momento —. "Necesito dormir…" —piensa, parpadeando repetidamente.

—Ah…um… —la pelirosa baja la cabeza, un poco apenada—. "Es la primera vez, en mucho tiempo, que me habla así"

Con dulzura.

Con la realidad saliendo en forma de palabras.

—Emm…—tose Sasori, desviando la mirada a su escritorio, notando la caja blanca ,con un moño de regalo, que hasta ese momento Sakura ni siquiera ha notado—. Es verdad, te compré algo —confiesa, apartándose un poco, aún en ese tono dulce.

—¿Eh? —Sakura le sigue de cerca, finalmente viendo la caja que sostiene Sasori en sus manos.

—¿Qué esperas? Tómala, es tuya.

—¿Mía? —Sasori reprime una risita.

—Anda, ábrela.

Tan pronto Sakura retira la tapa, el moño cae, grácil. Escondido dentro de ese papel maché de color rosa, está un vestido. Incrédula, Sakura parece olvidar la motricidad con sus manos al intentar sostenerlo de manera torpe pues teme estropear la tela con sus dedos.

Y mientras eso sucede Sasori presta atención en cada gesto inocente. E indudablemente se siente feliz de verla así.

Con los ojos engrandecidos de la sorpresa, y con un poco de ayuda de él, Sakura termina de sacar el vestido, colocándose a la altura apropiada para admirarlo junto a su cuerpo.

Un vestido de corte medio que fácilmente le llegaría encima de las rodillas. Suelto, sin ajustarse a la cintura, dándole un aspecto adorable y de ser una romántica de primera. De color palo de rosa en su totalidad a excepción de los detalles en encaje negro en el ruedo.

Ha olvidado la última vez que ha usado un vestido así.

Quizá porque había dejado de usarlos desde sus padres habían fallecido. Esa es razón suficiente para que ahora, ante la imagen de un vestido tan bonito como ese, quiera llorar. Alza el rostro con dificultad, apretando los labios para no mostrar fácilmente su emoción que amena con destilar de sus ojos.

—Creí que se vería bien en ti —comenta el mayor llevando una mano al bolsillo de su pantalón oscuro, sonriendo levemente.

—¿P-por qué…?

—Es un obsequio, para que lo uses en la fiesta —explica brevemente, suspirando—. A mamá le gustaba mucho vestirte con ese tipo de ropa así que…

Esos tiempos felices...

La sorpresa abunda los primeros segundos en el rostro de Sasori cuando Sakura lo envuelve en un abrazo lo suficientemente fuerza como para incluso sentir como su cuerpo tiembla.

Ah, esa niña...

Esa frágil y adorable chica.

...es fuerte.

Sakura no llora, aunque las ganas no le falta, quizá porque aun necesita tiempo para volver a hacerlo frente a él. Pero, mientras eso sucede, Sasori está ahí, devolviéndole el abrazo con la misma fuerza que una persona ha extrañado toda una vida a una de sus personas amadas.

A pesar de que se han distanciado un poco, eso no parece importar ahora.

La escucha reír. Y él comparte esa risa también.

—Espero haber escogido bien. No quiero que me lo regreses —bromea, separándose finalmente para verla apropiadamente.

—Es perfecto. Gracias —confiesa, sonriendo.

—Bueno —Sasori carraspea un poco—. Tengo trabajo que hacer y supongo que él no tardará en llegar —Sakura no comprende de inmediato que se refiere a Sasuke, y eso solo hace que Sasori sienta más ternura al ver lo despistada que es.

—Ah, claro —dice, colocando el vestido nuevamente dentro de la caja para cerrarla y acunarla en sus brazos junto a los libros, partiendo rumbo a la puerta.

—Sakura… —la pelirrosa se detiene en la puerta, volteando a verlo—. Estaré aquí —"Siempre estaré aquí"—, por si me necesitas. A eso me refería.

Siempre.

Siempre que esa sonrisa saludable y radiante también esté para él.

Asintiendo de manera juguetona, finalmente se pierde entre las paredes. Esas mismas que antes han usado para jugar y colorear en ellas.

Sasori no lo sabe pero tras convertirse en su hermano en ese mundo, le está agradeciendo por lo que ella había hecho por él con tan solo decir aquellas palabras en aquella época lejana. Aquellas como Sakura Haruno.

"Porque esa persona me hizo cambiar aún cuando yo estaba a punto de morir y ya no poseía corazón. Y le agradeceré por siempre"

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(FIN DEL CAPITULO)

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Comentarios :

K-mila: Hola! Pues fuiste la primera en resolver el secreto jaja espero que con este capítulo se aclaren tus dudas o ¿se creen más?. Gracias por tu palabras, espero que disfrutes de la lectura hasta el final(:

Ericka: Hola Ericka, bueno, me demoré, si, pero no porque quise u_u, espero puedas entender. En fin, que bueno que te haya gustado como para comentar, enserio me hace feliz. Que lo disfrutes hasta el final! Saludos.

Nagi: ¡Hola Nagi! Así es, me demoré, espero no me mates ¿? jajaja, bueno, en cuando a Sasori, pues espero que con el capitulo quede resuelto el misterio. Y la escena de las dos Sakuras, pues siempre suelo ser dramática con todo jajaja, que bueno que te gustó. En fin, saluditos (:

Amanda: Por favor, no me mates! xD, en cuanto a tu comentario sobre Sasori, bueno, la duda quedó resuelta con este capitulo, espero ¿?; el asunto de los apellidos ya lo tenia planeado, noté que había inquietud en muchos reviews por eso lo abarqué en el pasado y sin duda, algo que comparto contigo es la escena de ambas Sakuras. Es duro pensar que para la Sakura actual todo parece ser mentira, pues ella quiere vivir a su manera, sin imitaciones. En fin, gracias por tu comentario (:

OrihaSon: Hola! ¡Ya volví! xD, tienes un poco de razón, el estrés sepultó mi inspiración por un momento pero volvió a mi un par de noches atrás y me puse a escribir como posesa jaja, espero que disfrutes este igual que los demás. Saludos (:

Notas :

¡Hey!

Tarde pero seguro, lamento haberme demorado mas de lo normal pero como recién regresé a la universidad y adquirí nueva notebook pues, ya saben, un show pasando archivos, ordenando carpetas, instalando los programas que ya tenia. En fin, espero no me maten! xD

En cuanto al capitulo. Si llegaron hasta aquí, se que les tomó por sorpresa todo esto, pero ya lo tenia planeado, me refiero al asunto de Sasori jajaja soy una maldita.

Disfruté mucho del capitulo porque me resultó diferente no centrarme tanto en la relación Sasuke-Sakura, sino en Itachi y Sasori, siendo ellos los más cercanos a los primeros dos.

En fin, en unas horas hay manga y estoy nerviosa. Ya no se que esperar de Kishi :/ , anyway, les dejo con el adelanto del próximo capítulo: Motivos resueltos

—El libro dice que fue un traidor, pero también dice que fue un héroe

—Pero eso no devolvió a la vida a los que supuestamente amó

...

Bajo la lápida yace él, a quién Sasuke y yo hemos venido a visitar.

—¿Lo sentiste?

—Me gustaría conocerlo

—¿Eh?

—En la otra vida que nos toque vivir

...

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Pequeñísimo adelanto jaja espero no demorarme tanto pero bueno, mi tiempo se ha reducido desde que volví a clases pero no espero atrasarme tanto. Espero ._.

Pronto responderé a sus comentarios, solo necesito tiempo. Saludos!

¿reviews para la loca del fic? (: