19º Reneé
Bajaron del avión, Edward llevaba de una mano a Leah y a Bella cogida de la cintura con la otra, y Bella sostenía la mano de Renesmee mientras se moría de nervios. Seth y Carlisle iban por delante, haciendo el camino hasta la limusina. Había una alfombra roja que iba desde el avión hasta la puerta de esta, con el chófer esperando en la puesta para abrirla y dejarles entrar.
El chófer manejó el vehículo hasta la majestuosa Casa Blanca, hogar de todos los presidentes de Estados Unidos desde Abraham Lincom. La limusina se adentró en los terrenos presidenciales, fue por el camino asfaltado entre el inmenso jardín y paró al pie de las escaleras, el chófer bajó y fue a la puerta que daba a la casa, la abrió y permitió que todos bajaran.
Bella y las niñas miraban la casa con gran asombro, embriagadas por la belleza de aquella construcción tan simbólica para el país. Edward volvió a coger a Bella como al salir del aeropuerto y besó su mejilla.
-Tranquila.
-Estoy bien- Le dedicó una sonrisa que para nada mostraba tranquilidad y se adentraron junto al resto de la familia.
Un empleado de la casa los acompañó desde la entrada por los enormes y majestuosos pasillos, subieron las escaleras hasta el primer piso y continuaron por el pasillo de la derecha. Pararon ante una puerta doble con el símbolo del águila tan característico de EEUU al lado, mostrando que ese era el despacho del presidente.
El empleado entró al despacho para anunciar la llegada de los invitados y escasos segundos después los hicieron entrar, las niñas se quedaron fuera esperando con aquel empleado. En una gran mesa de lujo estaba el presidente de los Estados Unidos, mirándolos con una sonrisa, a su derecha estaba Aro, a su lado un poco más alejado de la mesa se encontraba Reneé y a la izquierda se encontraba Marco junto a la primera dama.
Bella no quiso mirar a nadie que no fuera el presidente, pero Edward si los miró, fulminándolos con la mirada mientras apretaba a Bella contra él, Aro le devolvía la mirada y Reneé solo observaba sin saber que cara poner.
Algo parecido ocurría con Carlisle, el miraba fijamente al presidente mientras que Seth desafió con la mirada a Marco, que intentaba matar con la mirada a Carlisle. El presidente se levantó y se acercó a Carlisle, le tendió la mano amistosamente, Carlisle se la estrechó de inmediato en forma de saludo y de paz.
-¿Qué tal el viaje?
-Bien, ha sido muy tranquilo- Sonrió Carlisle.
-Me alegro- Dijo contento, miró a Bella y la vio algo incómoda- ¿Se encuentra usted bien señora?
-Estoy bien, no se preocupe.
-Señora, por favor, permítame ser amable con usted y dejarle una de las habitaciones para descansar- Le pidió la primera dama.
-Está bien- Asintió no muy convencida, apretando la mano de Edward.
-¿Sería mucha molestia que fueran con ella nuestras dos niñas que esperan fuera?
-Ninguna molestia- Sonrió la mujer- Por favor Reneé, acompañe a la señora a una de las habitaciones que están en el ala este.
-Claro primera dama- Reneé se encaminó a la puerta- Sígame, por favor.
Bella soltó con miedo a Edward y fue hacia la puerta, Reneé cerró nada más salieron y vio como Bella avanzaba por el pasillo buscando a alguien.
-¿Se puede saber que haces aquí?
-Estoy acompañando a mi suegro y a mi marido en un viaje político- Respondió sin mirarla.
-Se suponía que debías estar en prisión.
-¿No me digas?- Bella estaba dispuesta a plantarle cara si hacía falta- Qué bien lo sabes, como se nota quien me mandó allí.
-Ni tienes ni idea de lo que dices.
-Solo se que me has fallado muchas veces- Bella la miró por primera vez desde que se habían reencontrado- Con los Cullen tengo la familia que nunca tuve contigo.
Las pequeñas estaban jugueteando por el pasillo mirando todo lo que había a su alrededor, vieron a Bella en el pasillo y corrieron hasta ella, abrazándola con fuerza.
-¡Mamá, este sitio es enorme!- Leah estaba impresionada por aquel lugar.
-¿No me digas?- Les preguntó sonriendo- ¿Habéis estado investigando?
-Claro- La pequeña Renesmee sonrió ampliamente.
Reneé se puso pálida al ver a la pequeña niña, le recordaba a Bella cuando era pequeña, era idéntica a ella, eso no era normal. Si no hubiera sido porque Aro se aseguro de que nadie la encontrara, juraría que esa niña es la que ella tuvo y dejó en un orfanato. Esa situación era extraña, era imposible que fuera una casualidad, pero todo se había tapado tan bien que tampoco podía ser premeditado.
Les indicó el camino de la habitación y las niñas se adelantaron corriendo hacia allí, Reneé tomó con fuerza el brazo de Bella y la giró bruscamente.
-¿Quienes son esas niñas?- Sus ojos mostraban su nerviosismo- ¿De donde ha salido la niña rubia?
-Como dijo mi marido, ellas son mis hijas- Bella no estaba dispuesta a decirle de quien se trataba la niña, Renesmee se quedaría con ella, a salvo.
-¡No es tuya Bella! ¡Tú solo tienes diecinueve años y esas niñas tienen siete años por lo menos!
-Como se nota que nunca has sabido lo que significa ser madre en la realidad, porque si lo hubieras sentido de verdad sabrías que aunque no tenga la misma sangre que yo y mi marido, serán como si lo así fuera- Bella le hablaba con desprecio- Esas niñas son adoptadas, las acogimos en la familia cuando estábamos en Canadá porque sus familias no podían mantenerlas y cuidarlas como merecían.
-No te creo.
-¿Por que iba a mentirte?- La desafió más- ¿Tengo motivos para hacerlo?- Reneé bajó la mirada sin saber que decir- Las dos son mis hijas y no tengo nada más que decir al respecto.
-¡No lo son! La niña rubia...- Señaló a Renesmee, que jugaba con Leah esperando junto a la puerta de la habitación que les había indicado- Esa niña es tu…- Se quedó a media frase, no quiso acabarla y Bella lo sabía.
-¿Qué es esa niña?- Intentó picarla- ¿Qué sucede con MI HIJA?
-Nada- Continuó caminando hasta la habitación en la que iban a alojarse por el momento. Las niñas entraron y nada más ver la cama empezaron a saltar sobre ella. Bella se dispuso a entrar, pero Reneé la volvió a parar- Bella, enhorabuena por tu embarazo y... Me alegro de verte de nuevo y de que estés aquí- Bella la miró con ira y le cerró la puerta en las narices.
Reneé bajó la mirada, se quedó apoyada en el marco de la puerta unos minutos, dejando que sus ojos soltaran todas las lágrimas que no había podido soltar en años. Siguió el pasillo de nuevo hacia el despacho presidencial. Las lágrimas caían sin control, algo en su interior le decía que aquella niña rubia era su niña, la niña que había tenido que abandonar. El dolor y el miedo se reflejaban en su rostro mientras recordaba aquel día en el que perdió una parte de ella.
"En sus brazos llevaba a su pequeña recién nacida Renesmee, era preciosa, rubia y blanca de piel, de ojos castaños oscuros, de peso normal. La agarraba de su manita mientras la sostenía en brazos, miraba en la lejanía sin saber que su hija mayor la observaba desde la puerta de la habitación.
Bella se acercó a ella, en su cuello llevaba una medalla ganada en su competición de gimnasia. Reneé empezó a llorar, dándose cuenta de lo abandonada que había tenido a su princesa, que estaba creciendo y convirtiéndose en mujer ante sus ojos y que por miedo y estupidez ella la estaba alejando.
Le contó quien era esa pequeña que llevaba en las manos, y vio en su rostro una felicidad que no duraría muy a su pesar. Después de que le dijera todo tuvo que sedarla y drogarla de nuevo, hacía mucho que no la había drogado y no se sentía nada orgullosa de ello, pero debía hacerlo, no podía permitir que Aro descubriera que Bella sabía de la existencia de Renesmee porque entonces la perdería.
Después de que Bella estuviera inconsciente por la fiebre que le provocaba lo que le había suministrado, la dejó delirando en su habitación y tuvo que ir a entregarle la niña a Aro, él se ocuparía de que la niña estuviera en un orfanato del que nadie pudiera sacarla o reconocerla como hija suya. Si alguien averiguaba quien era Renesmee y donde estaba, Aro le haría daño a lo que mas quería ella en el mundo, su hija Bella, fruto del amor que en su momento había entre ella y Charlie Swan, el hermano difunto de Aro."
Llego a la puerta del despacho, se limpio con las manos las lágrimas, se pellizco los pómulos para que no se notara que había estado llorando y entró como si nada hubiera pasado.
-Ya están instaladas, primera dama- Sonrió al entrar.
-Gracias Reneé, sabía que podía confiar en ti.
