Hace unos días terminé Bendición y tengo que admitir que después del último capítulo no tenía mucha inspiración. Y créanme que la gripe no ayuda a que se despeje mi mente, pero de repente hoy me sentía mejor y esto fue lo que resultó. De nuevo, agradezco infinitamente todo el apoyo que le dieron a Bendición y pues acá sigo activa en este fandom con Somos hermanos y Terrorista. Pero esta vez le tocó a Somos hermanos, así que ¡disfruten!
Y para no perder la costumbre, hay mucho drama.
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Dudas
Su teléfono sonó por tercera vez en los últimos veinte minutos. Y, como había hecho todas las veces anteriores, lo ignoró. Se cubrió completamente con las sábanas e ignoró el pitido que ahora le indicaba que tenía un mensaje de texto. Después de un rato, el teléfono volvió a sonar, así que a Sousuke no le quedó más remedio que levantarse y recoger el aparato del piso para ponerlo en silencio. El nombre de "Makoto" brillaba en la pantalla, pero no iba a contestarle. No se sentía de humor para hacerlo. El sonidito insistente lo estaba volviendo loco, por lo que decidió apagarlo, antes de que despertara a Kisumi o a alguien más en la casa. Tendría que haberse quedado en su apartamento. ¿Qué era lo que lo tenía de tan mal humor? Pues su motivo tenía nombre y apellido: Yazaki Aki.
Habían pasado tres días desde que lo ascendieron a Vicepresidente de Samezuka y Sousuke aún no terminaba de asimilarlo. En cuanto se había enterado de la noticia, había exigido hablar con el presidente, un hombre anciano, de escaso cabello platinado y ojos astutos. Tenía fama de traicionero y mujeriego, pero aun así había conseguido convertir a Samezuka en un gigante dentro del mundo médico. La respuesta del mandamás de la empresa había sido "abrí el concurso y saliste favorecido". Aunque Sousuke no terminaba de creerse que el anterior vicepresidente simplemente hubiera decidido de pronto retirarse y viajar por el mundo, dejando de lado la compañía a la cual había dedicado casi toda su vida.
No obstante, Sousuke sabía que no podía quejarse o mucho menos renunciar. Necesitaba el trabajo, eso si es que quería hacer realidad el sueño que hacía tiempo había compartido con su madre. Por eso tenía que soportarlo, o al menos eso había intentado por los pasados tres días. Pero por más que lo intentaba, cada vez se ponía de peor humor. Ella lo ponía de mal humor. Es cierto que, hasta el momento, no había intentado nada, pero Sousuke no podía evitar pensar que en cualquier instante ella sacaría sus garras, como fiera. Odiaba admitirlo, pero su simple presencia lo ponía nervioso, un nerviosismo que había intentado enmascarar detrás de su estoica mirada – o póker face, como solía decir Kisumi – pero al final del día siempre terminaba tan agotado que se ponía de mal humor. Ahora ni siquiera refugiarse en su trabajo lo haría sentirse relajado, porque siempre iba a acordarse de ella.
Otra cosa que lo ponía de mal humor era que en días anteriores se había sorprendido mirándola de una forma poco sana. Es decir, mirarle el trasero no era normal, ¿cierto? Tampoco bajar la mirada cuando ella se inclinaba sobre su escritorio para explicarle algo que al final tenía que leer tres veces más para comprender. Sousuke no podía evitar pensar que ella lo hacía al propósito para provocarlo. Y él era un idiota por caer en sus provocaciones. Y eso lo ponía de peor humor. Pero no sólo se trataba de su mal humor, era también que el hecho de estar mirándola así lo hacía sentirse culpable. Casi se sentía como si lo estuviera traicionando. E irónicamente por eso era que había estado evitándolo. Eventualmente, consiguió quedarse dormido.
Entonces sonó el despertador. Sousuke maldijo, porque estaba seguro de que no había dormido nada. Miró la hora. Seis de la mañana. Se dio la vuelta y decidió que dormiría sólo diez minutos más. Pero de nuevo, no iba a poder descansar mucho, porque alguien llamaba insistentemente a su puerta. Ah, no iba a molestarse en abrir, pero entonces la puerta se abrió, dejando que la luz entrara. Gruñó y se dio la vuelta dispuesto a reprender al intruso, hasta que se dio cuenta de que se trataba de Maki.
—Sousuke, ¿te sientes bien? —preguntó la mujer, preocupada. Él la miró, extrañado.
—No pasa nada, Maki. ¿Necesitabas algo?
—Oh, es sólo que me preocupé cuando me di cuenta de que eran pasadas las siete de la mañana y tú no te habías levantado —entonces Sousuke se incorporó de golpe. La cabeza le dio vueltas y tuvo que apoyarse en la mesa de noche para no caerse. Efectivamente, el reloj marcaba las siete y quince —Sousuke, estás pálido. ¿En serio te sientes bien?
—Estoy bien, sólo un poco cansado.
—¿Estás seguro? —él asintió y fue al armario para buscar su ropa —Entonces, toma una ducha mientras te preparo algo para comer.
—No es necesario, comeré algo en el camino.
—Olvídalo, no voy a dejar que te vayas así como estás sin comer un poco —replicó la mujer, mostrando un gesto que no daba pie a réplicas. Sousuke supo entonces que no había forma de que pudiera negarle algo a esa adorable mujer. Era lo mismo que con Makoto. Oh y hablando de Makoto, ¿estaría todo bien con él? —Enhorabuena por tu ascenso, Sousuke. Ryu me lo contó ayer —Sousuke esbozó una pequeña sonrisa —Ahora ve —se volteó para marcharse.
—Maki… —la mujer se volteó y lo miró. ¿Por qué la había llamado? Ah. Quería preguntarle cómo estaba Makoto —No, no es nada.
—Está bien. Lo está haciendo muy bien entre los exámenes de la universidad y los entrenamientos —Sousuke la miró, sorprendido. Era casi como si le hubiera leído la mente —Pronto tendrá una competencia. Lo eligieron para nadar backstroke en los cien metros libres y en el relevo combinado —la sorpresa del muchacho aumentó en cuanto escuchó las noticias —Está nervioso, pero estoy segura de que va a estar bien.
Maki salió de la habitación, dejando a Sousuke ahí de pie como un idiota. Recordando entonces que era tarde, Sousuke corrió hacia el baño. Mientras el agua fría caía sobre su cabeza, más se daba cuenta de que había actuado como un estúpido inmaduro. ¿Ignorar a Makoto? ¿Cómo podía ignorar a la persona que se había convertido en su luz? De acuerdo, ese había sido un pensamiento cursi, pero era la verdad; aunque nunca fuera a admitirlo enfrente de nadie. Terminó de ducharse y resolvió que en cuanto llegara al trabajo llamaría a Makoto y se disculparía con él.
Cuando bajó, el exquisito aroma del tocino se coló por sus fosas nasales. Un apetitoso desayuno occidental yacía sobre la mesa, esperando ser comido. Se sentó y Maki le sirvió café y jugo de naranja.
—Espero que no te moleste que haya preparado un desayuno occidental hoy —dijo ella —Kisumi y Ryu querían comer algo diferente, así que me tomé la libertad de variar el menú.
—No hay problema; está delicioso, muchas gracias, Maki —ella sonrió y se sentó enfrente de él, bebiendo una taza de café. Por un rato se quedaron en silencio, un silencio que no era para nada incómodo —Maki… yo…
—Mako siempre ha sido un chico inseguro —Maki lo interrumpió antes de que pudiera decir algo más. Aunque no estaba seguro de qué era lo que quería decirle realmente —Aun cuando las personas le digan que está haciendo un buen trabajo, incluso si le hacen un cumplido, para él es difícil borrar esa inseguridad que siente. Pero bueno, un niño con un pasado como el suyo, realmente no lo culpo. Aunque eso ya lo sabías, ¿verdad? —el muchacho miró a la mujer, sorprendido.
—No era mi intención… —Maki negó con la cabeza. Sousuke no sabía que decir, entonces todo ese tiempo Maki supo que él la había investigado y aun así nunca le reclamó ni lo trató diferente.
—No te preocupes. Eres un buen hijo, Sousuke, se nota que quieres mucho a tu padre —lo tranquilizó —Ahora yo quisiera pedirte un favor.
—¿De qué se trata?
—Cuida de Makoto. Sé lo mucho que te quiere. Y de la forma en que te quiere, más que a un hermano —Sousuke se atragantó con el café —Como dije antes, es inseguro, pero es un buen chico. Y no lo digo sólo porque sea mi hijo. Sólo con saber que lo quieres es suficiente para mí.
—Lo quiero más de lo que me imaginaba, Maki —la mujer le mostró su encantadora sonrisa y se puso de pie.
—Eso está bien. Ahora, es momento de que te vayas —el muchacho recordó que iba tarde para el trabajo y se levantó. Entonces Maki se acercó a él y le ayudó a acomodarse la corbata —Ya está —le trajo el saco y le ayudó a ponérselo —Te ves muy apuesto —él sonrió, agradecido —Que tengas un buen día.
—Gracias, Maki.
Sólo unas pocas palabras de Maki hicieron que la tensión y el mal humor que sentía se disiparan. Era increíble cómo la simple presencia de su madrastra – aunque no le agradaba la palabra – lograba calmarlo. Casi podía decirse que era el mismo efecto que su madre o Miho tenían en él. Definitivamente tenía que aprender a confiar más en Maki y sobre todo, tenía que confiar un poquito más en los demás e intentar desahogarse cuando algo no andaba bien. Con esta resolución, condujo hasta Samezuka y entró en su oficina, saludando a Aki con un seco "buenos días" antes de cerrar la puerta. Entonces sacó el celular y tecleó un mensaje rápido:
Almuerzo. Pasaré por ti a las doce.
No, no, eso sonaba muy demandante. No podía simplemente ordenarle así cuando lo había estado ignorando durante tres días. Borró el mensaje y le dio vueltas a cómo podía pedírselo sin sonar demasiado cursi, pero tampoco demasiado grosero. Se sobresaltó cuando el teléfono soltó un pitido. Ah. Un mensaje de Makoto.
Supongo que has estado ocupado. No quiero molestarte, sólo quisiera que probaras el bento que te preparé. Estoy mejorando mi cocina, ¡en serio!
El corto mensaje le pintó una sonrisa en los labios. Todavía le parecía increíble cómo un simple gesto como aquel podía darle una nueva perspectiva a su día. Ahora sí que se sentía listo para iniciar el día. Tecleó de vuelta un nuevo mensaje para Makoto.
Me encantaría probarlo. Ven al mediodía. Te esperaré en la recepción de Samezuka.
S & M
Nervioso, Makoto se paró enfrente de las puertas corredizas automáticas que flanqueaban el inmenso edificio de Samezuka. Vio a un par de hombres vestidos en traje entrar y se preguntó si no se vería demasiado informal con los pantalones deportivos y la camiseta del equipo de natación de la universidad. Se mordió el labio y apretó con fuerza el bento contra su pecho, mientras pasaba por las puertas corredizas. Se quedó mirando, asombrado, la inmensa y elegante recepción que sólo podía tener un gigante comercial como Samezuka. Una hermosa señorita lo saludó en cuanto él se acercó y le preguntó cómo podía ayudarlo. Abrió la boca, pero entonces sintió un brazo rodearle los hombros y una voz que decía:
—Gracias, Saya, está conmigo —Makoto levantó la mirada y se topó con los ojos verdeazulados de Sousuke —Vamos, Makoto —y mientras Sousuke lo guiaba por el pasillo hasta el elevador, escuchó un:
—¡Su hermanito es encantador, Sousuke-san! —Makoto se sonrojó y no se permitió soltar un suspiro hasta que estuvieron los dos solos en el elevador. El castaño miró de reojo a Sousuke, que lo observaba fijamente, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—¿Qué pasa? —se aventuró a preguntar el castaño. Entonces las puertas del elevador se abrieron y Sousuke lo sujetó de la muñeca y lo arrastró por otro pasillo, abriendo una puerta la derecha y fijándose dentro un momento, antes de cerrar la puerta y aprisionar a Makoto entre su cuerpo y la puerta de madera —Sou…
El más alto se apoderó de sus labios antes de que él pudiera decir algo más. Algo en la forma en que lo besaba sabía a desesperación y a un dejo de culpa, pero no por eso dejó de quitarle el aliento, como siempre que lo tomaba desprevenido para besarlo. Makoto apoyó la palma sobre la superficie de madera cuando sintió que las piernas comenzaban a fallarle y aferró con fuerza el almuerzo que llevaba en la mano derecha. Sousuke podía ser tan impulsivo que un día iba a matarlo del susto. Sintió entonces que el beso perdía intensidad y se volvía más delicado, mientras las manos de Sousuke acariciaban suavemente sus mejillas. Sousuke se separó de él instantes después y le sonrió de forma maliciosa cuando vio la confusión en su rostro.
—No tienes que lucir tan sorprendido —le dijo —Sólo fue un pequeño saludo.
—A-Ah claro —balbuceó, mientras extendía los brazos para tenderle el bento que le había preparado —B-Bueno, yo me voy. Si necesitas algo más…
—Espera —Makoto se volteó y quitó la mano del pomo de la puerta —No tienes que irte tan pronto.
—No quiero ser una molestia. Con tu nuevo puesto has de estar muy ocupado y… —Makoto te pronto se sintió intimidado al notar la forma en que lo miraba.
—Así que lo sabías —Makoto asintió con la cabeza,
—Kisumi me lo dijo. Felicidades. También sé lo de tu asistente. Aunque eso me lo contó Rin-san —Sousuke chasqueó la lengua, molesto y, cerrando la puerta con seguro, arrastró a Makoto y lo hizo sentarse en frente de su escritorio.
—¿Estás molesto? —preguntó, mientras abría la caja de su almuerzo. Makoto negó con la cabeza, pero Sousuke supo de inmediato que algo le inquietaba —Dímelo. Lo que sea que necesites decirme.
—Hay algo que me inquieta —dijo el menor, luego de unos momentos en silencio —Hace tres días… —el castaño agachó la cabeza y apretó las manos —Hace tres días… las cosas parecían ir bien entre nosotros y de repente… de repente… Entiendo que estés ocupado y tal vez sea una tontería pero… ¡Oye! —cuando Makoto lo miró se dio cuenta de que Sousuke más concentrado comiendo que prestándole atención.
—Lo siento, es que está delicioso —contestó —Tienes buena mano, al igual que Maki. Y eso que decías que eras un desastre en la cocina —Makoto hizo un puchero —Pero no creas que no estaba escuchándote —dejó la caja de almuerzo a un lado y se levantó, luego se arrodilló enfrente de él y le puso las manos sobre los muslos.
—¿Sousuke?
—Lo siento, Makoto. Tenía muchas cosas en la cabeza con todo esto del ascenso y… bueno… —Makoto sonrió y le acarició el rostro.
—No quiero sonar como la "novia celosa" o que sientas que te estoy controlando, pero creo que te lo había dicho; si necesitas hablar o algo… —entonces, Sousuke soltó una carcajada y lo abrazó. Makoto parpadeó, confundido.
—Demonios, eres tan adorable que no puedo soportarlo.
—¿Eh? ¿Acaso dije algo raro? —Sousuke no contestó y tampoco se separó de él. En cambio dejó un camino de besos en su cuello, haciendo que su cuerpo se estremeciera —S-Sousuke… —las manos de Makoto se enterraron en el cabello del más alto, mientras ladeaba la cabeza para darle más espacio.
—Te quiero, Makoto —dijo al final, dándole un rápido beso en los labios que hizo que la cabeza le diera vueltas otra vez. Sousuke se incorporó entonces y terminó de comer. Se había sentido bien decírselo, después de todo era lo que sentía e iba a hacer honor a la petición de Maki.
—Creo que ya… debería irme —balbuceó Makoto, poniéndose de pie —T-Tengo práctica en la tarde. Me alegra que te haya gustado el almuerzo, Sousuke —hizo una torpe reverencia y casi corrió hasta la puerta, cuando vio la mano de Sousuke justo a un lado de su cabeza. Se volteó lentamente.
—No pensarás irte sin despedirte, ¿verdad?
Y antes de que Makoto pudiese contestar, sus labios ya estaban ocupados en una actividad mucho más placentera que hablar. Los labios de Sousuke se movían en perfecta sincronía con los suyos. Sus lenguas comenzaron a luchar por el control, al tiempo que el beso se intensificaba y la temperatura aumentaba. Makoto enredó los brazos en el cuello del más alto, mientras Sousuke bajaba sus manos hasta posicionarlas en las caderas ajenas. Comenzó a jugar con el elástico de los pantalones deportivos, sintiendo cómo Makoto temblaba pero en lugar de alejarse se pegaba más a él. Entonces, las manos de Sousuke se colaron debajo de la camiseta deportiva y sus labios dejaron los ajenos para comenzar a mordisquear el cuello que lucía tan tentador enfrente de él.
Pero claro, todo momento sensual tenía que ser interrumpido. ¡Y en qué momento! Sousuke sintió una incomodidad en sus pantalones, al momento que se escucharon un par de golpes del otro lado de la puerta. Se separaron súbitamente, respirando con dificultad. Sousuke sintió su buen humor evaporarse cuando escuchó la voz de Yazaki:
—Sousuke, he traído los informes que me pediste —como no obtuvo respuesta, volvió a tocar y llamar —¿Sousuke?
—Estoy terminando una llamada importante, un momento —contestó de mala gana, mientras se acomodaba el traje y volvía a sentarse en la silla detrás del escritorio. Makoto se sentó en la silla, abanicándose el rostro con las manos —Esa mujer, siempre tan inoportuna.
—Será mejor que me vaya —Sousuke lo agarró de la muñeca y le dio un fugaz beso en la mejilla, diciéndole:
—Terminaremos esto otro día —comentario que lo hizo sonrojar hasta las orejas. Makoto abrió la puerta y se encontró cara a cara con la ex de Sousuke. Mirándola de cerca, el muchacho se dio cuenta de que era realmente hermosa. No había duda de por qué Sousuke se había enamorado de ella.
—B-Buenas tardes —balbuceó él.
—Buenas tardes —respondió —Sousuke, no sabía que tenías visitas.
—Es mi hermano, Makoto —contestó secamente.
—Oh, entonces tú eres el famoso Makoto —ella lo miró con una sonrisa —Yazaki Aki, un placer, Makoto-kun.
—A-Ah lo mismo digo, un placer, Yazaki-san. S-Si me disculpan —haciendo una leve reverencia, Makoto abandonó la oficina al tiempo que Aki cerraba la puerta. Viendo el bento que aún reposaba sobre el escritorio de Sousuke, Aki dijo:
—Almuerzo casero, qué adorable. Si fuera una chica, diría que sería una gran esposa —soltó una risita, pero Sousuke no la miró —Oh ahora que lo pienso, tu hermano tiene el mismo nombre que esa chica de la que Rin habló el otro día cuando los reencontramos —Sousuke apretó los puños y la miró de reojo.
—¿Adónde quieres llegar con esto, Yazaki?
—Sólo me pareció curioso —ella se encogió de hombros y se sentó enfrente de él, en el sitio que antes había ocupado Makoto —Que tu hermano y la chica que estás viendo se llamen igual. A menos que… —Aki lo miró con un gesto pícaro —No, eso no puede ser. Sería raro que estuvieras saliendo con un chico, más aún si ese chico es tu hermano —Sousuke intentó mantener la calma, enfocando toda su atención en la pantalla de su portátil —Sólo bromeaba, no tienes que ponerte tan tenso. Por cierto, ¿Makoto tiene novia?
—Escucha, Yazaki, mis relaciones o las relaciones de Makoto no son de tu incumbencia. Así que, ¿por qué mejor no te concentras en tu trabajo? —Aki lo miró, sorprendida con su repentino arranque de ira.
—Vaya, qué humor —replicó la mujer, colocando los informes que había traído sobre el escritorio —¿Crees que estoy feliz de estar en esta situación? —Sousuke arqueó una ceja cuando vio que el rostro de la mujer se enrojecía —¿Crees que me gusta estar tan cerca de ti cuando sé que no puedo tenerte? Sousuke, no creo que tengas idea de las ganas que tengo de hacerlo contigo.
—Largo.
—¿Eh?, pero si no hemos revisado los informes y…
—Dije. Largo. No quiero tenerte cerca, al menos por un rato.
—Sousuke, sé que mi comentario estuvo fuera de lugar. Aunque es lo que siento, sé que tendría que habérmelo guardado —Sousuke golpeó el escritorio con ambas manos, haciendo que Aki se sobresaltara.
—Largo de aquí —Sousuke no necesitó levantar la voz para que una asustada Aki saliera rápidamente de la oficina.
—Estaré en mi oficina. Llámame si me necesitas —añadió ella, antes de marcharse.
Sousuke se dejó caer en su silla y lanzó un profundo suspiro. Se llevó ambas manos al rostro y se masajeó la sien. Veía venir una desagradable migraña. Era increíble que la tranquilidad que la visita de Makoto le había dejado se hubiera evaporado con un simple comentario. ¿Hacerlo? ¡Esa mujer estaba loca! Eso, o creía que él era idiota, es decir, ¿por quién lo tomaba? Pero… si lo pensaba bien, si cumplía su capricho, ¿lo dejaría en paz? ¡Ja! Por supuesto que no, ¿qué clase de estupideces estaba pensando? Ella definitivamente había regresado para torturarlo y no iba a dejarlo en paz.
El teléfono lo hizo sobresaltarse al vibrar dentro del bolsillo de su pantalón. Era Rin. Ah sí, ya le parecía raro no haberlo visto durante todo el día. Contestó y la animada voz de su mejor amigo lo saludó del otro lado, pero hablaba tan rápido que no alcanzaba a entender lo que decía.
—Rin, ¿qué demonios…?
—Espera un momento —lo escuchó murmurar un par de frases en inglés y luego el sonido de un auto poniéndose en marcha —Ahora sí. Demonios, es la primera vez que me toma tanto tiempo conseguir un taxi.
—¿Dónde demonios estás?
—En Australia. ¡Vine a visitar a Haru! —exclamó el pelirrojo, contento.
—Ah, ya veo. Es por eso que no has venido a moles… ¡Un momento! ¡D-Dijiste… Australia! ¿Qué demonios?
—¿Qué, no te lo dije? Tomé unas pequeñas vacaciones repentinas y vine a Australia. Haru tiene una competencia en dos días, así que decidí venir a apoyarlo. ¿Cómo va todo por allá? Espero que Yazaki no te esté molestando demasiado aprovechando que no estoy.
—No soy un niño, Rin, puedo cuidarme solo.
—Cuando se trata de esa mujer nunca se es lo suficientemente cuidadoso —replicó. Sousuke no dijo nada, quizás su mejor amigo tenía razón —¿Pasó algo entre ella y tú?
—¿Por qué lo preguntas?
—No lo sé, es sólo un presentimiento.
—Está todo bien, Rin. No soy tan estúpido como para caer en su hechizo otra vez. Además ya tengo a Ma… —escuchó una risita del otro lado —Como sea, nada va a pasar, así que relájate. Y no vayas a hacerle nada a ese chico.
—Descuida, no voy a hacerle nada que no quiera —contestó, pícaro —Bueno, sólo quería saludar. Hablamos luego. Adiós, Sousuke —el más alto se despidió de su amigo y devolvió el teléfono a su bolsillo. Muy en su interior, Sousuke quería creer en sus propias palabras. Pero por alguna razón no se sentía del todo confiado y eso lo preocupaba. Quizás él también necesitaba unas vacaciones.
S & M
Sousuke estacionó el auto y arrastró los pies hasta la casa de su hermana. Estaba mentalmente agotado y las charlas con Miho siempre lograban animarlo, así que sin siquiera ir a cambiarse, caminó hasta la entrada de la casa. Escuchó unas voces animadas y risas. Cuando entró vio a Miho y Makoto sentados sobre la alfombra en la sala. Makoto acariciaba la barriga de Miho con ternura, una ternura de la que pronto Sousuke se sintió contagiado. Carraspeó para llamar la atención y ambos lo miraron.
—Ah, Sou, bienvenido a casa —dijo Miho —¿Quieres cenar? Goro acaba de terminar el estofado. Mako, discúlpame un momento, estoy segura de que mi esposo olvidó dónde puso tu amuleto —Makoto la ayudó a ponerse de pie; ella se marchó y él se sentó en el sofá.
—¿Qué tal estuvo tu día? —preguntó Makoto. Sousuke soltó un suspiro y se dejó caer en el sofá al lado de él, quitándose el saco y aflojándose la corbata.
—Bien, supongo. Gracias por la visita —Makoto sonrió tenuemente, antes de atreverse a decir:
—¿Estás bien? —Sousuke lo miró —Quiero decir… trabajando con ella y todo eso.
—Bueno, no es como si tuviera opción —replicó —Lamentablemente no tengo quejas, ella es buena en su trabajo y el puesto es demandante así que supongo que el presidente tomó una buena decisión. Y sí, estoy bien. Nuestra relación es estrictamente laboral —Makoto se mordió el labio y desvió la mirada —No te preocupes, no voy a caer en ninguno de sus engaños. ¿Cómo podría fijarme en alguien más teniéndote a ti? —Makoto sintió sus mejillas enrojecer, entonces Sousuke lo haló del cuello de la camisa para robarle un beso.
—¡Mako, aquí está! Yo sabía que… Oh, ¡lo siento mucho! —los muchachos se separaron como si una corriente eléctrica los hubiera alcanzado. Miho soltó una risita —Vaya, a veces puede ser tan inoportuna.
—Qué molesto —Sousuke se puso de pie, tomó el saco y salió de la casa.
—¡Sou, espera, necesito hablar contigo! —la puerta se cerró —Ah, bueno, iré a buscarlo más tarde —se volvió hacia Makoto —Veo que su relación ha progresado —el muchacho agachó la mirada, incapaz de enfrentar a su hermana —Estoy feliz. Sousuke ha cambiado para bien y todo es gracias a ti, Mako.
—Miho… yo…
—¡Son tan adorables! —Miho le mostró la foto que había alcanzado a tomar con su teléfono —Sou se molestaría si se diera cuenta, así que no le digas nada —le guiñó un ojo y le entregó un pequeño álbum que los niños del club de natación había hecho para él —Los niños te extrañan mucho, no te imaginas lo mucho que le costó a Goro que se acostumbraran al nuevo entrenador, pero ellos entienden que también tienes tus sueños y, recuerda esto, Mako, todos te estamos apoyando. Así que hazlo lo mejor que puedas durante la competencia.
—Gracias, Miho. ¡Me esforzaré!
S & M
Sousuke se tendió en la cama, después de comer y ducharse. No sabía por qué pero de repente las dudas habían comenzado a asaltar su mente, otra vez. Su mente era un caos desde que Yazaki Aki había reaparecido en su vida y ni siquiera la presencia de Makoto parecía ser suficiente para tranquilizarlo. ¿Por qué? ¿Por qué aun a pesar del tiempo esa mujer tenía tal control sobre él? No. No era culpa de ella. Más bien era que se estaba volviendo paranoico. Seguía pensando que ella planeaba algo para hacerlo caer y destrozarlo nuevamente. ¿Por qué? ¿Por qué no podía simplemente confiar en sus sentimientos por Makoto y estar en paz?
Un suave golpe en su puerta lo sacó momentáneamente de su ensimismamiento. Murmuró un suave "adelante" y Miho apareció. Su hermana le sonrió de una forma traviesa, como si hubiese descubierto un gran secreto. Miho cerró la puerta y se sentó en su cama. Sousuke se sentó y se quedó mirándola, esperando sus comentarios sobre la escenita que había presenciado en su sala.
—¿Recuerdas lo que te pregunté el otro día, cuando Yazaki-san regresó?
—¿Todavía necesitas que te responda? —riendo, Miho negó con la cabeza.
—Bien dicen que las acciones dicen más que las palabras —contestó ella, mirándolo fijamente —Pero algo me dice que no todo está bien. Contigo —Sousuke arqueó una ceja —Nunca has tenido problemas con tomar grandes responsabilidades, pero el puesto de vicepresidente parece agobiarte. No pareces feliz con el ascenso. ¿Por qué?
—Yazaki es mi asistente —Miho alzó las cejas sorprendida —Esa mujer… a pesar de su retorcida personalidad, es buena en su trabajo. Es eficiente y ordenada, en pocas palabras, sabe lo que hace. Pero…
—¿Pero?
—No sé, Miho. No puedo dejar de pensar que trama algo. Contra mí. Quiero decir, ¿por qué regresó, justo ahora cuando estoy intentando ser feliz de nuevo? ¿Por qué tuvo que volver justo cuando estoy empezando a confiar de nuevo? No entiendo…
Bofetada. Sousuke se llevó una mano a la zona dolorida y miró a su hermana mayor con reproche. Miho lo miró con enfado y no pudo replicar.
—¿Quieres que te dé otra?
—¿Qué rayos te pasa, Miho? ¿Por qué me golpeaste?
—Te juro que si no quitas esa expresión tan lastimera, voy a golpearte de nuevo, Sousuke —el muchacho se miró en el pequeño espejo que su hermana le tendió. Lucía completamente perdido, como un niño al que habían abandonado.
—Yo…
—Desde que esa mujer regresó has estado haciéndote la víctima —dijo —Torturándote. Pensando qué estará planeando para hacerte sufrir o si regresó para hundirte de nuevo. No voy a negarte que sea una posibilidad, Sousuke, pero pensé que eras más fuerte que eso. Pensé que tenías más confianza en ti mismo, en tus sentimientos por Makoto —Sousuke agachó la mirada, avergonzado. Porque en el fondo sabía que su hermana tenía razón —Estás tan pendiente de ella, que haces a un lado a Makoto y lo que sientes por él. Estoy segura de que ni siquiera sabías que tiene una competencia en dos semanas y que se irá a Okinawa el fin de semana para entrenar. En el océano.
—¿Qué dices?
—Oh, parece que al menos entiendes eso.
—Makoto le tiene miedo al océano. ¿Cómo es que van a obligarlo a hacer algo como eso?
—"Haré lo que haga falta para mejorar", eso dijo —la expresión en el rostro de Miho se suavizó —Makoto está poniendo el bienestar del equipo por encima del suyo propio. Está dispuesto a enfrentar su mayor temor. En cambio tú, ¿qué estás haciendo? Sólo te lamentas y… ¡Oye, no he terminado de hablar! —exclamó, cuando vio que Sousuke se había levantado de la cama y buscaba las llaves del auto —¡Sousuke!, ¿adónde vas?
—A despejar mi mente —giró el pomo de la puerta y miró a su hermana —Gracias, Miho —y se fue.
—Cielos, este chico —entonces sintió unos golpecitos en la barriga —Vaya que tienen un tío problemático, ¿verdad, Ren, Ran? —añadió, mientras se acariciaba la barriga con cariño.
S & M
Mientras ponía el auto en marcha, Sousuke tecleó un mensaje rápido y salió a la carretera moderadamente congestionada, pisando el acelerador.
Estaré ahí en quince minutos. Ponte el traje de baño.
¿Cuáles serán las verdaderas intenciones de Aki?
