'Los personajes de Mizuki e Irigashi no me pertenecen.
Esta historia ha sido escrita y publicada sin fin de lucro'
"Horóscopos Para Veintiún Días"
Por CandyFann
Capítulo 21
Día 20
No todo lo que brilla es oro
A lo largo de una vida hay muchas ocasiones en las que una familia se reúne en tiempos de adversidad o dicha y se ve obligada a presentar un frente unido. Típicamente un evento como una boda, un bautismo o un cumpleaños son ocasiones llenas de júbilo donde es apto celebrar como familia. En eventos más sombríos como una enfermedad repentina o un funeral, el cariño del seno familiar es un bálsamo que brinda consuelo y compasión en un tiempo colmado de dolor y tristeza.
Para la familia reunida en la vasta biblioteca de Lakewood, sin embargo, la lectura del testamento de Elroy no era ni una ocasión de gozo como tampoco una que requería consuelo. Nadie sabía qué esperar del último capricho de Elroy salvo lo inesperado y la mayoría de los ahí reunidos, con la excepción de Elisa Leagan, habían asumido antemano que la mayor parte de la fortuna de la anciana iría a para en los cofres de alguna organización de caridad desconocida por la familia.
Sebastian Green llegó puntualmente después del desayuno y encontró a la familia ya congregada en la biblioteca y lista para escuchar las indignantes demandas de Elroy Ardley por última vez.
Archie, sentado en un sofá junto a su esposa, estaba ocupado distraídamente organizando su agenda en su iPhone para los próximos doce meses. Stear, siempre estoico, se mantuvo de pie y en silencio junto a Patty, quien estaba sentada en un cómodo sillón orejero sufriendo en privado oleada tras oleada de náuseas matutinas. Cerca de ella se encontraban Mathew y Elizabeth Cornwell, ambos luciendo un tanto exasperados por ser obligados a estar presenta en la odiosa reunión ya que probablemente deseaban pasar su tiempo jugando con sus nietos en el jardín congelado en lugar de verse forzados a escuchar lo que sin duda sería una larga lista de reproches de la recién difunta matriarca. George y Rosemary se quedaron de pie cerca de una ventana, observando en silencio la nieve cayendo fuera.
Maree, la fiel criada de Elroy y la única persona que no compartía lazos sanguíneos con alguien en la familia, buscó refugio entre los estantes repletos de libros, sentándose lejos del pequeño grupo en un banquillo que normalmente era usado como escalera para alcanzar libros en los estantes más altos.
Sólo Eliza Leagan parecía ajena a la sofocante tensión claramente palpable en la habitación, paseándose alrededor de la biblioteca en sus zapatos de aguja, bebida en mano, y un vestido que apenas cubría su modestia como si estuviera a punto de visitar en una discoteca.
Al ver llegar al abogado, Elisa fue la primera en chillar su enfado. "¿Cómo se atreve a concertar una reunión a esta hora? Apenas son las nueve y normalmente yo jamás despierto antes de las diez. Es usted un individuo sumamente inconsiderado."
Ignorando el 'saludo' de la pelirroja, Sebastian se dirigió directamente hacia un elegante escritorio de teca y colocó dos ordenadores portátiles sobre este. Con el primer ordenador, el abogado hizo una llamada de Skype a Albert, quien respondió desde el hospital usando su iPhone. "Buenos días, señor Ardley," le saludó Sebastian cortésmente al ver el rostro del rubio, cubierto aun por vendas y moretones. "¿Está listo para comenzar?"
"Adelante, Sebastian. Estoy listo."
Con un breve asentimiento de su cabeza, el señor Green abrió el segundo ordenador, presionando el teclado hasta que encontró el archivo correcto. La pantalla del ordenador súbitamente cambió de color, y el rostro de Elroy Andrew apareció en todo su amargo esplendor.
El abogado explicó el significado del video brevemente. "Madame Elroy quería asegurarse de que nadie malinterpretara su última voluntad y testamento, por lo que insistió en hacer que sus deseos fueran divulgados a ustedes, su familia y a su compañera más fiel, a través de este video. Esta grabación fue hecha hace tres años, unos días después de la última reunión familiar aquí en Lakewood. La información descrita en este video también ha sido transcrita en un documento que ella firmó y selló como su testamento. He traído dicho documento aquí para su lectura si alguien quiere leerlo. Sin embargo, creo que este video explicará todas sus preguntas."
"¿Hace tres años? Esa fue la última vez que todos estuvimos juntos aquí para el bautizo de Drew," susurró Patty a su marido.
Stear asintió gravemente, hablando con su esposa en un tono apagado. "Sí, así es, mi amor. Y también recuerdo que esa fue la última vez que Albert y mi tía abuela tuvieron una gran pelea. Esto será sumamente interesante."
La mirada fría de Elroy llenó la pantalla del ordenador, y la imagen parpadeó cuando Sebastian presionó una tecla para comenzar el video.
La anciana en la pantalla comenzó a hablar sin demora. "Si están viendo esto, entonces eso significa que debo estar muerta. Con el fin de evitar disputas entre ustedes, decidí explicarles personalmente cómo he decidido dividir mi riqueza y posesiones entre mi familia y amigos. He hecho provisiones en mi testamento para que nadie pueda oponerse a cómo he decidido dividir mis bienes, así que si alguien está de alguna manera decepcionado por mis decisiones, ese no es mi problema. Es mi dinero y haré con él lo que me plazca.
"A mi sobrina Elizabeth Cornwell le dejo la colección de joyas de mi madre. Esta colección se ha pasado en nuestra familia de madres a hijas por generaciones. Nunca tuve una hija y mi sobrina Rosemary no merece tal honor así que la colección debe por lo menos ir a para en las manos de alguien que nació llevando la sangre Ardley en sus venas. Elizabeth tampoco tuvo hijas, así que cuando llegue el momento espero que pase la colección a su primera nieta si uno de sus hijos alguna vez tiene la desgracia de engendrar una hembra."
"¡Ala Annie!" susurró Archie a su esposa. "Nuestras chicas heredarán las perlas mustias de mi tía y sus diamantes malditos."
"¡Cállate Archie!" siseó su esposa en respuesta, preguntándose a sí misma si había una forma sutil de convencer a Elizabeth para que nunca fuera a heredarle a sus hijas una colección de joyas malditas por décadas de odio.
La vieja en la pantalla continuó. "Para Archie y Stear Cornwell, dejo mis pertenencias personales para que sean divididas entre ellos como les plazca. Se incluye en ello mi colección de arte, muebles y cualquier otro artículo personal que se encuentre en mis aposentos en el momento de mi muerte. "
"Quiero colgar la pintura de Picasso en mi biblioteca," exclamó Archie dirigiéndose a su hermano en tono de broma. "Tú puedes quedarte con todo lo demás. Los vestidos de mi tía no me sientan bien y están muy pasados de moda para mi gusto."
"Como quieras. Me gusta más la colección de Pollacks y sus bolsos de todos modos," respondió Stear esbozando una media sonrisa.
"¡Chicos!" los reprendió Elizabeth tratando de ocultar una risita nerviosa. "Por favor compórtense como adultos. Este no es el momento ni el lugar para bromas tontas." Como un par de niños traviesos, Archie y Stear se encogieron de hombros exactamente de la misma manera, y su madre rápidamente tuvo que sofocar una carcajada.
"Para la hija de mi prima y mi única ahijada Elisa Leagan," continuó Elroy en el video, frunciendo los labios al decir el nombre de la chica. "Tu comportamiento y tu escandalosa falta de moral deja mucho que desear. Me alegro de que tu madre, mi querida Clara Leagan, ya está muerta para que no tenga que vivir con la vergüenza de ver a su hija convertida en una furcia. Para ti, Elisa, dejo algo que he mantenido oculto durante muchos años. Aunque quizás tu ya no lo recuerdas, yo nunca olvidé tu intento de chantajearme. Yo consideré el dinero que te di en ese momento parte de tu herencia. Tu propensión a la extorsión y tu considerable avaricia te convirtieron en una enemiga de mi familia y del legado que juré resguardar por toda mi vida. Con eso en mente, desde ese instante te hice seguir por un equipo de detectives privados que han monitoreado y grabado cada una de tus depravaciones hasta el día de mi muerte. Sebastian tiene en su posesión un dispositivo de almacenamiento informático lleno con la evidencia de tu inmundicia. Hay fotos, grabaciones de voz, así como grabaciones de vídeo. Hasta hoy, lo poco que he visto, me enferma. Planeaba usar este material contra ti si alguna vez te atrevías a poner un pie en mi casa para tratar de chantajearme nuevamente. Ahora que estoy muerta, no veo ninguna razón para seguir guardando toda esa evidencia así que le instruiré a Sebastian que te la envíe lo antes posible. Espero que pronto aprendas a cerrar las piernas y hagas algo más con tu vida que acostarte con viejos ricos."
"¡Esa bruja de coño!" gritó Elisa a todo pulmón. "Incluso desde el infierno sigue siendo una perra tacaña." Y con el rostro púrpura de rabia, salió de la biblioteca dando zancadas, lanzando su copa de cóctel vacía contra la pared antes de cruzar la puerta.
"Como de costumbre, Elroy Ardley siempre debe tener la última palabra," murmuró Rosemary cuando Elisa salió dando un portazo.
"Tu tía siempre supo cómo apuñalar a sus enemigos cuando menos lo esperaban, y esta vez lo ha logrado desde la tumba," respondió George con una sonrisa irónica.
Pronto fue el turno de Rosemary para recibir su puñalada.
"A mi sobrina Rosemary. Te devuelvo las joyas, fotos y posesiones personales de tu madre, Priscilla Ardley. Guardé todo en un baúl de madera en el ático cuando decidiste huir con ese inútil George Johnson. Al menos me alegra saber que ese idiota no es tan viril como otros hombres y no te ha dejado embaraza con un nuevo bebé cada año de matrimonio. Por otro lado, supongo que tampoco no es un eunuco ya que pudiste tener un hijo. De todos modos, como él fue la razón por la que tú decidiste deshonrar el legado de nuestra familia, sólo puedo desear con toda sinceridad que el nombre de los Johnson muera con tu hijo Anthony. Tu belleza e inteligencia estaban destinadas para algo mejor, Rosemary, y no aportaste nada más que decepción y mediocridad a nuestra familia. "
"Me alegro de que nunca supiera de los cuatro abortos espontáneos que tuve en el pasado antes de que finalmente pudiera dar a luz a Anthony y los tres que tuve después de su nacimiento," dijo Rosemary con voz rota y un torrente de lágrimas surcando sus mejillas. "De lo contrario, Elroy probablemente hubiera encontrado la manera de culparte por ellos, mi amado George."
George abrazó a su esposa, estrechándola contra su pecho. "Si no estuviera muerta, juro que estrangularía a la vieja bruja por todas las lágrimas que te ha hecho derramar a lo largo de tu vida."
Los ojos de la anciana se volvieron más oscuros, algo que la familia, después de haber escuchado todas sus atrocidades, tal vez pensó sería casi imposible. "En este momento, me gustaría explicarle a mi sobrino, William Albert Ardley, cuál es mi legado y qué significa la carga de la expectativa para un Ardley."
El rostro de Albert en la pantalla del ordenador palideció con aprensión.
"Ser un Ardley significa creer en el legado de nuestros antepasados, quienes vinieron de Escocia después de huir de la guerra y persecución hace 300 años. Significa sentir orgullo y admiración por el apellido Ardley. Nuestro nombre significa estructura, trabajo duro, sacrificio personal y triunfo sobre la adversidad. A través de generaciones, hambre y guerra, nuestra familia ha sobrevivido y prosperado donde otros han perecido. Por supuesto, ser una mujer en nuestra familia no ha sido nada fácil, ya que el apellido no se pasa a través de la línea femenina. Eso significa que nuestros esfuerzos y sacrificios difícilmente han sido reconocidos. Claro, todo cambió cuando yo tomé las riendas del imperio de nuestra familia. Yo, Elroy Ardley, una mujer, fue quien dirigió la compañía y la familia hacia la abundante riqueza que todos hemos podido disfrutar durante los últimos 50 años.
"Los accionistas de nuestra empresa siempre han sido miembros de la familia, con el heredero masculino siendo siempre el mayor accionista. Este accionista ahora eres tú, William. Ahora tú posees el 80 por ciento de las acciones de la compañía, una vasta fortuna en el mercado actual así como todas las propiedades de mi abuelo, mi padre y tu propio padre. Debo añadir, sin embargo, que si nuestra compañía, fundada por mi abuelo, proporcionó la base para nuestra riqueza, yo fui el arquitecto que finalmente vio todos sus sueños llegar a su conclusión. Tu padre, tengo que admitir, fue un hombre completamente inútil en el mundo de negocios. Era perezoso, carecía de visión para el futuro y estaba mucho más preocupado con su propia familia que con nuestro legado. Por supuesto... no se puede esperar perfección cuando estoy hablando de un ser humano tan imperfecto y sin mayor valor."
"¡Dios mío!" exclamó Annie, incapaz de mantener su lengua quieta un segundo más. "¿Por qué esa bruja odia tanto a su hermano?"
La difunta Elroy Ardley contestó esa pregunta como si hubiera estado presente en la habitación en ese instante. "Supongo que ahora mismo te preguntarás por qué odio tanto a tu padre, mi propio hermano. Y supongo que esa es una pregunta justa pero una que probablemente es demasiado complicada de entender. Sin embargo, poniendo las cartas en la mesa de una vez por todas, voy a hacer todo lo posible para explicarte por qué la vida de Henry William Ardley fue solo un error abominable."
"Sebastian, ¿es esto realmente necesario?" imploró Stear mirando al abogado, temiendo el impacto que las palabras de Elroy podrían tener sobre la frágil salud de Albert.
"Lo siento. Me temo que sí," respondió Sebastian con un suspiro pesaroso.
El espectro de Elroy Ardley continuó. "Mi padre, un hombre débil, no podía lidiar con el peso de la expectativa que mi abuelo le otorgó con su muerte. En público, era un hombre piadoso, un pilar de la comunidad. En privado mi padre era un alcohólico furibundo, y al principio de su matrimonio mi madre aprendió simplemente a soportarlo o peor, ignorarlo. A menudo ella estaba de vacaciones en Escocia, visitando a sus parientes, y me dejaba en casa para cuidar de mi padre.
"Cuando yo tenía diecisiete años, mi padre llevaba una semana de borrachera en Nueva York y al volver a nuestra casa en Chicago, todavía estaba completamente borracho. Una vez que llegó a casa, traté de llevarlo a su habitación yo misma, para lo que los criados no lo vieran en ese estado tan deplorable. Lo llevé casi a rastras a su cama, y cuando traté de irme, me agarró por el brazo, llamándome un nombre de mujer desconocido para mí.
"Yo era una chica fuerte, pero él fue más fuerte que yo y no pude pelear por mucho tiempo. Me golpeó a un lado de mi cabeza varias veces después de que le mordí el brazo, y luego... lo último que recuerdo fue un puñetazo seguido por el sonido de mi camisón al ser rasgado para exponer mis pechos. Desperté unas horas más tarde con mi cabeza zumbando, adolorida, sangrando y magullada, con mi padre desnudo y acostado a mi lado. Corrí a mi habitación, encerrándome en mi baño. Me senté bajo una ducha caliente durante casi una hora, llorando y tratando de entender lo que me había sucedido.
"Al día siguiente, tan pronto como su resaca terminó, mi padre decidió ir a Escocia a buscar a mi madre. No sé si él supo en ese momento lo que había hecho, pero si no lo hizo, ciertamente lo supo cuando regresó con mi madre tres meses después y me encontró embarazada. Pude ver por la mezcla de horror y sorpresa en sus ojos que en ese instante descubrió lo que en realidad él me había hecho y que todo no solo fue una pesadilla etílica.
"Temiendo por la cordura de mi madre, le dije que había tenido una aventura con un teniente del ejército americano en su ausencia, y el niño era el producto de esa unión. En cuestión de días mi madre había tramado el plan perfecto. Zarparíamos de inmediato y ella me llevaría a una pequeña granja en Escocia donde yo daría a luz y luego ella traería al niño de vuelta a América como su propio hijo. Yo iría a terminar mi educación a un internado en Londres y mi 'indiscreción' quedaría olvidada.
"Así que... lo siento William. Tu padre no fue más que la encarnación de todo lo que fue débil y perverso en mi padre, su error incestuoso. Y aunque él sabía que Henry era una abominación, todavía tuvo el descaro de nombrarlo como su heredero por el simple hecho de ser hombre. Lo hizo a pesar del sacrificio que fue mi silencio, el silencio que siempre guardé con el fin de preservar la integridad de su nombre y su posición en la compañía.
"Por supuesto, una abominación sólo podía crear otra abominación, y pronto tú naciste. Tal como tu padre, tu obscenidad, indecencia e inmundicia no son más que una marca negra contra el nombre de los Ardley, una apellido que he amado por encima de todo a causa de los valores que mi abuelo me inculcó cuando apenas era una niña.
"Si estás escuchando esta versión de mi video, supongo que eso significa que has logrado sobrevivirme y no has muerto de una sobredosis de drogas, así que sólo puedo rogar que ahora que estás a cargo no destruyas todo por lo que yo he sacrificado mi vida y dignidad. Disfruta del legado que la sangre maldita de tu padre y el mío ha contaminado para mí y que no pude apreciar en vida. Ahora solo espero que nunca tengas hijos que puedan heredar tu repulsiva enfermedad."
Lágrimas de rabia y frustración brillaron en los ojos de Albert quien permaneció en silencio en la pantalla del primer ordenador, tratando de digerir la horrorosa verdad de su tía y entender su odio.
Elroy por fin llegó a la última persona mencionada en su testamento. "Y finalmente, a Maree. La única mujer que siempre entendió la carga del legado de Ardley y que hizo todo lo que le pedí sin cuestionarme. Te considero la única persona digna de beneficiarse de mi muerte. Como agradecimiento por tus largos años de servicio, te dejo toda mi fortuna personal, una cantidad ahora cerca de los sesenta millones de dólares. Sé que lo disfrutarás inmensamente y lo invertirás con sabiduría. Adiós."
El gemido colectivo de shock de todos los ahí reunidos silenció el sonido del video llegando a su fin. Cuando toda la familia se volvió a buscar a Maree con la mirada, esta emergió temblando de su escondite, su rostro tan blanco como una hoja de papel. "Esto debe... esto debe ser un error. La señora Elroy nunca... nunca podría dejarme toda su fortuna. ¡Ella incluso protestó el año pasado cuando le pedí un aumento de sueldo tras cuarenta años de nunca pedir uno!"
"No es un error," le aseguró Sebastian a la criada, cerrando suavemente la pantalla del segundo ordenador. "Y en realidad, con las inversiones que Madame Elroy hizo desde que se filmó este video, su fortuna en el momento de su muerte es más cercana a los setenta millones de dólares. Tengo los últimos estados financieros conmigo si alguien quisiera informarse al respecto."
"Por lo menos ahora sabemos que su fortuna no va a ir a parar a una oscura Sociedad para la Preservación del Calzado del siglo Diecinueve," pronunció Elizabeth Cornwell con una sonora carcajada. "Felicidades, Maree," dijo abrazando a la atónita criada con verdadero cariño. "Te mereces cada centavo por haber soportado a esa bruja sin queja alguna por tantos años. Espero que ahora puedas disfrutar el fruto de décadas de tu arduo trabajo."
"Sebastian, ¿puedo hablar con mi hermano a solas por un momento?" preguntó Rosemary con los ojos firmemente clavados en el pálido rostro de su hermano, visible aun a través de la otra pantalla.
"No creo que nadie se oponga a ello, mi amor," declaró George antes de que el abogado pudiera abrir la boca para responder, rápidamente dirigiendo a todos los congregados hacia la cocina con la promesa de una taza de té o café y pastel recién horneado.
Una vez a solas, Rosemary se sentó frente al escritorio, girando el ordenador portátil para poder ver a su hermano. "Ay Bertie. ¡Qué horror! Lo siento mucho...yo nunca... nunca supe la razón por la que Elroy odiaba tanto a nuestro padre. Y ahora... el saber la verdad no me hace sentir mejor. Esto es simplemente horrible... ¡horrible! En cierto modo, este conocimiento responde a tantas preguntas de nuestra niñez, pero existen mil más que aún quedan sin respuesta."
"Yo... no sé qué decir, Rosie," susurró Albert, como una lágrima rodó por su mejilla marcada de moretes. "Aun puedo sentir su odio y... y es difícil para mí creer que en verdad no merezco nada de eso. Quiero decir... mi abuelo la violó, y nuestro padre fue un recordatorio diario de su dolor y vergüenza. Después de tanto tiempo y rencor ¿quién fue Elroy para nosotros? ¿Nuestra tía o nuestra abuela?"
Los dedos de Rosemary temblaron levemente, deseando poder tocar las mejillas de su hermano y limpiar sus lágrimas tal como solía hacerlo cuando era un niño. "Ella fue una mujer amarga que se vio obligada a soportar un crimen horrendo en silencio. Nunca se le permitió lidiar con su violación y cuando su padre murió, ella canalizó toda su furia y frustración en su trabajo. El éxito de Elroy fue basado en su crueldad, Bertie. Se convirtió en una mujer temida y sanguinaria. No permitió que nadie se acercara a ella, ni siquiera a su propia familia. Ella podría haber elegido desmantelar todo lo que su padre había construido, vender todo, ir a terapia... ¡no sé! Tuvo tantas opciones a su disposición y en su lugar decidió odiar a nuestro padre con todo su corazón, y luego a nosotros, hasta el día de su muerte. Nuestro padre nunca se mereció su odio y tú tampoco, ¿lo entiendes? No permitiré que ahora te culpes por sus decisiones."
Sorbiéndose la nariz un poco, Albert asintió con labios temblorosos. "Tienes razón, Rosie. Ella podría haber hecho las cosas de otra forma y en su lugar eligió ser consumida por su odio y rencor. Yo... ahora sólo puedo sentir más tristeza por nuestro padre. Jamás supo quién era en realidad y se convirtió en un adulto creyendo desde su infancia que era un fracaso. Ahora sé que sólo… sólo era un alma herida. Mi padre resultó siendo igual que yo."
Rosemary sacudió su cabeza de lado a lado lentamente. "Pero, a diferencia de nuestro padre, todavía tienes a una buena mujer en tu vida que te ama incondicionalmente, Bert. El amor de Candy te ha animado a crecer como hombre... un buen hombre. Siempre creí que eras una buena persona, Albert. Tú fuiste el único que nunca lo creyó y Candy te ayudó a cambiar eso en ti mismo. Cualesquiera que fuesen las diferencias que ustedes tuvieron en el pasado, yo creo que ahora ambos son más maduros y están mejor preparados para estar juntos como pareja. Es verdad que eres un alma herida como nuestro padre, pero tú has encontrado y aun tienes a tu lado a la mujer adecuada para ayudarte a sanar."
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La rutina monótona dentro de una habitación de hospital normalmente hubiera llevado a Albert al borde de la locura. Sin embargo, en su actual estado de ánimo, el joven agradeció la previsibilidad de su aburrido entorno. En los próximos días necesitaría muchas horas de soledad e introspección para pensar sin distracciones y así poder determinar el rumbo que tomaría su vida al salir del hospital.
Porque ahora que sabía la verdad de su existencia, no podía negar el profundo asco bullendo en su interior por legado maldito de su familia. El precio de toda la riqueza y esplendor asociado con el nombre Ardley fue la virtud de una muchacha, su terrible sufrimiento y dolor.
¿Qué demonios iba a hacer con esa maldición?
Con el continuo movimiento de personas entrando en su habitación para examinar sus heridas con predictibilidad monótona, los pensamientos de Albert se dirigieron hacia los cientos de trabajadores encargados de llenar las arcas de la familia con más riqueza inútil... trabajando incansablemente como un ejército de hormigas para generar aún más dinero, más posesiones. Hombres y mujeres con familias que dependían de ellos.
"¿Para qué?" se preguntó a sí mismo en silencio, mientras enfermeras y médicos cambiaban sus vendas y revisaron sus lesiones. "¿Cuándo será suficiente todo ese dinero?"
Su fortuna era ahora una de las más grandes del país, si no bien del mundo. Y sin embargo, ¿acaso todo ese dinero y poder lo habían hecho feliz?
No.
Su felicidad siempre fue gratis. Gratis al lado de una pequeña rubia de ojos verdes.
En un pasado no muy lejano su felicidad consistió en sentarse al lado de Candy frente a la televisión en su apartamento, comiendo sándwiches y viendo una película antigua. Su felicidad era despertar al lado de ella cada mañana, tomándola en sus brazos mientras hacían el amor en la penumbra de su habitación con olor a rosas.
Albert gimió cuando un médico tocó su brazo lesionado.
Maldito dinero.
Incluso si alcanzaba a vivir por cien años más, jamás podría derrochar la vasta fortuna que le había sido legada o incluso sus hijos serían incapaces de hacerlo.
La imagen de Candy sentada fuera de la pequeña cabaña en Lakewood cruzó su mente. Por un momento efímero, él se atrevió tontamente a creer que juntos podrían ser felices en Lakewood; viviendo en la pequeña cabaña, jugando con los niños de Stear.
¿Acaso había sido un idiota por desear que todos pudieran quedarse en Lakewood y vivir como lo habían hecho por casi tres semanas? ¿Realmente existiría esa posibilidad?
"Hoy vamos a trasladarlo a una habitación privada, señor Ardley," dijo uno de los médicos, escribiendo con rapidez vertiginosa en el expediente de Albert. "Se está recuperando bien y, si continúa de tal forma, estaré encantado de enviarlo de vuelta a casa dentro de tres semanas."
"Me gustaría regresar a mi casa mañana mismo," alegó Albert escuetamente. "Voy a emplear un equipo médico para que cuiden de mí y supervisen mi recuperación."
El doctor miró severamente a Albert por encima de sus gafas. "Puede ser que usted está acostumbrado a ser el jefe en su mundo, señor Ardley, pero dentro de esta habitación YO soy el jefe y seré la persona que le hará saber cuándo usted estará lo suficientemente bien como para volver a su casa. Por supuesto, si usted tiene un equipo médico a su disposición, su estadía en este hospital puede reducirse por una semana o dos, pero no voy a tomar esa decisión hasta estar completamente seguro de que sus lesiones no resultarán en complicaciones adicionales."
Albert gruñó y luego asintió con la cabeza. "Eso me parece justo."
"A mí también," respondió el médico con una sonrisa sacarina. "Pronto una enfermera estará aquí para ayudarle a prepararse para el traslado. Nos veremos más tarde."
El doctor salió de la habitación y, segundos después, el teléfono de Albert comenzó a sonar. Tomando lentamente el iPhone descansando en su mesa de noche, el rubio vio el nombre de Candy parpadeando en la pantalla.
"Hola mi amor," respondió tan pronto como sus heridas, tubos y vendajes se lo permitieron. "¿Cómo estás?"
El rostro de Candy apareció en la pantalla, con sus bellos ojos rebosando lágrimas. "Annie me llamó y me explicó lo que pasó esta mañana durante la lectura del último testamento de Elroy. Yo... lo siento mucho, Albert. He estado intentando entender lo que pasó pero todo me parece tan increíble. No estaba segura si querrías hablar conmigo sobre eso, así que no te llamé antes. Pero es casi mediodía y necesitaba oír tu voz y saber que estás bien. ¿Te encuentras bien?"
"No, por el momento no estoy bien," él respondió con un suspiro. "Sin embargo, sé que algún día estaré bien. Probablemente necesitaré meses de terapia con un equipo de psicólogos pero te prometo, cariño, que pronto estaré bien."
Sorbiéndose la nariz un poco, Candy le ofreció una sonrisa trémula. "Albert Ardley en terapia... pensé que nunca llegaría el día en que esa posibilidad existiese."
Deseando poder besar esos labios sonrientes, Albert se imaginó a si mismo acariciando las tersas mejillas con ternura. "Te dije que voy a cambiar. Y voy a hacer lo que sea necesario para convertirme en una mejor versión del hombre que solías conocer. Dime, mi amor, ¿aun estas en el hospital? ¿Te gustaria subir a visitarme por cinco minutos? Juro que me comportaré como un buen chico, pero en este momento necesito darte un beso."
Candy asintió, emitiendo un suspiro. "Sí. Todavía sigo en el hospital y en este instante mi tía me está ayudando a empacando mis cosas. He hablado con Stear y vendrá dentro de un par de horas para llevarme al aeropuerto. He decidido aceptar tu amable oferta del uso de tu jet privado y volveré a Toronto esta noche. Una enfermera me visitará mañana en mi apartamento, así que necesito estar en casa antes de eso. ¿Está bien? Mira Albert, yo… yo puedo cambiar mis planes si tú quieres pero... pero ya que estarás en el hospital por mucho tiempo, pensé que podría volver a casa y después regresar a Lakewood, o dondequiera que estés, una vez que me haya recuperado de mi fractura."
Albert escondió la tristeza en sus ojos detrás de una amplia sonrisa.
Por supuesto, su sueño sólo había sido eso: un estúpido sueño.
Las semanas vividas en familia en Lakewood fueron unas vacaciones fuera de su fría realidad, nada más que una bonita fantasía que ahora llegaba a su conclusión.
"Creo que es un plan excelente," expresó con alegría fingida. "Vamos a hacer que nuestra relación funcione, Candy. Y viajaremos a visitarnos todos el tiempo. De hecho, creo que nos veremos tan a menudo que pronto te acostumbrarás al jet privado y nunca más volarás en una aerolínea comercial. Te convertirás en una persona fufurufa... como Archie."
La carcajada de Candy fue sincera. "¿Por qué te encanta burlarte tanto del pobre Archie? ¿Acaso tienes algo en contra de él? ¡Es mi cuñado!"
"Vamos Candy, tienes que admitir que Archie me lo pone demasiado fácil. Además… es mi sobrino menor. Es mi obligación como tío burlarme de él."
Los labios de Candy se torcieron en una mueca divertida. "Pensé que Anthony era tu sobrino menor."
"Te recuerdo que aún no he conocido a Anthony cara a cara. Aunque por lo que me cuenta Rosie, creo que tendremos muchas cosas en común. Es un surfeador, le encantan los animales y es un excelente cocinero. En este momento es verano en Australia, así que es la temporada de competencias. Planeo visitar a Rosie y conocer a Anthony en abril del próximo año y me gustaría mucho que me acompañaras."
"Por supuesto," respondió Candy primero con entusiasmo, y luego con más seriedad. "Claro, mi capacidad para viajar depende de mi horario de trabajo, pero estoy segura que de alguna manera vamos a lograr que esto funcione. No puedo prometer nada concreto en este momento… pero voy a tratar de acompañarte en tus viajes siempre que me sea posible."
"Eso me gustaría mucho," declaró Albert esbozando una sonrisa triste. "¿Prometes subir a darme un beso antes de irte? Me gustaría despedirme de ti como Dios manda."
La rubia hizo un mohín. "Depende. Estaré con mi tía así que tendrá que ser una despedida casta. Nada de besos pornográficos enfrente de mi ella."
Fingiendo ofensa, Albert alzó la cejas como si estuviera sorprendido por la acusación. "¿Un beso pornográfico? ¿De mí? ¡Cómo te atreves a pensar en tal cosa!"
"No lo sé… talvez porque tus labios me incitan a tener pensamientos perversos y mis neuronas se achicharran cada vez que estoy contigo."
Albert suspiró y gruñó al mismo tiempo. "Uff… chica mala. Se me pone dura cuando hablas de esa manera."
Candy le guiñó un ojo coqueto. "A ti siempre se te pone dura."
"Solo cuando estoy contigo," confesó él sintiendo su miembro tensándose de golpe bajo la montaña de sábanas, cables y tubos. "Ahora tendrás que esperar diez minutos para subir. No creo que a tu tía le haga gracia verme luciendo como carpa de circo en este momento. "
"Nos veremos en cinco minutos. A mí sí se me apetece mucho ver esa carpa de circo que tienes por ahí. Le pediré a mi tía que espere fuera de la sala, por si acaso un beso casto pasa a ser algo más… perverso."
Albert se rindió. Su rubia siempre sería su perdición. "Te amo. Date prisa."
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Continuará…
Gracias chicas por toda su paciencia y apoyo.
Ya solo queda un capítulo más y luego el epilogo si ustedes desean que escriba uno.
Lamento mucho no poder actualizar con más frecuencia pero espero que este capitulo sea de su agrado.
Ya sabes, a las que tienen la opción de recibir MP, responderé a sus comentarios directamente.
Mayo, 2019
