MI PRINCIPE ENCANTADO

Hola chicas aquí les traigo una adaptación de la novela de Julie Garwood con los personajes de Inu-Yasha de sensei Rumiko

Así que ACLARO: esta historia no es mía, pero cuando la leí solo pude imaginarme a Sessho y a Kag en estos personajes jejeje :)

SI VEN PALABRAS SEPARADAS ES CULPA D FANFICTION NO MIAS JEJEJEJEJEJE

DILCULPEN CHICAS POR NO RESPONDER COMO ANTES DE NUEVO SOLO QUE SI NO SUBO EL CAP. SE QUE ME MATAN NO HE TENIDO TIEMPO MIL DISCULPAS A TODOS LOS QUE LEEN.

SE QUE QUIEREN MATARME POR HACERLES ESPERAR TANTO PERO VEANLO DE ÉSTE MODO, SI ME MATAN NO VAN A SABER COMO TERMINA JEJEJEJEJE

GRACIAS POR SUS REVIEWS A HEKATE AMA, MIA, AKYMAYSESSHOMARU, LADY ADRIANA DE GRANDCHESTER, PERLA, AZULDCULLEN Y A LLYL! EN EL ANTERIOR CAP.

SALUDOSSSSSS

Cap. 21

Nuestra voluntad y nuestro destino corren opuestos.

Shakespeare

Hamlet

-¿Te has vuelto loca?

Sesshomaru se lo preguntó en un susurro. Parecía ronco. Trataba con todas sus fuerzas de dominar el genio, pero le estaba resultando difícil. Le dolía la garganta por el impulso de rugir. Temblaba de alivio al verla aún viva y ardía de furia por los riesgos a que se había expuesto. Pero ella estaba bien, se dijo por décima vez. No se había matado en el viaje. Él, en cambio, había muerto mil veces en su preocupación por ella y los niños, durante el raudo viaje hacia ellos.

Kagome nunca lo había visto tan enfadado. Se descu brió temblando como reacción ante esa furia. Pero no le tenía miedo. Eran sólo... nervios. Sabía que era preciso hacerle frente. Él debía entender cómo iban a ser las cosas.

-Esperaba verte alterado -comenzó-. Pero ver tu cólera es mucho peor que imaginarla. Te agradecería que trataras de serenarte.

-Respóndame, señora Taisho.

Ella tuvo que contenerse para no hacer un gesto de miedo.

-Muy bien -accedió, tratando de dar a su voz un tono sedante-. No, no me he vuelto loca. Lin, Rin y Daniel David tienen pleno derecho a llamarte padre.-Cuadró los hombros y dio un paso más-. Y, mien tras no tengan edad y fuerzas suficientes para arreglárselas sin padres, tendrán que cargar con nosotros dos.

Había interpretado muy mal lo que él le pregunta ba. A Sesshomaru le pareció que lo hacía adrede. Pasando por alto ese discurso sobre la paternidad, la devolvió a la pregunta cuya respuesta deseaba.

-¿Por qué has venido aquí? ¿En qué cuernos esta bas pensando?

-Queríamos estar cerca de no lo convenció.

-Yo estaba en Chicago -le recordó-. ¿Sabes dónde se encuentra Chicago, Kagome?

-Sí, por supuesto.- Él asintió.

-Y para estar cerca de mí viajaste más de miles de kilómetros en la dirección opuesta. ¿No es así?

-No creo que haya sido tanto -objetó ella. Sesshomaru cerró los ojos y contó hasta diez. Luego vol vió a empezar:

-¿Cuándo decidiste venir aquí?

Decirle la verdad no parecía buena idea, puesto que parecía a punto de estallar. Estaba buscando pelea, pero Kagome no pensaba darle el gusto. ¡En pleno centro de la aldea, por Dios, y ante un público que crecía se gundo a segundo! Ella sabía que nadie más podía escu char esa conversación. Cuando Sesshomaru se enfurecía no gritaba, sino que hablaba más quedo. Ese detalle de su personalidad era una verdadera bendición.

-No quiero hablar ahora de eso -le dijo-. Cuando tengamos un momento a solas, será un placer responder a todas tus preguntas.

-Mañana mismo te llevaré de regreso -anun ció él.

Kagome sacudió la cabeza. No pensaba ir a ninguna parte.

Él la sacudió también, pero afirmativamente. Par tirían con la primera luz.

Sesshomaru no quería esperar para recibir sus respues tas, pero se había calmado lo suficiente como para comprender que no estaban en el momento ni en el sitio adecuados para discutir.

-¿Sabes una cosa, papá, sabes una cosa? -Rin le estaba tironeando de los pantalones, repitiendo la pregunta por quinta o sexta vez. Hablaba en susurros, como si quisiera imitarlo.

La alzó para dedicarle toda su atención. Al con templar esos grandes ojos cafés cayó súbitamente en la cuenta de que, cuando creciera, sacaría de quicio a al gún hombre amante de la paz. Igual que su madre.

-No, ¿qué?

-Mamá mató a una asquerosa serpiente.

El desvió inmediatamente la vista hacia Kagome. -¿Eso hiciste?

Ella se encogió de hombros. -Los niños exageran.

-Upa -gritó Lin, alargando los brazos.

Sesshomaru la alzó también y se sorprendió al recibir un beso húmedo en la mejilla. Ella le frotó la barba con la palma de la mano, riendo de placer. Luego le contó que su bebé se había mojado y que ella había tenido que llorar un rato muy largo. Sesshomaru escuchó palabra por palabra. Cuando por fin terminó el relato y ella encogió los hombros, sonriendo de satisfacción, le preguntó qué más había hecho su madre.

Las gemelas se turnaron para informarlo. Kagome quedó atónita ante tanta memoria, pero también mor tificada. Peor se sentiría Sango cuando supiera lo que Rin acababa de contar a Sesshomaru: que ella estaba des nuda y llorando y que Miroku la había besado igual. Kagome echó a andar hacia la carreta donde espera ba Daniel David, con Miroku y Sango. Al oír que Rin se quejaba de que su mamá no le había permi tido ver al gato muerto, apretó el paso.

Sesshomaru fue tras ella. Al llegar junto a Daniel David dejó a las gemelas en el suelo. El niño se mostraba súbi tamente tímido. Tenía las manos hundidas en los bolsillos y la vista clavada en el suelo. Sesshomaru tenía a una me lliza aferrada a cada pierna, lo cual le dificultaba los movimientos, pero eso no le impidió levantar al peque ño para darle un fuerte abrazo.

El chico se lo devolvió. Sesshomaru le susurró algo que le provocó una sonrisa y un gesto afirmativo. Con el niño instalado en un brazo, se volvió hacia Miroku.

-Te debo una.

Su amigo estuvo plenamente de acuerdo. -Ya lo creo.

En ese momento, Goryomaru saludó a Sesshomaru y comenzó a bajar los peldaños. La gente se había mante nido a distancia durante el reencuentro, pero ahora quería participar. Él se vio rodeado de amigos que se turnaban para felicitarlo por su casamiento.

Las mujeres no pasaron desapercibidas. Se las rodeó de inmediato. Gakusaijin pidió permiso para tocarles el pelo. Sesshomaru, al oír la solicitud, ordenó al gigante que mantuviera las manos lejos de su esposa y de su amiga.

De inmediato Gakusaijin se volvió hacia él. Había nota do que no besaba a su esposa. ¿Significaba eso que ha bía problemas conyugales? En ese caso, Touran podría encargarse del divorcio para que Gakusaijin pudiera iniciar el cortejo de Kagome antes de que pasara un mes.

-No habrá ningún divorcio -aseguró Sesshomaru, enfáticamente, sin apartar la vista de su mujer.

No volvió a dirigirle la palabra hasta mucho más tarde. Les llevó dos horas salir de la ciudad. Todo el mundo les ofrecía alojamiento. Cuando Sesshomaru lo rechazó, invitaron a Miroku. Éste también dijo que no. Kagome fue más diplomática. Después de agradecer el ofreci miento, explicó que las gemelas estaban habituadas a dormir en la carreta y que la rutina era muy importante, dada la conmoción que reinaba en torno de ellas. Esta ban exhaustas y necesitaban dormir bien durante toda la noche. Por fin los hombres se declararon de acuerdo.

En verdad, la rutina era importante para los tres niños, pero el verdadero motivo de que ella no quisiera hospedarse en la ciudad era que su esposo no continua ría ignorándola durante mucho tiempo. Y cuando se produjera la confrontación, era mejor no tener público. Puesto que él se mostraba tan intratable, Kagome decidió no hablarle de la casa que había comprado. Bien podían esperar al día siguiente para mudarse.

Amor y confianza. Las dos palabras se repetían en su mente, junto con las preguntas. Se podían tener am bas cosas y… ¿bastaba con una? Ella conocía la respuesta, pero se empecinaba en no dar oídos a la razón. ¿Cuánto tendría que contar a Sesshomaru sobre su pasado?

La respuesta era tan clara como el aire: todo. Como la tarea le parecía temible, dedicó toda su atención a los niños. Mientras estaba ocupada casi era posible apartar de sí las preocupaciones.

Acamparon en una pradera, en el límite sur de Redención. A un lado había un arroyo de aguas claras y el sitio estaba rodeado de árboles.

Al terminar la cena, después de acostar a los niños en una de las carretas, Sango y Kagome decidieron darse otro baño. Miroku las condujo a la parte más profunda de la corriente y las dejó solas, indicándoles que grita ran si necesitaban algo de él.

Sango estaba un poco nerviosa. El claro de luna les permitía ver dónde pisaban, pero no la orilla opuesta. Ella no dejaba de entornar los ojos para es cudriñar la ribera, en busca de cualquier animal sal vaje que pudiera saltar sobre ella. Kagome estaba igual mente aprensiva, aunque por diferentes motivos. Sesshomaru la ponía nerviosa. ¿Qué le diría para hacerle comprender que, en realidad, no quería tenderle una trampa?

Su esposo había desaparecido apenas terminada la cena. Una hora después, cuando volvió al campamento, Kagome y Sango estaban sentadas en una manta, frente a la lumbre encendida por su amigo. Se sentó frente a ellas. De vez en cuando arrojaba un par de ramitas a las llamas, para mantenerlas encendidas.

Las dos mujeres se habían puesto vestidos lim pios para defender el pudor, pero Kagome no se había molestado en usar ropa interior. De cualquier modo,en cuanto subiera a la carreta para acostarse se pon dría el camisón.

Los hombres hablaban en voz baja. Sango se volvió hacia Kagome.

-Sesshomaru todavía está enfadado, ¿no? -preguntó en voz baja.

-Ya se le pasará -aseguró su amiga-. En cuan to comprenda que yo no voy a exigirle nada, estoy segu ra de que se tranquilizará.

-Él no nos quiere aquí. Lo oí decir a Miroku que mañana nos llevará de regreso.

-No nos iremos.

-¿No puede obligarnos?

-Por supuesto que no -afirmó Kagome. Y se des vió un poquito del tema-. ¿Has notado que lleva horas sin dirigirme la palabra?

-Lo he notado, sí. ¿Estás enamorada de Sesshomaru?- La joven dirigió la mirada hacia su esposo, que estaba reclinado contra un tronco, con la mano apoya da en la rodilla, escuchando lo que Miroku le decía. Por su expresión agria, lo que escuchaba no lo hacía feliz. -Lo amo, sí -susurró ella-. Debo de estar loca, en realidad.

Sango no dejaba de echar miradas de soslayo a Miroku. Recordaba lo maravilloso que había sido estar entre sus brazos. Y cuando él la besó...

Apartó el recuerdo. Miroku se marcharía por la mañana.

-"Los hombres deberían ser lo que aparentan' -murmuró.

-¿Sakespeare?

-Sí. Es de Otelo. Miroku debería ser duro, cruel y atemorizante.

-¿Ésa fue tu primera impresión?

-Sí. Pero entonces comenzó a mostrarse amable, dulce y considerado.

Hablaba como si el hombre la hubiera engañado. Kagome se solidarizó con su amiga, pues comprendía sus sentimientos.

-Rin dijo a Sesshomaru que Miroku te había besado.- La castaña se ruborizó. Luego Kagome le contó el resto.

-También le dijo que estabas desnuda.

-Oh, Dios mío.

Sango se había puesto roja. Ella sonrió.

-¿Querías que te besara?

Su amiga iba a sacudir la cabeza, pero asintió.

-Se va -dijo.

-¿Estás segura?

-Sí. ¿Cómo puedo sentir que me abandona? ¿No es una reacción ridícula? ¡Si apenas lo conozco!

-Lo conoces muy bien -argumentó Kagome-. Has pasado días enteros con él, desde el minuto en que partimos de Sioux City hasta esta noche. Te estás ena morando.

-Se va -repitió su amiga

no importa. Somos dos desdichadas, ¿no? Ninguna de las dos ha aprovechado las lecciones del pasado.

-Mi abuela solía decirme que no siempre podría obtener lo que deseaba. Es algo que no acabo de apren der. -Kagome se volvió con un suspiro-. Tendrías que acostarte. Debes descansar.

-Hoy he sentido que el bebé se movía. Se está fortaleciendo.

-Tú también. Ha sido un viaje difícil, pero no te has quejado una sola vez.

-No me pareció difícil. Miroku mantenía un pasa lento. Y recuerda que me obligaba a caminar junto a la carreta todas las tardes.

-Recuerdo que en varias ocasiones tuvo que obli garte a bajar del vehículo.

Sango se encogió de hombros.

Ahora comprendo que lo hacía por mi propio bien.

-¿No te ha dicho por qué se va?

-No sigamos hablando de él -pidió la castaña. Echó hacia Miroku una mirada ceñuda-. ¿Crees que Sesshomaru querrá hablar esta noche contigo?

-Temo que sí. Francamente, no sé qué voy a de cirle. No debo tratar de serenarlo, ¿verdad?

-Dile sólo la verdad -aconsejó su amiga-. Si lo amas, tienes que empezar a confiar en él.

-Pero si confío. Tan fácil decirlo, tan difícil ha cerlo.

Sango sacudió la cabeza.

-Tienes una manera muy extraña de demostrar lo. Confías en él para que proteja a tus hijos, pero no creo que le hayas confiado tu corazón.

-No tengo por qué hacerlo.-Al notar que había elevado la voz, Kagome volvió a reducirla a un susurro .- Ese hombre no quiere estar casado. ¿Cómo crees que reaccionaría si supiera que lo amo?.- Y aventuró la respuesta sin aguardar la de su amiga-. Atrapado -susurró. Volvió hacia Sesshomaru una mirada flamígera, pregun tándose por qué tenía que tocarle un hombre tan difícil.

-"Los hombres son siempre engañosos: un pie en el mar y uno en la costa, jamás constantes a una misma cosa." Shakespeare.

-Eso sí que es cierto -murmuró Kagome. Sango suspiró.

-No soy la persona adecuada para dar consejos -dijo-. Pero te sugeriría que, si Sesshomaru te va ganando la discusión y no encuentras un argumento lógico, po drías citar a Shakespeare.

Kagome se animó.

-¿Qué frases me sugieres?

La castaña se mordisqueó el labio inferior, pen sativa. Pasó un minuto en silencio. Luego dijo:

-Ya sé: "En una falsa disputa no hay valor verda dero".

Kagome repitió la cita con un gesto afirmativo. Sango añadió otra que podía usar si Sesshomaru no se había enfriado lo suficiente. Ahora bostezaba a cada instante. Kagome se puso de pie y ayudó a su amiga a levantarse. Las dos ignoraban deliberadamente a los hombres. Sango iba a retirarse, pero se detuvo.

-¿No te extraña que se haya dado tanta prisa en venir? Miroku dice que debió establecer algún récord. Parecía muy apurado, considerando que no quiere el matrimonio.

Le dio las buenas noches en un susurro y rodeó la fogata para ir hacia la carreta, sin mirar a Miroku. Sabía que haría el papel de tonta si, por educación, se despe día de él. Esa noche sufría demasiado para mostrarse sofisticada. ¿Cómo diantre se le había ocurrido apegar se tanto a él?

Levantando la lona de la parte trasera, subió al ca jón para trepar al interior. Rompió en llanto antes de haber podido desprender el primer botón de su vestido.

Kagome estaba demasiado inquieta para dormir. No quería seguir sentada junto al fuego mientras su esposo la ignoraba. Estaba harta de su grosería. Decidió salir a ca minar. Necesitaba estar sola por unos minutos para domi nar sus emociones. La expectativa de la inevitable con frontación le estaba destrozando los nervios. Tendría que explicarle todo, él merecía conocer la verdad. Y eso reque ría decirle lo de Naraku. Francamente no estaba segura de tener fuerza ni valor suficiente. Volviendo la espalda a su esposo, echó a andar apresuradamente hacia el arroyo.

Los hombres la siguieron con la mirada. Miroku fue el primero en hablar.

-¿Todavía te arde la cara? Porque la mirada que te echó tu mujer debe de haberte quemado.

-Sango estaba haciendo lo mismo contigo -se ñaló Sesshomaru-. ¿La vas a abandonar?

-No veo otra salida. ¿Qué pasó en Chicago?.- Sesshomaru comprendió la indirecta. Miroku no quería hablar de Sango.

-Ryuukotsusei estaba escondido en la casa de su her mano.

-Como tú dijiste.

-No pude apresarlo. Se me interpusieron dos cazadores de recompensas. Pero Ryuukotsusei partió tan de prisa que no tuvo tiempo de preparar el equipaje.

-Dejó el oro.

Sesshomaru asintió.

-Telegrafié a Muso para hacerle saber dónde es taba. Ryuukotsusei cree que me he apoderado de su fortuna.

-¿Vas a ir tras él otra vez?

-No será necesario-explicó Sesshomaru-. Él vendrá por mí. Se llevaron al hermano. Iba vociferando que Ryuukotsusei me culpaba de haberle arruinado la vida, que se lo cobraría. ¿Lo puedes creer, Miroku? El cretino habla de vengarse porque por mí perdió su carrera y su oro. Ha puesto buen cuidado en olvidar que mandó matar a ocho hombres y los vio morir.

-Mandó matar a nueve -le recordó Miroku-. Tú también debías morir, ¿recuerdas?

-Recuerdo, sí.

-Y aún te preguntas por qué todavía estás con vida, ¿no es así?

Sesshomaru descruzó las piernas para levantarse.

-Kagome ya debe de estar bastante tierna -anun ció-. Y tengo mucha curiosidad por saber qué la hizo venir aquí. Estoy seguro de que sus motivos van a vol verme loco.

Miroku lo vio levantarse y dirigirse al lugar por donde se fue Kagome.

QUE LES PARECIO?

Que lindo fue Sessho al saludar así a sus hijos verdad?

Miroku y Sango avanzan son otros que no se entienden jajajajajaa Kag muy preocupada por la charla que tendrá con Sessho jajajajajaja

SALUDOSSSSSSSSSS

GRACIAS A TODOS LOS QUE LEEN ESTA HISTORIA DESDE VARIAS PARTES DEL MUNDO!

Gracias por sus reviews a lov3Sesshumaru, jos, yan-01, Perla, AZUL D CULLEN, Ewaso chan, Mia, hanniane, shinystar200, yam, azuldcullen, hinatita4eva, hekate ama, Llyl, Goshy, Iosi e Iuki, Anilem, goshi y Ayma secret. A las nuevas y a las siempre m escribn GRACIAS!

Pero sobretodo a las q en todos los caps. Me los envían, no sabn q alegría m da leerlos, GRACIASSSSSS!

Y Gracias a los q han puesto la historia en FAVORITOS y en ALERTA!

GRACIAS POR LEER!