Oficialmente morí escribiendo este capítulo... Fue tan... intenso... Y me pasé por 5 páginas de lo que normalmente escribo. Pero necesitaba poner todo lo que escribí para explicar algunas cosas y confundirlos un poco más (?)

En primer lugar, agradecer enormemente a Alice (DiLaurentis), quien me ayudó a organizar todo este embrollo que tenía de las compañías. Ahora estoy más clara buajajajajajajajajja C:

Luego agradecer a mi esposa SMorphine que siempre hace acto de presencia aquí indirectamente. Gracias a ella pude sacar el lemmon el miércoles -le fue llorando alegando que no sabía escribir lemmon y ella tuvo que calmarla- jajajajajjaja

Disclaimer: Bleach sigue perteneciendo a Tite aunque aún no ponga IchiRuki en el manga. Renji es mío :$ -cofalmenoscofenmisfantasíasc of-

POR CIERTO! Desde que la escena de la separación estaba en mi cabeza, me inspiré con la canción 'Losing your memory' de Ryan Star. Los invito a hacerle click al link y ponerle play a la canción en el momento que vean los asteriscos (***) que marcan el comienzo de la escena con la que intenté hacer calzar la canción.

www.#youtube#.com#/#watch?v=4tVuk0fZufQ

Sólo quiten los cuatro # , y en el momento que oigan la música sonar, comiencen a leer el texto a continuación de los asteriscos (***)

¡Esto sólo si quieren, por supuesto!


Capítulo diecinueve: Despedidas y reencuentros.

Yoruichi había decidido pasar al hotel en el que Kaien estaba cuidando a la hija de Rukia, para saber cómo iba todo por allá. Dejó a Soi Fong a cargo de su puesto como guardia en la firma de libros y le avisó a su amigo de cabello rubio cubierto por un sombrero rayado. Pero lo que no esperaba al cruzar la calle y divisar un auto negro estacionado algo alejado de la entrada del hotel, fue ver salir a Yua del vehículo. Más fue su sorpresa cuando distinguió un rostro familiar y una inconfundible mata de pelo anaranjado.

De inmediato se ocultó para que la niña no se percatara de su presencia. También, en un intento de asimilar que Ichigo Kurosaki se hallaba a pocos metros de ella. Y cuando recuperó la compostura, se las arregló para adentrarse al edificio. Allí, divisó a la pequeña morena sentada en el piso hojeando un libro cuya autora era su madre, mientras la persona encargada de vigilarla se hallaba cómodamente en un sillón viendo la televisión de la sala.

Soltó un suspiro al presenciar la eficiencia del Shiba. Luego, dirigió su atención a Yua que en seguida se dio cuenta de su presencia, dirigiéndole una leve sonrisa y una inclinación de cabeza. Realmente le sorprendía la madurez que aparentaba aquella niña en ocasiones. Entonces pensó en ella saliendo del auto de Ichigo, y comprendió que la única manera de averiguar qué sucedía, era preguntándole. Pero primero, debía asegurarse que Kaien no se enterara de la conversación.

—Kaien —habló, llamando la atención del aludido, quien desvió su vista de la televisión—. Puedes retirarte, yo cuidaré de Yua.

El varón alzó una ceja, intrigado ante la repentina información.

—Creí que yo la vigilaría hasta que se reuniera con Rukia —debatió.

Ante el argumento por parte del moreno, Yua dispuso todo su interés en el diálogo que se desarrollaba frente a ella. Esperando qué diría la mujer de tez oscura a continuación.

—Alicia terminó antes de lo previsto su trámite —anunció—. Además, tenía entendido que debías reunirte con Kuukaku hace media hora.

—¿¡Qué!? —de un salto el varón se puso de pie, viendo pasmado su reloj de muñeca y comprendiendo que Yoruichi estaba en lo correcto.

—Puedes ir tranquilo, yo me quedaré con ella hasta que llegue Alicia.

Con una rápida reverencia, el hombre de ojos claros abandonó el hotel. Y hasta que estuvo fuera de su campo visual, la fémina no estuvo segura de hablar.

—¿Es verdad que Alicia viene? —una vocecita curiosa atrajo su atención.

En el momento en que volteó, captó la insistente mirada azulada que le reclamaba por respuestas.

—No —admitió la mujer, provocando que Yua frunciera su ceño—. Pero tú, jovencita, debes responderme un par de cosas— ¿Cómo conoces a Ichigo?

De manera instantánea, el rostro de la niña trasmutó a uno de sorpresa. Pero la pregunta formulada después del cuestionamiento de Yoruichi, delató su situación.

—¿Conoces a Ichigo?

Como si se hubiera dado cuenta de su error, Yua se cubrió la boca con sus manos. La fémina de ojos dorados sonrió divertida. Y la conversación hubiera continuado de no ser por el sonido del intercomunicador que la mujer llevaba consigo.

—Yoruichi-sama —una clara voz se dejó oír, perteneciente a Soi Fong—. La firma ha concluido, procedemos al traslado.

—Perfecto, infórmame cuando se encuentren en el hotel —respondió al anuncio por el mismo medio, luego, se dirigió a la niña que aún seguía con el pasmo en su rostro—. Depende de lo que me digas, podría ayudarte.

En ese momento Yua supo que estaba atrapada. Debía reunirse con Ichigo, pero la insistente mirada gatuna de la fémina le decía que tardaría en reunirse con el varón.

Vagaba por los pasillos de la facultad que la había acogido por algunos años para realizar su postgrado. Reflexionando si acaso era hora de irse nuevamente al extranjero ahora que estaba a punto de sacarlo. Además, ahora planeaba desligarse completamente de los Arrancar. Después de lo que le había hecho a Rukia, no había podido ver nuevamente la cara de Ichigo. Pensando en las complicaciones que le había causado a la morena.

Nelliel sabía que su amigo de singular cabello estaba involucrado amorosamente con la joven Kuchiki. A pesar de que él no se lo hubiera revelado, el brillo en su mirada cuando hablaba de ella, lo delataba. También debía admitir que lo había visto caminando con la muchacha tiempo atrás después de que él le confesara que vivía con una chica. Y la forma en que se complementaban ambos, había resultado obvia para Nel.

Por otro lado, había decidido arriesgarse paseando por la facultad del varón, precisamente porque deseaba hablar con él y saber cómo se encontraba. La situación en la casa de Aizen tampoco era muy amena. Desde que Grimmjow estaba alterado por la posibilidad de que hayan usado su muestra para inseminar a Rukia. Varias veces se había puesto en su contra, pero la fémina se defendía argumentando que ella sólo había realizado la inseminación, y desconocía por completo a quién pertenecía la muestra. Increíblemente Halibel había apoyado su respuesta, eximiéndola de toda culpabilidad.

El sonido de su celular hizo que detuviera su andar. Inmediatamente buscó entre sus ropas y sacó el aparato, sonriendo al instante al apreciar quién la llamaba.

—¡Nel! —exclamó una voz demasiado animada— ¿Cómo estás? ¡He intentado contactarte desde aquella vez que me llamaste hace unas semanas!

La mirada en sus ojos expresaba calidez al oír la preocupación en su amigo.

—Pesche —susurró sin borrar la sonrisa en su rostro—, me da gusto escucharte.

—¡Neeel! —otra voz algo más ronca y más dramática, se dejó oír por el auricular— ¿Te fuimos de ayudaaa?

Una risita nació de la garganta de la fémina al distinguir a su otro amigo.

—Dondochakka —nombró con cariño—, muchas gracias a los dos. De verdad me fueron de mucha ayuda —confesó, provocando el vitoreo al otro lado del teléfono.

—¡Te extrañamos Nel, ya sabes!

La fémina de ojos pardos de verdad apreciaba a esos dos muchachos, a los cuales quería como hermanos. A decir verdad, en el tiempo en que estuvo en el extranjero, ambos se habían portado de maravilla con ella. Protegiéndola, cuidándola, y proporcionándole cualquier tipo de ayuda ya fuera sentimental o en sus estudios. Así fue como los tres se habían hecho inseparables. Y lo seguían siendo, a pesar de que se veían con menos frecuencia por el trabajo de ambos varones.

—Nel —el tono serio con el que Pesche pronunció su nombre, le hizo darse cuenta de la importancia de lo que diría a continuación—. No queremos cuestionarte el por qué necesitabas lo que nos pediste… Pero…

—Queremos que te alejes de la gente mala —terminó por él su camarada.

En seguida la joven se dio cuenta que se referían a los Arrancar.

—Lo sé… —suspiró ella— Pero era algo que debía hacer… —argumentó, intentando convencer a sus amigos de la misma forma que lo había hecho consigo misma.

—Ten cuidado —pidió quien la había llamado en primer lugar—, sabes que para cualquier cosa estamos contigo —agregó, luego de un silencio volvió a acotar—. Aunque estaríamos más tranquilos si trabajaras con nosotros.

—Me encargaré de que nos reunamos más seguido —declaró la fémina, provocando otro escándalo tras la línea.

Después de intercambiar varias palabras con ellos, finalmente terminó la conversación. Y entonces pensó, después de que el diálogo con sus amigos se había desviado hasta cierto varón de cabello anaranjado: ¿Acaso Ichigo le perdonaría lo que había hecho?

Habían tardado casi dos semanas en darle el alta a Homura. Su herida había sido tratada de inmediato, pero las complicaciones que le había traído la pérdida de sangre afectaron su organismo y agravado su delicado estado de salud. Sin embargo, tal como había dicho Ichigo, la joven era muy obstinada, y había salido adelante. Ahora se encontraba descansando en casa su departamento mientras Shizuku la cuidaba. Y Rukia hubiera ido a verla de no ser por una llamada que recibió de Isane, quien la había citado al hospital para hablar con ella.

Cuando estuvo frente a las puertas de lugar, no logró evitar que la preocupación la embargara. ¿Qué era lo que la doctora tenía que decirle? Era algo que sólo averiguaría si se decidía a entrar de una vez. Así lo hizo.

—Kuchiki-san —una voz la detuvo, distinguiendo en seguida a la hermana de Kiyone.

—¿Quería verme? —pronunció, oyéndose más tranquila de lo que estaba.

Asintiendo, la mujer la llevó hasta su oficina. Allí, se encontraba un hombre de cabello oscuro con mirada seria. Estaba sentado hasta que ambas féminas entraron en la habitación.

—Kuchiki-san, te presento a mi colega Seinosuke Yamada —indicó la doctora de cabello claro.

Rukia hizo una leve reverencia, siendo correspondida por el varón. Repitiendo en su cabeza que le sonaba el apellido del médico.

—Por ética, normalmente no haría esto, pero tengo entendido que tiene la custodia de una paciente que estuvo hospitalizada la semana pasada —habló el hombre, cruzándose de brazos.

—¿Homura? —cuestionó de inmediato la morena.

—Eres amiga de mi hermana, y te conozco hace tiempo —agregó Isane, con rostro cabizbajo—, por eso le insistí a mi colega que te informáramos de la situación a ti primero.

Notando que el tema de conversación se estaba tornando demasiado serio, la joven escritora pidió que le hablaran sin rodeos. Mas, no estaba preparada para lo que ambos médicos le confesaron, y asimilarlo resultó un gran esfuerzo para ella. Tomó asiento, intentando escuchar con atención a los dos profesionales.

—Decidimos hacerle unos exámenes de sangre a Homura, porque su salud estaba muy delicada y comenzamos a sospechar que no era producto de su herida —continuó narrando la ginecóloga—. Si bien no es mi área, sí lo es la de mi superiora Retsu Unohana, por lo que inmediatamente la contacté para que intercambiara opiniones con otros doctores.

—El perfil bioquímico nos confirmó que tiene una enfermedad autoinmune, pero creemos que sería adecuado tratarla con la doctora Unohana para asegurarnos de la enfermedad en específico —continuó Seinosuke—. Pero estamos casi seguros que se trata de Lupus eritematoso sistemático.

Dos palabras rondaban su mente: enfermedad autoinmune. A su mente vino el rostro de su hermana, quien ya había sufrido el desgaste inevitable que provocaba una enfermedad de ese tipo, llevándola hasta la muerte. ¿Acaso perdería a Homura de la misma forma? ¿Tendría que ver aquellos ojos verdosos perder el brillo hasta apagarse para siempre?

—Retsu Unohana está establecida en Londres hace cinco años —comunicó Isane—, puedo darte su número para contactarla —ofreció, luego guardó silencio por unos segundos—. Quise decirte esto a ti antes que a Homura porque sé que tú te encargarás de que salga adelante.

Una sonrisa melancólica surcó el rostro de la morena, entendiendo perfectamente a qué se refería la doctora. Seguramente la muchacha rubia habría escondido su enfermedad para no preocuparla.

—Tiene… —articuló la Kuchiki, buscando la fuerza para entablar una frase completa— ¿Tiene… cura? —logró preguntar, desviando su vista hasta el piso, anticipando la respuesta ante el inminente silencio.

—Dependiendo del avance de la enfermedad, el tratamiento a seguir será compatible o no con la vida cotidiana… —confesó la doctora Kotetsu.

—No tiene cura —aseguró su colega, matando cualquier esperanza que hubiera quedado en Rukia—. Por ahora no hemos visto signos de que la enfermedad haya atacado algún órgano en específico, pero sí debe controlarse —explicó, paseándose por la habitación—. La doctora Unohana podrá decirle más al respecto su la enfermedad resulta la que pensamos.

Aún con la mirada perdida en el suelo, asintió levemente. Luego de unas indicaciones más por parte de ambos profesionales, la morena salió del hospital. Sin rumbo fijo caminó por las calles, metida en sus pensamientos con tal intensidad que de puro milagro no sufrió accidente alguno.

Parecía como si una catástrofe viniera tras otra. Desde que la habían secuestrado, nada parecía volver a su calma. Empezando por la incertidumbre que sentía acerca de qué podrían haberle hecho durante el secuestro, la rabia que sentía venir de Ichigo producto de la situación, el accidente de Homura del cual no sabía los atacantes, la sensación de que le ocultaban algo más a parte de los Arrancar después de aquello, la extraña actitud de la rubia después de haber sido dada de alta, como si quisiera contarle algo pero no hallaba el momento adecuado… Y ahora esto.

Tanto se había perdido en su reflexión que en cuanto se percató dónde estaba, se sorprendió. No era precisamente el edificio en que vivía, sino la facultad a la que asistía cierto varón de cabello anaranjado, y la que ella frecuentaba también producto de sus clases con Shunsui Kyouraku.

—¡Itsygo! ¡Me alegra verte!

Una voz extremadamente chillona llamó la atención de la morena, provocando que inconscientemente se ocultara tras un árbol de la entrada del campus. A pesar de que su cuerpo se había movido por iniciativa propia, no comprendió la razón de su reacción hasta que escuchó una voz familiar y se atrevió los alrededores del sitio, viendo que una fémina de voluptuosa figura y cabellera ondulada abrazaba a un varón de cabello anaranjado.

—Nel, siempre apareces de la nada —comentó el joven, intentando despegarse del abrazo estrangulador.

—¿No estás feliz de verme? —repuso ella en un puchero.

Rukia observó la escena impasible, hasta que su mente le trajo recuerdos que creyó haber olvidado y la imagen de una chica de ojos pardos se clavó en su memoria.

Un hombre de cabello erizado forcejeó con ella, luego una mujer de larga cabellera ondulada le inyectaba algo, dejándola inconsciente. Una fémina de facciones similares a la que estaba observando en ese instante.

De inmediato se alarmó, preguntándose cómo Ichigo conocía a una de sus secuestradoras. Pero luego, repasando las posibilidades, se calmó. Quizás sólo su mente le jugaba una mala pasada. No obstante, descartó completamente ese hecho cuando distinguió a unos metros, apoyados en la muralla diagonal hacia ella, a dos hombres. Uno de cabello erizado y celeste, el otro demasiado pálido y con el cabello oscuro.

Para la joven escritora, fue inevitable no revivir el incidente de semanas atrás donde había sido raptada. Reconoció de inmediato al de llamativo cabello. Aquella mirada feroz provocó que empuñara sus manos en el tronco del árbol, mientras alternaba su vista entre los visitantes y su compañero de piso que iba caminando con la fémina. En unos cuantos segundos el encuentro sería inevitable. Y Rukia sabía bien que el Kurosaki reconocería a los dos Arrancar.

—No… —murmuró con un hilo de voz, atónita de ver cómo la de cabellera ondulada desviaba a Ichigo del camino de la entrada y lo arrastraba por un camino que el varón no recorría para llegar hasta su hogar. Pero les habían dado la espalda a los dos varones y el universitario no se enteró nunca de quiénes se hallaban en la entrada del campus.

No recordaba ninguna vez en la que había sentido tanto miedo. Si Ichigo se hubiera topado con ellos, se habrían agarrado a golpes. No lo dudaba.

A su espalda le recorrió un escalofrío cuando Grimmjow y Ulquiorra caminaron hasta su lado de la muralla y se ocultaban en la pared que no les permitía visión al exterior del recinto. Desde ese ángulo, la morena quedaba prácticamente expuesta de no ser por su contextura y el ancho tronco del árbol que la cubría.

—¿Quién era ese? —indagó el de cabello erizado— ¿Por qué tenemos que seguir a Nelliel?

La fémina calmó su respiración, intentando calmarse para escuchar la conversación.

—Ya lo he visto antes —habló con parsimonia el muchacho de tez pálida—. Conoce a Rukia Kuchiki, aunque desconozco qué tan cercanos sean.

Oyó que el tipo agresivo chistó. Los pocos segundos que ambos se mantuvieron en silencio hicieron plantearse deducciones a la morena. Como el hecho de que la fémina que acompañaba a Ichigo era efectivamente parte de los Arrancar.

—Sería más fácil acabar con él ahora —a pesar de estar oculta y no verlos, casi podía jurar que el de cabello erizado dijo eso con una sonrisa divertida—. Mejor aún, acabar con los dos por si a Nelliel se le ocurre abrir la boca.

—No seas imprudente, Grimmjow —recriminó el moreno—. Te recuerdo que hace semanas atacaste una inocente.

—Esa pendeja rubia fue la que se metió —se defendió él—. No dejaba de lanzar patadas y me sacó de quicio. Se tenía merecida esa puñalada.

Los ojos de Rukia casi se salieron de sus órbitas. Debió reclinarse en el árbol para no tambalearse y ser descubierta. Tuvo suerte que después de cruzar un par de palabras más, ambos varones se retiraran.

Sus pies se resbalaron por la tierra hasta que terminó sentada con su espalda apoyada en el tronco. Sus brazos rodearon sus piernas y escondió su cabeza en sus rodillas.

¿Homura había sido atacada por los mismos tipos que la habían secuestrado? ¿Qué querían los Arrancar de ella? Sabía que ella era su objetivo porque era la hermana de Byakuya Kuchiki. Y nuevamente aquella sensación de que su amigo de la infancia y su pareja le ocultaban algo, recorrió todo su cuerpo.

¿Acaso ellos sabían quién había atacado a la rubia? ¿¡Por qué todos se empeñaban en ocultarle detalles tan importantes!?

Estrujó sus piernas, siendo lo que tenía a mano para apretar, hasta que su piel se tornó rojiza.

Ichigo.

Alzó la cabeza bruscamente.

¡Ichigo!

Se incorporó de golpe, quedando de pie y pensando en qué podrían hacerle los Arrancar al varón si se enteraban de su relación con ella. Ya habían atacado a Homura. A pesar de que no estaba segura si habían relacionado a la chica con ella. Pero seguía siendo un factor de peso para considerar alejarse de Ichigo. Porque si los Arrancar eran capaces de atacar a una inocente, que aparentemente no tenía relación con ella, ¿qué serían capaces de hacerle al Kurosaki?

"Retsu Unohana está establecida en Londres hace cinco años,

La voz de Isane retumbó en su cabeza, dándole la salida que tan desesperadamente buscaba.

puedo darte su número para contactarla"

Llevó su mano hasta el bolsillo de su vestido, tocando un papel doblado que tenía el número de la persona que podría salvar la vida de Homura.

Fue entonces que vio todo claro, y supo que debía tener una seria conversación con su hermano.

Con la mirada concluyente, Rukia tomó la decisión más difícil de su vida. Pero supo que era la única forma de mantener a todos los que amaba a salvo. No permitiría que nadie se atreviera a sacrificarse por ella.

No lo valía.

Daba vueltas por la sala una y otra vez. ¿La razón? Su compañera de vivienda aún no había llegado y el sol ya se había escondido.

No era que Ichigo fuera paranoico, pero los últimos sucesos lo habían hecho más cuidadoso, sobre todo con la morena. Si había sido de milagro que le había permitido salir durante la tarde, mientras él iba a clases. Le había dicho que iría al hospital en busca de unos exámenes que deberían haberle entregado semanas atrás según él. Ya resultaba sospechoso el asunto, pero se trataba de Rukia. Ella no tenía razones para mentirle.

La puerta del departamento se abrió con lentitud. Alertando de inmediato al varón, quien en seguida fue a recibir a la fémina.

—¿Por qué tardaste? —soltó sin poder evitarlo, en cuanto divisó a la morena de espaldas quitándose sus zapatos.

Se calló al percatarse de la mirada que llevaba ella. No era aquella sin brillo de la que había sido testigo cuando se enteró del accidente de la joven rubia. Tampoco era melancólica, como cuando iban al cementerio. Sus ojos no estaban decaídos, pero el brillo en ellos expresaba… ¿resignación?

—Estuve con Homura y Shizuku —declaró la joven. Lo cual era cierto, puesto que después de la charla con su hermano, les había comunicado su decisión a los dos hermanos—. Llegué hace rato, pero pasé a verlos.

—Ah… —articuló el varón, analizando los movimientos de la morena— ¿Estás bien?

Cauteloso, se acercó hasta posar una de sus manos en el hombro femenino. Al principio ella pareció no inmutarse. Después, giró su rostro hasta encontrar el del varón y finalmente se volteó para quedar frente a él. En el proceso de su movimiento, la mano de Ichigo se posó en el cabello de la fémina, acariciando sus hebras con delicadeza en un gesto no muy propio de él.

Rukia comprendía lo que la intensa mirada del chico le cuestionaba. Pero ella no podía confesarle el origen de su inquietud. Así que, en un intento por borrar su preocupación y de paso calmar el ansia que sentía de estar entre sus brazos, sabiendo que sería la última vez, posó su mano en la nuca de él y lo atrajo hasta que sus labios se unieron en una sutil caricia. Lo que la morena no esperaba era que ese simple contacto desencadenara en ella la desesperación al imaginar que nunca podría volver a estar así con él de esa forma. Pronto, quiso fundirse con el joven que había conseguido robarle el aliento. Deseando guardar en su memoria la calidez que le proporcionaba el Kurosaki. Recordando todo lo que había aprendido gracias a él, las emociones que había vivido y los sentimientos que tan profundamente se habían grabado en su corazón.

Ichigo no tuvo tiempo de profundizar el beso cuando sintió que la morena se apartaba de él sin darle explicaciones. Sólo sintió que era guiado por la mano de ella hasta la habitación que él ocupaba, quedando de espaldas a su cama. Y al encontrar con su mirada los ojos de intenso índigo, vio que la atención de la fémina estaba concentrada exclusivamente en él. Aquella expresión lo extrañó, sin embargo, cuando su cuerpo fue empujado hasta el colchón y Rukia se posicionó encima, olvidó todo y se dedicó a disfrutar los labios de la fémina danzando lentamente sobre su cuello.

Mañana se encargaría de averiguar la causa de su comportamiento. Pero rechazarla, resultaba imposible en ese momento.

No se quejó cuando unas manos impacientes tomaron el borde de su vestido y la despojaron rápidamente de su prenda, quedando sólo en su conjunto de ropa interior. Tampoco él protestó cuando su camiseta voló lejos a un lugar del cuarto que poco le importó. Ambos estaban ocupados en la sincronía que parecían adquirir sus cuerpos cada vez que anticipaban su unión. Buscando el contacto del otro, añorando el roce entre sus pieles.

La morena olvidó por completo la conversación que había tenido con su hermano esa misma tarde acerca de sus planes de irse del país, tampoco recordó la sorpresa en los ojos de los hermanos cuando les dirigió una mirada que no daba lugar a réplicas al ellos pedirles explicaciones de su precipitada decisión. Se perdió en la sensación de las manos del varón deslizándose por su espalda y luego sus piernas, causando que lanzara suspiros que no tardaron en convertirse en gemidos.

Mentiría si dijera que el placer que sentía en sus encuentros con la fémina se debía a una lujuria momentánea. Puesto que era tanto lo que deseaba de ella que no bastaba con la intimidad que tenían dentro de la habitación —a veces incluso fuera de ella—, sino que su diaria compañía que incluían sus riñas, desacuerdos, confidencias y apoyo, eran el conjunto que lo hacía sentirse completo cuando estaba con ella. Era su salvavidas, su rayo de luz, la única persona que parecía levantarlo de la más profunda depresión, y a la cual protegería a toda costa.

Para Rukia, el conocer al joven había resultado un gran cambio en su vida. No sólo debido a su avance como escritora y el desarrollo en la sociabilidad de Homura y Shizuku, sino también a modo de evolución en su persona. Ciertamente ella nunca se había caracterizado por tener muchas amistades, pero al conocer a Ichigo eso cambió. Además, el chico se había vuelto su más grande confidente, hasta el punto de escuchar y ser testigo de sus momentos de debilidad, en que él con su sola presencia era capaz de calmar el miedo y la inseguridad dentro de ella.

Ambos eran conscientes de su comprensión mutua, el hecho de que eran capaces de compenetrarse perfectamente.

—Ichi… go… —gimoteó la fémina, intentando articular palabra mientras el varón lamía la cima de sus pechos, sujetándola de la cintura para obtener el acceso deseado.

Necesitaba decírselo. No podía irse sin tener la certeza de que él lo supiera. A pesar de no considerar las consecuencias de su declaración antes de su partida.

Él la ignoró. La jaló más arriba para poder atender la zona que le provocaba espasmos al cuerpo femenino. Así, logró recostar su ancha espalda completamente sobre el edredón, obligando a los níveos brazos ejercer de soporte posando cada una de sus pequeñas manos sobre la cama, una a cada lado de su rostro que miraba sonriente los blanquecinos montículos que habían quedado a su disposición.

Hizo un gran esfuerzo para mantener la firmeza de sus brazos y no caer sobre el cuerpo de su amante, siendo ayudada por los fuertes brazos masculinos que la sujetaban mientras devoraba su sedosa piel. Pronto la movió de nuevo para que ella se recostara sobre su torso y pudiera acariciar sus esbeltas piernas con libertad, vagando desde sus rodillas hasta sus nalgas, donde se entretuvo jugando con la única prenda que la cubría hasta deslizar un par de sus dedos para acariciar la caliente zona.

—Ichigo… —volvió a intentar en vano, puesto que el joven parecía animarse más conforme escuchaba los gemidos de la morena clamando su nombre.

Con un movimiento preciso, logró deshacerse del último estorbo que le impedía apreciar a la morena en toda su desnudez. De paso, bajó sus pantalones lo suficiente para descubrir su hombría y cogió a la fémina de las caderas. Sin darle a Rukia tiempo para replicar, la posicionó para que su entrada quedara justo arriba de su palpitante miembro y sin previo aviso, empujó las caderas de ella hacia abajo causando una inesperada penetración que le hizo lanzar un chillido de placer y a él un potente gruñido que no logró contener del todo.

Respiró agitada intentando recobrar su lucidez, pero al sentir el intruso en su interior, sólo pudo morderse los labios mientras el muchacho volvía a levantarla de las caderas y jalarla hacia abajo.

Inclinó su cuerpo hacia adelante al sentir que sería víctima de las convulsiones en su bajo vientre. Él aprovechó el momento para girarse y recostarla de espaldas en el colchón, de paso saliendo de su interior para sacarse rápidamente los pantalones que habían quedado enrollados en sus rodillas. Se situó esta vez entre las piernas de la morena y antes de volver a penetrarla, hicieron contacto visual.

Rukia supo en ese momento que era su última oportunidad para hablar.

—Te amo —las palabras salieron en un susurro convincente. Sin titubeos, y dejando pasmado al Kurosaki.

Los ojos índigo captaron la sorpresa de los castaños. Cuestionándose si habría sido buena idea declararle aquellas palabras. Pero su necesidad de saberse importante para el varón le había ganado a su lado racional.

No entendía la razón de la morena para realizar aquella confesión en ese preciso instante. Él era consciente de la profundidad de sus sentimientos hacia ella, sin embargo, dudaba seriamente que algún día hubieran palabras que abarcaran completamente lo que ella provocaba en él.

Con la intensión de transmitirle todo lo que sentía, la besó profundamente, siendo correspondido de inmediato. Sus lenguas jugaron hasta dejarlos con la necesidad de respirar. Y sólo en ese momento, justo antes de volver a unir sus cuerpos, Ichigo habló.

—También te amo, Rukia —el mensaje verbal, acompañado por el que sus ojos transmitían, fue suficiente para ella.

Si la fémina no se hubiera asegurado de esconder su rostro de la vista del varón, él se hubiera percatado de la solitaria lágrima que resbaló por su mejilla y fue confundida por las gotas de sudor en sus cuerpos.

Los embistes por parte del joven fueron aumentando de velocidad aún después de que ella se dejó llevar por las convulsiones de su cuerpo que le provocaron su primer clímax de la noche. Luego, cuando lo sintió derramarse en su interior, fue arrastrada por otra oleada de placer, creyendo por un momento que perdería la conciencia.

Él nunca supo que esa vez ella se estaba despidiendo. Permaneció ignorante hasta el día siguiente cuando llegó después de clases y la llamó repetidamente, pero ella nunca respondió. Sólo una nota en clave y con sus peculiares dibujos de conejos encontró sobre la mesa, donde le explicaba que había tenido que marcharse del país, le ordenaba que no la buscara y le pedía que siguiera su vida sin ella.

Ichigo maldijo ante el contenido del mensaje, recordando su anterior noche con ella y su extraño comportamiento. Desde ese día, juró que la encontraría.

Y no la dejaría escapar.

Jamás.

(***)

Homura observaba el paisaje desde la ventana del avión, recordando que hace horas se encontraba frente a la facultad donde estudiaba Ichigo, a punto de confesarle el plan de la morena sobre marcharse a Londres. Sin embargo, había optado por callar y resignarse. La mirada que le había dirigido su tutora la tarde anterior, había sembrado el miedo en ella de que si decía una sola palabra, podría perder a la morena.

Justo en el asiento frente a ella, se hallaba Rukia. En su mente viajaban los rostros de todos sus amigos, incluso los que hizo al conocer a Ichigo. Pensando que jamás los volvería a ver. Después de todo, eran miles de kilómetros los que la iban a separar de ellos.

Era el final. El término de lo que parecía un sueño, y de algo que debía abandonar. Por el bien de ellos, aunque la destrozara por dentro. Fingiría que no le importaba, aunque sintiera que dejaba una parte de ella atrás. Sería fuerte. Por ella, por los hermanos que debía cuidar más aún de ahora en adelante.

Puesto que ella era capaz de sacrificarse por la seguridad de los que quiere. Y si tenía que alejarse de quien más amaba sólo por el bienestar de él, lo haría.

Se dedicaría a vivir en otro lugar, con nuevas personas. Perdería todos sus recuerdos. No podía aferrarse a nada. Sería otra persona. Alguien completamente nuevo que se desahogaría en la escritura y publicaría sus libros, hasta que tuviera que aceptar su inminente destino como heredera de la compañía de su hermano.

Y sólo entonces dejaría de escribir y se regiría bajo el apellido Kuchiki. Dispuesta a casarse y continuar con el legado de su hermano.

Sólo entonces.

Cerró los ojos pensando en todo lo que podía depararle. Pero no estaría completamente sola. Iba acompañada, y allá se encontraría con Yoruichi y Kisuke Urahara. Quienes habían acordado junto con su hermano surgir su carrera de escritora.

Permitiendo que ese pensamiento llenara su mente, se entregó a lo que su futuro le deparaba.

Sólo esperaba que Ichigo la obedeciera por primera vez en su vida, y continuara con su propia vida para conseguir sus sueños.

Después de una gran maniobra por parte de los guardias y Urahara, estaba cómodamente sentada en una silla junto a la ventana de la habitación. Esperaba la llegada de su hija, mientras reflexionaba unos sucesos que creyó en el olvido producto del pasar de los años.

Aquella tarde cuando se dispuso a marcharse de Japón, habló con su hermano. Ese día se enteró de que Byakuya sabía con quién vivía. Y sólo eso le bastó saber para pedirle a su hermano que permitiera al Kurosaki continuar viviendo en el departamento. Desconocía si el joven universitario se había mudado, pero al menos había mantenido su parte del trato cuando él decidió mudarse con ella.

También, recordó el día que llegó a Londres. Cuán difícil fue para ella contarle a Homura sobre su posible enfermedad, y cómo la rubia también le había confesado sobre la posible inseminación que había ocurrido durante su secuestro y cómo se enteró.

Sin duda su llegada a la capital de Inglaterra había sido un torbellino de emociones, pero con el tiempo habían podido adaptarse.

Incluso después de enterarse, una tarde de octubre, que estaba embarazada.

Sintió el sonido de la puerta, anunciando la llegada de la pequeña que había estado esperando.

—Pase —articuló, con una sonrisa adornando su rostro.

Rukia desconocía totalmente el escenario tras la puerta. Donde una niña le indicaba a un hombre de anaranjado cabello que guardara silencio mientras ella entraba primero y luego lo iba a buscar para que pasara él también.

El sonido de la perilla girar y posteriormente la madera deslizarse, tenía a Ichigo en un estado de ansia increíble.

Estaba a sólo unos metros de la mujer que había estado en sus pensamientos durante tantos años.

—¡Mamá! —gritó Yua, corriendo dentro de la habitación.

Con los ojos desorbitados, el empresario se mantuvo de pie, rígido frente a la puerta. Preguntándose si había oído bien. Pero por más que intentaba negar el llamado de la chiquilla, éste seguía resonando en su cabeza.

"¡Mamá!"

Rukia tenía una hija.

Bien, era imposible negar el parecido puesto que la primera vez que había visto a Yua, le recordó de inmediato a la fémina de ojos índigo. Sin embargo, por su mente jamás cruzó el hecho de que ambas estuvieran relacionas.

Incluso aunque la pequeña morena le declaró que conocía a la famosa escritora. Ni siquiera en ese momento hiló el parentesco que podrían tener.

¿Acaso ella podría ser su hija?

"Cumplo los ocho en mayo."

Jamás podría olvidar el tiempo que había pasado sin ver a la Kuchiki. Hace dos meses se habían cumplido ocho años. Yua cumplía ocho años dentro de seis meses.

Los cálculos apoyaban su conclusión.

—Hey —un susurro llamó su atención, proveniente de una pequeña de ojos azules que se asomó por la puerta—,S. White Snow ha dado su bendición para conocer al amigo de Yua.

En otra circunstancia, a Ichigo le hubiera causado gracia el comentario de la niña. Pero en ese momento sólo se limitó a asentir, extrañando a la muchachita.

La hija de Rukia abrió la puerta y le permitió el paso al varón de anaranjado cabello. Quien al adentrarse en la habitación sólo divisó una silueta de espaldas.

Distinguió de inmediato el cabello que rozaba los hombros de la fémina. Recordando que hace años lo llevaba más largo. También le llamó la atención su vestimenta madura, pero que no lograba esconder las curvas de su cuerpo.

—Ahora entiendo lo que ocurrió con el pase VIP que Yua había perdido —habló la escritora.

Ichigo tragó al percibir su voz. Su hablar era elegante y cortés. Como la Kuchiki que era.

—Es un placer conocer… lo… —sus palabras se cortaron en el instante que volteó y reconoció la figura frente a ella.

No importa cuántos años pasaran, estaba segura que podría reconocerlo.

Y la sorpresa no se hizo esperar por parte de los antiguos amantes al descubrir que aún se reflejaban en la mirada del otro.

—Rukia… —susurró audiblemente el Kurosaki, embelesado.


¡Estoy muy satisfecha con el resultado de la despedida! No sé, siento que no me llegó la cursilería, sino que estuvo muy acorde con el momento y se captó la profundidad de las palabras.

Además, las emociones de Rukia... Casi se me desgarra el alma al describirlas.

¿Alguien se esperaba la enfermedad de Homura?

Realmente, lo tenía pensado desde el capítulo en que comencé a escribir de ella. ¿Recuerdan que en el capítulo donde se vieron Ichigo y Rukia por primera vez frente a frente, Homura tenía una fiebre muy alta? Revisen el capítulo dos: Propuesta.

Ojalá se pudiera planear el curar una enfermedad con la facilidad que se crean estas situaciones en una historia... -suspira-

¡Ichigo sabe que Yua es hija de Rukia! ¿Qué pasará ahora? ¿Le reclamará derechos sobre la niña al creer que él es su padre? ¡Empecé ayer a escribir el capítulo que sigue, espero terminarlo a tiempo!

Akisa: ¡También estuve en celebraciones porque mi país celebraba su independencia! Estuve como una semana de vaga jajajaja Sigo con clases el lunes... empezando con dos evaluaciones, entregando un informe, luego el martes con una exposición y otra evaluación escrita... Mejor no sigo porque me deprimo jajajajaj Ya todo comienza a tener sentido en la historia... Bueno, casi jajaja ¡Por cierto! Me parece divertida la idea que diste para el one-shot, pero le provocaste un shock a mis neuronas... Soy pésima con los nombres. Así que si tienes una idea de un nombre para el bebé de Ichigo y Rukia que escribiré en tu one-shot, te agradecería... ¡Sino ya pensaré en algo!

mega lex: Si tuviera que elegir entre mandarinas y naranjas, me tiraría hacia las naranjas. ¡Pero también como las mandarinas! ;D Las pelo en 10 segundos -ok, no tan rápido pero sí son más fáciles de pelar que las naranjas- Todo es tan intrigante porque... comencé con un prólogo intrigante, y debí seguir así con la historia 1313 Además, realmente me encantan los misterios. Te confieso que no había considerado la opción de Aizen como donador de esperma o.o ¡Pero tu comentario me hizo pensar en otro detalle que agregarle a la historia! Un detallito no más, para explicar por qué uno de los Arrancar y no Aizen (: Bueno... como pudiste apreciar en este capítulo, el abandono de Rukia hacia Ichigo fue más bien un conjunto de sucesos. Principalmente guiados por el deseo de la morena acerca de la seguridad del Kurosaki... También para tratar a Homura... Y después se dio cuenta que en Londres también se presentaba la oportunidad de surgir como escritora famosa, pero eso recién lo consideró cuando fue a hablar con Byakuya.

¡Espero que no hayan muchos errores de tipeo y redacción porque no mandé a betear eso! D: