Cohete a la Luna
Capítulo Veintiuno
Mantecado
. . .
Levantó la mirada para verlo - a esos ojos - ¡tan cerca!
Era algo que tenía que suceder. Lo supo desde el primer momento; era sólo cuestión de tiempo. Se agitó nerviosamente mordiéndose el labio. ¿Cuál era el punto en refllexionar al respecto? Su cabeza estaba resuelta, la decisión tomada y ella iba a ceder.
Tomando tanto aire que se sintió casi eterno, miró hacia arriba de nuevo. Perdida en esos ojos su mente comenzó a divagar.
"… ¿Sabes?"
Esos ojos... ¡eran tan profundos! La miraban con asombro... con una pizca de admiración... con completa atención... su labio inferior se acomodó entre los suyos... en el más delicado de los roces...
Con expectación...
"… He estado pensando…"
Con timidez.
Podía sentir la húmeda punta de su lengua, su vacilante sonrisa... Ella cerró los ojos. Su aliento, su deseo, su cuerpo presionado contra el suyo. Sonrió también. No había pecado en un simple beso, ¿verdad? Lo atrajo hacia sí y gimió...
"... Deberíamos dejar de ver a otras personas..."
¡Mierda!
.
"Hey, ustedes dos, ¡pórtense bien!" Rhonda dejó escapar una risita medio borracha "¡No hagan nada que yo no haría!"
Con esa advertencia, cerró la puerta y corrió a la entrada de su edificio. Arnold, siempre tan caballero, salió del auto también y corrió detrás de ella. Helga resopló desde detrás del volante.
"¡TÍPICO!" gruñó en voz alta.
Rhonda le dirigió con una mirada de interrogación mientras lidiaba con la puerta. Arnold se encogió de hombros. No pudo escuchar el resto del discurso de la rubia; sólo podía ver a su melodramática queja. Se volvió hacia Rhonda. Prometiendo mantenerse en contacto se despidieron. Arnold volvió al asiento del pasajero. Helga tenía una sonrisa curiosa en su cara.
"¿Por qué 'típico'?" Preguntó. Ella sacudió la cabeza con desdén y después de asegurarse de Rhonda estaba ya dentro del edificio se sacó de la acera. Él resopló. Los tres habían estado bromeando con entusiasmo desde el momento en que se subieron al coche, aun a pesar de que fue obvio que habían perdido a Helga por cortos períodos de tiempo. "¿Por qué te molestas en quejarte si no vas a decir nada al final?"
"Si es tengo que hacerlo..." ella se quejó, rodando los ojos. Arnold se preguntó si estaba molesta de nuevo. Llegarn a la esquina y ella ses dirigió hacia el norte "Recuerdo cuando éramos niños," comenzó, su atención se centraba en la carretera "Tú sabes, un día en particular en que presté atención. Estabas siendo un caballero con todo el mundo... excepto conmigo."
"Eso no puede ser verdad..." Arnold dejó escapar una sonrisa vacilante. "Estoy seguro de que siempre he tratado de ayudar por igual a todo el que..."
"Lo sabía." Murmuró para sí misma, sonriendo con resignación. "Olvida que lo mencioné. Sabía que iba a ser una pérdida de tiempo."
"No, por favor, dime... si fallé en darme cuenta que necesitabas mi ayuda me gustaría saberlo..."
Helga mantuvo la sonrisa escéptica en su rostro. "¿En serio?" él asintió con la cabeza "Muy bien," inhaló "Creo que puedo recordar que ayudaste a Stinky manteniendo la puerta abierta para él, y luego la dejaste ir cuando yo y mi bandeja ya veníamos. Como podrás imaginar, todo mi almuerzo terminó sobre mi ropa, pero tú no fuiste consciente de ello, por supuesto. También recuerdo que protegiste a Rhonda... o a alguien más... de la lluvia..." exhaló con cansancio "De cualquier manera, verte correr detrás de Rhonda esta noche para asegurarte de que ella llegara segura a su puerta – al tiempo que dejas mi puerta abierta de par en par – lo trajo a mi mente de vuelta".
"Lo siento." Arnold no recordaba nada de eso, pero decidió no comenzar una discusión; no con Helga mortificándose de nuevo. "Supongo que no me di cuenta."
"Si, lo supongo." Ella resopló "Tú no eres el único, ¿sabes?" añadió después de un breve silencio "Me he dado cuenta de los hombres no suelen sentir la necesidad de protegerme. No sé por qué."
"¿Qué quieres decir?" frunció el ceño.
Helga volvió a verlo, fastidiada.
"Exactamente lo que estoy diciendo." se quejó "Los hombres no se ponen todos protectores conmigo. Supongo que piensan que soy una mujer fuerte que puede manejar cualquier cosa que se le venga encima."
"Um..."
"Y no hay ningún problema. De hecho, me puedo manejar bastante bien, muchas gracias." Luego desaceleró en su discurso "Pero, ya sabes, a veces es agradable sentir que alguien se preocupa."
"Yo..." Arnold no supo qué decir "lo siento".
Helga agitó su mano con desdén.
"¡Bah! No es tu culpa, ¿verdad? No es como si fuéramos cercanos todavía." Le sonrió y continuó "Y no sé por qué me quejo. No es como si realmente me importara. Quiero decir, no soy una debilucha... no necesito protección. Además, tengo a Henry para eso." sonrió "Y a Luke... Siempre se puede confiar en que Luke es un caballero a carta cabal".
Arnold permaneció en silencio durante un rato sin saber qué decir. Parecía como si ella estuviera hablando con alguien más, con una chica, no con él. Y no pudo dejar de notar que la mención de esos nombres hizo que sus tripas se revolvieran.
"Yo... yo pensé que el barrio de Rhonda era seguro." Finalmente dijo, sintiéndose tonto.
Helga se volvió a verlo con el ceño fruncido.
"Esto es Nueva York, Arnold. Ningún lugar es seguro si no tienes cuidado", dijo con total naturalidad. "Por ejemplo, este no es un barrio donde dejaría mi coche aparcado."
"¿No?"
Ella negó con la cabeza.
"Hablando de lugares seguros para aparcar, sólo hay pocos sitios donde se puede hacer eso. Si te es absolutamente necesario, entonces mejor elige Chelsea... o The Village, por la Universidad de NY."
"Parece que sabes mucho de Nueva York."
"Se aprende con el tiempo. Y la gente te enseña," ella se encogió de hombros. "Rhonda me ayudó... y mucho."
Él asintió con la cabeza.
"Entonces, voy a tomar por la Quinta a menos que tengas una mejor opción." dijo, señalando varias cuadras más adelante después de dar otro giro a la derecha.
"Tu coche, tu decisión."
Ella asintió con la cabeza, pero luego pareció cambiar de opinión.
"¿Sabes qué? Vamos a dejárselo a Google." Se detuvo en la siguiente luz roja y le pidió a su dirección. Mientras la escribía en la pantalla táctil él miró alrededor del lujoso auto. Sabiendo quién fue su padre, él ya había supuesto que Helga debía tener un coche grande; simplemente no tendría sentido que fuera de otra manera.
Pero por extraño que pareciera, éste no era grande precisamente, pero sí era potente. Una Range Rover nada menos. Evoque era el nombre. De un blanco inmaculado, prístino, y aspecto rudo, con interiores negros y un techo panorámico. La pantalla mostraba la temperatura, tu posición en la calle, la distancia entre coches cercanos y otro montón de comodidades que seguramente hacían tu viaje más placentero.
"Ya está." ella habló cuando la luz se puso verde de nuevo "Toda la Quinta Avenida y estaremos allí en 22 minutos. Son 6.5 millas de acuerdo con esto. Diez kilómetros y medio. ¿Tenías idea de que estaba tan lejos?"
Él asintió con la cabeza "Viniendo hasta acá día tras día me ha hecho darme cuenta de que está muy, muy, muy lejos." ironizó.
"Sí, puedo imaginarlo." Ella se rió.
Un minuto o dos pasaron hasta que ella se detuvo de repente.
"¡Oh Dios mío!" habló con entusiasmo "¡Está aquí!"
Él miró a su alrededor con cautela. "¿Qué está aquí?"
"Jimbo's" dijo con entusiasmo mientras cambiaba el selector de marchas a la R "¡El mejor helado de la ciudad! ¡Está aquí y no puedo creer que tengan abierto!"
"Helga... espera-" advirtió mientras ella se devolvía unos veinte metros y aparcaba fácilmente sin siquiera voltear a ver todas esas cámaras que la asistían.
"¿Qué?" ella lo miró en lo que apagaba el motor "¿No quieres un helado?"
"Son las dos y media de la mañana."
"¿Y qué?! Ya estamos aquí y sólo nos tomará unos minutos. ¡Vamos Arnold! He estado muriendo por venir aquí desde hace meses, pero nunca tengo tiempo." hizo un mohín.
"Helga... dijiste que ningún lugar era seguro."
"The Village no es cualquier lugar", resopló, saliendo del coche "Y tú me dijiste que podía contar contigo en cualquier momento, ¿no es así? Además, este es uno de los pocos puntos que te hablé donde puedes dejar tu auto." Arnold se rió "Esta y la siguiente calle son los lugares más seguros de por aquí."
Arnold la siguió con poco entusiasmo. Estaba seguro de que estaba mintiendo sólo para salirse con la suya. En cualquier caso, respiró con resignación al ver a Helga avanzar por delante de él con entusiasmo. Entraron en una pequeño y colorido local que lo hizo parpadear. Se dio la vuelta. La sala estaba llena de vida; ni siquiera parecía que era una temprana hora de la mañana. Arnold volvió a parpadear. Había al menos veinte personas aquí, niños incluidos. Helga ya estaba colocando su orden. Su rubia compañera le hizo sugerencias y él asintió con la cabeza, todavía sin poder hablar. Un par de minutos más tarde estaban dejando el lugar con un cono en la mano cada uno.
"Vamos a dar un paseo." dijo ella.
"¿Un paseo?" -preguntó desconcertado "¿No quieres sentarte mejor?"
"Está muy brillante aquí. Vamos a un lugar más oscuro."
"Helga... son casi las tres de la mañana!"
Ella gruñó y empezó a avanzar por la acera "Vamos Arnold! ¡No seas un bebé!"
Arnold comenzó a caminar detrás de ella de mala gana. Pero por lo que la conocía sabía que ella no era tan irreflexiva, así que le concedió el beneficio de la duda.
"¿A dónde?" -preguntó cuando llegaron a la esquina. Se dio la vuelta, todavía inseguro sobre toda esta improbable aventura.
"Vamos a caminar alrededor de la manzana." dijo, y giró a la derecha. Él hizo lo mismo. Avanzaron prácticamente en silencio y no hablaron mucho más que ella preguntándole qué le parecía el postre. Arnold asintió. La verdad era que su helado de vainilla era sorprendentemente delicioso. Ella había elegido el chocolate y ambos lo disfrutaban mientras seguían caminando por la calle.
Helga repitió algo acerca de la seguridad de este lugar, mientras veían un coche patrulla pasar. Los oficiales los saludaron con una inclinación de cabeza. Arnold tenía que admitir que este lugar tenía clase. Las pocas personas que se encontraron en su camino parecían gente normal; tal como él y ella; parejas, amigos, jóvenes...
Pero también se dio cuenta de que no importando lo que dijera, Helga mantenía su guardia en alto. Ella seguía mirando por todas partes y todo lo que parecía moverse; y se mantuvo lanzando miradas hacia arriba y abajo de la calle discretamente como medida de seguridad. Cuando llegaron a la esquina volteó a todos lados antes de continuar.
Arnold no pudo evitar estar atento también, pero tenía que admitir que esta había sido una buena caminata hasta ahora. Habían completado una vuelta, y él estaba haciendo alto en frente de su coche cuando Helga se rió, golpeando suavemente su hombro.
"No seas flojo." señaló hacia delante. "Es un recorrido de dos vueltas. Tenemos que quemar toda esa cena." Y con ello siguió su camino.
Arnold se quejó. No era el cansancio sino la precaución lo que le hizo parar en el primer lugar, pero no tenía el corazón para decírselo. Ella se adelantó, caminando con un resorte en su andar. Al menos una cosa era segura; Helga parecía más relajada.
Había decidido que no iba a pensar en todo lo que había sucedido antes; ni en lo que Rhonda le contó, ni en la llamada telefónica que ella recibió, ni en su relación con Henry. Ella era su amiga y él iba a estar ahí para ella como le había ofrecido. Punto.
Aun así, no podía dejar de ver que ese romance tenía problemas. Podían ser ricos y podrían parecer perfectos el uno para el otro, pero a pesar de todo, Helga no parecía tan feliz. Ella ya no era tan alegre como el día en que la vio por primera vez. Henry parecía el perfecto caballero, pero estaba seguro de que tenía sus problemas como cualquier otro hombre. Y sabía que Helga no era una perita en dulce, y siendo sincero él debía admitir que a veces se preguntaba si no era ella quien causaba los problemas.
Él gruñó. Allí estaba de nuevo. No quería pensar en ello, pero pensaba en ello de todos modos. ¡Vaya caso perdido!
. . .
"Entonces, ¿qué piensas?" -preguntó ella, tan pronto como la alcanzó.
"Hu ¿eh?" parpadeó, volviéndose a verla y, una vez más, su belleza lo dejó sin habla.
"Estoy hablando del mantecado. ¡Dios! Nunca dejaste de tener la cabeza en las nubes, ¿verdad?"
"Nunca," Arnold resopló, sacudiendo la cabeza para deshacerse de pensamientos impuros "Está bueno."
"¿Sólo bueno?" ella levantó una ceja perfectamente delineada e hizo un mohín. ¡No fastidies! Quiso gritarle a su masculina y sucia mente. No pudo evitar que esas inquietudes de macho se apoderaran de su humor y lo hicieran sentirse un tanto juguetón. Como que quería causar una reacción.
"Sí" fingió no estar nada impresionado "No está nada mal, pero no le llega a Slausens ni a los tobillos."
Él la miró retador, pero ella había bajado la vista. Parecía que el haber traído a Slausens a colación la hizo dudar un poco a pesar de que era evidente que ya se estaba preparando para el próximo asalto.
"Um ... ¿sabes que yo dije exactamente lo mismo mi primera vez?" ella resopló "pero ahora pienso diferente."
"¿Cómo es eso?" preguntó "¿Crees que Jimbo's es mejor?"
"Recuerdo que en Slausens todo era delicioso." ella asintió "Pero éste es definitivamente superior."
"¿De verdad lo crees?" su estado de ánimo beligerante y juguetón también se quedó atrás.
Ella asintió. "¿Y sabes? La última vez que estuve en Slausens me di cuenta que no era tan bueno como lo recordaba." Arnold vaciló antes de contestarle "Creo que es sólo que nos dejamos llevar porque nos sabe a nostalgia, pero eso es todo." se encogió de hombros.
Arnold reflexionó sobre eso.
"Tal vez tengas razón..." dijo finalmente. Tenía que darle crédito sin embargo. Jimbo's era definitivamente superior. Y él sabía muy bien que la nostalgia tenía la peculiaridad de mejorar cualquier cosa con su halo de nostalgia, tristeza y melancolía; con ese insoportable deseo de poseer algo que ya no es tuyo. Dejó escapar un largo suspiro. "O tal vez es sólo que cambiaron la receta ..." se rió.
"O el chef", agregó ella, riendo también. "Pero admítelo, Arnold. Cuando éramos niños fuimos clientes poco exigentes. Todo lo que nos daban nos impresionaba. Comprábamos todo lo que ponían delante de nuestras narices."
Allí estaba ella. No tocada por la nostalgia ni siquiera un poquito. Arnold levantó las cejas. Primero se había metido con su amado pueblo natal y ahora con su heladería favorita. Resopló.
"Tengo que admitir que tienes un don para transformar cálidos recuerdos de la infancia en hechos duros y fríos."
Ella se burló.
"No seas tan romántico, Arnold." se rió burlonamente haciéndole recordar aquella vieja Helga. Hablando de nostalgia. "Se llama 'objetividad'"
"O 'imparcialidad'" corrigió él "'Desapego'... Sé que es la financiera la que está hablando."
Ella se encogió de hombros, caminando adelante con energía renovada.
"No puedo ocultar lo que soy." se rió entre dientes.
"En lo que te has convertido..." murmuró para sí mismo.
"De todos modos," ella dio un giro en su andar para dirigirle un rodar de sus ojos "Todavía puedo volver a mi antigua yo cuando quiero, ¿sabes?" ella movió sus cejas "Sólo mira..." luego se aclaró la garganta y habló con un entono diferente "Viento cálido que derrites mi deleite - ¿Crees que puedes llevarme hasta él? - Elevarmme en tus salvajes ráfagas - y hacerme llegar hasta su… alféizar..." ella vaciló ante la última palabra y se volvió hacia él con una sonrisa en su rostro" ¿Esa cosa de la ventana, se llama alféizar o cornisa?" preguntó.
"Cornisa creo..." pronunció él.
"Sí, me lo imaginaba, pero cornisa lo hace perder el... ¿ritmo?"
"¿Sabes que le acabas de quitar todo el romanticismo a tu verso con esa pregunta?"
"Lamento que hayas oído eso. ¡Dios mío! ¿Qué estaba pensando? ¿Viento cálido?" se burló con sorna, mirando a su alrededor a la noche fría "Debería dejar de contaminar el aire con mis versos." Sacudió el aire a su alrededor. "Tonto y cursi; me pondrían un 6 si acaso. Creo que me estoy oxidando.".
Exhaló. A él le gustaba un poco de todos modos.
"No hay problema mientras no te oxides con los números..." terminó diciendo. Ella frunció el ceño mirándolo con confusión "Dijiste el otro día que ya sólo hacías poesía con los números." Le recordó.
"Oh eso." Ella asintió. "Estoy muerta si se me oxidan los números." murmuró en voz baja.
Arnold asintió. Eso era algo que había escuchado mucho en la oficina. En lo que concernía a los números Helga tenía un don. Era como una guerrera imparable en el campo de los negocios. Era una go-getter. De acuerdo con Greg, ella era como Midas y su toque de oro; llevando a Mueller a un nuevo nivel.
"¿Dónde estábamos?" -preguntó de repente, mirando hacia adelante.
"Um... Creo que estábamos hablando de helados y nostalgia", dijo.
"Correcto", ella asintió "Y decías que piensas que Jimbo's no es nada comparado con Slausens."
Dejó escapar una risa suave dándose cuenta de que de hecho la había insultado.
"Pensándolo bien creo que tienes razón, ¿sabes? Jimbo's es mucho mejor que Slausens. Esa era realmente la nostalgia hablando." Admitió.
"¡Lo sabía!" ella chasqueó la lengua, y volteó a verlo. Él se encogió de hombros en un gesto de disculpa. Después de una pausa, continuó. "Pero en realidad no debes sentirte mal por eso. No eres el único. Le pasa a todo el mundo. Todo nuestro pasado, desde esos viejos romances fallidos, nuestras viejas casas, la nostalgia por el viejo pueblo, cada recuerdo de la infancia... nuestras mentes son demasiado astutas... alteran nuestra percepción, nuestros recuerdos. Lo cambian todo creando un paisaje de ensueño."
Él hizo una pausa.
"Tal vez tengas razón. Pero mirando el lado bueno, al menos tenemos algo que anhelar, ¿no te parece?"
"Bueno, eso es cierto, pero sólo hasta que descubrimos el horrible truco que nuestras mentes nos están jugando."
"Entonces tendremos que disfrutar de las fantasías mientras duren." Él sonrió ampliamente.
"¡Siempre el optimista!" ella resopló y sacudió la cabeza. El viento jugó con un mechón suelto de su cabello. Ella alcanzó su cabeza y se liberó el cabello del improvisado moño. Él sonrió ante la visión de esta sirena nocturna. "Sabes, mis sobrinos..." se burló "su heladería local es un Dairy Queen." dejó escapar una risita "¡Pobres chiquillos! No van a tener nada que anhelar cuando sean mayores."
Arnold arrugó los labios.
"Mmm..." reflexionó "Por lo menos van a tener su postre favorito a donde quiera que vayan alrededor del mundo."
"Como he dicho antes, ¡Siempre el optimista!" ella lo señaló con ambas manos. Él se encogió de hombros.
Antes de que pasara mucho rato él volvió a hablar.
"¿Cómo le va a Olga por cierto? ¿Dices que tiene dos hijos?"
"Ajá," ella asintió "Dos chicos."
"Grandioso... ¿Cuántos años tienen?"
Ella frunció el ceño y se volvió a verlo con ojos divertidos.
"Nueve... y siete, creo."
"Y tu relación con ella..." se mordió el interior del labio sintiéndose repentinamente inapropiado "... Quiero decir, no quiero entrometerme, pero recuerdo que ustedes dos tenían una relación más bien complicada..."
"Está bien Arnold." Ella dijo dejando escapar una amable sonrisa "Sé que no fui particularmente escrupulosa para ocultar que la encontraba desagradable cuando éramos más jóvenes. Debería haber sido más discreta en aras de mantener la armonía familiar, pero supongo..." ella hizo una pausa para poner en orden sus pensamientos "Ahora sé que tenía problemas en aquel entonces, estaba llena de ira. Recuerdo que no podía soportarla en toda su perfección; en la forma en que mis padres la adoraban... en una palabra: odiaba a la chica". Exhaló "Su presencia me hacía ver mi propia imperfección y supongo que todos esos temores sacaron lo peor de mí a la superficie."
"¡Wow Helga!" exclamó "Es una forma muy madura de ver las cosas."
Ella resopló.
"Puedo hablar de eso ahora, pero durante mucho tiempo fue un infierno." Ella se rió en voz baja "Se requirió de una gran cantidad de tiempo y energía para llegar a este entendimiento, ¿sabes? Para hacer que mi mente fuera capaz de ver todo con los frescos ojos del conocimiento interior."
"¿Viste... a un terapeuta?" -preguntó sintiéndose invitado por su apertura.
"Sí", asintió con la cabeza "La Dra. Bliss, la pobrecita, trató de hacérmelo entender a todo lo largo de la escuela básica, pero supongo que yo no estaba lista entonces. Aquí en Nueva York encontré a una psiquiatra... una especialista en tanatología quién me ayudó mucho".
"¿Una tanatologista? ¿En serio?" ella asintió un tanto orgullosa
"Es la psiquiatra de Henry también. De hecho, es la que los ayudó a él y a..." hizo una pausa y se mordió el labio inferior. Luego respiró profundamente "De todos modos, ella me enseñó a ver el... digamos... el gran panorama. Me ayudó a conocerme a mí misma. Es un proceso largo y doloroso, y he aprendido que es algo que nunca dejamos de hacer, siendo que la vida nos va cambiando continuamente de situación ". Exhaló "Debo seguir viéndola pero a veces pasa mucho tiempo antes de que acuerde de programar una cita."
Arnold asintió. Escuchó todo lo que dijo acerca de discernimiento; pero también se había dado cuenta de que Helga evadió hablar de la señora Mueller. Era un tema incómodo para él también, así que decidió dejarlo a un lado. Estaba siendo tan abierta, como nunca antes, que él estaba dispuesto a escuchar con toda su atención lo que ella quisiera decir.
"¿Y sabes?" continuó "Le debo mucho a la Dra. Wong pero ha sido trabajo de Olga también. Quiero decir, en su momento me di cuenta de que Olga estaba lejos de ser perfecta, ella tiene sus propios demonios, pero no era como si quisiera ir hasta California para decirle en su cara que nuestros problemas eran también culpa de ella, ¿verdad? por monopolizar la atención de nuestros padres y..." hizo una pausa para respirar profundamente antes de continuar "pero alrededor de esa época ella se dio cuenta, sabes, en la forma más triste y menos esperada que te puedas imaginar..."
"¿Por qué? ¿Qué pasó?" -le preguntó, curioso.
"La historia se repitió... en su propia casa"
"¿En serio?" ella asintió "¿Cómo es eso?"
"Bueno, te voy a contar la historia de dos tiernos chicos, Arnold. Nathan y Ethan Walsh," ella soltó una sonrisa sesgada y rodó los ojos ante la mención de los nombres "Nathan, el mayor, es la imagen del perfecto caballerito. Es inteligente, amable, educado y obediente. El tipo de chico con el que toda madre sueña". Ella alzó las cejas fingiendo sorpresa "Ethan, por el contrario, sólo puede ser definido como el clásico viejo gruñón en miniatura."
"¿El tipo de niño del que toda madre siempre se está quejando?" ella se encogió de hombros como alguien que sabe que está condenado "Hablando de ironía."
"¡Dímelo a mí!" hizo una mueca. "¡Pobre Olga! Ahora ella está viviendo de primera mano lo que vivimos entonces en casa. Sé que es difícil para ella. Afortunadamente para sus hijos, ella es mejor madre de lo que Miriam alguna vez fue. Está más preparada y está completamente dedicada a su familia."
"Eso es bueno de escuchar", dijo. Ella asintió con la cabeza "¿Hablan sobre el pasado? ¿Acerca de cómo la familia parece estar 'predestinada' a vivir la misma situación una y otra vez?"
Ella sonrió. "Bueno, a Ethan le gusta decir que él será el que traiga riqueza a la familia" le guiñó un ojo y chasqueó la lengua "tal como hace tía Helga, pero todos sabemos que la cosa no es tan romántica." Hizo una pausa "Creo que es algo bueno que todos sepamos que no es la misma situación."
"¿Su padre es...?"
"No se parece a Bob... me refiero a que no es impaciente ni fanfarrón." Ella sacudió la cabeza suavemente "Pero al igual que Bob, es un adicto al trabajo y un..." se detuvo "Olga no lo tiene tan fácil."
Arnold asintió y decidió cambiar de tema, ya que esas eran aguas privadas.
"¿Tu padre…?" se detuvo de repente sin saber cómo formular la siguiente pregunta. Se volvió para ver que lo miraba con una indescifrable sonrisa tipo Mona Lisa. Su estómago dio un vuelco.
"¿Mi padre…?" no ayudaba que pareciera que ella se estaba divirtiendo a sus costillas. Empezó de nuevo.
"Ustedes dos hicieron las paces antes de que..." se detuvo de nuevo. No sabía por qué continuaba metiéndose en aguas pantanosas, pero no podía evitarlo. Por alguna razón sabía que Helga no iba a perder la paciencia, no con él de todos modos, y no esta noche. Era algo furtivo, no más que un sentimiento muy sutil, una sensación vaga; pero él sabía que había un vínculo entre ellos; un vínculo que había sobrevivido incluso después de todos estos años; algo que no se podía eliminar fácilmente.
"¿De que él falleciera?" él asintió con la cabeza y ella exhaló. "Se puede decir que sí." La vio tratando de tragarse un nudo en la garganta.
Él suspiró largamente.
"Está bien si no quieres hablar."
"Lo sé," la oyó decir en voz baja y luego esperó hasta que ella pareciera dispuesta a continuar "Pero... aunque parezca mentira, eres una de las pocas personas que veo en estos días que pueden de hecho entender porque tú lo conociste." Ella sonrió tristemente "Bueno, aparte de Henry, por supuesto, pero el punto de vista de Henry no tiene nada que ver con el tuyo. Él no fue mi 'amiguito'."
Arnold recordó a Henry llamándolo de esa manera antes. Sonrió forzadamente. Aquel día en que los encontró en su oficina, sentados muy juntitos. Sacudió la imagen de su cabeza. Mejor se preguntó qué edad tendría Bob ahora. ¿Era mayor que el Sr. Mueller? No podía serlo. Bob tendría ahora setenta más o menos, si su memoria no le fallaba. Exhaló por la boca al darse cuenta de que Bob era relativamente joven cuando falleció hacía diez años. Llegar a los treinta enseñaba a la gente a ver las cosas en perspectiva.
"De todos modos," la voz de Helga lo trajo de vuelta de sus pensamientos. "Tuvimos tiempo para hablar." Ella sonrió suavemente "Fue un poco difícil porque el doctor nos pidió evitar hacer cualquier cosa que lo desgastara, pero tú conociste a Bob, él no era alguien que escuchara a los médicos." Helga se detuvo. Aún seguían caminando en la que probablemente sería la cuarta vuelta alrededor de la cuadra. "Tal vez él ya sabía que cada segundo era precioso..." se detuvo de nuevo.
"Es irónico, ¿no lo crees?" preguntó imitando su voz suave y pausada "La forma en que desperdiciamos nuestro tiempo cada día como si nada, y cuando en verdad cuenta ya no hay nada que podamos hacer para estirarlo más."
"Cuan cierto." Ella asintió, mirando al cielo. Arnold siguió su mirada. Era una noche nublada sin estrellas; aunque no-estrellas eran la norma aquí.
"Supongo que tu padre te pidió que tomaras su lugar."
"Sí, lo hizo." Ella se ajustó la chaqueta de cuero alrededor de su cuerpo. Su voz era débil cuando por fin continuó. "Pero lo que más recuerdo es él diciéndome que me amaba, que estaba orgulloso de mí y que sabía que yo iba a hacerla en grande."
"¿Lo hizo?" Arnold preguntó con un nudo en la garganta también, en respuesta a su emotivo discurso. Una lágrima dejó sus ojos azules y él sintió el impulso de tomarla en sus brazos y mantenerla apretada contra él. Pero se contuvo al final porque ella no detuvo su marcha para esperarlo a que se resolviera y la consolara. No es como si ella lo esperara tampoco. Ella siguió su camino con estoicismo.
"También se disculpó... y me confesó que fue difícil para él no poder demostrarme cuanto me quería..."
'¿Porque eras grosera y malhumorada tal como él era? Estuvo a punto de preguntar, pero por suerte no lo hizo. Hubiera sido muy incómodo.
"...Porque ya no quería causar más daño." Ella le lanzó una mirada cautelosa "Que esperaba que algún día lo entendiera... y lo perdonara."
"¿Y lo hiciste?" -preguntó, mientras ella miraba al suelo.
Ella se encogió de hombros. "He trabajado mucho en eso." Se mordió el labio "Pero supongo que por fin llegué a entenderlo."
"¿Lo perdonaste también?"
"Arnold..." ella sonrió con tristeza "¿Crees que hubiera podido hacerme cargo de todo si no lo hubiera hecho ya? Yo lo amaba. Nunca lo hubiera dejado ir sin mi perdón".
Arnold permaneció en silencio mientras ella parecía perderse en sus pensamientos. Después de un minuto o dos, decidió empezar a hablar de la última y lamentable fiesta de Halloween a la que había asistido sólo para aligerar el ambiente. La ciudad estaba decorada en naranja y negro y eso lo hizo recordarla. Ella se disculpó. Festejar Halloween era algo que no hacía últimamente y era de entenderse. Supuso que eso ya no era divertido para un alto ejecutivo de su rango.
Después de eso siguieron hablando de fiestas. Recordaban esos viejos tiempos durante toda la educación básica cuando esperaban con especiales ansias los bailes de Halloween. Luego estaban las temporadas de Acción de Gracias y Navidad que ya se cernían sobre ellos.
"Creo que voy a estar aquí para la fecha, pero todavía no tengo planes para Navidad." Él dijo, respondiendo a su pregunta "Claire y yo no hemos hablado de eso. ¿Y tú?"
Se dio la vuelta para darse cuenta de que estaban empezando la quinta vuelta. Esta parte de la ciudad todavía estaba activa, pero no tanto ya. Ambos continuaron caminando manteniendo la guardia alta.
"Creo que me voy a quedar en la ciudad para Acción de Gracias pero nos vamos a California para Navidad." ella respondió.
"¿Nos?" -preguntó, esperando no parecer demasiado insistente. A ella no pareció importarle.
"Miriam, Henry y yo. Irónico." respondió casi con indiferencia. "¿Todavía eres dueño de la vieja Casa de Huéspedes?" cambió de tema.
"Sí" Arnold asintió "Siempre," aseguró "El Sr. Huynh -¿lo recuerdas? – está a cargo. Tiene quien le ayude, por supuesto."
"Claro." Ella asintió con la cabeza "¿Te deja eso alguna ganancia?"
Él resopló "No realmente... Creo que veo a esa pandilla como mi familia."
"Lo sé," ella le lanzó una mirada cálida y le acarició suavemente el hombro. Él sonrió. Era todo lo que necesitaba. Era agradable no recibir una mirada llena de lastima por una vez. Con Helga sabía que no tenía que explicar por qué no tenía padres, ni por qué estaba solo en el mundo.
Siguieron caminando en silencio, pero a Arnold no les molestaba. Era un silencio cómodo y lo agradecía. Ella se veía cómoda también, a gusto. Continuaron uno al lado del otro. Arnold miró hacia adelante y exhaló. Sabía que una vez que alcanzaran la esquina había una especie de terreno baldío que se extendía de una calle hasta la otra. Estaba rodeado por una malla ciclónica cuyas puertas no tenían candado. Cada vez que pasaban por allí Arnold se ponía ansioso y miraba con atención alrededor del lugar, en busca de cualquier peligro en forma de pandilleros o carteristas, aunque a decir verdad el lugar estaba muy bien cuidado, era como un pequeño parque y no parecía peligroso en lo absoluto, al igual que el resto de la zona.
Sin embargo, él temía llegar a ese lugar.
"Creo que es hora de irnos." Él estaba revisando la zona cuando ella habló.
"Sí." Él estuvo de acuerdo. Por mucho que estuviera disfrutando de la compañía ya era muy tarde.
"Oh-oh,"
Al sonido de la voz de Helga un escalofrío le recorrió por todo lo largo de su columna vertebral. ¡Lo sabía! La suerte se les había terminado. Miró hacia adelante y vio a un grupo de ruidosos tipos que venían hacia ellos; eran alrededor de cinco; ellos no los habían visto todavía. Se volvió hacia el suelo buscando con fervor algo que les ayudara cuando Helga lo tomó de la camisa y lo empujó contra una puerta, protegiéndolo con su propio cuerpo.
"¿Helga..?"
"¿Arma? ¡Dime que traes algún tipo de arma!" murmuró contra el hueco de su cuello. Él sacudió la cabeza. Se estaba poniendo frenético. ¿Quién creía que él era? "¿Llaves?" -le preguntó de nuevo. Él abrió los ojos y hundió la mano en el bolsillo. "Muy bien, sígueme la corriente y ponte listo." Helga le echó los brazos al cuello y se acercó, como haciéndose pasar por una pareja que se besaba, pero su mirada estaba fija en la calle. Arnold se sintió ridículo. Debía ser él quien vigilara, no ella. Por lo que parecieron interminables segundos fue capaz de ver sólo la parte de su cara que estaba iluminada por la luz del poste mientras el grupo estaba más cerca a cada segundo. Sintió cuando sus manos se convirtieron en puños detrás de su cuello y Arnold se preparó también, cerrando sus puños, tratando de controlar su respiración...
Antes de que se dieran cuenta el grupo los pasaba de largo mientras continuaban hablando y riendo sin dirigirles una segunda mirada. No parecían delincuentes en lo absoluto, sino que más bien lucían como jugadores hardcore de videojuegos. Los ojos de Helga se mantuvieron pegados a ellos de todos modos; y no fue hasta que se fueron al otro lado de la calle que lo soltó y dio un paso atrás.
"¡Ni lo pienses!"
"¡Qué diablos...!"
Todo sucedió en un segundo. Antes de que ella pudiera reaccionar él había cambiado posiciones y era ella quien estaba ahora contra la pared. Se sentía aliviado, pero al mismo tiempo estaba furioso porque debería ser él quien cuidara de ella; no al revés. Humillado, enojado, con frío... La ausencia de calor fue sin duda un factor importante.
"No vuelvas a hacer eso, ¿escuchaste?" Helga pareció sorprendida por su repentina acción pero no le importó "¿Me escuchaste?" insistió, empujando con más fuerza.
"¡¿Qué sucede contigo?!" dijo con dificultad y siguió empujándolo tratando de liberarse, pero él no cedió.
"Eso – ¡eso que hiciste!" casi gritó "¡Nunca más!, ¿de acuerdo?"
Helga abrió los ojos con incredulidad, y luego sin dejar de forcejear dijo.
"¡No lo puedo creer!" exhaló furiosa "¡Había que actuar! No había tiempo para planes ni debates. ¡Ahora déjame ir, Sr. Macho!"
Él apoyó la frente contra la de ella y exhaló, permitiéndose sentirse aliviado.
"Estaba muerto de miedo," dijo sin pensar "Tuve miedo de perderte... otra vez."
Ella se quedó inmóvil. Él abrió los ojos y la miró. A sus ojos - ¡tan cerca!
Sabía que esto tenía que suceder; algo dentro de él se lo decía. Su corazón le latía con fuerza en el pecho. ¡Y ella también lo sabía! Podía asegurarlo por la forma en que se agitaba nerviosamente y se mordía el labio; por la forma en que sus pestañas revoloteaban. ¿Cuál era el punto de negarlo? ¿De pensar en todo esto con calma? Se había estado muriendo por tenerla entre sus brazos desde aquel hermoso Baile al inicio de la primavera ya tantos meses antes.
Había dejado de respirar, no sabía cuándo ni por qué, pero cuando sus ojos se encontraron de nuevo su mundo se detuvo. Perdido en ese azul infinito nada le parecía suficiente.
Era tan hermosa. Imágenes del Baile, de la chica de rosa bailaron en su mente; de aquel espectacular vestido blanco que llamaba la atención de todos mientras caminaba por la oficina; o aquel todo menos aburrido vestido gris Oxford que ceñía sus caderas cuando estuvieron en la India... Sus ojos. Parecían estar buscando algo, en algún lugar más allá que él.
Su labio superior se acomodó entre los suyos... en un suave aleteo... No podía soportarlo más; las ansias lo estaban matando. La atrajo hacia él. Le acarició el labio con la lengua. Y sonrió. Cerró los ojos y se concentró en el aliento en su rostro, en su silencio; en su cálido cuerpo apretado contra el de él. La sintió sonreír también. Gimiendo, ella le echó los brazos al cuello y lo atrajo hacia ella. Él se inclinó y se dejó ir...
"¡Mierda!"
Ella maldijo.
Sus ojos se abrieron de golpe. Ella se alejaba, pero sus labios permanecieron juntos un segundo más. Gruñó antes de abrir sus ojos. Lo miró con una mezcla de disculpa y decepción.
"Esto no está bien", murmuró, bajando la cabeza "No es correcto. No deberíamos estar haciendo esto. Los dos tenemos... gente que nos importa..."
Arnold exhaló con fuerza. Sintiendo pena por sí mismo. Asintió con la cabeza y escondió su rostro en el hueco de su cuello. Su olor hizo que sus rodillas se le doblaran. Ella tenía razón, pero no podía dejar de sentir como si quisiera golpear algo, o alguien. Preferiblemente a ella, con todo su ímpetu, contra la pared... gruñó de nuevo, frustrado. Sacudiendo la cabeza, levantó la mirada buscando sus ojos.
"¿Él te hace feliz?" su repentina pregunta la sobresaltó; no a él. Había aprendido a amar a su recién descubierta impulsividad.
"Arnold..."
"¿Te hace feliz?" -preguntó de nuevo; justo sobre sus labios. "Por favor, Helga, sólo dime..."
"Sí, me hace feliz." Ella se echó hacia atrás y lo miró a los ojos "En este momento de mi vida él es todo lo que quiero."
Algo dentro de su mente dejó de funcionar. Él también se alejó. Todo se sentía mal, incongruente, ridículo. No tenía derecho a preguntarle nada. Como ella había dicho ya, ambos tenían otras personas que les importaban. Ella tenía un hombre a su lado. Un hombre que estaba esperándola, probablemente, de la misma manera Claire lo esperaba a él.
"Lo siento." Finalmente dijo. "No sé lo que me pasó. Lo siento de verdad, Helga. No quiero que pienses..."
"Shhh", Helga le palmeó el hombro y se echó a andar "Está bien. Fue sólo un resbalón. El calor del momento. No volverá a suceder. Lo sé..."
"No, Helga, mira, eso no es lo que quise decir..."
"Lo sé, Arnold." Había advertencia en su voz.
"Pero..."
Ella le puso una mano en el pecho con autoridad.
"Pero nada." ordenó "Me la pasé muy bien hoy. Amé cada segundo de esta velada... Y este último… improvisado paseo fue genial; la cereza del pastel. Un impulso no va a echar a perder todo."
Arnold asintió. Vaya que sabía cómo imponerse. Él debería haber permanecido callado, pero era terco como una mula.
"Yo solo…"
"Si vas a disculparte de nuevo me voy a dar la vuelta y te dejaré aquí, ¿entiendes? No tiene sentido desgastarnos tanto por un no-beso."
"Supongo que tienes razón."
"Como de costumbre." Ella dijo con parquedad. "Creo que es hora de irnos," estaban llegando al terreno baldío "Vamos a tomar el atajo."
Al abrir la puerta él miró en los lugares más oscuros en busca de peligro. Todo lucía tan tranquilo y silencioso. La siguió adentro y luego por el camino asfaltado, cuando estaban a punto de rodear un gran árbol Helga se inclinó y recogió algo.
"Mira," dijo con una gran sonrisa mostrándole un bate de béisbol. "¿Es mi día de suerte o qué?" abanicó el bate en el aire.
"Helga, ponlo en su lugar. No es tuyo. Su dueño lo va a extrañar."
Ella resopló, mirándolo con incredulidad.
"¿Sabes? La gente con la que me junto últimamente diría 'El que lo Encuentra se lo Queda'." Abanicó el aire de nuevo "Que se lo tienen merecido por ser tan estúpidos."
"Tal vez ellos lo escondieron en aquí a propósito, pensando que era seguro."
Ella se encogió de hombros como en corroboración a sus palabras. "Estúuuu-pidoos..."
Trató de tomar el bate de sus manos. "Vamos, Helga."
"¡De ninguna manera!" resopló y rodó los ojos "¿En serio, Arnold! ¡Eres demasiado!" Ella se quejó y se inclinó de nuevo "¡Ten!" le lanzó una bola "Tú serás el lanzador."
No pudo evitarlo. Sonrió al mero contacto con la pelota. Habían pasado años desde la última vez jugó a la pelota.
"¿Por qué tengo que ser yo el pitcher?"
"Porque todo el mundo sabe que no sabes batear, ¿qué hay de nuevo con eso?!" ella se rió y se alejó. Cuando estaba a buena distancia se dio la vuelta y tomó la postura de bateo; con sus piernas más separadas que los hombros y las rodillas ligeramente dobladas. Él sonrió ante la vista. Lo que bien se aprende nunca se olvida.
"¡Esto es tan estúpido!" ella rió.
"¿Lista?"
"Sólo lanza la maldita bola," exclamó. Él la miró mientras imitaba estúpidas posiciones de pitcheo, lo que la hizo doblarse de risa, hasta que finalmente se decidió a lanzar la pelota. Aunque pareciera increíble, y teniendo en cuenta lo oxidado que estaban, Helga golpeó la bola. No podían creerlo. Helga bailó en su lugar mientras él iba a recuperar la pelota. Siguieron haciéndolo un buen rato; él lanzaba la pelota y ella bateaba. Se sorprendió al ver que se estaba divirtiendo de una manera que no lo había hecho en mucho tiempo, sólo por jugar a la pelota en un terreno baldío. Helga estaba divirtiéndose también. Presumía ruidosamente cuando golpeaba la bola, y maldecía cuando le tocaba un strike. Después de tres strikes él la abucheó y se acercó a ella.
"Mi turno." Él le sacó la lengua. Ella fingía sus antiguos gestos amenazantes y él se escabulló riendo como un niño.
Después de unos cuantos tiros Helga hizo una pausa y apoyó su peso en una pierna.
"¡Apestas Cabeza de Balón! ¡En serio!"
"¡Hey! Estoy un poco oxidado. ¡No he jugado en años!"
"Yo tampoco, y sin embargo..." hizo una mueca cuando un vecino del edificio de enfrente amenazó con llamar a la policía. "Creo que esa es nuestra indicación de que ya es hora. Tu última bola, ¿de acuerdo?"
"Muy bien," asintió "Lanza tu mejor bola rápida, Heeel-gaaa!" dijo imitando vieja manera de llamarla de Harold.
"¡Prepárate!" rió observando mientras ella se concentraba. Ella lanzó la pelota y él la bateó, golpeando la bola en un lado. Esta salió rodando en una trayectoria errática y ellos se quedaron inmóviles; temiendo que golpeara una ventana ... o algo peor.
"¡Pequeños demonios insolentes!" un ruido repentino allá por las puertas los sobresaltó. Helga se quejó cuando el balón la golpeó en el brazo al caer. "¡Mequetrefes! ¡HOOLIGANS!" Arnold se enderezó para ver. Un anciano venía hacia ellos blandiendo su bastón en el aire.
"¡Larguémonos de aquí!" Helga lanzó la pelota al árbol y salió corriendo a la puerta de la calle opuesta.
"Pero Helga, lo despertamos. Lo menos que podemos hacer es disculparnos."
"¿Creen que pueden venir aquí ... ... y destruir ... nuestro precioso parque..?. ¡Van a pagar por esto!"
"Como desees, Señor Correcto." ella jadeó mientras luchaba con la puerta "Nos vemos el lunes entonces. ¡Buena suerte!" la abrió y se escabulló tan rápido como pudo.
Él también lanzó el bate al árbol, pero se quedó quieto esperando a que el viejo llegara. Podía ver ahora al calvo anciano vestido con sus pantalones de pijamas y una gran chaqueta. Estaba furioso. Ahora los maldecía y les lanzaba piedras.
Tal vez Helga tenía razón. Él fue detrás de ella, pero se detuvo en la puerta, mirando hacia atrás de nuevo.
"¿Qué demonios estás esperando?!" ella le gritó cuando llegó al coche "¿Quieres morir?"
Arnold no supo cómo lo hizo, pero en cuestión de segundos saltó al coche y Helga lo sacó de la acera y arrancó volando. Cuando pasaron por las puertas, el furibundo anciano lanzó su bastón hacia el coche en movimiento, golpeando el parabrisas. Arnold se encogió, volviéndose a ver Helga quien se concentraba llegar a la esquina en menos de un segundo.
Una vez doblando la calle se miraron el uno al otro en shock; y luego al unísono, soltaron la carcajada.
. . .
"Este es el día más extraño que he tenido en mucho tiempo." Dijo que cuando por fin pudo hablar. Se habían carcajeado con ganas durante varios minutos.
"Lo sé." ella exhaló "¡Pobre viejo! Espero que no le dé un ataque cardiaco."
"No lo creo." Suspiró "Pero me siento un poco mal, ¿sabes? Lo despertamos."
"Bueno, sí, supongo. Pero, ¿quién deja su cómoda cama en medio de la noche para ir a enfrentar unos 'hooligans', eh?" se burló "Creo que no es más que un hombre solitario que acaba de conseguirse una historia de pelos para contar en la mañana."
Arnold apoyó su cabeza hacia atrás en el confortable asiento. "Sí, probablemente tengas razón."
"Uh huh." Ella permaneció en silencio durante un rato "Espero que no tomara las placas. Quiero decir, no me gustaría tener que lidiar con policía de Nueva York." gruñó.
Arnold frunció el ceño por un momento sintiéndose preocupado, pero luego lo pensó bien "No lo creo", dijo calmadamente "No cometimos actos de vandalismo".
"Pero cometimos un delito contra el orden público... ¡Dios! ¿Qué estábamos pensando?!"
"Ya sé." Exhaló "La estaba pasando tan bien que ni siquiera lo consideré."
Helga volvió a verlo y sonrió cuando sus ojos se encontraron.
"Sí, yo también."
Sus ojos seguían fijos el uno en el otro hasta que ella se volvió para ver el camino. Él canturreó ligeramente. Ella se volvió de nuevo y su sonrisa todavía adornaba su rostro.
"¿Sabes qué?"
"¿Qué?" -le preguntó después de que ella no continuara.
"Esta noche fue genial," dejó escapar un suspiro.
"¿De verdad lo crees?"
Ella asintió
"Sí... Y... Y creo que necesito agradecértelo ahora, sabes, ya que no será posible hacerlo una vez que lleguemos a tu casa", ella siguió, en lo que pasaba luces verdes con rapidez "No sé cómo describirlo. Pero fue muy agradable, en un sentido muy simple. Como si hubiera estado siempre ahí, dentro de nosotros, pero estaba un poco olvidado. Como el volver a ser niños despreocupados de nuevo." Su voz fue lenta pero profunda a la vez.
No podía dejar de mirarla con asombro; no lo podía creer.
"¿Sabes que yo siento igual?" él resopló suavemente. "Sólo que no sabía cómo describirlo. No soy ningún poeta." Ella rodó los ojos modestamente y juraría que había rubor cubriendo sus mejillas. "Pero imágenes de mi infancia han estado apareciendo en mi mente durante toda la noche."
"¡Y mira que ha sido una larga noche!" ella silbó.
~ 'Yo no quiero que termine ". ~
"Sí, lo fue." Él sonrió. Sintió el repentino deseo de estiarse para alcanzar la mano que descansaba en su muslo. "También la pasé genial." suspiró. Se sentía triste porque las palabras sonaron como un cliché y no llegaban para nada cerca de describir sus sentimientos reales.
"Sé lo que quieres decir." Su sonrisa le dijo que lo entendía "Para mí fue como... como si fuera capaz de ser Helga de nuevo. Sólo Helga... sin títulos ni apellidos por los qué preocuparse." Ella se volvió hacia él y le dirigió la sonrisa más encantadora que él había visto en mucho tiempo. "Sólo Helga."
Él le devolvió la sonrisa.
"Fue todo un placer volver a encontrarte, Helga."
.
No soy dueña de Hey Arnold!
El siguiente capítulo es de algún modo un capítulo imprevisto. Se alterará el orden que había puesto al final del capítulo diecinueve. Es muy corto y estará aquí en dos días.
También quería pedir disculpas porque no me es posible que actualizar con más frecuencia, lo he intentado, pero no puedo. Tengo la esperanza de mantener su interés lo suficiente como para que vuelvan cada vez que tenga algo nuevo. Sin embargo, eso no significa que no venga inesperadamente pronto de vez en vez. Tengo ya el bosquejo de los tres capítulos siguientes, pero va a tomarse su tiempo el desarrollarlos. Habrá algunas sorpresas para ustedes allí.
Bueno, espero que hayan disfrutado de esto. Nos vemos en un par de días con un capítulo corto que de hecho habla de lo sucedido al principio de éste, sólo que contado por otro punto de vista.
R & R. Gracias a MarHelga, GRIMMM, LizDe-Chan, Lizzy, Sweet Sol y Turquoise Girl por sus comentarios. Gracias a todos por leer.
07 de agosto 2015.
