Tempestad.

En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.

Sealtiel Alatriste


1.

El cielo se había nublado de pronto y estaba lloviendo con fuerza, también tronaba y relampagueaba bastante, aunque Nami comprobó que sólo era una lluvia sin importancia, hacía que todo el barco se sintiera tenebroso y angustiante.

Chopper estaba inconsciente en la cama de la pelirroja. Era más que claro que el golpe que Zoro le dio había sido muy fuerte, era un milagro que no le hubiera matado.

Usopp estaba revisando de vez en cuando al renito y miraba la puerta de reojo, no se escuchaba ruido de las otras habitaciones, así que lo que estaba pasando en la enfermería entre el capitán y el primer oficial era un misterio para él, al igual que para los demás. Hacía mucho tiempo que había dejado de temerle al espadachín, pero luego de ver cómo había dejado al pequeño doctor ya no estaba seguro de encontrarse a salvo con él.

Sanji estaba echando humo como una locomotora en el pasillo sin dejar de dar vueltas de un lado a otro angustiado, odiaba esa situación, odiaba tener que alejarse y esperar, odiaba que Zoro confiara en Luffy y no en él, aunque lo entendía, lo odiaba. Odiaba todo aquello, en especial no saber lo que le sucedía al peliverde, quizás su cabeza tenía razón y debía preocuparse más por Chopper, pero sentía tanta opresión en el pecho, que lo único que era capaz de atinar a hacer, era pensar en el espadachín, lo único que su mente alcanzaba a procesar era el mar de sentimientos que el estado de Zoro le provocaban.

« ¡Maldito marimo! » Renegó tirando la colilla y pisándola con frustración.

Estaba a punto de estallar, no le cabía duda de eso, de un momento a otro terminaría gritando o haciendo alguna estupidez. Tenía que saber de qué estaban hablando Luffy y Zoro, y tenía que saberlo ya. Al demonio que el peliverde no confiara en él, al demonio que Luffy les hubiera ordenado dejarlos solos. Iba a ir a averiguar que pasaba en ese instante, lo que pasara después estaba de más, si tenía que pelear con el espadachín lo haría, si tenía que discutir con el capitán o recibir otro de sus puñetazos estaba dispuesto a que pasara, pero no iba a dejar que esa angustia que sentía lo carcomiera más tiempo.

Sacó y encendió otro pitillo con una desesperación apremiante, y sin pensárselo más se dirigió a paso rápido a la enfermería. Iba a averiguar que pasaba aunque esos dos no quisieran que lo supiera.

2.

Zoro terminó de contarle a su capitán todo lo que había sucedido mientras no estuvo con ellos. Se había puesto de pie y le daba la espalda mientras observaba el caer de la lluvia y el golpeteo de las olas en el barco por una de las escotillas. No se atrevía a mirar al moreno, no era capaz de enfrentar lo que sea que hubiera en su mirada, asco, decepción, miedo... lo que fuera seria insoportable.

Luffy se había puesto de pie encolerizado, preocupado, y afligido. Jamás había visto de aquel modo a su primer oficial, jamás había visto a su mejor amigo a punto de desmoronarse, no era algo para lo que estuviera preparado. Lo que Zoro acababa de contarle... se sentía tan culpable por no haberse dado prisa, por haber asumido que estaría bien, él era el capitán, se suponía que debía cuidar de todos sus nakama, aunque fueran tan fuertes como lo era Zoro, él era el responsable. Si no tuviera esa loca obsesión por ir tras todas las aventuras de las que oía sin preocuparse de lo que podía suceder o de las advertencias que le dieran...

— Lo siento — susurró el pequeño, sabiendo que de nada servía aquella disculpa, el daño ya estaba hecho. El espadachín se giró a verlo desconcertado —. Soy el capitán, debí...

— Luffy... — lo interrumpió. De todas las reacciones que pensó que pasarían, aquella ni siquiera se había asomado a sus posibilidades. El moreno se sentía responsable. Él también se sentía mal y culpable, pero por no haberse esforzado más en liberase, aunque le habían dicho que no era su culpa no podía evitarlo, y quizás con Luffy sería igual, pero tenía que intentar que no se lo tomará tan mal o acabaría haciendo que todos se enteraran, y de momento era lo que menos quería —. No es culpa de ninguno de nosotros.

El moreno se abrazó a él con fuerza.

— Lo siento, lo siento, lo siento... — comenzó a repetir constantemente, angustiado.

— Yo también — admitió el peliverde, correspondiendo el abrazo y dejándose cobijar por el consuelo de no sentirse solo. Desahogarse le estaba ayudando a sentirse mucho mejor, y su capitán era la persona correcta para hacerlo; ese amistad sincera y sin malicia sólo podía encontrarla en él.

Dejar salir esas memorias que lo atormentaban y le provocaban todos esos ataques contra sus nakama, eran un calmante para sus heridas, para esas heridas que Mihawk no podría cerrar aunque lo intentara.

— Hay que decirle a los demás por qué hiciste eso — sugirió Luffy, separándose de su amigo —. Deben saber lo que te ha pasado...

— No — Lo interrumpió con calma, pero asustado —, no tienen que saberlo.

El más joven lo miró con desconcierto, pero sabía que era una decisión que sólo le competia a Zoro.

— Bueno, yo no diré nada — le prometió —, pero van a preguntar mucho.

— Por ahora no importa — suspiró aliviado, cuando Luffy prometía algo lo cumplía. Comenzó a rebuscar entre su faja el medicamento, pero no lo encontraba por ningún sitio — Ya se me ocurrirá algo.

— Iré a ver cómo esta Chopper — sonrió Luffy levantando una mano con algo más de entusiasmo, afortunadamente era un chico bastante simple.

— Avísame cuando despierte.

— ¡Sí!

Dicho eso el joven capitán se alejó de la enfermería.

Zoro por su parte se apoyó en la pared para ir al baño, seguramente había perdido el frasco ahí.

3.

El rubio se ocultó cuando Luffy pasó rumbo a la habitación de Nami. No escuchó gran cosa, sólo que el peliverde no quería que ellos se enteraran de lo que había hablado con el capitán, así que, si Luffy no iba a decírselo, se lo sacaría al espadachín a golpes si era necesario, pero no iba a permitir que siguiera desconfiando de él como lo hacía.

Antes de lo que paso entre ellos había notado como el peliverde tenia más confianza con él, un error que sabía que ambos habían disfrutado no podía haberlo arruinado todo de aquel modo. Además se amaban, aunque ese idiota estuviera con otro, le amaba, y lo sabía; de manera que no iba a permitir que se alejara más de él por orgullo.

Lo miró meterse al baño y se fue detrás de él a prisa.

— ¿Se te perdió algo? — le preguntó sin poder ocultar su enfado. Le miró buscando algo en el suelo.

Zoro sujetó el frasco en su mano derecha, lo acababa de encontrar cuando escuchó la voz del rubio detrás de él. Suspiró hondo e hizo uso de toda su fuerza y de su dignidad para poder levantarse a hacerle frente. Metió el frasco donde siempre lo llevaba temiendo quebrarlo en una posible confrontación.

— Eso no es problema tuyo.

Sanji se pasa una mano por el cabello, frustrado por la aspereza con la que siempre se dirigía a él.

— ¿Qué parte de que me preocupas te cuesta más trabajo entender?

— No necesito que te preocupes por mí — respondió sin moverse y tratando de mantenerse ecuánime —. Además tienes una terrible forma de demostrarlo — no tenía tiempo para pelear con él, necesitaba el medicamento o se desmayaría de nuevo.

— ¡Me tiene sin cuidado si lo necesitas o no! — Explotó, llenó de frustración. Quería que el peliverde entendiera como se sentía, lo mal que se encontraba, lo mucho que necesitaba reconciliarse con él — ¡No puedo evitarlo!, ¿¡No lo entiendes!? — En ese momento lo sujeto de los hombros con fuerza, aunque el gesto de dolor y el quejido del espadachín no era algo con lo que contara, le soltó de inmediato y lo vio asustado — ¿Te lastime? — preguntó, no pensó que ejercería mucha fuerza, mucho menos para lastimar al espadachín, quien físicamente le superaba por mucho.

Zoro se apartó ligeramente y levantó la cara para mirarle. Apretó la mandíbula.

— Si — reconoció, en su voz había rencor, aunque no se refería al dolor físico —. Me lastimaste.

Sanji se mordió el labio inferior, aparentemente entendiendo la indirecta.

— Lo lamento — dijo con ojos suplicantes y voz quebrada —. He sido un idiota.

— Al fin estamos de acuerdo en algo.

Ambos sonrieron irónicamente sin apartar la vista del otro.

— Necesito... — susurró el rubio, pero sus palabras murieron en su garganta.

El peliverde enarcó una ceja. Por alguna razón el entumecimiento de sus músculos y la hipersensibilidad al dolor de su cuerpo habían pasado a segundo plano, en ese momento de lo único que era consiente era del doloroso latido de su corazón y del miedo y la angustia que lo envolvían.

— Necesito que me creas cuando digo que te amo — rogó el rubio. Estaba suplicando por una oportunidad que no merecía —. Necesito que me creas cuando te digo que no me había dado cuenta de lo que siento y de lo estúpido que fui.

— Eres un cínico.

Aquellas palabras le dolieron más que cualquiera de los golpes que había recibido de él en su vida.

— Con qué derecho me pides que te crea — de pronto se sintió molesto, pero lo cierto era que la decepción lo sobrepasaba —, con qué derecho vienes y me dices eso cuando lo único que te importa eres tú mismo.

— Entiendo cómo te sientes...

— ¡No tienes una jodida idea! — Gritó furibundo. Sanji se quedó callado mirándolo, no se esperó que estallara de aquel modo —. ¿¡Qué carajo puedes saber tú de cómo me siento!?

— Si me lo dijeras lo entendería — lo retó el rubio, quería comprenderlo, quería apoyarlo, quería desesperadamente que le confiara todo, aunque fuera por un arranque de ira, de coraje o de odio.

— ¿Quieres entenderlo? — se burló de manera histérica, sabía que debía parar he irse de ahí, pero acababa de llegar a su límite, si Sanji quería saberlo, le diría todo lo que sentía, aunque estaba seguro que iba a arrepentirse apenas terminara de hablar.

— Sí, quiero entenderlo.

— Empecemos entonces — se paró exactamente delante de él, separados por una distancia casi nula, mirándole con tanto rencor que hizo al cocinero retroceder.

El rubio tragó saliva al dar un paso atrás, pero no dijo nada más, se quedó esperando a que Zoro hablara.

— Jamás había estado con nadie hasta que lo hicimos en la cocina — dijo y se quedó callado observando como el rubio se descolocaba completamente, era seguro que no se esperara aquello.

— Yo... — el poco mundo que le quedaba de pie comenzó por venírsele abajo, primera sospecha confirmada, y ni siquiera sabía que decir para excusarse, porque en el fondo lo hizo con esa intensión, con la intensión de ser el primero.

— ¿Cómo demonios crees que me sentí cuando al otro día me dijiste que sólo me habías usado, como si de un juguete me tratase? — Suspiró para mantener la misma postura —. No tienes una idea — se respondió solo ante el silencio —. Nadie me había hablado o tratado como lo hiciste tú.

— Zoro...

— Sabes qué es lo peor... — lo interrumpió con brusquedad —, que llegue a pensar que no importaba mientras pudiera estar contigo.

Sanji desvió la cara, no era capaz de mirarlo a los ojos, se sentía tan avergonzado, se sentía como un idiota. El peliverde se entregó a él porque le amaba, seguramente no lo hubiera hecho si no fuera así, y él... bueno, él era un perfecto idiota.

— Lo lamento — susurró, aunque sabía que disculparse no le ayudaría en nada.

— No me vengas con eso ahora — le pidió permitiendo que su voz sonara ligeramente ahogada por primera vez.

Ambos se quedaran callados, hubo un silencio tenso y vació, terriblemente doloroso que no supieron cuánto duro. El rubio alzó la cara para mirar al espadachín, quien parecía estar buscando las palabras para continuar sin derrumbarse.

— Cuando... — su voz se ahogó y maldijo en silencio. Aún estaba a tiempo de arrepentirse, de parar aquel relato, dejar las cosas como estaban e irse, pero una parte de él no quería parar. Una parte de él necesitaba liberar toda la mierda y la podredumbre que lo ahogaba —, cuando me capturaron lo único que me importaba era que tu estuvieras bien.

Ese fue otro golpe directo al corazón del cocinero, quien cerró los ojos para soportarlo. « ¿Aún hay más? » Se preguntó el rubio, acongojado. No parecía posible « ¿Tanto daño le he hecho? »

— Y no dejé de preocuparme por ti — continuó hablando el peliverde —, ni siquiera cuando... — tomó una gran bocanada de aire, para que la presión en su pecho no acabara de ahogarlo —, ni siquiera cuando él... — le dio la espalda, no quería mirarlo, no quería ver su cara al escuchar aquello, probablemente no lo soportaría. Suspiró hondo, sacó la medicina y la tomó, porque si no lo hacía acabaría inconsciente.

Sanji levantó la cara hacia él y su corazón comenzó a latir con violencia, casi quería salírsele del pecho, porque la angustia era aplastante. No podía decirle que no continuara no sólo por lo mucho que había insistido en que le dijera todo sino también porque quería demostrarle que podía estar a su lado, igual que Luffy, igual que Mihawk... pero, tampoco quería continuar escuchándolo, no quería que se confirmara su otra sospecha, no sabía si iba ser capaz de soportar algo así.

—... cuando ese imbécil me ultrajo — dijo al fin, de una manera tan clara y aparentemente clamada que hizo al rubio ahogar una exclamación —. En realidad no es algo que hubiera podido tumbarme — continuó mientras todos aquellos recuerdos se colaban como imágenes en su memoria, con tanta viveza que dolían —. Soy fuerte, si todo hubiera sido físico lo habría soportado mejor — una ligera burla acompañó esa declaración —, creo que el problema fue lo que me dijo...

El rubio sintió algo tibio resbalando por sus mejillas, pero no tuvo el valor de levantar su mano y confirmar lo que era, mucho menos tuvo valor para acercarse al espadachín. Le dolía verlo así.

— ¿Qué dijo? — pregunté con voz ahogada, perfectamente consciente de que lo que fuera, lo haría sentir aún peor, pues algo en su interior le gritaba una y otra vez lo hijo de puta que había sido con el hombre que amaba.

— Dijo... — su voz se ahogó mientras su vista se nublaba. Dejó escapar sus lágrimas por primera vez desde que estaba en el Merry, dejó salir parte de la mierda que lo ahogaba. Al menos ya se había tomado la píldora y no corría el riesgo de perder el conocimiento y acabar en los brazos del rubio. Se le escapó una burla un poco histérica que intentaba engañar al llanto que le quemaba las mejillas —, que yo soy... — suspiró, sonrió, lloró y su pecho se contrajo tratando de impedirle decir aquello, aquellas palabras que aún le dolían, que en el fondo, de algún modo se creía, y eso lo desbarataba — "muy útil para liberar tensiones" — hubo risa con esas palabras, pero para nada era de alegría —. ¿Te suena familiar?

El cocinero se cubrió la boca y las lágrimas comenzaron a salirle con mayor fluidez. ¡Claro que le sonaba familiar! Era lo mismo que le había dicho él, probablemente con la misma intensión de herirlo, de humillarlo, de hacerlo sentir basura... porque él sabía cuales habían sido sus propias intensiones al soltar aquello, pero para aquel entonces aún no sabía que la basura era el mismo.

— Zoro, yo no...

— Ya no importa — le cortó el peliverde, aún salían lágrimas de sus ojos, pero de algún modo extraño estaba un poco mejor —. Sólo mantente lejos de mí.

— No puedo... — Sanji sabía que tenía razón, que si le quedaba algo de arrepentimiento debería alejarse de él, permitirle continuar con su vida, pero era un egoísta idiota y no quería vivir sin él —. Te amo.

— ¡Deja de repetir eso! — ordenó, sintiendo como la ira se empezaba a apoderar de él, había esperado que desistiera de su estúpido juego tras decirle lo que le había pasado, pero parecía no importarle, perecía que seguiría tratando de usarlo. Le dolía tanto pensar en eso, le dolía tanto que las lágrimas siguieron surcando su cara, pero no levantó su brazo para limpiarse el rostro, no mostró más flaqueza ni debilidad.

— Entiendo que te cuesta trabajo creerme, pero eso es lo que siento.

Zoro se volvió a verlo, y por primera vez, Sanji lo miró llorando. Al rubio se le cayeron todas las armas y todos los argumentos cuando miró aquellas lágrimas que habían conseguido escaparse de los ojos del espadachín. Le había oído llorar cuando perdió el duelo contra Mihawk, pero no lo había visto debido a la distancia, Zoro no era de los que mostraban sus sentimientos, y le estaba mostrando lo mucho que le dolía escucharlo, le estaba mostrando lo vulnerable que era, lo quebrado que estaba... le mostraba que no era de piedra como todos pensaba...

— Estoy con Mihawk ahora — le dijo, con la barbilla levantada, como quien se hincha de orgullo.

— ¿Pero no le amas?

Zoro tragó saliva —. Ciertamente jamás le amaré como te amé a ti — reconoció —, pero eso no significa que no lo haga.

— Pero si tú me amas y yo te amo, podemos estar juntos — insistió en una súplica que encerraba todas sus esperanzas. Era su última oportunidad, debía convencerle o quizás iba a perderlo para siempre.

— ¿No comprendes que estar contigo me hace daño? — Le respondió, para sorpresa del rubio ahora no sólo demostraba lo mal que le había puesto lo que pasó entre ellos, también se lo estaba diciendo. Se encaminó a la puerta pasando junto a él, tenía que irse, no soportaba seguir ahí, no soportaba escuchar esas mentiras, pues si las continuaba escuchando iba a acabar por creérselas. Debía dar por terminada aquella conversación.

— Juntos lo superaremos — insistió Sanji, estaba rogando internamente que al menos se girara a verlo, que no acabara aquello dándole la espalda.

— No — negó también con la cabeza, por dignidad debía irse de ahí antes de hacer algo peor que decirle todo.

— Por favor...

— Amarte Duele... — susurró desde la puerta sujetándose del pomo, temiendo que si no se aferraba a cualquier cosa podría ceder —, y duele mucho — añadió molesto por haber desvelado sus sentimientos, pero es que no podía más, ocultar todo aquello lo estaba consumiendo por dentro —, pero puedo soportarlo mientras te mantengas lejos de mí y dejes de intentar usarme.

— Zoro, yo nunca intente...

— Mihawk es mi pareja — lo interrumpió —, le necesito conmigo para estar bien — suspiró —. Él es paz, calma, consuelo... tú sólo me perturbas y me haces daño.

— Entonces... — no podía moverse, pero deseaba hacerlo, deseaba alcanzar a Zoro y besarlo, demostrarle que lo que decía era verdad, pero su cuerpo parecía no querer reaccionar, porque tenía miedo de hacerle más daño — ¿Lo nuestro se acabó?

— ¿Cómo puede acabarse algo que jamás comenzó?

Dicho eso salió de la ahí dejándolo solo.

Sanji se dejó caer de rodillas cubriendo su cara con las manos, sollozando como un niño perdido. Se lo merecía, y lo sabía muy bien, pero aun así le dolía. No quería hacerle más daño a Zoro, así que, muy a su pesar, en medio de todo el dolor que le atravesaba el alma, decidió que iba respetar la decisión que el espadachín había tomado. No lo lastimaría más, ni siquiera volvería a mencionar lo que sentía por él. Le amaba tanto que estaba dispuesto a dejarlo con tal de no volver a verlo llorar.

4.

Acababan de llevarla ante él, estaba ojerosa y cansada. Necesitaba desesperadamente tomar un descanso.

— ¿Cómo va la droga? — le preguntó con calma mientras se sujetaba la barbilla y sonreía con sadismo.

— Necesito un respiro.

Kasuki podía ser muy necia a veces, y en ocasiones parecía que no era consciente del peligro en el que estaba, pero la escalofriante mirada que recibió junto al cambio de semblante y la ligera incorporación en su asiento del hombre frente a ella, la hizo estremecer.

— No descansara hasta terminar lo que le he pedido — le aseguró levantándose y sonriendo de nuevo —, pues no querrá que juegue con usted en lugar de con esos enclenques inútiles que hemos estado arrojando por la borda, ¿o sí?, doctora — ella hizo un gesto de asco ante la insinuación —. Lo imaginaba — sonrió complacido —. Termine lo que le pedí.

— ¿Puedo saber a qué se debe la prisa? — indagó, desafiante, tenía que saber cuánto tiempo le quedaba o su plan de verdad fracasaría.

— Lo curiosidad no es una virtud, doctora.

Ella asintió y se dio la vuelta para que dos soldados la condujeran al laboratorio.

— Pronto alcanzaremos a mi juguete — dijo aquel hombre antes de que la puerta se cerrara por completo detrás de Kasuki.

Tenía poco tiempo, antídoto o droga... vivir o salvar la vida de alguien... « Bonita encrucijada. » Suspiró pesadamente sabiendo lo que haría, era una pena tomar aquella decisión pero así había sido ella siempre, así que no se podía quejar.

La suerte ya estaba echada.

5.

Luffy observo a Chopper moviendo la cabeza de un lado a otro. Todo lo que Zoro acababa de decirle daba vueltas en su cabeza sin dejarlo. Había sido un mal capitán, un mal amigo... aunque el espadachín le dijo que no era culpa de ellos, él se sentía culpable.

— ¿Pasa algo, Luffy?

El chico de goma levantó la cabeza y miró la cara preocupada de Nami, luego sonrió para tratar de tranquilizarla. Zoro le pidió no decirles nada, le prometió que guardaría el secreto, y el siempre cumplía sus promesas.

— No — mintió.

La pelirroja enarcó una ceja, incrédula.

— No deberías pasar tanto tiempo con Usopp.

Luffy movió la cabeza de un lado a otro confundido.

— ¿De qué hablas Nami?

— Si va a enseñarte a mentir, debería hacerlo bien — comentó mirándolo severamente.

— No estoy mintiendo.

La chica enjarró los brazos molesta.

— No sé qué ocultas — le dijo dándose la vuelta y poniendo su atención en el renito —, pero te aseguro que lo averiguare — entonces levantó el rostro para verlo y ya no estaba.

6.

Salió del baño luego de unos momentos, luego de calmarse y lavarse la cara. Iba masajeándose la sien con la mano derecha, estaba empezando a dolerle la cabeza. Todo había sido demasiado, demasiado emotivo, demasiado pesado, demasiado doloroso, demasiado... había sido más duro de lo que pensó, y más fuerte de lo que era capaz de soportar. Pero era algo que se había ganado a pulso.

Sabía lo orgulloso que era Zoro, así que no le sorprendía que lo rechazara, pero todo por lo que había tenido que pasar, lo que sufrió, lo que le hicieron...

— ¡Maldita sea! — reprimió una patada, el Merry no estaba en condiciones de recibir más daño, y pese a su frustración era consciente de ello.

Dio una larga calada al cigarrillo en su boca, con la vista al techo, y sacó el humo por la nariz. Si al menos hubiera tenido el valor de aceptar que esa obsesión que tenia del espadachín era más que atracción física o necesidad, si hubiera aceptado sus sentimientos en lugar de hacer y decir todas esas estupideces, si hubiera... ya que importaba, no tenía caso seguir lamentándose, lo había perdido. Había perdido a la única persona que realmente había amado y que realmente le había importado por ser un estúpido, imbecil, cretino y arrogante.

Era increíble que el espadachín hubiera estado de pie cuando lo encontró, luego de todo... cerró los ojos y se recargó en la pared apoyando las manos en las rodillas, con la cara hacia el suelo. Todavía después de eso lo salvo... a él que no merecía nada, aun cuando debía odiarlo por todo, le había dicho que lo amaba y lo había salvado. El espadachín era mejor que él en todo, debía aceptarlo aunque le pesara en verdad.

— ¿Estas bien, Sanji?

La voz de Luffy lo hizo mirarle, el moreno estaba preocupado.

— No — admitió —. No estoy bien, Luffy.

El chico de goma lo miró fijamente.

— ¿Qué pasa?

— Hablé con Zoro.

— ¿Te dijo lo que paso? — la sorpresa del capitán fue evidente. Aunque no se dio cuenta que de no haber sido así habría quedado al descubierto.

— Sí.

— ¿Dónde está? — preguntó preocupado, mirando a su alrededor.

— Se fue a... — se quedó meditando un rato —. No lo sé.

Luffy se quedó viéndolo, el rubio tenía la mirada fija en algún punto de la pared. El moreno se sintió mal por él, aunque no sabía por qué, algo pasaba entre Zoro y Sanji, podía sentirlo, aunque no estaba seguro del qué cosa era.

— ¿Quieres a Zoro? — le preguntó.

El cocinero posó la vista en el sorprendido.

— Los quiero a todos, Luffy — evadió, mirando la pared otra vez —, el marimo no es la excepción.

— Quiero decir, ¿si lo quieres proteger? — Corrigió —. ¿Si quieres estar siempre con él?

Sanji lo miró, impresionado, al parecer su capitán no era tan despistado como creía.

— ¿A qué viene eso?

— No sé — sonrió inocentemente y se encogió de hombros

— ¿Y si ese fuera el caso? — Miró hacia el suelo no muy seguro de si debía decirlo —. ¿Si así fuera que pensarías?

— ¿Yo? — el capitán se señaló a sí mismo, confuso.

— Si Luffy, tú.

— Bueno, si tú le quieres yo no tengo porque pensar nada al respecto — respondió con seriedad.

— Esa respuesta no es muy propia de ti — se burló el rubio dejando salir el humo de su boca, tal vez su capitán había comenzado a madurar después de todo.

— Fue lo que me dijo Zoro.

— ¿Lo que te dijo Zoro? — Repitió el rubio confundido — ¿Y de qué hablaban cuando te dijo eso?

Luffy sonrió ampliamente.

— Es un secreto.

Luego de decir eso se alejó, dejándole totalmente confundido.

7.

Miró hacia abajo preocupada. Seguramente la reacción del espadachín había sido por el estrés de lo que había pasado, el padre de Aiya les había dijo que estaba en la cámara de tortura cuando llegaron, así que posiblemente la había pasado mal. Aunque le preocupaba más como pudiera estar el pequeño doctor.

Le costaba algo de trabajo aceptarlo, pero esa tripulación le preocupaba demasiado, más de lo que creyó que llegaría a preocuparle alguien jamás. Se había acostumbrado a estar sola, aunque no era algo que le gustara, ya se había acostumbrado. Pero estar con esos chicos... sin darse cuenta estaba empezando a tenerles cariño.

Miró hacia el agitado mar, las olas comenzaban a crecer, posiblemente la tormenta se haría más grande en poco tiempo. Decidió avisar a la navegante. No quería que nada les pasara, y eso incluía cuidarlos y prevenirlos de fenómenos naturales también.

Un relámpago le dejo ver las siluetas de varios barcos, pero agudizando la vista y mirando fijamente en aquella dirección no logro ver nada. Tal vez había sido su imaginación, pero se quedó esperando a que un nuevo relámpago le despejara las dudas.

8.

Miro a Zoro salir y se asustó un poco, pero eran nakama. Debía haber una explicación para lo que paso en la enfermería.

— Oye, Zoro... — lo llamó ligeramente nervioso.

El peliverde alzó una ceja y lo vio con suspicacia.

— ¿Qué haces afuera con esta lluvia? — preguntó.

— Vine a decirle a Merry que sea fuerte — Usopp sonrió y acarició amorosamente el mástil.

Una gota de sudor se deslizo por la nuca del peliverde.

— ¿Estas bien? — preguntó Usopp volviendo su atención en el espadachín.

— ¿Por qué? — de nuevo lo vio con suspicacia.

— Bueno... — se rascó la nuca, nervioso.

— ¿Me tienes miedo? — preguntó con asentó burlón, tratando de ocultar la preocupación que sentía y los nervios que producía la idea de que respondiera que sí.

— ¡Ja! — Usopp se irguió y se golpeó el pecho con un puño, no muy fuerte para no lastimarse, pero si con la suficiente firmeza para que el golpe sonara —. El poderoso capitán Usopp no le teme a nada.

Zoro sonrió y siguió caminado hasta recargare con la barandilla del barco para contemplar el mar. El cielo estaba oscuro, pero parecía no ser peligroso, de serlo Nami estaría en cubierta dándoles órdenes a todos, además en aquel momento la lluvia lo tranquilizaba.

Usopp también caminó hasta quedarse a un lado de él y observarlo, curioso.

— ¿Qué? — inquirió el espadachín frunciendo el ceño.

— La verdad es que todos estamos muy preocupados por ti — le informó severamente —. Chopper me comentó que mientras revisaba tus heridas la primera vez, o mejor dicho, la única. Te había hecho unos exámenes y encontró una extraña sustancia en tu sangre.

El peliverde se incorporó y lo miro incrédulo, no tenía idea de que Chopper hubiera hecho aquello.

— Los últimos días estaba haciendo una especie de intravenosa para poder desaparecerla, pero...

Al escuchar el espadachín se metió a prisa a los camarotes.

— ¡OI, NO ME DEJÉIS HABLANDO SOLO!

9.

La puerta se abrió de golpe sobresaltando a la pelirroja. Se giró y miró a un empapado Zoro respirar nervioso mientras clavaba su vista en el renito.

— ¡Oye tonto! — le reprendió levantándose y parándose en medio de su campo de visión, de manera que alzó la cara para mirar los enfurecidos ojos castaños de la chica —. ¿¡Se puede saber cómo te presentas aquí luego de lo que has hecho!? — le regañó enjarrando los brazos en su cintura.

— ¿Cómo está? — preguntó él, tratando de no prestar atención a la reprimenda ni al sentimiento de culpa que se apoderaba de él.

— ¿¡Y cómo esperas que esté!?

— Oye Nami, no estoy para que me regañes — se quejó enarcando una ceja —. Necesito hablar con Chopper.

— Debiste pensar eso antes de dejarlo así.

— ¿¡Pero qué tú no entiendes que no me he dado cuenta!?

La chica reprimió el impulso de dar un paso atrás, ella siempre se había encargado de poner en su lugar a esa bola de botarates, así que debía mantenerse en aquella situación. Dio un paso al frente y le encaro en el mismo tono.

— ¿¡Y cómo no te ibas a dar cuenta!? — enfureció —. ¿¡Acaso eres retrasado!?

Al espadachín se le salto una vena en la frente, a veces le daban ganas de matar a esa mujer, pero suspiró con fuerza y controló sus impulsos, no iba a andar por el barco atacando a todos sus nakama.

— Escucha Nami... — comenzó más calmado —. Esto es importante, debo hablar con Chopper.

La chica se cruzó de brazos.

— Pues tendrás que esperar a que despierte — sentenció.

— ¿No podemos despertarlo? — preguntó exasperado, necesitaba saber si le había inyectado o no esa medicina, y si era para curarlo. Aunque si se la hubiera inyectado no se habría sentido mal al reaccionar. Tenía que saber si era la cura.

— ¡Pero cómo se te ocurre...!

La pelirroja estaba a punto de estallar furiosa, pero un estruendo y un agitado movimiento del barco la hicieron caer al suelo.

Zoro endureció el cuerpo y se mantuvo de pie mirando hacia la puerta, aquel estruendo no había sido un trueno.

— ¡Hay problemas! — Sanji entró en la habitación de golpe, pero se paralizo al mirar al espadachín. No esperaba encontrarlo ahí.

— ¿Qué clase de problemas? — preguntó el peliverde serio mientras ayudaba a la navegante a ponerse de pie, sorpresivamente el rubio no había corrido a levantarla como hubiera sido lo normal.

— Nos atacan — respondió mirando al peliverde a los ojos, pero luego posó la vista en la pelirroja —. ¡Nami, ¿estás bien?!

— Si, Sanji.

El peliverde frunció el gesto y desvió la mirada de ambos, no podía evitarlo, pero le irritaba verle coquetear con ella, siempre le había molestado que fuera tan estúpido cuando se trataba de mujeres, aunque ahora sabía que ese coraje que solía sentir y que estaba sintiendo en aquel momento era a causa de los celos. Tenía que controlarse, acababa de decirle que no habría nada entre ellos, debía dejar de sentir celos cada vez que lo viera con alguna mujer.

Aquella acción no pasó desapercibida para el rubio, quien se permitió una media sonrisa al notar que eran celos, estaba seguro, Zoro sentía celos por él, los reconocía fácilmente por que llevaba un buen rato sintiéndolos.

— ¿Quién nos ataca? — preguntó Nami interrumpiendo ese momento que fácilmente noto, no es que no quisiera que se arreglaran, pero había prioridades y debían estar atentos, luego del ataque de la marina en Eris se podía esperar que les siguieran o que los estuvieran emboscando.

— No lo sé — admitió —, cuando iba a cubierta Usopp lo ha gritado.

— Vayamos a ver — dijo el peliverde pasando entre ellos de manera tosca y haciendo que se apartaran uno del otro, pudo haberlos rodeado, pero por alguna razón no quería que estuvieran juntos. Eso era el colmo, él estaba con Mihawk, qué más le daba lo que Sanji hiciera o con quién lo hiciera. Pero lo cierto es que le molestaba, en especial por que había estado diciendo que le amaba, ¿Cómo podía decirle eso y luego correr tras las chicas? Bueno, aquello ya se lo esperaba, pero descubrió que en el fondo aún tenía la esperanza de que le hubiera dicho la verdad, de que realmente lo amara. La desilusión era terrible.

Hubo otro movimiento tosco en el barco, y ambos se sujetaron de los firmes brazos del espadachín, sanji a su derecha y Nami a su izquierda. Los miró con suspicacia y un poco sonrojado, luego levantó el rostro extrañado.

— Eso no ha sido un ataque — comentó pensativo.

— ¡Oh, no! — Gritó la navegante separándose de él de golpe —. ¡La tormenta ha empeorado! — Anunció más para sí que para los chicos —. ¿Cómo no me he dado cuenta?

— ¿Es muy grave Nami?

— Es un ciclón.

10.

— ¿¡Robin estas bien!? — Gritó Luffy desde la parte baja del mástil, estaba aferrado con fuerza.

Usopp corría de un lado a otra con pedazos de tablas en las manos para tratar de sellar las cuarteaduras que comenzaba a abrirse en el casco.

— ¡Si capitán! — tuvo que gritar por que los vientos impedían que se escuchara bien.

— ¡Luffy que haces ahí!

El capitán se soltó del mástil por el golpe que recibió en la cabeza por parte de la navegante.

— Ayúdame con el timón — le ordenó —. ¿¡Robin te puedes hacer cargo de la velas!? — Gritó mirando hacia la parte superior del mastelero y miró asentir a la morena —. ¡Usopp tu sigue con eso!

— No pensaba dejarlo — sentenció en nariz larga corriendo frente a ellos con más madera y clavos.

— ¡Ustedes dos cubran de una posible invasión! — les ordenó a los otros dos chicos antes de jalar a Luffy de una mano y llevárselo al dirigir el timón.

Zoro fue el primero en dirigirse a la proa del Merry, el rubio lo siguió a una distancia prudencial, estaban en medio de una tormenta con la posibilidad de ser atacados, no era el momento de tratar de estar cerca, además se propuso no molestarlo más y no lo haría, aunque se muriera de ganas.

11.

El barco principal estaba prudentemente más atrás que los otros, los cuales había comenzado el ataque contra la pequeña carabela, la tormenta era de ayuda para su propósito. Sabía que la tripulación de sombrero de paja era escasa, así que no podría cuidar que el barco no se hundiera por las tremendas olas y al mismo tiempo evitarle atrapar a su objetivo, el cual ya le habían confirmado que se encontraba a bordo.

Se lo imaginaba, sabía que cuando Mihawk descubriera que seguía con vida trataría de encontrarlo, por lo tanto llevaría al chico donde estaría a salvo, o más bien, donde pensaba que así seria. Ese fue su plan desde que supo que estaba con el shichibukai, era una pena, la marina, los nakama del muchacho, el mismo Taka no me e incluso el clima le estaban ayudando para recuperarlo.

Sonrió con suficiencia levantando el mentón ante el panorama. Todas las cartas estaba sobre la mesa y su mano era la mejor, la niebla que se formaría minutos después sería la cortina perfecta para alejarse de todos.

— Aborden el barco — ordenó — pero no maten a nadie — quería que todos se atormentaran por la ineptitud de sus decisiones, quería que todos supieran que había sido superior a la marina una vez más, pero especialmente quería que todo el mundo se enterara que había logrado burlar al más fuerte de los shichibukai sin ningún problema.

— ¿Señor? — su nuevo primer oficial lo miró confundido, las condiciones del clima no le parecían seguras para los hombres en los otros barcos.

— Cuando vas a pescar sueles tirar carnada — sonrió, y la mirada confusa de su subordinado lo invitó a continuar —, dale confianza al pez y luego tómelo sin piedad.

El primer oficial tomó el den den mushi y dio la orden del abordaje, sabía lo que aquella metáfora había significado, todo aquel que subiera en esa carabela ya estaba dado por muerto.

— Cuando la presa esté lista lanzaremos la verdadera red — sonrió Amyas antes de echarse a reír satisfecho, de un momento a otro conseguiría lo que quería. Porque él siempre conseguía lo que quería.

Continuará...