Hola a todos! Como están? Yo muy bien :)
Actualizando una vez más mi locura con un nuevo cap, cortito pero en mi opinión fundamental para que definitivamente las cosas puedan seguir marchando bien… Hasta ahora todo muy bonito y romántico para nuestra querida pareja, pero ahora se viene "la" charla… No se asusten, el final feliz va a llegar igual! Sólo que me parece importante no pasar por alto un temita en particular… Avanzando en la lectura entenderán a qué me refiero…
Bueno, gracias totales a quienes siguen y comentan cada día! Y a lxs que todavía no se animaron sepan que son totalmente bienvenidos!
Todos los personajes de esta historia pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Espero que les guste el cap!
Besotess..
Bell.-
:: Capítulo Veintiuno ::
Bajando las escaleras del templo que conducían a la calle, Serena y Darien iban tomados de la mano, conversando y riendo sobre lo que hasta momentos antes hablaban con sus amigos.
Hasta que ella se detuvo de repente. —¿Qué sucede, princesa? —preguntó él un tanto sorprendido—. ¿Te olvidaste algo en el templo?
Serena bajó un par de escalones para acercarse a él y quedar a su altura. —Yo no me olvidé de nada —dijo con una coqueta sonrisa mientras rodeaba con sus brazos el cuello de Darien—. ¿Tú te olvidaste algo?
Él, comprendiendo la actitud de Serena, también la rodeó con sus brazos por la cintura. —¿Tú crees? —preguntó en tono seductor—. ¿Qué me puedo haber olvidado? —susurró acercándose cada vez más a su boca.
Serena se mordía el labio inferior al tenerlo tan cerca y lo miraba acechante, Darien sonreía deleitado ante su expresión. —Eres un novio muy distraído, ¿sabes? —susurró casi rozando sus labios con los de él—. Olvidaste algo muy importante.
—¿De qué me olvidé, princesa? —susurró él impaciente.
—Olvidaste besar a tu novia —susurró ella y cerró los ojos para esperarlo.
—¿Sabías que eres una novia muy hermosa? —dijo Darien en un suspiro y sin resistir más la besó.
—Te extrañé tanto, mi amor —dijo ella entre beso y beso.
—Yo también —él profundizaba los besos —Fue el día más largo de mi vida. No pude dejar de pensar en ti cada minuto, cada segundo.
Serena lo abrazó emocionada. —Me hiciste mucha falta hoy —le dijo al oído.
Darien suspiró de nuevo y acarició largamente su cabello. Se separó un poco para mirarla de frente. —¿Quieres ir a pasear conmigo? —le dijo con una tierna sonrisa. Ella asintió contenta y volvieron a tomarse de las manos para terminar de bajar las escaleras.
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Fueron hasta el parque. Caminaron, tomaron helado, conversaron, rieron. Ahora disfrutaban de volver a estar juntos después de tan poco tiempo, todo lo contrario a lo que siempre les había pasado.
Se sentaron en una banca, ya casi anochecía. Estaban abrazados, Serena reposaba su rostro en el pecho de Darien, él acariciaba lentamente su cabello con los dedos. No hablaban, sólo disfrutaban del silencio, del simple hecho de estar juntos.
—Casi lo olvido —dijo él repentinamente—. Hay algo que quiero contarte.
Ella volteó a mirarlo. —¿Qué cosa? —preguntó curiosa.
—Hoy me sucedió algo increíble —respondió Darien y comenzó a contarle entusiasmado—. Tengo un compañero en el hospital que está por mudarse al extranjero, en cuestión de un par de semanas, porque le surgió una muy buena propuesta de trabajo de último momento. También es cardiólogo, trabaja en el mismo servicio que yo. A mí me hicieron la misma propuesta, pero yo la rechacé y él no quiso desaprovechar la posibilidad para ofrecerse en mi lugar, hacía rato que tenía planeado hacer algo así. El jefe del servicio lo ayudó mucho, recomendándolo con la gente que estaba buscando profesionales para…
—¡Ay, Darien! —exclamó Serena impaciente—. Me pones nerviosa con tanta explicación. ¡Dime de una vez qué pasó!
Él echó a reír. —Lo siento —y continuó—. Bueno, el asunto es que está vendiendo todas sus cosas, muebles, electrodomésticos, autos, todo lo que tiene. Y nos lo ofreció a todos los compañeros del hospital a precios realmente regalados. Y adivina qué le voy a comprar yo —la miró con una sonrisa de niño con juguete nuevo.
—¡No sé! ¡¿Qué?! —preguntó ella más impaciente.
Él volvió a reír. —¡Un piano! —respondió contento, ella sonrió asombrada—. Sí, un piano eléctrico de 8 octavas, ¿no es increíble?
—Vaya —dijo ella—, ¡es muy bueno!
—¿Verdad que lo es? —agregó él—. Estoy tan entusiasmado. Está casi nuevo, se lo regalaron hace poco tiempo y casi no lo ha usado. Y yo tenía la idea de comprar uno en algún momento, pero no terminaba de decidirme, y cuando ya casi me había olvidado del asunto surgió esto y ni lo dudé.
—¡Qué lindo, amor! Vas a volver a tocar —él asintió con una alegre sonrisa—. Me alegro mucho y muero de ganas por escucharte de nuevo —le dio un tierno beso en los labios—. Como aquella vez en la casona, ¿te acuerdas?
—Sí —respondió Darien—. Lo recuerdo, el día que inaugurabas tu muestra de fotografía.
—Estábamos solos después de dejar todo listo para la exposición y tocaste una canción tan hermosa —Serena suspiró nostálgica—. Fue tan romántico… —Darien comenzó a cambiar de expresión y se puso serio—. ¿Qué pasa? ¿Acaso dije algo malo?
Hizo una pausa. —Aquello fue poco antes de… —dejó de abrazarla—. Antes de que Seiya llegara —tenía la mirada baja y su voz se endurecía.
Se hizo una larga y tensa pausa tras mencionar aquel acontecimiento. Serena sintió cierta aflicción al recordar lo que había pasado, sabía que era un asunto delicado del que nunca habían hablado. Y comprendió que era momento de aclararlo.
—Serena, yo… —volvió a hablar Darien—. Lamento decirte esto ahora, pero la verdad es que fue un golpe muy duro para mí el hecho de que tú… —la miró con una expresión que denotaba tristeza—. Que regresaras con él —aún le dolía recordar—. Sé que durante mucho tiempo yo no me comporté como tú esperabas que lo hiciera y… Y yo no tuve el valor suficiente entonces para decirte lo que me pasaba pero… Pero desde que volví traté de mostrarte que estaba interesado en ti, que había regresado por ti para intentar acercarme de nuevo, para intentar cambiar y ser contigo como nunca antes me había animado a ser. Sé que no pude hacerlo bien, por miedo, por orgullo. Igual creí que tú lo verías, que me darías una oportunidad. Pero cuando lo viste aquella noche… —su rostro volvió a tensarse y bajó de nuevo la mirada—. Nunca dejé de preguntarme qué fue lo que pasó, qué te llevó a enojarte tanto conmigo como para elegirlo de nuevo a él —hizo una nueva pausa y volvió a mirarla—. ¿Por qué lo hiciste?
—Es muy complicado de explicar —a Serena realmente le incomodaba mucho tener que hablar de esto, pero debía hacerlo.
—Pues inténtalo —dijo Darien con determinación—. Soy todo oídos.
—Lo que sucedió fue que… —ella comenzó a explicarle—. Yo aún estaba muy dolida por lo que había pasado antes de que te fueras a EEUU —le costaba hablar—. Aquella vez yo estaba tan triste, tan desilusionada. Tú te fuiste de esa forma, tan de repente, sin decirme nada, ni siquiera respondiste mis mensajes. —le dolía tener que volver a reprocharle su indiferencia—. Y él siempre estuvo a mi lado, acompañándome, consolándome, insistiendo en que estemos juntos. Y ya sabes lo que pasó después, le di cientos de oportunidades, fuimos y volvimos incontables veces. Yo quise refugiarme en él, tener con él lo que no había podido tener contigo. Jamás lo conseguí, jamás pude olvidarte, aunque lo intenté. Y cuando regresaste creí que ya nada pasaba, que ya no me dolía, que había dejado toda esa tonta historia atrás y pude ver en ti algo diferente, otra actitud hacia mí, habías cambiado. Pero cuando él regresó y volví a buscarte para que hablemos y tú de nuevo te cerraste de esa forma y no te atreviste a decirme lo que realmente sentías, me di cuenta de que seguía tan dolida como entonces, que no podía perdonarte —suspiró—. Y tú siempre tan obstinado, tan seguro de ti mismo, tan…
—Orgulloso, cobarde, impermeable —la interrumpió Darien—. Sí, Serena, eso es lo que pensaste, no lo niegues —ella lo miraba con pesar—. Y tenías toda la razón, así me comporté en realidad. Yo creía que esa vez todo iba a ser diferente, como si nada hubiera pasado, como si nunca te hubiera lastimado. Fui un completo imbécil, recién pude darme cuenta de todo cuando él volvió contigo. O peor, bastante después, porque yo volví a reaccionar de la misma forma, evitándote y encerrándome en mi mundo. No hice nada para impedirte que lo hicieras, para hacerte saber lo que sentía. Fue mi culpa, todo esto fue por mi culpa.
—No, Darien, no fue tu culpa —siguió ella—. Es cierto que no te comportaste como yo esperaba que lo hicieras y casi llegué a odiarte por eso. Pero las cosas con Seiya nunca funcionaron, por más que estuvimos juntos tanto tiempo. Yo insistí como la buena cabeza hueca que soy, pero nunca pude sentir por él lo que siempre sentí por ti, nunca lo amé como te amé a ti, como te amo ahora. Y él al final lo entendió, los dos lo entendimos. Por eso se fue de nuevo, porque ya no hay nada entre nosotros, ahora somos amigos, muy buenos amigos y eso es todo. Hoy te elijo a ti, Darien, siempre fuiste el único para mí, jamás dejé de amarte, jamás desde aquella vez que recapacité y supe que estaba enamorada de ti. Yo también me porté como una tonta, no sólo te lastimé a ti y a mí misma, a él también lo lastimé —tomó su rostro para encontrarse con su mirada—. Pero todo esto ya es historia, ya pasó. Entiéndeme por favor, yo sólo te elijo a ti, sólo te amo a ti, siempre fue así —y le regaló una dulce sonrisa.
—Serena, perdóname —Darien tomó su mano y comenzó a besarla en la palma—. Perdóname por no haber sido sincero contigo cuando debí hacerlo. Quizás si te decía todo lo que sentía aquella noche en tu graduación, nada de esto hubiera pasado. No te habría lastimado y no habrías corrido a los brazos de Seiya. Perdóname, por favor…
—Darien, ya pasó, ya te perdoné hace tiempo, te lo dije la otra noche. Ahora sí todo es diferente, ya quedó todo atrás. Entre Seiya y yo ya no hay más nada, nunca lo hubo, no de mi parte. Yo te amo a ti, siempre te amé, jamás te olvidé —le dio un cálido beso en los labios—. ¿Puedes entenderlo? ¿Puedes creerme?
—Yo tampoco te olvidé, Serena —él también la besaba—. Te amé tanto… Todos estos años seguí amándote con locura y quise resistirme durante tanto tiempo a reconocer lo que sentía, me obstiné en querer dejar de lado el dolor que me provocó separarme de ti —hizo una nueva pausa y suspiró—. Cuando viví en Nueva York conocí a alguien. ¿Recuerdas cuando te conté de aquella novia con quien incursionábamos en la fotografía? —ella asintió—. Bueno, no fue algo pasajero, sino que fue una relación de más de tres años —volvió a hacer otra pausa—. También me refugié en ella por despecho, para intentar olvidarte. Puse todo mi empeño para hacer que funcionara, pero fue inútil, no lo conseguí. Jamás pude olvidarme de ti, sólo te amaba a ti. Y hoy puedo darme cuenta de que jamás dejé de amarte aunque por años quise negarlo —volvió a besarla en los labios—. Te amo tanto, Serena… Y ahora que al fin puedo demostrártelo quiero hacer todo para estar contigo, para recuperar el tiempo perdido.
Serena lo abrazó con fuerza. —Y así será, mi amor —le susurró al oído mientras acariciaba su cuello—. Ya lo estamos haciendo, estamos recuperando nuestro tiempo, ahora estamos juntos —y lo miró a los ojos sin soltar el abrazo—. Te amo, Darien…
—Te amo, princesa… —murmuró él y la besó largamente. Aunque acababan de hablar de algo que para los dos había sido doloroso y difícil, ahora sentían que ya no había heridas abiertas, que el dolor había sanado al fin dando lugar al inmenso amor que sentían el uno por el otro—. Quiero estar contigo, quiero amarte abierta e incondicionalmente —volvió a besarla—. Daría todo por ti, mi vida entera por ti. Eres lo más valioso y hermoso que existe en este mundo para mí. Te amo, Serena… Te amo…
