CAPITULO 20

Una neblina densa tragó la tropa de guerreros que marchaban lentamente fuera del Castillo de Shanekill. Ese presagio extraño no preocupó a los guerreros endurecidos. Por qué debería hacerlo? El Diablo cabalgaba a la cabeza, protegiéndolos de todo daño.

Los cuentos eran compartidos de las hazañas de ese Lord oscuro de su ida y vuelta del infierno. Mas cuentos circulaban de los enemigos feroces que él valientemente había enfrentado y como siempre había salido victorioso. Los hombres hablaban de las muchas heridas que él había recibido en las batallas y como la mayoría habrían causado la muerte de cualquier mero mortal. Pero más que nada ellos susurraban sobre como nadie se había atrevido a mirar a los ojos al Diablo durante una batalla —si ellos lo hicieran, perderían sus almas.

Todos esos cuentos circulaban entre los guerreros mientras ellos marchaban, entreteniéndose con esas anécdotas sobre su líder poderoso. Las historias alimentaba su propia confianza y coraje preparándolos para lo que estaba por venir.

Cuando se alejaron de los terrenos del castillo, la neblina finalmente comenzó a disiparse. Todos los hombres concordaban en que la neblina desaparecía en reverencia a la presencia del Diablo irlandés.

Andrew, por otro lado, sabía mejor lo que sucedía. "Tus pensamientos no están en la batalla."

"Una escaramuza que casi gané," Darién dijo, su mirada fija en la tierra que se extendía delante de él. Una mezcla de terreno rocoso y tierras planas los aguardaban y un cielo gris prometía un viaje con agua — una perspectiva nada atractiva.

Andrew permaneció mudo, consciente de que su amigo no estaba de buen humor para escuchar si él desease conversar.

"Has estado enamorado, Andrew?"

La pregunta dejó atónito a Andrew, pero conocía a su amigo muy bien y lo entendía." Le hice el amor a muchas mujeres en mis 27 años y me gustaron cada una de ellas de un modo especial. Pero, amor?" él sacudió la cabeza lentamente. "Honestamente no puedo decir que experimenté un amor tan fuerte por una mujer y que desease pasar el resto de mi vida con ella." Andrew hizo una pausa breve, luego continuó. "Aunque no puedo decir que eso no me gustaría. Conocer un amor tan potente que produce lágrimas en el corazón y en el alma una emoción que me gustaría sentir algún día."

"Yo nunca pensé en amar," Darién dijo con una tristeza que perturbó a Andrew.

"Por qué?"

"Nunca pensé sobre el amor. Era un sentimiento pasajero que iba y venía como un capricho, como la lujuria."

"Piensas diferente ahora?" Andrew preguntó, agregando, "Ahora que tienes a Serena?"

"Ella es una mujer muy poco frecuente. No me demanda nada, me obedece cuando quiere y hace parecer que me obedece cuando eso me complace. Ella es gentil, aunque fuerte. Ella desafía la vida y no sólo logra sobrevivir sino que prospera. Es firme en sus convicciones. Es una mujer notable."

"Me cuentas lo que la mayoría admira de ella. Cuéntame qué dificultades hay con ella?"

Darién respondió, sus palabras teñidas con frustración. "Me encuentro queriendo estar con ella todo el tiempo. No sólo por la intimidad sino sólo estar, conversar, abrazarla, o hasta para discutir." Él se rio. "Y me encanta provocarla."

Darién giró para enfrentar a Andrew. "La extraño cuando ella no está cerca. La quiero en mi cama, cada noche cuando me acuesto, en medio de la noche si me despierto quiero extender mis brazos y tenerla, quiero despertar cada mañana con mi cuerpo enlazado alrededor del suyo. Quiero plantar mi semilla bien profundamente en ella y observar su estómago crecer con mi hijo, no sólo un hijo, muchos hijos. Y quiero envejecer con ella."

Andrew se rio, le dio a Darién una palmada fuerte en la espalda. "Mi amigo, perdiste el corazón y si el Diablo tuviese alma que te diría que la rendiste también."

Darién no estaba divertido. "Piensas que estoy enamorado?"

"Vos no lo piensas?" Andrew preguntó con una chispa de humor en sus ojos oscuros.

"Yo nunca me rindo," Darién dijo ferozmente, como sólo un verdadero guerrero haría.

"Piensas que amar es rendirse?"

Darién sacudió la cabeza. "Ya no sé qué pensar. Yo solía hacer planes, implementarlos y tener éxito en mis intenciones, ahora me encuentro a mí mismo cambiando mis planes cada día y no sé cuáles son mis intenciones."

"Entonces este tiempo lejos de tu esposa te va a servir," Andrew sugirió.

"Por qué?" Darién replicó. "Ya la extraño y estamos a una hora de viaje del castillo."

"Este tiempo lejos te ayudará a entender mejor tus sentimientos por ella. Si continuas extrañándola, pensando en ella, deseándola, entonces significa que estás sufriendo de amor. Esta distancia forzada entre vos y ella te dará la respuesta."

"Y qué hay de su virginidad?" Darién preguntó, irritado.

Andrew habló seriamente. "Si la amas, que importa eso? Ella no entregó su virginidad. Fue robada de ella."

"Crees que es virgen?"

"Lo que yo creo, amigo, no importa. Es lo que vos crees, o lo que verdaderamente sientes por tu esposa lo que hace la diferencia."

La lluvia comenzó a caer ligeramente al principio pero pronto las gotas se hicieron pesadas, el viaje se atrasaba por el clima y la tierra mojada. Darién envolvió su capa oscura más firmemente alrededor sí mismo y quedó perdido en sus propios pensamientos.

La declaración de amor de Serena acechaba su mente desde que había dejado su habitación. Había oído su voz suave aunque firme cuando ella declaró, "Te amo."

Había sido inesperado, lo había sorprendido, no había sabido cómo responder, entonces había huido de sus aposentos como un cobarde. No se sentía bien con eso. Pero pensando más en la situación, él se dio cuenta que no era de su declaración que él estaba huyendo; sino de sus propias emociones que lo asustaron. Las palabras se habían apresurado a sus labios sin pensamiento o consideración de las consecuencias. Su único deseo había sido responder y decirle cuanto la amaba.

Pero en vez de rendirse, una opción inaceptable para él, había huido con las palabras deslizándose suavemente por sus labios, entonces sus oídos fueron los únicos en oír ese susurro de amor.

Ahora él estaba sentado bajo la lluvia contemplando sus acciones cobardes. Si pensase como un guerrero no las consideraría cobardes. Las vería como valientes e íntegras, una decisión sabia. Un guerrero nunca se deja gobernar por la emoción; un acto así seguramente traería su derrota.

Pero esta era la decisión de un guerrero o la de un hombre enamorado?

El amor no era una emoción en la que él creyera, ahora se encontraba a sí mismo pensando sólo si ese sentimiento obsesivo era amor. No lo abandonaba. Lo acechaba despierto y también en sus sueños. Su esposa siempre estaba en su mente y a él no le importaba, le gustaba que ella estuviese allí. Y en ese momento él la extrañó.

Se sentía vacío y solitario sentando sobe su garañón. Había disfrutado de la compañía de Serena en su viaje desde Cork hasta Limerick. Ella se acomodaba perfectamente sobre su garañón y él hallaba placer en sus conversaciones. No podía negar cuanto lo complacía su cuerpo muy cerca del suyo. Ella era tibia, suave y tan buena para las caricias.

Si fuese honesto consigo mismo entonces las palabras de Andrew sonarían verdaderas. Si él la amase, su virginidad no haría ninguna diferencia, aunque para Serena si él le creía o no le importaba.

Giró nuevamente hacia Andrew. "Pienso que Serena me oculta algo sobre el ataque."

"Sabes qué es?" Andrew preguntó con interés sincero.

"Pienso que ella sabe algo más sobre su atacante de lo que admite."

"Tal vez es alguien que ella conocía pero teme mencionarlo."

"Posiblemente," Darién aceptó con un asentimiento. "O se trata de una persona que nadie creería capaz de cometer un acto tan perverso."

"Deseas descubrirlo."

"Deseo que él reciba el castigo que corresponde a su crimen."

"Y vos serás quien ejecute el castigo?" Andrew preguntó, aunque innecesariamente.

"Yo lo haré," Darién dijo con tal certeza que por un momento breve Andrew lamentó el alma del pobre desgraciado.

"Cómo piensas descubrirlo?"

"Serena."

Andrew sacudió la cabeza con comprensión. "Ella te dará la información que necesitas sin darse cuenta que lo hace."

"Ella lo hará," Darién dijo confiadamente y sonrió. "Mi esposa me dará todo lo que le pida a mi retorno a la casa."

"Esta disputa entre clanes puede llevar tiempo," Andrew dijo con una seria provocación.

Darién levantó una ceja. "No, no lo hará."

Andrew de manera inteligente no le discutió, aunque con una sonrisa dijo. "El mensajero comentó cuan tercos ambos clanes son."

"Yo los convenceré de lo contrario."

"Ellos pueden..."

Darién le lanzó una mirada letal que inmediatamente suprimió su respuesta. "Ellos harán lo que yo les ordene."

Andrew sabiamente aceptó las palabras con un asentimiento. "Entonces cuándo volveremos a casa?"

"Tan pronto como sea posible."

La naturaleza provocadora de Andrew no podía ser suprimida fácilmente. "No habrá tiempo para perseguir a las muchachas?"

Darién sonrió entonces y le dio a Andrew una palmada fuerte en la espalda. "Pienso que es una esposa lo que necesitas. Veré si puedo encontrar una para vos."

"No me hagas ningún favor, no necesito una esposa," Andrew insistió con una carcajada. "Además, no sería justo."

"Justo para quién?"

"Para las mujeres que ya visitan mi cama?"

Darién se rio con su amigo. "Es hora de dejar de lado tu reputación de mujeriego y encontrar una mujer que te complazca."

"Todas las mujeres me complacen, amigo. No hay ninguna inmune a mis encantos y mis habilidades amatorias."

"Entonces no habrá ninguna dificultad en encontrarte una esposa," Darién dijo y galopó alejándose.

"Darién, te lo advierto," Andrew gritó, cabalgando para alcanzarlo y convencerlo.

Serena necesitaba hablar con alguien. Se sentía sola, perdida y completamente confusa desde la partida de Darién esa mañana. No sabía qué la había hecho declararle su amor, ahora se preguntaba si su decisión había sido sabia. Necesitaba conversar con un amigo, alguien en quien pudiera confiar. Y ese alguien era Jedite.

Ella golpeó la puerta de su habitación y la abrió, acostumbrada a entrar sin esperar una respuesta de él.

Un error, ya que él ya no estaba enfermo.

Jedite y Ami yacían desnudos y abrazados.

Serena se ruborizó, se disculpó y rápidamente huyó del cuarto.

Ami fue quien buscó a Serena en sus aposentos varios minutos más tarde. "Mi lady, perdóneme por no estar presente cuando se despertó esta mañana." Ami se curvó en respeto y corrió para atender el cuarto, aunque no había nada para hacer. Serena, acostumbrada a manejarse independientemente, había atendido sus propias necesidades y había ordenado su habitación.

"Tonterías," Serena dijo, intentando tranquilizar la incomodidad de Ami. "Tienes asuntos más importante en tu mente y soy más que capaz de atender a mí misma." Ella extendió la mano, tomó la mano Ami. "Me alegro mucho por vos y Jedite, les deseo lo mejor."

Ami apretó su mano. "Oh, muchas gracias, mi Lady. Jedite me dijo que usted se alegraría, que no debía preocuparme."

Serena se movió para agarrar su nueva capa de lana roja oscura que estaba encima de la silla. Ami inmediatamente se la sacó de la mano, la abrió para que Serena se la pusiera. "Él tiene razón. No hay necesidad de que te preocupes, soy yo quien debería disculparme."

"Usted, mi lady?"

Serena sacudió la cabeza, poniéndose la capa encima de sus hombros. "Fue muy impulsivo entrar en la habitación de Jedite antes de ser admitida."

"Me sorprendió," Ami dijo con una sonrisa generosa.

"Yo también."

"Yo también," Jedite dijo, de pie en la entrada completamente vestido.

"Por favor perdonen mi entrada intempestiva," Serena dijo sinceramente.

"Tu disculpa es apreciada aunque no es necesaria, mi lady," Jedite dijo, caminando dentro del cuarto. "Mi preocupación es por la expresión problemática que tienes en tu cara."

"Ahora entiendo por qué permaneces mudo — vos escuchas y observas mucho más de lo que cualquiera percibe." Serena lo miró con ojos curiosos. "Hasta me cuestiono si sos tan tímido como las personas creen."

"Oh, mi lady, él no es nada tímido," Ami dijo antes de darse del sentido de sus palabras. Ella inmediatamente se ruborizó profusamente, haciendo que Jedite lanzara una risa plena y Serena soltase una risita.

Serena no sólo quedó sorprendida cuando Jedite caminó hacia Ami, la enlazó por la cintura y la besó profundamente, sino que también se sorprendió de sentir envidia de esa pareja feliz.

Tan silenciosamente como era posible ella se movió dirección a la puerta, con la idea de darle tiempo a la pareja para estar a solas. Rook caminó a su lado. La voz intensiva de Jedite pronto la detuvo.

"Quédate, mi lady, necesitamos conversar."

La mujer y el perro se congelaron.

"Yo traeré comida para ustedes dos," Ami dijo, todavía envuelta en los brazos poderosos de Jedite.

"Y para vos," él ordenó, entonces le preguntó a Serena, "Dónde estabas yendo, mi lady? "

"A dar un paseo con Rook y luego a mi cabaña."

Jedite soltó a Ami después de darle un beso tierno en su mejilla. "Yo te acompañaré, Ami llevará la comida a la cabaña y todos nosotros compartiremos el desayuno allá."

Ami lo observó con incredulidad.

Jedite miró a Serena. "Hay alguna razón por la que Ami no sea bienvenido a tu mesa?"

"Ninguna," Serena honestamente dijo. "Me gustaría compartir una comida con ustedes dos."

"Entonces está arreglado," Jedite ordenó y le dio a Ami un empujón gentil en dirección a la puerta. Entonces se unió a Serena, extendiendo su brazo hacia ella. "Mi lady?"

Ella enlazó su brazo en el suyo y salieron del cuarto, Rook siguiéndolo en sus talones y Serena insistió en buscar una capa para Jedite de sus aposentos así él no se agarraría un resfriado.

Pasearon por los terrenos del castillo, Rook correteando aquí y allá, visitando sus lugares favoritos y las cabañas donde muchos campesinos le daban algo para comer. La lluvia no había comenzado aunque las nubes oscuras prometían su llegada pronto y un viento frío levantaba hojas, polvo y ramas en el patio.

"Amas a Ami." no era una pregunta sino una declaración que Serena le presentó a Jedite.

Jedite no vaciló en confirmarlo. "La amo lo suficiente como para pasar el resto de mi vida con ella."

"Cuándo supiste que estabas enamorado de ella?"

"Cuando la vi por primera vez."

Serena estaba pasmada con su respuesta. "Verdaderamente? Lo supiste cuando la viste por primera vez?"

Jedite hizo una pausa breve antes de ofrecer una explicación. "Cuando la vi por primera vez el rostro de Ami captó mi atención, su sonrisa me dejó encantado. Su charla infinita me fascinó y su cuerpo..." él se detuvo abruptamente y se ruborizó.

Serena indagó el tema con interés, ignorando la incomodidad del gran hombre. "Hablas de su cara y de su charla, no fue su cuerpo, entonces, lo que primero te atrajo a ella?"

Las mejillas rojas de Jedite respondieron su pregunta. "Honestamente no puedo decir que no miré su cuerpo — todos los hombres miran el cuerpo de una mujer."

Serena habló con honestidad, causando más pudor en Jedite. "Debo admitir que yo pensé que Darién poseía un bello cuerpo."

"Qué otras cualidades te atrajeron a él?"

Serena le lanzó una mirada vacilante.

"Vamos, dime. Me gustaría oír hablar de los atributos de mi hermano."

Ella consintió. "Fue cuando él me defendió que descubrí que estaba interesada en él."

"En el gran salón, cuando tu madrastra te levantó la mano?"

Serena sacudió la cabeza, afirmando. "Él capturó toda mi atención, si fuese honesta conmigo misma, capturó una parte de mi corazón ese día. Me sentí segura y cuidada por primera vez que en muchos años."

"Incluso por alguien como el Diablo?"

"Él me intimidó, lo admito... Pero sentir miedo?" ella sacudió la cabeza. "Después de esa situación mi miedo fue mínimo o inexistente."

"Y cuándo te enamoraste de él? "

Eso la sorprendió. "Mi amor por mi marido es tan obvio?"

Jedite sonrió. "Para alguien que está enamorado, lo es."

Rook corrió al lado ellos con una galleta apretada en su boca, ellos giraron para seguirlo mientras él se dirigía a la cabaña.

Serena respondió su pregunta. "Su cara bonita me cortó la respiración a primera vista, pero él se ganó mi corazón gradualmente con sus conductas consideradas."

"El Diablo, considerado?" Jedite lanzó una carcajada.

"Darién es considerado," Serena insistió. "Él me permitió asistir al nacimiento de un bebé en nuestra noche de bodas, aceptó compartir nuestra tienda el día de lluvia, fue paciente cuando sus soldados buscaron mi ayuda, aun cuando él estaba enojado conmigo me ayudó a encontrar a Rook."

Jedite continuaba riéndose suavemente mientras sacudía la cabeza. "Acciones consideradas."

"Él no puede evitar su naturaleza terca y obstinada."

"Disculpando al Diablo?"

Serena detuvo la caminata, sus ojos oscuros muy fijos cuanto su voz solemnemente dijo, "Quiero el amor del Diablo."

"Entonces ríndete," Jedite aconsejó seriamente.

Ami les gritó desde la puerta abierta de la cabaña y ellos se apresuraron, la lluvia comenzaba a caer prometiendo un aguacero fuerte.

Ríndete.

Su única opción.

Y él? Qué rendiría Darién?

Su orgullo? Sus tonterías? Su amor?

Lo descubriría cuando él volviese. Estaría esperándolo.

En su cama.