Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 21
El ambiente circundante estaba calmo, el aire salino proveniente del mar obsequiaba un aroma fresco. Las aguas marinas parecían que no notaban el tormento que se extendía en tierra, los peces y demás criaturas que habitaban en las profundidades continuaban con su vida. La paz residía entre las corrientes del océano, y observando dicha quietud se encontraba un anciano.
Esa noche el insomnio le impedía dormir, Roshi abandonó la suavidad de su cama caminando envuelto de oscuridad por los pasillos de su casa. Unos estridentes ronquidos se intensificaron al llegar a la estancia, el rechoncho cerdo humanoide era el causante de tan sonoro estruendo. Oolong dormía plácidamente en el suelo, estando rodeado de platos sucios y restos de comida.
Otro murmullo era opacado por Oolong, el singular felino azul igualmente estaba dormido en el sofá. De sus ojos un par de finas lágrimas recorrían su rostro gatuno, con sus diminutos brazos apretaba contra su cuerpo una antigua fotografía de Yamcha, cuando este lucía su larga cabellera oscura. Los dos animales antropomorfos, eran la única compañía que el viejo maestro tenía día a día.
Kame House envejecía como la arena que llenaba la playa a su alrededor, sin importar los años que han transcurrido, la estructura de madera mantenía su fachada sin cambios. Roshi fue caminando en silencio tratando de no despertar ni a Puar ni a Oolong, al conseguir evadirlos se detuvo frente a una repisa repleta de imágenes de una época que ahora parece muy lejana.
En una estaba él junto a Goku y Krilin cuando participaron en su primer torneo de artes marciales, los tres usaban trajes y sombreros demostrando la ilusión con la que tomaban el certamen. Más retratos cubiertos de una fina capa de polvo, gritaban silentemente llamando su atención. El veterano artista marcial, escuchando sus mudos gritos los miró.
Otras fotografías exhibían momentos irrepetibles de su vida, en ellas se mostraba el crecimiento de sus alumnos no sólo en estatura y fuerza, sino también, el desarrollo que experimentaron en otros aspectos que forman a los seres humanos: como la familia y amigos. De ser únicamente él con sus dos pupilos, la lista se amplió con el tiempo.
Algunos de los que consideró como aliados, en un principio eran lo opuesto: como Ten Shin Han, Chaos y sobre todo el mismo Picorro. Sin embargo, él a pesar de su origen nada benigno, dio su vida por defender el mundo que trató de conquistar. Pero al morir, selló para siempre el no regreso de los que murieron protegiendo lo que más valoraban.
El maestro Roshi al recordar a los que nunca volverán, salió de su casa admirando el paisaje marítimo y nocturno. Sus pies se hundieron en el arenoso suelo, dejando que las olas del mar los cubrieran haciéndolos sentir el frío que las domina. Y fue estando allí, contemplando la superficie del agua que simulaba un espejo reflejando la luz de las estrellas, que percibió como la impotencia lo abrumaba.
– Goku–masculló– ¿qué será de tu hijo ahora que se resignó a morir?
El anciano no atestiguó los acontecimientos que se desarrollaron en los últimos meses, no obstante, su experiencia y su sensibilidad por el ki le hicieron ver de forma literal, la batalla que por muy poco casi lleva a Gohan a la muerte. Roshi todo este tiempo, tuvo noción de lo que ocurría a kilómetros de distancia de su pequeña isla.
– Gohan, esta es una segunda oportunidad que se te ha brindado…valórala.
Aquel hombre desde niño, colocó sobre sus hombros el peso de salvaguardar la raza humana y su planeta. Ese infante marcado por la pérdida de tantos seres queridos, creció sumergido en la amargura y el rencor. Roshi pensó en ayudarle, pero al percibir varias personas junto a él declinó sus intenciones.
Con la llegada de cada alba, miraba el horizonte comprobando la salud de Gohan. Su débil energía, progresivamente fue recuperando la vitalidad que la ha definido desde el comienzo. Pronto notó otra presencia que recurrentemente se mantenía cerca de él, Roshi siendo un caballero que adoraba las mujeres, sintió alegría que una de ellas se mostrara interesada en el primogénito Son.
Gohan después de recibir tanto dolor, merecía la felicidad y el amor que sólo una criatura dotada de hermosura como una señorita podía darle. El maestro aguardaba esperanzado, que ella sanará las heridas no físicas, sino espirituales, que él posee. No sabía su nombre, nunca la había visto, desconocía su historia pero confiaba que ella lo complementara.
– Esta es una prueba a la cual jamás te has sometido, muchacho–él susurró como si Gohan lo escuchara en la lejanía–entrenaste tu cuerpo, aumentaste tu ki para combatir fuego con fuego, pero estás a punto de aprender que para tratar a una damisela se necesitaba honestidad, lealtad y cariño, esa chica te mostrará no sólo lo que significan esas palabras, y por ende, lo que se siente amar.
Las olas continuaron besando la costa, la noche pasaba segundo a segundo preparándose para el arribo del amanecer. Él lamentaba ampliamente, que su edad le impidiera hacer algo más que solamente afligirse por los fallecidos, pese a eso, reconocía la abismal diferencia de niveles entre los poderes de los androides y los suyos.
Combatirlos únicamente agregaría su nombre a la larga lista de víctimas, él ya no pertenecía al universo de las peleas y pasaría a engrosar las filas de los espectadores. Roshi desvió su vista hacia un costado, Trunks paulatinamente iba ocupando el espacio que Gohan utilizó por años. El saiyajin descendiente de Son Goku ya luchó suficiente, era el momento de que el hijo de Vegeta tomara la batuta de esta confrontación.
– Bien hecho Gohan, le enseñaste honor y dedicación…él triunfará donde sus antecesores fracasaron.
El anciano se dio la vuelta y caminó hacia Kame House, un nuevo día estaba a pocos minutos de empezar. Y él como el resto de la humanidad, se preguntaba si este será el último amanecer que verá.
Las primeras horas de la mañana estaban dominadas por el frío, los pasillos del laberíntico refugio comenzaban a tornarse tenebrosos. Las débiles antorchas colocadas en cada pared, apenas si iluminaban el oscuro camino. Una a una, las llamas fueron apagándose hasta dejarse sumergir en la penumbra.
Los niños y los ancianos aún dormían, sólo unos cuantos individuos abrían sus ojos al despertar. Muchos de ellos al hacerlo, echaban de menos sus antiguas y extintas vidas al recordarlas. Algunos fueron hombres de negocios que acostumbraban tener grandes riquezas y lujos, los restantes habían sido seres humanos comunes que a pesar de no ser millonarios, se consideraban felices.
Sin embargo, ya no importaban sus éxitos pasados todos desembocaron juntos en el mismo lugar. De a poco la actividad fue elevándose en el búnker, desde las incontables chozas iban saliendo los sobrevivientes al dar inicio un nuevo día de existencia. Ninguno de ellos planificaba para el futuro, por el contrario, el presente se llevó su atención completamente.
Dentro de sus mentes pensaban con qué saciarían su hambre, las provisiones eran cada vez menos y ellos simplemente eran demasiados. Tal como Videl pronosticó tiempo atrás, los refugiados se miraban unos a otros con recelo. Sólo era cuestión de tiempo para que toda la comida fuera consumida, desencadenando un frenesí irracional que generaría disputas casi homicidas.
Anticipándose a tales acontecimientos además de su deseo de ser libre, ella se dispuso a marcharse cuánto antes de aquellas instalaciones subterráneas. Esa sería la última vez que despertaría en ese sitio, a partir de hoy estaría por su propia cuenta siendo ella misma la responsable de sus decisiones ya sean correctas o no.
Horas antes, Videl se enfrentó a los dirigentes del búnker haciéndoles ver, que son un grupo que se aprovecha de las penurias de los supervivientes, dándose a sí mismos un poder que antes no poseían ni merecen. Por otro lado, Gohan, un hombre ajeno a dicho entorno, fue tomando una idea de la otra cara de la moneda que siempre conoció.
Desde que era un niño y comenzó a enfrentar solo a los androides, estrictamente se enfocó en entrenar y maximizar sus poderes. Protegió a su familia, a sus amigos y unos cuantos humanos que encontraba a lo largo de los años. Pero paradójicamente, no presenció las condiciones de vida de las personas que protegía.
Fue hasta ahora al caer casualmente en esa comunidad, que experimentó lo que es no tener nada que comer o beber, lo que era vivir en un lugar bajo tierra e inhumano por temor a ser descubierto en la superficie por los hermanos cibernéticos. Atestiguó como el miedo y la desesperanza, volcó a los terrícolas unos contra otros.
– ¿Es una broma verdad, no estarás hablando en serio? –Shapner esperaba que fuera un chiste.
– ¿Es cierto Videl, te marchas? –Ireza entristecida le consultó.
Sus dos viejos amigos de la niñez, no terminaban de creer que realmente ella se iría de allí. Los tres desde pequeños vivieron el inicio del infierno, ocultándose de los androides y sobreviviendo a la destrucción de la ciudad que los acogió como sus habitantes. Para ambos rubios, era ilógico salir de las profundidades exponiéndose al peligro de una muerte segura.
– Sí, me voy…ya no resisto más tiempo aquí abajo.
– ¡Morirás allí afuera, por favor no lo hagas!
– ¡Reconsidéralo, no hay nada ahí para ti!
Precisamente, esa era razón por la cual ella pretendía emerger del subsuelo. Mientras los refugiados pensaban que el mundo entero perdió su alma, Videl estaba ansiosa por ver el cielo nocturno iluminado por estrellas, caminar al sentir el caluroso saludo del sol, llenar sus pulmones de aire traído por el viento.
Videl no deseaba sobrevivir, ella quería vivir. Pensaba explorar los rincones de la Tierra, ver lo que no veía en una década por estar escondida debajo del piso. Hastiada de no hacer nada día tras día, ansiaba por la llegada del momento de partir. Si se topaba con la muerte cara a cara, ella la recibirá sin protestar.
La mañana le dio espacio al mediodía, en el transcurso de esas horas los rumores sobre la partida de Videl se esparcieron de boca en boca. La gran mayoría escuchó los murmullos con satisfacción, sólo una minoría se negaba a aceptar su pronta ausencia. Ireza quien la consideraba como la hermana que nunca tuvo, parecía apesadumbrada y enojada al saber que no podía detenerla.
Shapner del mismo modo se molestó con Videl, clasificaba de suicidas las acciones de la mujer pelinegra. Por más que meditaba, no le encontraba ningún sentido marcharse de la seguridad del búnker. Creía que sólo era un capricho promovido por su arrogancia, ella solía tener en ocasiones la idea de que tenía la razón sin escuchar objeciones.
– Se va…el forastero también se irá–un sobreviviente le dijo a otro.
No obstante, Videl no era la única que se preparaba para irse. Gohan, el hombre que desafió al sentido común de los humanos, planeaba retirarse del refugio. El miedo que percibían por él persistía, aunque adicionalmente una leve fascinación nació en las mentes de los más jóvenes entre los sobrevivientes.
– ¡Es él, te digo que es él!
– Su cabello es negro, no rubio…estás equivocado–los pocos infantes allí alojados, también se unieron a los murmullos que resonaban en las paredes.
Los niños del búnker, no conocieron el mundo antes de su destrucción. Nunca disfrutaron de un parque de diversiones, ni tuvieron vacaciones de verano, ni tampoco experimentaron lo que era vivir en una ciudad. Ellos que fueron privados de muchas cosas que eran descritas como cotidianas o triviales, a diferencia de sus padres progresivamente miraron a Gohan de manera distinta.
Algunos conocían la leyenda urbana que contaba, sobre un hombre que poseía habilidades idénticas a las de los androides, pero su característica más célebre era el fuego color dorado brillante que lo envolvía, haciendo que sus cabellos tomaran el color del sol. El concejo creyó que Gohan era el mítico guerrero dorado, pero lo descartaron de inmediato por el notorio tono de su cabellera.
Una parte de la población clasificaba tal fábula como una mentira, incluso la mismísima Videl se la narraba a los pequeños solamente para ayudarles a dormir. Pero una fracción de los refugiados, pensaban que aquel relato debía tener una pizca de verdad. Si bien unos no lo habían visto con sus propios ojos, ciegamente creían en su veracidad.
– Ahí viene…
– No creo que sea un ser humano…
– ¡Lo mejor es que se marche, en un fenómeno!
Gohan recorrió los túneles avanzando hacia la salida, a su alrededor los refugiados le miraban con una mezcla de asombro e incertidumbre, él no olvidaría la gran variedad de expresiones que se producían por su presencia: recelo, incredulidad, sorpresa y esperanza entre otras más. No obstante, la manifestación de repudio se presentó al surgir un rostro femenino en la multitud.
– ¡Largo de aquí, no regreses jamás!
– ¡Eres una demente, desquiciada!
– ¡Márchate y nunca vuelvas!
El saiyajin miró de soslayo, Videl metros detrás de él venía cargando una maleta al mismo tiempo que recibía insultos y demás frases de desprecio por parte de los sobrevivientes. Ella no respondía a esas palabras, silentemente continuaba sin ver a nadie concentrada en sus pensamientos.
"Para ser alguien que no es aceptado en este lugar, debo confesar que de pronto, me cuesta trabajo dejarlo"–pensó Videl, su mirada estaba enfocada en el suelo viendo como sus pies se colocaban uno frente al otro al caminar.
La mente de una mujer, es un enigma oculto en un interminable laberinto. Ella que por mucho tiempo anheló ser libre de ese sitio infestado por plagas, ahora sin creerlo comenzaba a extrañarlo. Vivió por años allí, convivió con esas personas de las cuales sólo obtuvo ofensas, a pesar de ser cosas negativas, éstas ya formaban parte de su vida.
Finalmente los dos pelinegros regresaron a la superficie, muchos de los supervivientes que se habían mantenido bajo el suelo, encerrados de tal forma a causa del implacable miedo. Volvieron a ver la luz del sol, sintieron como éste calentaba su piel y a la brisa jugar con sus cabelleras. Por una centésima de segundo, acariciaron tenuemente la libertad que Videl tanto buscaba lejos del búnker subterráneo.
– ¡Videl…espera Videl!–Shapner corrió hasta alcanzarla, deteniéndola al tomarla por su brazo.
Él se resistía a aceptar que ella se iría lejos, por lo tanto actuando impulsivamente recogió todas las pertenecías que pudo y optó por perseguirla. Durante varios minutos estuvo ensayando las palabras que usaría cuando la tuviera frente él, pero su cabeza se nubló al verla cara a cara, Shapner enmudeció al mirarla descubriendo que literalmente no era la misma de antes.
– ¿Qué te pasa, di algo?
La moda y los cambios de imagen ya no eran tan importantes como alguna vez lo fueron, las mujeres de la actualidad ya no se esmeraban por usar ropa provocativa o por adornar sus facciones usando maquillaje. Videl era una chica que nunca le interesó su apariencia física, aunque fue la hija de un hombre adinerado.
Siempre cubrió su desnudez con ropa sencilla, los cosméticos y los accesorios de belleza no eran parte de su repertorio. Sus cabellos estuvieron recogidos en dos largas coletas por años, desde niña había usado ese estilo pero esa mañana al prepararse se miró al espejo y creyó conveniente un cambio, si quería una vida nueva reemplazaría cada aspecto en su ser comenzando por su cabello.
– Discúlpame, es que te ves diferente.
– Sí, lo sé.
Sus coletas dijeron adiós, Videl reconfiguró su cabellera azabache permitiéndole a ésta caer libre por su espalda. Los restantes habitantes del refugio ni siquiera notaron la no tan sutil variación, Shapner por el contrario, quien si estaba muy pendiente de ella se asombró al examinarla, su viejo peinado no era desagradable aunque tal vez infantil, este la hacía ver más madura…una adulta.
– Lo siento–él levemente recuperó la elocuencia–pienso acompañarte, no sé adónde planeas irte pero no te dejaré sola.
– No, Shapner escúchame…
– Allí afuera sólo hay peligros, están los androides y quién sabe que cosas más…
– ¡No, quiero hacer esto por mi cuenta…no necesito que me acompañes!
– ¡Él te llenó la cabeza con locuras! –El rubio señaló a Gohan con su mano–la Videl que conozco no se haría esto.
– Él no tiene nada que ver con mi decisión, si me voy lo hago por voluntad propia–replicó al zafarse de su agarre–gradezco tu preocupación pero eso no me cambiará de parecer, me iré y nada me detendrá.
– ¿Por qué, acaso yo soy el culpable de esto? –Cuestionó sin saber qué decir–por más que intento comprender no lo consigo.
– No lo has entendido aún Shapner–afirmó la mujer–mis acciones no son originadas por ti ni por nadie más, lo hago por mí.
– Pero, pero.
– ¡Ya basta, ya no sigas!... ¡se acabó la plática! –ella lo apartó alejándolo.
Shapner retrocedió suavemente al saber que no podría detenerla, Videl solía ser muy obstinada en sus decisiones, nadie la haría cambiar de opinión ni ella misma. El rubio la observó por varios segundos, trató de crear dentro de su memoria una imagen, una especie de fotografía de ella con la cual añorarla, en su interior presentía que tal vez nunca más la volvería a ver.
– Videl…
Ireza igualmente especuló mentalmente muchas formas distintas de persuadirla, sin embargo, terminó deduciendo que ninguna funcionaría. Pero al contrario de Shapner, la rubia dejó de lado las negativas y le brindó su apoyo a su amiga. Sabía que el concejo no haría nada por ayudarla, fue por eso que a escondidas tomó–por no usar el término robó–un poco de comida, medicamentos y un arma.
– Ireza.
– Videl no pienso detenerte, aunque quiero hacerlo–la delgada mujer de cabellos rubios y cortos, le entregó una pequeña valija con las cosas que hurtó para ella–no sé que encontrarás en tu viaje, pero espero que sea lo que sea que encuentres, eso te haga feliz.
– Escucha, yo…
Videl no era muy sentimental, pero incluso ella no pudo resistirse a darle un abrazo de despedida a su vieja camarada. Capricho o necesidad, sin saber definir bien lo que estaba haciendo sentía que era lo correcto para sí. Gohan por otro lado, miró a la multitud sin pronunciar frase alguna. Pese a eso, al ver a tantas personas reunidas creyó conveniente un último intercambio verbal con ellas:
– Sé que tienen miedo–los refugiados se voltearon mirando de reojo al saiyajin, muchos lo habían visto a cierta distancia pero sólo unos cuantos tuvieron la oportunidad de conversar con él–son tiempos difíciles, el alimento y el agua se han convertido en tesoros casi imposibles de hallar, ninguno de nosotros sabe si vivirá para ver el día de mañana.
Las miradas se hicieron directas, las voces de los humanos se silenciaron dejando que las palabras de Gohan fueran las únicas que se percibían.
– Entiendo porqué se ocultan bajo tierra, temen que los androides regresen a este lugar y los encuentren aún con vida, sé que prefieren convivir con ratas y insectos que reconstruir sus vidas en la superficie–una parte de los sobrevivientes agacharon sus cabezas–no se resignen a tener una existencia tan inhumana, ustedes merecen algo mejor.
Gohan se detuvo un momento antes de proseguir.
– No me conocen y tienen derecho a desconfiar de mí, si lo desean no crean lo que digo pero les aseguro que algún día este tormento acabará, podrán reiniciar sus vidas y al hacerlo volverán a levantar su ciudad hasta restaurarla–les dijo el hijo de Goku–los androides serán derrotados, existen incontables cosas que ustedes desconocen, la esperanza no está perdida…vendrán mejores épocas.
El hombre apuntó su solitaria mano hacia ellos.
– Qué nadie los doblegue, no se arrodillen ante los que desean aprovecharse de sus carencias–afirmó elocuentemente el saiyajin aludiendo al concejo–los únicos que tienen el control de sus vidas son ustedes mismos, pueden seguir como están o forjarse un destino que los mantenga con vida y adicionalmente, un rumbo que los haga sentir dignos, que los haga sentir humanos nuevamente y no como alimañas de una alcantarilla.
El guerrero terminó así su corto discurso, los asilados por su parte reanudaron su camino de regreso al interior del búnker. Era obvio que a ninguno de ellos le gustaba su hogar, pero al no tener otro lugar a donde ir y deseando también permanecer ocultos sin ser detectados, se rindieron y aceptaron continuar habitando los húmedos túneles.
Lentamente la cantidad de individuos se redujo a casi nadie, Videl recogió su equipaje y comenzó a distanciarse del sitio que la mantuvo con vida y protegida por años. Gohan quien pretendía iniciar su retorno hacia las distantes montañas Paoz, escuchó como una voz repetía su nombre reiteradas veces hasta detenerse.
– Espera Gohan, espera.
La doctora que atendió sus heridas, corrió hacia él casi sin aliento. La galena agitada trataba de recuperar el oxígeno, en sus manos se hallaba un pedazo de papel algo maltratado. Gohan iba a hablarle cuando ella se le adelantó:
– Antes de irte, debes tener esto–le entregó el documento doblado–es un regalo, una niña pequeña lo dibujó para ti, quiso entregártelo personalmente pero sus padres no se lo permitieron, así que yo lo hago por ella.
Gohan desdobló la hoja descubriendo de inmediato un dibujo, los trazos del bosquejo eran un poco desproporcionados pero comprensibles. La figura de un individuo musculoso era el tema central de aquella creación infantil, unas llamas de color dorado rodeaban al sujeto y sus cabellos tenían el mismo tono.
– Te lo agradezco, y dale las gracias de mi parte…dile que lo guardaré por siempre–el saiyajin habló segundos después de admirar el humilde esbozo, la artista por medio de sus jóvenes ojos lo miró no con miedo ni recelo como lo hacían los adultos, sino, que logró ver más allá de su apariencia exterior revelando la otra faceta que habita en su ser, en cada trazo y línea de la silueta de ese resplandeciente gladiador, estaba marcada la ilusión de un mundo mejor.
– Se lo diré, cuenta con ello–contestó antes de formular una pregunta– ¿adónde irás?
– A casa con mi madre, debo volver...ella me está esperando, lo puedo sentir.
La mujer de bata blanca sonrió, él la observó sin entender.
– Algún día contarán la historia, de un hombre que cayó del cielo y cambió nuestras vidas–le dijo pausadamente la doctora al despedirse de él–algunos dirán que sólo es un cuento de hadas, que no es real…yo sabré que sí.
Gohan buscó una respuesta a dicha afirmación, sin embargo la fémina no se quedó para oírla y se dirigió a la entrada del búnker. Cuando la galena ingresó el pesado bloque de hormigón que fungía como puerta se cerró, oficialmente ambos ya no pertenecían a esa colonia humana bajo el suelo, su supervivencia dependía única y exclusivamente de ellos mismos.
Para el semisaiyajin tal cosa no era algo difícil, desde niño gracias a las duras pruebas de su mentor de color verduzco, aprendió a cómo cuidarse sin la ayuda de nadie. No obstante, el escenario que vislumbraba era diferente para la humana de cabellos negros y ojos azules. Pese a ello, ella no sentía ni un ápice de arrepentimiento y se mentalizó olvidando el pasado para concentrarse en el futuro.
– ¿Qué dirección tomarás? –él preguntó pero no recibió contestación, Videl ya había iniciado su marcha y se encontraba a una larga distancia del refugio.
Él se encogió de hombros, Gohan apetecía salir volando de allí aunque no logró hacerlo. Al mirar como esa señorita se alejaba más y más, sintió la obligación de asegurarse de que estaría bien. Agitó su cabeza un par de ocasiones antes de seguirla, al cabo de unos minutos la encontró junto a la vieja motocicleta que tiempo atrás halló entre los escombros.
– ¿Aún sigues aquí? –Videl le cuestionó al verlo–pensé que ya te habías ido.
– Sí–acotó–te ves muy serena.
– Claro que lo estoy, ahora soy libre de hacer con mi vida lo que me plazca.
– Bien por ti, dime algo Videl… ¿ya sabes hacía dónde te encaminarás?
– Cuando mi padre vivía, él tenía una cabaña en la Capital del Norte–replicó la hija del campeón asesinado–en un par de oportunidades la usamos como albergue, estaba pensando irme hacia allí, quizás ésta siga en pie…
– ¿Y si ya no existe, Videl?
– Si ese fuera el caso, recorrería lo que queda de la Tierra hasta morir.
Videl fue preparándose para partir bajo la mirada ecuánime de Gohan, él debatía interiormente sobre qué debía hacer. Por un segundo pensó llevarla consigo a casa de Bulma o de su madre, estaba más que seguro que ninguna de ellas dos la rechazaría. A pesar de eso, no sabía si la propia Videl aceptaría irse con él.
Aquella damisela perdió una parte de su ser, ya no sentía miedo ni preocupación alguna. Si moría ahora en ese momento no le importaba, era claro que después de años bajo tierra su personalidad se alteró. La Videl Satán que entró en ese búnker por primera vez, ya no era la misma mujer que salió de allí.
– Gracias.
– ¿Por qué?
– Por haberme contado un poco sobre ti, ahora sé que muchas de las ideas que tuve a lo largo de mi vida no eran tan descabelladas como algunos otros pensaban–aseguró al colocarse frente a frente con el hombre de un brazo–como humana, viví creyendo lo que la sociedad y su lógica me decían, pero tú eres la prueba de que hay mucho más de lo que se ve a primera vista…y te doy las gracias por eso.
La hija de Mr. Satán, dio media vuelta y se subió a su motocicleta estando a punto de alejarse. Trató de encender el motor en reiterados intentos, murmuró un par de soeces insultos al fracasar. Al creer que ese oxidado vehículo no arrancaría, escuchó aliviada como el motor rugía mientras que del escape salía numeroso humo oscuro.
– Adiós Gohan…
– ¡Aguarda, no te vayas! –él la detuvo en el último instante.
– ¿Ocurre algo?
– ¿Me permites acompañarte? –sin saber todavía qué estaba haciendo, habló de todas maneras.
– ¿Acompañarme, por qué? –Sorprendida preguntó–creí que deseabas volver con tu familia.
– Sí los extraño, pero me preocupa qué será de ti.
– ¡Por favor! –Exclamó la pelinegra– ¡no soy una chiquilla indefensa que necesita protección!
– No creo eso, simplemente no puedo irme sin saber que estarás bien, eso es todo.
– Te propongo un trato–ella lució esa sonrisa pícara que la caracterizaba– ¿si permito que vengas conmigo me contarás más cosas del ki y los androides?
– De acuerdo, acepto–titubeó levemente al acceder.
– Muy bien, sube rápido.
– ¿Qué suba, no insinúas que monte esa cosa contigo? –Gohan le indagó incrédulo.
– Por supuesto, yo no sé volar como tú–respondió la mujer de cabellos negros–además es mi viaje por lo tanto mis reglas, y ya aceptaste, así que súbete ya.
– Pero…pero.
– ¿Qué sucede, acaso el hombre con súper poderes le tiene miedo a una motocicleta?
– Está bien, ganaste.
Gohan con algo de incomodidad se colocó sobre el asiento de la moto, con su único brazo se aferró a la cintura de la chica. Él no lo notó, pero en el rostro de ella un suave sonrojo se manifestó. Siendo una persona acostumbrada a las batallas a muerte llenas de dolor, el roce cálido de su piel contra la de una mujer lo doblegó de un modo que nunca antes imaginó.
Una vez listos, Videl accionó el acelerador del corcel motorizado dando así por iniciada su travesía en lo que queda del mundo. Los neumáticos de la moto dejaron sus huellas en el polvoriento suelo, la chica de pelo oscuro maniobró ansiosa esquivando los obstáculos que encontraba en su recorrido.
El saiyajin y la humana no aminoraron su avance, ninguno podría pronosticar lo que encontrarían juntos. El horizonte se extendía delante de ellos, había muchos kilómetros por transitar y poco tiempo para hacerlo.
Un par de viejas manos que alguna vez demostraron la delicadeza única de una mujer, ahora se refugiaban en el interior de unos gruesos guantes. Esas extremidades sostenían una especie de plano, un bosquejo creado con poco detalle pero que significaba muchísimo para la autora de dicho diagrama.
– Muy pronto Goku, muy pronto todo se arreglará.
Bulma bajó suavemente el papel que observaba con sus ojos, detrás del esquema fue apareciendo el armazón casi concluido de Ávalon. La máquina estaba tomando su peculiar forma ovoide, la estructura era sostenida por cuatro delgadas y firmes patas. Una serie de paneles de acero forjados con la forma adecuada, se unían en el esqueleto del aparato convirtiéndose así en su piel.
Los avances en el vehículo del tiempo iban según lo esperado por la científica, no obstante aún faltaban más meses de laborioso trabajo antes de revelárselo a su hijo. Aprovechando las recurrentes salidas de Trunks para entrenarse, la mujer de cabellos azulados continuó buscando chatarra que fuera de utilidad en el proyecto.
Sus incursiones a la superficie daban frutos, gracias a ellas ya poseía suficientes cables de cobre que serán las venas y arterias de la máquina, las cuales la alimentarán con electricidad al activarse. Del mismo modo, halló otras piezas que complementarán las secciones faltantes como un asiento para la cabina del piloto.
Gracias a la acción simple de una llave de tuercas, fue ajustando cada tornillo que de manera conjunta fijarían los instrumentos en el panel de control. Aseguró la silla del conductor en el piso, una vez finalizada esa tarea instaló el mecanismo que abriría y cerraría una cúpula traslúcida que protegería a Trunks en el momento de activar a Ávalon.
Los segmentos básicos, que conforman el medio de transporte que salta entre las líneas temporales estaban cerca de estar concluidos. Sin embargo, el corazón del artefacto científico, el cual permite que esa maquinaria realizara su milagrosa función seguía sin perfeccionarse. La mujer caminó hacia una mesa cercana, rápidamente retiró una manta que la cubría.
– Eres el primero, de la que supongo que será una larga lista de fracasos–Bulma le comentó a los restos del primer prototipo del dispositivo que permite el viaje en el tiempo–que al final desembocará en el éxito.
En la primera prueba efectuada meses atrás, comprobó definitivamente que la teoría formulada por su padre hace años realmente funciona. No obstante, una cosa era teorizar y otra fabricar. Llevando sus conocimientos sobre física al extremo, ella consiguió manufacturar el mecanismo que ejecuta los saltos temporales pero este se arruinó en el primer ensayo.
Le tomó unos días recolectar otra vez los materiales a usar, reconstruyó el dispositivo desde la parte más minúscula hasta la de mayor complejidad. En un santiamén, trajo a su mente la increíble fuerza de la naturaleza desencadenada por la ciencia que experimentó aquel día. La gravedad no era un juguete, eso lo entendió muy explícitamente al mostrar ésta su poderío.
Cada átomo de su cuerpo fue halado por la atracción gravitacional amplificada, su peso se triplicó como si pesara toneladas más de lo real. Sus huesos crujieron hasta sus límites de ruptura, y cuando todo indicaba que sucumbiría, la singularidad se consumó haciendo algo nunca antes presenciado por un ser humano: un vórtice que Bulma bautizó como agujero negro.
Una de sus manos se acercó al segundo prototipo, a pesar de sus intenciones no lo accionó. Dentro de su cabeza otro tema capturó su atención, como todo viaje éste debía tener un destino. Tal elemento se convertía frustrantemente en un dilema, ya había pensado en ese problema sin hallar el esencial trozo del acertijo que le faltaba.
– ¡Necesito recordarlo, dónde fue exactamente! –Molesta sujetó su cabello tratando de despejar su juicio – ¡cómo es posible que no lo recuerde, yo estuve allí ese día!
La dama se dio la vuelta analizando por trillonésima ocasión, un pizarrón donde estaba dibujado un croquis ordenado cronológicamente, que mostraba los acontecimientos que iniciaron desde la llegada de Freezer a la Tierra hasta la época actual. Bulma de manera claramente deliberada, ya le había contado a Trunks varios de los sucesos ocurridos en esos años.
Esa información tan vital deberá ser suministrada a Goku en el pasado, preparándolo para la aparición de los androides así como del padecimiento que sufrirá en el corazón. Todo esto contemplado en el plan de Bulma, si las cosas salen como ella espera. Sabía la fecha precisa en que aquel villano espacial arribó con su padre, pero no recordaba el sitio en que eso pasó.
– Es mejor ir por partes–se sugirió a sí misma.
Al pensar se acordó de cómo fue desarrollándose ese día, ella siendo joven se encontraba en casa compartiendo la mesa con su familia, Yamcha y un invitado muy inusual: Vegeta. Repentinamente, tanto el saiyajin como su ex novio percibieron dos presencias malignas, las cuales pertenecían a Freezer y a su papá.
Gohan y todos los demás–incluida ella–se desplazaron a una zona semidesértica donde la nave de aquel hombre malvado aterrizó. En ese instante Bulma dirigió sus ojos a un mapa roto y decolorado de la Tierra colgado en la pared, señalando con su dedo índice buscó el área aproximada donde eso sucedió.
– Creo que fue aquí–afirmó apretando su dedo sobre el mapamundi, seguidamente empleó las coordenadas geográficas situando esa posición lo más puntual posible–sector 573 del punto 18220, a esa ubicación debe ir Trunks–Bulma marcó esa región con un bolígrafo rojo.
Aunque la dirección no era concreta, su hijo tenía la capacidad de percibir el ki y al usarlo se guiaría hacia su versión más juvenil del pasado sin problemas. Haciendo más memoria recordó que Goku le comentó muy vagamente, que usó una nave perteneciente a las Fuerzas Especiales Ginyu para realizar el viaje de regreso a casa.
– Ya sólo falta algo por hacer–regresó la mirada a la máquina a sus espaldas.
Dejando los hechos del ayer a un lado, retomó las herramientas para reiniciar sus trabajos de construcción. Trunks regresaría de su entrenamiento en unas horas hambriento y agotado, cada segundo era primordial. Cuando él retorne no podrá continuar con su proyecto secreto, su muchacho comenzaba a hacerle muchas preguntas cuyas respuestas se volvían más difíciles de encontrar.
– No puedo seguir perdiendo el tiempo.
Una fría brisa soplaba sobre las deterioradas ruinas regadas por el camino, la vieja carretera repleta de grietas lentamente iba siendo absorbida por el polvo. A cada lado se encontraban los restos oxidados de antiguos automóviles y demás señales de tránsito, más allá de eso sólo había soledad envuelta en silencio.
Sorpresivamente, aquella afonía fue derrotada por un sonido que esa autopista no escuchaba en años: un motor de motocicleta. Precisamente ésta iba recorriendo las calles sin aminorar su marcha, la conductora mantenía su mirada fija el trayecto que se extendía frente a ella. Videl y su peculiar acompañante, llevaban varias horas viajando encontrándose con el mismo paisaje.
– ¿Sabes hacía dónde vamos? –Gohan le preguntó.
– ¡Habla más fuerte, no te oigo! –exclamó la mujer pelinegra.
– ¿Hacía dónde nos dirigimos, lo sabes? –reiteró su pregunta, esta vez usando un tono de voz mayor.
– No tengo ni la más mínima idea–le respondió Videl.
– ¡Qué! –Expresó el saiyajin– ¿qué clase de viaje es este?
– El que siempre quise hacer, no importa la dirección simplemente deseaba sentir el viento en el rostro–afirmó la señorita.
– Será mejor que nos detengamos.
– ¿Por qué, acaso no tienes sentido de aventura?
– Sabes algo, no te comportas como una mujer ordinaria.
– No soy una mujer ordinaria–aseguró con orgullo.
Era exactamente por esa forma de ser tan impulsiva, que él no se separaba de ella. Perfectamente podría marcharse volando dejándola a su suerte, pero no creía correcto hacerlo. La moto continuó andando por más millas, aunque el paisaje era árido y nada agradable Videl le encontraba cierto encanto, prefería eso que regresar a ese agujero bajo tierra.
La hija del asesinado campeón, observó y comprendió la magnitud de la devastación. Había visto en el pasado sitios destruidos, sin embargo, jamás imaginó que casi todo el planeta estuviera muerto. Los androides arrasaron con aquel mundo dejando muy poco, su corta travesía evidenciaba un hecho innegable:
"¿Será que ya no hay más personas vivas?"–pensó Videl, al reflexionar sobre los millones de homicidios realizados en los últimos años.
Por unos segundos sus ojos examinaron el indicador de combustible, éste mostraba que aún tenían suficiente gasolina para recorrer varios días más. No obstante, ella consideró prudente detenerse por ahora parando el consumo del hidrocarburo. Gohan al darse cuenta de sus intenciones se sorprendió, él no esperaba que se detuviera, Videl parecía estar muy decidida en continuar.
La chica de melena negra fue desacelerando, hasta estacionarse a un costado de la vía. El sol comenzaba a ponerse, el anochecer no tardaría en cubrirlos con su espeso velo oscuro. Sus palabras enmudecieron al presenciar un acontecimiento que hacía tanto tiempo no miraba: el atardecer.
– Precioso–susurró, el cielo se colorió a sí mismo con matices naranjas y amarillos dándole la despedida al rey de los astros.
– ¿Dijiste algo Videl?
– Nada, no dije nada–objetó rápidamente–pasaremos la noche aquí, mañana a primera hora seguiremos.
– No me parece un sitio muy seguro, estamos expuestos…los androides podrían vernos.
– ¿Nunca dejas de preocuparte? –Videl ignoró su sugerencia–sólo se vive una vez y no quiero fastidiarme con inquietudes, tienes que despreocuparte un poco y relajarte.
Gohan tomó del suelo unas cuantas ramas secas de varias plantas marchitas, con su poder las encendió logrando hacer una fogata. Los minutos pasaron y la oscuridad finalmente los arropó a ambos, en aquella zona no se podía ver nada más allá de la diminuta hoguera, la penumbra invadió completamente el paraje.
Luego de tantos años la noche recuperó su dominio, ya no había luces artificiales que la relegaran a un lado. Los viajeros se sentaron frente las llamas, mientras permanecían sin decirse nada uno al otro. Videl se acostó cruzando sus brazos debajo de su cabeza, arriba de ella las estrellas le ofrecían una vista incomparable.
Ella respiró profundamente llenando sus pulmones de aire fresco, con esa sencilla respiración sintió que recuperó una parte de la vida que perdió estando bajo el subsuelo. Entre tanto miraba el bello espectáculo protagonizado por las constelaciones, un rugido resonó sacándola de sus pensamientos.
– Lo siento…–Gohan se disculpó al reírse avergonzado–tengo hambre.
– Sí, ya me di cuenta–Videl comentó en tono sarcástico– ¿cómo alguien puede tener tanto apetito?
– Lo heredé de mi padre, él incluso comía mucho más que yo.
– Tienes que estar bromeando–respondió con escepticismo.
– Digo la verdad, lo juro.
– ¿Tu padre te está esperando en casa? –cuestionó sin dejar de mirar el cielo.
– No–le dijo secamente–él murió cuando era niño.
– Discúlpame, no debí preguntarte.
– Tranquila, no hay problema…–afirmó algo nostálgico–mi mamá le preparaba comida suficiente como para alimentar un batallón de hombres.
– Por lo que escucho, tu madre parece ser una mujer muy devota–le manifestó–yo no creo que fuera capaz de hacer algo así.
– Ella tiene un carácter muy fuerte en ocasiones, pero puede ser dulce si lo desea–Gohan habló recordando todas las veces que ella lo regañó a él y a su padre–aunque nunca lo dijo, papá llegaba a tenerme miedo…y más cuando lo amenazaba con dejarlo sin cenar–él rió levemente.
– ¿De qué murió él, si me permites preguntarte?
– Del corazón, falleció de un virus del corazón–contestó sin demora–él repentinamente comenzó a sentirse cansado, sin fuerzas–Gohan recordó en voz alta–lo intentamos todo, pero no ningún medicamento funcionó, una mañana no se levantó, seguía dormido tranquilamente sobre su cama–unas delgadas lágrimas brotaron de sus ojos–estando parado frente a él, sentí como su ki se desvanecía hasta morir.
– Sé que es tarde, aún así te doy mis condolencias.
– Gracias…
– Yo sé lo que se siente perder a alguien, mi madre murió cuando era pequeña–ahora fue Videl quien revivió el pasado–mi padre era millonario y repetidamente viajábamos en crucero, no recuerdo muy bien lo que pasó pero el barco se volcó y la perdí de vista, supongo que el mar le arrebató la vida.
– Lamento escuchar eso–Gohan demostró su pesar.
– Tranquilízate–la chica negó con la cabeza–eso fue hace tanto ya.
– ¿Cómo sobreviviste?
– No recuerdo cuánto tiempo flote en el agua, pero un día escuché a un helicóptero de rescate acercándose–en su mente revivió el estridente sonido de las hélices de la aeronave, su piel volvió a percibir la dura y baja temperatura que el océano compartía con ella, cuando creyó que moriría la ayuda apareció para salvarla–así fue como logré sobrevivir, después de eso nunca más volví a subirme a un navío.
Los dos se percataron que tenían algo en común, habían perdido a familiares muy cercanos siendo aún pequeños. Las circunstancias no fueron las mismas, pese a eso el resultado sí lo fue. Vivieron vidas separadas, presenciaron la devastación global desde perspectivas distintas. Haber caído accidentalmente en aquella ciudad para ser rescatado por esa mujer, ya no resultaba tan accidental como al principio.
– ¿Qué pasó con tu vida después de eso? –cuestionó Gohan.
– Mi madre pensaba educarme como a cualquier otra niña, ya sabes cosas delicadas como el ballet–bufó al referirse a eso–aunque era una mujer, una chiquilla, tales actividades no me interesaban, así que seguí los pasos de mi padre.
– ¿Luchar?
– Sí, él me enseñó lo que sé–puntualizó antes de liberar un extenso bostezo.
– Será mejor que duermas, mañana nos espera más camino por recorrer.
– Tenemos un trato recuérdalo, cuando el sol salga me contarás mucho más sobre ti y los androides–volvió a bostezar cansada–quiero saberlo todo…todo.
Ella se giró sobre sí, situándose frente a las llamas que obedientemente le brindaron su calor. Son Gohan permaneció despierto sin quitarle la mirada de encima, él trató de cerrar sus ojos para dejarse llevar por el sueño pero no lo consiguió. No lo entendía, su mente llena de recuerdos de luchas y de muertes, no comprendía porqué ese rostro femenino lo hipnotizaba como lo hacía.
– ¿Qué es lo que sucede conmigo?
El saiyajin reconocía la belleza con la cual las mujeres son dotadas, no obstante, él jamás había mostrado ni un ápice de interés en una. Entrenamiento, entrenamiento y más entrenamiento, era lo único que sabía hacer, no quedaba espacio en su cabeza para nada más. Pero ahora allí estaba, sentado frente a una hoguera mirando a esa chica dormir.
– Eres lo más hermoso que he visto en mi vida…
Temeroso y titubeante, se acercó con el mayor cuidado posible. Su única mano se colocó a centímetros de aquellas facciones suaves, el fuego resaltaba cada característica que ella poseía. Una nariz pequeña, cejas delineadas, ojos grandes y labios húmedos. Para ser un hombre que nunca ha besado a una mujer, esa boca se volvía un fruto que con ansias deseaba probar.
Asustado por no saber qué estaba haciendo se echó hacia atrás, ese sentimiento de afecto no se comparaba con el que se le profesa a una madre o un amigo, iba más allá de eso y de cualquier frontera. El saiyajin comenzó a alejarse más de ella, necesitaba espacio para pensar y aclarar sus ideas.
– Espero que logres disculparme, pero me es imposible permanecer cerca de ti.
Gohan despegó hacia la oscuridad del firmamento nocturno, la fogata fue haciéndose diminuta cada vez más al ganar altura hasta desvanecerse. Y fue entonces que estando allí arriba, que el guerrero cubierto de cicatrices y despojado de una de sus manos, entendió esa imprevista atracción que Videl causaba en él: en otros tiempos los humanos sencillamente la llamarían amor.
¿Amor, cómo era posible tal cosa, apenas si la conocía?
Siendo una mezcla de saiyajin y humano, Gohan fue controlado por su lado extraterrestre la mayor parte del tiempo. Su parte terrícola luego de tanto esperar, lo reclamó abrumando su espíritu con deseos e impulsos típicos de la raza humana. Ahora se tornaba más evidente, porqué tenía la necesidad de cuidar de ella.
– ¡Cómo desearía que las condiciones fueran otras!
Son Gohan trató de endurecerse a sí mismo, él no permitiría que su sensatez se nublara ante un capricho causado por el atractivo de una mujer. El hijo de Goku aterrizó de nuevo cerca de la fogata, cumpliría su promesa contándole ciertas cosas sobre los androides y su persona, una vez hecho eso se apartaría de Videl para siempre.
El amanecer llegaría en unas cuantas horas, le esperaba un día agotador siendo lo mejor para él dormir. Sin embargo su preocupación más grande, radicaba en que ella muy pronto despertaría.
El sol surgió entre las tinieblas, a pesar de eso casi nadie lo admiró como se solía hacer. La temperatura fue elevándose gradualmente, los desiertos iban ganando terreno al absorber con su arena las ruinas de las antiguas grandes ciudades. La Tierra quien fuera una bella flor azul que flotaba en el espacio, pausadamente fue marchitándose.
– ¿Hasta cuándo te quedarás allí sin hacer nada?
Una enfurecida mujer rubia habló fuertemente dentro de esa cueva, pero su acompañante masculino no respondió. No sabían su ubicación exacta, sin embargo eso era irrelevante. Ambas creaciones del Doctor Gero se encontraban lejos de todo y a la vez de nada, el viento era el único murmullo que el mundo producía.
– ¡Maldito seas diecisiete, respóndeme de una vez!
El androide continuaba sin gesticular frase alguna, sólo yacía sentado sobre una roca mirando el suelo bajo sus pies. Su cabello negro caía sobre su rostro ocultándolo, había permanecido en esa misma posición por días produciendo un gran descontento en su impulsiva hermana. Dieciocho no resistió más, lo haría hablar aunque fuese por la fuerza.
– ¿Cuánto tiempo dieciocho, cuánto tiempo ha pasado desde nuestra última pelea? –él detuvo su silencio.
– Más de dos meses… ¿pero y eso qué?
– ¡Y eso qué, y eso qué! –Exclamó el androide– ¡fuimos hechos para combatir, generando así miedo en los humanos, demostrándoles que sus asquerosas vidas no significan nada!
– Sigo sin comprender–ella le contestó–en el pasado, pasamos meses sin luchar regresando después a la batalla, era una costumbre que solíamos disfrutar.
– Con la diferencia que ahora no queda nadie con quien pelear, hemos perdido nuestra esencia, sólo nos queda buscarnos un nuevo propósito–su hermana no dijo nada.
Fueron concedidos con el objetivo de ser armas de venganza, pero al hombre que debían asesinar ya había muerto. Su misión principal no fue cumplida, ese suceso los dejó marcados si bien no lo reconocían abiertamente. El androide con pañuelo naranja se sentía vacío, debajo de toda esa crueldad y maldad creía que le faltaba algo, él también tenía sus propias metas y aspiraciones.
Diecisiete estaba harto de ser visto sólo como una herramienta, como una máquina de matar, quería ser un fin y no un medio. Si bien la idea de conquistar la Tierra en un principio le pareció absurda, en ese instante la veía desde otro ángulo. Le encantaba causar miedo en los terrícolas, proseguiría haciéndolo aunque con un método que no había empleado antes: la opresión.
– ¿Entonces qué propones que hagamos? –la rubia reanudó sus alegatos.
– Gohan y los demás han muerto, podemos hacer lo que queramos–aseguró diecisiete– ¿por qué seguir atrapados en la misma rutina?
– ¿Acaso perdiste el juicio?
– ¡Abre los ojos dieciocho! –Él la tomó por sus hombros– ¿no estás cansada de hacer siempre lo mismo año tras año?
En una época que nunca regresará fueron seres humanos, la transformación que sufrieron no sólo alteró sus cuerpos dándoles habilidades fuera de cualquier límite. Sus mentes también fueron cambiadas, los pensamientos benignos que alguna vez tuvieron hoy en día estaban desaparecidos. En sus cabezas únicamente quedó esa enfermiza sed de sangre y devastación que hoy en día los continúa dominando.
– ¿Adónde vas? –para ella, diecisiete actuaba extraño.
– Buscaré en cada rincón de este planeta muerto, los humanos están en alguna parte escondiéndose de nosotros como las alimañas que son–el hombre cibernético liberó una pizca de su energía, agrietando las paredes rocosas de la gruta–el juego de destruir ciudades ya me aburrió, quiero hacer algo diferente.
– ¿Qué tienes en mente?
– ¿Por qué exterminar a los humanos cuando podemos usarlos a nuestro antojo? –Le indagó a su hermana–piénsalo, tú y yo como los nuevos amos de esta tierra, los terrícolas son estúpidos y temerosos por naturaleza, los dominaremos con mano firme para que cumplan lo que se les ordene.
– ¿Esclavos?
– Correcto, ya basta de destruirlo todo, moldearemos este mundo a nuestra imagen–el androide después de tantos años dejó a un lado las viejas directrices de su creador, por primera vez pensaba para sí mismo sin concentrarse exclusivamente en la diversión a costa de un genocidio mundial–ya no tienen a nadie que los defienda, el camino está despejado.
Destruyeron la civilización humana hasta llegar a sus cimientos, era la oportunidad idónea de forjar un orden nuevo. No tenía sentido reducir ese planeta a cenizas, era mejor tomar lo que queda de él para reclamarlo como suyo. Los seres humanos elegirían entre servirles o ser libres, pero no ambas opciones.
La humanidad fue dominadora de los demás seres vivos por milenios, era el turno de la humanidad ser dominada del mismo modo.
La intensa luz solar atravesaba sus párpados, tal molestia la sacó abruptamente de su sueño. Videl pestañeó un par de veces al sentarse sobre el suelo, la fogata hacía horas que se apagó dejando únicamente un rastro de cenizas en su haber. La motocicleta seguía en su sitio, su pequeño equipaje también aunque algo faltaba.
– ¿Dónde estás? –se preguntó al no ver a Gohan.
Se posó sobre sus pies de nuevo recogiendo sus maletas, antes de sacudir el abundante polvo que cubría su cuerpo y cabello. Al estar más despierta comprendió velozmente la situación, Gohan se marchó mientras dormía abandonándola en esa antigua carretera. La cual imitaba su vida en un aspecto, no iba a ninguna parte.
– ¡Eres un cobarde, un mentiroso!
Ella rápidamente giró dando una vuelta completa, mirando el paisaje desolado que la acompañaba.
– ¡Bien hazlo, vete! –Gritó la humana– ¡no me interesa saber nada de ti, olvídate de mí, quiero estar sola!
No entendía porqué le enfurecía tanto que Gohan no estuviera, eso era precisamente lo que deseaba al principio de su viaje: soledad. Atravesó incontables momentos difíciles sin él, ni siquiera sabía que existía, ella no lo necesitaba en lo más mínimo.
– ¡Qué tonta fui, me ilusioné como una niña! –Exclamó para luego susurrar– ¡y yo que comenzaba a disfrutar esto!
Un tornado de polvo la rodeó repentinamente dificultándole la visión, el piso debajo de ella siendo frágil se agrietó por la fuerza de una voz. Entre tanta arena observó una silueta en la lejanía, la figura de un individuo desconocido que la asombró con sólo notar su presencia. Por más que lo negara, aún quedaban misterios en el mundo que valían la pena descubrir.
Y el más grande enigma de su vida, se hallaba justo frente a sus ojos.
Fin Capítulo Veintiuno
Hola, al escribir me pregunté por qué ver a los androides como seres que únicamente se dedican a destruir y matar. Sé que esa es la visión tradicional que nos da el anime, pero pensándolo con detenimiento llegué a una conclusión. Resulta cansado y predecible que ellos sólo devasten ciudades, y me pregunto: de seguir así qué harán luego de eso cuando ya no quede nada.
Ambos son seres superdotados, por qué no utilizan esas habilidades para sus propios beneficios aunque éstos sean malvados. Lo reconozco, la dominación mundial ya es una idea repetida y trillada, los villanos estereotipados siempre lo hacen. Pero piénsenlo, si ellos llegan a aniquilar a los humanos, qué se suponen que hagan después.
No pretendo cambiar la personalidad de los androides, sencillamente digo que los dos pueden tener objetivos más grandes que continuar encerrados en esa vida tan monótona. Con lo crueles que son, no me cuesta trabajo imaginarlos torturando a una raza humana esclavizada. Haciendo que los seres humanos estén atrapados en un infierno, del cual la muerte ya no será una vía de escape.
Discúlpeme por no haber cumplido con lo dije antes, sé que aseguré que los episodios tendrían determinada longitud de la cual este carece. En los últimos días varios deberes me reclaman, espero su comprensión. Antes de marcharme quiero darles las gracias a: Elestir, Una Lectora, My2 y a Makenshi Kirito por sus observaciones en el capítulo anterior.
Gracias por leer y hasta la próxima.
