N/A: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K. Rowling (salvo los inventados por mí) y no tengo intenciones de lucrar!!

N/A: Espero les guste este fic, y a los que dedican unos segundos para enviar un Review, gracias!

N/A: Este es el último capítulo.... aunque falta otro, así que sería como el anteúltimo. Espero que tengan paciencia y quieran arrojarme un Avada Kedavra!!!!


Capitulo 22

Desesperado y presa del pánico, Arthur Weasley corría a través de los pasillos de la planta baja a toda velocidad, esperando encontrar a alguien por allí. Por desgracia, no había nadie por los corredores, por lo que se dirigió raudamente hacia el vestíbulo principal, atravesó las enormes y pesadas puertas de roble de la entrada y salió del castillo.

Sintió que su corazón recibía una pequeña dosis de alivio al ver a Dumbledore y a Flitwick en los jardines delanteros, conjurando complicados encantamientos con sus varitas dirigidos hacia el oscuro cielo escocés.

Corrió hacia donde estaba el director pero se detuvo a escasos metros de él; no debía interrumpir sus conjuros ya que seguramente estaba reforzando las defensas del castillo que aún estaba siendo atacado salvajemente desde afuera. Arthur notaba cómo los estruendos eran ocasionados por el feroz impacto de las maldiciones contra los encantamientos que protegían al colegio, y cada uno de ellos producía temblores en el suelo y en los alrededores francamente siniestros.

Dumbledore murmuraba sus encantamientos en un antiquísimo latín y en otro idioma o lengua que Arthur no pudo distinguir, y sus brazos se hallaban apuntando hacia arriba con su varita en mano arrojando destellos de luz blanca y eléctrica. La voz del director parecía cansada pero enérgica; Flitwick, a varios metros de allí, parecía hacer lo mismo aunque sus movimientos eran más rápidos; su corta estatura no le impedía realizar el trabajo, por el contrario, de su varita salían potentes hechizos y encantamientos que poseían una fuerza mágica inusual.

"Albus!" Susurró Arthur, impaciente. Sabía que no debía interrumpir a Dumbledore en ese momento pero su noticia era tan importante como el refuerzo de las defensas. El director miró de reojo al señor Weasley sin dejar de recitar sus encantamientos.

"Siento interrumpirte pero la profesora Vector ha visto a una docena de mortífagos en los terrenos traseros del castillo."

Dumbledore, sorprendido por la noticia, clavó su vista en él.

"Ella está segura?"

"Sí. Estaba muy oscuro y aún estaban lejos, pero le dio la impresión de que se dirigían hacia la parte posterior del castillo hasta que algunos desaparecieron súbitamente. Y cuando recibió el Patronus de Tonks no dudó en avisarme."

Dumbledore frunció su entrecejo. Un súbito resplandor cubrió todo el cielo, como si una enorme burbuja sobre ellos contuviera a duras penas una poderosa maldición.

"Filius!" Gritó Dumbledore. "Continúa reforzando las defensas, yo debo volver al castillo!"

"Arthur, utiliza tu Patronus para informar a Hagrid. Se encuentra en los lindes del bosque prohibido… y lo necesito dentro del castillo cuanto antes."

***HP***

Mientras tanto, en la Sala Común de Gryffindor Harry aún estaba sentado en una silla, al lado de Hermione. Había dejado de dialogar con su amiga porque comenzó a sentir una molestia en su frente, más precisamente en su cicatriz; una molestia que ya había sentido antes en reiteradas oportunidades pero que ahora no era intermitente ni fugaz sino continua.

Tomó su frente con su mano y cerró sus ojos, temiendo que el dolor lo atravesara de nuevo como la última vez algunos días atrás; en esa ocasión el dolor fue tan fuerte que perdió el conocimiento y terminó en una cama del hospital del colegio.

"Harry, estás bien?"

La dulce y suave voz de Hermione lo reanimó un poco.

"Sí, me duele la cabeza, eso es todo."

La muchacha frunció su ceño. "Querrás decir… tu cicatriz?"

Harry la miró exasperado. Cómo demonios podía ella saber todo? Pero antes de que se lo preguntara su amiga le ganó de mano.

"Como la última vez, recuerdas? Estuviste toda una noche en el ala del hospital porque te encontraron desmayado en un pasillo por culpa del dolor en tu cicatriz."

Claro, ahora lo recordaba; Hermione había ido a visitarlo a la noche y él le había confiado qué le había sucedido. La misma noche que su amiga terminó por descubrir que él no era Jeremy Harrison.

"Quieres ir a ver a Madame Pomfrey?" Le dijo, apoyando una mano en el hombro del muchacho.

"No. Además no podemos salir de la Sala Común."

Hermione suspiró fastidiada; Harry ahogó un gemido de dolor para no alarmar a su amiga; la continua molestia parecía salpicada por instantes de dolor un poco más profundos, pero por el momento era bastante soportable.

Hermione levantó su cabeza y miró hacia el ventanal de la Sala. Los estruendos se sucedían y los alumnos que estaban cerca de allí mirando hacia fuera podían ver claramente los resplandores de las maldiciones impactando contra las defensas del castillo. Parvati y Ginny compartían el sillón que estaba al lado de la chimenea con Ron; el Premio Anual Andrew Bonham hablaba con unos alumnos de primer y segundo año intentando calmarlos; Dean, sin su desaparecido amigo Seamus, caminaba de un lado al otro de la Sala, mientras Neville lucía temeroso apoyado contra una pared junto a Demelza y Alicia Spinnet. Todos allí deseaban fervientemente que los encantamientos resistieran, de lo contrario el colegio caería en manos del hechicero oscuro que aterrorizaba a toda Inglaterra.

***HP***

Hagrid llegó presuroso al vestíbulo principal, en donde aguardaba Dumbledore, Arthur y un par de profesores del colegio.

"Director, es cierto lo que dijo su Patronus?" Pregunto Hagrid, agitado y alarmado.

"Sí Hagrid, por desgracia. De alguna forma algunos mortífagos han penetrado los terrenos del castillo y vienen hacia aquí, aunque según la profesora Vector algunos de ellos desaparecieron de su vista."

"Posiblemente intentarán rodear el castillo y buscar entrar por algún otro lugar."

"No lo sé, Arthur. Pero por eso mismo he llamado a Hagrid; es fuerte y necesito que vigile la entrada principal."

"Descuide, director, lo haré." Contestó el semi-gigante, dirigiéndose hacia las puertas de roble.

"Arthur, busca a Molly y quédate con ella. Seguramente estará apostada cerca de los invernaderos junto a Alastor, y dile a Alastor que vigile los terrenos traseros del castillo." Ordenó Dumbledore intentando reacomodar las posiciones debido a la situación. "Pomona, Frederick, quédense junto a Alastor y rechacen cualquier intento de intrusión al colegio… protegeremos a los alumnos con nuestras vidas."

Una vez que todos se marcharon, Dumbledore se dio cuenta inmediatamente que los estruendos habían cesado; lejos de creer que Filius había tenido éxito, la aparente calma lo preocupó aún más, y angustiado por la suerte que pudieron haber corrido Kinglsey, Tonks y Sinistra, se decidió y marchó hacia el pasillo que conducía hacia las aulas esperando encontrar a Snape, cuando un Patronus que reconoció inmediatamente como el de Remus apareció bajando las escaleras y se dirigió a él.

"Albus, mortífagos cerca de los huertos. Ocho de ellos. Bellatrix, Crouch, Yaxley y Riddle desaparecidos."

La voz de Remus a través del Patronus congeló la sangre del director. Mientras el brillante animal se desvanecía en el aire Dumbledore permaneció parado clavado en el mismo lugar, con sus ojos abiertos por el terror que le produjo lo que había escuchado; Remus tenía el Mapa y enviaba sus Patronus alertando a todos sobre la ubicación de los invasores, pero ahora ni siquiera el Mapa podía ayudarlos; Voldemort había sido un alumno muy inteligente y capaz, y seguramente había encontrado la forma de ocultarse dentro del castillo sin que nadie lo descubriera.

"Maldición!"

El rugido de Dumbledore se debió de haber escuchado por todo el colegio, y no recordaba haberse sentido tan desesperado e impotente en toda su vida. Pero era un hombre de decisiones rápidas, por lo que se echó a correr como podía rumbo al pasillo.

***HP***

Los corredores del segundo piso yacían bajo un silencio atroz. Convencido de que no iba a cruzarse con ningún alumno curioso ("el único que se atrevería a hacerlo en este momento es Harry," pensó) bajó su capucha y dejó su cabeza al descubierto.

Más cómodo y con mejor visibilidad y movilidad, Sirius siguió recorriendo los pasillos una y otra vez, sin siquiera toparse con Peeves.

"Demonios, no hay nadie aquí." Se dijo a sí mismo fastidiado. Y cuando ya no pudo contener su impaciencia ni su ignorancia por lo que estaba ocurriendo en otros sectores del castillo, tomó las escaleras y descendió un par de pisos, adentrándose en los corredores de la planta baja.

Su varita iluminaba el oscuro pasillo repleto de retratos mágicos y armaduras que brillaban bajo la luz. De pronto notó una sombra a varios metros de él y apuntando gritó:

"Quién eres? Identifícate!"

La sombra, inmutable, continuó caminando hacia él hasta que la luz de la varita de Sirius reveló su figura.

"Snape! Qué demonios haces vigilando el pasillo a oscuras?"

"No necesito luz para movilizarme de noche, Black." Contestó Snape con fastidio.

"Ya lo creo, al igual que los murciélagos, cierto?"

El tono cínico en la voz de Sirius siempre había molestado a Snape, incluso en las épocas de estudiantes. "Qué quieres decir con eso?"

"Oh vamos Quejicus!" Rió Sirius. "Sólo te falta ser un animago no registrado."

El rostro del ex mortífago reflejó furia inmediata, y enarboló su varita hacia el padrino de Harry. "Deja ya de decir estupideces, Black, y dime qué demonios estás haciendo aquí abajo! Tenía entendido que tu sector de vigilancia era el segundo piso!"

"No ocurre nada allí arriba, así que quise venir a darte una mano, mi querido amigo."

"Que… arrogante eres, no puedes ni siquiera cumplir una sencilla orden…"

De pronto unos lejanos gritos retumbaron por el oscuro pasillo, haciendo ecos por doquier. Snape y Sirius se dieron vuelta y creyeron que los mismos provenían de afuera.

"Te lo dije! Aquí está la acción!" Vociferó echándose a correr, seguido del profesor de pociones.

***HP***

"Aghhh!"

Harry ya no pudo contener un gemido, provocado por su cicatriz. Sintió como si su cabeza se abriera y nuevamente lo atravesara ese dolor que tanto temía.

"Harry, qué te sucede? Contéstame!" Susurró la chica muy preocupada, sosteniendo a su amigo como podía.

"Me… duele." Sólo atinó a contestar el muchacho, arrodillado en el piso y tomándose su cabeza con las manos.

"Es todo, te llevaré a la enfermería."

"No!"

"Cállate!" Le recriminó Hermione. Por suerte todos estaban demasiados distraídos mirando hacia afuera por el ventanal de la Sala Común, y no se percataron del sufrimiento del chico.

Hermione fue hacia donde estaba Andrew y lo alejó hacia un lugar sin alumnos alrededor. "Andrew, debo llevar a Harry a la enfermería."

"A qué Harry?" Preguntó extrañado el Premio Anual.

"A… Harrison quise decir. Es urgente."

"No puedes Hermione, recuerda lo que nos dijo McGonagall."

"Lo sé, pero no podemos esperar a que venga alguien y nos lleve. Regreso en un rato."

Sin esperar la respuesta de Andrew, Hermione ayudó a Harry a incorporarse y sosteniéndolo salieron de la Sala Común. Luego de utilizar las escaleras que se movían se internaron en el pasillo del tercer piso que llevaba a la enfermería, cuando otro grito de dolor sacudió a Harry y lo volteó pesadamente al piso.

"Resiste Harry, ya estamos por llegar, vamos!" Imploró Hermione, luchando con todas sus fuerzas para levantar a su amigo.

"Que demonios hacen fuera de la Sala Común! Acaso no les he dicho que no se movieran de allí?"

La autoritaria voz de McGonagall, quien apareció por el mismo pasillo, heló la sangre de la muchacha, pero esta vez tenía una justificación.

"Profesora! Ayúdeme!" Le dijo Hermione; Minerva, al ver que Harry estaba en el piso quejándose de dolor se arrodilló a su lado, alarmada.

"Harry, muchacho! Qué tienes?"

"Es su cicatriz, le duele horrores!" Contestó la muchacha, a punto de llorar por ver a su amigo sufriendo tanto. "Lo siento profesora, pero no sabía qué hacer para ayudarlo y decidí llevarlo a la enfermería!"

Las voces de las dos brujas parecían muy lejanas, y Harry creyó que perdería su conciencia nuevamente cuando unas fugaces y dolorosas imágenes comenzaron a invadir su mente; eran borrosas y vertiginosas pero sin embargo estuvo seguro de distinguir un espacioso ambiente y un enorme rostro tallado en piedra.

El dolor lo estaba lacerando pero sin embargo sentía cierta… euforia.

"Háblame Slytherin, el más grande de los fundadores de Hogwarts!"

Harry repitió palabra por palabra la frase que de alguna forma se había metido en su cabeza, pronunciada por una voz aguda y sibilante dentro de ese enorme ambiente que veía en su visión.

"Harry, de qué hablas?"

La lejana voz de su amiga le dio a entender que por lo menos lo habían escuchado; quizá de esa forma ella pudiera hallarle sentido a esa espantosa invasión a su mente.

Lentamente, el dolor fue amainando hasta que unos momentos después sólo era molestia. Su visión volvió y descubrió que estaba acostado en el duro y frío piso de piedra del pasillo, temblando en parte por el dolor y en parte por el frío.

"Estás mejor?" Le susurró su amiga, un poco más tranquila. Harry asintió con su cabeza e intentó incorporarse; las dos brujas lo ayudaron solícitamente pero se dio cuenta al instante que lo miraban raro.

"Qué sucede?" Preguntó aún con su cabeza retumbando.

"Has… hablado en pársel?"

***HP***

Cuando Sirius y Snape llegaron al lugar de donde creían que habían provenido los gritos, no encontraron nada ni a nadie. La oscuridad de la noche se cernía por los terrenos contiguos a los invernaderos y el silencio era abrumador, sólo matizado por los lejanos árboles meciéndose al viento.

Un súbito haz de luz atravesó el aire e impactó en un lateral del exterior del castillo, a centímetros de Sirius. Rápidamente él y Snape se pusieron a resguardo.

"Hola Snape! Vinimos a visitarte!"

La lejana y grave voz terminó la frase con una risotada, seguida de un par de nuevas maldiciones que iluminaron todo a su paso.

"Travers." Murmuró Snape.

Sirius, impaciente, se asomó de su refugio y observó detenidamente; un par de segundos después tuvo que volver a resguardarse para esquivar una maldición de color verde.

"Maldito, tiene intenciones de matarnos!"

Snape puso sus ojos en blanco. "Por supuesto que querrán matarnos, Black! Has visto desde dónde nos ataca cuando menos?"

"Desde detrás del invernadero número dos… creo."

Saliendo apenas de su escondite, Snape apuntó con su varita hacia el lugar especificado por Sirius y arrojó una potente maldición que estalló en el invernadero, lanzando chispas rojas y naranjas al aire. De inmediato recibió una andanada de maldiciones que fueron absorbidas por su protego y que le indicaron que los estaban atacando desde más de un lugar.

"Dónde está Molly? Ella tenía que vigilar esta zona!"

"No lo sé Black! Por qué no sales y la buscas?" Le recriminó con sarcasmo Snape.

"Muérete, maldito traidor!"

El grito de otro de los mortífagos atravesó el aire y llegó hasta ellos, seguido de un par de chorros de luz blanca que hicieron añicos una columna de piedra. Snape contraatacó, y con su usual estilo dirigió su hechizo hacia un lejano árbol, prendiéndole fuego y haciendo que uno de los mortífagos que se escondían detrás de él tuviera que salir a la intemperie; aprovechando la situación, Sirius arrojó un hechizo aturdidor y dejó fuera de combate al mismo.

En represalia, los mortífagos que los rodeaban comenzaron a intensificar sus ataques y si bien los escudos de protección de Snape y Sirius absorbían los impactos, no debían exponerse demasiado puesto que ocasionalmente les arrojaban maldiciones asesinas; las mismas requerían grandes cantidades de energía del núcleo mágico de un mago para ser conjuradas pero no existía protección alguna contra ellas.

El caos en el sector era total: chorros de luz de distintos colores salían de uno y otro lado, y los rugidos de furia y burla de los mortífagos se mezclaban con los escombros y polvo que eran arrojados al aire por los impactos de las maldiciones enemigas. Atrapados bajo el ataque de varios mortífagos, Sirius y Snape contenían a duras penas el avance de los mortífagos; debían aguantar los embates como pudieran, para evitar que invadieran el interior del castillo.

"Y bien?"

Sirius se alegró sobremanera cuando descubrió a Dumbledore detrás suyo, parapetado detrás de una de las paredes del castillo.

"Era hora! Son demasiados, seis u ocho, no podemos contenerlos por mucho tiempo más! Dónde están todos?"

"Hagrid y Remus están en los terrenos delanteros, Alastor debería andar por los huertos junto a Pomona y Frederick." Respondió con calma el director, sacando de quicio a Sirius. Una nueva maldición verde pasó justo frente a ellos, estallando contra otra de las columnas y haciéndola añicos.

Antes de que Sirius insultara al director, éste hizo un rápido movimiento con su varita y un fulgurante y pálido fénix se materializó frente a él, se miraron durante unos segundos y salió volando a toda velocidad hacia el sector de los invernaderos, iluminando todo a su paso.

"Mi Patronus avisará a Alastor, Pomona y Frederick que acudan a ayudarlos. Ahora…"

El director elevó sus manos hacia arriba y súbitamente una enorme bola de fuego se formó entre ellas, arrojándola hacia la oscuridad de los terrenos. Sirius y Snape observaron azorados cómo la bola ígnea surcaba el aire y estallaba a media altura, iluminando por unos instantes una amplia zona de los terrenos y dejando a la vista un par de mortífagos a un par de decenas de metros. Seguidamente, el director arrojó dos poderosos haces de luz blanca que impactaron en ellos y los dejaron fuera de combate.

"Es Dumbledore! Pide refuerzos, Melonie!" Gritó un mortífago a la distancia, convencido del poder del anciano director de Hogwarts. Pero este último detuvo su ofensiva contra los mortífagos ya que un enorme y brillante hombre lobo había aparecido desde el interior del castillo y detenido a su lado.

"Gigantes, hombres lobo, mantícoras y otras criaturas intentando irrumpir por la entrada a los terrenos delanteros!"

La voz entrecortada que manaba del Patronus parecía reflejar la urgencia y pánico de Remus, y logró exasperar al máximo al director.

"Iré a ayudar a Hagrid y a Remus a la parte delantera del castillo! Resistan y no dejen que avancen!" Ordenó furioso Dumbledore a Sirius y Snape entre brillantes haces de luz rojos y amarillos.

***HP***

"De qué hablas, Hermione?"

"Pársel! La lengua de las serpientes!"

Harry miraba a su amiga sin comprender qué demonios tenía que ver una serpiente con él. Lejanos sonidos de estallidos y destrucción llenaban el ambiente del pasillo del tercer piso, poniendo nerviosos a los dos amigos y a Minerva.

"Hermione, no entiendo a qué te refieres, sólo…"

"Estabas en medio de una visión o algo así, Harry, y gritabas de dolor pero en un momento dejaste de hacerlo y comenzaste a hablar en… pársel."

La profesora McGonagall logró explicarle al muchacho lo que había ocurrido, pero igualmente seguía sin entender. Se sentó sobre el suelo y apoyó su espalda en la pared de piedra.

"Recuerdo lo que dije." Explicó Harry aturdido, intentando recordar las palabras. "Háblame Slytherin, el más grande de los fundadores de Hogwarts. Eso fue lo que dije! El dolor en mi cicatriz me estaba matando y veía esas imágenes extrañas y difusas… cuando escuché esa voz dentro de mi mente quise repetirlo en voz alta para que pudieran oírlo ustedes también!"

"Eso dijiste?"

Harry volvió a mirar a Hermione fastidiado.

"No dijiste eso, Harry, hablaste en pársel!" insistió McGonagall.

"Es imposible!" Respondió el muchacho entre un espantoso estruendo que hizo mover las paredes y el piso del castillo. "No conozco esa… lengua… ni sabía que existía tal cosa! Cómo podría hablarla?"

"Pues eso has hecho!" Le contestó a su vez Hermione, asustada y con sus ojos muy abiertos.

"Mencionaste unas imágenes, puedes recordarlas?" Exigió Minerva, tan asustada como Hermione.

"Sólo… no lo sé, creo que Voldemort hablaba… se dirigía a una enorme cabeza de piedra!"

Minerva y Hermione se miraron extrañadas y con sus ceños fruncidos.

"No hay ninguna enorme cabeza de piedra en Hogwarts."

"Lo sé, profesora, pero igualmente creo que debe contárselo al director Dumbledore! Parece algo relacionado con Quien-tú-sabes, debe ser importante!" Respondió la chica.

"De acuerdo, iremos a buscarlo. Vamos!"

La orden de la subdirectora fue terminante, y tanto ella como Hermione ayudaron a Harry a levantarse del piso.

***HP***

Al mismo tiempo, las grandes y pesadas rejas de hierro de la entrada a Hogwarts temblaban constantemente; las tenebrosas figuras de los gigantes golpeando con sus gigantescos puños el aire debido a que los encantamientos aún los detenían de derribar las rejas alarmaban a Remus y Hagrid.

"Los encantamientos no resistirán mucho tiempo más!" Gritó Remus.

"Ellos no tienen la culpa, Remus! Han sido engañados por Quién-tú-sabes!" Los defendió Hagrid. Tanto el semi gigante como el hombre lobo se hallaban parados a gran distancia de las rejas, sin saber qué hacer más que haber avisado a Dumbledore. Ninguno de ellos podría detener a los gigantes si éstos lograban entrar, o a los hombre lobo y mantícoras que habían visto merodeando por detrás de las dos estatuas de cerdos alados.

Los ruidos que provocaban los ataques a las defensas externas del castillo parecían eléctricos, inundando el oscuro y agitado ambiente de un azul pálido de a ráfagas.

Remus señaló hacia la entrada, hacia arriba.

"Mantícoras! Si llegan a ingresar harán mas daño que los propios gigantes!"

"En eso estamos de acuerdo, Remus!" Le respondió Hagrid gritando debido a los ensordecedores ruidos ocasionados por los rugidos y los estruendos contra el castillo y sus defensas. Pudieron divisar varios de esos monstruos peligrosos sobrevolando por encima de los gigantes y esperando la oportunidad de atacar el colegio. Sus cuerpos de león y sus cabezas humanas provocaban tanto pavor como sus poderosas garras o sus colas de escorpión.

"Dumbledore y Flitwick han reforzado muy bien los encantamientos, pero sigo sosteniendo que no aguantarán mucho tiempo más!"

"Yo digo que sí, Remus! Filius y Dumbledore son poderosos, saben lo que hacen!" Gritó Hagrid, justo cuando una seguidilla de estruendos impactó contra las defensas y casi dejan sordos a ambos.

"Por Merlín, qué demonios fue eso?" Preguntó Hagrid preocupado.

"Fueron maldiciones! Hay mortífagos allí fuera atacando el castillo!"

***HP***

El hechicero oscuro detuvo su marcha en medio de la penumbra, sobre montones de huesos de ratas y otros pequeños animales. Elevó sus brazos hacia arriba y murmuró en pársel frases inteligibles para los mortífagos que lo acompañaban. Súbitamente todo comenzó a temblar y tanto él como los otros empezaron literalmente a volar… hacia arriba, a través de un oscuro túnel.

Unos pocos segundos después el antiguo lavabo de mármol del baño de niñas abandonado del segundo piso comenzó a abrirse y a desplegarse, hasta que un agujero quedó al descubierto en el piso. Voldemort y sus seguidores salieron del túnel a través del agujero y depositaron sus pies mansamente en el piso del baño.

"Así que esa era la Cámara de los Secretos?"

"Silencio, Crouch!" Ordenó Voldemort.

"Sí, mi Señor, lo siento." Respondió, acobardándose e inclinando su cabeza para hacer más evidente su disculpa.

"Ah, el baño del segundo piso. Cuántos recuerdos." Dijo el hechicero, en su voz sibilante. "Aquí descubrí hace poco más de cincuenta años el más grande secreto de todo Hogwarts, y mi antepasado Salazar Slytherin me guió hacia él."

Voldemort se echó a caminar por el baño hacia la puerta de entrada, seguido por los demás; de pronto se frenó y dándose vuelta les dijo con su voz fría y carente de vida:

"Ya saben lo que tienen que hacer, y recuerden que no quiero un inútil derramamiento de sangre mágica. Sólo mataremos a los que se pongan en nuestro camino, está claro?"

"Sí, mi lord." Dijeron al unísono todos, agachando sus cabezas.

"Guarda tus instintos para cuando todo termine, Greyback, de lo contrario yo mismo te mataré luego de infringirte un dolor que ni siquiera puedes imaginarte!"

"Sí, mi Señor."

"Andando!"

Bellatrix, Crouch, Yaxley y Greyback acataron solícitamente la orden y marcharon fuera del baño, apenas conteniendo sus euforias.

***HP***

Harry, Hermione y McGonagall caminaban rumbo a las escaleras que conducían a los niveles inferiores, entre estruendos y temblores que seguían sacudiendo los cimientos del castillo. El dolor de cabeza de Harry ya había pasado, pero lejos de desaparecer, persistía caprichosamente en la forma de una molestia.

"Vamos, apúrense! El director debe estar en la planta baja!" Vociferó Minerva bajando lo más rápido que podía los escalones de piedra.

Una vez en el segundo piso corrieron atravesando un pasillo rumbo a las otras escaleras, las que conducían al vestíbulo principal, pero en medio de él comenzaron a oír gritos. Pararon su corrida y al darse vuelta observaron a decenas de alumnos de Gryffindor y Ravenclaw que corrían desesperadamente y pasaban entre ellos quizá rumbo a las escaleras, gritando desquiciados y presas del pánico.

Minerva tomó a uno de ellos del brazo y lo detuvo. "Señor Goldstein, qué demonios está sucediendo, por qué han abandonado sus salas comunes?"

"Es que… es que…" Goldstein intentaba articular sus palabras pero el terror reflejado en su rostro no se lo permitía. "Un enorme… era gigantesco, profesora! Ha matado a algunos de nuestros compañeros!"

"Qué dices? Qué fue lo que los atacó?" Preguntó aterrorizada McGonagall.

"No lo sé! Apareció en los baños! También ha sucedido en la sala común de Gryffindor!" Gritó Goldstein, llorando e intentando zafar de la subdirectora para seguir huyendo.

"Goldstein, por favor cálmate y dime…"

"Fue un basilisco, profesora, estoy segura!" Interrumpió una alumna de cabellera rubia; su rostro denotaba miedo extremo pero sin embargo se las arreglaba para no parecer tan desesperada como el resto.

"Un… basilisco? Aquí en Hogwarts? Lovegood, lo has visto o lo estás inventando?" Preguntó Minerva.

"No lo invento, profesora! Cho gritó desde el baño que había una serpiente gigantesca antes de que… muriera…"

Los enormes ojos claros de Luna se llenaron de lágrimas y se largó a llorar, angustiada y dolida por la espantosa muerte de varios de sus compañeros de Ravenclaw.

La profesora abrazó a la alumna con mucho cariño, mientras Harry y Hermione no podían salir de su asombro; sus ojos también estaban vidriosos, y la muchacha puso su mano en un hombro de Luna para decirle con suavidad:

"Sigue corriendo, Luna. Vete rumbo a la planta baja y busquen ayuda."

Luna se rehizo y asintió, con su rostro aún lleno de lágrimas.

"Si vez a otros alumnos, diles que hagan lo mismo." Volvió a decir Hermione; Luna asintió nuevamente y salió corriendo hacia las escaleras.

"Un… basilisco… suelto en Hogwarts. Es el fin." Murmuró McGonagall shockeada.

"Qué es un basilisco?"

"Ya lo dijo Luna, Harry. Es una clase rara de serpiente gigante, no me explico cómo pudo ingresar en el castillo sin que la hubieran visto." Explicó Hermione con su voz entrecortada por el miedo.

"Porque siempre estuvo aquí, en Hogwarts."

La misteriosa sentencia de la profesora impactó en los muchachos.

"Aquí? Cómo es posible? Una cosa de ese tamaño tendría que haber sido vista alguna vez, ustedes ya sabrían sobre ella!" Contestó Harry tan asustado como las brujas.

"No, nunca supimos sobre ella porque estaba encerrada hasta ahora."

"Encerrada? Dónde?" Preguntaron los dos muchachos al unísono.

"En un lugar que siempre supusimos que era un mito; en la Cámara de los Secretos." Contestó la profesora, y mirando a Harry con sus ojos abiertos continuó: "Tú viste ese lugar, Harry, en tus visiones o lo que hayan sido! Y has visto cómo Lord Voldemort liberaba al basilisco!"

Hermione soltó un gemido y recordó las palabras de Harry: "Háblame Slytherin, el más grande de los fundadores de Hogwarts!"

"Así es. Por Merlín, Slytherin odiaba a los magos y brujas impuros! Ese basilisco matará a todos los alumnos que no sean de sangre limpia!" Razonó McGonagall, y recomponiéndose dijo:

"Debemos… debemos ir a la sala común de Hufflepuff y sacarlos de allí, o muchos morirán…"

Un tremendo estallido hizo saltar enormes trozos de piedra de las paredes y el techo, arrojando a los tres en todas direcciones. Harry se estrelló contra una pared por el furibundo hechizo explosivo que alguien había arrojado hacia ellos, y se golpeó la cabeza fuertemente. Estaba desorientado, como si no entendiera nada de lo que sucedía, y estaba rodeado de pedazos de piedra y polvo por doquier.

"No avisarás a nadie, McGonagall! Deja que el basilisco haga su trabajo y limpie un poco a este colegio de la escoria que lo infecta!"

La voz, como un chillido espantoso, le resultó familiar a Harry; intentó incorporarse pero una herida en su pierna se lo impidió. Tanteó con sus manos buscando sus gafas, las cuales milagrosamente estaban cerca de él; en cuanto se las puso vio a la misma bruja que los había atacado afuera del castillo y de la que se salvaron por poco. Pero su sangre hirvió en furia cuando vio a un corpulento hombre de rasgos salvajes sosteniendo por la fuerza a una golpeada y semi inconsciente Hermione.

"Vaya, vaya, a quienes tenemos aquí!"

El tono de voz de Bellatrix era insoportable para Harry, quien en un gran esfuerzo pudo pararse.

"Si son los dos pequeños entrometidos que casi arruinan nuestro… feliz regreso a Hogwarts!"

"Sí, y con gusto me encargaré de desquitarme con esta… deliciosa… alumna." Rugió Greyback relamiéndose y apenas conteniendo sus ansias de sangre.

"Contrólate monstruo! Será tuya cuando todo acabe, tal como dijo el Señor Tenebroso!" Gritó Bellatrix, provocando unos gruñidos de odio del hombre lobo.

Harry, torpemente debido a su aturdimiento, sacó su varita y la apuntó hacia el detestable hombre. "Suelta a mi amiga ahora!"

"O si no, qué harás?" Desafió Greyback.

Bellatrix rió a carcajada limpia. "Llévatela Greyback pero recuerda lo que te he dicho! Y tú, acaso buscas una muerte lenta y dolorosa? Porque puedo hacerlo muy bien, sabes?"

"No te tengo miedo… maldita bruja! Dumbledore te hará pagar por esto!" Murmuró Harry, incapaz de hablar más fuerte ya que un zumbido llenaba su cabeza.

"Ese viejo decrépito?" Rió la mortífaga, y acercándose al muchacho prosiguió: "Sus horas en el colegio están contadas, al igual que las de todos los malditos sangre sucia que lo habitan!"

"Tú… no serás un sangre sucia, cierto?"

Bellatriz se acercaba cada vez más hacia Harry; éste, sabiendo que ya no tenía escapatoria levantó su varita hacia ella pero fue en vano, la misma fue arrancado de su mano inmediatamente.

"Cómo te llamas?"

La pregunta de la mortífaga no había sido casual; Bellatrix ya tenía su rostro a menos de un metro del de Harry y éste juró que la bruja lo miraba con… curiosidad.

La varita de la mortífaga apuntó hacia la cabeza de Harry, y un par de segundos después de recibir un hechizo que hizo que sintiera una quemazón en su frente su cicatriz en forma de rayo apareció.

"Así que tú eres el famoso Harry… Potter!" Clamó Bellatrix, quien tomando de un brazo al muchacho lo arrastró con ella hacia las escaleras. "Vamos… Pottercito! Hay alguien que te quiere ver desde hace ya muchos años!"

***HP***

Dumbledore corrió a toda la velocidad que podía atravesando la entrada principal del castillo hasta que se detuvo abruptamente en los terrenos delanteros, jusot por detrás de Remus y Hagrid; éstos seguían mirando hacia las rejas de la entrada, observando si nada que pudieran hacer cómo los gigantes ponían a prueba una y otra vez las antiguas pero reforzadas defensas del colegio.

"Dumbledore!" Se alegró el semi gigante. "Señor, los gigantes utilizan su fuerza para vulnerar las defensas y vimos hombres lobos allí afuera, y mantícoras…"

"Ya lo sé Hagrid, pero no te preocupes tanto por ello, las defensas soportarán a los gigantes."

"Pero Albus, hay mortífagos allí afuera también!" Gritó Remus entre los estruendos de los ataques.

Dumbledore vio cómo los encantamientos se sacudían y brillaban al contener las maldiciones que arrojaban los seguidores de Voldemort desde afuera.

"Las defensas y los encantamientos también soportarán los ataques de los mortífagos, Remus!" Gritó Dumbledore. "Se necesita un enorme poder para…"

Antes de que el director pudiera terminar su frase, un poderoso y extremadamente brillante chorro de luz blanquecina pasó por encima de ellos rumbo a las rejas de la entrada; un par de segundos después el tremendo hechizo impactó contra los encantamientos defensivos a varios metros del suelo.

Un ruido ensordecedor obligó a que los tres hechiceros se taparan sus oídos, mientras veían cómo los ahora visibles campos defensivos mágicos temblaban y oscilaban. Y cuando miraron hacia atrás, no se sorprendieron de descubrir quién había sido el causante de que las defensas se debilitaran de semejante forma.

"Te refieres a un enorme poder como… el mío?"

Voldemort se hallaba parado a varios metros de ellos, con su varita apuntando hacia los tres defensores de Hogwarts.

"Por desgracia sí, Tom!" Gritó Dumbledore; el ataque de los gigantes ahora ocasionaba más daño que antes y daba la impresión de que lograrían ingresar a los terrenos en cualquier momento.

"Otro hechizo mío y mis criaturas tendrán libre acceso para destruir y matar a todos los que se interpongan en sus caminos!" Rugió Voldemort, riendo siniestramente.

"No tienes por qué destruir Hogwarts ni matar a los alumnos! No es necesario, si quieres un duelo conmigo, aquí me tienes!" Dijo el director, con su poderosa varita apuntando al hechicero oscuro.

"No quiero destruir Hogwarts!" Le contestó, con sarcasmo. "Quiero destruir a todos los que se opusieron a mí durante estos últimos años!"

"Tu maldad ya no tiene límites, Tom! Pero recuerda que la historia nos muestra una y otra vez que las tiranías no duran para siempre!"

"Ja ja! Aún no caes, cierto? Esto no es una tiranía, viejo loco! Es un nuevo orden, MI nuevo orden!"

Remus y Hagrid miraban azorados y aterrorizados el duelo verbal entre los dos hechiceros más poderosos de los últimos siglos, sin siquiera pensar en meterse. Admiraban la tranquilidad que aparentaba el director en ese momento, como si estuvieran discutiendo sentados sobre una mesa.

"Lo siento, Tom, pero no comparto tu muy particular punto de vista."

"Mi particular punto de vista?" Gritó Voldemort disgustado, arrojándole una enorme bola de fuego que el director apenas pudo contener con sus manos y desviarla hacia arriba.

"Qué has hecho, Tom? Mira cómo luces, ya ni siquiera pareces humano!" Le gritó Dumbledore.

"Encontré la forma de vencer a la muerte y volver… Dumbledore!" Le contestó Voldemort arrojando esta vez un hechizo que se transformó en miles de trozos de piedra volando a gran velocidad; el escudo del director redujo a polvo las piedras pero el impacto hizo que trastabillara.

"Y la venceré una y otra vez! No puedes matarme Dumbledore, nadie puede! Y si aún no estás muerto y este castillo sigue en pie es porque sólo quiero verte sufrir y luchar por tu vida, y disfrutar cuando la pierdas!"

Un nuevo hechizo salió de la punta de la varita de Voldemort, pero esta vez fue interceptado por otro hechizo del director.

"No tengo problemas con la muerte, y tu temor hacia ella sólo refleja lo débil que eres y lo mucho que temes a todo lo que no entiendes!"

Ahora era el director del colegio el que atacaba al hechicero oscuro, con un chorro de luz roja brillante que golpeó sus defensas con muchísima fuerza y lo hicieron volar un par de metros hacia atrás. Furioso, Voldemort apuntó su varita hacia un árbol cercano y lo arrancó de raíz, haciéndolo volar violentamente hacia Dumbledore, Remus y Hagrid. El director apenas tuvo tiempo de frenar el enorme tronco y desviarlo, pero el abundante follaje volteó a los otros dos.

"El que no entiendes eres tú, maldito viejo! Nunca comprenderás el poder al que yo he accedido, eres demasiado cobarde para ello!"

"Has hecho algo imperdonable, has modificado la realidad y has destruido al mundo mágico casi por completo! Eso no es poder, Tom! Eso es lisa y llanamente demencia!"

En ese momento, un griterío comenzó a escucharse, y varios alumnos salieron a los jardines delanteros asustados y huyendo del basilisco. Detrás de ellos corrían también Sirius y Snape, quienes parecían estar inmersos en intensos duelos con Yaxley, Crouch y cuatro mortífagos más que los persiguieron hasta allí. El caos de la situación pareció congelarse en el tiempo cuando los alumnos que habían llegado hasta allí corriendo, Sirius y Snape se percataron de que estaban a pocos metros de Lord Voldemort.

Sin vacilar, Voldemort dirigió su varita hacia el profesor de pociones con un gesto de profundo desprecio y un destello verde intenso lo impactó y lo arrojó al suelo, sin vida.

Los alumnos comenzaron a gritar de nuevo ante la barbarie de lo que habían visto, y cuando Alastor, Molly, Arthur y un par de profesores de Hogwarts aparecieron por la misma puerta, estalló una espantosa batalla entre los seguidores de Voldemort y el resto. Rápidamente el aire oscuro se llenó de haces de luz de todos los colores, y los duelos se multiplicaron por doquier. Remus acudió a ayudar a Sirius mientras los Weasleys se encargaban de medirse con Yaxley.

Para empeorar las cosas aún más, el hombre lobo Greyback apareció por las puertas de roble aguantando los embates de varios alumnos de Gryffindor, entre ellos Ron, Fred, George y una muy lastimada Hermione. Voldemort, enfurecido, contraatacó a Dumbledore en medio del pandemónium, arrojando fuego a horcajadas que el director pudo contener conjurando grandes cantidades de agua. El hechicero oscuro continuó atacando al director, quien ofrecía más resistencia de lo que hubiera supuesto, y luego de un hechizo explosivo que detonó sobre el escudo de Dumbledore e hizo trastabillarlo, arrojó un potente haz de luz hacia las rejas.

Un par de segundos después las estatuas de los cerdos alados volaban por el aire y los dos gigantes se abrían paso destruyendo todo lo que estaba a su alcance, seguidos de varios hombres lobo y algunas mantícoras. Los gigantes comenzaron a golpear con sus puños los laterales del castillo, mientras las feroces criaturas esparcieron más caos y terror en el campo de batalla, sin distinguir buenos de malos. Dumbledore lanzó varios hechizos que se transformaron en espadas de plata y mataron a buena parte de los hombres lobo, y con rápidos movimientos de su varita pulverizó un par de mantícoras que sobrevolaron encima suyo rumbo a la carnicería de la batalla.

Esos escasos segundos de distracción fueron letales. Con sus manos Voldemort hizo estallar el suelo contiguo al director, arrojando grandes cantidades de tierra al aire confundiéndolo y cegándolo, y en medio de la nube de polvo y tierra recibió repentinamente un poderoso hechizo cortante que ocasionó varias heridas en su cuerpo y lo hicieron caer, profundamente adolorido. Su varita voló rápidamente en dirección a Voldemort, quien la tomó en el aire y sonrió macabramente.

Ajenos al resultado del increíble duelo entre los dos hechiceros más poderosos, mortífagos y criaturas luchaban denodadamente con los pocos defensores de Hogwarts que quedaban en pie. Algunos alumnos se atrevían y se mezclaban en la batalla, ofreciendo toda la resistencia que podían: los gemelos y Ron, Hermione, Andrew Bonham, Corner, McMillan, Carmichael, Parvati y Ginny hacían lo que podían ante el poder de los mortífagos y la fuerza salvaje de las criaturas que respondían a Voldemort. Media docena de mortífagos llegaron corriendo desde afuera del castillo y se mezclaron prontamente en la sangrienta contienda, lo que provocó un definitivo vuelco en la batalla. Uno a uno los defensores comenzaron a caer, agotados, golpeados o simplemente asesinados por maldiciones asesinas o por criaturas salvajes.

"Basta! He dicho que se detengan!"

El grito de Voldemort, amplificado mágicamente, se escuchó por todos los rincones de los terrenos delanteros.

"Hogwarts ha caído, al igual que su… lamentable… director!"

El gemido de espanto y decepción se generalizó entre los pocos que quedaban con vida al ver al poderoso Dumbledore vencido en el suelo y sin su varita (aunque aún con vida).

"No deseo más muertes, sobre todo de aquellos dentro de los cuales corre sangre mágica pura! Depongan su inútil resistencia y les perdonaré la vida, de lo contrario sus muertes serán inevitables!"

Todo había acabado. El lamentable estado del castillo apenas se comparaba con las innumerables bajas y heridos entre los defensores, de los cuales sólo unos pocos quedaban en pie, entre ellos Hermione. Los ánimos eran de un profundo abatimiento, y la muchacha no podía contener sus lágrimas de tristeza por las muertes y por no saber nada sobre su más que amigo Harry.

Mayúscula fue su sorpresa cuando Bellatrix atravesó las pesadas puertas de roble de la entrada, arrastrando consigo a Harry Potter. La mortífaga chilló de satisfacción al ver el lamentable estado de destrucción del campo de batalla y los incontables cuerpos esparcidos por doquier, y cuando se acercó a Voldemort arrojó al muchacho a sus pies.

"Lo encontré dentro del castillo, mi Señor!"

Voldemort sonrió, aún más satisfecho todavía; de hecho, no recordaba haber estado tan satisfecho en mucho tiempo: con Dumbledore fuera de combate y Hogwarts a sus pies, ahora tenía frente a él al único que había podido rechazar sus poderes. Ya nadie se interpondría en su camino.

"Levántate, escoria."

Harry sabía que no podría levantarse. La herida en su pierna seguía sangrando, y su cabeza ya no zumbaba pero su cicatriz le quemaba; hizo lo que pudo para no demostrar el dolor de su cicatriz. Sin embargo, ante un movimiento de la varita del hechicero oscuro sintió una dolorosa fuerza dentro de él que lo obligó a levantarse del suelo.

"Es… curioso, pero siento que te he visto varias veces, aunque haya sido sólo una."

El muchacho miraba hacia sus costados, angustiado ante los cuerpos sin vida y heridos esparcidos por todos lados; la repentina visión del cuerpo de su padrino tirado en el suelo le revolvió el estómago, y una oleada de ira lo invadió. Paradójicamente la furia que sentía pareció contrarrestar el profundo resquemor de su cicatriz.

"Fueron varias realmente, pero has sido lo suficientemente cobarde como para enviar a Towsend al pasado y así anular mi magia." Bramó Harry casi fuera de sí; deseaba fervientemente tener suficiente poder como para liquidarlo sin piedad.

"Oh sí… ha sido un excelente plan de mi… otro yo, no crees?" Le respondió el hechicero, en su tono de voz monótona y sibilante y con su media sonrisa siniestra que no se le borraba de su rostro. "Crucio!"

De pronto Harry sintió tanto dolor como nunca antes en su vida, como si cientos de cuchillos atravesaran su piel y su carne al mismo tiempo. No pudo contener un grito desgarrador mientras caía pesadamente al suelo nuevamente, hasta que algunos eternos segundos después el dolor desapareció tan repentinamente como había aparecido; nuevamente fue obligado a ponerse de pie, pese a que sus piernas temblaban sin control.

"Déjenlo en paz! No le hagan más daño!"

El angustiado grito de Hermione, obligada a ver semejante espectáculo por Bellatrix (que la sostenía fuertemente), sacudió los oídos de Harry, pero Voldemort seguía con sus cinco sentidos enfocados en el muchacho.

"Mi… buen amigo Towsend… me ha contado mucho sobre ti, Harry Potter. Y para no repetir anteriores errores, he tenido que… digamos… prever que no se volvieran a repetir. Brillante y sencillo, no lo crees?"

Harry ya no soportaba la voz de ese engendro con cabeza de serpiente, y sus sentimientos de superioridad; no notó los rostros de incredulidad de Ron y los gemelos Weasleys al enterarse que Jeremy Harrison era en verdad el famoso Harry Potter.

"Y de esa sencilla forma, he cambiado la realidad… quién diría que todos los problemas que me has ocasionado en la anterior realidad se solucionarían dejándote sin magia como un vulgar y asqueroso muggle? O más sencillo aún, simplemente destruyendo tu… varita mágica de acebo y fénix?"

El muchacho clavó su vista en Voldemort; debía reconocer que sentía curiosidad por todo lo que el hechicero había planificado para sacarlo del camino y hacerse con el poder mucho antes de lo previsto. Pese a la furia contenida que sentía, notó que el dolor de su cicatriz disminuía a cada instante.

"No eres más que un patético y burdo monstruo… estás enfermo, Voldemort!"

La sonrisa del hechicero se esfumó y su mirada se enfrió aún más si eso era posible.

"Maldito squibb, cómo te atreves a dirigirte así a mi Señor! Te…"

"Ya basta Bella! Potter es mío, no te metas!" Rugió iracundo. Cuando volvió a mirar a Harry, éste supo que el castigo estaba al caer.

"Crucio!"

Nuevamente Harry se torció de dolor, un dolor inimaginable que hizo que deseara estar muerto y no sufrir más. Perdió la compostura y cayó arrodillado al piso, apenas sosteniéndose por su fuerza de voluntad, esa que le indicaba que debía morir de pie y resistir todo lo que pudiera ante el asesino de sus padres, sus tíos y de Sirius.

"Levántate!" Ordenó Voldemort, haciendo que el muchacho se pusiera de pie en contra de su voluntad. Aunque sonara estúpido y temerario, Harry sintió cierta satisfacción al notar que el gesto de burla y superioridad de Voldemort se habían esfumado de su deformado e inhumano rostro.

"El mundo mágico es mío, Harry, y pronto el mundo de los muggles también. Es increíble, aún no puedo creer que un tonto y débil muchacho como tú haya arruinado mis planes tantas veces."

Un movimiento de su varita provocó una herida cortante en una de sus piernas, como un latigazo; sin embargo, pese al dolor que sintió permaneció en pie por la fuerza de la maldición Imperio de Voldemort. Harry sintió que su fin estaba cerca.

"No era… tonto ni débil… me temías, engendro." Harry casi no podía hablar de tanto dolor, y la súplica de Hermione para que dejara de provocarlo sonó muy distante.

"No te temía, muchacho impertinente! No podía matarte porque al renacer utilicé tu asquerosa sangre!" Le contestó fuera de sí, provocando un gran ardor en la cicatriz de su víctima. "Oh, pero fue un error que también he solucionado fácilmente! Ya que no eras un mago ni asistías a este mugroso colegio repleto de sangre sucias, tuve que utilizar a otro imbécil para obtener su sangre!"

Voldemort sonrió, suspirando de placer y calmándose. "Y así, la protección de tu sucia madre hija de muggles no corrió nunca más por mis venas! Puedo matarte cuando yo quiera, Harry Potter!"

Un nuevo latigazo provocó otra profunda herida en la otra pierna del muchacho, arrancándole otro desgarrador grito de dolor. Harry quería morir en ese mismo momento, ya no soportaba la situación ni el sufrimiento.

"Mi madre era hija… de muggles… igual qué tú, Tom Riddle!"

Voldemort clavó su vista en el muchacho y enarboló su varita hacia Harry, quien podía literalmente sentir la ira manando desde el cuerpo del hechicero.

"Acabemos con esto, ya no soporto perder más tiempo contigo."

De pronto, un hechizo explosivo impactó en la espalda de Voldemort haciéndolo volar por el aire; era todo lo que un moribundo y extremadamente débil Dumbledore pudo hacer antes de caer nuevamente al piso y colapsar. El cuerpo del hechicero oscuro cayó aparatosamente al piso, con su túnica y capucha negra chamuscada y desgarrada por el hechizo, ante la sorprendida y atónita mirada de los mortífagos que aún quedaban en pie.

Y de pronto, nuevamente el caos se apoderó de los castigados terrenos de Hogwarts. Los pocos defensores del castillo, envalentonados, gritaron con todas sus fuerzas y comenzaron a luchar de nuevo, atacando con hechizos y maldiciones a los seguidores de Voldemort y los hombre lobo que quedaban vivos. Hermione pudo soltarse de Bellatrix, la cual tardó en reaccionar al ver a su amo tirado en el suelo; Ron y sus hermanos gemelos entablaron duelos con un par de mortífagos mientras Luna Lovegood y la profesora Pomona Sprout soltaban las cuerdas mágicas que amarraban a Hagrid; éste se abalanzó salvajemente sobre el hombre lobo más cercano y lo masacró a golpes.

Sin dudar un instante, Voldemort se levantó como pudo y furioso apuntó su varita hacia el cuerpo moribundo de Dumbledore para terminar de matarlo definitivamente.

"Nooo! Maldito asesino!" Gritó Harry, liberado de la maldición Imperio gracias al último esfuerzo del director, e impulsivamente se arrojó contra el hechicero oscuro con todas sus fuerzas cayendo ambos al suelo lleno de escombros y cuerpos sin vida. No tenía su varita (para el caso era lo mismo puesto que no había tenido tiempo de aprender hechizos de ataque) por lo que lo único que podía hacer era golpear (a la manera que mejor conocía) a Voldemort todo lo que pudiera. Hundió su puño en el rostro frío del hechicero una y otra vez, descargando parte de su ira contenida por tantos asesinatos y tanto dolor que le había causado en toda su vida, pero alguien cayó sobre él y lo sacó de encima del cuerpo sorprendido y chamuscado de Voldemort.

Fue todo lo que le hechicero necesitaba: con un ademán de su mano recuperó su temida varita mágica y con un hechizo comenzó a ahorcar a Harry. El muchacho sentía cómo su garganta se cerraba y no permitía que pasara oxígeno, y comenzó a oscurecérsele la visión; casi al filo de su muerte, Hermione arrojó una fuerte maldición hacia Voldemort que si bien fue absorbida por sus escudos defensivos logró el cometido de distraerlo.

Cuando el hechicero oscuro tiró a Harry al suelo y apuntó su varita a Hermione, ésta supo que su distracción iba a costarle la vida.

Todo sucedió en unos pocos segundos. Harry, desesperado por la suerte que correría su amiga se abalanzó como pudo sobre ella abrazándola, y recibiendo un potente chorro de luz verde brillante en su espalda. Tanto su cuerpo como el de Hermione cayeron al suelo pesadamente, el de él encima del de ella.

"Harry! Harry!" Hermione se desesperó intentando sacar a su amigo de encima de ella; sabía, intuía lo que había ocurrido y siguió gritando su nombre en medio de lágrimas amargas y desconsoladas. Cuando finalmente pudo sacar el cuerpo sin vida de Harry de encima de ella, se arrodilló a su lado y lo miró, esperando un milagro que nunca iba a suceder; rompió en un llanto sin fin, no tanto por la muerte del único mago que podía poner fin al reino de terror y oscuridad de Voldemort sino por la muerte de un muchacho al que había aprendido a querer cada vez más… hasta amarlo.

Las risotadas de Voldemort fueron ácido para los oídos de la chica, quien permanecía llorando sobre el pecho de su más que amigo. El cuerpo de Harry estaba lastimado por todas partes y sus gafas aún estaban puestas aunque rotas y sucias, ocultando sus ojos verdes que aún permanecían abiertos. El espectáculo era deplorable y lastimoso: la muerte de Harry sacudió hondo en los ya alicaídos ánimos de los pocos sobrevivientes, y uno a uno fueron desarmados por los mortífagos. Todo había terminado, y las escasas esperanzas de derrocar al espantoso poder de Voldemort se habían esfumado para siempre.

"Bajen sus armas y depongan su inútil actitud de rebeldía, ustedes y el resto de los alumnos que se encuentran dentro del castillo! Ya no tienen por qué luchar, Hogwarts ha caído, Harry Potter ha caído, y vuestro querido director Dumbledore lo hará en este mismo momento!"

Voldemort se dio vuelta para terminar de fulminar al moribundo director frente a los pocos defensores y mortífagos que quedaban con vida, pero volvió a recibir el impacto de un hechizo explosivo por parte de Dumbledore. El poder del hechizo era muy inferior al anterior que el director pudo conjurar, pero sin embargo fue suficiente para desestabilizar a Voldemort y arrojarlo al suelo; el error de haber creído que todo había terminado con una victoria hizo que fuera tomado por sorpresa sin sus escudos protectores.

"Maldito viejo decrépito, disfrutaré dándote una muerte lenta y dolorosa!" Bramó el hechicero oscuro desde el suelo. Hermione había vuelto su mirada hacia allí cuando escuchó la explosión del hechizo impactando en Voldemort, y para su sorpresa divisó un pequeño y dorado artefacto, una pequeña esfera de cristal con un minúsculo reloj de arena adentro, que yacía fuera de la chamuscada túnica mientras éste yacía en el suelo.

Sin pensarlo dos veces, la chica se levantó y se abalanzó contra el cuerpo de Voldemort que aún estaba tirado en el suelo y maldiciendo a Dumbledore; una maldición asesina de Bellatrix pasó rozándole la cabeza mientras ella cogía el artefacto y lo arrancaba de su fina cadena de oro con todas sus fuerzas.

"No! Qué estás haciendo, maldita sangre sucia!" Rugió Voldemort cuando se percató de lo que Hermione había tomado en su mano; la chica, trastabillando, volvió a levantarse y corriendo activó desprolijamente el aparato.

"Nooo!"

Un segundo antes de su desaparición, Hermione pudo escuchar el rugido desesperado de Voldemort, y pudo ver una nueva maldición asesina que por décimas de segundo no impactó en ella y que la hubiera matado.

***HP***