Tsunayoshi en una camilla era llevado a cirugía, una persona sobre él. Haciendo que su corazón latiera, otra administrando aire. Las Wardon solo pudieron ver que entraba a por unas puertas.

-Bien hecho Scatha. –hablo Alicia. –Gracias a tu rápida revisión, el jefe no sufrió mucho. –Alicia un poco de llena de sangre se sentaba en unas sillas.

-No, solamente me pareció raro. –Scatha se deslizaba en una pared. –Qué bueno que no me quede callada.

-Me comunique con el rey. –hablo Cassandra, con el teléfono en su mano. –Dice que viene con Aruko-sama y también hable con Yvonne, también viene para acá.

-¿Qué hacemos, ahora? –pregunto Xaria que estaba arrodillada. Todas estaban exhaustas, en los otros trabajos corrían y corrían pero nunca tuvieron ese miedo de perder su jefe.

-Vayan todas al hotel. Descansen y aséense. –respondió Silvia. –Yo me quedare, luego Alicia tomara mi lugar, Cassandra recibirás al rey, a su hija y a Yvonne. Hablare con ustedes luego. –señalo al resto que asistieron y con lentitud tomaron su camino. Silvia dio un suspiro de derrota.

Conocía perfectamente la presencia de la muerte, su padre y su madre, cuando murieron ambos en diferentes fechas. Esa presencia hacía eco en los pasillos.

-Te ruego. –se sentó en la silla. –Te ruego que no te presentes.

Paso un día que tardaron llegar Aruko con su padre, en el aeropuerto los recibió Cassandra y al mismo tiempo llegaba Yvonne, que se mantuvo callada ante la presencia de su "tío". Wilfred iba con ellos cargando una porta bebe.

-¿Dónde está Tsunayoshi? –pregunto Aruko al ver a Cassandra, en las afueras del aeropuerto. Cassandra apretó los labios y desvió la mirada. -¿Qué paso? –se acercó tomándola de los hombros, Una incertidumbre abrigo en Aruko. Cedric pudo saber que pasaba algo muy malo. Realmente malo, miro de reojo a Wilfred dándole una orden en silencio, asistió.

-Lo siento, no puedo comunicarle nada hasta que lleguemos donde él se encuentra, sígame por favor. –Cassandra dio la espalda para guiarlos donde el carro los llevaría.

Aruko apretó sus manos, agacho la cabeza. –Vamos. –la empujo Cedric al ver que no se movía. Wilfred con Elena fueron en otro carro con Yvonne.

-Señorita Yvonne. –hablo Wilfred que iba manejando el carro.

-¿Si? –Yvonne distraída respondió.

-Lo puede cuidar por un momento.

-Sí, puedo cuidarlo. –sonrió amigable. Al parecer Aruko no podía hacer su papel, y lo entendía.

El camino al hospital fue en completo silencio, un silencio demasiado oscuro para su parecer. Aruko solo miraba su anillo, en una posición casi fetal. Cedric con los brazos cruzados, no pensaba decir nada. Solamente debía actuar tal y como le enseñaron.

Aruko abrió los ojos al ver donde se había detenido. Vio el letrero de emergencias y su corazón empezó a latir muy rápido -¿No me digas que…-susurro, lagrimas empezó a derramar. Salió del carro tan rápido que pudo, al estar en movimiento casi se lastima, pero se levantó y corrió, subió las gradas dirigiéndose a la recepción del hospital.

-¡Aruko! –grito Cassandra, persiguiéndola.

Cedric dio un suspiro, también salió del carro, tomándose su tiempo. Vio que Wilfred estacionaba el carro y bajaba.

-Su majestad. –lo llamo. Cedric apretó su puño.

-Iré a las oficinas centrales. –abrió la puerta de piloto. –Hare los últimos arreglos. Averigua sobre la situación y me informas. –como si su garganta estuviera seca, amarga. –Habla con el jefe de cirugía, que prepare todo.

-Sí, su majestad. –Wilfred hacia una reverencia

-¡Tío! –Cedric se detuvo al ser llamado de esa forma. Miro que Yvonne salía del carro, intentando buscar las mejores palabras, se decidió. –Salde todos sus cuentas.

-Lo hare. –le respondió antes de subir al carro, arranco y salió del parqueo del hospital.

-La ubicare en unos de los cuartos, miss Yvonne. –Yvonne asistía ante la oferta de Wilfred. –Elena, quédate cerca de la ama Aruko. Me llevare a las Wardon. Haremos los últimos arreglos para el nombramiento. –Wilfred con paso tranquilo iba al elevador. Yvonne atrás cargando un objeto.

Aruko movía su pierna y mordía su uña del pulgar, sentada en la oficina del médico encargado. Cuando llego a la recepción, estaba Alicia, la guio a la oficina del médico. En un momento entro el doctor con Elena atrás.

-Debido al estrés y las diferentes heridas de su cuerpo, es increíble que haya resistido. Una persona normal, ya estaría muerta. Sus órganos internos están dañados y su corazón presenta defectos. Su sangre está sumamente contaminada con una sustancia toxica. Pero a pesar de eso, la muerte cerebral en que se encuentra es debido a un golpe fuerte, al parecer fue que una bala paso por sus nervios, pero no encontramos residuos.

Aruko parpadeo un par de veces. Observando la hoja que le extendió con el análisis final.

-Estado vegetal. –susurro, se tapó la boca. Callo un grito.

-Lo siento mucho. Podemos salvarle la vida, pero su estado es extremo y no creo que tengamos tiempo para la búsqueda de un donador. Su muerte es inevitable. –esa última frase paralizo por completo Aruko que empezó a ver oscuro.

-¡Señorita! –grito Alicia, evito que cayera al suelo.

Infortunadamente, todas las Wardon recibieron la noticia y quisieron suicidarse al instante. No pudieron proteger a Tsunayoshi al final. mientras Alicia cargaba a Aruko fuera de la oficina.

Wilfred entro, miro directo a los ojos al médico, este se paralizo ante la mirada del mayordomo, reconociéndolo. –Vengo por parte amo Cedric, actual líder de los Chess. –el medico asintió nervioso, el pertenecía como un miembro terciario. –Tengo un mensaje para usted, de parte de su majestad. –le entregaba un papel que contenía datos médicos y otros más.

-¡¿Acaso él…-el doctor no intento en un inicio pero conforme iba leyendo y observando, haciendo comparaciones, entendió lo que pedían. Sentó en su silla, impactado por el mensaje. Se tocó el frente, desorientado.

-Solo debe obedecer órdenes. –Wilfred salía de la oficina. El medico golpe su escritorio, para luego llamar a su secretaria. Al parecer no descansaría por dos días.

Aruko tuvo permiso de ver a Tsunayoshi, casi grito al verlo conectado a varias máquinas y como el aparato daba sus signos vitales. Lo que dolió más, fue el hecho de verlo por un vidrio, no podía tocarlo o abrazarlo. Hacerle saber que estaba ella ahí, tanto como en la salud como en la enfermedad. Debía cumplir esa promesa. Cayo al suelo por sus piernas no quedaba muchas fuerzas.

-Señorita Aruko, debe descansar. –hablo Alicia, en un momento llego Elena, se saludaron con un gesto y nuevamente colocaron su atención en Aruko.

-Es mi culpa. –susurro llorando. –No debí haberlo conocido, no debía haberle hablado. Solo debía seguir mi camino. –se decía ella misma, se sentía devastada, inconsolable.

-Señorita Aruko, es hora del alimento. –le interrumpió Elena que se arrodillo para verla a los ojos. –Puede que muchas cosas, pudieron ser evitadas. Pero no deja el hecho que se aman y tarde o temprano debían conocerse. Después de todo en la vida muchas cosas suceden, señorita. –le animo Elena.

-Tiene razón, Señorita Aruko. Ustedes nacieron para esta juntos y nadie, mejor dicho. El destino nunca les daría la oportunidad de no conocerse, mucho menos de enamorarse. Pero se conocieron se enamoraron, salvaron nuestras vidas y salvaran muchas más en el futuro.

-Tienen razón. –se limpiaba su rostro. –Tsunayoshi siempre fue mi fuerza, ahora debo ser la de él. –se levantaba del suelo. –Es hora del alimento.

Alicia le hizo una pregunta con la mirada a Elena y ella le respondió con otro gesto.

Mientras tanto, Hubert, que había acompañado a Yvonne en el viaje. Entraba a la habitación de Tsunayoshi. Decidieron que no entrara Aruko, querían evitar alguna reacción negativa en Tsunayoshi.

-Buenas tardes, joven. –tomaba asiento en uno de las sillas cercanas. –Mejor dicho, su majestad. –se corrigió. –Muchos creen que no escucha y duerme profundamente desconociendo lo que le rodea. Pero dudo mucho, sabe que la señorita Aruko estuvo observándolo y me escucha perfectamente.

El pitio de las máquinas y el respirador artificial hacía eco en la habitación blanca.

-La razón del porque me encuentro aquí, es que el amo Cedric, ha pasado todos sus bienes y derechos de rey a usted. Uso el nombre de Sawada Tsunayoshi, pero puede cambiarlo para mantener el anonimato. Las Wardon fueron llevadas a realizar los últimos cambios e informar a las otras familias sobre el cambio que se realizó y dando nuevas indicaciones para la coronación. –le informaba sobre la situación actual.

Pero, su condición actual no es un secreto y al parecer algunas familias se empezaron a mover. No se preocupe, las Wardon lo podrán manejar. Ahora lo que es máxima prioridad es que pueda recuperarse. Infortunadamente, su cuerpo esta tan lastimado que tomara mucho regenerarse algunas partes ya que sus Signum solo aceptan su llama pura. Tal vez algunos rasguños y heridas de sus extremidades podrán sanarse pero existen algo sumamente preocupante.

Su corazón fue perforado y sus órganos no pueden funcionar debidamente. Solo una trasfusión de órganos puede funcionar o un ilusionista, sin embargo, si su cuerpo siente otras llamas se defenderá lastimando en el proceso. Asique se tomó la primera opción aunque incluso para los Chess en difícil encontrar órganos compatibles. Tiene muchas cosas en contra y estoy muy seguro que no desea morir ahora, sino a lado de la señorita Aruko cuando sean ancianos.

A pesar de sus dificultades ya se tomaron las decisiones y le salvaran la vida, solo que tendrá cambios secundarios. Uno de ellos será que se convierta en un verdadero Chess, heredara los ojos dorados y tal vez renacerá el miedo de la señorita Aruko.

Fue un instante donde las maquinas dieron algunos pitios alterante pero luego se calmaron y siguieron con su ritmo habitual.

-en el tiempo que se encuentra descansando y terminen la operación, tome la mejor decisión. Los Chess lo apoyaran.

Hubert se quedó un rato más en la habitación, cuando llamaron en la puerta. Al abrirla los gemelos estaban ahí, queriendo entrar. Solo porque ellos podían comportarse los dejo entrar. Ellos sigilosamente entraron y vieron a Tsunayoshi postrado.

-Se va a levantar papa ¿verdad? –dijo la nena tomándole la mano izquierda a Tsunayoshi

-Debe jugar con nosotros después. –el niño también le tomo la mano.

A pesar de ser niños, ellos amaban mucho a Tsunayoshi por ser el primero de demostrarles lo que es el amor y una familia. No querían perder a su persona favorita y deseaba protegerla. Ser niño es difícil porque no importa si quieres ser fuerte y proteger a alguien, siempre habrá alguien más que te superara. Toma muchos años crecer y ser el mejor en el campo de batalla. Eso lo sabían de primera mano.

Lo magnifico era que un susurro que solo ellos pudieron escuchar, les llamo la atención "Si desean serlo, solo tómenos" los gemelos giraron curiosos por el susurro. Encontrándose dos gemas en la mesa de noche, de ellas desprendían un aura espeluznante pero muy tentativa. "Solo ustedes pueden y podrán" seguían escuchando. Voltearon a Hubert que hablo con alguien en la puerta. Como ladronzuelos tomaron las gemas y de forma rápida se despidieron de Tsunayoshi.

Solo resta decir que ese día, los gemelos encontraron a un nuevo amigo. Después de todo un amigo es alguien que te ayuda y está a tu lado, independientemente fuera alguien de tu edad, mayor o menor, incluso si en un ángel o un demonio.

Al final el encanto natural de Tsunayoshi deslumbro a los mismos demonios.

Paso un día más en que todos se quedaron en el hospital y se acercaba la hora determinada por el doctor, la tensión afectaba incluso en los otros pacientes y el personal. La presencia de reconocidos doctores y de equipos nuevos, la estadía de la familia, dueña del hospital. Era una gran incógnita para todos. Pero no importaba eso ahora, solo la vida de un ser, el futuro rey.

En una habitación Aruko dormía con Yvonne y Cassandra se aseguraban de cuidarla. Llego Cedric, Cassandra al sentir su presencia, rápidamente se pararon y lo saludo con respeto, el solo hizo una seña de descansar. Se acercó a su amada hija, se rio por la rara postura que se encontraba Yvonne. Miro la habitación sonriendo con orgullo, era hora de despedirse y deseaba hacerlo lo más elegante posible.

-Su majestad. –hablo Wilfred, llego sin hacer mucho ruido, Cedric que acariciaba el cabello de su hija dormida. Apenas podía contener sus lágrimas.

-¿Todo listo? –susurro con un nudo en la garganta.

-Sí, su majestad. Todo lo que me ordeno hacer, está hecho. –Wilfred evitaba verse afectado por la debilidad de su señor. La primera fue cuando asumió el título de Rey, la segunda cuando exilio Aruko, la tercera cuando su esposa murió. El amo como debía amar alguien especial, fue una maravillosa mujer, una mujer ejemplar. Ahora sería la cuarta y última vez que lo miraba derramando algunas lágrimas.

-Todo estará bien, princesa. –dijo dándole un beso en su cabeza, luego susurro algo en su oído. Giro a la puerta deshaciéndose la corbata, la observo un segundo para entregársela a Wilfred. –Úsala cuando el momento llegue.

-Sí, su majestad. –a fuera de la habitación hablo nuevamente Cedric

-Sinceramente. –Wilfred se giró para escuchar sus palabras. –Fuiste mi primer y único mejor amigo. –como una cometa, la sonrisa de Cedric se formó en su rostro, dándole una juventud increíble. Un recuerdo en Wilfred le invadió.

-Mi nombre es Wilfred, tengo 20 años. –se presentaba a un bebe de solo 6 meses. –Sera un honor servirle hasta el día de su muerte, amo Cedric.

Él bebe desconocedor de la vida y de los siguientes años, simplemente sonrió, alzo una mano. Wilfred rápido la recibió.

-Fue un honor serlo, amo Cedric. –apretó la corbata al ver que él bebe que cuido por los siguientes cuarenta años, partía.

Puede que muchas veces los llaman monstruos o malditos bastardos, su frialdad y conducta apática. Le parecía perturbado a muchos, lo que era asombroso, mejor dicho fenomenal era que, llovía dentro de los lugares cerrados.

Lágrimas, demostrando que somos valientes para liberar un poco de dolor en nuestra alma, agobiada de tanto sufrimiento.

Las siguientes veinticuatro horas fueron de suma importancia, cuando ningún rey se encuentra sentado en el trono, habrá uno que aparecerá para robarlo. Y no llevo tarde el primero que tuvo el suficiente coraje o la inmensa ignorancia de hacer un propuesta a la bella Aruko.

Aruko por órdenes de su padre debía de realizar una documentación con Alicia y Elena sobre los acontecimientos de los últimos meses, no pudo visitar a Tsunayoshi por casi dos días. Durante su ausencia, Tsunayoshi le realizaron diferentes operaciones para que pudiera recuperarse y no tuviera alguna debilidad o dificultad.

Distraída en sus pensamientos y asustada de los resultados camino a la habitación de Tsunayoshi a acompañada de Elena. Feliz de rencontrarse con su amado y poder hablarle un poco pero todo eso, una extraña presencia le llamo la atención, encontrándose a un joven que conocía.

-¿Qué hace aquí? –pregunto bruscamente Aruko, comúnmente ella no habla de esa manera, era amable. Pero su intuición le advertía otra cosa, y ser amable era lo último.

-Oh, me alegra verte, Elizabeth mejor dicho Aruko. –un joven pelinegro y ojos de color miel, se acercó a ella y le beso la mano. Aruko hizo un asentimiento, intento quitarse el contacto pero él se lo impidió.

-Joseph, responde mi pregunta.

-Sé que puede ser algo brusco pero no puedo quedarme en brazos cruzados. –se acercó más, tomándola del brazo, ella retrocedió. –Deseo tu felicidad y he venido a serte una propuesta que deseo que aceptes. –con dificultad se alejó a Joseph.

-Habla, tengo que ver a…

-Cásate conmigo. –le interrumpió Joseph, tanto Elena como Aruko quedaron boquiabiertas ante la propuesta descarada de Joseph. –No lo hago para ser rey o algo, pero dudo mucho que el joven sobreviva. Así que por favor, no deseo verte sola y desamparada como hace años atrás cuando fuiste exiliada. Ahora debemos pensar en el presente y la realidad. Vamos deseo compartir felicidad contigo. He viajado de muy lejos para verte y sacarte de este hueco incierto y tal lleno de dolor. Piénsalo, soy el indicado para cuidarte.

Aruko apretó sus manos, y múltiples pensamiento invadieron por completo. Una sola respuesta apareció entre tantas otras.