Tras dejar en su habitación a Shirayuki, Izana va a su habitación. Como rey, le preocupa la decisión de shirayuki. Ella aceptó ser su prometida, con tal de quedarse a su lado y hacerlo feliz. No por que fuera que algo que ella en realidad quisiera. Él mejor que nadie sabía que una corona se podía cargar con sentimientos tan débiles. Ella también lo sabe. Ella sabe que ha tomado una decisión irresponsable. Sin embargo, la decisión de Shirayuki lo tranquiliza a su vez, como hombre. La distancia puede ser perversa, más cuando hay pretendientes cerca. Al menos, el haberse comprometido con ella, le hace sentir menos incertidumbre. Solo falta ver cómo la nobleza tomara la noticia, especialmente aquella afanada por establecer vínculos sanguíneos con la familia real.

Al día siguiente, Shirayuki es dada de alta y regresa a sus labores. Su corazón se siente inquieto por todo lo que ha ocurrido. No puede creer que Izana corresponde sus sentimientos e incluso le ha propuesto que se casen y sea la madre de sus hijos. Mucho menos, cree que ella ha aceptado semejante responsabilidad. Cuando estaba con Zen, en algún momento, se preparó mentalmente sobre lo que significaba ser una princesa de Clarines. Sin embargo, nunca se había preguntado qué significa ser reina. ¿En qué menudo problema se había metido? Justo cuando sus preocupaciones le impedían trabajar con claridad, Yu aparece en el laboratorio. Él la llama a su oficina. Inquieta, lo sigue.

- "¿Qué sucedió con Izana?", él le pregunta mirándola a los ojos, después de que cerró la puerta de su oficina. Ella guarda silencio. No sabe si contarle o no. Sin embargo, su mirada penetrante la termina de convencer.

- "Le dije a Izana que estoy enamorada de él. Él también me ama y acordamos que sería su prometida", le responde con voz baja. Yu se sorprende con semejante noticia. Jamás pensó que Izana le haría esa proposición y mucho menos que ella la aceptara.

- "¿Sabes lo que eso significa verdad?", él le pregunta con un tono intrigante.

- "No lo sé", ella le responde preocupada. – "Sé que fue irresponsable aceptar un compromiso sin entender lo que implica, pero de verdad, no quiero que la persona que amo se muera sin saber lo que significa estar a su lado y hacerlo feliz", ella le responde con emotividad. Él entiende que el trauma de la muerte de Zen aún la persigue y quizá sea algo con lo que debe cargar para toda su vida.

- "Eres tan ingenua. No tienes remedio", él se aproxima a ella y le acaricia en la cabeza, en señal de consuelo. Mientras tanto, piensa para sí que ha pasado lo que tanto temía. Izana se está aprovechando de los buenos sentimientos de Shirayuki para arrastrarla con él. Él le ofrece un té para que se calme. Ella la bebe y luego continúan su trabajo.

Durante el receso, Yu busca a Izana antes de que se marche de Lyrias. Él lo encuentra en su despacho. Sin tapujos, Yu le pregunta a Izana: "¿Estás seguro que tomar a Shirayuki como tu esposa es lo mejor?". Izana le responde sin verlo a los ojos: "No". Yu se molesta, se aproxima a él, lo mira de la manera desafiante y le dice: "Si no estás seguro, ¿por qué la metiste en ese problema?". Izana lo mira molesto por su cuestionamiento y le responde con firmeza: "Eso es algo que no discutiré contigo. Esta situación no nos concierne a mi prometida y a mí. Si no tienes nada más que tratar conmigo, por favor márchate". Yu se irrita con su respuesta y se va a su laboratorio. Por rara vez, no entiende lo que está pensado Izana.

En su despacho, Izana se tranquiliza y piensa que lo mejor es que Yu esté al tanto de su relación con Shirayuki, así pierde interés en ella. Definitivamente, le incomoda la cercanía entre Yu y Shirayuki. Será un dolor de cabeza tener una relación a distancia. Antes de irse de Lyrias, debe hablar con ella para hablar sobre cómo manejarán su relación de ahora en adelante. En ese sentido, busca un momento libre en su agenda y va a buscarla a la enfermería. Le avisan que le han dado el alta y seguramente, debe estar en el laboratorio.

Va al laboratorio y la encuentra ida en su trabajo. En realidad, ella ama sus quehaceres como científica. Sin lugar a dudas, ella se opondrá a dejar esa vida para dedicarse a asuntos más protocolarios. En realidad, su relación será cuesta arriba. Inquieto por su futuro, se aproxima a ella y la abraza por la espalda. Ella se asusta y cuando nota que es Izana, se sonroja notablemente. Él le dice al oído: "Vamos a un lugar más privado". Ella nota su semblante preocupado y le pide que vayan a su oficina. Aún no se acostumbra a tenerlo tan cerca. Sin embargo, sabe que los dos son personas adultas. Ya no es una adolescente como lo era cuando comenzó su relación con Zen.

- "¿Te preocupa algo?", ella le dice con un tono comprensivo.

- "¿Estás segura de que quieres ser mi prometida?", él le responde sin titubeos. Ella se sorprende. Él también está preocupado por eso.

- "No", le responde sin vacilar. - "Aun no entiendo qué significa ser la prometida de un Rey y lo que deberé dejar en el camino. Sin embargo, sé adónde quiero llegar. Quiero estar a tu lado. Sé que es el único camino que tengo si quiero estar contigo con libertad", ella le responde con una mirada inquieta. De inmediato, él le da un beso en la mano.

- "Entonces deberías verte más contenta", le expresa con un tono irónico. Ella se sonroja.

- "Estoy feliz que correspondas mis sentimientos", ella le dice emocionada. Él se ríe. Él comparte esa alegría.

- "Dame un beso", le pide con galantería. Ella se ruboriza aún más. Recuerda el momento en el que robo un beso. - "Me consta que puedes tomar la iniciativa", él continua con malicia. Ella sabe que la está molestando. Sin embargo, entiende que necesita esas muestras de cariño para sentirse más seguro. Ella se aproxima a él lentamente y lo besa con sutileza. Él la toma de la cintura y corresponde su gesto con mayor pasión. El pulso de los dos se ha disparado. Sus bocas se separan para dar un respiro. De inmediato, la abraza.

- "¿Cuándo te vas?", ella le pregunta con interés.

- "Mañana", le responde de inmediato. Ella la abraza con mayor fuerza. Él siente su nerviosismo y sonríe satisfecho. – "¿Me extrañarás?", le pregunta con galantería.

- "Por supuesto", ella le responde con sinceridad, mientras se refugia en su pecho.

- "Nos escribiremos cartas y nos volveremos a vuelvas a la capital", él le responde con calidez.

- "Sí", ella le responde con cierta ilusión.

Tal como lo había dicho, Izana parte de Lyrias para seguir su visita al Norte. Al cabo de unos meses llega al castillo de su madre en el Norte. Él se quedará ahí por unos meses. Al verlo, su madre nota que algo en él ha cambiado. No solo tiene su cabello más largo, sino que también su semblante luce más amable. Tras actualizar su agenda, los oficiales del palacio le entregan una pileta de correspondencia que ha llegado para él durante los últimos meses. Tal como lo había indicado tras partir de Lyrias, ellos se la han guardado, en vez de reenviarlas a la capital.

Aunque él intenta ocultarlo, su madre nota que el recibió las cartas complacido. A su paso por diferentes asentamientos del Norte, él le escribió varias cartas a Shirayuki, pero dado que no se quedaría el tiempo suficiente para esperar a que llegara su respuesta, le pidió que se las mandara al castillo del Norte. Su madre observa la manera impaciente con la cual abre las cartas y ríe disimuladamente. Se veía misteriosamente feliz. Con disimulo, su madre nota que Shirayuki es quien ha mandado las notas. ¿Qué relación tendrá con Izana?

En su cena de bienvenida, su madre le introduce a varias mujeres atractivas. Todas proceden de una muy buena familia y tienen cualidades muy apreciadas por Izana. Ella está preocupada, por la soltería de su hijo. Sabe que la traición de Haki fue difícil de asimilar, especialmente, porque eran amigos desde la adolescencia. Sin embargo, cree que ya es tiempo de que encuentre a una pareja. No solo por las necesidades del Reino, sino que también por sus expectativas como madre. Ella tener nietos pronto y así, jugar con ellos, antes de hacerse más vieja.

Tal como le habían contado varios de sus amigos nobles, Izana mostraba poco interés en cualquier candidata. En un principio pensó que era por el vacío que su anterior prometida había dejado, pero tras el brillo de su mirada, ella sospechaba que era porque en realidad, alguien había ocupado un lugar que jamás pensó que daría.

En un momento en que Izana finalmente se quedó solo, su madre se acerca a él y le pregunta con franqueza: "¿Qué tan parecido las posibles yernas que he buscado para ti?". Él responde de manera cortés: "Son hermosas". Su madre lo mira fijamente: "Sin embargo, no te interesan". Él ríe en señal de acierto. Ella continua con un tono bromista: "¿Acaso una chica ha robado tu corazón?". Él ríe con malicia y le responde: "¿Qué me dirías si te dijera que sí?". Su madre se sorprende. Él nunca fue un hombre que se dejara llevar por sus sentimientos. Al cabo de un rato, le responde con curiosidad: "Te pediría que me la presentaras de inmediato". Él le responde con un tono intrigante: "¿Qué me dirías si te dijera que ya la conoces?". Ella recuerda su expresión cuando recibió las cartas de Shirayuki y le responde: "Te preguntaría si es una pelirroja". Él la mira sorprendido. Su madre solo ríe al saber que lo ha descubierto. Ella lo mira con calidez y le responde con satisfacción: "Nadie en su sano juicio manda tantas cartas y nadie las recibe con tanta complacencia". Izana guarda silencio por un momento y luego le dice: "¿Crees que Zen me perdone por haberme enamorado de ella?". Su madre suspira y le responde con melancolía: "Siempre y cuando cuides de ella". Él la mira con una inusual preocupación y le dice: "Quiero, pero no el camino que nos espera. Quiero que sea mi esposa, pero no quiero quitarle el mundo que ella tanto quiere". Su madre lo mira satisfecha, le da una palmada en la espalda y le dice: "No es fácil amar a alguien, pero sé que encontraras una respuesta". Él sonríe con un poco de alivio y le dice: "¿Puedo asumir que aceptas nuestro compromiso?". Ella le responde: "Primero debo hablar con ella". Luego, se retira, antes de que Izana le diga algo. Él suspira, mientras mira su bebida. Sabía que su madre no sería tan fácil de convencer. Sin embargo, sabía que si Shirayuki en realidad lo amaba, la convencería. En el fondo, esperaba que así fuera.