¡Por fin, por fin, por fiiiiiiin! -llora-

A petición de: KataristikA


First Kiss

~MK & TK~

.

.

.

Bueno… esto definitivamente no estaba dentro de tus planes. Creíste que sólo tendrías que lidiar con tu kouhai por al menos media hora hasta que se concentrara por completo en los ejercicios de matemáticas que no entendía y los cuales estabas obligado a explicarle. No más.

Había sido repentino, demasiado bobo, demasiado cliché y había sido su culpa. Te das cuenta que sigues encima suyo, con casi todo tu peso sobre él, piensas y maldices en menos de cinco segundos todo ello y aún no te mueves. Sus ojos astutos y ahora nerviosos te observan por momentos y después se desvían a un punto cualquiera. Es cuando sientes que estruja tu camisa, pues sus manos han quedado sobre tu pecho, que reacciones y finalmente te apartas, avergonzado. Él se queda tendido, con un brazo sobre su boca, sin decir nada. En cambio tú, permaneces arrodillado, entre sus piernas, pensando en si es necesario decir algo.

Pero… ¿qué se dice cuando te has besado con tu compañero de equipo, dos años menor, de manera accidentada? No lo sabes porque, joder, es la primera vez que te pasa. El silencio inunda la habitación, es pesado. Esperabas que Takao hiciera alguna burla o algo parecido, pero nada. Justo cuando necesitas que sea él, no dice absolutamente nada. Te pones nervioso, te irritas, todo al mismo tiempo. Te revuelves el cabello y decides hablar, decir lo que sea.

Le miras de nuevo y sigue inmóvil. Bien, tampoco te esperabas que se quedara como pierda. ¿Tan malo había sido? A ti no te lo pareció, al contrario…

¡Qué mierda estoy pensando!

Inhalas profundo y exhalas lento, tranquilizándote.

— Takao, ¿estás bien?— preguntas moviéndote hasta quedar junto a su cabeza.

— Sí… senpai. — susurra.

Se miran fijamente, una vez más. Está rojo hasta las orejas, entonces cuando ya no puede, rueda sobre un costado para evitar seguir mirándote. No quieres, pero en realidad te parece graciosa su reacción y te ríes, con descaro. Al momento siguiente ya te abrazas el estómago, porque duele, duele de tanto reír.

— Hey, ¿qué pasa con esa actitud?— cuestionas cuando estás ligeramente recompuesto.

Se ahorra su respuesta y finalmente se pone de pie. Se voltea para mirarte y dibuja una sonrisa apenada. Esas sonrisas no se las conocías a él, no a Takao Kazunari.

Interesante. Piensas. Descubres que Takao también puede sentirse avergonzado, cohibirse. Te asombras porque hasta hace diez minutos creías que era imposible.

Respira y se relaja, el color de su rostro vuelve a la normalidad, se acomoda el flequillo mirando hacia la mesita donde están sus apuntes. Entonces suelta un quejido, se soba la cabeza. No, el mocoso no está bien. Suspiras resignado.

— Déjame ver.

— Estoy bien, Miyaji-senpai. — te replica y retrocede.

— No, no lo estás, idiota. Ahora no desobedezcas y déjame ver.

— Qué remedio. — se rinde y se queda en su sitio.

Enredas tus dedos entre sus hebras rebeldes y azabaches, tocando con la mayor delicadeza posible, lo miras desde arriba y te das cuenta que ahora sí porta su sonrisa habitual. Sigues buscando y finalmente das con la pequeña protuberancia que se ha hecho tras la caída sufrida. Presionas un poco sin querer.

— ¡Ouch!

— No lloriquees, no es tan grave. Con un poco de hielo estará bien, espera aquí.

Cierto es que aunque los de primero sean una jaqueca constante, especialmente Midorima y Takao, sientes que debes cuidarlos tanto como disciplinarlos.

Ootsubo me reñirá si Takao queda más tonto de lo que ya está.

Aseguras, pero otra cuestión llega a continuación. ¿Mentirían si hubiera que explicarlo? No era necesario que lo supieran, ¿no? Después de todo, no era nada grave. Te obligaste a tranquilizarte cuando notaste que la idea de tener que confesar lo que había pasado en tu habitación había provocado que tu corazón latiera más rápido.

¡Estás pensando puras tonterías, Kiyoshi! Vuelves a regañarte.

Tomas de la nevera una bolsa de gel, siempre la tienes lista por si es necesaria y justo ahora no te arrepientes de tomar precauciones. Cuando vuelves a la habitación, el menor está sumergido en los problemas de matemáticas que apenas habías tenido oportunidad de explicar antes del pequeño accidente. Entonces recuerdas que los vasos que tenías intención de llevar a la cocina han de estar tirados en la alfombra, pero no, Takao los ha recogido y ahora están en la charola, sobre la mesa. Te sientas a su lado y le colocas en la cabeza la bolsa fría.

— Gracias, Miyaji-senpai.

— Ya no sé qué te va a dejar peor, si el golpe o estas ecuaciones— te burlas. Kazunari dibuja un puchero y luego suspira presionando el gel contra su chichón. Entonces señala algo en la hoja de su cuaderno.

— No tengo ni bendita idea de cómo despejar esta literal, senpai. Es estúpido agregar letras a las matemáticas— se queja emberrinchado.

— No es tan difícil.

— Lo mismo dice Shin-chan de Química y sin embargo es otro lío eso de los enlaces, las reacciones y los iones.

— ¿Hay alguna materia de la que no te quejes?— preguntas comenzando a irritarle.

— ¡Por supuesto! Inglés es sencillísimo, biología no es tan mala y artes es divertida. — afirma con una sonrisa de autosuficiencia.

— Eres un caso perdido. Como sea, presta atención.

En realidad por más que se queje, Takao no es tan idiota. No necesita más de dos explicaciones para entender el procedimiento y es algo que agradeces. Sin embargo, ahora que se ha ido a casa te das cuenta que cada que hablaba tus ojos se concentraban en sus labios por unos segundos.

¿Qué diablos?

.

.

.

.

Ha pasado una semana entera desde que ocurrió el incidente en tu casa. Takao se comporta normal, aparentemente. Midorima lo amonesta por ser tan fastidioso, como siempre… pero hay un detalle en particular que no puedes pasar por alto. Cuando él está distraído, tú lo observas, cuando está cerca y ve a cualquier parte, miras atentamente los movimientos que sus labios dibujan al hablar o reír, tú… estás tan condenadamente atento a esa boca que no sabes qué hacer. Te sientes avergonzado e irritado. Juegas ansioso con la piña que llevas en las manos, la has traído contigo porque piensas compartirla con tus compañeros después del entrenamiento. Pero ahora que Midorima está encorvado totalmente hacia el rostro de Takao, intentando asesinarlo con su miope mirada por quitarle los anteojos, demasiado cerca, piensas que es el proyectil perfecto. La arrojas con tal precisión y fuerza que Kuroko estaría celoso, tal y como tú lo estás, pero de Midorima.

La piña da, increíblemente, en el rostro de ambos mocosos de primero, quienes gritan de la sorpresa. Se soban las mejillas enrojecidas y marcadas.

— ¡Dejen de estar jugando!— gruñes y partes hacia los vestidores, no quieres dar ninguna explicación, te hierve la cabeza y te sientes estúpido.

¡Ah, mierda, mierda, mierda!

Nadie tiene por qué saber que a ti te gusta Takao desde hace unos meses. Habías sabido ocultarlo hasta el día en que el menor te había hecho tropezar y caer sobre él, besándose por accidente. Sí, desde hace una semana, esconderlo es más difícil. Porque la necesidad de besarlo de nuevo está muy presente y todo te pone alerta. En especial Midorima, que es quien comparte más tiempo con el enano de Takao.

Entras a la ducha. No faltan más de quince minutos para dar por terminado el entrenamiento, por este día irás a entrenar horas extras al parque cerca de tu casa.

.

.

.

.

Los días pasaron muy a prisa. Shutoku quedó tercero en la Winter Cup y los ánimos están recuperándose poco a poco. El cielo está despejado y a pesar de que es agradable no puedes evitar sentirte nostálgico. Sabes que es normal, cualquiera se siente así el día de su graduación. El equipo entero está reunido, Ootsubo habla con Yuya, Kimura con Midorima y tú le buscas en los alrededores, pero no está a la vista.

Te aseguras que nadie esté pendiente de ti y te decides a encontrarlo. Cuando llegas al gimnasio puedes distinguir su silueta, está de frente a la entrada, mirando profundamente el interior. Te paras detrás de él y lo llamas, se voltea y te mira sorprendido. Pronuncia tu nombre, envuelto en un susurro extraño e intenta sonreír, pero no puede. Es la misma mueca que dibujó el día que perdieron contra Rakuzan.

— ¿Qué ocurre? Estás haciendo esa cara fea otra vez. — le dices intentando animarle un poco.

— No sé de qué habla, senpai. Yo nací así de guapo— ríe sin ganas.

— Sí, claro. ¿Quieres que estrelle otra piña en tu cara para que aprendas a no mentir?— sugieres con malicia.

— ¡No gracias!

Frunces el ceño, deseando hacerle creer que te has molestado por su impertinente respuesta, pero lo hace reír auténticamente y eso es suficiente para ti. Suspiras.

Joder, no sabes cuánto voy a echarte de menos, Takao.

— Voy a extrañarlos, Miyaji-senpai— dice claramente— Y Shin-chan también, aunque no lo admita— agrega y deseas que no lo hubiera hecho. Lo último que quieres escuchar de él es sobre el otro mocoso.

Acortas la ya escasa distancia entre ambos y le miras seriamente. Es evidente que le extraña no escuchar una respuesta de tu parte, pero no dice algo más. Te mira estirando el cuello de manera adorable, aprietas los labios, es el momento preciso para seguir tu último impulso.

Tomas su mentón y te inclinas a su altura, entonces tartamudea, sonríes y finalmente tomas ese beso que necesitabas desde tanto tiempo atrás. Crees que con unos segundos es suficiente para satisfacer ese cosquilleo, por lo que empiezas a desprenderte lentamente. Pero antes de poder lograrlo por completo, sientes sus brazos abrazarte el cuello y tirar de ti para volver a caer en su pequeña boca. Tan fuerte es el arrastre que ejerce sobre tu cuerpo que caen al suelo irremediablemente. Con la espalda sobre la tierra y sus brazos aún alrededor de ti, Takao se ríe jocosamente sobre tus labios, acariciándolos con un sutil movimiento y tú sonríes. No sabes de qué va todo eso, pero te gusta, tanto como puede gustarte Kazunari, tanto como te gustó la primera vez que se besaron, tanto como te gusta este pequeño accidente.

Crees escuchar un Te quiero entre tanta risa armónica, pero no estás seguro.

Pero por el momento no importa. Estás feliz y la nostalgia se ha esfumado.


R.H: ¡Al fin se puedo con el MiyaTaka! :'D Espero les haya gustado. Muchas gracias a quienes leen, a quienes comentan. Ya faltan poquitos pedidos, espero salgan pronto.

¡Aisha-chan, muchas gracias por tu apoyo, te mando un poderoso beso!

Y más besos para todos~

P.D: Rizel ya tiene facebook, sí, esa cosa del mal xD Por si gustan que estemos en más contacto, el link en mi perfil. :D

Hasta el siguiente.