— Está bien, a todos nos puede pasar— dijo Kise, ayudándola a enderezarse. Ella asintió y observó atentamente al rubio ir en busca del balón—. ¿Quieres seguir intentando?

Esta no era una situación como las demás. Era una situación en la que Ryota de verdad le estaba preguntando si quería continuar, o sea que de verdad le estaba dando opciones. Eso quería decir que realmente estaba dispuesto a aceptar un "no" por respuesta, lo que significaba que había hecho el ridículo lo suficiente como para que incluso Kise decidiera que ya no quería ver más.

Por un momento consideró la respuesta, cosa inusual; incluso él había pensado que diría que no sin tartamudear. Pero tenía el ceño un poco fruncido, ese gesto que hacía cuando pensaba en algo, cosa con la que se llevó una verdadera sorpresa cuando ella dijo que sí.

Le enseñó a mantener el ritmo con ambas manos, le enseñó a caminar mientras rebotaba el balón, y lo más interesante era que incluso llegó a enseñarle un dribleo simple sin que Kai muriera en el intento. Para cuando comenzó a atardecer, ella estaba sudando y respirando bastante agitada, el cabello sujeto en una coleta alta y su máximo esfuerzo demostrado en los pocos movimientos básicos que había aprendido del as de Kaijo, quien estaba tan fresco como una lechuga... Una lechuga feliz.

— La jugadora número siete se abre paso entre sus contrincantes— hablaba Kise como si fuera un comentarista de un juego de básquet—; es bloqueada por el defensa pero, ¡ooooh! ¡Hace un impresionante dribleo y logra sobrepasarlo!— en ese momento, se había colocado frente a ella en posición de guardia y justo como lo dijo, Kai dribleó y siguió de largo hasta la canasta—. Rápidamente se acerca al aro, se prepara para lanzar y… ¡Encesta! ¡Un perfecto clavado, señores!

No era como si ella hubiera sido la persona que, de un salto, había llegado hasta el aro. Más bien, luego de pasarlo, Ryota la siguió, la tomó por los muslos y la cargó hasta que alcanzara, momento en el cual dunkeo el balón mientras reía sin parar.

Kise la bajó rápidamente, a lo que Kai atinó a agarrarse de sus hombros un poco antes que sus pies tocaran el suelo, y él la mantuvo firmemente sostenida por la cintura mientras las risas iban desapareciendo poco a poco hasta ser sonrisas.

— ¿Y bien?

— Debo admitir que fue un poco más divertido de lo que esperaba— respondió ella a la cuestión, llevando un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja.

— Lo hiciste bien. Con un poco más de práctica podrás vencer a toda la generación de los milagros— ante el comentario, Shibata no se aguantó una sonora carcajada, siendo pronto secundada por Kise, aunque él se detuvo unos segundos después—. ¡Oh! Acabo de recordar que debo mostrarle algo a Kaicchi.

Dicho esto, movió a un lado algunos mechones en su frente y le dio un casto beso ahí, antes de soltarla y correr hasta donde estaba su bolso. Quizá estaba fingiendo o quizá no, pero no se dio cuenta cuando ella dejó de reír luego del beso y se puso roja hasta el infinito y más allá, mientras lo esperaba justo en el mismo sitio. Ese no era el Kise usual, era el otro Kise, o más bien, la parte de su personalidad que salía a la luz cuando jugaba al básquet.

Sin embargo, el encanto acabó cuando volvió con su celular, casi dando saltitos y con destellos saliendo de sus ojos mientras veía algo en la pantalla del mismo.

— ¡Mira! ¿No es linda? ¡La conocí en Akita!— dijo, y le extendió el aparato, en el cual se mostraba una fotografía.

La verdad lo primero y lo que más llamaba la atención era esa persona enorme, gigantesca y morada que salía con una cara de sueño casi contagiosa, sin embargo, una sonrisita se instalaba en sus labios, mientras con un brazo cargaba algo o más bien, alguien, la razón por la que Kai se conmovió y esa fue la primera vez que Kise la vio hacer literalmente "aaawwww" por algo: la persona que cargaba el muchacho morado, una chica pequeña, realmente pequeña, de cabello castaño y ojos rojizos que se veía un poco sorprendida en la imagen.

Una persona realmente pequeña y adorable, que le recordaba en cierta forma bastante acertada a un panda rojo.

— ¡Es tan bonita!

— ¡Lo sé!— exclamó el rubio, procediendo a enviarle la fotografía por correo a Kai—. Había pensado en enviártela, pero prefería que la vieras en persona, tu expresión no tuvo precio.

Soltó una risita, a lo que ella se sonrojó. La verdad todo el rato que llevaban jugando ni siquiera había pensado en su forma de actuar, simplemente era la manera más natural que había tenido de comportarse frente a Kise. Cosa que también pasó cuando dio un sobresalto, porque no se esperaba el grito repentino que dio el modelo.

— ¡Acabo de recordarlo! Te traje un regalo de Akita, Kaicchi— ¿En qué momento había ido a buscar los bolsos? Porque ahora le tendía el suyo mientras se acomodaba el propio—, pero está en mi casa, ¿te importaría si vamos a buscarlo?

Se encogió de hombros. La verdad era que le daba igual, exceptuando por el hecho de que él se había tomado la molestia y había pensado en ella como para traerle un regalo desde un lugar lejano. No podía simplemente rechazarlo, ¿o sí?

— No debiste— antes de terminar de pensarlo, ya lo había dicho. Pero ya estaba caminando junto a Kise en una dirección contraria a su casa.

— Te va a gustar, fue algo que me recordó mucho a Kaicchi— alegó el rubio, un tono verdaderamente alegre.

No sabía si reír o asentir, por lo que se fue por la opción segura: suspiró y negó un poco con la cabeza. Lástima que cuando aceptó no tenía ni idea de lo que se iba a encontrar en casa del deportista, porque de haber sido así, tal vez se habría salvado del remolino amarillo de los Kise.