Como siempre, cualquier cosa que reconozcáis es propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo intento escribir esta loca historia.

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Capítulo beteado por Sarai GN, Beta de Élite Fanfiction (Facebook com/ groups/ elite . fanfiction)

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EPOV

—¡No me puedo creer lo que estoy viendo! —Mi hermana, la loca, ya está en mi casa pegando gritos. Creo que nunca me arrepentiré lo suficiente por haberle dado una copia de las llaves—. ¿Se puede saber qué coño estás haciendo?

Pues creo que no podía ser más obvio. Estoy sentado en mi puto sofá, comiendo helado con M&M's y sirope, con una botella de bourbon y viendo la película favorita de Bella: "Pretty Woman". Creo que en algún momento he llorado y tengo que reprimir el deseo de levantarme del sofá para buscar mis bolas, estoy seguro que ya las he perdido, en nada me saldrán tetas.

—Veo una peli —digo como si nada. Una cosa es que me sienta castrado psicológicamente; insisto, si alguien ve mis huevos, por favor que me los devuelva; y otra muy distinta es que lo admita.

Mi hermana se queda mirando la pantalla de la tele y se ríe de repente, la muy cabrona.

—¿Pretty Woman? ¿En serio, Ed? ¿Pretty Woman?

Mierda. El cachondeo que se van a traer conmigo va ser digno de recordar… o no…

—¿Qué pasa? —pregunto como si no fuera conmigo—. Es un clásico.

—¿Un clásico? Ed… un clásico es "Casablanca" o "Lo que el viento se llevó", "Pretty Woman" no es un clásico… aún…

—¿Y qué? Es un clásico de las comedias románticas y además…

—Además es una de las películas favoritas de Bella…

—No. Iba a decir que Julia Roberts está muy buena…

—¡Ja!

Ese sonido tajante, seco, sarcástico, me dice que mi hermana no se lo ha tragado ni por un segundo.

—¿Y qué si es así, Ally? ¿No puedo ver una película para sentirme más cerca de ella?

—Te estás volviendo una nenaza… como te descuides empezarás a menstruar de un momento a otro.

Pues era lo que me faltaba… primero pierdo las bolas y luego me consigo unos ovarios… ¡Oh, no! La he hecho buena. Me está mirando con la misma cara con la que mira a un perrito abandonado. Ahora me convertiré en su buena obra del mes.

—Si la echas tanto de menos, ¿por qué no vas tras ella?

¡Ja! Ahora soy yo el que debería decírselo. ¿Cree que no quiero hacerlo?, ¿que no me muero por hacer la maleta y salir tras ella cual perrito faldero? Varias veces he estado a punto de comprar un billete de avión para Seattle, pero ella me pidió tiempo.

—Me ha pedido espacio para pensar, Alice. Y creo que es lo mínimo que puedo darle después de ser un gilipollas integral durante diez años.

—¿Sabes por qué Pretty Woman es una de sus películas favoritas? —Y ahora, ¿por qué coño cambia de tema? La miro y supongo que puede ver la pregunta reflejada en mi rostro.

—No, ¿por qué? —pregunto, ya que no sigue hablando y la verdad es que quiero saber a dónde demonios pretende llegar.

—El protagonista… —susurra como si estuviese contándome un jodido secreto de estado.

—¿Le gusta Richard Gere? —cuestiono—. Bueno, supongo que es lo que podríamos denominar un "madurito interesante", si yo fuera mujer… claro… —Que no lo soy, aunque a este paso…

—No, tonto. El protagonista se llama Edward. —Me mira, sonríe y me guiña un ojo.

—¿Es por eso? —inquiero, aún sorprendido. Solo de pensar que puedo provocar en ella algún tipo de sentimiento me hace sentirme inmensamente feliz.

—Está loca por ti —aclara y suspira—. ¡Al fin puedo decirlo! Todos estos años viendo cómo jugabas al gato y al ratón con ella. ¡Dios, Ed! Más de una vez quise arrancarte la cabeza.

—Ojalá lo hubieses hecho. No habría hecho el imbécil de la forma en que lo hice… y ahora no estaría a punto de perderla.

Alice me mira, en sus ojos hay comprensión y reproche a partes iguales. Le encantaría poder decirme "te lo dije", solo que nunca lo hizo.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —La miro, esperando su respuesta, simplemente asiente y espera a que vuelva a hablar—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—Se lo prometí. Le prometí que no te diría nada, que no interferiría en este asunto. Según ella, si algún día llegabas a quererla, quería que fuese por sí misma y no porque tu hermana te lo haya, por así decirlo, "recomendado".

Y mientras tanto, todos estos años me los pasé de rubia en rubia mientras ella veía cómo desfilaba una tras otra por mi vida. Gimo. No puede ser bueno. ¿Cómo podría perdonarme? ¡Por el amor de Dios! Yo le había formado escenas de celos por mucho menos.

—¿Puedo hacerte otra pregunta?

—Bueno, con eso ya son dos preguntas y yo te dije que contestaría una. —Me mira y se ríe, la muy cabrona—. Pero dispara.

—¿Quién es Tom?

—¿Tom? —Parece confundida, como si no tuviese ni idea de lo que le estoy hablando.

—La oí… la oí… fo… jo… tener sex… —Creo que estoy a punto de atragantarme—. Haciendo el amor con él. —Lo siento, pero cuando se trata de Bella no puedo usar la palabra con "f".

Alice rompe a reír a mandíbula batiente.

—¿¡De qué te ríes!? Yo no le veo la gracia.

—¡Ay, Eddie! ¿Ya no te acuerdas de vuestra primera vez juntos?

¿Que si lo recuerdo?, ¡claro que lo recuerdo! Fue la primera vez que el sexo tuvo un significado especial, fue algo mágico, espiritual, la comunión de dos almas, dos cuerpos, en uno solo. Hasta entonces el sexo sólo había sido un mero ejercicio físico de mete-saca, placentero, sí, pero vacío.

Y entonces lo recuerdo con claridad. Bella era virgen, nunca había estado con un hombre antes de aquella maravillosa noche. Supongo que mi cara refleja la sorpresa y, aunque me avergüence reconocerlo porque me acerca peligrosamente a un cavernícola, el orgullo que siento, porque mi hermana me mira y hace un gesto despectivo.

—¡Hombres! Son todos unos neandertales. ¡Estás feliz!

Me callo, pero la tonta sonrisa en mi cara me delata. Mi adorable hermana coge lo primero que tiene a mano y me lo lanza con fuerza. Gracias a Dios solo era un cojín. No consigo esquivarlo y me da de lleno en la cara lo que, en vez de ponerme más serio, consigue que rompa a reír.

—¿Entonces? —indago intrigado—, ¿por qué?

—Ella estaba decidida a olvidarte, a no esperar más por ti. Supongo que fue su manera de decirte adiós, tirarse a alguien, aunque fuese imaginario.

—¿Has sabido algo de ella? —Le pregunto porque si hay alguien en este mundo que pueda enterarse de lo que está haciendo Bella, esa es mi hermana Alice. Hay quien dice que es psíquica, otros que es una bruja. Pero en realidad esa capacidad de mi hermana para enterarse de todo no proviene del mundo sobrenatural, simple y llanamente es una cotilla de proporciones épicas.

—Hablé con ella hace un par de días. Ha contratado a varios trabajadores para que arreglen la casa de sus padres.

Dios, si existes, si en realidad dictas nuestros designios, haz que esos hombres sean gordos, feos, calvos, guarros… de esa clase que cuando se agachan para arreglarte el fregadero dejan que se les vea toda la sonrisa vertical trasera… vamos, lo que siempre se ha denominado "la raja del culo". Que sean tan repugnantes que la única tentación que mi Bella pueda sentir sea la de salir corriendo para alejarse todo lo posible de semejantes especímenes.

Amén.

Casi me santiguo, casi. Sólo me detiene el que mi hermana me mira con gesto curioso.

—¿En serio no piensas hacer nada, Edward? —Niego con un ligero movimiento de cabeza—. ¿En serio? Vas a quedarte ahí sentado comiendo helado y viendo películas que no te gustan el resto de tu vida.

¿Es tan difícil de entender? Me pidió tiempo y se lo daré, me prometió que volvería y le creo.

—Habla mucho de un tal Christian…

Mi hermana está poniéndome a prueba, quiere ponerme celoso porque cree que así saldré corriendo tras ella. Y me está costando no hacerlo. ¿Quién cojones es Christian?

—Mira, incluso me ha mandado una foto.

Mi hermana me tiende su móvil y ahí está ella, preciosa, con una hermosa sonrisa en su cara. Parece estar en una de esas cafeterías ambientadas en los años cincuenta. A su lado hay un tipo, tiene los ojos grises y una sonrisa de oreja a oreja. Como soy un hombre, no diré que es guapo, pero el hijodelagrandísimaputa es de la clase de hombres que provocan que las mujeres se vuelvan a su paso para mirar. O peor, de los que provocan charcos…

¡Mierda!

—Es jodidamente guapo —dice mi hermana, y después suspira con nostalgia.

¿Pero qué coño?

—Te recuerdo que tienes novio, Alice. ¿Qué diría Jasper si te oyese?

—¿Que tengo buen gusto?

¡Ja! Hablando de cavernícolas… La agarraría por los pelos y la arrastraría hasta casa, a falta de cueva, y no dejaría que saliese hasta haberle quitado todas esas ideas de la cabeza. A polvos. Hasta que se olvidase de su propio nombre o no pudiese andar sin separar las piernas. Lo que sucediese primero. Y sí, lo sé, no debería hablar así de mi hermana, pero conozco a mi amigo y sé lo que haría.

—Tengo otra foto —dice con una sonrisa tétrica.

Me tiende el teléfono de nuevo. En esta foto, Bella está rodeada de hombres, el tal Christian y otros cuatro que no conozco.

Todos la miran como si se la quisieran comer. Parece una indefensa ovejita en medio de una manada de lobos, casi podía ver cómo babeaban por ella. Trago en seco y le devuelvo el teléfono a mi hermana tratando de aparentar que no me importa.

Tengo que confiar en ella.

Me prometió que volvería.

—Estás dejándoles el terreno libre, Edward. Lleva allí casi dos semanas y ni siquiera la has llamado. Ni una sola vez. Es tu amiga, una amiga de la que estás enamorado hasta las trancas. ¿Es tan malo que te intereses por ella?

Decido ignorar a mi hermana. Me siento en el sofá de nuevo, agarro el mando del DVD y pulso reproducir. Meto la cuchara en el bote del helado y saco una buena cucharada.

Mi hermana resopla, coge sus cosas y se va, no sin girarse en el último momento para decirme:

—Ahora te lo estoy diciendo, Edward. Si no haces algo, vas a perderla, y si la pierdes, me pasaré el resto de tu jodida vida diciéndote "te lo dije".

MIENTRAS TANTO, EN FORKS

—Es demasiado grande —digo, mientras lo miro atentamente.

—¿No te gusta? —Christian tiene sus ojos sobre mí, y espera mi respuesta.

—Bueno... sí... sí me gusta, pero no creo que quepa.

—¡Pues yo creo que cabe perfectamente! ¡Al menos inténtalo, Bella!

Me quedo mirándolo y lo examino con atención, pero por más que lo veo no imagino cómo puede caber eso ahí.

—¡No cabe! —grito casi desesperada.

—¡Sí cabe! —replica él, y estamos a punto de enzarzarnos en una tonta discusión infantil.

—Puede que no tenga una visión espacial tan buena como la tuya, Christian, pero estoy segura que es demasiado grande. No hay forma humana, ni inhumana si vamos al caso, de que eso entre ahí.

—¡Vamos, Bella! Un último intento...

—¡Que no, Christian! Ese puto sofá es demasiado grande para entrar por la puerta. Además se comerá todo el espacio del salón —replico, mientras guardo la cinta métrica con la que lo estaba midiendo.

«Si les estuviese escuchando alguien, tendría dudas de qué cojones estaban haciendo.»

JodeBella, sólo estoy en una jodida tienda de muebles, no hago nada malo, el problema lo tienes tú que tienes una mente muy sucia y retorcida.

«Sí, ya… yo soy la que tiene la mente sucia y retorcida. ¡Ja!»

—¿Estás segura? Es un gran sofá…

—Estoy totalmente segura de que ese monstruo no cabe en mi salón. ¿Qué te parece el blanco del fondo?

«¿Blanco? El color ideal para ponerse romántica en el salón, vamos…»

¿Y a ti qué coño te pasa con los sofás de color blanco, JodeBella?

«Es un color muy sucio, un polvete de nada y estará hecho unos zorros para el resto de su vida.»

¿Quién te ha dicho que quiera echar un polvo en él? ¿Eh?

«¿No serás de las que les ponen fundas de plástico?, ¿no? Y me refiero a ponerle fundas a los sofás. En realidad sí espero que pongas "fundas" a otras cosas… ya me entiendes… no vaya a ser que desborde y acabe rellenándote el horno.»

Ja, ja, ja… muy graciosa.

«Yo sólo digo que el blanco no es la mejor opción… pero tú misma… no es como si la voz que tienes en tu cabeza haya tenido la razón alguna vez.»

Porque no tienes ni cuerpo ni cara, sino seguro que estarías poniéndome ahora mismo cara de cachorrito abandonado… muy Cullen, JodeBella, y te recuerdo que eres una Swan.

«Porque tú eres muy cabezota, sólo tienes que volver a Nueva York para tener a Eddie comiendo de tu mano… o de tu coño, ya que lo hace tan bien.»

—¿Estás bien? —me pregunta Christian, y parece realmente preocupado.

—Sí… —murmuro—, ¿por qué lo preguntas?

«Eso… tú hazte la tonta… a ver si cuela.»

—De repente te has puesto colorada como un tomate.

—Hace calor aquí —digo mientras me abanico con la mano—, se han pasado con la calefacción.

«¡Ja! Aquí no hace calor, no… lo que te sube la temperatura son los recuerdos del pelirrojo bajando al pilón…»

¡JodeBella!

«Deja de chillarme, soy tu subconsciente pero no estoy sorda, ¿sabes? Vas a provocarme dolor de cabeza.»

Tú no tienes cabeza.

«Pero tú sí.»

—¿Segura que estás bien? —La preocupación se refleja en los preciosos ojos de Christian—. Porque podemos dejar lo del papel tapiz para mañana.

—Gracias, Christian, pero me daría mucha pena arrastrarte otra vez más hasta Port Angeles. Mejor lo dejamos todo listo hoy.

—Si quieres, cuando terminemos aquí, podemos ir al cine. Creo que ya han estrenado esa peli nueva sobre Drácula. ¿Te gustan las pelis de vampiros?

¿Qué les pasa a los hombres? Sobre todo a los de este pueblo. No hay día que no reciba una invitación o unas flores. ¿Acaso soy la última mujer disponible aquí?

«No, idiota, solo eres carne fresca… la chica nueva. Christian tiene un pase, ¿pero los otros cuatro? Una panda de cerdos, te lo digo yo. Sobre todo ese Noah, tiene pinta de obseso sexual, seguro que le van las cosas "raritas", ya me entiendes.»

No, no te entiendo.

«Pues no sé, que le exciten los dedos gordos de tus pies, o que tenga fijación por el esmalte rojo de uñas… esas cosas…»

Cada día estás peor… si tuvieses cuerpo te llevaría a terapia.

«Ni lo intentes, que si le hablas de mí a cualquier loquero, ya te veo encerrada en un cuarto acolchado y con la camisa de fuerza bien atada.»

—¿Qué te parece?, ¿el cine? Al salir, podríamos ir a una cafetería del centro, hacen las mejores hamburguesas de todo el estado.

—Claro… ¿por qué no?

«Pues porque no es Edward, idiota. Y lo sabes.»


Bueno chicas! Aquí os dejo el último capitulo de 10 citas... por ahora!

Espero que lo hayáis disfrutado, estoy molida después de un larguísimo día de trabajo (largo... largo... joder... interminablemente largo el hijo de la grandísima madre), pero ya que mi Sarai había terminado de betearlo no quería dejaros esperando más.

Espero que os guste y si me queréis regalar un pequeño rr, yo estaré encantada de leerlo. Echo de menos contestarlos aquí, pero no tengo tiempo para todo, espero que lo comprendáis.

Bicos.

Noe