Besos a Medianoche

Dos días después del accidente que había sufrido Mac recuperó la conciencia, Candy estaba a su lado cuando despertó el chico, se veía algo aturdido y no recordaba como había llegado allí. Candy por primera vez pudo apreciar de cerca los bellos ojos azul oscuro que tenía Mac.

- ¿Quién eres tú? – le preguntó cuando abrió los ojos y vio a Candy quien estaba haciendo la función de enfermera

- Soy Candy – contestó ella con una sonrisa en el rostro.

- ¿Cómo llegue aquí?

- Te caíste de un caballo – le informó Candy quien traía vendas nuevas para el vendaje del torso.

El muchacho pareció hacer memoria, ahora lo recordaba, había estado montando a Apolo cuando no quiso saltar un tronco.

- Si, Apolo, no quiso saltar un tronco – dijo en voz alta.

- Así es – dijo Candy - ¿puedes levantarte? O te duele mucho

Mac, trato de incorporarse pero un fuerte dolor en el costado le hizo regresar a su posición inicial. No gimió pero hizo una mueca de dolor.

- Creo que tardara mucho en sanar – dijo Candy mirándolo – Bueno¿me permites? – dijo al tiempo que desabrochaba la camisa para cambiar el vendaje.

- ¿Qué crees que estas haciendo? – preguntó indignado Mac.

- Necesito quitarte la camisa – dijo Candy - no pensaras que voy a dejarte el vendaje flojo.

- ¿Qué quieres decir¿No eres tú la chica Andley? – preguntó extrañado al tiempo que la reconocía.

- Si, soy ella – dijo Candy quien comenzaba a impacientarse por el comportamiento de Mac. – Ahora si me permites.

- Y supongo que no podías esperar para quitarme la camisa – dijo en tono mordaz.

- Mira, si no te parece, no me importa, tengo instrucciones de cambiarte el vendaje, no voy a dejar de hacerlo… y no se que a te refieres al decir eso.

- ¿Crees que no se como son todas? – dijo mirándola con desprecio.

- No lo se – dijo Candy – la verdad es que me sorprende que no quieras tener una enfermera que te cuide, sin embargo, yo tomé la responsabilidad y peores pacientes he tenido

- ¿Enfermera? – dijo al tiempo que reía despectivamente - ¿Me quieres tomar el pelo¿Qué tuviste que hacer para poder entrar al cuarto?

- Tuve que cursar estudios de enfermería – dijo con mucha seriedad Candy – Claro que si quieres a otra enfermera tendrás que esperar a que se contrate a alguien más.

El muchacho miró a su cara. Y vio la mirada tan sería de Candy, a ella realmente le estaba empezado a fastidiar. Mac se sintió como un tonto en ese momento.

- ¿quieres decir que eres Enfermera¿eres una Andley que estudió para ser enfermera?

- Si, pensé que lo sabías, la tía Elroy se la pasa diciéndome que todos hablan de mi – dijo Candy mientras volvía a su intento de desabrochar la camisa, el muchacho ya no protestó se había quedado callado era algo que él no esperaba oír.

- ¿Podrías perdonarme? – dijo con voz muy baja – Fui muy rudo contigo, lo que pasa es que yo asumí que…

- Quédate quieto – le ordenó Candy mientras retiraba el vendaje del torso del muchacho.

Mac se sentía avergonzado por lo que había dicho, se había despertado con muy mal humor y había descargado su coraje con Candy y además había dicho cosas que siempre había ocultado estado al lado de una señorita.

- No se que es lo que debe pensar de mi – dijo Mac, quien de vez en cuando hacía una mueca de dolor cuando Candy apretaba las vendas.

- Mi trabajo no es juzgarlo – dijo Candy con profesionalismo, aunque para sus adentros, pensó que era un muchacho muy grosero y prepotente.

Candy salió con la canasta llena de vendas sucias mientras que Mac se había quedado pensativo en el cuarto. A los cinco minutos de que había salido Candy, entraron Alex, Roy y Ashton.

- Mac¡vaya susto que nos has dado! – dijo Alex.

- Pensamos que tendríamos que trasladarte al Hospital si no despertabas – mencionó Roy.

- ¿Cómo te sientes? – preguntó Ashton con los ojos muy abiertos.

Mac los miró como si fueran extraños, se sentía todavía algo aturdido por lo que le había dicho a Candy, o mejor dicho por la reacción de ella, quien había conservado su dignidad hasta el último momento.

- Mac¿estás bien? – Dijo Alex que lo miro a la cara.

- Si estoy bien – contestó con frialdad Mac - ¿Dónde estoy?

- Estamos en Lakewood, en la Mansión de los Andley – respondió Roy con un dejo de ensoñación.

- ¿Por qué no estoy en un hospital? – inquirió Mac un poco enojado.

- El doctor no quiso que te trasladáramos, nos dijo que no estabas muy grave, pero que necesitabas mucho reposo. – contestó Alex.

- Además no querrás que nos prohíban regresar a la cabaña – apuntó Roy.

- ¿Entonces si hay un doctor? – preguntó Mac.

- Mac, creo que no te sientes muy bien, claro que hay un doctor que te atiende y deberías agradecerlo a la Señorita Candy – dijo Roy

- ¿Señorita Candy? – preguntó un poco avergonzado.

- Vamos, ella es la que te ha estado atendiendo – dijo Alex – se ha preocupado mucho por ti.

Mac se quedó callado, recordaba lo que le había dicho a la dulce joven que trataba de atenderlo.

- ¿Cuándo podré ir a casa? – preguntó finalmente

Los tres hermanos se miraron antes de que alguien le contestará a Mac, las miradas acusadoras entre ellos hizo sospechar que habían estado tramando algo.

- ¿Qué pasa¿Qué significan todas esas miradas? –quiso saber Mac

- Bueno Mac – empezó Alex – tú sabes como se pone mamá cada vez que se entera de que algo nos paso, así que pensamos en quedarnos aquí hasta que te recuperes por completo

- ¿Están locos? – exclamó Mac algo alterado – ¿No ven como esta mi pierna, tardara semanas si no es que meses en sanar?

- Lo sabemos – dijo Alex.

- No podemos hacer eso, se van a enterar además los Andley lo saben. – dijo desesperado Mac.

- Pues si lo saben – dijo Roy – pero nos han dicho que no dirán nada.

- ¿Y porque habrían de hacer eso? – inquirió Mac que se estaba poniendo de mal humor de nuevo.

- Pues no tienen obligación, pero algo me dice que la tía de Archie quiere que nos quedemos – dijo Roy

- ¿La señora Elroy esta aquí? – preguntó Mac con los ojos muy abiertos.

- No, es su otra tía, la abuela de Allen – se apresuró a decir Alex.

- Miren, no apruebo quedarnos a dar molestias – dijo Mac.

- Tienes que hacerlo¡Por favor! – dijo Ashton que había estado muy callado.

- Y tu que interés tienes en quedarte, no me digas que también te gusta la señorita Andley – dijo Mac con Mordacidad mientras miraba a Roy.

- Hey – exclamó enojado Roy.

- No, lo que pasa es que Ewan y yo iremos a recorrer el lago mañana – dijo Ashton.

- ¡Esta bien!, me va a dar mucha pena, pero voy a tener que decirles que nos quedamos. – dijo Mac de mala gana

- Sííí - gritaron sus tres hermanos casi al mismo tiempo.

- ¿Qué les pasa? Cállense – gritó Mac - ¿Van a corrernos con tantos gritos?

Los hermanos cerraron un trato tácito entre ellos, ninguno hablaría de esto con sus padres y se quedarían en Lakewood probablemente todas las vacaciones. Por otra parte, La señora Legan, había postergado una semana su estancia en la mansión Andley, junto con Elisa quien seguía de muy mal humor, Neal, a pesar de esa decisión de su madre, cumplió su promesa y no regresó a la Mansión en Lakewood, sino que fue a reunirse con su Padre a Florida. Candy se enteró por boca de Dorothy a quien fue a visitar al pueblo.

Dorothy se había casado con Fred Hunter, un comerciante quien sin llegar a ser rico estaba en una muy buena posición económica, Fred era pelirrojo al igual que Dorothy, no era un hombre extremadamente apuesto, sin embargo era muy simpático y agradable en su trato, esa cualidad hacia de él un gran comerciante, y poco a poco habían ido adquiriendo una buena fama dentro del pueblo de Sunville, Dorothy ya tenía tres hijos tan pelirrojos como ella y su marido, una pequeña muy risueña de cuatro años, un lindo niño de tres y un bebe de menos de un año de edad. Dorothy había salido de trabajar de con la familia Andley poco después de que Candy y la familia se regresara a Chicago, entonces se había establecido en una familia del pueblo, Fred era un hijo de una viuda que era muy amiga de la familia, desde la primera vez que Fred había visto a Dorothy le había gustado mucho y Dorothy lo había notado, sin embargo sabía que ella no estaba a la altura de su familia así que había pensado que no tendría ni una oportunidad con él. Pero el tiempo pasó y él le dio muestras de su sincero afecto hacía ella y habían empezado un noviazgo que duró muy poco, para terminar en una pequeña pero linda boda, a menos de un año había nacido su hija.

Candy se había alegrado con toda la historia de Dorothy, y había prometido regresar en otra ocasión, Candy había aprovechado que Mac, estaba mucho mejor de su fractura de costilla y lo había dejado dormido un rato mientras había ido al pueblo ha hacer unas compras y ha dejarle la carta a Albert para que recibiera al hermano de Dorothy. También había comprado provisiones para el vagabundo que parecía que no se había ido de la pequeña capilla de la Mansión, todos los días seguía acudiendo a llevarle algo si por alguna razón no podía hacerlo Sherly lo hacía.

El doctor le había conseguido un par de muletas a Mac, quien a veces salía a caminar por el jardín, pero a pesar de los buenos cuidados que tenía Candy con él, parecía que diario estaba de mal humor, y sus propios hermanos le huían, la única que lo soportaba era Candy, para disgusto de Archie, quien no había tenido oportunidad de estar con ella a solas durante todo ese tiempo y también estaba empezando a tomar cierto hastío permanente, a pesar de los intentos de Allen y Logan por animarle.

Por su parte Roy también parecía resignado y había optado por tratar de pasarse esos días lo mejor posible, Donella, Ashton, Ewan y él, pasaban el tiempo juntos. Habían ido a ver a un criador de Caballos para que siguieran entrenando a Apolo para que no volviera a desobedecer.

Mientras tanto Alex, se había escabullido un par de ocasiones para ir a ver a Annie, lo hacía con mucha cautela y lo había incluso escondido de sus hermanos, no quería que Archie se enterara de que pensaba cortejar a Annie, aunque con el tiempo que había pasado últimamente en Lakewood, se convencía de que Annie no era la chica que le importaba a Archie, sin embargo no quería correr el riesgo. Una tarde, la primera que parecía sería la primera tormenta de la temporada había ido hasta la villa Britter para visitar a Annie.

La chica no había ido ese día al Hogar de Ponny por la inminente tormenta, y se sentía algo decaída, sabía que Archie estaba en Lakewood, pero no la había visitado, no era realmente que ella esperara que Archie lo hiciera, pero sabía que si hubiera ido significaría tanto para ella. Por la misma razón no había ido a ver a Candy incluso cuando ella había estado en cama, sabía que su presencia no era bienvenida en la mansión. Así que cuando oyó el caballo acercarse su corazón latió rápidamente. Cuando se había asomado por la ventana había visto claramente a Alex Campbell y había sentido cierta desilusión.

- Hola Annie – Había saludado Alex.

- Alex, no esperaba verte por aquí – había mencionado Annie tratando de conservar la sonrisa en su rostro.

- Ni un mar de por medio me hubiera impedido venir a verte.

- Eres muy galante – había dicho Annie aceptando el elogio.

- Parece que va a llover – había apuntado Alex mirando al cielo con esto dando a entender que Annie debía invitarlo a pasar.

- Entra, le diré a la cocinera que nos sirva unas pastas – le había dicho Annie invitándolo a pasar, aunque no había sido su inicial intención.

Alex en esa ocasión había sonreído, sabía de antemano que la tormenta por se la primera de la temporada duraría más de lo normal. Y había asegurado una estancia en la villa Britter de por lo menos tres horas. Y así había sido, y además de lograr su cometido para conversar con Annie, había logrado algo que él no sabía que hacía meses que no había ocurrido, Annie había reído tanto que las lágrimas le habían salido de los ojos. Por primera vez desde que Annie conocía a Alex había sentido una gran admiración por el chico.

La segunda ocasión que la había visitado, Annie había esperado con ansia su llegada, ya que Alex había tomado en cuenta los modales tan inculcados en su familia habían dado un buen punto por su parte, con unas rosas junto a una tarjeta había servido para anunciarle su visita.

Esa segunda visita había resultado muy agradable para ambos, Annie se había portado mucho menos reservada y había accedido a tocar un poco el piano, mientras que Alex hacía muestra de su buena voz, cantándole cerca del oído una linda canción.

Alex sabía que dos visitas no eran suficientes para que Annie olvidara a alguien con quien había tenido una relación de años, pero estaba seguro de que al término del verano podrían llegar a tener algo más que una relación amistosa.

Por su parte Mac que solo dejaba que Candy lo acompañara en sus paseos por el jardín, prácticamente la obligaba a acompañarlo durante sus paseos diarios, usaba las muletas, y con esfuerzo caminaba por todo el jardín, sobre el camino adosado. Aunque Candy era la única persona que aceptaba estar con él, Mac parecía seguir con su mal humor, su arrogancia era demasiada, Candy había optado en salir con un libro en la mano cada vez que lo acompañaba, de esa manera ella podía fácilmente evadir la conversación, misma que Mac parecía no querer iniciar. Todos los días Mac se sentaba para descansar en una de las bancas del jardín, Candy hacía otro tanto, sacaba su libro y se ponía a leer, Candy se ensimismaba en su lectura y no se percataba de las miradas de soslayo que le prodigaba Mac, cada vez que la veía con sus ojos verdes concentrados en las páginas del libro le parecía más hermosos, sonreía para sus adentros pero no decía una palabra.

En uno de esos paseos Candy vio a lo lejos que una persona se acercaba, dejó su libro y se dirigió a donde estaba el señor que caminaba decididamente hasta la mansión de Lakewood, cuando estuvo cerca de él, pudo ver el uniforme que ostentaba, era un cartero. Llevaba su bolsa de cuero repleta de cartas. Candy sonrió con un poco de Nostalgia, recordó al Sr. March, que también era cartero.

- Buenos días – saludó el señor

- Buenos días – contestó Candy - ¿Hay cartas?

- Si, tomé – le dijo dándole un paquete numeroso de cartas - ¡Que tenga un buen día!

Dándole un saludo se quitó la gorra un segundo y volvió a colocarla en su lugar, después el cartero se despidió y Candy regresó a donde estaba Mac, donde comenzó a revisar la correspondencia y vio con satisfacción que había tres cartas para ella.

- Ya se me hacía raro – comentó en voz alta.

- ¿Qué es raro? – preguntó instintivamente Mac.

- No haber recibido cartas en tanto tiempo que tengo en Lakewood – contestó no sin dejar de sorprenderse por que Mac hubiera abierto la boca para otra cosa que no fuera quejarse por algo...

- ¿Has recibido muchas cartas? – preguntó Mac.

- Tres cartas – respondió Candy sonriendo. Se sentía muy feliz por haber recibido noticias después de casi un mes de estar lejos de Chicago.

- ¿Puedo saber de quien son? – preguntó algo sonrojado.

- Una es de mi amiga Patty – dijo con una sonrisa – esta es de… ¡Oh! La señora Brown, y esta es de… El doctor Perry.

- ¿Doctor Perry? – preguntó Mac, como si hiciera una pregunta sin importancia.

- Si es un buen amigo mío, es un especialista en casos de nacimientos complicados – dijo Candy abriendo rápidamente la carta.

Pronto, vio la irregular letra del Doctor Perry, la desdobló y se puso a leer la carta:

"Señorita Candy White:

He ido a ver a la esposa del señor Terrence Grandchester, tal y como me lo requirió el mismo después de contactarlo por medio de la petición que me hizo el mes pasado.

La señora Grandchester se encuentra muy delicada de salud, sin embargo le he practicado algunos exámenes y puede informarle de manera satisfactoria que la Sra. Grandchester aplica para que se le realice una cesárea, al principio me costó mucho trabajo convencerlos a los dos, pero terminaron aceptando el procedimiento, ahora la persona que más me preocupa es la madre de la señora Grandchester, la Señora Marlowe, se ha dejado ver renuente a que se practique en su hija el procedimiento.

Le he explicado que es la única opción si no quiere que su hija muera, pero ella esta muy nerviosa por lo que implica el procedimiento, le he comunicado que he realizado este procedimiento muchas veces con mucho éxito, pero la señora Marlowe sigue indecisa, sin embargo tanto el señor como la señora Grandchester han aceptado, me mortifica un poco la actitud de la madre, pero creo firmemente que es la mejor opción.

Cuando llegue el momento del nacimiento le informaré…

Se despide de usted su seguro servidor.

Joseph Perry."

Candy terminó de leer la carta y sonrió, confiaba mucho en el doctor Perry, lo había asistido en un par de ocasiones y sabía que el procedimiento de la cesárea era muy efectivo. Seguía un poco preocupada por la menguada salud de Susana, pero sabía que estando en manos del Dr. Perry no podía temer nada.

- ¿Buenas noticias? – preguntó Mac.

- Si, son buenas noticias – contestó escuetamente Candy.

Entonces vio la carta de la señora Brown la abrió con cuidado, pudo ver una letra derecha y legible, entonces comenzó a leer:

"Querida Candy:

Supongo que sigues muy ocupada, esta es la tercer carta que te envió, pero he sabido por boca de la señorita O'brien, que no has contestado tampoco sus cartas"

Candy frunció el entrecejo un poco. ¿De que cartas hablaba, si ella no había recibido ninguna carta desde que estaba en Lakewood? Continuó leyendo.

"Dentro de tres semanas se llevará a cabo el concierto de beneficencia, todas las señoras del comité de recaudación de fondos, estamos muy nerviosas pero a la misma vez muy entusiasmadas, todo parece que va a salir a pedir de boca.

La señora Elroy se ha ocupado de muchas cosas, solo que desde hace casi dos semanas que llegaron las visitas a la Mansión Andley ha delegado muchas de sus actividades.

Todos en Chicago hablan de las visitas de la señora Elroy, al parecer es una amiga suya, la señora Eve Lingwood, por lo que he sabido son personas muy importantes de la ciudad de New York, su hijo se casó con una sobrina de los Rockefeller, y ha venido junto con su hija, el otro día tuve la oportunidad de verla cuando salieron de compras con Madame Mouchoir, es una joven bellísima, y es por lo que he oído muy virtuosa y amable. Dicen que ella esta destinada para ser esposa de algún noble, pero bueno aunque por lo que cuentan no será con un noble sino con el mismo Sr. Andley, dicen que no tardan en anunciar su compromiso.

Yo no la conozco mucho, todo lo que te digo es lo que por todo Chicago se comenta, me gustaría que estuvieras aquí para que te formaras un juicio por ti misma.

Mi esposo ha atrasado su regreso, por lo que me mencionó en su última carta, regresara hasta el mes de septiembre, La señorita O'Brien, ha encontrado un colegio muy importante para Christopher, aunque él me ha dicho que no ira al colegio, sin embargo creo que la señorita O'Brien lo ha convencido.

En fin, espero que puedas contestar, de todas maneras seguiré mandándote cartas.

Abrazos y Besos

Charlenne Brown"

Candy sintió un vacío al enterarse de que Albert y la señorita Lingwood fueran el chisme de moda por todo Chicago, apretó las manos y trato de conservar la calma, además estaba eso que le había dicho de que esa era la tercera carta que escribía, entonces ¿Dónde estaban las otras? Mac no conocía mucho a Candy pero inmediatamente vio a través de la expresión de su cara que algo andaba mal.

- ¿Ocurre algo? – preguntó Mac suavizando su voz.

Candy lo miró unos instantes, no podía decirle acerca de Albert, ella se lo había prometido no volver a sacar ese tema, así que fingió una sonrisa.

- Ya te había dicho que estas eran las primeras cartas que recibía desde que llegue aquí hace un mes

- Si – dijo Mac, al tiempo que asentía con la cabeza.

- Pues me dice que esta es la tercera carta que ella me escribe – dijo con un dejo de preocupación.

- Quizá había anotado mal la dirección – dijo razonando Mac.

- Si es posible – dijo pensativa Candy.

Candy miró la tercera carta que había recibido, en seguida sonrió, era la carta de Patty, en ese momento sentía que una carta de una de sus mejores amigas era lo que necesitaba. Abrió la carta, la pequeña letra de Patty estaba acomodada de manera perfecta por todo el papel.

"Mi Querida Candy.

Amiga mía, ruego tanto a Dios porque esta carta llegue a tus manos, pues parece que hay algún problema… Ya ni siquiera recuerdo cuantas te he mandado, pero no importa, simplemente quería decirte que soy muy feliz.

Hace cuatro días que soy una mujer comprometida, me imagino que sabes de quien se trata, y no te equivocas, Bryant me propuso matrimonio, el sábado pasado después de la fiesta que dieron en la Mansión Andley¡Oh Candy! Me siento tan feliz que me siento culpable por ello.

Fue tan romántico, me ha dicho que la próxima semana irá a hablar con mi abuela, mientras llegan mis padres para hablar con ellos y que le de su permiso para ir a visitarme, aunque mi abuela ya lo sabe todo, se lo he contado en seguida.

No lo puedo creer es todo tan fascinante que creo que estoy en un sueño y que en seguida voy a despertar. Amiga necesito tanto verte y contarte todo lo que ha pasado… Ojalá puedas regresar pronto… Verás lo adorable que es Bryant.

Me despido…

Tú amiga

Patty"

Candy no pudo evitar sonreír, conocía muy bien la historia de Patty, sabía lo mucho que había sufrido cuando Stear había fallecido, y merecía tener toda la felicidad del mundo, sin embargo no pudo dejar de pensar en la advertencia que le había hecho Donella cuando la había conocido.

- ¿Estás contenta? Has recibido buenas noticias.

- Pues si – contestó Candy – una de mis mejores amigas se casa.

- Eso por lo general es una buena noticia – dijo honestamente Mac.

Candy volteó a ver su cara, y vio como los ojos azul profundo brillaban intensamente.

- ¿Por qué dices por lo general? – quiso saber Candy.

- No todos lo matrimonios son felicidad – repuso tristemente.

- ¿A que te refieres? – pregunto Candy intrigada.

- Candy, a veces uno tiene que aceptar su destino aunque no sea lo que uno quiere – dijo con tristeza.

- Mac, me sorprende que alguien como tu pueda decir eso – dijo Candy mientras que guardaba sus cartas dentro del libro que había estado leyendo.

Mac la miró intensamente, como si no decidiera a hablar, bajó la cabeza y miró el entablillado de su pierna. Candy vio al azorado muchacho y no quiso hacer más preguntas. Tomó el resto de las cartas y las acomodó.

- Es como esta pierna – dijo finalmente Mac.

- ¿Tu pierna?, pero si en unas semanas podrás caminar, correr o brincar con ella – aseguró Candy.

- Es probable, sin embargo fue inevitable el tener el accidente, hay cosas que por más horribles que parezcan no dejan de ser parte del destino.

-Estoy de acuerdo con eso, pero no entiendo que tiene que ver esto con una boda. – dijo Candy.

- Pues que hay veces que una boda puede ser una carga tan pesada como un accidente infortunado.

Candy pensó inmediatamente en Terry y su matrimonio con Susana entonces comprendió lo que Mac trataba de decirle.

- Pero no te atormentes, supongo que tú no estas en ese caso – dijo Candy – tú eres libre de escoger con quien casarte.

- ¿Eso crees? – dijo con una risa irónica.

Candy lo miró un poco sorprendida, ella no había oído nada acerca de que los Campbell tuvieran la manía de hacer matrimonios arreglados. Entonces le surgió la duda, pero justo en ese momento comenzó a llover y tuvieron que trasladarse hasta dentro de la Mansión para no mojarse.

Mientras tanto en la Mansión Andley se estaban haciendo preparaciones para una fiesta más, se daría un baile en honor a los invitados, la tía Elroy miraba con satisfacción a su sobrino que no había dejado de acompañar a la señorita Lingwood a todas las reuniones, y en como parecía que el hecho de no recibir cartas de Candy le afectará, lo mismo que hacía Bridget en Lakewood , hacía ella allí en Chicago, interceptaba todas las cartas, y había guardado todas las que Candy le había mandado, sin embargo Elroy no había llegado a tanto como su prima, ella todavía no había llegado a abrir las cartas y simplemente las tenía guardadas, pero le había resultado muy difícil hacer eso ya que George era quien recibía la correspondencia, y a pesar de que George consideraba mucho a la señora Andley, era muy decente como para dejar que la Sra. Elroy actuara de esa manera. Así que la tía Elroy había instruido a Elsie para que ella se metiera todas las mañanas antes de que Albert bajara a su despacho para revisar las cartas y sacar todas las que provenían de Lakewood.

Pero aunque la tía Elroy pensaba que no habían hecho mella en Albert, si lo había hecho, él le había escrito unas cuantas cartas a Candy, pero solo había recibido dos cartas, mismas que habían sobrevivido a las pesquisas de Elsie, la carta donde le pedía las cortinas y la que acaba de recibir donde le hablaba del hermano de Dorothy, sin embargo ambas cartas carecían por completo de frases cariñosas, solo eran peticiones, lo que le había hecho creer que él no significaba más que un protector para Candy, así que se había propuesto ganarse la simpatía de Sabrina, lo cual no estaba resultando fácil.

Sabrina seguía con su velo de misterio, sin embargo se mostraba un poco más sonriente cuando estaba Albert cerca de ella, y cuando el estaba con ella no aceptaba bailar con alguien más, las constantes atenciones que tenían el uno por el otro era lo que hacía hablar a toda la gente acerca de un posible compromiso.

El sábado había llegado más rápido que en otras ocasiones, las reuniones se había seguido celebrando durante toda la semana en las cuales Albert había ido sintiendo algo más por Sabrina, no era solo bella e inteligente, era fascinante, era como una piedra preciosa que cambia de tonalidad cada vez que la vuelves a ver, así era Sabrina Lingwood, cada vez que salía con ella descubría algo nuevo en ella y por lo general esas cosas nuevas que descubría le gustaban mucho.

Esa noche en la fiesta que se daba en la Mansión Andley cuando esta estaba en su apogeo, la gente bailaba y reía alrededor de todo el salón de fiestas, todos parecían gozar del banquete y de la música. Albert y Sabrina habían bailado durante largo tiempo, cerca de las doce de la noche salieron a la terraza, la cual estaba ocupada por otra pareja así que pasaron de largo hasta perderse en el jardín, Sabrina había estado hablando elocuentemente acerca de su fascinación por la música y la manera en como le gustaba todo lo referente a ese bello arte, Albert la miraba con embeleso, bajo la luz de la luna Sabrina parecía una diosa que había bajado del Olimpo. Su belleza natural se veía aumentada cuando sus ojos brillaban de emoción.

Como si Albert hubiera estado envuelto en un hechizo se acercó a ella poco a poco, hasta que sus manos rodearon la cintura de Sabrina, ella no se movía, parecía también embrujada por alguna clase de sortilegio, pronto los dos unieron sus bocas en un beso, el momento fue rápido pero lo suficiente para sentir la sangre subir y bajar rápidamente.

Albert quiso volver a besar a Sabrina, pero entonces ella, salió corriendo del jardín dejando al joven Andley en medio de la oscuridad, en ese momento las campanas de una Iglesia que estaba cerca comenzaron a sonar, era la medianoche.

En Lakewood, los dos días habían pasado en medio de una tormenta que parecía no dar tregua, todos parecían haberse contagiado del mal humor de Mac y de Archie, nadie tenía ganas de jugar, bailar, cantar o hacer cualquier actividad, el embarazoso silencio que se había formado entre el grupo de jóvenes parecía no poder romperse con nada… los muchachos Campbell habían ido de visita desde un día anterior pero la fuerte tormenta los había obligado a quedarse en Lakewood, sin embargo tampoco aportaban nada para que la velada fuera más amena, cerca de medianoche, uno a uno se fueron despidiendo y subieron a sus habitaciones, al final solo quedaban Mac y Candy alumbrados por la chimenea del salón. Las llamas crepitaban, emanando de ellas un ambiente cálido que reconfortaba y hacía olvidar por momentos las gotas de lluvia que pegaban contra los ventanales.

- Parece que esta lluvia no va a terminar nunca – dijo con un dejo de disgusto Mac.

- Yo no me quejo – mencionó Candy con una sonrisa – si no estuviera lloviendo así, el calor sería insoportable.

En ese momento un leño que estaba apoyado contra la pared del fondo de la chimenea se deshizo y cayó en medio de las llamas causando un crujido del resto de leños. Candy dio un respingo por el ruido que había causado, y Mac había sonreído levemente.

- Creo que es hora de irnos a la cama – dijo Candy quien tenía que ayudar a Mac para acomodarle la pierna y que no se fuera a lastimar mientras dormía.

- Me puedes ayudar un poco, se me ha caído la muleta – dijo Mac, haciendo un esfuerzo por alcanzar una de las muletas que había resbalado y estaba unos centímetros fuera del alcance de Mac.

Candy se levantó de su asiento, atizó los leños para que quedaran todos dentro del fuego. Y después se dirigió hacia donde estaba Mac. Tomó la muleta y se la puso en la mano a Mac, quien aprovecho la ocasión para tomarle la mano a Candy. Ella había querido sacar su mano pero no había podido Mac la sostenía con suavidad pero firmemente.

Candy trató de regañar a Mac para que le soltara la mano, pero lo que pasó fue tan rápido, Mac estaba muy cerca de Candy, y rápidamente había posado sus labios sobre los de ella, a quien había tomado totalmente por sorpresa. El beso que le dio Mac fue prologado, Candy quien apenas podía respirar, aspiraba el aroma de Mac, sentía el calor de sus mejillas sobre su cara. Hasta que lentamente se separó de ella.

El único sonido además del que provocaba el fuego fue el sonido del reloj que estaba al final del salón que anunciaba que era la medianoche.