Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 21

Milésima de segundo

Edward recogió a Aiden de la escuela por la tarde, mirando su celular cada dos por tres.

Llevó al niño a una cafetería cercana y le compró un muffin con chispas de chocolate, se sentaron en una esquina del lugar y esperó. Esperó esa llamada de Bella que nunca llegaba. Imaginó que recoger sus cosas en una maleta tampoco era tan fácil. A lo mejor se encontró con Tia de camino y ahora estaba convenciéndole de llevarse a Riley. Cualquiera fuese la realidad, él quería saberla.

¿Y si la llamaba? ¿Y si la interrumpía en algo importante?

¿Y si Aro había llegado a la casa para retenerla?

Sacudió la cabeza para alejar su paranoia. Aiden le preguntó si quería probar de su muffin, pero este se negó. Después lo llevó a comprarse zapatillas, ya que las que traía estaban muy viejas, y aunque estuvieron el tiempo suficiente dentro de la tienda, Edward nunca recibió ningún mensaje ni llamada de Isabella.

—Papá… ¿tienes novia?

Edward parpadeó y puso atención a los dichos de su hijo.

—¿Cómo?

—Mi mamá piensa que tienes novia.

Se lo dijo sin mayor problema, como si acabara de preguntarle si mañana saldrían de nuevo a pasear.

Bella no era su novia, pero tampoco podía decirle a su hijo que él era amante de una mujer casada, infeliz y desastrosamente casada.

—Sí —se escuchó diciendo, sin embargo.

—¿Y podré conocerla algún día?

Edward, con una sonrisa esperanzadora, revolvió su cabellera con dulzura.

—Estoy seguro que sí.

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El doctor Lee quitó cada uno de los vidrios incrustados en la espalda de Isabella, mientras ella se cabeceaba por la anestesia. No era suficiente, el dolor reprimía sus huesos de tal manera que no podía compararlo con ningún otro dolor que haya sentido en su vida.

Alice estuvo allí para ella, sosteniendo su mano y haciéndole un montón de preguntas al doctor sobre las curaciones. Riley se había ido a atender la puerta que acababa de sonar, y Aro debía de estar en cualquier lugar de la casa, e incluso, podía haberse marchado sin que nadie se diese cuenta. En ese minuto lo que menos le interesaba saber era dónde se encontraba Aro Vulturi.

Pasos comenzaron a repiquetear cada vez más fuerte y la voz de Tia emanó en la habitación con un chasquido.

—¡Dios mío! —dejó su bolso sobre la cama y se acercó a Bella, que se encontraba inclinada sobre su estómago— Bella ¿qué diablos te pasó?

—Ya te lo he dicho, mamá, Bella se cayó. —explicó Riley.

El doctor interrumpió:

—Son muy extrañas las circunstancias de su caída, señora Vulturi. Disculpe que se lo diga.

—Estoy bien… —sostuvo— voy a estar bien. Fue un pequeño accidente.

Logró enderezar su espalda con ayuda de los demás. El doctor Lee le recetó analgésicos para el dolor y le envió a realizarse exámenes. Sabía que cualquier otro doctor hubiese exigido hacer la denuncia rápidamente, pero como este era amigo de la familia, imaginó que nadie quería un escándalo. Cuando se hubo marchado, Alice se retiró con Riley para dejar a Tia y Bella a solas.

Tia inspeccionó su habitación, la maleta sobre la repisa y los espacios vacíos del armario.

No tuvo que explicárselo, sabía lo que eso significaba.

—¿Qué pasó entre Aro y tú? ¿Por qué te marchas?

A Bella se le llenaron los ojos de lágrimas, pero más por el dolor punzante en su espalda y lo incómoda que se sentía. Se preguntó cómo demonios iba a salir de esta casa en su estado.

—Aro mató a Félix. —susurró.

Tia, que no esperaba esa respuesta, se puso de todos los colores.

—¿Qué dices?

—Fue él, Tia… Aro lo hizo para quedarse con todos sus bienes.

Ella cayó sentada en la cama y suspiró.

—No es posible…

—Renuncié al trabajo, hice mis maletas y él llegó a casa. Me confesó que era el responsable en la muerte de Félix, no directamente, pero lo hizo. Y entonces me golpeó.

De alguna manera a Tia no le sorprendía. Aro era capaz de muchas cosas si eso lo beneficiaba, como el de mantener a Bella en casa hasta ahora, haber criado a Riley, ganar tantos millones de dólares sin mover un solo dedo. Nunca dudo en la responsabilidad de Bella en la muerte de Félix porque creía que aquello había sido en defensa propia, y que Félix se había merecido todo lo que le había pasado.

Ahora, sin embargo, las realidades cambiaban.

—Tienes que irte de aquí.

Bella soltó un alarido.

—¿Cómo me voy a ir ahora? ¿En este estado?

—¿No tienes a nadie conocido que pueda ayudarte? —Bella dudó un momento— ¿Nadie?

—Edward. —respondió insegura en su reacción. Tia se quedó en silencio— Me voy a ir con Edward.

La mujer absorbió lo que le estaba diciendo, segura de que irse con Edward no era solo porque la intentaba ayudar.

—¿Tú y Edward…? ¿Desde cuándo…?

Le explicó cómo se habían conocido, le contó lo de su aborto y la casualidad de que este fuese sobrino de Aro. Le contó cómo trató de ignorarlo al principio y lo inevitable que fue para ambos negar la atracción que sentían.

—Edward quiso encararlo porque yo le había contado lo de Riley, por eso se marchó.

Tia soltó un suspiro.

—Llámalo… dile que te lleve lejos. Vete de aquí, Bella, lo antes posible.

Se enderezó en la cama sin mayor éxito.

—No puedo dejar a Riley aquí, tú sabes eso. —Bella sabía que Tia quería a Riley como a un hijo, y que sería difícil para ella, pero debía intentarlo— Tú y yo sabemos que este lugar no es apropiado para él y yo no quiero irme de aquí sabiendo que dejo una parte de mi vida con este malnacido.

Ella le cogió la mano con cautela, esperó que su mirada fuese de absoluto entendimiento. Lo esperaba como nunca. Tia, a su vez, posó la mano encima de la suya.

—La única que corre peligro en este momento, eres tú, Bella… voy a sacar a Riley de aquí, pero tienes que irte primero.

Bella quiso llorar y abrazarla hasta que le faltara el aire, tomó su celular y lo apagó, porque no podía irse todavía, al menos hoy, sabiendo que si necesitaba correr por algún motivo, no podría en su estado.

—No ahora. —contestó devuelta.

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Edward palmeó la mano sobre la cama de dos plazas.

—Gracias por permitir que Bella se quede aquí por un tiempo, Jasper.

Este asintió sin darle demasiada importancia a su solidaridad.

—¿Todavía no tienes noticias de ella?

Edward revisó su celular una vez más, las llamadas que seguían entrando a buzón de voz.

—No. —contestó apesadumbrado. Habían pasado cuatro horas desde la última vez que escuchó a Bella, y eso era tiempo suficiente para preocuparse— Voy a ir por ella.

—No te metas en problemas.

—¿Y si ella está en problemas?

—Si ella está en problemas, entonces te llamará.

Conociéndola, era poco probable que sucediera.

De cualquier modo, no le hizo caso, se dio una rápida ducha en el baño y cogió las llaves del taxi.

De camino al estacionamiento, recibió una llamada inesperada de un número desconocido.

—¿Diga? —se metió en el asiento del conductor y encendió el motor llamando la atención de varios.

Una voz femenina sonó al otro lado.

—¿Edward? —titubeó ella, en voz baja— Soy Alice.

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Tia le ayudó a Bella a envolverse en una faja para calmar el dolor. El único problema de la faja era que la mantenía tiesa como un palo, pero prefería eso a estar recostada en la cama incómoda como estaba.

—Voy a traer un poco de maquillaje para taparte ese moretón.

—No quiero ocultar nada. —sostuvo Bella.

—Alec querrá saber lo que está pasando.

—Alec lo notará de todos modos, estoy tan tiesa como un palo de brocheta y Riley se lo contará a todos.

Tia desistió de su plan porque era cierto, y se sentó a la orilla de la cama.

La puerta estaba abierta, y cuando Riley llegó, tocó dos veces para saber si podía entrar.

—¿Tú no te ibas a tu entrenamiento de fútbol? —Tía frunció el ceño.

Riley encogió los hombros.

—Se me hizo un poco tarde.

—Uh, ya veo. —Riley miró a Bella con cautela, como si temiera que ella se diese cuenta de lo mucho que se le notaba ese moretón en el cuello. Tia carraspeó y se puso de pie— Voy a ver como va esa cena de Alice, necesito que comas y te alimentes, así te recuperas más rápido. Tú, Riley, vigila que esta mujer no se mueva para nada.

Riley se sentó en el lugar donde anteriormente había estado Tia, y mantuvo los ojos en sus manos todo el tiempo. Había algo extraño en él, la postura en la que se encontraba y lo mucho que le costaba abrir la boca para hablar.

—¿Es verdad que mi papá te golpeó?

Le devolvió su mirada dulce, confusa por los acontecimientos, pero también una mirada que demostraba que, aunque Riley tuviese 12 años, sabía perfectamente el motivo de las cosas. Sabía que algo malo ocurría y que no era bueno para nadie. Entonces Bella no supo qué responderle, si lo hacía se arriesgaba a que saliera corriendo, pero también había una posibilidad de que se quedase con ella a pesar de todo.

—Hay tantas cosas que tengo que explicarte, Riley.

Él encogió los hombros, ya sin ánimos de seguir hablando, y caminó hasta la ventana. Los adultos siempre decían cosas como esas y le molestaba demasiado.

—Es Edward.

—¿Ah?

Señaló la ventana.

—El taxi de Edward está aquí.

El corazón de Bella rebotó hasta el suelo y antes de darse cuenta, se quitó las mantas de encima y se levantó. Riley intentó impedírselo, pero ella no le hizo caso. En cambio, vio en él un apoyo para sostenerse mientras avanzaba hasta la puerta. Con la faja el dolor había disminuido, al menos, podía caminar sin creer que pisaba vidrios rotos.

Supuso que él la estuvo llamando incansablemente al celular y como este estaba apagado, decidió venir a buscarla. Debió haber pensado en eso antes, debió creer que él lo haría. ¿Ignorar sus llamadas nada más? ¿Tan ingenua se estaba volviendo con el tiempo?

Escuchó a Tia tratando de calmarlo en la sala.

—Me importa una mierda los vecinos, quiero saber dónde está ese hijo de puta de Aro Vulturi.

—Edward, por favor…

—¡DÓNDE ESTÁ!

—¿Por qué está gritando tanto, Bella? ¿Por qué está tan enfadado con mi padre?

Bella se dio la vuelta, encarando a Riley.

—Vete a tu habitación y no salgas de ahí por ningún motivo ¿me escuchas? Por ningún motivo.

—Quiero quedarme.

—Riley, no hagas esto más difícil.

—¡No hasta que me digas por qué todos se enfadan con mi padre!

—¡Porque tu padre no es una blanca paloma! —chilló. Nunca debió habérselo dicho así— Cariño, te lo ruego, vete a tu cuarto.

—No eres mi madre para mandarme.

Estaba encolerizada, no con Riley, sino con la situación en general.

—Lamento no poder afirmar eso.

El chico frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Te ha dicho que te vayas a tu cuarto, Riley. —murmuró Jane en un rincón de la habitación, asustándolos a ambos— Ya escuchaste a Bella. Los niños deben siempre obedecer a sus madres.

Riley miró entre Jane y Bella, y no supo qué decir. Quería poder explicarle lo que acababa de escuchar, pero Edward seguía gritando por Aro y discutiendo con Tia, y necesitaba arreglarlo de alguna manera. Le tomó el rostro, aún sí parecía que quería alejarse de ella.

—Te lo explicaré todo más tarde… te lo prometo. —Él se alejó y subió corriendo las escaleras. Ella miró a Jane, que mantenía una distancia y sacudió la cabeza— No tenías derecho a decírselo. —gruñó.

Ella se rio.

—¿Y tú sí tenías derecho a meterte con Edward? —iba a protestar, pero entonces se quedó callada— Escuché tu conversación con Tia. Estás engañando a mi hermano.

Bella retrocedió, con el corazón ahora por la garganta, ignorando la mirada de reproche de Jane. Llegó a la sala justo cuando Aro había salido de su escondite. Edward detuvo de golpe la discusión con Tia, mientras Alice se movía nerviosa de un lado para el otro. Edward la vio de pie en la sala, con su espalda tiesa con la faja y las manchas de moretones en su cuello.

Sostuvo su mirada como la primera vez que él había llegado a esa casa y Aro la presentara como su nuera. Esa primera impresión de saber que esos ojos habían mirado los suyos al menos en una milésima de segundo.

Se conocían en ese minuto.

Ahora se conocían mucho más.

Bella vio que todo comenzó a pasar demasiado rápido. En cuanto apartó los ojos de Edward, divisó los movimientos agiles de Aro Vulturi mientras sacaba algo del bolsillo de su pantalón.

Escuchó gritos.

Y luego un disparo.

Igual que hace trece años atrás.


Ya tengo el capítulo final escrito, falta un poco más y terminamos.

¿A quién le disparó Aro?

Gracias por leer, hasta el próximo!