Mirando lejos.
"Un día me preguntaron ¿de qué se trata el futuro? Casi de inmediato quise abrir la boca y comenzar a hablar, pero me encontré sin la menor idea de que decir. ¿Cómo describirías el futuro? ¿Sobre qué se trata el futuro? Tal vez sea acerca de cumplir metas, o de trazarse unas nuevas. Tal vez acerca de dejar ir o de quedarse. Puede que el futuro sea acerca de superar lo que no funciono, o sobre intentar darle vida a lo siempre quisiste. Tal vez sea acerca de perdonar o de recordar lo que te hizo sufrir. A lo mejor se trate de madurar y asentarse, o continuar arriesgándose. El fututo se trata sobre que eso que jamás podrás describir, pero que con seguridad quieres vivir." Aixa-Gabii Serrada.
Una noche caliente de julio, mientras cruzaba las puertas de un hospital, me preguntaba que haría minutos después cuando saliera. Estaba repasando en mi cerebro los nombres de los amigos que llamaría para salir más tarde. Pensaba en que haría esa noche, sobre que se trataría mi "futuro" cercano. Ya había escrito algunos mensajes de invitación y estaba lista para ir me juerga toda la noche.
Era viernes por la noche y verano en San Francisco. Era un buen día para celebrar que le semana terminaba, que la vida seguía y que teníamos dinero en los bolsillos. Era una buena perspectiva de cómo planificar un futuro. Un viernes a la vez, un lunes a la vez. Todo con calma. El futuro era eso que sabíamos que venía pero que no teníamos que pensarlo, o por lo menos no todo el tiempo.
De vez en cuando te ves en la obligación de hacerlo. A veces, cuando estás en medio de nada, en tu cama, con el cerebro despierto y el cuerpo agotado, decides pensar si eso que estás viviendo en ese momento es lo que quieres para tu futuro. Allí te cuestiones lo que tienes, lo que quisieras tener y la posibilidad que tienes de llegar a vivir en ese punto que anhelas. Sorpréndeteme, a pesar de lo seguro que estas de que en algún punto de "el futuro" morirás, nunca contemplas esa opción cuando te preguntaras que harás para llegar a donde deseas, y cuanto tiempo te tomara hacerlo.
Nunca nos preguntamos si realmente viviremos para ver y experimentar esas cosas que nos gastamos la vida en planificar. Probablemente nunca nos detenemos a analizarlo, porque justamente de eso se trata. De detenernos a decirnos a nosotros mismos, que merecemos llegar hasta el punto máximo de nuestro sueños, y que la muerte llegara solo después de que la vida valiera la pena en un cien porciento. De eso se trata, de creer fervientemente que la muerte es el fin de una vida y no la mitad de ella.
Seria excesivamente triste vivir todos los días acordándonos que morimos en algún punto, sin contar que sería deprimente el saber que puede que mañana, justo cuando vamos a comparar el vestido que siempre quisimos, moriremos siquiera antes de pasar la tarjeta por el cobro total. Seria desesperante, porque si actualmente nos gusta vivir corriendo y luchando contra el tiempo, sometidos siempre a la idea del fin de nuestras vidas, la desesperación crecería.
Y entonces ya no sería vida, seria eso que pasa antes de morir. No sería vivir para sentir, luchar, amar, y soñar, sino vivir para no morir. El estado contrario a la muerte. Y entonces habría muchos escritores muriendo de hambre, porque ya la ciencia de hablar acerca de una maravillosa vida que termina en muerte, se acabaría. Ahora los libros serian sobre la carrera por experimentar cosas antes de llegar a la meta, que sería la muerte.
Es asqueroso cuando te detienes a hacer estos análisis, sobretodo porque sabes que los haces cuestionándote el futuro. Hasta hace unos meses, tal vez lo más cercano que cuestionabas del futuro era, lo que usarías para la fiesta de cumpleaños de un amigo este fin de semana. Probablemente hasta ayer lo más cercano del futuro que me cuestionaba, era como quedaría mi maquillaje para la boda de Alice. Probablemente lo más cercano al futuro que me voy a cuestionar mañana, es que debo regresar a mi trabajo el lunes en la mañana.
Pero siempre hay puntos de inflexión, días como hoy y minutos como estos que estoy pasando. La música suena a todo lo que da, un jazz espectacular que tiene los invitados embelesados bailando. La banda deleita a todos con el saxo y la letra melosa y romanticona del lugar. No sabemos que encandila mas, la música que tiene a todos bailando, o la manera como los novios se pasean por la pista, ignorando a todo el mundo y solo siendo consientes de sí mismos.
Alrededor de Alice y Jasper, todos los invitados se mecen. Los que no, están acaramelados en las mesas, dedicándose párrafos de la canción que suena. Otros están corriendo de un lado a otro para que funcione, pero esos realmente no son los invitados, es el personal que trabaja para que los novios puedan vivir en su feliz ignorancia.
Ayer había llovido aproximadamente todo el día. Una lluvia maligna, torrencial y molesta, que había batido toda la ciudad y congestionado el país entero. Era una tormenta como se ven pocas en el otoño de San Francisco.
La lluvia había colaborado con el proceso de caída de hojas de los arboles. A mis pies, sirviendo como decoración no intencional, una cama de hojas de cedro de nuestro jardín, que desnudo ahora se movía por culpa de la brisa nocturna de hoy. El sonido de sus copas vacías, le hacia el eco a la música de la noche. A pesar de la lluvia torrencial de ayer, el cielo se mostraba despejado, con las estrellas brillando por sobre las luces de la ciudad bajo la colina, y la luna en lo alto, llena, gorda y un poco amarilla, dando una halo perfecto de luz a la oscuridad de la noche.
La luna había salido llena nuevamente.
Probablemente entre julio y el presente octubre, la luna haya salido llena muchas veces, sin embargo solo podía recordar haberla visto esa noche de julio y volver a verla hoy, burlándose de mí.
Probablemente la maldita luna, había sido llena cientos de veces desde que tuve consciencia hasta el día de hoy. Nunca me había importado lo que se ponía en cielo, ni cuando era pequeña, ni después de vieja. Era insignificante lo que había en cielo, cuando yo estaba mas preocupada por crecer y ver lo que había en la tierra.
Por azares del destino, me detuve a ver el cielo el día que supe que tenía cáncer. Nunca había sido una sentimental, que andaba buscando vida y sueños en las estrellas, sin embargo la peor noche de mi existencia, el cielo estaba claro, hermoso, preñado de estrellas y con la luna más brillante de todo el calendario. Era una noche preciosa, fresca, nada húmeda, cálida, pero no calurosa, equilibrada, brillante, despejada y horrible, aunque lo último es irónico y contradictorio.
Era una buena noche para salir de juerga, pero una mala noche para pensar en el futuro.
Se parece a hoy.
Hoy es una buena noche para estar feliz, para estar en la pista, como todo el mundo, compartir un trago, unos chistes, mecerse uno contra otro al ritmo de un jazz, cerrar los ojos y pensar solo en el momento. No mas futuro, ni cercano, como lo que harás en un minutos, ni lejano, como lo que será de ti en un año. Hoy es un día como ese viernes de julio, perfecto para vivir y no pensar en si la vida continuara o se detendrá muy pronto.
Y al igual que ese día de julio, bello, despejado, y feliz, también es un día horrible, nostálgico y largo. Es un día lleno de personas felices, en la ignorancia y un día lleno de recuerdos para mí.
Un día de soledad. Vistiendo hermosa para tapar un enfermedad mortal. Un día donde estoy nuevamente sola. Todos a mi alrededor se mecen contra sí mismos, pensando que no podrían estar en un lugar mejor y que esto es, al fin, lo que el futuro siempre debió ser.
Pero para mí no lo es. Es agotamiento, es cansancio, es soledad, y desesperación. Es saber que el lunes debo ir a quimioterapia y que saldré de allí más muerta que viva. Es saber que hoy, mientras me despertaba, pensaba en cuando seria mi día como este. Cuando yo comenzaba a tener una vida normal.
No había tenido la oportunidad de construir dicha normalidad a lo largo de mis 28 años, y ahora cuando debería comenzar a pensarla, parecía imposible. Me había pasado lo que es deprimente, comenzar a pensar que debemos vivir para no morir. Comenzaba a sentir que esto no era la vida, sino el tiempo previo a morir.
Un día igual de perfecto que hoy, pero de julio, me entere que tenía una enfermedad terminal. Dos meses y unos días después, en otro de esos hermosos días de San Francisco, entendí que tenía cáncer, y sentí envidia, dolor, desesperación y nada, todo al mismo tiempo.
Un día como hoy, entendí que si pudiera tener un deseo, seria pinchar la luna, para no tener que verla nunca mas así de brillante, rozagante y grande. Para no tener que verla nunca más en general.
Porque así somos los seres humanos. Queremos eliminar toda posibilidad de tener contacto con algo que en algún punto nos recuerda lo miserables que somos, lo patética que es nuestra vida, y que eso que pasa antes de la muerte, parece más el tiempo previo que la verdadera finalidad.
Observe a Alice, desde el fondo del jardín, donde me había refugiado, escondiéndome de los invitados, de los fotógrafos y de la familia. Mire a la pequeña enana, meciéndose entre los brazos de su esposo y esperando un bebé de este, sonriendo como si mañana no importara, como si mañana ya hubiese llegado, y pasado, y el siguiente, y todos los días que se pueden esperar vivir ya estuvieran aquí, y fueran maravillosos. La vi sonreír como lo hace alguien, a quien le llega el futuro, y cuando se hace presente es magnífico. Como alguien que sabe que el futuro no podría ser aun más prometedor que el presente, y que la vida, estaba comprada y decida para salir bien. Que estaba lista para tener más noches de muchas estrellas, y luna llena.
-Hey. – escuche a mis espaldas la voz de Edward, pero mantuve mi vista fija en la ciudad bajando por la colina. – ¿Todo bien?
-Ujum. – fue lo único que musite, mientras él caminaba un poco hasta quedar a mi lado. Siguió mi mirada, ahora posada en lo alto del cielo, buscando el objeto de mi atención.
-¿Hermosa, no? – susurro de nueva cuenta, llevando su mirada de la luna a mi rostro impávido.
-Había luna llena el día de mi diagnostico. – respondí como si nada, haciendo que el viaje de miradas de Edward se detuviera en mi rostro. Se acerco un poco más a mí y sujeto mi mano con la suya, metiendo sus dedos entre los míos.
-Recuerdas muy buenos detalles de ese día.
-Fue lo primero que vi al salir del hospital, el cielo. Era una noche como hoy, despejada, fresca y con luna llena. No lo tengo mucho aprecio, ¿sabes? – los novios habían hecho alguna morisqueta divertidísima dentro, puesto que lo único que se escucho fue el bullicio de aullidos y risas.
-La luna no tiene la culpa de un…mal diagnostico. – baje la mirada del cielo y ahora si mire a Edward. Él seguía concentrado en la luna, con la mirada más verde que nunca gracias a la luz blanquecina que despedía la gran gorda de arriba.
-Cuando tu pasan cosas como esas, no tienes muchas opciones de a quien culpa. Solo te queda agarrarla con la enfermera que te dio los resultados, el tipo que te hizo la mamografía o la luna llena de esa noche. Cuando uno descubre que tiene cáncer, no es como saber que te botaron de tu trabajo, donde puedes culpar a cualquier otro idiota. Aquí, no hay mucho de donde escoger.
-¿Te gustaría tener alguien a quien culpar? – me miro.
-Probablemente no. Eso sería un gasto de tiempo y energía sin un fin. Pasaría mucho tiempo pensando en lo mucho que odio a esa persona, sin la posibilidad de matarla. Es más fácil odiar la luna, porque sé que mañana no volverá a estar tan gorda y con un poco de suerte, hasta llueva y no la vea. – me encogí de hombros. – Si tuviera que enfrentarme con una persona normal no podría simplemente decirle "oye, detesto que seas tan brillante, gorda y feliz, quisiera pincharte hasta que desaparezcas de mi vista"
-Es lo mas excéntrico que he escuchado. – se rio. – Pero aun así, asquerosamente lógico.
-Como todo lo que digo bebé, lógico, aunque absurdo, a pesar que eso sea contradictorio.
-¿Cómo te sientes? – apretó mi mano, esa que tenia sujeta desde que le había contado sobre la luna del día de mi diagnostico, y recordé que aun estaba entre en la suya. Sentí el cálido contacto de su palma contra la mía, y la manera como su grandes dedos separaban muchísimo los míos. Tenía manos enormes.
-Supongo que bien, cansada. No dormí nada anoche, bueno, esta última semana. – me reí un poco, de manera nerviosa.
-No me refería a eso realmente. Hablaba de cómo te sentías con todo esto. La fiesta, la gente, parte de tu familia lejana, los periodistas, el gobernador, todo eso. Quería saber cómo te sentías con esa Bella que inevitablemente viste en el espejo hoy antes de salir. Todo este proceso. Hace un tiempo que estabas más bien…aislada.
-No tuve demasiado tiempo para sobreactuar todo esto. Los maquillistas hicieron un trabajo excelente. Casi parezco la misma de siempre. – separe mi mano de entre las suyas, recordando que dentro de las carpas, que ahora estaban llenas de gente bailando una música pegajosa, estaba la novia de Edward.
Suficientes peos por una noche.
-Estas hermosa Bella, como siempre. Ese vestido te sienta…espectacular. – se inclino hacia atrás un poco, desviando su mirada a mi trasero.
-¿En serio, Edward? Estas hablando conmigo, no con mi culo. – él se rio, restándole la tensión de minutos antes.
-¿No son la misma persona? – rodé los ojos ante su comentario, mientras él seguía riendo.
-No te soporto. – hice el ademan de darme la vuelta para entrar la fiesta, pero me tomo del brazo y me jalo hacia él.
-Tengo ganas de besarte, pero demasiadas. – su rostro estaba a muy poca distancia del mío, ayudado por el tamaño que me daban los tacones, no tiene que inclinarse para alcanzarlo. Su mirada, verde oscuro, iba desde mis ojos a mis labios, mientras tenía los suyos entreabiertos.- De besarte, y muchas cosas más. – sonreí ladinamente.
-¿Ah sí? ¿Cómo qué? – cruce mis brazos sobre su nuca, acariciando las raíces de su cabello con la punta de mis dedos.
-¿Segura que quieres que te cuente todo lo que quiero hacerte? – enterró su cabeza en mi cuello y comenzó a hacerme cosquillas con su respiración desde allí. De vez en cuando dejaba salir sus dientes, apretando un poco la piel de la zona. Resistí la necesidad de encogerme mi cuello de ese lado para tratar de huir a las cosquillas que me producía.
Creo que para Edward no era un secreto el tiempo que tenia de sequia sexual, y esto era realmente una jugada sucia.
-No vamos a hablar de lo que no vas a hacerme. - me aleje de su contacto, tratando de preservar mi salud mental.
-¿Eso es un reto?
-Es la verdad pequeño tonto. Tu novia anda por allí deambulando, extendiendo su reino de "soy la maravillosa novia del maravilloso jugador" así que yo que tu voy bajándole a la calentura. – trate de zafarme de sus brazos pero entrelazo sus dedos en mi cintura, obligándome a permanecer cerca de él. Un amiguito mas el sur, comenzaba a enviarme saludos.
-¿Hablarme de Annie, es tu manera de hacer que se me baje? Porque mientras me este restregando contra ti, dudo que pase. – volvió a presionar toda su anatomía contra la mía, haciéndome estremecer.
-No le des pan al que tiene sed Edward.
-¿Hace cuanto no te dan un buen orgasmo? – susurro asquerosamente cerca de mi oído.
-Mmm, si soy honesta me deprimo.
-¿Aun con Mike?
-¿Qué coño sabes tú acerca de Mike? – aleje un poco mi torso de su intoxicándote abrazo para ver su rostro.
-Leo los periódicos Bella, y ya lo hacía antes de conocerte, ¿sabes? La gente suele hacer eso, no estoy muy seguro porque.
-Idiota. – le rodé los ojos.
-Eso no responde mi pregunta.
-No voy a hablar acerca de mi vida sexual contigo Edward, soy una dama. – me hice la ofendida.
-Oh vamos, ¿Qué tan grave puede ser? De todas formas él es el que va a quedar mal, no tú. Tu solo serás otra pobre victima de la insatisfacción sexual. – volví a rodar a los ojos ante su comentario.
-Tengo como una hora aquí afuera, tratando de arreglar el mundo, el tema de mi vida sexual quedara para otra noche. – me sacudí contra él, logrando que me soltara. En su rostro se pintaba una gran y socarrona sonrisa, mientras se relamía los labios.
-Apuesto mi carrera entera a que podría hacer más con esta. – levanto su mano derecha, moviendo rítmicamente cada uno de sus dedos. – Que Mike con todo su cuerpo. – negué con la cabeza, mientras seguía riendo.
-¿No se supone que me ibas a presentar a tu papá hoy? – Edward dejo salir una escandalosa y espontanea sonrisa.
-¿Con que cortando la leche no? Bien, si así quieres que sea, perfecto. En algún punto vamos a terminar hablando de esto, y con todo el gusto del mundo, haciéndolo. Tú escogerás. – suspire profundamente, buscando de nueva cuenta la luna llena en el cielo, que había dejado olvidado en medio el intercambio de palabras con Edward. – Si tanto te molesta, pínchala Bella, no será el fin del mundo. Habrá unos cuantos románticos destruidos, muchos poetas sin trabajo, pero la vida seguirá. Ella no es una persona normal, a ella si puedes decirle que es una puta gorda que deseas pinchar.
Camine unos pasos atrás, poniendo mi dedo junto a la luna, hasta el punto en que desde mi propia visión, parecía como si dedo y la luna estuvieran uno al lado del otro. Observe por unos minutos lo pálido que parecía mi dedo al lado de la luna, aun más pálida. Entrecerré los ojos y apreté con mi uña la bola blanca del cielo. No funciono, obviamente, pero había sido como si estuviera pinchando la luna con mi uña.
Yo tenía a mi propio objeto para odiar por tener cáncer, y cada vez que la viera en el cielo, la pincharía.
Todos necesitamos odiar algo.
-¿Entonces Bella, a que te dedicas? – le sonreí a la belleza de padre que tenia Edward, un hombre como de la edad de mi padre, alto, rubio, ojos claros, maravillosa sonrisa y un porte arrollador. Si no fuera como mi padre, lo atacaría. Era simplemente maravilloso.
-Soy la editora de una revista femenina mensual.
-Eso suena increíble. Imagino que no dirán nada bueno de los hombres. – se rio, llevando el vaso de whisky de nueva cuenta a sus labios.
-Le sorprendería la cantidad de veces que me veo en la obligación de hablar mal de las mujeres y no de los hombres.
-Eso es un alivio, punto para nosotros. – me sonrió de nuevo, con una versión más adulta de la sonrisa de "voy a batear un puto jonrón" de Edward. – Y, ¿te gusta el beisbol?
-¿Qué si me gusta el beisbol? Me fascina.
-Bella es hombre en sus ratos libres. Bebe cerveza, ve beisbol y le grita a la pantalla. Me preocuparía su feminidad a no ser porque habla de mi culo por twitter. – abrí los ojos como platos ante el comentario de Edward, mientras su papá estallaba en carcajadas.
-Oh por Dios, acabas de decirle a tu papá que te veo el culo y que soy medio hombre, ¿Qué va a pensar de mi?
-Que conseguir una mujer que le guste el beisbol no es muy fácil la verdad. Bueno, una a la que realmente le guste el beisbol, porque en esta generación de la liberación femenina, a todas les quiere gustar todo y saber de todo. El beisbol no es para todo el mundo. – defendió Carlisle.
-Las mujeres a las que nos gusten los deportes no abundamos. – interrumpió Annie, regresando a la mesa y tomando lugar al lado de Edward y frente a nosotros.
-Que le gusten los deportes, puede que sí, pero que les guste el beisbol no. El beisbol no es un deporte cualquiera, no puede gustarte el beisbol entre otros 100 deportes, se necesita dedicación, tiempo y conocimiento. - negué con la cabeza ante la celosa respuesta de Carlisle y la mirada que le dedico a Annie. Ya sabíamos que el amor de Edward por el beisbol no llego solo.
-Bueno, las mujeres que tomamos la decisión y el reto de luchar con los hombres por un puesto en la televisión de deportes, a veces no podemos darnos el lujo de escoger solo sentir, amar y seguir el beisbol por sí solo. Hay que hacer de todo un poco. – el papá de Edward asintió no muy convencido.
-Si bueno, esta nueva era es así. No entiendo como la mujeres si defienden tanto la liberación femenina, no defienden el derecho que tienen de dedicarse a un único deporte como muchos hombres hacen sin ningún problema. – Annie estaba lista para rebatir cuando Carlisle levanto la mano. – Pero eso no es realmente importante. Ahora lo importante es que me gusta esa canción, así que deberías ir a bailar conmigo. – me miro con atención, regalándome una sonrisa y extendiéndome la mano.
-Al fin voy a bailar con un hombre guapo.
-Aprovéchanos cariño, no somos mucho y no salimos todos juntos todo el tiempo. – me reí ante su modestia y me deslice con él a la pista, donde el jazz volvía a reinar, esta vez bajo la voz de Michael Buble.
-Eso es tan cierto, los hombres guapos están extintos. – le dije, continuando la conversación.
-Totalmente, solo quedamos Emmet, Edward, tu papá, tu cuñado y yo. De todos esos, solo Edward es libre, toma tus previsiones. – abrí la boca de par en par, con una sonrisa bailando en mis labios.
-¿Me está insinuando algo?
-Absolutamente nada querida, solo digo la verdad.
-Edward esta con Annie. – Carlisle puso su mano en mi cintura y me obligo a irme hacia atrás, inclinado mi espalda con el apoyo de su brazo. La gente al alrededor nos vio y aplaudió. La verdad que bailar con este señor era tremendamente fácil.
-Hay que proyectarse al futuro querida, ver más allá de lo aparente. Cuando un bateador conecta la pelota, siempre hay que tratar de ver más allá, hacia donde esperamos que vaya la pelota, y de repente ¡bum! Es un jonrón. Hay que ver hacia el futuro. – cerré los ojos con una pequeña sonrisa triste, recordando lo amarga que había sido esta noche para mi gracias al futuro.
-¿Su hijo le ha comentado algo de mi condición?
-No entiendo que tiene que ver una cosa con la otra. Hablamos del futuro, siento que me desvías el tema. – me comento, deslizándome lejos de Edward y Annie, que acababan de unirse.
-No se ofenda, no quería desviar el tema, más bien dejar obvio lo que es. Es difícil pensar en el futuro en medio de todo esto. – me defendí.
-¿Sabes en lo que pensaba mi esposa mientras le hacían quimio? En el día en que firmaran a Edward. En el futuro. Esme siempre estuvo concentrada allí, es lo que haría ese día, en lo que haría el día que Emmet fundara la empresa de la que tanto hablaba de pequeño. Lo que haría el día que se enamoraran, lo primero que les diría a las novias de ellos. El día de la boda de alguno de los dos. Mi esposa nunca dejo de pensar en el futuro, ni en el derecho que tenia, como todos, de tenerlo. Ella no permitió que el cáncer le quitara una sola oportunidad de soñar y mirar a lo lejos.
-Edward habla maravillas de ella y de la forma como enfrento la enfermedad. – Carlisle asintió con una sonrisa nostálgica en la cara.
-Ella fue una guerrera siempre. No tuvo miedo de tener miedo, ni de admitir que estaba triste, mucho menos de disfrutar los minutos que tenia y de darse cuenta que la vida tal vez estaba más contada que para el resto, pero no por eso debía ser vivida de manera acelerada y con torpeza. Lucho por darle a los niños la vida más normal posible, dentro de sus condiciones. – miro sobre mi hombro, a la nada al parecer, con una fuerte sonrisa plasmada en su rostro.
-Espero poder hacer lo mismo. Poder mantenerme estable ante todo esto y cambiar lo menos posible. Espero tener el menor efecto colateral en los que me rodean. Me preocupan mis padres, mi hermana, mis amigos, Edward…- me quede en silencio, enumerando en mi cabeza todo lo que me preocupaba realmente.
-Y ellos se preocupan por los efectos colaterales en ti. Debes tomártelo con calma, en la medida en que tú lo hagas ellos también. No necesitas luchar contra el miedo ni tratar de alejarlos para protegerlos, porque eso los hace sentir aun más vulnerables. – me abrazo por un momento, justo cuando la canción terminaba. – Gracias por bailar conmigo Bella, buena suerte en este camino y gracias por llegar a la vida de mi hijo.
Asentí con la cabeza incapaz de decir nada ante lo sensible de sus palabras. Me quede suspendida en medio de la pista, esperando que mi cerebro despertara del shock de minutos antes.
-¿Todo bien? – escuche a Edward decir, poniendo su mano en mi espalda baja e inclinándose hacia a mí. Asentí con la cabeza de nueva cuenta, mientras sentía como nuevas lágrimas preñaban mis ojos.
-¿Te digo un secreto? - le susurre, acercándome a su oído. – Tengo miedo. – solté, cerrando los ojos y sintiendo como las lagrimas formadas rodaban por mis ojos. – Tengo miedo de no vivir nada como esto nunca más. Tengo miedo de no ver nacer a mi sobrino. Tengo miedo de no ver crecer a mi revista, de no conseguir un hombre, de quedarme sola en los últimos muchos o pocos días que me queden. Tengo miedo de que mi tiempo se esté acabando y no me alcance para hacer lo que me falta. – silenciosas lagrimas siguieron bajando por mi rostro, mientras las piernas comenzaban a flaquearme.
-Está bien Bella, es normal tener miedo.
-No quiero tener miedo, esta no soy. – susurre, sintiendo como mis piernas no respondían y comenzaba a desvanecerme.
Comenzaba a ver un halo de luz brillante en el borde de todas las cosas. La gente a mi alrededor, que bailaba y reía se veía difusa a mi parecer, mientras la imagen se cerraba mas a causa del halo de luz que las rodeaba. Me fui cayendo entre los brazos de Edward, mientras escuchaba como me seguía hablando, sin poder entender muy bien que me decía. La voz se hizo cada vez mas distante, mientras mis brazos se deslizaban fuera de su cuerpo en el abrazo y me desmadejaba entre su agarre.
-¡Bella! – al fin decodifique su chillido, solo para ver como todo explotaba en color hasta hacerse negro, mientras me dejaba ir completamente entre los brazos de Edward que me sujetaban.
Detrás de él, y antes de cerrar los ojos, observe como mi papá y Alice corrían hacia mí, pero no alcanzaba a enterarme si llegaban.
Me desmaye antes.
-Bells…Bells. – un suave murmullo acompañado de un ligero zarandeo, comenzaba a despertarme. Hundí mi mano izquierda sobre la superficie en la que estaba, encontrándome con una mullida y fría cama. –Bells, ¿me escuchas? - identifique el suave murmullo como la voz de Edward, muy cerca de mi rostro.
-Ujum. – refunfuñe, mientras peleaba con mis ojos para que se abrieran.
-Está despertando, lento, pero lo hace. - le dijo a alguien ms que no sabía quien era.
-¿Qué paso? - inquirí, peleando con mi cerebro para recordar algo más que negrura u objetos con bordes brillantes.
-Te desmayaste hace unos minutos. – respondió, suavizando la situación.
-¿Cuánto es, hace unos minutos? – apreté la mano derecha que se encontraba entre una de las suyas.
-Hace unos 20, más o menos.
-¿Tengo 20 minutos aquí? Debí hacer el papelón de la noche. Pobre Alice.
-Ella está bien, solo un poco preocupada, pero bien. Jasper siguió en la fiesta y ya distrajo a los invitados. Tus padres y Alice están afuera tratando de calmarse para entrar. Acabo de entrar y despertaste. – abrí los ojos poco a poco, encontrándome con los suyos.
-Menos mal que fuiste tú y no ellos. No hubiese podidos resistir despertar aletargada con todos ellos encima de mí. Sería peor que el despertar de la anestesia. – me reí, mientras observaba su ceño fruncido. - ¿Por qué me desmaye?
-No lo sé Bella. Debió ser el cansancio, tu cuerpo está débil, y hoy ha sido un día largo y extenuante, física y emocionalmente. Cuando me acerque a ti, hablabas sobre miedo, y todo eso. No sé qué te habrá dicho mi papá para ponerte así de sensible. – arrugo la cara nuevamente.
-Me dijo que tu mamá había sido muy valiente, y que jamás había dejado de pensar en el futuro y de soñar con él. Me dijo que les había dado un vida lo más normal posible, haciendo planes y todo eso. – me medio sonrió. – Hoy, antes que me encontraras al jardín, me cuestionaba que tanto derecho tenía a seguir soñando y hacer planes pata el futuro. Que tan sano seria.
-El futuro de ayer, es hoy, y el de hoy es mañana. Hacer planes para el futuro no requiere necesariamente que pienses en días muy lejanos, pero tampoco que te niegues la posibilidad de pensar que es posible que andes por allí en unos años como siempre lo esperaste. Hasta que no te diagnostican una enfermedad terminal, uno no se cuestiona nada sobre el tiempo de vida ni cuando llegara la muerte. - cerré los ojos, tratando de visualizar lo que me decía.
-Quiero hacer varias cosas, y a la vez ahora noto que desde mucho antes de la enfermedad, andaba viviendo un día a la vez.
-Nunca es tarde para cambiar. – abrí los ojos de nuevo y lo vi guiñarme un ojo.
-A mi manera, ¿recuerdas? – se rio entre dientes.
-Hay que mirar lejos Bella, mirar lejos para mantearnos con esperanzas. Pare seguir soñando y así, viviendo. Todos necesitamos vivir por algo, tal vez por una razón, una ilusión, un deseo. Tal vez vivimos porque estamos viendo lejos, deseando llegar ahí para saber que se siente. Nadie puede asegurarnos el futuro, pero todos queremos estar ahí. – se acerco hasta mi rostro, haciéndome cerrar los ojos, a la espera de un beso en los labios. Lo único que sentí fue el contacto de sus labios en mi frente, rozándome con suavidad y haciéndome estremecer aun más que si me hubiese besado en la boca. Mucho más intimo y sentido que un beso en los labios.
El futuro es eso de lo que nadie nos puede hablar de verdad, pero de lo que siempre querremos especular, y de seguro querremos ver.
Seguí con la mirada a Edward, mientras se ponía de pie rumbo a la puerta y abría esta, dándome una visión difusa de un grupo de personas fuera de mi habitación. Mire un poco más a lo lejos, hacia las escaleras donde Carlisle se mantenía incólume, escuchando las noticias que llevaba su hijo. Mis padres no tardaron en hacer presencia en el cuarto, acompañados de una desesperada Alice. Les sonreí a todos como pude, para calmarlos, y les pedí ayuda para sentarme en la cama mientras me hacían miles de preguntas.
Mantuve mi vista a lo lejos, donde Edward y su papá hablaban cercana y concienzudamente. Me concentre en responder lo mejor posible las preguntas de mi familia, mientras me mantenía con la mirada en Edward, mirando lejos.
Hola mis pequeñas bellezas! Volví, después de unos días de ausencia desde el ultimo capitulo, estoy aquí. Este mes ha sido una verdadera locura, el comienzo de la universidad vino con toda, así que estoy peleando con el tiempo para que me alcance.
Por otro lado, estamos con este capitulo, un poquito mas dramático que el de ayer, Bella se desmaya e inicia el drama de nuevo por su salud. No le va a pasar nada, pero hay que recordar que esta débil y la boda de Alice siempre fue el gran reto de esta parte de la historia.
Quien amo a Edward? Yo si, como siempre, porque yo lo escribo. Se esta portando muy bien aunque muy provocativo. Yo se, un poco subido pero la confianza da asco.
Quiero agradecer a Ariana23 que en un comentario del capítulo pasado me recordó algo que había pasado por alto. Durante el tiempo que estuve ausente de la historia, cumplimos un año de ella, mas específicamente en junio, pero no lo habia notado realmente. Gracias Ariana por siempre mantenerte allí y por estar tan pendiente de esos detalles.
Pero no crean que no les agradezco de igual forma su presencia a todas y todos los demás que me están acompañado siempre en las actualizaciones. Gracias por seguir allí, en este nuestro capitulo 21 de la historia, y por creer en mi para la propuesta realizada. Gracias siempre.
Este capitulo va a dedicado a mis dos mejores amigos. Gracias por dejarme se parte de sus vidas.
Comentarios? Gracias.
