La Gioconda

Estaba furiosa, encolerizada como nunca. Llena de rabia e ira.

Sentía que la cabeza la iba a explotar, y cerró la puerta de su cuarto con un portazo que hizo temblar las ventanas, como si hubiera pasado un avión demasiado cerca.

Nunca le habían faltado al respeto así, de forma tan descarada y burlona, y mucho menos uno de sus caballeros. ¿Cómo se atrevía a mofarse de ella y tratar de tomarle el pelo? Lo que le había dicho Solomon era aun peor que cuando le confeso que estaba enamorado de su hermana.

Contuvo un grito, y solo pudo gruñir, maldiciendo dentro de su cabeza y mascullando insultos.

Se quito la ropa, casi arrancándosela, y la tiro a alguna parte del cuarto. ¡Al diablo Prada!

Entro al baño ya desnuda, abrió la llave del jacuzzi apresuradamente, y observo por un momento como el agua comenzaba a inundar poco a poco el blanco mueble.

Se aburrió de esperar, y se quito el cabello de la cara. Tenia ganas de arrancárselo, pero no lo hizo porque sabia que después de arrepentiría, pensó mientras salía del baño, buscando sus cigarros en la bolsa, y saco la cajetilla, aventando la carisima bolsa Louis Vuitton al suelo y se metió de nuevo al baño.

¡Louis Vuitton también podía irse al infierno!

Quiso prender uno de los cigarros, pero de pronto unas nauseas le invadieron la garganta y le revolvieron el estomago a pesar de no haber comido nada. Con una ligera contracción por lo que venia, tiro el cigarro y se tapo la boca mientras corría hacia la taza del baño. Se arrodillo frente a ella mientras una viscosa y repugnante mezcla de acido y sangre salía libremente por su boca después de cada espasmo que aumentaban de fuerza.

Sintió asco al notar como escurría por su boca el vomito, y otra contracción la hizo sacar mas de esa repúgnate mezcolanza.

Cuando le dijo a Solomon que sentía ganas de vomitar, no era broma.

Volvió a vomitar, mientras una serie de escalofríos la invadían, haciéndola temblar sin control.

Ahora estaba cansada. Su vista era borrosa y solo podía escuchar un zumbido. Cuando dejo de temblar, sintió como si apenas estuviera respirando, y con trabajo se levanto, mientras bajaba la palanca del baño. Lo menos que quería en ese momento era ver ese revoltijo de ácidos gástricos y sangre en el baño.

Camino muy lentamente al lavabo, y enjuago repetidamente su boca, tratando de eliminar el repugnante sabor de sus propios jugos estomacales y la sangre rancia.

Se pregunto porque había vomitado, y primero supuso que había sido por el embarazo… pero no. Hace mucho tiempo que había pasado esa primeriza etapa de ascos. Simplemente, sentía ganas de vomitar. Vomitar de coraje, de celos, de lo que fuera, solo quería vomitar.

Recordó entonces el jacuzzi. Si, en ese momento la haría sentir mucho mejor, y viendo como la bañera ya casi estaba llena, cerro la llave y tentó un poco el agua. Estaba tibia. No le gustaba así, pero de todos modos se metió, adentrando todo su cuerpo en el agua.

Mantuvo los ojos abiertos debajo del agua, mirando el techo borroso. De pronto, toda el agua comenzó a enfriarse a una velocidad antinatural, y en cuestión de segundos el agua estaba helada como hielo, pero así le gustaba.


No supo cuanto tiempo paso, pero se había mantenido en un tipo de transe que le daba vagamente la sensación de estar dormido, aunque claro, bien pudo haber sido consecuencia de la debilidad.

Cuando "despertó", lo primero que vio fue a Saya, profundamente dormida a un lado de el. Estaba cubierta de sangre, y su ropa, café, del líquido ya seco, impregnado en la tela, y a pesar de estar dormida, su cara conservaba un gesto de angustia. Parecía tener pesadillas.

Pensó en despertarla pero quien sabe, tal vez no era lo mejor. Obligarla a despertar en un estado crítico no era la mejor idea, pensó, cuando su mano derecha comenzó a presentar un ligero dolor. Eso a veces sucedía cuando algo malo estaba apunto de pasar, sobretodo si era algo relacionado con Saya. Tal vez eran restos de aquel trauma del cual, tal vez, nunca se recupero.

La dejo así, se levanto un poco aturdido, y trono los huesos de su cuello que crujieron entre si, provocándole una sensación de relajamiento.

Necesitaba un baño, pensó cuando se vio las ropas manchadas de sangre, así que se dirigió hasta el baño, y echo un último vistazo a su ama.

Aun dormía.


Se seco las lágrimas con agresividad, irritando aun más sus parpados, que había tomado un tono ligeramente rojizo, al igual que sus ojos, hinchados.

Se miro al espejo, y volvió a sentir ganas de llorar, pero se las aguanto. Era suficiente, ya llevaba demasiado tiempo frente al tocador llorando como una niña tonta.

-Estúpida…- dijo con desprecio, mirando su propio reflejo en el espejo, y de pronto, frente a ella, su largo cabello desapareció, quedando extremadamente corto a comparación de su antigua larga cabellera, y sus ojos perdieron la tonalidad azulada, adoptando una marrón, al igual que su piel perdía palidez, tomando un tono moreno.

Se alejo un poco asustada por su cambiante reflejo, pensando que era imposible, puesto que ella no lo había invocado, y apretó los ojos en un intento desesperado por entender que pasaba.

-¿Qué…?- se pregunto, viendo como su reflejo, que no era el de ella, se burlaba con una sonrisa hipócrita.

-¡Cállate!- grito enfurecida, tomando uno de los adornos del tocador y arrojándolo contra el espejo -¡Maldita te odio!- volvió a gritar, mientras veía frente a ella como el espejo se quebraba y caía en mil pedazos al suelo, pero su hermana seguía riéndose de ella, reflejada en los trozos.


Saya despertó de pronto, con una sensación tensora en su cuerpo, que se había transformado en angustia, en un suspenso irreconocible.

Su respiración se volvió entrecortada y sus pulmones parecían taladrar su pecho, queriendo encogerse, queriendo matarla, y sintió el cuerpo caliente, con una extraña presión debajo de sus senos. Sentía su corazón ser rasgado como si de uñas se tratara.

Se levanto, un poco adolorida, y entonces escucho el sonido del agua de la regadera, y después miro a la cama, donde no había nadie, más que un montón de manchas de sangre y sabanas echas un desastre.

Se sintió violada, aunque ese no hubiera sido el caso. Se sentía violada porque jamás había oficiado eso en su cuerpo. El oficio de los caballeros, el de dar sangre, aunque fuera una reina, pensó cuando se llevo la mano al cuello y tentó la parte donde antes, habían estado las perforaciones que su caballero le había provocado.

Hagi de seguro se estaba bañando, pensó la joven, mientras se sentaba en uno de los sillones, el que el usualmente usaba cuando este tocaba el violonchelo.

-Yo también necesito bañarme- pensó, mirando sus piernas llenas de sangre, al igual que sus manos, su cara, su cuello, sus brazos... todo su cuerpo. Y entonces rió. Era como si estuviera en su periodo y se hubiera olvidado de ello, como si hubiera dejando que la sangre que emanaba por su entrepierna le llenara el cuerpo.

-Todo es tu culpa- susurro la joven, mirando al vació.


-¡Te odio, te odio, te odio!- siguió gritando, arrojando por todos lados los pedazos de espejo, sin importarle que los trozos del cristal le tasajearan los dedos y las palmas de las manos, lo único que quería era cortarle la garganta a su hermana que se mofaba de ella.

Nadie se reía de ella, de Diva.

-¡Diva cálmate!- grito Nathan entrando a la habitación, atraído por el escándalo y los furiosos gritos, y ante la frenética escena que protagonizaba la ojiazul, tuvo que tomar por los brazos a la joven que gruñía como si fuera un animal salvaje, y arrebatarle de las manos los vidrios.

-¡Suéltame!- le exigió la joven enfurecida.

-¡No hasta que te tranquilices!- le dijo, obligándola a sentarse en la cama.

-¡No quiero tranquilizarme! ¡Lo que quiero es matarla!- siguió gritando, tratando de soltarse de su caballero.

Había estado luchando contra ella algunos minutos, intentando detenerla de hacerse daño, y realmente le había costado bastante trabajo tranquilizarla. Tuvo que acorralarla contra la cama varias veces y decirle que dejara de gritar o Amshel se enojaría, hasta que finalmente, se quedo dormida después de un par de advertencias.

-Es terrible cuando estas chicas tienen el síndrome premenstrual- se dijo Nathan a modo de broma. Al parecer ese tipo de síntomas se presentaban en Diva aunque ella estuviera embarazada y esa etapa quedara nula, sin embargo no quedaba omitida en Saya.

Seguramente ella estaba apunto de menstruar y la ojiazul estaba resintiéndolo. Cosa de gemelas.


Se acerco lentamente al estuche de chelo de su caballero, mientras escuchaba el agua de la regadera correr. Aun tenía tiempo.

Echo una última mirada a la puerta cerrada del baño, antes de hacer su hazaña, y rápidamente tomo una de las dagas de Hagi encerradas en el estuche y que se guardaba dentro de una dura funda a medida.

-Todo es tu culpa- susurro, mirando inexpresiva la daga y el brillo rojizo de la piedra en el centro del arma. De pronto, dejo de escuchar la regadera, y guardo rápidamente el cuchillo entre sus ropas y regreso al sofá, fingiendo haber estado ahí todo el tiempo. Casi de inmediato vio a Hagi salir del baño acompañado de unas nubes de vapor que escapaban del baño y solamente vestido con un pantalón y una camisa blanca desabrochada.

-Hagi- dijo Saya, llamándolo, a lo cual el caballero se percato de su presencia, mientras tiraba para atrás su cabello empapado que caía sobre su rostro.

-Lo siento- se disculpo la joven, mirando hacia abajo con vergüenza. Hagi estuvo a punto de decirle algo, pero cuando trato de acercarse a ella, se detuvo en seco cuando ella hablo de nuevo.

-¿Cuál es tu perfume de mujer favorito?- pregunto, sin quitar la vista del piso. Hagi lo pensó un poco… ¿Diva no le había preguntado lo mismo en alguna ocasión?

-Chanel No.5- respondió, sintiendo como las gotas que escurrían de las hebras de su cabello le mojaban las manos, el cuello y los hombros. Saya, ante la respuesta, se levanto sin mirarlo, y salio de la habitación, dejando dentro a Hagi, que se desplomo sobre la cama, sin comprender absolutamente nada.

Saya estaba decepcionada. Jamás se lo hubiera imaginado de su caballero.

Estaba tremendamente decepcionada y se sentía traicionada, pero las cosas no se quedarían así. Su disculpa venia con un doble sentido, que esperaba, su caballero comprendiera.


Camino por los pasillos, recordado de pronto el camino a la habitación de su hermana, como si estuviera viajando en medio de un bosque hecho de cuartos y monstruos detrás de cada puerta. Saco de entre sus ropas la daga, y la miro un momento, antes de abrir la puerta del cuarto de Diva.

Ahí vivía el hada malvada. La bruja despiadada. La mala de la historia, y ella, ella era la heroína, y su deber era librar al bosque de su cruel tirana.

Serìa Alvise y Barnaba, y llevaría a cabo la inquisición.

Abrió la puerta con cuidado. No se veía nada, la luz estaba apagada y todo estaba a oscuras. Apenas entraban unos rayos de la luz por la ventana de la luna cuarto menguante de esa noche, que a duras penas se filtraban entre la oscuridad, pero no le importo que tan oscuro pudiera estar, ya sabia de memoria las paredes y las esquinas de esa habitación.

La morada de la bruja. El oscuro castillo.

Laura, culpable de infidelidad junto a Enzo, su amado.

No lo permitiría.

Tomo con fuerza la daga, y entre la poca luz que había, vio frente a ella, a unos metros de distancia, la cama de su hermana, y la silueta femenina y curvilínea acostada sobre ella, cubierta por las sabanas.

Camino en silencio, casi de puntillas para no despertarla, mientras veía la rítmica respiración adormilada de ella y su cabello desparramado entre las almohadas. Sintió que su sangre hervía, que sus ojos se fijaban solo en ella, como si no existiera nada más a kilómetros de distancia. Sus venas bombeaban rápidamente, intoxicadas en adrenalina, odio y sed de muerte. Ahora la muerte era su amante, y conspiraban contra la fatal Diva.

-"Estamos solas tu y yo hermana… con esta daga y la muerte, que se encargara de llevarte al infierno"- pensó, con una voz, un subconsciente, que no era suyo, que mas bien pertenecía al diablo, poseída por algún ente demoníaco.

Se acerco lo suficiente, y vio un momento la cara de su hermana cubierta por su cabello… profundamente dormida. Tan débil, tan indefensa, casi como una vil y repugnante humana.

-El es mió- susurro, ahora, con una voz como sacada del mismísimo infierno, como si estuviera hecha de odio y maldad. Tomo la daga cerca de ella, que temblaba como si fuera parte de su furia, y tasajeo la palma de su propia mano, empapando el arma con su sangre.

Lo siento Diva. Jamás cantaras La Gioconda. Jamás cantaras tu canción.

Enzo es mió, no tuyo, no tu amante, te he delatado a Barnaba y he dejado el veneno en manos de Alvise para que te obligue a morir.

No seré yo la que salve tu podrida alma. Seré yo quien acabe con ella.


¡Ay como me ha gustado este capitulo! La Gioconda es una ópera de Giacomo Puccini (no recuerdo bien el nombre). La vi por la televisión y dije, en cierta forma se parece al fic, pero bueno, no tanto, pero algunas partes me parecieron que si, sobretodo porque es todo un drama y un embrolló… tal vez hasta use en metáfora un poco de la temática de la ópera en capítulos futuros, (si, lo se, estoy destruyendo la ópera con mis locuras, Giacomo Puccini se debe estar revolcando en su tumba) ¡Ah y por cierto! llevo adelantado hasta el capitulo 29, y aun faltan muchos mas. Creo que este fic llegara a los cien, tengo tantas ideas que plasmar.

Por cierto Flyjunior15, tienes razón, leí algunos fics de Hellsing y se me quito toda idea de que mi fic fuera vulgar. Encontré cada cosa que ay Dios… ¡Ah y también! Leyendo Hellsing, se me antojo hacer un fic, y termine publicando uno de ese anime, por si quieren darse una vuelta.

Y respondiendo a algunas preguntas, no, no habrá yaoi ni yuri. Cuando me refiero a que será "todos con todos" es completamente heterosexual, yo tampoco soy muy fanática de las relaciones homosexuales y lesbicas, aunque hace tiempo había pensado en algún acercamiento entre Diva y Saya, pero descarte la idea, creo que por cinco minutos mi imaginación se volvió loca.

Y no puede faltar mi agradecimiento a todos los que me mandan reviews; a Alexandra Cintrell por supuesto, a Milla, a Isis Janet, a Darisu-chan, Bbkid, Darkpat, Fernanda, y XxKarynxX.

¡Muchas gracias a todos!

Me despido

Agatha Romaniev