Capítulo 21

White salió del gimnasio pokémon a toda prisa, tratando de alcanzar a Brycen. La lluvia se había vuelto ligeramente más fuerte. ¿Qué había detrás del gimnasio? La joven corrió a asomarse. El agua salpicaba con cada pisada de las botas de White. No muy lejos del gimnasio estaba una gran torre rodeada de agua cristalina; era la Dragonspiral tower. La chica se acercó a la entrada del lugar y distinguió una silueta de pie frente a la torre.
-¿Cheren? –exclamó White cuando reconoció a la figura. Cheren se giró para verla.
-¿White? ¿Pero qué…? –alcanzó a decir él, pero la joven lo interrumpió.
-¿Pasó Brycen por aquí? –preguntó la ojiazul. La lluvia había empapado la ropa y el cabello de ambos entrenadores. Cheren frunció el ceño.
-Sí. ¿Sabes lo que está pasando ahí dentro? –murmuró Cheren, y White negó con la cabeza; su mirada era ligeramente triste-. El equipo Plasma entró a la torre en busca de algo y están destruyendo todo con tal de encontrar ese objeto. Yo pasaba por aquí cuando vi a Brycen entrar a la torre a toda prisa, lo cual me extrañó. Quise seguirlo, pero me encontré con un miembro del equipo Plasma aquí en la entrada, peleamos y vencí. Le obligué a decirme todo esto.
White abrió los ojos como platos y después bajó la cabeza. Las gotas de lluvia seguían cayendo sobre la gorra blanca de la chica y los cabellos negros del joven.
-Equipo Plasma… N… -susurró White, y acto seguido corrió para entrar a la torre.
-¡White, espera! –gritó Cheren mientras la seguía y la detenía por el brazo-. ¿A dónde vas? ¡Es muy peligroso!
White tardó unos segundos antes de girarse y mirar a su amigo a los ojos lentamente. Su mirada era fija y seria, poco común en ella. Cheren parpadeó.
-Lo que hace el Equipo Plasma no es lo mejor. Tenemos que detenerlos, y para eso ayudaré a Brycen ahí dentro. –mencionó White. La determinación de la joven asombró a Cheren. Segundos después, el chico liberó su mano del brazo de White.
-Está bien, lo entiendo. Yo les ayudaré también. –dijo él. Fue entonces cuando Cheren se dio cuenta de que lo que ella le había dicho en el parque de atracciones de Nimbasa hace tiempo era cierto. White había madurado. No era la misma chica tímida que conoció en la escuela pokémon.
White podía cuidarse sola sin problemas, pensó Cheren mientras corría detrás de ella y atravesaba los pasadizos de la torre casi en ruinas para llegar hasta Brycen.


Tras recorrer habitaciones solitarias y en ruinas, con majestuosos pilares caídos y zonas con agua, White y Cheren llegaron a una habitación con un grupo de miembros del equipo Plasma. Eran cerca de ocho ladrones y estaban rodeando algo y armando gran alboroto alrededor. Los jóvenes entrenadores corrieron hacia ellos, y Cheren gritó:
-¡EQUIPO PLASMA!
Todos los soldados miraron a los chicos.
-¡White! –exclamó Brycen de repente, abriéndose paso entre los ladrones. Su Beartic peleaba contra un Liepard del equipo Plasma-. ¡Y el joven Cheren también! ¿Qué hacéis aquí?
-¡Venimos a ayudar! –contestó la ojiazul. En ese momento, un hombre Plasma soltó una carcajada y exclamó:
-Seguro que a estas alturas el Rey ya encontró lo que buscaba. ¡No podrán hacer nada!
White descubrió unas escaleras de reojo que estaban detrás de toda la gente, no muy lejos de donde ella estaba en ese momento. Ahí tenía que estar el rey. Tenía que llegar hacia ellas, sentía una necesidad de ser ella la que detuviera al llamado "Rey".
-White. –susurró Cheren, como si le hubiera leído la mente-. Sé que tienes un plan, así que vete. Yo me quedaré aquí a ayudar a Brycen. Ahora, ¡vete!
White asintió, y en un abrir y cerrar de ojos emprendió el camino hacia las escaleras con rapidez. Antes de que el equipo Plasma pudiera detenerla, Cheren sacó a sus pokémon y se unió a Brycen para continuar la batalla, impidiendo así que fueran tras ella.


White subió las escaleras corriendo.
Cuando terminó de subirlas, se detuvo jadeante a recuperar aire, con sus manos sobre sus rodillas. Las puntas de su largo y alborotado cabello aún goteaban, y su ropa mojada empezaba a volverse incómoda. Estaba en el punto más alto de la torre, y ahí no había techo. Había dejado de llover. White alzó la mirada, y no muy lejos de ella alcanzó a divisar una única silueta que le daba la espalda.
Era la silueta de la persona que no deseaba ver ahí.
El temor que Brycen le había percibido se había vuelto realidad.
-N… -jadeó la chica en la misma posición. Ella temía que su amigo estuviera con el equipo Plasma. N se giró lentamente y observó a la recién llegada.
-Bienvenida White. Llegaste justo a tiempo. Mira lo que tengo aquí. –dijo el peliverde mientras alzaba sus manos, mismas que sostenían una piedra redonda de un perfecto color blanco puro.
-No… -alcanzó a murmurar la chica, pues tenía una sospecha de lo que podía ser esa piedra.
-Es la piedra blanca, aquella que despertará a Reshiram. Era lo que estaba buscando en esta torre. Si tengo a un legendario conmigo me será más fácil liberar a los pokémon del yugo humano, ¿no crees?
White sintió que le comenzaban a flaquear las piernas.
-No N, lo que haces… no es… -quiso seguir hablando, pero no le salieron las palabras. N sonrió con tristeza, evocando lejanos recuerdos a White.
-¿Sabes? De cierta forma sabía que vendrías. Lo veía venir. White… -murmuró el chico. Entonces, de repente, la piedra que el joven cargaba entre sus manos comenzó a emitir un brillo cegador, y poco a poco se formó la figura de lo que parecía ser un gigantesco pokémon. White observó la enorme silueta que iba tomando forma entre asustada y preocupada: Tenía una cola rebosante de fuego, alas y una cara fina y alargada. Era del blanco más puro que existía. El dragón de fuego. White recordaba su descripción… Era Reshiram, el dragón blanco de la creación. Y N había logrado despertarlo.
El pokémon dejó salir un poderoso rugido de entre sus fauces.
-White, saluda a mi nuevo amigo Reshiram. Juntos le daremos un mejor futuro a todos los pokémon... –comenzó N, pero White estalló:
-¡DETENTE! ¿Qué no lo ves? ¡Si haces un mundo solo para los pokémon los humanos dejarán de existir! Moriremos todos, ¡incluso tú, que eres el que impulsa todo esto! –gritó la chica. N respondió con un triste timbre de voz:
-Lo sé, pero no me importa. Si tengo que morir por el bien y la felicidad de todos los pokémon entonces moriré.
-N… ¿qué te ha pasado? ¡Tú no eras así! ¿Cómo llegaste a formar parte del equipo Plasma, que impone su filosofía y se roba los pokémon de personas inocentes? ¿Y por qué ahora actúas como si ya no fuera tu amiga? ¿Por qué, por qué? Decías que yo era tu única y verdadera amiga, pero no me tratas como tal. Teníamos tanto tiempo sin vernos, y encontrarte así…
Rendida, White se dejó caer en el lugar. N se limitó a mirarla, sin emoción alguna en su semblante y con Reshiram esperándole pacientemente a un lado.
-Has cambiado… demasiado. No sé qué que te habrá dicho el equipo Plasma para que cambiaras de esta manera, pero… no quiero aceptarlo. Tú no eres el N que conocía. Cuando dijiste que encontrarías la manera de ayudar a los pokémon maltratados, ¡no creí que te referías a esto!
La joven bajó la cabeza, agotada. N habló después de unos instantes en silencio. Cada palabra expresada por ambos se hacía eco en el enorme y vacío salón.
-Yo soy el Rey del equipo Plasma y ya está. Encontré aquí el único camino que me aseguraría la felicidad y tranquilidad de todos los pokémon, así que salí adelante con este proyecto. Es la única forma de ayudar a los pokémon, White.
-Pero no todos los pokémon son maltratados… la gran mayoría es feliz al lado de familias humanas o de sus entrenadores...
-No es verdad. Batallas, pokéballs… todo es les da esclavitud. Lo odio.
-N… no es verdad. Los pokémon aman a los humanos, como nosotros los amamos a ellos. ¿Acaso olvidas al Purrloin que te acompañaba cuando hablé contigo por segunda vez, o al Tympole que iba contigo cuando nos despedimos?
"Nos complementamos y somos dependientes. No podemos vivir sin los pokémon, ni ellos pueden vivir sin nosotros."
-Calla, todo eso es falso. Solo dices tonterías. Tú… tú no puedes escucharlos. Sus súplicas, sus temores, sus odios…Tú… -N tomó la cabeza entre sus manos, desesperado-. Tú…
White se levantó lentamente.
-N… sé que hay otras maneras. –murmuró ella.
-¡TÚ NO LO ENTIENDES! Yo soy el único… la única razón por la que vivo es por ellos, y ya está. No te metas en mi camino… no… ¡NO! –el peliverde se dejó caer de rodillas y empezó a gritar de desesperación. Era como si estuviera teniendo una lucha interna consigo mismo.
-N… -White intentó acercarse a él, pero N se cubrió la cabeza.
-¡NO TE ACERQUES! –gritó él, y Reshiram rugió de manera protectiva por el chico. White retrocedió, asustada.
-No lo hagas N, por favor… -susurró ella con un hilo de voz.
-White… White… White… -empezó a balbucear N. Su voz era más humana y estaba llena de temor e intranquilidad. La joven se estremeció ante esto-. White… yo… perdóname… White… ¡WHITEEE!
El chico que ahora hablaba era completamente diferente al de antes. N miró a White a los ojos; eran unos ojos verdes temblorosos, inocentes y temerosos.
-White… -susurró N, y trató de tender su mano hacia la chica, pero la retiró rápidamente antes de que pudiera alcanzarla.
-¿N? ¿Qué está pasando…?
Entonces el peliverde se levantó de repente, sin titubear. Su semblante volvía a ser inexpresivo y sin vida, al igual que sus ojos.
-Demasiada charla por hoy. Nos volveremos a ver, White. Lo puedo asegurar. –dijo el joven para después montarse sobre Reshiram y salir volando con un rugido amenazante e imponente por el techo abierto. White se quedó ahí, de pie y cabizbaja. No lo podía entender. ¿Qué le pasaba a N? ¿Por qué mencionó tanto su nombre de una manera que parecía suplicar ayuda? ¿Qué planeaba hacer con Reshiram a su lado? ¿Y por qué Reshiram había acudido a su llamada? En eso, White escuchó las voces de Brycen y Cheren llamándola. La joven se quedó ahí y esperó a que los aliados llegaran a su encuentro.