La historia original pertenece a Princess Kitty1
El monstruo de ojos verdes
Había muchos momentos en la vida de Ulquiorra que habían paso tranquilamente, sin llamar la atención: su vida escolar, cumpleaños, tardes en casa, el orfanato, los años de bloqueo… Pero no podía contarlos porque, sencillamente, no eran lo suficientemente importantes como para recordar. Era como intentar recordar cada vez que se cortaba las uñas, algo que cuidaba bastante, preguntándose cuándo estaría la parte blanca a la largura adecuada para hacerlo. Pero, entonces- días, meses o incluso una década después- algo ocurrió y esos, en otro momento olvidados, recuerdos ganaron importancia. Y, cuando eso sucedió, esos momentos se volvieron nítidos y claros en su mente. El sol se volvió más brillante, las voces más ricas y los sabores más exquisitos- o repugnantes, dependiendo del recuerdo. Sabía que no eran sus uñas en lo que estaba interesado, sino en el recuerdo de la mañana en la que las cosas cambiaron.
Él cerró los ojos. Tendría que haber habido oscuridad bajo sus párpados, pero, en su lugar, vio el pasillo de la plantas baja y, si giraba la cabeza… podía verla a ella. La señorita Inoue estaba gritándolo por alguna razón, que tal vez tuviera que ver con la broma que le había gastado, devolviéndole lo que él denominó como la "Desagradable Ocurrencia de la Noche de las Pelis"- bueno, tal vez debiera buscar otro nombre mejor. Mientras lo hacía, olvidó porqué le estaba gritando la señorita Inoue… Ah, sí, la broma.
La Silla Desaparecida Número Seis no estaba en absoluto desaparecida. Sería mejor hablar de la Silla Desaparecida Número Dos, la que había aparecido en medio del pasillo, hecha pedazos. La lista de ella había cogido la caja de herramientas y la había destrozado. Por desgracia, la destrucción era, normalmente, más fácil que la creación y, después de haber perdido el manual de instrucciones para reconstruir las sillas hacía años- ¿quién iba a necesitar algo así?- Ulquiorra fue incapaz de devolver a la Silla Desaparecida Número Dos a su estado original. Hizo lo que pudo, de todos modos. Así que, recuperó los trozos- olvidando convenientemente los tornillos que los unían- y la dejó en el sitio de la silla de la señorita Inoue, también llamada Silla Desaparecida Número Cuatro, la que había conseguido poner encima del refrigerador. Después, Ulquiorra decidió hacerle tortitas para desayunar, como una ofrenda de paz por el Mal de la Noche de las Pelis- sí, eso sonaba mucho más poético. Le gustó ese nombre.
El olor de la comida sacó a la señorita Inoue del cuarto de baño como un oso pardo atraído por la miel de un árbol, un tiburón por la sangre esparcida, un buitre por unos huesos… o como cualquier otro animal violento y desagradable con el que pudiera compararla. Los ojos grises de la joven se abrieron y brillaron como la luz del sol matutino, mientras chillaba de emoción y caía, sin sospecharlo, en su trampa. Él había mantenido la compostura mientras la joven cogía el sirope de la nevera y lo había llevado a la mesa, exagerando lo maravilloso que era Ulquiorra- lo que había mejorado su ego- antes de sentarse en la silla rota, desplomándose en el suelo y mostrando una mueca de sorpresa.
Y Ulquiorra, como el cabrón que era, la miró sin inmutarse, informándola educadamente de que la Silla Desaparecida Número Dos seguía rota.
Por eso la chica estaba gritándole por el pasillo, mientras se dirigían a coger el correo. La idiota de ella creía que había recibido algo. ¿Es que acaso había olvidado que seguía pagando otro apartamento? Entonces, Ulquiorra se dio cuenta de la mirada de animadversión que le lanzó a Gin cuando, de pronto, el rostro de Orihime se iluminó incluso más que cuando había visto las tortitas.
Detalle Sospechoso Número Uno: algo había hecho a la señorita Inoue tan feliz como sus tortitas con canela esparcida… o, mejor dicho, alguien.
Teniendo en cuenta que eso no había ocurrido nunca, Ulquiorra meneó la cabeza justo para ver a Orihime alejándose por el pasillo, para hablar con el Doctor Aizen, que acababa de salir del ascensor. Y, por alguna razón, estuvo unos instantes tratando de recordar cuál era la llave del buzón, mientras trataba de enterarse de su conversación. Hmm. La cabeza de la chica estaba inclina a tal ángulo que reflejaba curiosidad y amabilidad; su peso descansaba en un costado de su cuerpo, haciendo que su cadera resaltara y sus brazos estaban cruzados inocentemente a su espalda, liberando la vista de su pecho de toda obstrucción.
Detalle Sospechoso Número Dos: la señorita Inoue estaba flirteando con un hombre que le doblaba la edad.
Pero Ulquiorra dudaba que ella se hubiese dado cuenta de lo que hacía. La señorita Inoue tenía la costumbre de hacer esas cosas sin darse cuenta, así que pensó que sería algo normal.
La chica regresó poco después, con las mejillas sonrojadas y una sonrisa en los labios.
- El Doctor Aizen iba a trabajar- dijo, mirando por encima del hombro mientras lo veía saliendo del edificio- Está muy bien para tener la edad que tiene. Qué pena que no esté soltero…- entonces, se mordió el labio inferior y frunció el ceño, consternada.
Detalle Sospechoso Número Tres: … qué cojones.
Ulquiorra abrió los ojos. Estaba de vuelta en su habitación, en el presente. La señorita Inoue estaba trabajando, cotilleando sin duda con la rubia de voluptuoso pecho y la estudiante de instituto, mientras atendían a la clientela. Tal vez pudiera disfrutar de la tranquilidad y echarse una siesta. Cada vez le costaba más y más dormir de noche, con todos esos pensamientos dándole vueltas en la cabeza.
¿Cuánto tiempo había pasado desde aquella mañana? Dos semanas, adivinó, después de coger el móvil y comprobar la fecha. 26 de octubre. Halloween estaba a la vuelta de la esquina y tendría que escoger disfraz cuanto antes, pues a la señorita Inoue no le había gustado nada su idea de ir de fantasma con una sábana. Insistió en que llevase algo que no le tapase la cara; así, daría mucho más miedo. Él suspiró con tristeza. Ésa fue la última vez que ella le había prestado atención.
Sus ojos volvieron a cerrarse y, esa vez, estaba escondido detrás de una maceta, en el pasillo. ¿Qué le había hecho esa mujer? ¿Por qué se estaba escondiendo? Si pensaba ligar con alguien, podía hacerlo en privado. Pero no; ahí estaba, parada al lado del Doctor Aizen, mientras pestañeaba y reía como una idiota. Recordaba que aquélla era la risa falsa de la joven, pero su rostro reflejaba de todo, menos mentira. Parecía hasta… feliz ligando con aquel hombre. ¿Y era cosa suya o también Gin- que tenía una sospechosa magulladura bajo su ojo- los miraba con preocupación, detrás de su mesa?
No. Tenía que estar imaginándose cosas, pensó, mientras Lilynette salía del ascensor, mirándolo y preguntándole qué hacía escondido detrás de una planta. Le dijo que estaba ayudando a la señorita Inoue a buscar un anillo que había perdido. La pequeña lo miró con escepticismo, soltando un conformista "ajá", antes de seguir su camino. Ulquiorra decidió entonces salir de su escondite, pero, nada más salir de su escondrijo, la señorita Inoue lo divisó y se acercó hacia él, sonriendo como una idiota; dijo que iba a volver a casa y que quería hablar con él. ¿No con el Doctor Aizen? Ulquiorra se mordió la lengua para no preguntar. Se suponía que aquello no era asunto suyo.
Ulquiorra abrió los ojos y miró la negra pantalla del televisor. La señorita Inoue podía flirtear con quien quisiera. Estaban en un país libre. No tenía derecho a supervisar todo lo que hiciera, aunque vivieran juntos. Además, si empezaba a salir con el Doctor Aizen, tal vez pudiera mudarse pronto y… Oh. ¿Por qué esa idea hacía que le doliera el pecho?
Ah, es cierto. No quería que se marchara. Aunque era estúpido que pensara así, porque sabía que aquello era temporal. Cuando estuviera lo suficientemente preparada como para vivir sola- y lo estaba, así que, técnicamente, había estado viviendo a su costa durante tres meses, aunque no es que le importara- se marcharía. Su vida volvería a la normalidad, pero, aunque contara con toda la inspiración del mundo… estaría solo.
Ridículo. Nunca antes se había sentido solo. De hecho, prefería estarlo. Podría pasearse desnudo por la casa durante una semana, sin que nadie se quejase. Podría hacer el ruido que quisiera por la mañana, sin preocuparse por si despertaría a alguien. Podría invitar a Grimmjow, Starrk y Gin a su casa, para hablar de los problemas que daban las mujeres, mientras hacían cosas de chicos, como beber cerveza, jugar a los videojuegos y eructar. Un momento: Ulquiorra no bebía…
Y, por supuesto, también había un motivo más profundo por el que no quería que se marchara… y menos con otro hombre.
Ulquiorra cerró los ojos de nuevo y se encontró a sí mismo sentado en un banco, bajo el frío, con la vista clavada en la señorita Inoue, que estaba cerca del Doctor Aizen. Tenían una cita. ¡Qué desgraciada! ¿Es que no había dicho ella misma que él tenía novia? ¿Era la señorita Inoue una destroza-hogares? Tal vez empezara a llamarla así, para molestarla y volviera a centrar su atención en él de nuevo. Le molestaba no ser su centro de atención. No le gustaba nada… ¡Oh, joder, ahí venía!
Ulqiorra podría haberse levantado del banco y haber huido, pero, en ese punto, aquello sólo haría que sospechara más de su comportamiento. Una chica bajita estaba haciendo footing hacia de él, con los auriculares adentrándola en el mundo de la música. Ella bastaría. La cogió de la cintura, se disculpó y le dio las gracias, sentándola en su regazo. La chica debía de estar demasiado sorprendida como para reaccionar, lo que le beneficiaba, porque la señorita Inoue los había visto… y también el Doctor Aizen; pero él era el enemigo, así que no importaba.
- ¿Ulquiorra?
- Ah, hola, señorita Inoue. No sabía que también estuvieras por aquí, disfrutando de este día tan despejado- dijo como si nada, antes de mirar a Aizen y asentir- Buenas tardes, Doctor.
- ¿Quién es tu amiga?- preguntó el psicólogo. La mujer, aún en estado de shock, fue incapaz de contestar; por suerte, los miraba con la típica expresión que tendía cualquier persona a quien le hubiesen descubierto en plena cita.
Ulquiorra echó un vistazo al iPod pegado a su antebrazo. Había un nombre escrito en él, con pequeñas piedrecitas brillantes.
- Loly- presumió Ulquiorra, golpeando a la chica suavemente en la espalda- Salimos juntos.
Entonces, la señorita Inoue sonrió abiertamente, tendiéndola la mano a la chica.
- Yo soy Orihime. ¡Encantada de conocerte! Ulquiorra no me ha dicho que estuviera saliendo con alguien- la chica le apretó la mano amistosamente, tal vez demasiado desconcertada como para decir nada.
- Es tímida- les dijo Ulquiorra.
- Bueno, no pasa nada. Aizen y yo íbamos a comer algo, así que nos vemos luego- dijo tan normalmente la señorita Inoue, como si acabase de decir que estuviese lloviendo. Después, la feliz pareja se marchó, Orihime cogiéndole a Aizen del brazo sin ni siquiera ofrecerles a acompañarlos en una doble cita… Un momento; eso era bueno. A pesar de estar irritado, Ulquiorra tuvo que disculparse ante la pobre chica… ganándose una rápida bofetada a cambio.
El chico abrió los ojos, uno de los cuales estaba un poco hinchado y acabó fijándose en la pantalla del televisor otra vez. ¿Qué problema tenían las mujeres con golpearle en la cara? ¡Eso era lo que todas hacían mejor!
Tal vez, lo que ocurría entre Aizen y la señorita Inoue no le hubiese molestado tanto- de nuevo, se engañaba a sí mismo- si no la hubiera besado. Ulquiorra frunció el ceño, levantándose del sofá y dirigiéndose al piano, que parecía bastante abandonado durante los últimos días. Agh, esa insufrible mujer estaba incluso consiguiendo que dejara de lado la música, en sus esfuerzos por acos… eeh, asegurarse de que Aizen la tratara bien. Ulquiorra levantó la tapa de las teclas y, pasado un instante de consideración, empezó a practicar las escalas. Arriba y abajo, una y otra vez, sus dedos se movían una velocidad desesperante.
Ulquiorra la había besado y puesto su mano en su cara, antes de pedirle que olvidara lo que había ocurrido. La reacción normal de la chica habría sido ponerle el ojo morado que Loly le había dejado, pero la señorita Inoue había aceptado las condiciones… y había pasado a otro tío. Ésa no era una reacción muy normal, ¿no? La mayoría de las mujeres se tomaban algo de tiempo para aceptarlo… oh, pero a ella no le gustaba él, desde el punto de vista romántico, al menos. Entonces, ¿por qué le había devuelto el beso? ¿Habría sido un acto reflejo por la situación?
Hmm. Debería echarla de su casa… No; eso sería infantil, revelador y contraproducente. La idea era evitar que se marchara, no echarla por la puerta. Y, si eso significaba quedarse de brazos cruzados mientras ella corría hacia el Doctor Aizen, así sería.
Aunque a él no le gustara, lo haría por ella.
…
- ¡Uno, dos, tres, cuatro! ¡Levantad esas piernas, chicas! ¡Muy bien, Orihime! ¡Me gusta que tengas tanta energía!- gritó Luppi, mientras daba a las chicas una clase de zumba. Entonces, se unió a ellas mientras la canción de hip-hop retumbaba por las paredes del apartamento. Orihime se sintió mal por los vecinos.
Durante las últimas dos semanas, la pelirroja había estado yendo a clases de zumba con Nel para ventilar sus frustraciones de una manera sana, pues llevaba ya tiempo saliendo con Aizen a espaldas de Momo. Y, tal y como sospechaba, el cabrón estaba dispuesto a tener una aventura con ella. Cada vez que Orihime adoptaba su patético tono de voz para suplicarle que rompiera con esa "estúpida adolescente", le prometía hacerlo cuando llegase el momento; no quería que la pobre se suicidase.
Orihime gruñó y estampó su pie contra el suelo. Tal vez debería ir a clases de kickboxing, en lugar de a eso; bailar era divertido, pero no para alguien tan enfadado como ella. Estuvo a punto de golpearle a Nel en la cara, por accidente.
Naturalmente, había muchísimas cosas que explicaban su furia. Estaba empezando a descubrir que el Doctor Aizen, no sólo era un cabrón, sino que, además, no tenía ningún tipo de vergüenza. Decía que el único motivo por el que seguía con Momo era por la salud mental de la chica; era tan frágil, le dijo, que era muy fácil pisotearla. Como si fuera un perrito… una simple mascota. Orihime descubrió que ella no era la única persona con la que Aizen había engañado a Momo; lo sabía por la manera en la que las mujeres lo miraban, cuando tenían una cita. Tenía esa aura que las atraía de inmediato: era guapo, exitoso, respetado. ¡Agh! ¡Si supieran la verdad!
Por suerte, había evitado estar a solas con él. Cada vez que salían juntos, lo hacían en un lugar público. Ella nunca volvía a casa con él, explicando entre risas que sería mejor que sus vecinos no tuviesen ideas equivocadas, aunque estaba claro que a él le daba igual. Ni siquiera iba en coche con él. Era mejor ir a pie donde fuese; así podría bajar la cena y acurrucarse junto a él, si hacía frío. Había muchísimas excusas perfectas para evitar que Aizen sospechara que ocurría algo raro.
Y, por supuesto, le contaba todo lo que descubría a Rangiku, que lo habría matado ella misma gustosamente de no estar tan aterrada. Ambas se habían asegurado de que Momo no se enterase; seguía en la fase de enamoramiento estúpido, contentándose cada vez que Aizen la llevaba al cine, aunque la última vez tuviese que regresar pronto porque se encontraba mal- en realidad fue para ver a Orihime, pero ella no sabía ese detalle. Esa polla con piernas ni siquiera se había ofrecido a acompañarla a casa.
Orihime suspiró. Odiaba a Aizen de manera increíble, pero tenía que contenerse hasta la fiesta de Halloween, a la que Momo había accedido a ir. Incluso su amigo Toshiro iba a acompañarla. Bien. Al menos, así tendría un hombro sobre el que llorar.
A la mierda con todos esos príncipes encantadores. Ésa era la razón por la que Orihime nunca se había interesado en ellos; siempre tenían algo que ocultar y, bastante a menudo, era otra damisela en apuros.
En realidad, nunca se había planteado con qué tipo de chico le gustaría salir. Todos eran unos mentirosos adictos al sexo, cuya única excepción era Ulquiorra, pero tenía una personalidad horrible. La chica tan mona con la que estaba debía de haberse dado cuenta, a juzgar por la marca morada que tenía bajo el ojo. Pobrecito. Nadie apreciaba su retorcido sentido del humor, ¿verdad? Orihime le debía una por lo de la silla rota, aunque no podía negar que la broma había estado bien.
Cuando la canción terminó, la pelirroja por poco se desmayó exhausta. Aquello era buena señal; ya no tendría energía para pegar a nadie… Había vuelto a ver un par de veces a Gin, pero siempre se había asegurado de tener algo detrás de lo que esconderse, en caso de que ella volviera a desatar su ira contra él. Nada más coger la toalla que se había llevado y ponérsela detrás del cuello, miró a Nel, que no parecía para nada cansada.
- Creo que voy a marcharme ya. ¿Tú vas a quedarte aquí hasta el final?
Nel asintió con energía.
- Tengo que quemar calorías- dijo, señalándose al pecho- He estado comiendo muchos dulces.
Orihime apartó la vista.
- Estás muy bien. Nos veremos luego, ¿de acuerdo?- dijo ella, antes de darle las gracias a Luppi por la clase, haciendo que él le agradeciese a su vez su entusiasmo, y salió del apartamento. Estaba bien que el casero del edificio no estuviera nunca por allí; se sentiría fatal si el pequeño estudio de Luppi se cerrase.
Mientras subía las escaleras, la pelirroja se encontró con el Doctor Szayel, que murmuraba por lo bajo, bastante molesto.
- ¡Orihime! ¿Por qué estás sudando?
- Zumba con Luppi- explicó, moviendo la mano- ¿Y tú? Pareces molesto por algo…
- Ah, bueno, es que hay un hipocondríaco viviendo en el segundo piso. La pobre mujer siempre me llama porque cree que el lunar que tiene en la pierna se está haciendo más grande y que podría ser cáncer de piel, pero no ha crecido desde que lo medí la semana pasada y la semana anterior- Szayel negó con la cabeza- Y tuve un día terrible antes de ir a verla; Barragan Luisenbarn tiene problemas para respirar y la señorita Harribel quería hablarme de hacerse la cirugía estética…
- Espera, espera, ¿qué?- Orihime levantó la mano para pararlo y Szayel se señaló la cara.
- Quería saber si podría hacerse algo respecto a su cicatriz- se encogió de hombros- Su seguro no lo cubrirá y la operación es bastante cara. Le dije que se dejara la cicatriz, porque le da más personalidad, pero ella no opina lo mismo, claro- se levantó las gafas hacia el puente de la nariz- Veamos… Ah, sí. También tengo que ver a Ulquiorra, porque insiste en que su ojo está mucho mejor… pero dejaré que te ocupes tú de él.
Orihime sonrió.
- Veré qué puedo hacer- le golpeó suavemente en el hombro- Tómatelo con calma, ¿vale?- cada uno se fue por un camino, pero, nada más empezar a caminar, la pelirroja se detuvo y se arrimó a la barandilla de las escaleras- Oye, Szayel, ¿de qué irás vestido en la fiesta de Halloween?
El hombre asomó su pelo rosa justo debajo de ella.
- Es una sorpresa.
La chica sonrió y subió hasta el cuarto piso. Sus piernas se quejaron durante todo el camino, pero ni loca pensaba coger el ascensor para un camino tan corto. Nada más llegar al apartamento, escuchó música de dentro. Se mantuvo quieta ante la puerta, mientras las notas bailaba, cambiando tan rápidamente que Orihime se preguntó cuán rápido se moverían los dedos de Ulquiorra, para mantener ese ritmo. Sin embargo, la melodía también era bastante dura. ¿Estaría Ulquiorra enfadado por algo?
Orihime tomó aquello como un signo de precaución, así que abrió la puerta con calma. Ulquiorra la miró, dejando las manos apoyadas sobre las teclas.
- Bienvenida- la saludó.
- ¿Te diviertes?- preguntó ella, quitándose los zapatos y llevándolos al armario. Dado que él se limitó a mirarla fijamente, ella chascó la lengua- Muy bien. Voy a darme una ducha, pero hace mucho calor, así que dejaré la puerta abierta. Acércate y te mato.
- Aunque tenga curiosidad por ver las duras escamas que tienes bajo la piel, jamás invadiría tu intimidad- replicó Ulquiorra, sin inmutarse. Al ver que no había zapatos volando hacia su cabeza, el chico se giró hacia ella… justo a tiempo para recibir sobre su cabeza la sudada camiseta sin mangas que le había arrojado. Ulquiorra la cogió y se la quitó de encima, pero, para entonces, ella ya había desaparecido por el pasillo- ¡Qué maleducada!- le gritó a la pelirroja.
Suspirando, Ulquiorra se levantó del banco del piano y llevó el top- a bastante distancia de él- hasta la lavadora. Entonces, trató de recordar cómo era su vida antes de que hubiera dos montones de ropa sucia, uno bajo la etiqueta de un tomate y el otro bajo una de un dragón mal dibujado. Inclinando un poco la cabeza, Ulquiorra cerró un ojo para no ver el cartel del dragón. Hmm… No era lo mismo. Además, no le gustaba el número uno. Prefería que hubiera dos montones; era más cómodo, más redondo.
Entonces, algo le vino a la mente. El chico arrojó la camiseta al cesto del dragón y volvió al piano, sentándose y examinando las teclas que había abandonado. ¿Con qué nota iba a empezar? Con ésa. La apretó suavemente. Sí, ésa era perfecta.
Recordó la sensación que le había estado molestando antes, cuando pensaba en la posibilidad de volver a estar solo, y empezó a improvisar partiendo de esa primera nota. Intentó capturar lo que veía: una mesa de comedor de seis personas, sólo para una, una sola pila de ropa sucia, un apartamento meticulosamente limpio, un frigorífico medio vacío y todos aquello solitarios días que componían su vida, hasta su final infinito. Nadie con quien divertirse o a quien divertir, nadie con quien hablar, nadie para quien andar de puntillas por las mañanas. Nadie para quien hacer la cena, nadie para quien tocar música, nadie con quien compartir ese enorme y vacío espacio.
¿Cómo lo había hecho antes? ¿De verdad era ese modo de vida tan satisfactorio o se había estado engañando a sí mismo todo ese tiempo, negándose a admitir que había perdido algo más que la inspiración?
De pronto, se vio a sí mismo incapaz de seguir tocando el piano. Sus dudosas manos se apartaron de las teclas, hacia los lados. No tenía ni idea de cómo debía de terminar esa partitura. Apartándose del piano, Ulquiorra trató de suprimir su frustración mientras Orihime salía del cuarto de baño, en pijama.
- ¿Tan pronto?- preguntó, refiriéndose a su atuendo- Ni siquiera se ha puesto el sol.
Orihime se encogió de hombros.
- No tengo pensado salir a ningún sitio. ¿Qué estás tocando?- preguntó, mientras pasaba por su lado, dejando un rastro de aroma de rosas que despistó sus pensamientos.
- No lo sé- confesó Ulquiorra, mirándose las manos y siguiéndola. No… No era su culpa, pensó, mientras se sentaba a su lado, en el sofá. Ella se inclinó sobre él para coger el mando, haciendo que su esencia le diera literalmente en la cara, mientras sus mechones pelirrojos le cosquilleaban la nariz. Aquello era mental; su incapacidad para acabar la partitura, su incapacidad para pensar con lucidez cuando ella estaba cerca, oliendo tan bien, los peligros de su incapacidad para pensar claramente, cuando ella estaba a su lado y necesitaba ese control más que nunca… No podía imaginarse el final de aquello. No quería hacerlo. La sola idea de que algo o alguien la apartara de su lado hacía que quisiera volver a golpear la pared…
Pero tendría que controlarse, porque si no, al final del día, preferiría que Aizen se la hubiese llevado, antes que ella lo hubiera hecho por su propia estupidez.
- Me he encontrado a Szayel en las escaleras- comentó ella, notando el tenso silencio. Y dice que te has estado quejando del ojo.
Ulquiorra asintió, mientras sus pensamientos se adentraban en zonas peligrosas. ¿Por qué la había llevado a su casa? ¿Por qué no la había dejado tirada en la calle, justo donde la había encontrado? Bueno, no… No le importaba haberla llevado allí. Sería mejor preguntarse porqué alguien tan cuidadoso como él se había atado estúpidamente a una mujer alcohólica, de lengua viperina y cuerpo de escándalo. No podía haber previsto que ocurriría. Nunca le había costado tratar a las personas como objetos, como había hecho con aquella ingenua chica del parque, que le había golpeado en el ojo con razón, por invadir su espacio personal.
Eso no debería haberle molestado. Ella también era un objeto, ¿no? Estaba actuando como Lowell Ingram, usándola. ¿No era eso lo que todos los artistas hacían? Eran capaces de coger piedras si había algo en ellas que les inspirara para cantar o dibujar y, al terminar su trabajo, se deshacían de ellas. Se lo había hecho a Natalia y se sintió mucho mejor consigo mismo. Ahora, la piedra era la señorita Inoue. Fuera lo que fuera lo que tuviera con Aizen… no debería de importarle, porque su marcha era inevitable desde el principio.
- El pobre bebé tiene pupa- se burló Orihime. Él la miró, aunque su expresión fue indescifrable- Sigues teniéndolo un poco morado- dijo, alzando la mano para tocarle el moretón con suavidad.
Ese sedoso pelo, esos ojos plateados, esa piel cremosa, esa personalidad tan alegre y lo mucho que había mejorado desde que había llegado a Las Noches… eran muestras de que un simple objeto estaba cumpliendo su cometido; un objeto al que no podía dejar marchar, por muy inútil que fuera. Pero, cuanto más trataba de clavarse esos pensamientos en la mente y más trataba de convencerse de que así era como tenía que ser, menos le encajaba todo.
Un simple objeto no habría hecho que dudara de sí mismo. Un simple objeto jamás le había inspirado más de una vez. Un simple objeto no se había ganado su respeto golpeándolo.
Ah, joder. Estaba empezando a recordar esas historias en las que los músicos, poetas y pintores acababan siendo esclavos de sus musas…
Orihime apartó la mano, pero, tan pronto como lo hizo, se encontró tumbada en el sofá, mientras dos manos apretaban sus hombros contra él. Pillada totalmente con la guardia bajada, su mirada estaba atrapada en la de Ulquiorra, que se había colocado en frente de ella. Le habría preguntado qué estaba haciendo si la intensidad de aquellos ojos verdes no le hubiese impedido articular una sola palabra. Él tenía el ceño fruncido, como si tratara de adivinar algo o de captar un mensaje a través de ella. Un millón de cosas pasaron por la mente de la chica, a la vez: ¿por qué la miraba así? ¿En qué estaba pensando? ¿Estaba enfadado con ella? ¿Había hecho algo malo? ¿Era por Aizen? ¿No lo aprobaba? Oh, Dios, ¿iba a besarla otra vez? ¿Por qué demonios eso la excitaba tanto?
Y, entonces, Ulquiorra apartó las manos. Le dio la espalda y se alejó hacia el comedor, sin decir una sola palabra. Orihime sintió que el aire salía de sus pulmones y toda la energía salía de su cuerpo con esa exhalación, haciendo que se girara hacia un lado.
A la mierda con todo. La pelirroja dobló las piernas y dejó escapar un gemido de frustración. Ahora, ¿qué? Agarró un cojín y lo presionó contra su cabeza, sintiéndose más cómoda. ¿Estaba sonrojándose? ¡Argh! Si no estuviera tan centrada en continuar con el engaño de Aizen, había corrido detrás de Ulquiorra para pedirle explicaciones. ¿Cómo podía pedirle que se olvidara del Incidente, si seguía haciendo cosas tan confusas como aquélla?
Halloween no podía haber llegado tan rápido…
Continuará
¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Bueno, ya sólo queda un capítulo para Halloween… y os advierto que va a ser muuuy largo (según ha dicho la autora), así que seguro que ocurren mil cosas! Pero bueno, vayamos a éste. Qué os ha parecido? Ais, este Ulquiorra saber llevar menos las cosas de lo que parecía… Creo que ni él sabe cómo reaccionará cada vez que está con ella (¿golpeará la pared? ¿La besará? Quién sabe). Además, el tema de Aizen está alterándolo bastante… Bueno, creo que a Orihime también, aunque no sé yo si Aizen estará dispuesto a seguir sin "hacerle nada"… Aunque esperemos que Ulquiorra saque ese lado sádico que tiene y sepa protegerla. Ay, no puedo esperar al siguiente cap! Creo que me pondré ya mismo, porque estoy enganchadísima! Un beso!
Sakura Rose Cifer: hola! Ya, la verdad es que Orihime tiene mucho valor… pero no sé yo si podrá hacer frente a un loco como a Aizen. Por ahora ya le ha seducido, pero veremos qué pasa. En cuanto a Ulquiorra… Bueno, el pobre ya no sabe ni lo que hace XD. Mira que coger a la pobre Loly en el parque para hacerla pasar por su "novia"… En fin, esperemos que en el próximo capítulo se desvelen muchas más cosas! Bss
Princess Kitty1: Hola! Hoy te escribo en español! (Es muy tarde y no puedo pensar bien en inglés, lo siento U_U). Cuál fue la pista de Gin? No me he dado cuenta! Jaja, pobre Ulquiorra, está muerto de celos, pero el pobre no lo sabe… A ver qué pasa en el capítulo siguiente, qué ganas! Un beso!
Emo Romantica 03: Hola! Bueno, creo que ya empiezan los celos de Ulquiorra! Aunque no le están sentando nada bien (vaya sustos le da a Hime XD). Por ahora sólo lo hemos visto en su faceta agresiva y eso que no sabe el plan que tiene en mente Orihime ni cómo es Aizen en realidad (si no, creo que directamente destrozaría todo el edificio a golpes). En cuanto a Gin, hay una razón de peso para su comportamiento y ya en el próximo capítulo se aclarará. La autora es fan del GinMatsu, así que seguro que al final se reconcilian. Pues sí que me gusta el NnoiNel, pero en este fic los personajes están tan bien hechos que me está empezando a gustar también el GrimmNel… A ver si hay algún capítulo especial para ellos, que tengo ganas XD. Bueno, en general los personajes de Tite Kubo son bastante raros, pero aquí tienen ese toque más de locura, como dices. Espero que te haya gustado el cap, un beso!
red crayon princess: hola! Pues sí, visto así resumido, está claro que a Orihime le encantan los problemas! Esperemos que esto no se le vaya de las manos, porque Aizen es bastante peligroso y no sé cómo se tomará que se haya reído de él… Ya veremos! Un beso!
Joshevisia-Chan: Hola! La verdad es que Aizen es bastante cabrón, aunque parece que Momo "no es su tipo". Seguro que le gustan las mujeres más espectaculares y quizá por eso Orihime corra peligro… Bueno, seguro que Ulquiorra la salva pase lo que pase. Jajaja, pobre Ulquiorra, Orihime se ha reído bien de él. Pero se lo tiene merecido, por no saber tratarla ni reconocer las cosas. Aunque los celos no le están sentando nada bien (suponiendo que asuma que lo que le ocurre es que está celoso, claro ¬¬). Veo que todo el mundo odia a Gin! Normal, la verdad es que no se ha portado de la mejor manera posible, pero hay un motivo para su comportamiento y pronto se verá… Y no digo más! Nos vemos en el siguiente cap, un beso!
Butterfly Comte: hola! Bueno, seguro que al final Gin es como en el manga y actúa cuando tiene que actuar. Después de todo, Ran era su amiga de la infancia y no creo que haya olvidado, como cree él, lo que le ocurrió. En cuanto a Aizen, la autora quiso ponerlo de malo, malo y lo ha conseguido XD. A mí tampoco me ha llegado a gustar, pero es un gran villano. A ver qué pasa en la fiesta de Halloween! Un beso!
Kuchiki Kibe: hola! Anda, he dicho algún spoiler? Pues no me he dado ni cuenta! XD. Es que como estoy ojeando los demás capis en inglés, a veces me confundo y creo que han pasado cosas que aún no han pasado… Pero bueno, espero no decir mucho más! XD. En cuanto a los errores tampoco me he dado cuenta :S… Es que el Word a veces no subraya palabras que están bien escritas, pero son otras y claro, no me doy cuenta. Sabes en qué línea están los errores? Si ves algo más avísame, que seguro que hay algo por ahí que no haya visto! Ay, pobre Ulquiorra… Pero bueno, se lo tiene merecido por lo que hizo. Así aprenderá a tratar a Orihime. Como decía antes, a ver si sale pronto un cap especial de Grimmjow-Nell, que creo que la autora escribió algunos sobre esa pareja en exclusiva… pero bueno, por lo pronto, a ver qué pasa en Halloween! Gracias por los ánimos y un beso!
Milangely: hola! Gracias por el comentario, pero no sé qué es eso del pin, lo siento U_U. Es el número de usuario o algo así? Saludos desde España y un beso!
Myri Weasley28: Hola! Jajaja, el pobre Ulquiorra es como un niño grande. Bueno, en este cap se ha desvelado una cosa importante y es que Ulquiorra no quiere acabar "obsesionado" por su musa. Pero vamos, me da a mí que lo va a tener bastante difícil, porque ya le está costando bastante contenerse. En cuanto a lo de Gin… ya lo verás! Es que ya es en el próximo capítulo y no quiero decir spoilers, que seguro que me matáis si lo hago XD. Pero bueno, en el próximo capítulo ya se sabrá todo! Un beso!
Yagami Vongola: hola! Pues sí, espero que Aizen pague por todo lo que le hizo a Ran. Qué pobre y todo porque Aizen era un "niño bien" incapaz de hacer una cosa así… Esperemos que las chicas se venguen bien de él! Un beso!
yuuki1801: hola! Jajaja, vaya descuido! Y qué te dijo el otro autor al ver el review que no era? Seguro que se sorprendió mucho de ver tantos insultos XD. Pues sí, la pobre Ran tuvo que pasarlo fatal sabiendo que nadie la creía… Encima, Gin acabó distanciándose de ella y seguro que pensó que era por su culpa… malditos hombres! _. Y sobre Gin, bueno, la verdad es que hay una razón para su comportamiento y dentro de nada se descubrirá; pero vamos, estoy segura de que no ha perdonado/olvidado lo que pasó con Ran, eso desde luego. Y Ulquiorra ahí sigue con sus problemas para entender a las mujeres y asimilar lo que le está pasando XD. Madre mía, vaya sustos le da a Orihime! A este paso conseguirá que se vaya ella solita, pero por lo loco que está! Espero que te haya gustado el cap y el que viene más… Un beso!
Yuuri no Mai: hola! Ya, a mí tampoco me gusta cuando es así de ingenua en el manga. Menos mal que en los últimos capítulos ya está más madura (ahora sólo falta que vuelva Ulquiorra para ser totalmente felices XD). Jajaja, el pobre Ulquiorra no sabe ni comportarse y eso que sólo ha sido una broma, pero le pega eso de ser tan raro. En cuanto al IchiMatsu… pues no quiero spoilear nada, pero no te preocupes y ten fe en ellos XD. Ya sólo queda un capítulo para ver cómo se resuelve esta historia, así que a ver qué pasa! Pues a mí la parte de la liberación de Ulquiorra me gustó bastante, aunque no es que sea precisamente "viril". Pero la liberación le da un aspecto mucho más gótico y sombrío del que ya tiene y le queda bastante bien. Además, en todos esos capítulos Orihime está presente, así que anímate a verlos, que están bastante bien (jo, yo quiero que vuelva Ulquiorra!). Gracias por esperar a las traducciones (intentaré darme más prisa para que no te mueras de la curiosidad XD) y un beso!
